Título: Twisted path
Pareja: Amon Garam
Notas: Mangaverse. Algunos son post-series, otros pre-series. Todos het.
Rating: T
Género: Romance
Tabla de retos: In the dark
Tema: 12. Electricity
El jet lag le estaba resultando terrible, como si de pronto la mitad de su cuerpo hubiese sido dolorosamente separada, quedando la carne viva y latente en lugares diferentes. Una de ellas —la más neurótica, pese a lo bien que habían salido las cosas, pese a la destrucción de Tragoedia y el regreso de su padre—, iba sentada en un cómodo avión de regreso a los Estados Unidos, con el deseo palpitante de ver a su padre, pero también con ganas de una buena aspirina. En cuanto a la otra parte, la que más le molestaba y hacía doler la cabeza, bueno, pues ésa parecía haberse quedado en Japón y hasta casi anclado a su horario, costumbres y personas, resultando esto en un monumental dolor de cabeza nada más despegar con rumbo a su tierra natal.
Para empeorar mucho más las cosas, tenía a David a su lado, lanzando bromas de mal gusto —desgraciadamente la costumbre no la había perdido—, mientras que el resto de los campeones, ya también liberados del estigma, le seguían la corriente a su manera. Johan, Jim, incluso O'Brien, todos parecían más ligeros en esos momentos —y eso seguro no se debía ni a la altura ni a la fuerza de gravedad—, estaban libres del estigma maligno, eran felices, como si la nube negra sobre sus cabezas nunca hubiera estado ahí en primer lugar; caso contrario a Amon, que lucía su serena mirada, estropeada un poco por una sonrisa en los labios, sin duda muestra de que ésa era su propia manera de celebrar.
Reggie no le había prestado mucha atención, no al menos hasta que se dio cuenta de su súbita presencia estática, tan fuera de lugar como la Torre Eiffel en Londres. Quizás también estaba sufriendo un terrible dolor de cabeza, quizás simplemente no le gustaba hablar, se detuvo un momento a pensarlo, luego, le restó importancia con un gesto de la mano, al mismo tiempo que una punzada de horrible dolor la hacía cerrar los ojos.
Estaba regresando a casa, todo estaba bien, lo estaría siempre, ¿qué le importaba entonces la felicidad de otros, cuando ya había conseguido la suya propia? Se convenció de eso en tan sólo segundos, los mismos que lleva un párpadeo o el latido de un corazón y para cuando volteo a ver de nuevo al hombre, como para restarle importancia con un gesto, éste le devolvía la gélida mirada.
Se tomó del brazo del asiento con súbita fuerza, como si de pronto una corriente eléctrica hubiera recorrido su cuerpo de pies a cabeza —y quizás así fue—, pero pronto todo quedó nuevamente en el olvido, con la misma rapidez que el aleteo de un colibrí. Volteó el rostro para ver quién le había apretado la mano y vio a Edo frente a ella, avisándole que estaban a punto de llegar... Ésa debía de ser la causa de su súbita sensación, ¿verdad? Sí, eso debía de ser...
