IX
Tooru Oikawa no es un genio.
Es extravagante, terco, impaciente e impetuoso, incluso un poco caprichoso. Tiene la tendencia a desconocer los límites con otras personas, algunas veces los ignora y otras veces, simplemente los borra.
Todo lo que sabe le ha costado un precio. Cada gota de sudor, cada tono oscuro de sus ojeras, cada cicatriz y cada sonrisa son una marca de su esfuerzo, de las veces que se ha caído y las veces que se ha levantado. Siempre con la cabeza en alto, siempre sonriendo. No es un genio, pero bien podía pasar por uno. Lo que no sabe lo puede cubrir a la perfección con otros talentos. Se ha acostumbrado, de esta manera, a cubrir todas sus cicatrices, a no retroceder un paso y a continuar caminando, a como dé lugar.
Sin embargo, hay ciertas cosas que no puede disimular. Como la cicatriz en su rodilla derecha. Una marca de unos cinco centímetros, que es imposible ocultar. Al recordar que está allí, se siente más pequeño, menos como el genio que puede pretender ser y más como el idiota que siempre ha sabido que es. Un idiota terco, desesperado y patético, incapaz de detenerse, todo él concentrado en ir más allá, saltar más alto, alcanzar la cima que no alcanza a ver, pero que sabe que existe.
Cuando hace frío le duele. Usualmente sucede cuando está caminando, entonces, tiene que detenerse, respirar profundo, apretar la mandíbula y concentrarse en dar el siguiente paso, todo ello sin revelar el dolor que siente.
Tooru Oikawa no es un genio, pero no se necesita ser un genio para saber que cometió un error. Que quizá debió haber escuchado a Tendou; debió haber escuchado incluso a Ushijima, quien en medio de toda su rareza y sin ninguna preocupación por herir sus sentimientos, lo había instado a detenerse, por su propio bien, por el bien del equipo.
Tal vez lo que le había faltado era un cabezazo, directo a la nariz, donde más duele. Tal vez allí se hubiera detenido y lo hubiera pensado mejor. Pero el cabezazo nunca llegó y Oikawa siguió.
Y aquí está. El camino en el voleibol que había visto tan claro, ahora está vetado para él y tiene que dirigirse a otra parte. No está muy seguro cuál será esa parte, pero sabe que tiene que encontrarla, no quiere que la predicción de Iwaizumi se haga realidad y termine convirtiéndose en un NEET.
Ahora que piensa en Iwaizumi, se le ocurre que tampoco necesita ser un genio para saber que el muchacho lo ha estado ignorando durante las últimas dos semanas. Se pregunta, varias veces, si ha hecho algo mal, pero no se le ocurre nada. Esa tarde todo había ido a la perfección, Oikawa se sintió completamente cómodo con él, de una manera que no podía describir. Parecía como si hubiese estado con Iwaizumi durante toda su vida, desestresándose en el parque mientras jugaban voleibol y teniendo conversaciones casuales por mensajes de texto.
—¿Qué pasa, Iwa-chan? —murmura. De nuevo, lee los mensajes que le ha enviado y ve las dos marcas de color azul, que indican que Iwaizumi efectivamente, ha leído el mensaje. Se siente desilusionado, intranquilo. Al mismo tiempo, se siente un poco como un acosador, y piensa que debería dejarlo en paz un rato.
Por supuesto, no lo va a hacer. Él no es un genio, es un tipo terco e impetuoso y va a seguir escribiéndole a Iwaizumi hasta que sepa porque éste lo ha ignorado vilmente por dos semanas.
También va a seguir insistiendo hasta que sepa porque Iwaizumi sigue apareciendo en sus pesadillas. Durante la última, el muchacho había soñado que Iwaizumi se había ahogado tratando de salvar a un perro. Fue una de las pesadillas más cortas, pero Oikawa recuerda claramente que ambos eran un par de niños, vestidos con ropas antiguas, quizá del siglo anterior, estaban sucios y buscaban comida. Iwaizumi había visto el perro ahogándose en la corriente crecida de un río y se lanzó sin pensarlo, Oikawa lo siguió corriendo por la orilla, hasta que su amigo no había vuelto a aparecer.
A pesar de la inquietud que le había causado, le aliviaba la realización que el dolor de su cuerpo que sentía después de que lo veía cada día, había desaparecido. Como si Iwaizumi fuera el analgésico que necesitaba.
