Sip, una Kasamatsu x Takao. Es una locura. Una muy bella.
First Kiss
..
~KY & TK~
..
Su cuerpo curvilíneo y su color tostado, te observa desde el pedestal dispuesto especialmente para ella y a pesar de estar protegida, constantemente la sacas, la acaricias, la limpias y la devuelves a su sitio, siempre tratándola con amor, porque es especial, muy especial para ti. Tu guitarra favorita.
Te paras frente a ella y deslizas los dedos sobre el cristal, es un símbolo, un símbolo que cumple un año de existencia. Es un tesoro joven como lo es lo que representa, una colisión, un encuentro fortuito que terminó en unión. Una unión llena de acordes.
La fina línea que forman tus labios se curva ligeramente, fue un comienzo doloroso, literalmente doloroso, pues un pequeño diablillo de ojos azulinos y llenos de picardía te había caído encima en una tarde otoñal.
Recién habías entrado a la universidad, ¿no es así? Después de sufrir un poco durante la preparación para los exámenes de admisión finalmente probabas lo que era ser un universitario. El cambio había sido considerablemente abrumador la primera semana y quizá también la siguiente a esa, pero eres un hombre que logra adaptarse con cierta rapidez así que una vez superado el martirio inicial todo se puso en orden. Navegabas entre clases interesantes, otras complicadas y unas más simplemente aburridas, pero afortunadamente aún podidas disfrutar de los entrenamientos en el equipo de baloncesto y sobre todo de la música.
La música siempre fue de tu interés y la guitarra tu especialidad. Te ayudaba a liberar tensiones y despejar tu mente. Por ello te gustaba ir a la plaza a tocar, siempre listo para ver el atardecer desplegando las notas de una melodía de fondo. Estaba fresco y la brisa mecía tu cabello haciéndolo chocar contra los tres aretillos que pendían de tu oreja, provocándote cosquillas. Tarareabas con los ojos cerrados, sentado al borde de la acera en un rincón alejado de la gente, unas pisadas presurosas se escuchaban pero las ignoraste. Después sólo sentiste el fuerte impacto de otro cuerpo contra ti y el peso del mismo empujándote contra el asfalto.
Te quejaste con una pequeña maldición y molesto abriste los ojos para encontrarte con unos irises azul platinado muy próximos que te observaban sorprendidos.
— Lo siento— el muchacho de cabello oscuro susurró removiéndose con cuidado hasta quitarse por completo— Kasamatsu-san… — susurró cuando logró reconocerte.
— ¿Takao?— interrogaste igualmente asombrado. Lucía agitado y nervioso.
— Tu guitarra… lo siento tanto.
Sus palabras te extrañaron y cuando miraste lo que señalaba se te hizo un hueco en el alma. Tu primera guitarra estaba rota, partida en dos. La tocaste incrédulo, no había arreglo, lo escuchaste disculparse una vez tras otra, con un tono bajo y afligido. Lo desconociste en ese momento, el Takao que tú recordabas solía ser más desprendido y mordaz, ahora no sólo su mantra apologético si no también su expresión avergonzada te recordaba al castañito problemático e irritante de la Academia Touou.
— Prometo recompensarte— dijo.
— ¡Allí está!— escuchaste gritaban en las cercanías.
El moreno se puso de pie en un salto, reprimiendo una mueca de dolor, miró a su espalda una vez y después de nuevo a ti— Debo irme, te compensaré. ¡Perdón! — y en seguida salió a toda marcha por la calle principal. Te quedaste allí, parpadeando confundido y al minuto viste pasar una horda de gigantones enfurecidos salir en la misma dirección, gruñendo cosas como: ¡Atrapen al halcón! ¡Que no escape de nuevo!
Lo buscaban a él, ¿quién más si no? te levantaste y sacudiste tus ropas, metiendo a la funda lo que antes era tu preciada guitarra. Suspiraste resignado, al menos ahora tenías un pretexto para comprar una nueva. Aunque, bueno… no fuera ni remotamente lo mismo. Sin pensar más en el asunto te marchaste a casa, aún tarareando la melodía de tu autoría.
Tres días más tarde, mientras esperabas nuevamente el atardecer ahora sólo con la música de tu garganta, una sombra se cernió sobre ti, opacando tu visión. Al alzar la vista al cielo te encontraste nuevamente con la imagen de Takao. Su rostro estaba pálido y la mejilla morada daba evidencia de que no había podido salirse con la suya en días pasados, pero igualmente sonreía y te contemplaba avergonzado.
— Hola.
— ¿Qué necesitas?— preguntaste indiferente. El menor desmontó algo de su hombro y los puso en tu regazo.
