La encuesta anterior estuvo muy pareja, pero al final terminó ganando la respuesta a: Deciden competir por el amor de Candy. Aunque también tuvo muchos votos la opción c: Dejan que Candy decida con quien quiere estar. Así que decidí poner algo de esa también.

Espero que les guste el capítulo!


Capítulo 8

La habitación estaba a oscuras cuando ella entro, de la misma manera en que lo había hecho durante los últimos nueve años. Sin decir una sola palabra, Candy se deslizó por debajo de las sabanas y se abrazó al cuerpo de Terry. Algo era diferente, y él lo sabía. Candy ya no era una niña y sus intenciones eran otras.

- Bésame, Terry – Le dijo en un murmullo.

Él no tenía que pensarlo. Lentamente se dio vuelta y posó sus labios sobre aquella boca que tantas noches había anhelado. Ella sabía tan bien. Una de sus manos acariciaba la cintura de la rubia mientras que con la otra se dirigía a sus senos. Nunca había tocado a una mujer de ese modo, en realidad nunca había estado tan cerca de una mujer, pero está en particular lo estaba volviendo loco.

- Te deseo, Terry.

Escuchar esas palabras de la boca de Candy lo hacían sentir un fuego que crecía en su pecho y se dirigía a su entrepierna. No podía soportarlo más, tenía que hacerla suya. Con gran rapidez despojó a Candy de su ropa, para luego hacer lo mismo con la suya. Las luces estaban apagadas, y Terry maldecía no poder verla desnuda.

- Hazlo – Le dijo ella entre gemidos mientras se removía debajo de él – Hazlo, Terry.

Él volvió a besarla y se preparó para hacerla su mujer, se posicionó entre sus piernas, pero cuando estaba por entrar en ella todo terminó.

Terry se despertó sobresaltado en su habitación del colegio San Pablo cubierto en sudor y sintiendo una humedad en su ropa interior.

- ¡Maldición! – Masculló Terry.

Nunca le había pasado algo así. Desde el momento en que había descubierto su sexualidad nunca había tenido un accidente semejante, y se sentía como un estúpido.

Se levantó de la cama con rapidez y se dirigió al baño, pero la puerta estaba cerrada. Minutos después Anthony salió de allí con una expresión sospechosa en el rostro. Se sorprendió al ver a Terry parado frente a la puerta.

- ¿No puedes dormir? – Le preguntó.

- Tuve una pesadilla – Fue lo único que dijo antes de encerrarse en el baño.

No sabía que había estado haciendo Anthony encerrado en el baño a esas horas de la noche, ni tampoco a que se debía esa expresión en el rostro, pero tampoco se tomó tiempo para pensarlo. Necesitaba una ducha fría, pronto.

¿Qué demonios le estaba pasando? ¿En verdad estaba enamorado de Candy o se trataba de otra cosa? Era la primera vez en su vida que se sentía así, no podía dejar de pensar en la pecosa ni en un momento, y necesitaba tenerla cerca para sentirse bien. Estaba enamorado de ella, ya no podía negarlo, el problema era… ¿Qué iba a hacer al respecto? No podía enfrentarla y decirle lo que le estaba pasando, probablemente saldría corriendo, aunque sabía que esa era la única forma para estar bien consigo mismo. Necesitaba confesarle su amor, y oír que ella sentía lo mismo hacía él, saber que ambos serían felices juntos. Pero estaba pensando demasiado rápido, por más que su amor fuera correspondido ¿Cuáles eran las posibilidades de que pudieran estar verdaderamente juntos? ¿Lo aceptaría el duque? No podía asegurarlo. Su padre había cambiado bastante desde que Candy había llegado a sus vidas, pero Terry aún continuaba manteniendo sus distancias con él.

- ¿En qué estás pensando? – Se recriminó Terry mientras el agua fría corría por su espalda – Ni siquiera sabes si ella te quiere.

Tal vez Candy solo lo quería como un amigo. No se perdonaría nunca si arruinaba esa amistad con la declaración de un amor no correspondido. No soportaría que su relación con Candy se viera afectada de alguna manera.