Así mismo, recordaba con bastante claridad el último encuentro en el parque, excepto por unos pocos segundos, que había calificado como superfluos.
Eso era algo bueno, pensaba.
Todo había ido bastante bien después de lo del parque. Habían vuelto a casa después de aquel remate, ambos demasiado sorprendidos como para decir algo coherente. Luego, habían entrado a un local de ramen cerca del apartamento de Iwaizumi, allí, hablaron un rato. Casi toda la conversación había girado en torno a Aoba Johsai, Oikawa quería saber cómo era el antiguo equipo de Iwaizumi; le preguntó después por qué no había continuado durante la universidad, Iwaizumi lo había intentado, hasta que se había peleado con uno de los inicialistas, un tipo que estaba a unos cuantos meses de graduarse y que había dirigido varios comentarios a Bokuto y a Kuroo.
Lo habían suspendido después de ello, y durante ese tiempo, Iwaizumi se dio cuenta que el tiempo que estaba invirtiendo en las actividades del club, podía usarlo en su estudio y ganar unas cuantas horas más de sueño. La semana siguiente, se había retirado del club. Sólo había durado allí un mes y medio.
Era una decisión que a Oikawa le había costado comprender, pero que no le iba a recriminar, así que no le había hecho ningún comentario al respecto y dirigió la conversación hacia el remate de Iwaizumi aquella tarde.
Después de eso, se habían visto un par de veces y se habían comunicado por mensajes de texto durante los siguientes tres días, hasta que, de un momento a otro, Iwaizumi dejó de contestar. Al principio, Oikawa pensó que estaba enojado por la cadena de mensajes a las tres de la mañana del miércoles, trató de ofrecerle una disculpa una, dos, tres y hasta cuatro veces; para después ver las marcas azules y frustrarse cada vez más. Un par de días más tarde, había llegado a la conclusión que, por alguna razón, Iwaizumi lo estaba ignorando y Oikawa no se iba a rendir hasta saber por qué.
Intentó pasar casualmente por la facultad de ingeniería un par de veces, solo para cruzarse con Bokuto y sumergirse en una profunda conversación sobre el mejor momento del día para comer yakiniku. Oikawa le había seguido la corriente, respondiendo que cualquier momento era un buen momento para el yakiniku.
—¡Sabes de lo que hablas, chico… —Bokuto se detuvo a mitad de frase ante la mirada exasperada de Oikawa, carraspeó y corrigió—: ¡Sabes de lo que hablas, Oikawa! —exclamó, y le dio una palmada en la espalda, tan fuerte que Oikawa perdió el equilibrio
—Bueno, es obvio. Puedes comer lo que quieras, cuando quieras.
—No vas a comer un helado en pleno invierno, ni vas a tomar avena caliente en verano. Hay un momento para todo.
—Ah, Bokuto, si supieras… —le respondió Oikawa y procedió a contarle como Ushijima bebió leche caliente cada tarde durante uno de sus entrenamientos en verano. Mientras Bokuto reía, de reojo, Oikawa vio pasar a Iwaizumi entre el gentío. Para su sorpresa, no lo había alcanzado para hablarle, decidió satisfacer la curiosidad de Bokuto con otras excentricidades de su antiguo capitán.
No volvió a buscar a Iwaizumi después de eso. Decidió insistir más en algún otro momento, cuando Bokuto no estuviese rondando por ahí.
. . . .
Está haciendo un ejercicio con su pierna por debajo de la mesa de la biblioteca. Con ello calma un poco el dolor. La biblioteca está tibia, de manera que el dolor no lo afecta demasiado, pero tampoco lo puede ignorar; después de todo, es otoño y aunque el clima es fresco, el viento es bastante fuerte y cala hasta los huesos. No es bueno para su lesión.
—¡Aquí estás! —escucha la voz de Sugawara, en un susurro.
—¿Suga? ¿Qué haces acá? —le pregunta Oikawa. Sugawara se sienta en una silla a su lado, su rostro queda medio oculto por la pila de libros que Oikawa ha estado hojeando durante las últimas horas.
—Te estaba buscando —le responde, hojeando uno de los libros—. Kuroo me ayudó a entrar —agrega al ver la expresión inquisitiva de Oikawa.
