Capítulo 9 - Sentimientos a flor de piel
No sé cómo reaccionar. Todo es tan repentino y a la vez tan confuso. Tantas emociones en tan solo unos segundos descolocarían hasta al más firme. Antes de tan siquiera volver a querer tocar la pantalla del celular siento de nuevo unos pasos en el aula. Está en la puerta…esperando…esperándome…a mí.
Mi corazón retumba al mismo tiempo que mi cabeza mientras intento esconderme más tras la puerta y aprieto mi móvil en mi pecho con los ojos y los puños cerrados lo más fuerte que podía para que no me descubriera en pleno ataque de nervios.
-"Ella me importa y la aprecio por ser quién es".
¿Qué concepto tiene en verdad de mí? ¿Verdaderamente lo conozco? Su actitud ante Lila ahora fue muy contraria a la actitud típica de él desde que lo conozco. ¿En verdad soy importante para él? ¿Acaso el…? A cada pensamiento que avanzaba en mi mente más sentía que mi corazón iba a estallar. Más era la angustia al saber que lo único que me separaba de él en esos instantes era una simple puerta. De repente recordé a Alya y nuestra conversación minutos antes…
-"Si no fueras tan tímida me atrevería a decir que ya hace tiempo que te le habrías confesado (…) ¿A qué estas esperando?".
"A que no me dé un ataque como ahora", me dije mentalmente contestando a aquella pregunta retórica de Alya. No solo era eso. Tenía miedo del inminente rechazo. Era imposible que alguien como él se fijara en alguien como yo…
"Todo lo que tiene de buena lo tiene de inocente y torpe". Las palabras de Lila no hacían que remarcar más la cruda realidad. "¿Cómo he podido ser tan idiota y confiar en ella?", me recriminaba mentalmente.
Pero antes de continuar culpándome a mí misma sentí una caricia en mi mejilla. Tikki me miraba con una sonrisa mientras me acariciaba con una de sus manitas; caricia que yo correspondí. "Todo estará bien", me dijo gesticulando con la boca. "Tú puedes con cualquier cosa", gesticuló antes de darme un pequeño besito en la mejilla y susurrarme al oído "¡Ánimo!". Tras esto se escondió en mi bolso, dejándome de nuevo con mis pensamientos y ante un Adrien tras la puerta esperándome impaciente.
El golpe de sus zapatillas en el suelo parecía ser el martillo que bombeaba mi corazón en esos instantes; estando ambos sincronizados sin tan siquiera él saberlo. "¿Cómo habrá empezado la discusión? Está claro que Lila no fue a buscarlo sino que Adrien fue el que fue a confrontarla, pero ¿a qué se deben sus sospechas?" pensaba en mi subconsciente.
Todos mis pensamientos y dudas se volatilizaron cunado sentí resoplar al rubio.
-Parece que no vendrá.
Me pareció extraño escucharlo hablando solo, pero sus pasos fueron lo único que me inquietaron segundos después, dejando lo anterior apartado a un segundo plano. Me escondí más tras la puerta mientras sentí sus pasos contra el suelo y luego lo veía de espaldas a mí alejándose por el pasillo con las manos en los bolsillos del pantalón vaquero.
"¿A qué estas esperando?" Me bombeaban de nuevo las palabras de Alya mientras lo veía alejarse. "Inocente", "torpe" me reclamaban las palabras de Lila en mi cabeza.
-No…no puedo…no puedo…es verdad…soy una cobarde, no pue…-Mis palabras en susurro se vieron interrumpidas ante un estímulo en mi cadera. Mi bolso. Tikki… "Todo estará bien" me quiso decir… "¡Ánimo!" me susurró.
Mi mirada regresó a la espalda de Adrien, quién estaba a punto de girar el pasillo y desaparecer, cuando unos ojos verdes aparecieron en mi mente y unas palabras motivadoras que me impulsaron a salir de mi escondite y centrarme en el pasillo.
"Nadie sabe hasta que aprende, My lady. Si todo el mundo se rindiese ante las adversidades no existirían las metas y los sueños ¿no crees?"
