Hospital de Karakura
– Entonces la Sociedad de Almas pretende que tu decidas entre sí dejar que Ichigo se quede en estas condiciones o alejar a Kaien de las fuentes de reiatsu más poderosas que tenga cerca – Uryu repitió las palabras que Renji había dicho anteriormente.
– Exactamente – afirmó el pelirrojo, acercándose a la ventana nuevamente.
– Eso quiere decir que el poder de Kaien aún no despierta – Renji volteó con brusquedad. Uryu lo miró a los ojos. – No me digas que no pensaste en eso, ¿por qué sino alejarlo de las "fuentes"? Es obvio que dejar a Ichigo en este estado o incluso matarlo es sinónimo de alejar a Kaien – Renji miró a Ichigo. – Además, creo que te eligieron a ti para esto porque deducen que elegirás no matar a nadie
– ¿Quieres decir que el Comandante sabía de antemano que yo podría elegir llevarme a Kaien de aquí?
– Es probable – Uryu se acercó a la cama de Ichigo. – ¿Qué piensas que dirá él cuando se entere?
– Querrá matarme – el pelirrojo sonrió – y luego irá a la Sociedad de Almas a devastar la cámara de los 46 – volteó hacia la ventana y se apoyó en el marco.
– Creo que lo más sabio en este momento es observar a Kaien detenidamente
– ¿No has notado nada en él?
– No tengo mucho contacto – Uryu se acomodó los anteojos y tomó la historia clínica de Ichigo que estaba sobre la mesa de noche. – Pero puedo decirte que él no tiene ningún potencial escondido, o al menos no a simple vista – Renji mantuvo el silencio. – ¿Qué te dijeron de Risa?
– ¿De Rika? – el shinigami lo miró. – Nada, ¿por qué habrían de decirme algo de ella? – Uryu arrugó las cejas y dejó la carpeta apoyada.
– Es lógico pensar que si la Cámara piensa que Kaien es potencialmente peligroso por ser hijo de un vizard y una shinigami, su hija también lo sea, ¿no?
– Es verdad… pero no mencionó nada de ella
– Además, tengo la certeza de que ella tiene un elevado poder espiritual, similar al que tenía Ichigo a su edad, sólo que no puede transformarse en shinigami. Eso sin contar que Urahara no quiere someterla a sus métodos bajo ningún punto de vista
– ¿Entonces? ¿Qué sugieres? – Renji volteó y apoyó sus codos en el marco de la ventana. Uryu se quitó los lentes.
– Debemos ser precavidos y observar. ¿Con cuánto tiempo contamos?
– Dos días
Sociedad de Almas
– ¿Qué se supone que hace, Capitán? – Rangiku fingía un tono enojado mientras miraba sobre un papel que sostenía en sus manos a Toushirou, que entraba a su despacho vestido con su kimono negro, su hakama negro y su haori con el número diez.
– Trabajo – contestó secamente. La Teniente pudo notar instantáneamente el tono preocupado del Capitán.
– ¿Qué pasa Shiro? – insistió, esta vez preocupada. Dejó el papel en el escritorio.
– Pasa que – cerró la puerta con suavidad – no puedo dejar de pensar en que si no vengo al escuadrón, el papeleo no se va a terminar ni en diez años – Rangiku se levantó y se acercó a él. El comentario, lejos de enojarla, la preocupó más, ya que el Capitán no había usado el tono de siempre para referirse a su holgazanería.
– Eso no es cierto – la Teniente se acercó con una sonrisa, que intentaba esconder su preocupación. – Además, tendrías que estar descansando
– No puedo descansar – afirmó él, mirándola a los ojos.
– ¿Por qué tanta preocupación? Si no hay nada importante qué hacer – Hitsugaya la miró a los ojos y luego se sentó en el sofá, invitándola a ella también con un gesto con su mano. Rangiku se sentó sin rodeos a su lado.
– No soy un estúpido como para creer que un simple cero pudo herirme de tal forma como para desmayarme
– ¿Cero?
– Si, un cero. Eso es lo que, según el departamento de análisis del Cuarto Escuadrón, pudo derrotarme en unos segundos
– ¿Por qué dudas de que sea cierto si fue la Capitana Unohana la que lo dijo?
– No es que no confíe en ella, pero para mi no fue un simple cero
– ¿Simple cero? ¿Qué quieres decir? – Toushirou dudó en decirle sobre sus sospechas a Rangiku, no tenía caso hablar de eso con más personas hasta que pudiera confirmar algo más. Pero no pudo mentirle y las palabras salieron solas de su boca.