Salió de la ducha y se puso un piyama nuevo. Anthony estaba despierto cuando Terry volvió a su cama, estaba acostado y tenía la mirada fija en el techo, ni siquiera había hecho un comentario al respecto. Algo raro estaba sucediendo con su amigo… ya lo averiguaría después.

ooo

Anthony no lograba concentrarse en su clase de matemáticas. No había podido dormir en toda la noche por culpa de cierta rubia que no salía de su cabeza, y hasta el momento no había logrado sacarla de allí. Todo había sucedido tan rápido… cuando la tarde anterior la había visto recostada en el césped algo había cambiado ¿A dónde había ido la chiquilla con la que solía jugar en el barro? Se había convertido en una joven hermosa, y tenía que ser suya. La tía abuela ya había comenzado a hablarle sobre el matrimonio, por supuesto que él y sus primos aún eran muy jóvenes para casarse, pero no para comprometerse. Stear y Archie se habían reído y burlado de la decisión de la tía abuela, ellos no pensaban en matrimonio ni compromiso, y tampoco Anthony, hasta el día de ayer. Aún era todo muy confuso, pero de lo que sí estaba seguro era que quería a Candy a su lado, como su esposa.

Al sonar la campana, Anthony tomó sus cosas y salió del salón, tenía que hablar con Candy, pero alguien lo tomó por el brazo.

- ¿A dónde vas? – Le preguntó Terry – Has estado muy raro esta mañana ¿Te sientes bien?

- Solo necesito tomar un poco de aire fresco – Le contestó Anthony – iré a la colina – Continuó con su camino pero Terry seguía a su lado.

- Creo que iré contigo.

- No es necesario, estoy bien – Por primera vez desde que se conocían, a Anthony comenzaba a irritarle la presencia de Terry.

- También quiero ir a la colina.

Anthony no pudo quitárselo de encima. Quería estar solo para hablar con Candy, y no iba a poder hacerlo con su perro guardián dando vueltas. El rubio sabía muy bien que Terry no permitiría que ningún muchacho se le acercase a Candy, siempre la había sobreprotegido demasiado, y ahora que se había convertido en toda una belleza sería peor.

ooo

En verdad Terry no comprendía la actitud de su amigo, estaba distante y era evidente que algo le estaba pasando. Sabía que no quería que lo acompañase hasta la colina, pero no entendía porque.

- ¡Terry! ¡Anthony! - Cuando los jóvenes estaban llegando a la colina escucharon una voz femenina que los llamaba, y a lo lejos pudieron distinguir la figura de Candy agitando sus brazos para llamar la atención - ¡Por aquí!

Los ojos de ambos chicos brillaron al ver a la mujer que había estado robándoles el sueño y no dudaron en ir hacia donde ella se encontraba, para darse cuenta que no estaba sola. Stear y Archie estaban sentados en el césped comiendo chocolates junto a Candy, y tanto Terry como Anthony sintieron una oleada de celos.

- ¿Qué haces aquí, Candy? – Le preguntó Candy.

- Quería verlos – Contestó ella con simpleza mientras se sentaba al lado de Archie y tomaba uno de los chocolates que estaban desparramados en el césped – Ayer, Anthony me dijo que este era el lugar donde solían venir ustedes para estar lejos de las monjas, y quería que también se convirtiera en el mío. En el hogar de Pony había una colina muy parecida a esta – Dijo con melancolía – Solía pasar mucho tiempo allí jugando con los niños.

Candy continuó contando historias de sus días en América, pero Terry se quedó pensando en una cosa en particular que ella había dicho ¿Acaso ella y Anthony habían tenido un encuentro en esa colina? De pronto, dirigió su mirada hacia el rubio y descubrió todo, por qué había estado tan extraño durante la noche, y por qué quería ir solo a la colina. Era innegable que a Anthony estaban pasándole cosas con Candy, esa manera en que la miraba, estaba seguro que era exactamente igual a la que él tenía.

Mientras tanto, Candy reía y conversaba con esos dos cretinos. Ni Stear ni Archie eran un par de angelitos, Terry conocía muy bien sus escapadas nocturnas al centro de la ciudad, y no era un secreto lo que hacían. No podía permitir que Candy se juntase con ellos, pero lo que más le preocupaba era Anthony. Él era diferente a sus primos. Terry sabía que no era su intención jugar con las mujeres, sino encontrar al verdadero amor de su vida, muchas veces habían hablado de ello, y Terry siempre se reía de sus "románticos pensamientos", pero ahora que había fijado sus ojos en Candy las cosas habían cambiado, ya no le resultaba gracioso.

