Título: Peligroso CAP9

Tipo: Wickedqueen

Dedicatoria: A Gen que está malita y a todas las que lo sentíis


Mismo sábado

De alguna manera Zelena evitaba cruzarse con su hermanastra por la mansión, en parte estaba dolida, llamar error a algo que le había despertado cosas en el interior que hacía años que no sentía le rasgó las entrañas. Así pues la hora del almuerzo pasó y parecía que ninguna había comido nada, Regina había permanecido en su cuarto con la puerta cerrada el resto del día.

"¿Qué te pasa?", se dijo la morena meciéndose sentada en su misma cama mirando su rostro reflejado en el espejo. Aun tenía el sabor de sus labios marcados en los suyos, en parte por eso no había comido nada.

"Ha sido por eso y lo sabes, es patético", se riñó, o al menos lo hizo la parte de sí misma que era consciente de lo que sentía. "Vale, lo es", por fin algo que aceptaba, primer paso. "Pero esto no está bien"

"¿Quién te lo dice?, ¿la sociedad?, pues de ella te olvidaste mientras la besabas", se giró para esconder su cabeza bajo la almohada, hizo presión tratando de callar los demonios que bailaban en su interior. Su cabello moreno brillaba por el sudor que salía de su rostro como si de lágrimas se trataran.

Pasado un tiempo salió de la cama, agobiada y herida consigo misma abrió las ventanas de par en par, una fuerte brisa algo fría entró en el cuarto agitándole la despeinada melena. "La has abandonado, la has herido y la has alejado de ti, renunciaste a alguien que podría cambiarte la vida"

"Pero… herido ¿por qué?, ¿acaso para ella tú no eres también un error añadido a su lista? ¿alguien que sólo por haber nacido hizo algo malo?, recuérdalo".

Se decidió a dejar de debatir consigo misma, abandonar su cueva de intimidad, recogerse el pelo, enjuagarse la cara y bajar hacia el salón.

Allí Zelena se encontraba la dueña de sus peleas internas; estaba en el sofá recostada hacia atrás con los brazos cruzados y sus esbeltas piernas estiradas sobre la mesita.

-¿Qué estás haciendo?- le dijo la morena al poner el primer pie en la estancia, con la escalera detrás suya, de algún modo era como tener la salida cerca por si las cosas se torcían o se acobardaba.

-Viendo a personas contar historias divertidas.

Regina observó la pantalla del televisor donde un famoso cómico representaba un monólogo -Eso es un programa de televisión y se llama "El club de la comedia".

-Ah…-giró su rostro por primera vez giró su rostro hacia ella, su mirada era neutra, sin mostrar sentimiento alguno.

-Eh… yo…- sus manos se apoyaron en su cintura casi por darse seguridad a sí misma, no sabría por donde empezar cuando fue interrumpida.

-Si no quieres que se repita lo entenderé- fue clara y directa, sin adornos ni territorialismos. Al observar el rostro asustadizo de su hermanastra cerró los ojos para darle a entender que no quería seguir hablando, fingir tener sueño le había servido más de una vez para evitar batallas campales con sus escasas parejas.

Regina pasó tras el sofá observándola y se dirigió a la cocina.

Domingo por la mañana

Regina salió a correr sola, tras una noche de nuevos debates internos y pocas horas de sueño se decidió a sacar fuerzas. Zelena se había despertado abrazada a su almohada, cosa que jamás había hecho en ninguna cama, se extrañó de ese infantil gesto y bajando hacia el salón vio a la alcaldesa con su ropa de voy-a-hacer-deporte-pero-estas-leggies-me-hacen-estar-buena, o …, bueno, lo de "estar buena" era cosa de las hormonas de quien la estaba observando a escondidas. Ella estaba recogiendo las llaves de casa y Zelena deseó que se girase, la mirase sonriente y le dijese: "¿Te quieres venir?", estaba mal acostumbrada a que Regina la invitase a hacer todo lo que ella hacía, pero esa mañana no sucedió. "¿Y te extraña?, si casi no os habláis", se recordó y se sentó en uno de los peldaños de la escalera de madera.

Estaba sola en casa, triste y sola como decía la canción. Subió de nuevo arriba y visitó el despacho que las vio besarse por primera vez. Las estanterías le traían buenos y malos recuerdos. "Eso suena muy moñas Zelena, estás decayendo, ya no eres la misma", se rió con sus ocurrencias. De no haber escuchado las palabras "error" y "olvidar" otro gallo cantaría.

A los cuarenta y cinco minutos volvió quien le hacía elevar el pulso más que unos buenos aros de cebolla. Subió arriba sin hablar y se metió a la ducha. Cuando ya salió del baño estaba vestida. "Ya ni paseos en toalla, ¿pero qué he hecho mal?", pensó la pelirroja, "si yo no fui quien la besó".