Sonreí para mí misma. Él tenía razón. Ese tonto gatito siempre tenía la razón en todo aunque no se diera cuenta de la importancia que tenía para mí. "No importa lo que suceda o lo que Adrien piense de mí. Tengo que ser yo misma ante todo. Vamos Marinette. Eres la gran Ladybug, ¿Qué puede pasar? ¡Habla de una vez!" me reclamé a mí misma mentalmente.
-¡Adrien!
Lo único que veía ya de él era sus deportivas, pero ante mi llamado se detuvo y retrocedió hasta que nuestras miradas se encontraron. Azul y esmeralda chocaron para reavivar en mí un mar de sensaciones del que sabía nunca podría librarme. Su expresión sorprendida me inquieto por un momento, mas su sonrisa me deslumbró y dejó todas mis inquietudes en el rincón más apartado de mi mente. Le correspondí de la misma manera de forma inconsciente al instante.
-Marinette,-Respondió a mi llamado y retrocediendo sus pasos para acercarse a mí - ¿te ha llegado mi mensaje?
-Sí, a-acabo de verlo- Dije tras estar ambos en una posición relativamente cercana para mí; a un paso el uno del otro.
"¿Por qué tartamudeas Marinette? ¿Dónde está la gran Ladybug de la que tanto hablabas antes? ¡Sé valiente y habla bien por una vez!" Me gritaba a mí misma mentalmente. Con una mano agarrada fuertemente a la cuerda de mi bolso alcé mi mirada hacia el rubio, pues la había bajado por un instante previamente por timidez.
-Verás…me he encontrado con Lila en el aula de música y me comentó que ibas a seguir practicando con ella – dijo el rubio un poco tímido mientras se rascaba la nuca- Pero al final, no sé por qué, pero se ha marchado y no se ni siquiera si va a poder practicar contigo así que si quieres podemos aprovechar y…
-¿Practicar? –Dije terminando la frase por él, aunque instantes después me arrepentí de hacerlo y quise remendarlo- Bueno…digo… eso…eso sería lo más normal…digo… lo lógico quería decir…NO… no era eso lo que quería decir… bueno…yo…-"Tierra trágame" me dije a mí misma sentenciándome ya… Pero para mi sorpresa, no era la cara de espanto de Adrien la que me contemplaba tras haber tapado mi cara por la vergüenza… sino una sonrisa radiante y unas carcajadas sueltas que le llevaban a soltar alguna lagrimilla. La imagen ante mis ojos me recordó a una del pasado lejano. Solo nos faltaba la lluvia de fondo y un paraguas para volver al día en que me di cuenta de mis sentimientos por ese chico.
El Adrien sencillo y risueño que contemplaba ahora era el que admiraba y me enamoraba cada día más. Pero la actitud que había tenido hoy ante Lila me había demostrado que aún no le conocía realmente y en verdad quería hacerlo. Quería conocerle, quería serle de ayuda y apoyarlo como él me ha apoyado en otras ocasiones.
-Tienes razón Mari, es algo lógico después de todo. He hecho una pregunta tonta- Dijo tímidamente de nuevo sonriéndome…pero esa vez…no había sido su sonrisa lo que me había descolocado…
-¿Mari?- Repetí inconscientemente en voz alta con un leve sonrojo.
Se hizo el silencio por varios segundos. Cuando quise darme cuenta Adrien se encontraba en el mismo estado que yo instantes antes.
-Eh bueno yo… no quise incomodarte…fue a-algo inconsciente. Per-perdona si te ha molestado, yo…yo no pretendía…
En ese momento fui yo la que no pudo evitar que se me escapara una leve risa ante lo gracioso de la situación… ¿Pensaba que me incomodaba? No sabía lo muy equivocado que estaba con respecto a mi idea de él.
-Tranquilo. No me ha molestado…más bien- hice una pausa sonriéndole confidente al igual que él también lo hacía- es al contrario.
Se hizo el silencio por casi un minuto en el que solo nos miramos como si nos quisiéramos contar un secreto oculto del que ni nosotros éramos conscientes que compartíamos en esos momentos. No era un silencio incómodo, ni tampoco una de esos románticos que se daban en las películas…sino un silencio acogedor.
-Bueno…entonces, ¿qué te parece si entramos a la clase e intentamos no crear un desastre de música?
-Me parece una buena idea.- Dije encaminándome a la par de él hacia el aula- Siempre y cuando no me acerque al piano. Si ya soy mala cantando no me quiero imaginar que con mi torpeza rompa cualquier cosa del piano.- Dije resuelta y un poco avergonzada.
