Capítulo IX
Conflicto.
Rin curioseaba varias revistas, sin que ninguna le convenciera sobre lo que buscaba. Meiko y Luka buscaban despegadamente algo, pero simplemente ningún vestido les agradaba de los catálogos. – Temo que terminaremos buscando en otra tienda. Solo a Miku se le ocurren estas cosas – comentó la castaña.
- O podemos hacer nuestros propios diseños – comentó Luka. Las dos la miraron confundidas mientras salían de la tienda. – Saben que me gusta todo lo de diseño, quizá podamos hacer algo lindo. Vamos a mi casa y les muestro algunos dibujos que tengo – ambas asintieron.
Al llegar al departamento de la chica, se percataron del perfecto orden que había. Luka siempre parecía muy detallista, y su casa no era la excepción. Todo en su lugar, la forma en que todo estaba acomodado daba cierta paz. – Siéntense mientras voy por mi cuaderno – le dijo. Ambas se acomodaron en el sillón.
- Quisiera que mi cuarto estuviera así de ordenado siempre – comentó Rin.
- Yo también quiero mi apartamento así de limpio – dijo ahora Meiko. Al poco tiempo, la artista regresó con un cuaderno y un folder. Los colocó en la mesita que estaba frente al sillón y se sentó en otro sofá. Sacó varias hojas y ambas invitadas comenzaron a tomarlas, contemplando los finos trazos. – Luka, son hermosos – comentó Meiko de inmediato. Rin se quedó asombrada, contemplando como cada diseño era más o igual de bello que el anterior.
- Escojan el que más les guste, yo me encargaré de modificarlo para la fiesta – les aseguró sonriente. Las dos muchachas se emocionaron y trataron de encontrar lo que más les atrajera.
Pasaron horas sentadas escogiendo y viendo como la diseñadora hacía ajustes. Una vez que se sintieron satisfechas con sus elecciones, decidieron dejar el asunto por ese momento. – Miren ya la hora – habló Meiko viendo la pantalla de su móvil.
- ¡Hay no! Meiko, ¿puedes llevarme a mi casa? Olvidé que hoy tengo una cita con Kaito – le pidió a su amiga.
- Por supuesto. Luka, gracias por invitarnos – dijo en forma de despedida. Rin le agradeció de igual forma y salieron del apartamento.
Subieron al automóvil; Rin comenzó a jugar con la radio, buscando una estación que fuese de su agrado. – Y, ¿a dónde irás con Kaito? – le preguntó. La chica se recargó en el asiento para poder contestarle.
- En mi cumpleaños no pudo llevarme a ningún lado, así que me dijo que quería compensarlo. Le dije que no era necesario, al fin de cuentas tuvo que trabajar ese día. Pero, ya lo conoces, es muy insistente – le comentó. Meiko asintió con la cabeza. – Por cierto, Meiko – la mujer la miró por un instante, aprovechando el semáforo que marcaba alto – tú y Kaito son muy buenos amigos desde hace tiempo, ¿verdad? – cuestionó inocente. Su compañera sonrió.
- Si, más tiempo del que te puedas imaginar. – la menor la miró sin entender. – Prácticamente crecimos juntos, siempre habíamos sido los mejores amigos hasta… - la mirada de Rin cambió al ver la repentina pausa de ella.
- ¿Hasta…? – Meiko negó con la cabeza y regresó su mirada a la calle.
- Nada importante, Rin – la rubia levantó una ceja sin comprender que ocultaba su amiga.
- ¡Vamos! Dime qué es – rogó.
- En verdad, no es nada que preocuparte. Es más, ni si quiera te conocía cuando Miku llegó a… maldición – se dijo a si misma al darse cuenta que estaba hablando de más.
- No puedes dejarme con la curiosidad, más sabiendo que Miku tiene algo que ver. Si esa perra te hizo algo, te juro que yo la bofeteo cuando la vea – le aseguró molesta.
- Mira, te lo diré cuando crea que es correcto, ¿sí? – Rin la miró molesta.
- Está bien – contestó resignada, en especial cuando se percató que ya estaban en su casa. – Gracias por traerme, y espero que me cuentes lo de Miku algún día – dijo en forma de despedida. Hizo una seña con su mano y se bajó. Se percató que el automóvil que le habían regalado a su hermano ahí estaba. – Creí que habría tenido una cita hoy – pensó.
