Capítulo 9:

Kankuro corría por la casa detrás de su padre suplicándole que no fuera a buscar a Gaara. Hoy era el cumpleaños del pequeño y no quería que le hiciera daño:

-Padre por favor … -suplicaba Kankuro agarrándole de la camisa.

-¡Para Kankuro!-dijo empujándolo hasta hacerlo caer al suelo- ¡GAARA ABRE LA MALDITA PUERTA!

Al ver que el pequeño de tan solo cuatro años no respondía cargó contra la puerta hasta derribarla. Dentro del cuarto de sus hijos, no se veía a nadie, por lo que comenzó a maldecir mientras buscaba al pelirrojo por todos lados. Agarró el colchón de la cama y lo tiró al piso dejando al descubierto lo que había debajo de la cama. Entre juguetes rotos y ropa sucia, un niño pelirrojo se escondía formando un ovillo con su propio cuerpo.

-¡TE ENCONTRÉ MALDITO BASTARDO!

-Padre se lo ruego hoy no … -seguía Kankuro inútilmente.

Rasa metió su brazo debajo de la cama y al sacarlo arrastró con el al pequeño agarrado por el pelo. El niño lloraba sin consuelo mientras con sus manitas intentaba liberarse del agarre, aunque sabía por experiencia que eso no era posible. Era demasiado pequeño, nadie sabía lo que ocurría en su casa y la única persona que lo defendía, Kankuro, tampoco podía hacer nada contra su padre.

Aunque ya se había acostumbrado a sufrir las constantes palizas de su padre, al ver como se acercaba al baño comenzó a llorar más mientras gritaba pidiendo socorro. Con sus pies intentaba frenar a su padre y con las manos buscaba desesperadamente soltarse. No quería entrar al baño, no quería entrar en la bañera, simplemente no quería quedarse a oscuras …

Cuando su padre entró en el cuarto de baño, lo lanzó contra una esquina en la que se ocultó detrás del lavamanos mientras el adulto cerraba la puerta con seguro. Desde fuera, Kankuro aporreaba la puerta exigiéndole a su padre que se detuviera y lo dejase entrar.

Pero no le hizo caso. Agarró a Gaara en brazos y lo sentó en la bañera. Acto seguido abrió el grifo y el agua comenzó a llenar el espacio y a mojar al niño.

Gaara estaba aterrorizado. De todos los castigos que su padre alguna vez le había infligido, este era sin duda el peor. Esperó en silencio hasta que el nivel del agua alcanzó su cintura y su padre cerró el grifo.

-Muy bien pequeño monstruo … ¿vas a confesar hoy?

-P-pa … papá … -decía el pequeño sollozando- Yo no hicí nada malo …

-¡MIENTES!

Fue entonces cuando agarró la cabeza de Gaara y la sumergió en el agua. Desde arriba podía ver como su hijo braceaba sin resultado alguno para intentar salir del agua y pequeñas burbujas salían de su boca para desaparecer al llegar a la superficie. Cuando lo creyó conveniente lo sacó. Gaara escupía el agua y respiraba de forma agitada buscando el oxígeno que el aire le brindaba.

Su padre volvió a la carga:

-Confiesa.-exigió.

-¡Padre por Dios, pare!- seguía Kankuro desde fuera sabiendo lo que pasaba dentro. -Un día de estos va a matarlo …

-Mejor. -dijo Rasa y volvió a sumergir a Gaara.

Para Gaara aquella experiencia era horrible, primero el desconcierto de estar bajo agua, luego el frío de esta que te envolvía totalmente a eso había que sumarle el escozor de la garganta y el dolor en los pulmones al no poder respirar. Se asfixiaba allí abajo, el aire se escapaba de su cuerpo para salir en forma de burbujas de vida, como él las llamaba, más frío, impotencia la no poder salir, miedo, dolor, soledad inmensa era lo que se experimentaba bajo el agua, para acabar con la oscuridad inmensa. Se había vuelto a quedar "a oscuras". Su cuerpo no aguantó más y todo se comenzó a nublar para acabar volviéndose todo negro. Y él, dejó de existir para volver al mundo de la nada, un mundo que conocía demasiado bien, un mundo al que no quería regresar.