-No te subestimes. Seguro cantas muy bien; no sé porque piensas eso. En cuanto a lo del piano no te preocupes. Yo me encargo- Dijo mientras entrabamos ya en la clase- Aunque si te digo la verdad, ¿puedo contarte un secreto?- Dijo de manera cómica y confidente mientras hacía como que quería ocultar nuestra conversación de oídos ajenos cuando estábamos solos. Yo asentí siguiéndole la corriente con una sonrisa constante durante todo el tiempo, como si me la hubieran tatuado de manera indefinida- No soy tan bueno tocando el piano. De hecho, en mi casa en una ocasión estuve a punto de liarla cuando practicando derramé zumo de naranja sobre la tapa de éste.
-¿No?- Dije incrédula y divertida
-Es verdad. De no ser por Nathalie que me ayudó a ocultar el estropicio de mi padre, creo que no habría salido airoso de esa- finalizó su relato sentándose en la butaca junto al improvisado piano que había allí y yo permanecía al lado de pie.
-¿Tú? ¿Un estropicio? No me lo creo
-¿Tan difícil de creer lo parece?- Dijo haciéndose el ofendido- Bueno pues creo que rompí tus expectativas- Dijo poniéndose de pie de nuevo frente a mí y actuando de manera cortés inclinándose e incorporándose-Encantado. Me llamo Adrien Agreste y soy un adolescente al que le chiflan los croissants y cuyo único temor es ser castigado por su padre… ¡Qué mala suerte la mía!- Exasperó esto último exageradamente con los brazos hacia la ventana y hacia el techo aumentando mis ganas de reír.
La situación parecía tan irreal y a la vez tan cómoda. Tal era la armonía que se había instalado de repente entre los dos que ni me había percatado de que estaba hablando con él con fluidez sin que se me trabara la lengua, cosa que me alegro por dentro. Mis nervios ante su sonrisa a pesar de todo no desaparecían y cada vez que era consciente de ella mi piel se estremecía. Pero podía ser yo misma. Después de tanto tiempo y tantas angustias por tan solo no poder comunicarme con él, habían desaparecido en tan solo unos instantes al gritarle su nombre en el pasillo y al recordad las palabras de…
Chat Noir.
"La cuestión es que no sé cómo actuar frente a él" recordé mis palabras durante el fin de semana.
"¿Y te has preguntado el por qué Marinette?" Me preguntó Tikki expectante.
De repente la tranquilidad que había recobrado con Adrien desapareció al volverse a agitar de nuevo mi corazón como si de una bomba de relojería se tratara.
¿Qué es lo que estoy sintiendo? ¿Por qué me siento tan confusa ahora? Estoy con Adrien como nunca he podido estar. ¿Por qué he de pensar ahora en Chat?
Todas nuestras charlas nocturnas se aparecieron ante mí como un libro abierto; sus consejos y bromas; sus coqueterías y sus despistes; sus celos y su bondad; sus miedos… y su amor. Amor hacia Ladybug…hacia mí.
"Este gato tiene muchas sorpresas bajo la manga, bugaboo"
"My lady, no sabes cuánto me alegra verte esta noche"
"¡LADYBUG! ¡CUIDADO!"
"Somos un equipo"
"Si todos mis sueños van a acabar contigo despertándome a mi lado, no quiero volver a levantarme"
"¿Preocupada por mí, My lady?"
Eran tantas las cosas buenas y malas que había vivido con ese minino que no me daría la vida entera para revivirlas y ni tampoco para compensarle por todo lo que siempre ha hecho por mí. Sonreí ante una nueva novedad. Una nueva y sorprendente novedad que estremeció mi piel de los pies a la cabeza junto con el llamado de Adrien ante mi mutismo repentino de seguro, pues en esos instantes no fue consciente de nada de lo que me rodeaba.
-¿Marinette? ¿Estás bien?
-Eh, sí - Dije rápidamente, volviendo a la realidad- Es solo que he recordado una cosa, de la que no me había percatado hasta ahora.
-¿Buena o mala?- dijo con una sonrisa curiosa, pero a la vez con una intención conciliadora…de ayudarme o para que me desahogara. Ahora se sentía realmente que podíamos ser amigos y no solo conocidos o compañeros de clase, cosa que me entusiasmo internamente.