Terry tuvo la oportunidad de estar a solas con Anthony pasadas las siete de la tarde, cuando las clases ya habían acabado y ambos se encontraban en la habitación ocupados en sus tareas.

- ¿Qué te sucede con Candy? – Terry fue directo. Su expresión era seria y Anthony no sabía cómo reaccionar.

- No sé de qué hablas.

- ¡No te hagas el idiota! Vi como la mirabas – Estaba furioso, y no podía controlar sus nervios - ¿Por qué no me dijiste que estuviste con ella ayer en la colina? ¿Es por eso que no querías que te acompañara?

- Estás delirando – Anthony quiso terminar el tema, pero Terry no estaba dispuesto a dejarlo pasar.

- Te gusta Candy.

- No digas tonterías.

Anthony comenzó a ponerse nervioso, y Terry ya no tuvo más dudas al respecto. Tenía ganas de arrancarle la cabeza, de gritarle en la cara que Candy nunca iba a ser suya, pero no podía hacerlo sin admitir sus propios sentimientos hacia la rubia.

- ¡Dime la verdad! – Le gritó - ¿Te gusta Candy?

Entonces Anthony arrojó el lápiz que tenía en la mano con fuerza sobre el escritorio, se puso de pie y miró fijamente a Terry a los ojos.

- ¿Quieres saber la verdad? – Le dijo con seriedad. Terry simplemente se limitó a sostenerle la mirada – Sí, me gusta Candy, y esta tarde estaba dispuesto a confesárselo si no hubiera sido por ti y mis primos – De los ojos de Terry salía fuego y Anthony lo notó, pero no hiso nada para calmarlo, sino todo lo contrario – Y estoy seguro que yo también le gusto a ella – Le dijo con alevosía – Ayer mientras estábamos juntos en la colina pude notar que ella también tiene sentimientos hacia mí.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Terry no pudo soportarlo más y se arrojó sobre su amigo propinándole un fuerte golpe en la cara con el puño cerrado. Anthony gritó de dolor pero le devolvió el golpe. Nunca antes habían tenido una pelea tan violenta, y mucho menos por una chica.

- ¡Eres un maldito! – Le gritaba Terry sin dejar de golpearlo. Haber fijado sus ojos en Candy era algo que no podría perdonarle nunca.

- ¿Acaso también te gusta? – Le preguntó Anthony tomando la ventaja en la pelea dándole un certero golpe en el mentón - ¿Es por eso que estás tan furioso? ¿Quieres a Candy para ti?

- ¡Ella es mía! – Gritó Terry sin pensarlo – Hemos estado juntos desde hace nueve años y ningún jardinerito podrá interponerse entre nosotros - Terry no solía burlarse del amor que Anthony tenía por las rosas, sabía que eran todo lo que le quedaba de su madre, pero cuando se enfadaba podía llegar a ser muy cruel y decir cosas en verdad no sentía - ¿O acaso piensas que una mujer como Candy podría llegar a sentirse atraída por un maldito afeminado amante de las flores?

Eso le costó otro golpe a Terry. Anthony nunca perdía los nervios, pero no podía soportar que hablaran de ese modo de las rosas que tanto amaba.

- ¿Y por quien sí puede sentirse atraída? – Le preguntó Anthony con burla - ¿Por un bastardo como tú? ¡Ni siquiera tus padres te quieren! El duque prefiere fingir que no existes y tu madre ya se ha olvidado que alguna vez tuvo un hijo.

La pelea había llegado demasiado lejos y ambos lo sabían. Terry soltó la camisa de Anthony, se puso de pie y salió de la habitación. Solo dos personas sabían quién era la verdadera madre de Terry. El castaño había seguido la carrera de la famosa actriz de teatro Eleanor Baker en secreto junto con Candy, era una mujer muy hermosa que se había hecho famosa a nivel mundial y Terry se sentía orgulloso de ella. Esperaba que algún día fuera a buscarlo, pero los meses pasaban y ese día nunca llegaba. Un día se lo había confesado a Anthony, y él había sabido apoyarlo, pero no podía perdonarle lo que acababa de decirle en la cara. Le había dolido, como también sabía que al rubio le había dolido lo que él dijo acerca de las rosas. Había sido una pelea violenta y no se sentía orgulloso de ello.