Anochecido ya la encontró en la cocina haciéndose un quiché en el microondas. Esperó a escuchar que había acabado y fue a la cocina para encontrarse con que le había dejado la mitad del quiché y un huevo frito con aros de cebolla en la cocina.

Tercera semana

Entre semana vuelta a la rutina, trabajo, extrañamente mucho trabajo, la noche del lunes y del martes durmiendo, supuestamente, en el ayuntamiento…

Miércoles al medio día

-Estás teniendo mucho trabajo últimamente- le dijo Zelena en cuanto la vio entrar a la casa directa hacia la cocina y sacar un envase de plástico del frigorífico con comida ya cocinada. Había sido la primera frase que se decían en varios días.

-Sí, ha habido un problema con las cuentas de la empresa eléctrica y el tema de la obra de la avenida y no puedo parar.

-Ah, ¿puedo ayudarte?- comentó con los brazos cruzados apoyada en un lateral del marco de la puerta de la cocina.

-No, gracias- la miró. "Me ha mirado y todo, que detalle", pensó la pelirroja ya algo cansada de esa actitud.

-Y sobre aquel trabajo que me dijiste en tu empresa ¿hay novedades?

Regina quiso buscarse una excusa y decir que el puesto se lo habían dado a otra persona pero a pesar de que luchaba por evitarla la echaba tremendamente de menos, más de lo que ella imaginaba.

-Pásate esta tarde y ve al despacho de administración, el puesto es tuyo.

No tenía más que hacer una llamada y su hermanastra ya tenía un puesto en el ayuntamiento.

15:30pm

La recepcionista le había dejado la puerta del despacho abierta a la alcaldesa tras visitarla y eso permitió que ella viera pasar por el pasillo a una pelirroja que le sonaba de algo. Se levantó de su silla de oficina y se asomó con cautela viendo a Zelena entrar al despacho que le había comentado. Se había soltado el pelo pero recogido la parte alta en un pasador, se había puesto hasta una camisa blanca con chorrera y unos pantalones elegantes. "Reconozco que se lo toma en serio", se dijo sonriendo. Luego pensó que el puesto era como limpiadora y esa ropa elegante no le iba a servir para nada y se entristeció. Aunque sin duda, y ella lo reconocía, ése era un trabajo tan importante como todos, o quizás hasta más.

La puerta de Administración se abrió a los 25 minutos y Zelena salió con un pijama celeste y blanco colgado en su brazo y unas llaves en su otra mano. Siguió el pasillo hacia delante observando lo que antes por las prisas no había hecho, las plantas que decoraban el pasillo, los cuadros colgados, las otras oficinas, el despacho de …

-Hola.

De Regina. Parecía que la había oído venir que estaba sentada sobre su mesa, con las piernas cruzadas y los brazos apoyados en la superficie llena de papeles, y la había saludado sonriente.

-Hola- la pelirroja miró hacia el suelo algo cortada. Regina bajó de la mesa y se acercó a ella.

-Veo que ha ido todo bien- dijo mirando el uniforme que llevaba en el brazo derecho.

-Sí, me han dicho que empiece mañana.

-Me alegro por ti.

-Bueno, vas a tener que aguantarme también en el trabajo, no deberías de estar tan contenta.

Regina sonrió y miró al suelo –Ya…

"Bueno, quizás después de todo no me odie tanto" pensó Zelena.

-Nos… vemos en casa.

-Sí, en casa- le contestó la morena justo a tiempo de que una ayudante le pidiera paso a Zelena, que estaba ocupando la puerta, para entrar –Alcaldesa, me ha llegado la factura del pavimento de la calle Pamerik.

Regina asintió y aceptó el documento mientras observaba a Zelena alejarse por el pasillo.

Jueves

La alcaldesa de Storybrooke miró su reloj al ver a la nueva empleada pasar frente a su despacho, había sido puntual y eso le sorprendió. Al volver a pasar la pelirroja por delante de la puerta ya estaba ataviada con su uniforme, el pantalón ancho de tela fina y la camisa de manga corta aun más ancha que había visto ayer. Se había recogido el pelo en un moño alto, Regina sintió que veía a una danzarina de ballet, sonrió al imaginársela con un tutú y reconoció que le favorecía ese recogido.

Tras realizar un par de llamadas a un servicio de recogida de basura Regina salió al baño y se topó inesperadamente con su limpiadora preferida limpiando a cuatro patas el suelo de debajo del dispensador de agua.

Sonrió al ver como forcejeaba en el suelo con un bote de abrillantador entre sus rodillas. -¿Necesitas ayuda?- le dijo con los brazos cruzados.

La pelirroja alzó la vista algo cortada por la situación y la alcaldesa se agachó poniéndose en cuclillas.

-Es que no se abre, no sé por qué.

Tendió su mano y la pelirroja le dio el envase de plástico casi con odio, no hacia ella sino al envase maligno.