Para Kankuro las cosas eran totalmente diferentes. Tenía siete años y desde la muerte de su madre el año pasado, su padre se había vuelto loco y hacía cosas como esta. Lo primero fue sacar a Gaara de la guardería, dejándolo encerrado el el baño todo el día hasta que Kankuro volvía del colegio a las seis de la tarde y lo sacaba, le daba de comer y limpiaba sus lágrimas. Pero todo fue a más, luego comenzaron las duchas con agua fría, las noches sin calefacción o los castigos sin comida. Pero hace seis meses había empezado una nueva etapa de castigos, más duros y crueles, castigos físicos.

A Kankuro se le partía el alma ver como su padre buscaba a su hermano pequeño para hacerle tales barbaridades, más que nada por que no era justo, su hermano no había hecho nada malo, es más, no había hecho nada, tenía cuatro años, era casi un bebé aun.

Por mucho que Kankuro intentara persuadir a su padre, él seguía obsesionado con que debía castigar a Gaara hasta que confesase. Hoy mismo había vuelto antes del colegio para darle de comer a su hermano. Corrió por las calles hasta llegar a su casa, antes llena de esplendor y tras la muerte de su madre, convertida en el cuarto de castigos de su padre y la mayor pesadilla para Gaara y para él. Era cierto que su padre nunca le había pegado, solo lo empujaba cunado intentaba defender a su hermano, pero eso no significaba que no sufriera viendo como su padre molía a palos a su hermanito pequeño.

La sensación de impotencia al no poder hacer nada, al no poder evitarlo era enorme, y a eso se le unía el no poder denunciar a su padre ya que era el sheriff del pequeño pueblo en el que vivían. Ninguna autoridad tomaría represalias contra el hombre que los mantenía a salvo y atrapaba a los monstruos, aunque él fuera uno.

Pegó a la puerta con los puños cerrados hasta que se cansó. Se sentó al lado de la puerta mientras escuchaba como dentro del baño su padre seguía acusando a Gaara de hacer algo que no había hecho y como este lloraba y se ahogaba cada vez un poco más. Apretó los puños llenos de rabia y juró que se lo haría pagar a su padre. Unas lágrimas traicioneras se escaparon de sus ojos, pero cuando escuchó como la puerta se habría y vio a su padre salir para vestirse e ir a trabajar, se enjuagó dichas lágrimas y entró en el baño.

Allí, dentro de la bañera, flotando en el agua se encontraba el cuerpecillo de su hermano. Con la ropa totalmente mojada y con la cara mirando al fondo de la bañera.

Kankuro agarró una toalla del armario y la puso en el suelo, entró en la bañera mojándose las piernas y sacó como pudo a Gaara del agua. Lo acostó sobre la toalla y buscó otra para taparlo. Encendió el radiador para que la temperatura aumentara un poco y comenzó a frotar el cuerpo inconsciente de su hermano.

Conforme los minutos avanzaban su angustia crecía y se apoderaba de él. Gaara no reaccionaba y no sabía qué hacer. ¿Y si había llegado demasiado tarde? ¿Y si Gaara no despertaba? ¿Y si su hermano se moría? ¿Y si todo había sido culpa suya por no estar con el todo el tiempo como le había prometido?

-Ga-gaara …. soy yo … -dijo susurrando entre sollozos- Soy yo … Kankuro … ¿me escuchas hermanito? Soy yo … Kankuro … -dijo abrazando al pelirrojo y escondiendo la cabeza de este en su cuello – Ya está bien … no pasa nada … se ha ido … ya ha acabado todo … ya estoy aquí … estás a salvo … estoy contigo … Gaara por favor … por favor … respóndeme … -gritaba el niño sentado en el suelo con su hermano en brazos.

Fue entonces cuando el pequeño comenzó a toser y a escupir el agua que tenía en los pulmones.

-¡Gaara!

-¿Kuro? -preguntó el pequeño un poco desorientado.

-Sí, soy yo peque … estoy aquí y no me iré ¿me escuchas?

-Sí … Te quiero Kuro … -dijo el pequeño abrazando a su hermano mayor.

-Yo también te quiero Gaara … muchísimo … pero tenemos que secarte.

