Capítulo 9
Las dos mujeres dejaron las minas para dirigirse hacia un destino también desconocido por Regina. Emma le había vendado de nuevo los ojos para que la morena no tuviera ninguna referencia del lugar hacia donde se dirigían. Después de dar la vuelta varias veces a la ciudad para desorientar a Regina, la rubia se detuvo en un parking desierto, iluminado solo por algunas viejas farolas. La morena se dejó de nuevo guiar por el sonido de la voz de su amiga, después sintió que la textura del suelo bajo sus pies cambiaba. Sintió que se hundía suavemente a medida que caminaba.
«¿Emma?» preguntó la morena inquieta agarrándose más al brazo de la rubia
«Estoy aquí…no te preocupes…es normal…» le respondió sonriendo
La rubia guio a su amiga durante unos diez metros, y enseguida le quitó la venda, dejándole finalmente la posibilidad de ver dónde se encontraban. La morena respiró a pleno pulmón, después se dio la vuelta hacia Emma dedicándole una sonrisa deslumbrante.
«Siempre me ha gustado la playa…»
«Lo sé…» le respondió la joven sheriff cogiéndola de la mano «ven…vamos a sentarnos allí»
Regina siguió a la rubia hasta el sitio donde las esperaba una manta así como una cesta que contenía una botella de champán y dos copas. La morena sonrió ante tanta previsión por parte de su amiga, y se dejó caer en el suelo sin apartar la vista del rostro de Emma, iluminado por los reflejos de las farolas.
Después de haber servido las copas, la rubia se sentó al lado de Regina y brindaron por esa noche.
«Por la más maravillosa noche que se me ha concedido vivir…»
«Por nosotras…» respondió Emma hundiendo su mirada en la de Regina.
Las dos mujeres se quedaron en silencio, observando las olas que morían en la arena con un dulce y melódico sonido. De vez en cuando, intercambiaban una mirada, una sonrisa, pero en ningún momento, ni la una ni la otra, hubieran querido romper el encanto de ese silencio confortable que se había instalado. Al cabo de casi media hora, Regina comenzó a temblar ligeramente y Emma se giró inmediatamente.
«¿Tienes frío?»
«Un poco…pero está bien…»
«Espera…» respondió la rubia colocándose detrás de la morena
Emma pasó por sus propios hombros una manta que rodeó a ambas mujeres. Atrajo a Regina hacia ella, después sus manos se entrelazaron naturalmente bajo la manta que las protegía. La morena apoyó su cabeza en el hombro de Emma, tras ella y esta aprovechó para acurrucarse en el cuello de Regina.
«Querría que esta noche nunca acabara…»
Emma se quedó en silencio, sin saber qué responder a su amiga. También le estaba gustando la noche, mucho más de lo que pensó en un primer momento, y lo que sentía en presencia de Regina comenzaba a darle un poco de miedo.
«Tengo la sensación de despertarme después de un largo, largo sueño…de descubrir todas esas cosas sencillas de la vida de las que he estado privada durante mucho tiempo…¿ves? Un poco como Blancanieves cuando se despertó de su sueño y vio lo que la rodeaba…»
Emma sonrió ante las palabras de Regina y no pudo evitar encontrarla adorable en su manera de ver las cosas.
«¿Blancanieves? ¿Y quién es entonces tu Príncipe Azul?»
«Bueno…yo diría más bien Princesa…tú eres la que me has salvado de mi sueño…Mi salvadora en cierta manera»
Emma cerró los ojos unos instantes. A veces ella se preguntaba si destellos de recuerdos no volvían a Regina ante la manera perfecta en que enlazaba su antigua vida con esta. Después, repentinamente, se tensó ligeramente. Regina pensaba que ella era su salvadora, ¿y si fuera verdad? ¿Y si era ella la que tendría que romper la maldición y no Henry como lo había supuesto? Sacudió suavemente la cabeza ante lo absurdo de esa eventualidad, no estaban tan cercanas para que eso pudiera ser.
«Yo no soy tu salvadora, Regina…me gustaría mucho, pero no es así…»
La morena se desilusionó un poco ante las palabras de su amiga, y sintió una lágrima aparecer en el rabillo de su ojo izquierdo.
