Hola

Arthemisa, si tus reviews también son libros. Pero reconoce que el de Kara era… MONUMENTAL! Jaajja Ahhh, mencantan esos reviews.

Sangre, sangre, sólo piensas en la sangre… jajaja. Pero tranqui, no falta nada para que haya sangre. Pero a lo mejor no es lo que esperas. :)

Respuesta a la PD1: No creo que a Leo le importara que lo ayudaras a desnudarse. Cosa distinta es lo que puede decir (o hacer) Nadya al respecto, pero tú misma... Aunque te advierto que ya la tienen bastante cabreada las primas de Lisías como para incordiarla más jajaja.

Respuesta a la PD2: (Léase PD1... Y añadamos que no te voy a contar lo de las abejitas y las flores. Que me estoy leyendo "La Pluma Encadenada", y creo que no tienes muchas dudas, jeje)

Kara: Ya verás en este capítulo como Armand no tiene NADA que ver con el Armand de Entrevista con el Vampiro. (En todo ese Armand tendría más que ver con Lyosha, pq también es del Principado de la Rus de Kiev, como me recordó Shinigami, pero na, tampoco)

ALEKSEI. Inconsciencia

Disimulé mi sonrisa, poniendo gran cuidado en que Nadya no pudiera verla, ni leer en mi mente su causa. Me parece justo que esté al tanto de lo que ocurre en nuestras vidas, pero maldito si voy a permitir que intente imponer su criterio en según que cosas. Si así fuera, no volveríamos a luchar jamás. Me estaba preguntando como explicárselo, cuando Leo se me adelantó, eligiendo las palabras justas para que ella quedara complacida, sin decir nada que pudiera considerarse una mentira.

Una vez más, tuve que reconocer que empiezo a apreciar la discreta astucia de mi hermano, y no sólo por su perspicacia a la hora de prever lo que Nadya desea oír. Quizá adopte la pose del incontrolado bocazas, pero su mente es aguda como el filo de una navaja, como me ha demostrado una y otra vez a lo largo de estos días. Sin ir más lejos, durante la fiesta, había disimulado sus respuestas con alegres baladronadas que conseguían que ninguno de nuestros interlocutores dudara de la veracidad de sus palabras. Pero cuando estos se retiraban, me demostraba con sus comentarios que había escuchado y observado con atención, sacando conclusiones acertadas acerca de sus intenciones ocultas, que muchas veces yo sólo había podido inferir buscando en sus mentes.

La voz de Nadya interrumpió el hilo de mis pensamientos. Más preguntas. Cuando Nadya empieza a preguntar, ni el diablo puede detenerla hasta que su curiosidad queda por completo satisfecha.

"Por lo que me han dicho, aquí viven más de cuarenta de los nuestros. ¿Cómo es posible que no llamen la atención de los humanos? Alguien tiene que acabar por ver algo extraño"

"Querida, los mortales rara vez ven lo que no desean ver. Su imaginación es algo más que escasa. Si nos paseáramos todos juntos por la noche vestidos con capas y con grandes colmillos puntiagudos, pensarían que somos un grupo de chalados, pero nunca un grupo de vampiros. ¿Pensaste tú por un momento que Lyosha era un vampiro antes de transformarte?", respondió Leo, riendo entre dientes.

Nadya sacudió la cabeza en un gesto de negación, confundida

"Acabas de descubrir porque los cazadores no resultan nada efectivos. Todo el mundo los toma por desquiciados que creen en viejas leyendas absurdas, y tendría que ocurrir algo realmente grave para que el resto de los mortales se molestara siquiera en escucharlos", añadí, sonriendo ante su confusión.

"Pero aún así, intentamos evitarlos. Algo efectivos serán"

"Cuando sospechan de la existencia de alguno de nosotros, se reúnen e intentan darle caza. Son ruidosos y excesivos y llaman la atención innecesariamente. Pero como ya te he dicho, nadie les cree aunque consigan su objetivo", repliqué

"¿Consigan su objetivo? ¿Me estás diciendo que un mortal puede acabar con nosotros?", preguntó Nadya espantada

Leo y yo rompimos a reír a carcajadas, ante el evidente pánico de Nadya.