Se levantaron y Kankuro dejó a Gaara envuelto en toallas para ir al cuarto a por ropa seca, pero cuando iba a cerrar la puerta para mantener el calor de la calefacción, su hermano comenzó a llorar y a gritar que no lo dejase allí solo, por lo que tuvo que volver a por él. Después de secarlo, le puso uno de sus pijamas y le secó el pelo. Fueron a la cocina y Kankuro preparó comida para los dos.

Eso se repetía todos los fines de semana. Al salir del colegio Kankuro rezaba por llegar a casa antes que su padre y así poder esconder a Gaara, pero no siempre lo conseguía.

Un día al llegar, la casa estaba totalmente en silencio, cosa que asustó a Kankuro. Se acercó a la cocina y vio el plato con comida que le había dejado a Gaara en la basura por lo que supo que su padre estaba en casa. La pregunta era ¿estaba con Gaara?

Dejó la mochila tirada para ir a buscar a su hermano, pero cuando lo encontró, no podía dar crédito a lo que estaba mirando. Gaara tenía ya seis años y tras años de maltrato su padre siempre conseguía una nueva manera de hacerle daño. Esta vez había optado por los cigarrillos. Kankuro recordaba que su padre comenzó a fumar tras la muerte de su madre pero aquello era una atrocidad.

Había atado a Gaara por las muñecas al radiador de manera que no podía moverse mucho y había colocado el sillón al lado de él. Entonces comenzaba el "castigo". Su padre encendía un cigarrillo, le daba unas cuantas caladas, para luego apagarlo directamente en la espalda de su hijo. Gaara se doblaba del dolor y caía sobre sus rodillas muerto de miedo y de dolor. Kankuro estaba

alucinando, ¿cuánto tiempo llevaba haciendo eso?

Entró en la habitación de su padre y se enfrentó a él:

-¿Estás loco?

-Cállate Kankuro …

-¡Es un niño!

-Es un monstruo. Es más, me he cansado de él, llévatelo …

-¿Qué?- preguntó Kankuro asustado.

-Que tengo sueño, mañana seguiré con él … pero ahora puedes llevártelo, es todo tuyo …

-Gracias … -dijo Kankuro desatando a su hermano.

-Solo una cosa más Kankuro …

-¿Sí?

-No vuelvas a darle comida a Gaara o me enfadaré …

-D-de acuerdo padre …

Salieron de la habitación para entrar en la de ellos y cerrar la puerta con seguro. Una vez allí dentro Gaara preguntó algo que a Kankuro le rompió el corazón:

-Kankuro … ¿soy un monstruo?

-¡No! Nunca vuelvas a decir eso … ¿me has oído? -dijo agarrándole de los brazos y mirándolo directamente a los ojos.

-Pero padre no dice eso … -contestó desviando la mirada.

-No le hagas caso. No eres un monstruo …

-¿Me odias?

-Pero ¿quién te ha metido eso en la cabeza?

-Padre dice que solo me proteges por pena, pero que me odias por haber matado a mamá …

-Gaara tú no mataste a mamá … y yo no te odio, te quiero muchísimo.

-Yo también te quiero Kankuro … -respondió comenzando a llorar- Y no quiero que me odies …

-Que yo no te odio tonto … es más, te he comprado algo …

-¿A mi?

-Sí, para ti … feliz cumpleaños Gaara … -dijo entregándole una cajita.

-¡Te has acordado! Eres el mejor Kankuro …

-No lo soy, pero gracias … venga ábrelo a ver si te gusta.

-¡Un osito de peluche!

-¿Te gusta? Como padre rompió el tuyo pues pensé que a lo mejor …

-Es precioso Kankuro … muchas gracias.

-Felices siete Gaara.

Así pasó el tiempo. Kankuro cada vez se enfrentaba más a su padre por lo que este optó por encerrarlo en su habitación antes de ir a por Gaara.

Kankuro le pegaba a la puerta hasta romperse los nudillos en un intento de proteger a su hermano. Cuando todo terminaba, su padre iba al cuarto, le abría la puerta y se sentaba a tomarse una copa totalmente orgulloso.

Gaara le tenía cada vez más miedo al baño y a su padre, hasta el punto de llegar a desmallarse solo con entrar o de orinarse cuando escuchaba a su padre abrir el agua.