—Ya veo.
Sugawara examina el libro durante unos segundos antes de responder. Es un ejemplar grandísimo, con esquemas y dibujos del cuerpo humano, tiene secciones dedicadas a los músculos, huesos y nervios. Quizá es pura coincidencia, pero la página que está marcada tiene un esquema de una rodilla, con todos sus músculos y nervios. Cada parte está señalada con una línea negra, al lado de la cual se leen los nombres.
Antes de que pudiese preguntarle a Oikawa, éste habla:
—No es lo que piensas —le dice—. Sucedió que me detuve justo ahí.
—No es eso —dice Sugawara—. Quería preguntarte algo.
—¿Qué podría ser?
Oikawa sabe que solo hay una cosa que Sugawara quiere preguntar, quiere impedírselo, porque no tiene respuesta a su pregunta. Pero no dice nada.
—¿Has decidido algo? —le pregunta Sugawara. Oikawa suspira. No, no quiero pensar en eso. No necesito pensar en eso. Hay cosas más importantes, ¿verdad, Suga?
—Aún no.
—Oikawa… Daichi y yo estamos preocupados por ti.
—"Tu papá y yo estamos preocupados por ti" —responde Oikawa, en una imitación del tono preocupado de Sugawara—. Así suenas, Suga.
—Tú sabes de qué hablo. Con todo esto de las pesadillas y las noches sin dormir, estás un poco… raro.
Oikawa abre la boca para responder, pero ningún sonido sale de ésta. Lo sabe, está raro, mas no puede dar una razón. Quiere encontrarla, tranquilizarse y seguir adelante. Sugawara no está ayudando mucho; pero no espera su ayuda de todas maneras este asunto es sólo suyo.
Siente que se va a volver loco. Iwaizumi apareciendo en sus sueños lo va a volver loco.
—Suga —dice, solo por sacarse a Iwaizumi de la cabeza— ¿Algo más?
—Sí, verás… —Sugawara remueve varias cosas dentro de su bolso, saca un par de libros y una bufanda. Al fin, saca un cuaderno de cubierta roja que le entrega a Oikawa. Éste lo recibe con cierta aprehensión.
Le da varias vueltas, lo abre y lo cierra. Es un cuaderno nuevo, el diseño de la portada es simple y elegante. Oikawa no lo entiende.
—No necesito un cuaderno…
—Escúchame —le dice Sugawara, su tono completamente serio—. Cuando tienes pesadillas siempre las recuerdas con todo detalle, así que quiero que me hagas un favor: escríbelas ahí. No importa qué tantas hojas escribas, sólo hazlo. Siempre que tengas una pesadilla.
—¿Y las que ya tuve?
—Si las recuerdas, escríbelas también. Escríbelo todo. Y eso que dijiste de Iwaizumi, que te había parecido verlo en otra parte, también. Todo, ¿me escuchas, Oikawa?
—Sí, comandante —le responde Oikawa, haciendo un saludo militar.
—Bien. Empieza, ya que no estás haciendo mucho. Yo voy a casa.
—¿Era necesario venir hasta acá sólo por eso?
Sugawara se mete las manos a los bolsillos, aprovecha el ruido que hace Bokuto en el mostrador para desviar su mirada hacia allí y evitar la de Oikawa.
—Sí, era necesario —le dice. Oikawa sabe que hay algo más, pero como todas las cosas que le han venido pasando últimamente, decide dejar la explicación para después.
Intercambian una rápida despedida. Tan pronto lo ve salir, Oikawa abre el cuaderno sobre la mesa, al frente suyo. Decide escribir los sueños al principio y las veces que cree haber visto a Iwaizumi en la parte de atrás.
Saca un esfero morado y empieza por el principio del cuaderno. La primera pesadilla, la de él e Iwaizumi corriendo, una flecha en el pecho de su compañero. Es difícil, al comienzo; no le gusta revivir la sensación de ver morir a Iwaizumi de nuevo y sabe que tiene que hacerlo varias veces más. Oikawa sabe sobreponerse a esas cosas, después de todo, es terco como una mula, sin embargo, su tozudez jamás ha sido tan complicada.
. . . .
Es Bokuto quien le anuncia que son las siete y es hora de salir. Oikawa parece despertar de un largo sueño y se da cuenta que ha escrito casi diez páginas de pesadillas. Su muñeca le duele y no siente ganas de moverla.