Tenía que salir del colegio, despejar su mente y ¿Por qué no? Tomar unas cervezas. Stear y Archie le habían contado que existían algunos lugares donde podría pasar un buen rato en los alrededores de colegio, lo único que él quería era olvidar, así que se dirigió en dirección hacia la zona más indecente de Londres. Había pasado por allí un par de veces, pero siempre de día, de noche era algo muy diferente. Borrachos tirados en la calle, prostitutas ofreciendo sus servicios, decenas de bares de mala muerte, justo lo que Terry necesitaba. Entró en uno de los bares y se dirigió hacia la barra.

- Una cerveza – Le dijo al mesero, un hombre obeso de aspecto desagradable, cabello grasoso y bigote.

- ¿Qué edad tienes?

- 18.

- ¿En serio? – Le preguntó con incredulidad – No pareces tener 18.

Terry sacó su cartera del bolsillo trasero de su pantalón y la abrió dejando entrever un manojo de billetes. Su padre podría no prestarle demasiada atención, pero siempre le enviaba dinero para sus gastos personales.

El mesero se dio vuelta y le sirvió un vaso de cerveza.

- Aquí tienes.

Terry se la bebió de un solo trago y pidió otra. No era la primera vez que se emborrachaba. Una vez hacía dos años atrás, él y Candy habían entrado en la bodega del duque y robado una botella de vino, la bebieron toda y tuvieron suerte que fuera Amy quien los descubriera y no el duque. Al día siguiente ambos habían despertado con un fuerte dolor de cabeza. Después de ese día Terry había vuelto a tomar de vez en cuando, cuando Archie y Stear lograban entrar en el colegio alguna botella de cerveza, pero no había vuelto a emborracharse, era hora de que lo hiciera.

- ¿Está ocupado este asiento? – Terry desvió su mirada hacia su derecha, donde una bella mujer lo miraba sonriente. Hiso un gesto con la mano y ella se sentó en la silla vacía junto a él. Pidió una cerveza al mesero y volvió su mirada a Terry – No vienes muy seguido por aquí ¿Verdad? Es la primera vez que te veo.

- No – dijo él.

- ¿Eres de Londres?

- Sí.

- Vaya, vaya… un hombre de pocas palabras – La mujer colocó una mano sobre la pierna de Terry comenzó a acariciarlo – Pero quien quiere hablar cuando existen otras cosas más interesantes que un hombre y una mujer pueden hacer ¿No lo crees?

Esa mujer estaba coqueteando con él, y Terry sabía que no era porque le gustara, sino por el dinero que llevaba encima. Tenía todo el aspecto de una prostituta, vestido ceñido, demasiado maquillaje, cabello teñido de rubio, pero tenía los ojos verdes, no exactamente como los de Candy, pero verdes al fin, y eso fue lo que lo cautivo. Intentó acercarse a ella, pero fue arrojado hacia atrás de un fuerte golpe.

- ¿Qué crees que estás haciendo? – Un hombre del tamaño de un gigante de posó frente a él - ¡Ella es mi novia!

Terry sentía los efectos del alcohol, lo cual lo imposibilitaba para tomar decisiones coherentes.

- ¿En serio? – Le preguntó con burla – Entonces deberías prestar un poco más de atención a lo que ella hace con los hombres.

- ¿Acaso estás insinuando que mi novia es una mujerzuela? – El gigante apretó los puños y el resto de las personas quedaron en silencio.

- No estoy insinuando nada – Dijo Terry con una sonrisa de medio lado en el rostro – Lo estoy afirmando.

El hombre profirió un grito y arremetió contra Terry, quien ya llevaba en su cuerpo las marcas de la pelea con Anthony. No pudo hacer nada para defenderse, y solo le quedó soportar los golpes del gigante, hasta que alguien intervino y lo sacó de ese asqueroso bar.