Entró a su casa, encontrándoselo en el pasillo principal. No se dijeron nada y trataron de evitar todo contacto con los ojos del otro. Rin intentó pasar de largo, pero él la detuvo de un brazo y la arrinconó contra la pared. Su expresión era fría; contemplaba su rostro y ella no comprendía que pasaba por su cabeza. Después de unos segundos, él la soltó, continuando con su camino. Su hermana lo vio alejarse sin comprender lo que había pasado unos instantes atrás.
Después de ello, fue directo a su habitación para prepararse para la dichosa cita que tenía. Solo se cambió su blusa por un suéter naranja y conservó su mini falda negra y sus largas botas del mismo color. Recogió su rubia melena en una alta coleta, se quitó su diadema para ponerse su moño que la distinguía tanto alrededor de su coleta. Inspeccionó su maquillaje, sus dientes y uñas. Con todo en perfecto orden, tomó su bolsa negra y salió a la sala de su casa.
Cuando estuvo a punto de sentarse en un sillón, su móvil sonó. Contestó la llamada de su novio, quien había anunciado su llegada. – En un momento salgo – le aseguró, para luego colgar y dirigirse a la entrada.
Len la esperaba ahí. Respiró nerviosa – si necesitas que valla por ti, me mandas un mensaje con la dirección y voy por ti – fue lo único que dijo, para luego darse la vuelta y regresar a su habitación. De nuevo le llamó la atención que no fuese a salir a ninguna cita.
Su novio la esperaba con la puerta abierta. – Valla, te ves muy bien – la elogió mientras la veía subir al auto.
- Gracias, tú también – le contestó cuando él ya también estaba dentro del vehículo.
Tal cual él había prometido, la llevo a cenar. Pero, lo que la sorprendió fue que estaban en el restaurante de un elegante hotel. – No debiste haberme traido aquí. ¿No crees que fue mucho por un cumpleaños? – le cuestionó ella.
- Me dijeron que la comida de aquí es deliciosa – respondió prontamente. Rin dudó un poco de lo que pasaba.
- Al fin de cuentas, él ya es un hombre adulto. Supongo que si me trajo a un hotel es porque… - se paralizó ante la idea, ¿entregarse a él? Lo dudo demasiado. No se sentía lista. Pero las insinuaciones eran demasiadas, y la botella de vino era el delator principal.
- Rin – habló él, sacando su cartera. – Aquí tengo la llave de una habitación de aquí, quiero que subamos los dos. La rubia se sorprendió de inmediato, pero no supo si fue el alcohol en su sangre o el miedo que había terminado siguiéndolo, pero, en cuento entraron, no pudo resistir el temor.
Kaito comenzó a besarla con frenesí, susurrándole palabras que no entendió ante el miedo que la rodeaba. Cuando al fin reaccionó, lo alejó. – Kaito, no – le rogó con su voz temblorosa. Frustrado, se alejó.
- ¿Por qué no? ¡Llevamos una relación de años! – contestó molesto.
- Porque yo… - no supo que decir.
- Miku tenía razón… - susurró. Al escuchar ese nombre, la rubia se volteó molesta.
- ¿De qué estás hablando? – ahora ella era la enojada. ¿Qué tenía que ver esa resbalosa? No era posible, ¡ESA estaba obsesionada con Kaito! Siempre la había amenazado con recuperarlo y parecía que lo estaba logrando.
- Miku me dijo que no me demostrabas que me amabas – su ira iba aumentando.
- ¿¡Qué? ¿Le vas a creer a ella antes que a mí?
- Porque ella si lo hizo cuando estuvo conmigo – la gota que derramó el vaso… se enfureció más, su rostro estaba totalmente rojo…
- Estas insinuando que si no me acuesto contigo, no te amo – él no dijo nada. Rin rió sarcásticamente.
- ¿No es así como ustedes demuestran cuanto aman a un hombre…?
Levantó su mano y le soltó una bofetada con fuerza. – Ni si quiera se te ocurra volver a buscarme, imbécil – le dijo, mirándolo a los ojos, mostrando en su expresión deseo de venganza. Rin lo contempló de pies a cabeza y volvió a hablar – como si fueras la gran cosa – aseguró saliendo de la habitación, no sin antes aventarle la pequeña caja de regalo, que le había dado aquella noche, en la cabeza. Azotó la puerta y salió a la calle.
Se comenzó a sentir dolida, traicionada, usada… las lágrimas comenzaron a brotar de sus celestes pupilas. Sacó su móvil y llamó al primer número que le pasó por la cabeza. – Te dije que me mandaras un mensaje – respondió su hermano.