Hace un esfuerzo para guardar sus cosas y ayudarle un poco a Bokuto a organizar los libros en los estantes. Como era de esperar, Oikawa no conoce la organización de la librería, así que Bokuto lo toma de los hombros y le quita el libro de la mano antes de que lo ubique en la estantería equivocada.
—No te preocupes, me encargo yo —le dice—. Tú vete, Oikawa, pareces cansado.
—Pero Taki-sensei se enojó contigo por mi culpa y ahora para rematar te dejo este desorden.
—¡Ah, eso! —exclama Bokuto. Deja el libro sobre una mesa—. Taki-sensei no se enojó mucho. Te perdonó porque pasaste el examen de la semana pasada con una nota perfecta… Se supone que no debía decir eso.
—¿Nota perfecta?
—Sí. Y eres el único que la tuvo en todo el grupo. A este ritmo te vas a convertir en mi rival. La facultad de idiomas podría aprovechar a alguien como tú.
—No tengo ganas de estudiar diez idiomas como tú, Bokuto.
—No son diez, son sólo cinco. Ya verás que es facilísimo —dice Bokuto, sonriendo ampliamente. Oikawa se pregunta en qué momento aprendió aquél muchacho cinco idiomas y de dónde saca ganas de querer aprender más. Oikawa a duras penas tiene ánimos para uno.
Luego, mientras está organizando sus cosas en su maleta, recuerda a Iwaizumi comentándole que sabe maldecir en varios idiomas.
—Oye, Bokuto, ¿te puedo preguntar algo?
—Adelante.
—¿Tú le enseñaste a Iwa… Iwaizumi a maldecir en tres idiomas?
—Sí, fui yo —. Bokuto rio recordando algo—. El alemán le costó más trabajo.
—Ya veo —. Oikawa temía que Bokuto le fuese a dar un ejemplo, así que le dio una leve palmada en el hombro—. Lo siento, Bokuto, me gustaría escuchar, pero debo irme.
—Está bien, otro día te cuento como Iwaizumi quería decir que estaba escuchando algo y terminó diciendo que era una prostituta.
Oikawa estuvo tentado a quedarse y escuchar la historia, sólo porque de esa manera tendría una razón para molestar a Iwaizumi si algún día éste se dignaba a contestar sus mensajes. Lo detuvo alguien carraspeando en la puerta.
—Ah, Iwaizumi —dice Bokuto y escapa hacia la parte más alejada de la biblioteca, sus brazos cargados de libros.
—¡Creía que habíamos acordado no volver a hablar de eso! —exclama Iwaizumi, sin molestarse en bajar la voz—. Tengo suficiente con Kuroo —agrega en voz baja y luego mira a Oikawa—. Y tú… No me digas que Bokuto te estuvo diciendo cosas raras.
Oikawa se rasca la cabeza, murmura algo sin sentido y trata de crear una comunicación telepática con Bokuto para que éste vuelva del rincón en el que se ha ocultado de Iwaizumi, Bokuto se queda donde está, y Oikawa alcanza a ver su cabello bicolor asomándose cautelosamente detrás de un estante, esperando a que Iwaizumi se vaya. Luego, sin mirar a su compañero, cruza la puerta de la biblioteca. Iwaizumi lo alcanza después de haber dejado un libro sobre el mostrador.
—¿Qué haces acá? Hace rato debías haber salido, ¿no?
—No hacía nada —responde Oikawa. Iwaizumi solo camina a su lado, sin hacer ningún comentario.
Permanecen en silencio casi todo el camino. Iwaizumi saluda a algunos de sus compañeros y Oikawa camina con paso firme. Cuando llegan a un baño, Oikawa le pide que espere un momento y entra, desde donde está, alcanza a escuchar a Iwaizumi silbando alguna melodía y trata de identificar la canción. Quizá sea alguna tonada vieja, Iwaizumi parece de ese tipo que canta las mismas canciones que sus padres escuchan. Tal vez deba hacerle una o dos recomendaciones, para ver si tararea algo mejor.
Para cuando sale, Iwaizumi le lanza una mirada exasperada. No tiene necesidad de hablar para que Oikawa entienda que lo está regañando por demorarse demasiado. Oikawa no se disculpa, pero si se adelanta un par de pasos, tras ver lo que parece ser la espalda de Sugawara escondiéndose por un pasillo, acompañado por el inconfundible Kuroo.