«De todas maneras…¡yo no tengo nada de Blancanieves!»
Emma se echó a reír ante el tono irónico empleado por Regina al pronunciar esa frase e imaginó la cara que hubiera puesto su madre si la hubiera escuchado.
«No, eso te lo aseguro yo…no tienes nada de Blancanieves»
«Ella es una poco ñoña…creo»
«¿Ñoña?»
«Sí…en fin…demasiado ingenua…¡le falta carácter!»
«Ohh, ya veo…» sonrió Emma pensando en su madre, tenía que admitir que Regina no se había equivocado completamente «¿Y tú quién serías?»
«No lo sé…mientras no sea la Reina Malvada, me da igual»
«¿Por qué?»
«¡Emma, vamos! ¡Nadie quiere ser el malo del cuento!»
«¿Sabes? Yo creo que la Reina Malvada quizás sufrió mucho en el pasado…y es por eso que se volvió mala…es más, quizás en un principio, fue alguien muy bueno…» respondió Emma tiernamente hundiendo su mirada en los ojos de la morena
Regina desvió su mirada perturbada y depositó un dulce beso en su mejilla
«¿A qué debo este honor, Majestad?» dijo divertida Emma
«Es una de las cosas que me gustan de ti…esa facultad para ver lo bueno en los demás y no dejarte llevar por las apariencias…Ves…tienes todo de una princesa encantadora»
Emma enrojeció ligeramente y estrechó sus brazos alrededor de la morena. Ella aprovecho para pegar su rostro al de Regina y cerró los ojos un momento. ¡Cómo le estaba gustando esa noche! Le gustaba tener a Regina en sus brazos, sentir los dulces labios de la morena en su mejilla, sentir el bienestar que la había inundado desde que había tocado a la puerta de la mansión Mills. Le hubiera gustado poder detener el tiempo y vivir ese momento eternamente, pero la realidad la atrapó cuando sintió a Regina estremecerse de frío en sus brazos.
«Ven, vámonos…no quisiera que Mi Reina cogiera frío…» dijo dulcemente Emma separando de mala gana su propio cuerpo del de la morena.
«Realmente eres mi salvadora, Emma…» le respondió Regina besando furtivamente los labios de la rubia que se dejó sorprender por el gesto.
El trayecto de regreso se hizo en silencio. Las dos mujeres eran conscientes de que la noche tocaba a su fin y que tenían que retomar el curso de sus vidas, siendo sencillamente amigas que vivían juntas.
Con un pinchazo en el corazón, Regina tomó la mano de Emma que se encontraba en la palanca de cambios y entrelazó sus dedos a los de ella. Compartieron una mirada y una sonrisa, después la morena se llevó la mano de Emma a sus labios y ella sintió su corazón acelerarse de nuevo.
Al llegar frente a la mansión, Emma bajó la primera y le abrió la puerta a Regina. Le tendió la mano que la morena aceptó y la ayudó a salir del coche.
Regina tembló de emoción al sentir la mano de la rubia posarse en la parte baja de su espalda para conducirla. Le costó encontrar las llaves en su bolso, y tardó un tiempo en atinar en meterla en la cerradura.
Una vez dentro, Emma siguió en su papel de perfecto "caballero" y le quitó la chaqueta a la morena para colgarla en el perchero de la entrada, justo al lado de su chaqueta de cuero rojo que Regina detestaba hasta un punto inimaginable. En el momento en que se giró, sintió cómo Regina la empujaba hacia la puerta y cómo los labios de la morena se estrellaban en los suyos en un beso necesitado.
Pasó su mano izquierda por detrás del cuello de la morena y la atrajo más hacia ella mientras que su mano derecha se abría camino bajo la blusa de seda. Emma dio la vuelta a la situación, y giró a Regina, apoyándola en la puerta para tener ella el control completo de sus acometidas.
La morena se dejó hacer mientras gemía suavemente sobre los labios de su amiga, después intensificó aún más su beso deslizando la lengua sobre la de la rubia.
Emma sintió todo su cuerpo inflamarse y un deseo que nunca antes había conocido se amparó de ella. Dejó los labios de la morena y atacó su cuello, que la morena le ofrecía, dejando que sus manos siguieran su camino bajo la blusa de Regina, que se estremecía sintiendo los dedos de la rubia rozar su pecho.