"Para nosotros sólo suponen una molestia, querida. Quizá puedan atrapar a algún joven vampiro recién transformado, pero ni ellos son tan imprudentes como para acercarse a uno de nosotros. La única forma que tienen para acabar con uno de los nuestros es rodearlo y tenderle una trampa en una proporción de veinte a uno. Y eso en el caso de uno de los jóvenes. Dudo que cien de ellos puedan conmigo o con Leo, en uno de nuestros peores días", reí

"Aunque esa situación nunca se dará. Podemos olerlos a leguas, Nadya. Nadie ha conseguido emboscarme en los últimos quinientos años al menos", añadió Leo.

Nadya continúa con su expresión asustada. Esta vez no necesité ver su mente para saber lo que la aterroriza de ese modo.

"Ahora entiendes por qué nos negamos con tanta brusquedad a dejarte sin protección. Al fin. Nada como una saludable dosis de miedo para que alguien entre en razón", sonreí

"Tranquila, Nadya. Ninguno de ellos se acercará a ti mientras estés a nuestro lado", la serenó Leo

"¿Y si eso ocurre?", preguntó ella con apenas un hilo de voz

Leo y yo la miramos fijamente, en silencio. No hace falta responder a eso. Si un cazador se acerca a menos de diez kilómetros de nosotros, es hombre muerto. Hasta Nadya tiene que imaginarlo. Nos devolvió la mirada, y tras unos instantes abrió los ojos de par en par.

"Comprendo", susurró.

Pero parece demasiado asustada para lo que acabamos de contar. Rebusqué en sus pensamientos y me encontré con una obstinada barrera mental. Decidí volarla por los aires sin más contemplaciones. El tema es serio, y no estoy dispuesto a que me oculte ni una simple palabra. Cuando llegué a lo que pretendía esconder, me enfurecí de forma incontrolable.

"¿Pensabas ir sola a la ciudad?". Exclamé furioso.

Leo se incorporó en su asiento a la velocidad del rayo. Pude oler la ira naciendo en su interior.

"Maldita sea, ¿es que no tienes el más mínimo sentido común, mujer?", rugió.

En lugar de responder con alguna airada protesta, como era su costumbre, Nadya bajó la vista hasta sus manos y susurró un suave "no lo sabía"

"¿No lo sabías? Llevo un año diciéndote que no puedes salir sola. ¿Creías que era una broma? ¿Qué sólo lo hago por molestarte?", repliqué fuera de mí.

Esta vez su actitud sumisa no le va a servir de nada. O se asusta de verdad, o en algún momento olvidará de nuevo nuestros consejos y se pondrá en peligro alegremente.

"Pensé...", empezó

"No pensaste. Ese es el problema. Que cuando se te mete una idea en la cabeza, no piensas. Te dijimos que los perros estarían por todas partes. Te dijimos que tendríamos que estar ocultos un tiempo. Por todos los diablos del maldito infierno, mujer, ¿qué creías que significaba eso?", gritó Leo.

"¡Lo siento!", chilló Nadya con voz aguda. "No quería molestar a nadie, solo quería volver a la ciudad", terminó con uno de sus extraños sollozos.

Enterré la cabeza entre las manos, estirando mi cabello hacia atrás, en un inútil gesto por tranquilizarme. Leo aprieta el puente de su nariz sacudiendo la cabeza con incredulidad. Ella sigue sollozando, invocando sus inexistentes lágrimas. Si se tratara de otra cosa, su llanto nos habría ablandado de inmediato, pero en esta ocasión estamos demasiado preocupados para rendirnos con tanta facilidad. Tanto Leo como yo intentamos serenarnos, pero no resulta sencillo. Nadya es una presa fácil para cualquier cazador, y sólo pensar en la posibilidad de perderla me vuelve loco de rabia. Tiene que comprender de una vez que no la protegemos sólo por capricho. Leo suspiró

"¿Y que diablos querías hacer en la ciudad?", preguntó, intentando controlar la ira en su voz, aunque sin conseguirlo.

"Quería buscar el sitio que aparecía en mi visión. Había cosas que no me cuadraban y...", la interrumpí con un rugido furioso.

"¿Y no podías habérnoslo dicho? ¿Por qué demonios tenías que ir sola?"

"No quería molestar. Todo el mundo está pendiente de mí, y tenéis cosas que hablar y que hacer y yo...", sollozó de nuevo.