- Len, por favor, ven pronto – le rogó llorosa. Al escucharla así, se preocupó de inmediato.
- ¡Qué pasa! ¿Estás bien? – preguntó, mientras se escuchaba como se ponía zapatos y tomaba las llaves. Ella solo le indicó la dirección del dichoso hotel. – Estoy ahí en unos minutos – le aseguró.
- No demores mucho – siguió rogándole cabizbaja.
Continuó llorando, porque lo último que se esperaba de ese hombre era semejante traición. Se sentí traicionada puesto que él no había confiado en sus palabras y había sido capaz de compararla con otra.
Sacó su móvil al sentir que éste vibraba, viendo el nombre del idiota que le había dicho cosas tan irientes. No contestó. En cuando vio el auto de su hermano, apagó el aparato y se subió en silencio. Él tampoco quiso decir nada; lo ideal sería charlarlo en casa.
El viaje no duró tanto, y la curiosidad estaba acabando con Len, así que en cuanto ella entró a la casa, la siguió de cerca hasta la puerta de su cuarto. – Rin, ¿Qué pasó? – ella no dijo nada y solo abrió la puerta, más no la cerró. El muchacho entró, esperando que ella contestase. La rubia se sentó en la cama y lo miró a los ojos, trayéndole de vuelta un recuerdo. En cuanto él se percató de lo que pasaba por la mente suspiró.
- Escúchame, quiero ayudarte. Imagina que lo ocurrido hace años entre tú y yo jamás paso. Seguimos siendo los bueno hermanos, ¿si? – le pidió. – Déjame ser tu amigo solo por este momento… - suplicó.
Ella rompió en lágrimas sin más. Le contó todo e incluso algunos detalles del pasado. Si habían terminado anteriormente es porque Miku había estado seduciéndolo y Rin no soportaría una infidelidad. Su hermano la abrazó cariñosamente y la continuó escuchando. Entre más hablaba ella, la ira de él crecía en su interior.
A la mañana siguiente, los hermanos se dirigían al dichoso estudio de música donde se reunían. Todo el camino el silencio había reinado, pero Len lucía más que furioso, sin embargo, Rin no tenía idea de que decirle; sentía que con cualquier frase él explotaría.
El muchacho se estaciono, y cuando bajó del vehículo, azotó fuertemente la puerta. Entró al estudio caminando muy rápido, al punto que ella tenía casi que trotar para alcanzarlo; llegaron a la habitación principal, donde estaban Meiko, Kaito, Gakupo y Luka charlando alegremente. Era lógico de pensar que el segundo no hubiese mencionado aún su rompimiento con la joven Rin.
Len abrió con demasiada brusquedad la puerta, y en cuanto vio a Kaito avanzó velozmente hacia él. Los presentes lo saludaban pero no prestó atención. Levantó su brazo, y con la mano soltó un puñetazo a la cara del ex novio de su hermana.
La sorpresa fue de la mayoría, al punto que se paralizaron. Kaito intentó levantarse, pero un poco antes de lograrlo, el rubio había soltado otro golpe contra él. – Te metiste con la persona equivocada, amigo – pronunció con sarcasmo la última palabra.
Esa tarde, otra amistad se había destruido por completo…
¡Ah! Perdonen! TOT! Esto lo quise subir ayer 27 de diciembre T-T! Por el cumple de mis gemelitos… pero cuando hay visitas, hay que atenderlas xP! Y cuando te ponen a ver películas en familia con dulces de por medio… no me puedo negar xD! Bueno, pues espero que les guste este capítulo escrito con MUCHA prisa x.x! Lo revisaré en estos días para corregir lo que sea necesario. Y para que vean que no soy mala… hoy subiré el prólogo de mi nuevo fic de Vocaloid donde los protagonistas son… si! Rin y Len! xD Los adoro! Pues, el prólogo solo es una probadita de ese fic que espero también lo disfruten como este :3! El fic nuevo es una idea original mía de una canción que estoy componiendo para Rin y Len, pero como preferiría hacer la lyric en japonés, necesito avanzar con mi curso para poder hacer frases coherentes ewe… pero bueno… el fic lo pueden buscar aquí con el siguiente nombre: La Vampiresa Y El Lobo
Así que… ya se van haciendo una idea. Espero les guste mucho mi nuevo proyecto y no se preocupen, Adolescencia seguirá siendo actualizado ^^! Nos leemos en el próximo capítulo~!