—Oikawa —llama Iwaizumi. En un principio, Oikawa lo ignora, se está acercando al rincón por el que los otros dos se han escabullido. La tercera vez que escucha su nombre, se voltea abruptamente.
—¡Iwa-chan! Estaba… —Las palabras mueren antes de terminar de salir. Iwaizumi sostiene en su mano derecha un cuaderno de tapa roja; no parece que fuera a leerlo, pero de todas maneras, Oikawa siente que todo el color desaparece de su rostro.
Revisa su maleta y se da cuenta que la ha dejado abierta, de manera que el cuaderno se ha caído. Hay varios libros y otro cuaderno a punto de caer también, así que Oikawa revisa el contenido rápidamente, cierra la cremallera y luego camina hacia Iwaizumi.
—Es curioso —le comenta Iwaizumi tan pronto Oikawa llega a su lado.
—¿Qué cosa? —pregunta Oikawa, recibiendo el cuaderno. Iwaizumi revisa su maleta y le muestra un cuaderno idéntico.
—Kuroo me lo dio esta mañana.
—¿Es tu cumpleaños o algo así?
—No. Me dijo… —Iwaizumi duda un momento, como si hubiera algo que no quisiera compartir con Oikawa.
Oikawa, por su parte, se siente nervioso. Su corazón late a toda velocidad y siente que las piernas le tiemblan. Se pregunta, como lo ha hecho durante las últimas tres semanas desde que lo conoció, si su situación es la misma. Si sueña con él, si muere en sus sueños, si tiene recuerdos vagos de tardes que han pasado juntos. Quiere animarlo a hablar, pero no encuentra las palabras.
—Como un diario —dice Iwaizumi al fin—. A veces… Bueno, a veces tengo ciertas… pesadillas. Kuroo me dijo que si las escribía me ayudaría a controlarlas más. Me dijo que una forma de controlar los sueños es escribiéndolos y de alguna manera podría… No sé, manejarlo o algo así.
—¿Le tienes miedo a las pesadillas, Iwa-chan? —pregunta Oikawa, más para desviar el tema que para molestarlo de verdad. Iwaizumi, por supuesto, no capta su intención y le da un golpe en el brazo. Oikawa lloriquea, en un sonido tan evidentemente falso que hace que Iwaizumi suelte una carcajada.
—La violencia intrafamiliar no es un chiste, Iwa-chan —le dice Oikawa.
—¿Desde cuándo somos tú y yo familia?
—Desde que… Es cierto, no lo somos —. Oikawa adopta una posición firme, con los brazos cruzados—. Porque la familia no ignora los mensajes de los otros.
—No seas melodramático, ¿quién ha ignorado tus mensajes?
—¡Tú! —exclama Oikawa, señalándolo con su dedo índice. Iwaizumi levanta una ceja, luego suspira, exasperado.
—Nadie ignoró nada —le dice—. Sucede que el jueves por la tarde, salí con Kuroo y en el camino de vuelta a casa, tomamos el metro y estaba repleto. Cuando logramos salir, yo no tenía mi celular y a Kuroo le habían robado su dinero.
—Ah —. Había exagerado un poco. Que cosa tan propia de él.
—Logré conseguir un móvil nuevo gracias a un amigo en la secundaria de Bokuto. Aparentemente el tipo tiene un montón de dinero, pero conoce todos los sitios donde venden cosas de buenísima calidad y muy baratas… ¿Oikawa?
—Ah, sí. Dijiste que Bokuto tenía un montón de dinero…
—No, Bokuto no. Su amigo de la secundaria, un tal Akaashi.
—¿Un tipo que hace negocios raros?
—No, un tipo que conoce los rincones raros de Tokio.
—Ya veo.
Oikawa le da vueltas al cuaderno en sus manos. Debería decirle. O quizás no.
Si le dice, pensará que está loco y lo regañará; si no lo hace, de verdad se va a volver loco. Tal vez no le caería mal pasar un mes o dos en un sanatorio mental.
—Iwa-chan —empieza y trata de seguir hablando. Emite un sonido raro, entrecortado. Iwaizumi parece extrañado, pero lo deja durante un momento, hasta que Oikawa vuelve a emitir aquél sonido raro y maldice en voz baja.