-Mira, ¿ves estas muecas?.

Zelena aproximó sus ojos al tapón del envase, justo hacia donde ella señalaba.

-Hay que apretar justo encima y entonces se girará, es un sistema de seguridad.

Le volvió a sonreír.

"¿Me está sonriendo mucho o es cosa mía?"

-Vamos, hazlo, verás que lo abres bien- "¿por qué su voz es tan dulce?"

Haciendo caso al tutorial express de su jefa abrió el bote sin problemas.

-Gracias.

Regina se levantó.

-Que pases un buen día- dijo girándose rumbo a los servicios.

Al acabar la jornada Regina había apagado la luz de su oficina y recogido su mesa, ya estaban todas las oficinas a oscuras, todo salvo el pasillo y el cuarto de limpieza.

Miró ese haz de luz que salía de allí y le apenó pensar lo cansada que estaría Zelena. Se acercó al cuarto y abrió la puerta asustando a la pelirroja que se estaba cambiando de ropa.

-¡Lo siento!- dijo la alcaldesa casi asustada más que la que había recibido la visita sorpresa. Zelena estaba con un pantalón negro de chándal y la camiseta interior, una blanca sin mangas y bien ajustada.

-No pasa nada, pensé que te habías ido ya- dijo colocando la fregona que se había caído.

-¿Y dejar que vengas sola a casa de noche?, ni hablar.

Zelena sentía que volvían a estar como antes, como antes de que se besaran con algo más que simple curiosidad.

-No tienes por qué cuidarme, sé hacerlo sola y lo sabes- le dijo soltándose el pelo, sus mechones cayeron sobre su cuerpo y estaba más sensual si se podía y eso Regina lo sabía.

-Ya, pero ha sido tu primer día y demasiado habrás hecho hoy así que… cuando tú quieras, te espero en el coche.

Regina se giró.

-¡Espera!- Zelena la agarró del hombro y la giró –No te vayas.

La miró a los ojos y juraría que vio miedo en ellos, o quizás cansancio. Fuera lo que fuese no la iba a dejar sola. Observó como terminaba de colocar la lejía y el limpia cristales en una de las estanterías de mental grises y se puso una sudadera negra, al subirse la cremallera tratando de no hacerla esperar se le pilló un pequeño mechón entre los dientes metálicos. Forzó con la cremallera de perfil a Regina para que no la viera.

-¿Se te ha pillado el pelo?- le dijo.

Zelena de mordió el labio compungida.

-Déjame ayudarte.

Regina se acercó a ella, estar la una frente a la otra en un lugar tan estrecho no había otra cosa que no pudieran evitar mantener una distancia de "hasta aquí" entre ellas.

Era peligroso.

Reclinó su cabeza para mirar la parte de cremallera donde sobresalían varios cabellos rojizos.

-Debes de pensar que soy una torpe- Regina movió con lentitud la cremallera hacia abajo, -soy lo más patoso que has visto y no te lo echaré en cara. No sé hacer nada- dijo con los brazos sobre su cintura mirando hacia la pared apesadumbrada.

-Primero que nada, era tu primer día- dijo la morena alzando su rostro, mirándola con una intensidad extraña mientras continuaba agitando con maña el tirador.

-Segundo, no eres lo más patoso que he visto ni de lejos- sonrió y esperó verla imitándola pero parecía que hablaba en serio y que su tristeza era real.

-Eh, más desastre que yo no hay nadie- la animó haciendo que se soltara por fin la cremallera y el mechón estuviese de nuevo libre.

Zelena se tocó el mechón peinándolo ante los ojos brillantes de la morena.

"Es ahora o nunca", pensaba la misma.

-Grac…- entonces Regina la interrumpió con sus labios sobre los de ella.

No había podido evitarlo, la ternura que desprendían sus inseguridades era desconocida para ella y eso se reveló en su interior. La necesitaba más que nunca.

Esta vez Zelena no se había dejado hacer, había tomado el poder, la había agarrado de la cintura y la había apretado contra la pared, justo encima de los cubos vacíos. Deseaba poseerla, aprisionar sus abultados pechos y saborearla. El cuello le parecía una delicia y lo mordisqueó pausada, tratando de grabarlo en sus pensamientos.

Se volcó uno de los cubos haciendo resonar el cuartillo y una voz de hombre preguntó desde el eco del pasillo – ¿quien hay ahí?.

La alcaldesa le tapó la boca con la mano.

-Shhhh, es el vigilante de seguridad, nos ha escuchado-, le destapó la boca con cautela para besarla de nuevo -sigamos en casa.

Su sonrisa era tan traviesa como sensual. Una nube morada las envolvió para devolverles a su vista el cuarto de Regina.

Continuará

Y no he seguido más porque no he tenido tiempo, cosas que pasan cuando hay que comprar mil cosas para la cena de Nochebuena juu.