– Que creo que el ataque que recibí fue un Gran Rey Cero, o algún equivalente
– ¿G.. Gran Rey- la mirada directa de los ojos celestes del chico no la dejó continuar.
– Grimmjow Jaguerjacks – afirmó con severidad. Sabía que era una simple suposición, pero no tenía más en quién pensar.
– Pero… ¿estás seguro de lo que estás diciendo? – su tono de voz denunciaba su nerviosismo. No es que no supiera lo que Toshirou sospechaba, pero no podía dejar que él se empecinara en confirmarlo.
– No puedo afirmarlo con tanta seguridad como quisiera, pero no se me ocurre otro que sea tan poderoso como para lanzar un cero tan potente
– Gray Rey Cero – susurró Rangiku mientras se apoyaba en el hombro del Capitán.
Hueco Mundo
Ulquiorra caminaba lentamente por un pasillo de los más oscuros y subterráneos de Las Noches. Sabía que había actuado débilmente al haberle permitido a Orihime ir al mundo humano. Después de todo, ella había decidido dejarlos hacía muchos años y no había vuelto a verlos, sólo visitaba la tumba de su hermano de vez en cuando, de incógnito. A partir de ese momento no permitiría que ella volviera, su lugar era Hueco Mundo y lo había elegido por su propia voluntad, y él no podía dejar que Orihime volviera a mezclarse con humanos.
Suspiró pesadamente mientras seguía su ritmo irritante hacia aquel lugar que parecía estar más lejos que de costumbre. Debía ser cuidadoso al entrar allí sin levantar sospechas, pero tenía que informarse muy bien de la situación. La Sociedad de Almas no dudaría en proponerle una reunión más formal para tratar el caso del ataque al Capitán de la Décima División y él no estaba dispuesto a que Hueco Mundo fuera castigado una vez más por esos shinigamis.
La informante había dicho claramente que el ataque que recibió Hitsugaya era un Gran Rey Cero o algún equivalente, pero en esa zona tendría que estar solamente Grimmjow o algún hollow de nivel menor. Tenía lo suficiente como para sospechar de él, pero no podía creer que después de todo lo que había sucedido en los veinte años posteriores a la guerra, el ex Sexto Espada hubiera desobedecido una de las reglas más importantes impuestas por el Seireitei.
Dio cuatro golpes en la puerta, que lo identificaban desde su época de Cuarta Espada y al cabo de unos cuantos segundos un hollow arrancarizado de aspecto escuálido le abrió con parsimonia.
– Ulquiorra sama, pase por favor – le dijo, haciendo una exagerada reverencia.
Ulquiorra entró sin mirarlo, enfocando todos sus sentidos en un monitor enorme que había al fondo de la habitación. Se podían ver claramente varias fotografías del lugar donde había sido el ataque.
– El Príncipe Ulquiorra Shiffer – una voz cantarina pronunció su nombre y logró que un aire helado atravesara su columna vertebral, – tantos años
Un hombre pequeño y gordo, vestido con un guardapolvo blanco todo manchado apareció desde atrás de unos mostradores, con un frasco en la mano con un líquido verde y varios pedazos de algo que Ulquiorra no logró identificar. Tenía el cabello corto y renegrido, muy enmarañado, la piel morena y ojos marrones.
– Vine a hablar contigo – Ulquiorra ya no soportaba estar en ese lugar. El olor a formol, mezclado con el de otras sustancias estaba logrando marearlo. Debía hablar rápidamente con él e irse.
– ¿Conmigo? ¿Para qué? Te has tomado la molestia de bajar a mi humilde laboratorio sólo para hablarme… – el gordo apoyó el frasco en una silla decrépita que tenía a su lado y se cruzó de brazos. Miró a Ulquiorra con una sonrisa y luego colocó su mano derecha en su mentón. – Dime, príncipe Ulquiorra Shiffer, ¿has venido por el informe sobre la situación? – el hombrecito arrugó el ceño y miró hacia un lado. – Creí haber mandado a Kokoro-chan
– Ella fue – afirmó Ulquiorra sin saber bien por qué, – pero necesito más detalles
– ¿Detalles?