— Sé que no es lo mismo, pero es buena y tiene una larga carrera. Está bien cuidada. — explicó y sus ojos te incitaron a abrir el estuche negro. Dentro se hallaba una bella guitarra acústica de madera clara, un modelo más antiguo que la tuya, pero de excelente calidad. Observando más de cerca pudiste notar unos cuantos vestigios del desgaste por el uso. Una guitarra que es usada con tanta frecuencia delata el empeño y el cariño que ha puesto el propietario en ella y allí estaba todo ello.
— Esto es…
— Rompí la tuya la otra vez, ¿cierto? Justo ahora no tengo dinero para comprarte una nueva, pero me gustaría que mientras tanto uses esta.
Su voz estaba llena de un auténtico arrepentimiento y dudaste si aceptar y decirle que realmente no tenía por qué hacer algo así por ti.
— Pero es tuya, ¿no? No puedo aceptarla.
— No te preocupes Kasamatsu-san. Últimamente no he podido atenderla y no quisiera dejarla arrumbada. Por favor, no la rechaces. — suplicó con las manos ante la cara, un guiño y una sonrisa más extensa.
Suspiraste ya que no hubo más remedio que aceptar. La acomodaste sobre sus piernas y pasaste el brazo para acunarla y poder rasguear sus cuerdas. El sonido era limpio y afinado. Los dedos de tu mano derecha recorrieron por su cuenta los trastes y transformaste las notas en acordes, la sensación que el sonido armónico produjo en tus oídos te gustó sobremanera.
— Tocas muy bien— te halagó.
Miraste una vez más su rostro mallugado y por primera vez sentiste curiosidad. Te moviste unos centímetros y le indicaste se sentara a tu lado. Takao hizo caso y abrazó sus rodillas mientras sobre ellas recargaba una mejilla para poder mirarte mejor.
— ¿Qué es lo que te pasó en la cara?— preguntaste interesado.
— Una pequeña paliza— respondió— Lo que me gano por estar en desacuerdo con los grandulones de la escuela vecina.
— Por eso corrías como loco sin fijarte por dónde ibas— evidenciaste. El moreno asintió.
— En verdad lamento haberte caído encima y más romper tu guitarra. Pude darme cuenta que significaba mucho para ti, no es cualquier cosa. Es lo mismo que nuestros uniformes. Nos da una identidad. Por eso quería que aceptaras la mía. — explicó tranquilamente.
No contestaste. Simplemente seguiste tocando la melodía que aún no terminabas de componer. Viste por el rabillo del ojo que Takao cerraba los ojos y empezaba a mover los labios, como murmurando algo. Aguzaste el oído y pudiste darte cuenta que estaba cantando, muy, muy bajo. Su timbre sonaba áspero a momentos pero igual te resultó encantador, tenía una voz muy singular, llena de matices y él había podido seguir tu canción sin ningún problema.
— Así que… ¿cantas?
— Generalmente en la regadera, sí. Aunque dicen que se me da bien.
— Diría más que eso. Me gusta tu voz— admitiste.
— Gracias— sonrió— Me gusta tu canción.
— Gracias.
— Por poco no te reconozco, Kasamatsu-san. Ese nuevo look tan rebelde… pero te queda. Luces bien.
— Quería un cambio de aires, supongo. Estoy cómodo con ello.
— Puedo notarlo— y una nueva sonrisa.
Y así continuaron charlando hasta que llegó la hora de volver a casa. Se despidió de ti y creíste que quizá sería la última vez que lo verías. Pero no fue así, y por alguna razón lo agradeciste. Comenzó a aparecer a la misma hora, primero una vez a la semana, más tarde fueron tres, hasta que finalmente te acompañaba diariamente. Tú tocabas a veces la misma canción, a veces otras y él cantaba a tu lado canciones que ya se sabía, que en algún momento había escrito o que simplemente nacían en el momento.
Empezaron a conocerse de verdad conforme los días pasaban. Y te gustó lo que viste en él, la clase de persona que era. En pocas palabras, Takao empezó a gustarte y te diste cuenta cuando dos días seguidos faltó a su encuentro. Habías pensado que quizá se había vuelto a meter en problemas y que esta vez había pasado a mayores. Te obligaste a tranquilizarte, le faltaba poco para graduarse de la preparatoria, por supuesto que no andaría haciendo locuras antes de, así que debía ser otra cosa. Al tercer día, volvió a faltar y harto de sentirte como te sentías llamaste a Kise, quien se había vuelto muy cercano al moreno a mitad del segundo año.