"Muy bien", replicó Leo. "Iré a buscar a Shannen y Alejandra. Ellas te acompañarán a la ciudad. Ya hablaremos cuando vuelvas"

"¿No vais a venir vosotros?", preguntó Nadya a media voz

"No", respondió Leo con sequedad, antes de salir como un rayo por la puerta.

Nadya se volvió hacia mi, dispuesta a hablar, a disculparse o tal vez a protestar, pero yo la interrumpí con un gesto. No pienso decir ni escuchar una sola palabra más hasta que no me serene. Esa ha sido la idea de Leo al ir a buscar a las compañeras de Lisías y yo la apruebo sin reservas. Si dejo que Nadya hable ahora y nos tranquilice, la próxima vez que quiera hacer una locura, ya se le habrá olvidado esta discusión. De este modo, recordará lo mucho que nos ha enfurecido. Veo en su mente que está aterrorizada por nuestra reacción, por no poder seguir con el tema hasta que nos serenemos y acabemos por estrecharla entre nuestros brazos como suele suceder, y me duele el daño que le estoy haciendo, pero es lo mejor para ella. Leo no tardó ni un minuto en volver con Shannen y Alejandra. Sin decir ni una palabra, me reuní con mi hermano en la puerta, mientras ellas se acercaban a Nadya. Ella nos dedicó una mirada tan entristecida que a punto estuve de rendirme. Sin embargo, me limité a pronunciar un brusco "te veremos luego", antes de salir con Leo en dirección a la mansión. Caminamos en silencio a través del jardín, sin volvernos al oír como salían las mujeres. Casi pude sentir los ojos de Nadya clavados en nosotros, pero ni siquiera intenté buscar en su mente. Hubiera percibido mi intromisión y prefería que pensara que estaba demasiado furioso para concentrarme en ella. Entramos en la casa y nos dirigimos al salón. Esperaba que nos encontráramos a Lisías. Si pudiera pensar en otra cosa que no fuera la discusión con Nadya me sentiría mucho mejor. Por no hablar de Leo. Ni me planteo leer sus pensamientos. El olor de su rabia ya resulta bastante malo. Saber lo que piensa no haría otra cosa que empeorar mi propia furia. Me dejé caer en uno de los sofás junto al fuego, y Leo hizo lo mismo en el otro. No llevaba ni dos segundos sentado, cuando se levantó y paseó hasta la chimenea. Poco después, volvió a sentarse. Segundos más tarde se incorporaba de nuevo, esta vez para acercarse a mirar a través del amplio ventanal.

"Haz el favor de serenarte, Leo. Me estas poniendo más nervioso de lo que ya estoy", pedí

"Lo siento", se excusó, mientras volvía a sentarse frente a mí. Inspiró profundamente un par de veces. Una forma de calmarse inútil pero inevitable, heredada de nuestro pasado como humanos. Olfateó un instante. "Ahí viene Lisías. Me pregunto si tendrá algo para romper en caso de emergencia"

"No. Pero disponemos de un gimnasio bastante completo, si tanto necesitas gastar un poco de adrenalina", respondió éste desde la puerta. Nos miró un instante, estudiando nuestras emociones, y se aproximó para reunirse con nosotros junto al fuego con expresión inquisitiva. "He oído como venías buscando a mis compañeras, Leonardo. Y luego he oído salir el coche de Alejandra. ¿Vais a explicarme que sucede?"

"Sólo otro episodio más de la irrefrenable inconsciencia de Nadya", gruñí.

No siento ningún deseo de recordar nuestra discusión, pero Lisías no parece satisfecho con esa simple explicación. Nos mira fijamente, esperando más aclaraciones.

"Pretendía marchar sola a la ciudad, sin decirle nada a nadie, para comprobar sus malditas visiones. Estaba tan furioso que preferí que tus mujeres se la llevaran", masculló Leo

"Entiendo. Por una vez habéis decidido actuar con sensatez y no dejaros convencer por su sorprendente llanto. Está bien. Si alguien necesita asustarse, sin duda esa es Nadezhda", aprobó Lisías.