La tensión en esa casa creció hasta que cuando Kankuro cumplió catorce años. Gaara tenía once y ya había ido tres veces al hospital, en una le habían cosido varias heridas de la espalda ya que su padre le tiró varios platos y botellas, en otra le habían tratado una hipotermia severa debido a que su padre lo obligó a dormir fuera de casa en invierno, y en la última le habían dejado una semana ingresado por un intento de suicidio que era obra de su progenitor.

Inicio Flashback:

Ese día Kankuro había vuelto como cualquier día y al entrar vio que su padre salía del cuarto de baño con la camisa remangada y llena de sangre al igual que sus brazos. En la mano llevaba una cuchilla alargada y fina que Kankuro nunca supo de dónde había sacado. Corrió al baño y vio a Gaara sentado en la bañera con los brazos y las piernas sumergidas en un agua teñida de rojo. Solo tenía diez años pero su padre ya había intentado matarlo. Cuando Kankuro lo sacó, descubrió el origen de la sangre del agua: Gaara tenía cortes profundos en ambos brazos de los cuales emanaba aquel líquido rojo sin detenerse. Kankuro muerto de miedo agarró una sábana, la cortó y le hizo unos torniquetes en los brazos a su hermano. Lo metió en el coche de su padre y lo llevó al hospital. Una vez allí le sorprendió la explicación del médico:

-Tarde o temprano sabíamos que iba a pasar …

-¿El qué?

-Tu hermano es una persona muy inestable …

-¿Qué quiere decir con eso?

-Todo apunta a un intento de suicidio Kankuro …

-¿Qué?

-Te diré lo que creo que pasó: estaba cansado, se tomó un par de aspirinas, llenó la bañera de agua caliente y se metió. Una vez ahí procedió a cortarse los brazos en un inútil intento de acabar con su vida …

-¡Eso es mentira! -gritó Kankuro enfadado- Gaara solo tiene diez años, no le llega a la caja de las medicinas y a parte le tiene miedo al agua ¿cómo se va a meter él solo en la bañera?

-Kankuro …

-No va al colegio, es imposible que supiera que tanto las aspirinas como el agua caliente impiden que la sangre coagule …

-Esa es la versión que se pondrá en el expediente …

-Pero …

-Sin peros Kankuro, ahora o pasas a ver a tu hermano o te marchas a casa, tu eliges. -y se fue a atender a otro paciente.

-¿Gaara?- dijo entrando en la habitación. Lo cierto es que su hermano daba pena, con los antebrazos vendados, todas las vías, la máscara de oxígeno y totalmente pálido en contraste a las ojeras que le provocaba el no dormir.

-¿K-kankuro? ¿Has venido?

-Claro que sí tonto … estoy aquí y te prometo que te sacaré de esta …

-Me has … salvado la vida …

-Eso no es cierto.

-Gracias Kankuro …

-Gaara yo …

-Tengo sueño …

-Pues duerme tranquilo que yo estaré aquí, siempre estaré contigo …

Fin Flashback:

Por eso, cuando el día que cumplió catorce años, se escapó de casa con Gaara, llevaban una maleta para ambos y dinero para irse a vivir a otra ciudad, quizás incluso a Konoha, la capital. El problema fue que cuando estaban en la estación de tren comprando los billetes, el revisor los reconoció y llamó a su padre para que los fuera a buscar.

Al llegar a casa fue la primera vez que Rasa le puso la mano encima a Kankuro, le pegó como nunca había hecho. Se sentó encima de él y comenzó a pegarle puñetazos en la cara. Kankuro levantaba los brazos y los ponía a modo de barrera para impedir que le pegase más. Pero su padre no paraba, había entrado en un bucle y le pegaba sin importar el daño que le hacía a Kankuro o las súplicas de Gaara:

-Para, para … por favor … -decía Gaara totalmente desesperado.

-¡TE LO MERECES POR TRAICIONARME!- chillaba Rasa.

-No te he traicionado … -decía Kankuro con la boca llena de sangre.

-¡TE IVAS A IR! ¡Y TE IBAS A LLEVAR A ESE MONSTRUO!

-Él no es un monstruo.

-¡CÁLLATE! -dijo golpeándolo una vez más.

-¡Déjalo en paz!-dijo Gaara – Fue culpa mía, yo lo convencí …

-¿Así que fuiste tú? Como no … -dijo levantándose y yendo a por Gaara.