—¿Estás bien?—No —contesta Oikawa sin siquiera esperar a que diga algo más.
—¿Te sientes enfermo? —Iwaizumi se acerca a él cuando Oikawa asiente, y coloca una mano en su frente.
Se miran a los ojos, por más tiempo del que a Oikawa le parece decente. Hay algo similar a la sorpresa en la expresión de Iwaizumi, como si acabara de recordar algo. Retira la mano abruptamente y no deja de mirarlo. Es raro, pero Oikawa no siente miedo, a pesar de que está viendo expresión más seria que le haya visto a alguien jamás. Más bien, siente curiosidad, quiere saber qué está pasando por la cabeza de Iwaizumi.
—¿Iwa-chan?
—Oikawa —dice éste al mismo tiempo. Ambos tartamudean, intentando decirle al otro que hable. Es Iwaizumi quien toma la oportunidad.
—En fin —dice, sacando su teléfono—. Vuelve a darme tu número, para que no creas que te ignoro.
—Sí, sí —. Oikawa escribe la información de contacto en el celular de Iwaizumi y se lo entrega, con una sonrisa. Iwaizumi entrecierra los ojos y busca el nombre del contacto.
—¡¿Pero qué demonios te crees?! —exclama—. ¿"Tooru-chan"? Hasta le pusiste emoticones… ¿Qué te pasa?
—Tienes una lista de contactos bastante triste, solo quise arreglarla —. Le quita el celular de las manos—. Mira esto: "Abe Kasumi", "Hanamaki Takahiro", "Kindaichi Yuutarou", "Kuroo Tetsuro", "Matsukawa Issei", y sigue así… Es muy simple, y muy formal, Iwa-chan.
—"Tooru-chan" suena forzado.
—¿Entonces vas a cambiarlo? —pregunta Oikawa, cruzándose de brazos.
—Por supuesto.
—No vas a colocar "Oikawa Tooru", por favor. No quiero hacer parte de tu simple lista, quiero resaltar.
—Dame eso —dice Iwaizumi. Oikawa le entrega el celular sin rechistar. Su compañero teclea durante unos segundos y luego le muestra el aparato—. Ya está.
—"Tontokawa" —lee Oikawa y siente ganas de reír—. No eres ni un poquito creativo.
Notas: - Eh... Muy, muy tarde me di cuenta que en el capítulo anterior no había dejado adelanto. Fue un despiste de mi parte...
- ¿Bokuto políglota? Es algo que me estuve dando bastantes vueltas. Y dije, ¿porqué no?
- Alguna vez, cuando estaba aprendiendo alemán, pronuncié mal una congujación el verbo "hören" (que significa "escuchar"), dije "hure" que significa "prostituta". Para mi amigo y mi profesora fue divertidísimo, para mí, no tanto. En fin, basé el pequeño accidente de Iwaizumi en mis dificultades de pronunciación en alemán.
- Respecto a lo anterior... Es poco probable cometer el mismo error que Iwaizumi. Para decir que estoy escuchando algo, se puede decir "ich höre..." y para decir que soy una prostituta, tendría que decir "Ich bin eine Hure", esto es muy básico y probablemente le falta algo más, pero bueno, es más o menos como lo escribí.
- Y después de la mini-clase de alemán, puedo dejar un adelanto, uno más o menos largo para compensar por el olvido en el cap anterior:
"Al rebuscar más entre la canasta, encuentra una camiseta, demasiado grande como para ser de Kuroo. Se está preguntando si le puede quedar bien a Oikawa cuando mira el frente de la prenda y las letras mayúsculas de color negro: "KARASUNO HIGH SCHOOL". La primera persona que se le viene a la cabeza es Tsukishima y hace una nota mental de preguntarle sobre la camiseta a Kuroo cuando lo vea.
No encuentra nada en la canasta, de manera que vuelve a su armario. Rebusca entre toda su ropa y al fin encuentra una camiseta limpia. Vuelve a la sala con ésta y un pantalón le parecía era de la talla de Oikawa y le entrega las prendas.
—Usa esto —le dice. Oikawa examina la camiseta.
—"Aoba Johsai" —lee en voz alta.
—¿Algún problema?
—No, ninguno. Gracias, Iwa-chan."
