Maze Runner no me pertenece. Es de James Dashner.
Definitivamente, Vatie y yo nos habíamos perdido o más bien, yo me había perdido ya que ella no tiene ni idea sobre este lugar.
—Valerie, ¿sábes dónde estamos?
—¡Por supuesto...! —empecé a decir. —Qué no... —solté en voz baja.
Vatie suspiró. —Esto es increíble.
—¡No es mi culpa!
—Si es tu culpa rubia tonta —se burló.
—Tu también eres rubia... —tenía ganas de pegarle por lo que me dijo.
Ya no dijo nada más.
—Se que saldrémos de aquí... ¡Ah! —chillé al tropezar con una piedra y al caer en un pequeño ríachuelo. —Auch... Genial... Era la única ropa que tenía para ponerme...
—Eres muy patosa.
Suspiré. —¿Me ayudas?
Vatie me dio su mano y ya la cogí, pero, no para levantarme sino para tirarla a ella al agua.
—¡Ey! ¡Valerie!
Empecé a reir y a tirarle agua. —Es mi venganza —seguí riendo.
—¡No vale! —ella también empezó a tirar agua.
En ese momento escuchamos algo sonar entre los árboles.
—Vatie, ¿lo escuchas? —pregunté mirando los arbustos.
—¿El qué?
—Eso.
El ruido de los arbustos seguía sonando y me levanté. —¿Será algún animal?
—Lo más seguro Val.
Escuché gruñidos. —Vatie... Levanta —tiré de su brazo hacia arriba. —Rápido.
—¿Por qué? ¿Qué es?
Los gruñidos eran cada vez más fuertes y fue entonces cuando vi a un lobo salir de los arbustos.
—¡La madre! ¡Vatie levanta! —la rubia se levantó y me miró. —¡Vamonos rápido de aquí! ¡Ya! —las dos empezamos a correr como si la vida nos fuera en ellos. Aquel lobo era gigante y nos estaba persiguiendo y no me gustaba nada de nada.
—¡¿Desde cuando hay lobos aquí?!
—¡¿Y me lo dices a mí?! ¡Llegué hace dos días Vatie!
Corríamos muy rápido, y para mí, eso era muy extraño. Yo no recordaba correr así de rápido, ¿tendrá algo que ver con estar aquí? Nah, no creo.
—¡Valerie veo a los chicos!
—¡Corre más rápido Vatie! —miré unos segundos hacia atrás y vi que el lobo cada vez estaba más cerca de nosotras. —¡Corre como si tu vida dependiera de ello!
Salimos del bosque y quedamos a la vista de todos los presentes que se nos quedaron mirando con cara de sorpresa pero cambiaron de expresión al ver al lobo.
—¡Lobo! —gritó Alby.
—¡Vamos Vatie! —cogí el brazo de la rubia para correr aun más rápido.
Los chicos fueron a enfrentarse al lobo mientras nostoras nos quedabamos mirando como lo mataban.
.
.
La noche había caído y todos los chicos estaban reunidos y como no Vatie y yo espiandolos desde un árbol.
—¿Habéis visto como corren? —era Alby.
—Es verdad, corrían como si fueran corredoras.
—¿Y se las hacemos corredoras?
—Buena idea Minho. Podrían ir contigo y con Newt ha investigar el laberinto.
—¡¿Qué?! —chilló Vatie. —¡No quiero entrar ahí dentro! ¡Da miedo! Osea...
—Vatie... —rodé los ojos. —Cállate.
—Hareis lo que yo os pida —Alby nos miró serio. —Sereis corredoras a partir de hoy y entraréis dentro del laberinto mañana.
—Si no hay más remedio... —suspiré.