Agarró al pequeño por el pelo y se lo llevó a su cuarto cerrando la puerta con llave. Kankuro desde el suelo podía escuchar como su padre se quitaba el cinturón de cuero y azotaba con él a su hermano mientras lo insultaba.

Cuando terminó, se fue a la cocina y se preparó una bandeja de comida precalentada. Kankuro entró en el dormitorio y vio a su hermano sobre la cama con la espalda llena de marcas, la piel roja y zonas con sangre en algunas zonas.

-Gaara lo siento …

-No importa.- dijo este dejando de llorar pero sin mirarlo.

-No dejaré que vuelva a hacerte daño …

-Me lo merezco, doy asco, soy un monstruo …

-No lo eres …

Abrazó a su hermano pequeño y juró que no permitiría que su padre le pusiera la mano encima otra vez.

A partir de entonces Kankuro se encargaba de esconder a Gaara en cualquier lugar y cuando su padre llegaba lo provocaba hasta enfadarlo lo suficiente para que descargase su ira contra él y se olvidara de Gaara. Eso funcionó más o menos un año hasta que un día su padre se cansó y apuntó a Kankuro con su escopeta:

-¡SÉ QUE ME ESTÁS ESCUCHANDO! ¡DEJA DE ESCONDERTE GUSANO! ¡SAL DE UNA VEZ!

-Padre baje el arma … -decía Kankuro asustado con el labio roto.

-¡SAL O LE VUELO LOS SESOS!

-¿Qué? -preguntó Kankuro abriendo los ojos.

-Así es … ¡O SALES O LO MATO!

-No salgas Gaara … -dijo Kankuro levantando las manos.

-¿Qué dices?

-¡GAARA, PASE LO QUE PASE NO SALGAS!

Gaara, que estaba escondido dónde Kankuro le había dicho, comenzó a sollozar y a temblar de miedo. Si salía su padre le haría daño, pero si no lo hacía mataría a Kankuro.

-¡TE MATARÉ! -dijo pegándole con la parte trasera del arma en la cabeza y tirándolo al suelo.

-¡No!- gritó Gaara saliendo del conducto de ventilación llorando- No le hagas daño …

-Ahora verás … -dijo Rasa soltando la escopeta y agarrando a Gaara por el cuello.

Kankuro abrió los ojos. Le dolía mucho la cabeza. Vio a su padre sentado sobre Gaara en el suelo y asfixiándolo con ambas manos mientras decía como un poseso:

-Te mataré … te juro que te mataré …

-NO voy a permitirlo … -dijo Kankuro levantándose y cogiendo la escopeta de su padre- ¡YO LE HE PROMETIDO QUE NO VOLVERÍAS A HACERLE DAÑO!

-Como si pudieras hacer algo …

-Lo siento … pero no permitiré que le pongas la manos encima otra vez …

Gaara que estaba en el suelo escuchó una explosión y acto seguido algo le salpicó en la cara. Su padre cayó sobre él y no se movía. No podía respirar ni conseguía quitárselo de encima. Cada segundo parecía un siglo y provocaba que el pequeño se angustiara.

Fue entonces cuando Kankuro retiró el cuerpo de su padre y agarró a Gaara de manera que no viese lo que acababa de suceder. Kankuro decidió que no debía verlo. Acababa de asesinar a su propio padre, al jefe de policía del pueblo, le había disparado por la espalda con una escopeta …

Pero al fin había rescatado a Gaara. Lo sentó en la encimera, le limpió la cara de sangre, le dio un bocadillo y volvió a su habitación a hacer la maleta.

Al salir, lo cogió encendió el coche de policía de su padre y se marcharon del pueblo.

Al llegar a Konoha fueron a un parque y dejaron el coche allí. Durante el día, buscaban algo que comer y por la noche volvían a dormir en él. A la semana conocieron a una niña rubia que se había metido en su "casa" :

-¿Quién eres? -preguntó Kankuro.

-Mi nombre es Temari y tengo catorce años …

-Mi nombre es Kankuro y tengo quince años … -se hizo a un lado para mostrar a Gaara que se había escondido detrás de él- Y este es mi hermano Gaara, tiene doce años …

-Si queréis podéis venir al orfanato conmigo …

-¿Al orfanato?

-¿Tenéis padres? -preguntó la rubia intrigada.

-No … ya no. -dijo Kankuro mirando a Gaara.

Continuará …