-Para ser sincera no estoy muy segura…pero- dije haciendo una pausa, planteándome la pregunta con la vista puesta en el paisaje que veíamos de París a través de las ventanas del aula. La tarde avanzaba por los cambios de hora, provocando que anocheciera antes y por lo tanto, permitiéndome los reflejos de la puesta de sol que se estaba dando en las orillas del río Sena, cruzando el puente.- Creo que sí- Le respondí con ánimo.
-Me alegra entonces haberte sido de ayuda. ¿Sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites verdad?
Por un instante me quedé congelada en mi sitio; con la palabra en la boca y con una sensación de deja vù. Los destellos del exterior le confirieron al rostro de Adrien cierto toque de misterio…como si tuviera una máscara para ocultar sus más profundos secretos…pero a la vez valiente y seguro de sí mismo. Fue como…
como si tuviera frete a mí al mismo … Chat Noir.
-Sí… lo sé…Gracias por ayudarme Adrien.
Pasé el resto de la tarde practicando junto a él al piano. Con él se me hizo mucho más comprensible el tema de los tonos que había intentado explicarme Lila en la mañana de una forma más liosa y técnica. La mitad del tiempo nos la pasamos practicando tonos para que mi oído se acostumbrara y escuchando piezas de música que Adrien conocía y que le pedía que me tocara con la excusa de que nunca había escuchado nada al piano; que me parecía relajante y que quería acostumbrar mi oído. Aunque todas esas escusas fueron ciertas, en parte también quería que siguiera tocando porque sentía que en cada nota que él interpretaba con tanta soltura, elegancia y paz, se escondía una pequeña parte de él que se desprendía junto con la música. Era una paz tal que contagiaba y acogía el alma de un peregrino perdido. La melodía me llevaba a las nubes y me hacía desear que esa música fuera para alguien especial e importante para él que mereciera la pena, aún si no era yo.
Cuando acabamos me confesó que entre las muchas actividades que realizaba a diario, tocar el piano fue la única que él quiso por propia voluntad, pues su madre cuando era pequeño también le tocaba con ese instrumento y le intentó enseñar de pequeño.
-Cada vez que toco las teclas es como si tocase las mano de mi madre…como si estuviera sentada junto a mí al piano y nunca se hubiera marchado de mi lado".
Me apenó ver su rostro congojado a pesar de que sonreía. En el fondo era una sonrisa triste porque solo de esa manera podía recordar dulcemente a su madre, pero eso no quitaba que le doliera su ausencia. Había descubierto tantas cosas de mí misma y del chico de mis sueños en un día que todo ahora me parecía irreal.
Acaricie su hombro a modo de caricia para confortarlo e intenté animarlo lo mejor que pude.
-Mi padre me dijo una vez que en la vida tenemos que actuar sin arrepentirnos de nada y sin remordimientos. Somos lo que somos hoy día por lo que hacemos y por las personas que nos han hecho así- Pausé para mirarlo de frente pues parecía mirarme expectante…como si deseara que le diera la cura o el remedio a ese pesar…Deseaba hacerlo, aunque no pudiera ni existiera tal remedio…-Puede que hoy no sepas dónde está ahora tu madre o qué está haciendo, pero te puedo asegurar que estaría muy orgullosa de la persona en la que te has convertido y en la que seguramente llegarás a ser en un futuro. Una vez me dijo un buen amigo mío-Dije sonriendo por primera vez de forma gatuna en toda la tarde para mí misma mirando hacia la ventana esta vez- que cada persona es única. Solo te puedo decir que no te compares con nadie y no te deprimas…tu madre siempre estará a tu lado en las buenas y en las malas aunque no sea físicamente.-Dije esto último volteando de nuevo hacia él que parecía sonreír como no le había visto en toda la tarde. Sus pupilas por un instante me pareció que se dilataron y tras percatarme de que estábamos sentados los dos cómodamente en la butaca del piano, uno frente al otro y con los rostros no muy separados que se diga. Un leve sonrojo surgió en ambos para incorporarnos, rápidamente, un poco incómodos por lo repentino ahora de la situación.
-Gracias Mari.