- ¿Quién eres tú? – Preguntó Terry al borde de la inconciencia. Solo pudo distinguir una figura de cabello largo y barba.

- Demonios, muchacho ¿En qué te has metido?

- Él empezó.

- Necesitas que te vean esas heridas – El hombre revisó la ceja de Terry, estaba perdiendo demasiada sangre – No debes tener más de 17 años.

- 16.

- ¿Vas a la escuela?

- Al colegio San Pablo – No sabía cómo se las había arreglado para contestar esas preguntas, apenas recordaba su nombre.

- No puedes volver allí con estas heridas – Le contestó el hombre – Te castigarán.

- Tampoco puedo volver a mi casa.

- Te llevaré a la mía.

Terry no solía confiar en los extraños, pero en esos momentos no le quedaba otra opción. Era cierto que no podía volver al colegio en esas condiciones, las monjas lo descubrirían y sería castigado, tal vez expulsado, así que aceptó la ayuda del hombre.

ooo

Eran más de las siete de la mañana y Terry aún no aparecía. En media hora se serviría el desayuno y si no estaba presente las monjas lo notarían y sería castigado. Anthony había estado enfadado después de lo que había pasado la noche anterior. Debía admitir que sentía celos de Terry, él también estaba enamorado de Candy, pero a diferencia suya, ellos dos habían compartido demasiadas cosas a lo largo de la vida, eran inseparables, y eso era algo que jugaba a favor de Terry.

Había sido algo vergonzoso lo que había pasado la noche anterior, Terry le había dicho cosas horribles, y no se sentía orgulloso de haberlo tratado de bastardo después de las cosas que le había contado sobre su madre. Ahora Terry había desaparecido y Anthony estaba preocupado por él.

- ¿Dónde está Terry? – Le preguntaron Stear y Archie al ver al rubio entrar solo en comedor.

Anthony les contó una versión resumida acerca de lo que había pasado durante la noche. No le quedó más remedio que confesarles su reciente amor por Candy, pero tampoco les dio lugar a que se burlaran, pues era urgente que Terry apareciera.

- No podemos permitir que las monjas sepan que no ha dormido en el colegio – Dijo Stear – Tenemos que pensar en algo.

Pero ya era demasiado tarde. La hermana Stella ya se estaba acercando a ellos con la pregunta en la boca.

- ¿Dónde está Terrence? Él sabe muy bien que tiene que estar presente en el desayuno a las 7.30 en punto.

Los tres se miraron con temor, pero fue Archie quien se decidió a hablar.

- Está enfermo.

- ¿Enfermo? – La monja mostro signos de preocupación. Terry era el hijo de un duque y sería una mala imagen que se enfermase dentro de las instalaciones de colegio.

- Sí – Contestó Anthony – No se sentía muy bien está mañana, así que me pidió que les dijera que no puede presentarse a clases.

- Bien… díganle que puede quedarse en cama durante el día, pero si para mañana no mejora llamaremos a un médico.

- Sí, hermana.

Los tres suspiraron aliviados, pero sabían que eso no dudaría por mucho tiempo. Si no encontraban a Terry las monjas se enterarían que no había pasado la noche en el colegio, y también los castigaría a ellos por haber mentido.

ooo

Terry se despertó en una cama pequeña en una habitación sencilla. Le dolía todo su cuerpo, y apenas podía moverse.

- Hasta que al fin despiertas - Sentado en una silla al lado de la cama se encontraba un hombre rubio, el mismo que lo había ayudado la noche anterior – No tuve la oportunidad de presentarme. Mi nombre es Albert.

- Terry – Contestó él – Terry Grandchester.

- ¿Grandchester? – Preguntó Albert con curiosidad - ¿De los duques de Grandchester?

- Soy el hijo – Dijo el castaño con la mirada gacha – El hijo bastardo de Richard Grandchester.

- He oído hablar de ti – Le dijo Albert.

- ¿En serio?

- Conocí a tu padre en un viaje en barco desde América hace ya muchos años. Él estaba con una pequeña niña rubia.

- Candy – Terry sonrió al recordar a su pecosa. Por ella era que se encontraba en ese estado.

- Pero dime, Terry ¿Qué es lo que ha pasado?