— "¡Senpai! Cuánto tiempo si saber de ti. ¿Eh? ¿Takaocchi? Ha estado en cama por días por culpa de un resfriado, pero parece que ya puede andar otra vez, ¿por qué la pregunta?"
— Curiosidad. Gracias Kise, y no andes haciendo el vago, ¿entendido? Nos vemos luego.
Guardaste el móvil y pudiste respirar tranquilo otra vez. Había sido sólo un resfriado, eso a cualquiera le pasa. No quisiste tocar más por ese día y te marchaste. Al día siguiente, él ya te esperaba antes de que llegaras. Te saludó afable y con la bufanda bien puesta hasta la nariz. A su lado un sujeto de lentes daba por terminada una llamada telefónica.
— Gracias por acompañarme, Shin-chan. Ya no te robo más tiempo. Anda, ve a estar de ñoño— dijo burlón. El peli verde te saludó fugazmente y se dirigió a él por última vez.
— Recuerda no estar mucho afuera, aún tienes algo de fiebre, Takao.
— Lo sé, lo sé. Sólo será un ratito, no seas tan preocupón.
Midorima bufó y después de tocar la frente del moreno haciendo un gesto de aprobación se marchó con una escueta despedida, muy típica de él. Te sentaste a su lado y empezó a contarte las razones por las que no había podido ir a verte. No te importó realmente, ahora estaba allí y eso era mejor. Sacaste su guitarra, que se había vuelto tu favorita e hicieron lo que siempre cuando quedaban en la plaza.
El tiempo continuó su curso, las vacaciones pronto llegaron y te encontraste quedando con él en muchos otros lugares, desde temprano y hasta el anochecer. Ese gustar que sintieras por Kazunari empezaba a evolucionar más allá y no sabías qué hacer. Querías decirle y no te ponías tan nervioso ante la idea, era cuando agradecías que fuera un chico y no al revés.
Ese día quedaron de ir al mirador, era viernes y estaba tranquilo. No tardaba en caer el sol. Takao se recargó en la baranda, dándole la espalda al océano mientras tú estabas de frente. Empezaste a tocar tu más reciente composición que pareció gustarle porque en seguida cerró los ojos y entonó una letra vaga pero bonita. Él se perdió en la música y tú en sus facciones. Lentamente y en silencio te acercaste, admirándole, hasta que por fin, entre los acordes posaste tus labios sobre los suyos ahogando la letra de su canción. Kazunari abrió repentinamente los ojos, pero no viste en ellos algo negativo, al contrario, sonrió en medio del beso y volvió a cerrarlos. Abrazándote en el proceso.
Sin soltarle dejaste la guitarra a un lado, con cuidado y apoyaste tus manos sobre la baranda detrás de él, encerrándolo para ti. Con ese primer acorde pudiste empezar las partituras de su vida juntos.
— Yukio-san, que se nos hace tarde. Si la sigues mirando tanto la vas a descomponer— replica con su bella sonrisa burlona.
— Los instrumentos no se descomponen por verlos— acotas pues te gusta llevarle la contraria.
— Puede que algún día suceda, no lo sabemos.
— Como sea. ¿Estás nervioso?
— Es la primera vez que canto para alguien más que no seas tú, así que no, sólo siento el estómago en el trasero.
— Lo harás bien, además es la primera, esa te la sabes desde hace siglos.
— Lo sé, ¡ah! Ahora empiezo a emocionarme. — respondió con agallas.
— Pues andando.
Antes de subir al escenario del auditorio, él cierra los ojos y tú le besas como si fuera la primera vez. Un ritual para alejar los nervios y atarlo a los acordes de tu corazón.
Quizá esperaban otra pareja, lo siento por ello. Realmente este fic, de esta pareja es más que nada para complacer un capricho mío, igual que como hice con el HimuTaka (: Ya sé, es una locura, pero una vez me encontré un doujin donde estos dos salían y Yukio se veía tan guapo y dije: Damn, me gusta cómo se ven juntos. Y pues ¡BAM! que me entran las ganas de escribir de ellos xD
Sé que es una pareja extremadamente rara, pero espero al menos se les haya hecho amena la lectura. (Además admito que últimamente ando shippeando a Takao con varios pelinegros de KuroBasu, como son Himuro (lo cual ya hice, LOL), Kasamatsu (como acabo de hacer), ¡y también Mibuchi! Eso quizá en el futuro, quién sabe.
Es de madrugada y ya estoy desvariando. ¡Ojalá les haya gustado! Muy pronto regresaré con la parejas canon y las no taaan crack xD
¡Mil besos!