Esta vez se dio un silencio incómodo entre ambos y ya se estaba empezando a hacer tarde así que decidí que ese era el mejor momento para hacer mi huida.
-Bueno...ya es tarde y no he avisado a mis padres de que llegaría tarde así que… es mejor que me valla ya- Dije tras coger mi bolso que había dejado reposando el resto de la tarde sobre la superficie del piano.- Nos vemos mañana.
-¡Marinette¡- Dijo Adrien antes de que saliera por la puerta.
-¿Sí?
-Yo…hay algo que tengo que decirte… verás yo…
El grito de Alya llamándome por los pasillos interrumpió a Adrien de golpe.
-Marinette,-dijo frente a la puerta de la clase. Me percaté como miró de refilón al interior del aula y me miró con una sonrisa burlona que para mi suerte no vio el rubio pues ella estaba demasiado fuera como para verle el rostro- ¿Vienes conmigo? Mylène me ha pedido de favor que valla a comprarle unas telas que necesita y que te pidiera consejo, pero sabes que no entiendo de esas cosas. Por favor, ¿vendrás sí?
-Bueno yo…
-Me basta con eso- Me contestó a mi respuesta inconclusa sonriendo y guiñándome un ojo- ¡Hola Adrien! No te había visto- dijo asomándose levemente al aula, asiéndose la disimulada- Siento interrumpiros pero, ¿puedo robarte a Marinette? En verdad necesito que me ayude- dijo con cierto tono lastimero que no me engañaba, al menos a mí, para nada.
-No…no importa… de hecho ya nos íbamos a ir. Ya habíamos terminado de practicar y…
-Gracias, gracias- Dijo la pelicastaña asintiendo y sonriendo- En ese caso nos vemos mañana. Vamos Mari.-Dijo deprisa y arrastrándome tirándome de un brazo.
-Pero Alya espe…- No me dio ni tiempo a despedirme del rubio cuando ya me tenía agarrada corriendo presurosa por el pasillo. Por las cristaleras de la pared del aula vi a un Adrien tan shockeado como yo ante la repentina y presurosa actitud de Alya- ¡Adiós Adrien!- Tuve que gritar e intentar despedirme con una mano antes de perderle de vista.
-Hasta maña…
Pero fue tanta prisa que llevaba Alya que ni tiempo me dio a escuchar la despedida del modelo.
-¿A qué ha venido eso?- Le decía a mi amiga mientras avanzábamos sin parar por los pasillos de la escuela hacia la salida-
-Siento interrumpir tu momento idílico con el que será el padre de tus hijos pero creé me que era necesario. Las tiendas cierran en media hora y no nos va a dar tiempo como no salgamos ya- Dijo tan rápido que ni pude asimilar bien sus palabras hasta que llegamos al portalón de la escuela. Mi espontáneo sonrojo ya era más que evidente y Alya frenó por un instante para colocar sus manos sobre mis hombros y mirarme a la cara para remarcarme algo con el dedo índice en la frente después.- Pero no te creas que te vas a librar de eso. Quiero un informe de todo, ¿me oíste? De TODO lo que ha pasado hoy en esa aula. ¿No se supone que estarías con Lila?
-¿No ha ido a la clase? – Pregunté extrañada olvidando por un segundo el otro tema.
-¡Qué va! Pensaba que estaba contigo, pero ya veo que no. Encima hemos tenido que aguantar todo el día a la caprichosa de Chloe que no andaba más que quejándose porque no sabía dónde estaba Adrien- Se lamentó- Hubiera dado lo que fuera por ver su cara si hubiese sabido dónde o con quien ha estado toda la tarde su querido Adrikins.
Ambas nos reímos para esta vez seguir avanzando a paso normal por las escaleras de la salida. Me prometí a mí misma que averiguaría lo que se traía entre manos esa mentirosa de Lila más y pronto que tarde y antes de marcharnos hacia el centro miré de nuevo hacia la escuela. Con una sonrisa me despedí del lugar hasta el día siguiente aún con un dulce recuerdo en mi mente: el descubrimiento de mis sentimientos hacia Chat Noir.
Porque aunque estuviera antes segura de que amaba a Adrien, por fín me había dado cuenta de que no solo veía al minino como mi compañero de batalla, como mi amigo o como mi confidente…había descubierto que Chat…
… me gustas.