Leo volvió a levantarse una vez más. Parece incapaz de controlar sus mal templados nervios. Yo ya estoy un poco más sereno, y me animé al fin a buscar en sus pensamientos. Se siente culpable por el dolor que ha visto en los ojos de Nadya antes de marcharnos, y responde a ese sentimiento poco habitual con la única sensación confortable que puede invocar: la ira. Mis sentimientos son parecidos a los suyos. Nadya teme perdernos más que cualquier otra cosa, y nuestra inusual reacción ha despertado de nuevo ese temor en ella. Desde luego, no tiene de que preocuparse, pero nuestra compañera es demasiado insegura para comprenderlo.

"Era la única forma de asustarla lo suficiente, Leo", confirmé, intentando serenarlo.

"Lo sé", gruñó.

"¿Y si lo sabes, porque no dejas de pasearte como un león enjaulado?", replicó Lisías. "No debes sentirte culpable. Se le pasará pronto, créeme. Mis compañeras la tranquilizarán"

"¿Y quién diablos va a tranquilizarme a mí?", gruñó. "Cada vez que creo que se da cuenta de las cosas, me sorprende de nuevo con su condenada inconsciencia. Es la criatura más irreflexiva que he visto jamás, maldita sea"

"Casi tanto como tú", replicó Lisías riendo entre dientes.

Yo mismo no pude reprimir una sonrisa a pesar de mi apagado estado de ánimo. Leo es el menos indicado para quejarse por la irreflexión de Nadya. Mi hermano es el ser más indisciplinado e instintivo del universo. Nos miró con furia un instante, pero finalmente sacudió la cabeza, sonriendo amargamente. Se sentó junto a nosotros, más sereno.

"Bueno. Supongo que si yo sobreviví, con más motivo podrá conseguirlo ella, que nos tiene a nosotros para detenerla en sus locuras", comentó, más para tranquilizarse a sí mismo que para compartir sus pensamientos.

Un estruendoso chirrido de frenos llegó a nuestros oídos. Sonreí, mientras mi humor mejoraba por momentos. Ahmed ha llegado con mi coche. Nos apresuramos a la entrada para recibirlo. Abrimos la puerta en el momento en que palmeaba el motor con expresión satisfecha. Se volvió hacia nosotros y me lanzó las llaves con un rápido gesto.

"Magnifica máquina, Aleksei", exclamó risueño.

"Y la has exprimido al máximo, por lo que veo", repliqué, mientras mis ojos volaban sobre las marcas de derrapaje que había dejado en el camino.

Se rió entre dientes, aproximándose a nosotros. Miró a su alrededor, y olfateó el aire con avidez, antes de mirar a Lisías.

"¿No está Shannen?", preguntó con un leve punto de irritación en su voz.

"Me temo que es culpa nuestra, Ahmed. Un pequeño problema con nuestra mujer", se adelantó Leo

Ahmed lo miró un instante, antes de estallar en estentóreas carcajadas.

"Mujeres. Esos son los problemas que más me gustan", rió.

"Este no te gustaría, créeme", mascullé.

Recordar la discusión con Nadya había empeorado de nuevo mi humor. Ahmed me observó con la curiosidad pintada en su rostro franco y sonriente. Siempre me ha agradado ese hombre. Grande como una montaña, siempre parece estar de un humor excelente. Ríe continuamente, con sonoras carcajadas que parecen hacer temblar la tierra. Se asemeja a un enorme oso gris, bonachón y alocado. Pero si bien es cierto que las apariencias siempre engañan, en el caso de Ahmed, mienten con descaro. Es inteligente y calculador, frío como el hielo cuando se enfurece, un luchador eficaz y un competente negociador. Mientras divierte a todos con sus historias y sus risas, sus ojos color miel captan hasta el alma de sus interlocutores, que bajan sus defensas al creer que se encuentran ante un inocente payaso. Sentí como clavaba esos ojos en mí, antes de volver a hablar con su atronador vozarrón.

"Vayamos dentro. Desespero por sentarme un rato junto al fuego. ¿Dónde diablos están mis hermanos? ¿Es qué han perdido el oído por completo?", preguntó mientras entraba a grandes zancadas en la casa.

La voz de Plauto nos llegó desde el salón.