– No te hagas el distraído, Nezumi – la voz de Ulquiorra se notaba cada vez más pesada y ya había comenzado a perder la paciencia. El profesor Nezumi, antiguo ya en los laboratorios de Las Noches, era un alma modificada más de las que la Sociedad de Almas descartó. Szyelapollo lo había recogido y le había dado un cuerpo falso muy grotesco, que este adoptó sin remordimiento. A cambio, dedicó su vida a trabajar en el laboratorio hollow, con su esperanza secreta de lograr su propósito de vengarse del Seireitei.
– No me hago el distraído, príncipe Ulquiorra, sólo que pensé que era suficiente con informar levemente sobre esta situación. No quisiera que el tan ocupado príncipe del Palacio tuviera que preocuparse por estas nimiedades
– ¡Dime qué más sabes! – espetó un ya muy harto Ulquiorra.
– Será mejor que vayamos a un lugar más cómodo – le dijo. Luego, caminó hacia un costado con cierta dificultad, ya que arrastraba su pierna izquierda desde hacía años. Llegó junto a la chica que antes había ido a informar a Ulquiorra, a la que Nezumi había llamado Kokoro.
Ulquiorra afinó sus ojos, entre el olor y un dolor de cabeza inoportuno, estaba seguro de que no podía resistir por mucho más tiempo estar en ese ambiente. Vio cuando el profesor hablaba con la chica arrancar y cómo los dos se acercaban a él lentamente. Suspiró y giró en dirección a la salida.
– ¿Dónde iremos, príncipe? – preguntó el gordo.
Ulquiorra se limitó a no contestar, después de todo él no tenía que darle explicaciones a nadie y menos a él. Siguió caminando por el mismo pasillo oscuro por el que llegó allí, seguido de ambos científicos.
Cementerio de Karakura
– ¿Por qué? – las dos palabras retumbaron en la soledad de la tarde. Kaien había pasado prácticamente tres horas arrodillado frente a la tumba de Masaki, su abuela. No la había conocido, pero las historias que le contaba su abuelo sobre ella habían logrado que él la quisiera tanto como a Isshin.
No dijo nada más, sólo se limitó a estar en silencio otra vez. De vez en cuando suspiraba o abría sus ojos para comprobar que no hubiera nadie a su alrededor, pero en el fondo, guardaba la esperanza de que la mujer que decía llamarse Orihime apareciera nuevamente. Había estado buscándola desde la mañana para preguntarle qué había sucedido, por qué se había desmayado y cómo era que ella lo había llevado a casa de su abuelo.
Había considerado preguntarle a Uryu si la conocía, pero sería demasiado tedioso tener que reconocer que él había permitido que una extraña total viera a su padre para intentar ayudarlo. Aunque no sabía bien cómo, lo había hecho, había confiado en ella lo suficiente como para creer en que realmente podía hacer algo por su padre.
Por primera vez esa mujer no había mencionado nada acerca de la Sociedad de Almas ni sobre nada que no se pudiera ver, y decía tener la capacidad para hacer algo por su padre. Pero ahora, no la podía encontrar y ni siquiera se había despedido de él ese día del desmayo, ¡ni siquiera había esperado a que despierte! Gruñó, hizo una reverencia y se paró.
– Espero, abuela, que todo cambie. Que mi papá – se detuvo. ¿Qué Ichigo qué? ¿Qué despierte? ¿Qué qué? Si de todas formas, nada era distinto que ayer. Giró y quedó estático. Frente a él estaba parado su abuelo Isshin.
– Kaien – le dijo con una sonrisa triste. – Parece que has estado hablando con la abuela – el chico, por toda respuesta, bajó la cabeza con un gesto de molestia. Odiaba que lo encuentren allí. – Pensé que estarías aquí
– Ya me voy – dijo sin mirarlo y comenzó a caminar, pero Isshin lo sostuvo del brazo.
– ¿Por qué no charlamos un rato?
– ¿Sobre qué? – le dijo.
– Sobre lo que tú quieras, o sobre nada – Kaien lo miró.
– ¿Podemos ir a otro sitio?
– Más allá, si quieres – Isshin levantó su dedo índice y apuntó a una colina dentro del cementerio.
– No – Kaien volvió a bajar la vista y se soltó del agarre de su abuelo.
– ¿Por qué no quieres ir a la colina? Seguramente estaremos bien acompañados allí
– Dije que no – comenzó a caminar hacia el lado opuesto, con la manos en los bolsillos – Me voy
– Supongo que tendré que seguirte – Isshin se escuchaba resignado. Miró hacia la colina y sonrió. – Adiós