«Emma…» suspiró la morena provocándole un ola de deseo a la rubia que devoraba literalmente el cuello y los hombros de Regina, dejando por aquí y por allá huellas de su paso.
«Me vuelves loca, Regina…»
La morena cerró los ojos de dicha ante la confesión de Emma y se dejó completamente transportar por el placer que se apoderaba de ella. Su cuerpo entero dolía, podía sentir la necesidad de ser acariciada por la rubia. Sintió su pecho hincharse y su ritmo cardiaco acelerarse rápidamente. Mientras que le costaba recuperar una respiración normal, notó cómo su cuerpo se inflamaba y cómo un extraño sentimiento se apoderaba de ella, como un flujo de energía recorriéndola de arriba abajo. Cada beso de la rubia intensificaba ese sentimiento, y pronto, le dio la sensación de que ya no controlaba la más mínima parte de su cuerpo.
«Emma…hazme el amor…no puedo más…»
La rubia se sorprendió ante el tono grave de la morena y retrocedió delicadamente para mirarla. El espectáculo que se ofrecía ante ella le heló la sangre. Regina tenía los ojos negros de deseo, y una aureola violeta la rodeaba por completo.
«Regina…» dejó escapar Emma bajo el efecto de la sorpresa
«Emma…¿qué ocurre? ¿Qué me sucede? Me siento rara…»
La rubia avanzó de nuevo hacia la morena y apoyó su frente en la de su amiga. Sintió cómo las lágrimas aparecían en sus ojos y se recobró rápidamente para no asustar más a la morena.
«Lo siento, Regina…no podemos…esto…esto no está bien…»
Regina comprendió inmediatamente lo que la rubia quería decir y las lágrimas comenzaron a caer por su rostro que había perdido repentinamente todo brillo.
«No, Emma…por favor…» dijo la morena volviendo a poner con violencia sus labios sobre los de su amiga.
«Regina…te lo ruego…yo…lo siento…»
«¿Por qué? ¿Por qué Emma? Es evidente que tienes tantas ganas como yo, entonces, ¿por qué?»
«Yo…Es por el interés de las dos, te lo aseguro…si realmente supieras quiénes somos la una para la otra estarías de acuerdo conmigo…es mejor que paremos ahora…»
«¡Estoy harta, Emma! ¡Estoy harta de que me recuerdes siempre mi amnesia! ¡Solo es una excusa para no enfrentarte a lo que sientes por mí y lo sabes muy bien! ¡No veo cómo podría echarte en cara que me hagas feliz, aun recobrando la memoria una día, cosa que además dudo mucho que suceda!»
«Lo siento…» respondió la rubia, cogiendo su chaqueta antes de abandonar la casa dejando a Regina completamente perdida en la entrada.
Emma paró su coche frente al apartamento de sus padres, porque no quería despertar a Belle en mitad de la noche. Apoyó sus manos en el volante y un grito de dolor salió de su garganta al mismo tiempo que estalló en llanto. Se quedó ahí, llorando durante un tiempo, después se decidió a salir de coche para ir a acostarse.
Snow fue despertada por el ruido que provenía de su cocina, puso primero la oreja, se preguntó si debía despertar a su marido que dormía apaciblemente para enfrentar a un posible ladrón, después reconoció la voz de su hija ahoga por los sollozos. Salió inmediatamente de la cama para ir a ver a Emma que estaba bebiendo vino directamente de la botella.
«¡Eh, muchacha! ¿Dónde has dejado las buenas maneras? ¿Desde cuándo se bebe de la botella en mi casa? Coge un vaso, y explícame lo que pasa»
«No tengo ganas de hablar…» gruñó Emma dejando la botella en la encimera
«Emma…apareces aquí a las tres de la mañana, visiblemente conmocionada, así que por favor, dime que ocurre» dijo más dulcemente Snow posando su mano sobre la de su hija
«No sé lo que me pasa…»
«Es Regina, ¿no?»
Emma se conformó con mover la cabeza sin atreverse a mirar a su madre. Hubiera preferido no hablar con su madre de lo que acababa de pasar, pero necesitaba contárselo a alguien.