Albert parecía una persona agradable, así que Terry no tuvo reparos en contarle todo lo que había pasado. A decir verdad, se sentía bien poder hablar con alguien sobre ciertas cosas.

- Es un mundo muy pequeño – Dijo Albert después de haber oído la historia de Terry.

- ¿Por qué lo dices?

- Ese amigo tuyo con quien te peleaste, Anthony… es mi sobrino.

- ¿Qué dices? – Terry casi escupe el café que estaba bebiendo – Pero… pero… si tú… no pareces ser un hombre… ya sabes…

- ¿Rico? – Terry asintió con la cabeza – Solo porque esté viviendo en una casilla dentro del zoológico donde trabajo no significa que no tenga donde caerme muerto – Rió Albert – Me alejé de los Andrey cuando era muy pequeño, siempre sentí la necesidad de buscar mi propio camino, y no iba a encontrarlo si seguía los pasos de mis padres.

Terry encontró sentido en las palabras de Albert. Él mismo se había jurado nunca ser como el duque. No le interesaba el dinero ni el poder de su padre, lo único que él quería era convertirse en actor, y sí Albert había logrado seguir su propio camino ¿Por qué él no podría hacer lo mismo?

- Creo que es hora de que te lleve de vuelta a la escuela – Le dijo Albert – Necesitas hablar con mi sobrino. Ambos se merecen una disculpa.

- Es verdad – Se sentía horrible por las cosas que le había dicho a Anthony, no quería estar peleado con él, era su mejor amigo.

- Los golpes del rostro serán fáciles de tapar, pero te quedará una cicatriz en la ceja.

- Ya se me ocurrirá algo.

Terry se puso de pie con dificultad y Albert lo ayudó a caminar. Salieron del zoológico y tomaron un coche que los llevó hasta la escuela.

- Dile a mis sobrinos que vengan a visitarme – Le dijo Albert mientras ayudaba a Terry a subir al muro.

- Lo haré.

ooo

Ya estaba anocheciendo cuando la puerta de la habitación se abrió y Terry entró por ella.

- ¡Terry! – Exclamó Anthony con alivio, pero se preocupó al ver las heridas que este tenía en el rostro – ¿Yo te he hecho eso? – Preguntó con espanto.

- Ya quisieras – Contestó el castaño con burla – He tenido una pequeña pelea en un bar.

- ¿En un bar? ¿Qué hacías en un bar?

- Eso ya no importa – Se sentó en la cama y se quitó los zapatos – Tony… quiero pedirte perdón por lo que te dije anoche. Sabes que no fue mi intención hacerte sentir mal, y no es lo que en verdad pienso.

- Lo sé – Le contestó él – Pero yo también tuve la culpa, y también debo pedirte disculpas.

- Está olvidado – Le dijo el castaño con una sonrisa.

- ¿Qué te ha pasado?

Terry le contó brevemente su pelea con el gigante en el bar y su encuentro con Albert. Anthony se alegró al escuchar hablar de su tío, y le hiso prometer a Terry que lo acompañaría a visitarlo una tarde.

- Sabes que no me rendiré con Candy ¿Verdad? – Le dijo Terry poniendo una expresión seria en su rostro – La amo, y quiero estar con ella.

- Tampoco yo pienso rendirme – Le confesó Anthony – También estoy enamorado de ella.

- Entonces amigo… me temo que esto se convertirá en una competencia por el amor de una mujer – Le dijo Terry con gracia.

- No me importaría competir siempre y cuando no volvamos a pelear entre nosotros.

- Estoy de acuerdo con ello.

Ambos chicos habían llegado a un acuerdo. Los dos harían todo lo posible por conquistar a Candy, pero siempre jugarían limpio, y fuera cual fuera, aceptarían la decisión que ella tomara.

Continuará…


En el próximo capítulo comienza la competencia entre Anthony y Terry por lograr el amor de Candy ¿Cuál es la reacción de ella ante las atenciones de los muchachos?

a) Se siente alagada.

b) No le gusta que estén todo el día pendiente de ella.

c) Le incomodan las atenciones que ambos le brindan.

d) Siente confusión, y no comprende sus sentimientos hacia ellos.