«Se me han cruzado los cables esta noche…tenías razón desde el comienzo…Regina espera otra cosa de mí, y esta noche le he dejado creer que quizás era recíproco…»
«¿Y no lo es?» preguntó tímidamente Snow con la esperanza de que su hija aceptara definitivamente abrir su corazón
«¡NO! ¡En absoluto! Quiero decir…no sé lo que me pasa…me siento atraída por ella…físicamente quiero decir, pero no puedo dejarme ir…»
«¿Por qué?»
«¿Cómo que por qué? ¡Es de Regina de quien estamos hablando! ¡Es la madre de Henry! ¡Tu madrastra, te recuerdo! ¡Así que técnicamente mi abuela postiza! Sé que no me van mucho las convenciones, pero aun así»
«Sí, en fin…las cosas no son completamente como parecen ser….con la maldición todos esos lazos familiares han sido puestos en cuestión»
«Sí, quizás…pero…es una mujer, eh….¡y yo soy 100% hetero!»
«Oh, es esa la verdadera razón…Tienes miedo de ser homosexual…Tienes el valor para enfrentarte a un dragón, pero no para afrontar lo que eres…Si te tranquiliza, para mí no hay ninguna diferencia que seas hetero u homo, eres mi hija y te quiero por lo que eres»
Emma se quedó completamente estupefacta ante las palabras de su madre. Se habría esperado cualquier otra reacción de Snow, pero no esa. Frunció el ceño, y entonces comprendió rápidamente a dónde quería ir a parar su madre.
«¡Intentas liarme con Regina!»
Snow se sintió mal, y carraspeo antes de hablar calmadamente
«Ella está bastante apegada a ti…y parece feliz a tu lado…y tú también parecías feliz estos últimos meses con ella»
«¡No puede ser, estoy soñando! ¡No es posible, es un sueño!»
«Emma…solo digo que…»
«¡NO! ¡Cállate!» casi gritó Emma levantándose rápidamente
La rubia se puso a caminar de aquí para allá en el apartamento, como hacía siempre que estaba nerviosa o tenía que tomar una decisión. Intentó asimilar lo que su madre intentaba hacer, después una chispa de lucidez le atravesó la mente
«Así que este es tu plan para hacerla sufrir de nuevo…Quieres lanzarme a sus brazos porque sabes pertinentemente que yo no puedo darle lo que espera de mí…¡Quizás tú misma la has animado!»
«No, Emma…por supuesto que no…»
«¡Al final eres peor que ella! ¿Es tu idea? ¿La de David? ¿Quién ha decidido usarme para hacer sufrir a Regina? ¿QUIÉN?»
«Emma…no es lo que crees…»
La rubia ya no podía contener su cólera, estaba desilusionada y descorazonada ante el hecho de que sus propios padres se hayan podido servir de ella para herir una vez más a su enemiga. Nunca había imaginado que pudieran caer tan bajo, o al menos que tuvieran la sangre fría de manipular a su propia hija. Definitivamente, nada los frenaba, pero ella estaba decidida a no dejarles vía libre. Avanzó de forma amenazadora hacia su madre, y la hizo retroceder hasta que la morena se encontró arrinconada contra la nevera.
«No dejaré que le hagas daño, me escuchas, ahora no. ¡Si os atrevéis una vez más a ir en contra de Regina, os lo haré pagar! ¡Seáis mis padres o no! ¡Y pasa el aviso a todos los habitantes de esta maldita ciudad! ¡Quienquiera que se acerque a Regina se las verá conmigo!»
Snow se quedó completamente aterrorizada después de la marcha de su hija. Sabía que ella tenía razón, si Emma reaccionaba tan violentamente era porque el verdadero amor estaba naciendo en su interior. Se acordaba de lo que ella había sentido cuando había conocido a David, habría podido matar sin ningún arrepentimiento a la primera persona que le hubiera hecho daño. Ella tenía razón, pero hacer entrar en razón a su hija iba a ser bastante complicado. Quizás había una persona que podría abrirle los ojos ante la verdadera naturaleza de sus sentimientos, pero se negaba a implicar a su nieto en esta aventura. Tendría que encontrar otro modo, y rápidamente.