"No tanto como tú has perdido el olfato, estúpido oso parlanchín", replicó

Ahmed volvió a reírse con fuerza, aceptando de buen grado la broma de sus hermanos, mientras entrábamos en el salón. Plauto y Aníbal ya estaban cómodamente instalados, esperando con tranquilidad a que nos reuniéramos con ellos. Me acomodé en un sofá junto a Lisías, con Plauto y Aníbal frente a nosotros. Ahmed se dejó caer en el suelo junto al fuego, gruñendo de satisfacción al recibir el calor en su espalda, mientras Leo acercaba una silla y la volteaba para sentarse a horcajadas en ella, con las manos apoyadas en el respaldo. Lisías miró a su hermano y al mío con desaprobación.

"Parece que siempre hay un miembro en todas las familias que ignora la forma correcta de sentarse", comentó.

"Ya he tenido está discusión no hace mucho, Lisías. Y te garantizo que no voy a otorgarte el mismo tratamiento que a la dama que recriminó mi postura", rió Leo

"Sé lo que vendrá a continuación, Leonardo, y créeme si te digo que no tengo el más mínimo interés en conocer los detalles"

"Tú te lo pierdes", replicó Leo con un sonriente encogimiento de hombros. "Podías haber aprendido algo de utilidad"

Ahmed volvió a reírse con fuerza.

"Veo que el León sigue siendo el mismo a pesar de haber sentado cabeza. Apenas puedo esperar para conocer a vuestra compañera. Debe ser una dama excepcional"

"Excepcional, si", gruñí. "Como mi hermano dijo en una ocasión, excepcionalmente testaruda, inconsciente, cabezota..."

"Imagino que ese comentario tendrá alguna relación con el hecho de que ninguna de nuestras compañeras estén en casa", comentó Aníbal con expresión inquisitiva.

Leo y yo nos limitamos a responder con un gruñido. Lisías rió entre dientes.

"Nadezhda no es muy consciente de los peligros del mundo", sonrió.

Sus hermanos parecían dispuestos a pedir más aclaraciones, cuando oímos con claridad como unos pasos se acercaban a la puerta. El olor que los acompañaba no me resultaba en absoluto familiar. Era un aroma difícil de definir, similar al de las uvas, pero con un trasfondo diferente, salado. Al percibirlo no tuve ninguna duda de que el hombre al que pertenecía no se tomaba su dieta animal muy en serio. Eso no me gustó nada. Odio a los que no se definen. O estás en un lado, o estás en el otro, pero no me gustan las medias tintas. Lisías susurró un suave "pasa, por favor", tras lo cual un hombre de corto cabello oscuro entró en la habitación. Se acercó a nosotros, llevando en las manos un denso rollo de papeles.

"Armand, creo que no conoces a Aleksei y Leonardo", presentó Lisías.

Reconocí el nombre de inmediato, y le lancé una rápida mirada de advertencia a mi hermano. Este me devolvió una mueca molesta, antes de volverse hacia el hombre con un brillo peligroso en su mirada.

"He oído hablar de ellos, por supuesto. Es un placer conoceros", saludó, con un acento francés casi imperceptible.

Correspondimos con un gesto, y él se volvió hacia Aníbal, mientras yo hacía un decidido esfuerzo por no tantear su mente. Aunque la ira ya me ha abandonado casi por completo, mi estado de ánimo dista mucho de ser tranquilo. Si veo el más pequeño recuerdo de su encuentro con Nadya y me gusta tan poco como preveo que me iba a gustar, no respondo de mi genio. Y mucho menos del de Leo.

"Lamento interrumpir vuestra reunión, pero tengo lo que me pediste sobre Chernobil", estaba explicándole a Aníbal. Este tendió la mano para recibir el rollo de papeles, y les dio un rápido vistazo.

"Parece que los ánimos se están calmando un poco. Tal como esperábamos, los Chechenos se han llevado toda la culpa. Los hombres de Zedong han preparado bien el escenario", comentó para todos, mientras pasaba las páginas con rapidez. "¿Son fuentes fidedignas?", preguntó. Armand rió con suavidad.

"Todo lo fidedigna que puede ser la inteligencia soviética. Lo he sacado de sus propios archivos", rió. "Un poco más adelante encontrarás la versión de otras agencias. CIA, MIT, Mossad... Todos parecen coincidir sin reservas, y salvo los soviéticos, todos han dejado de investigar. Extraoficialmente, por supuesto. Oficialmente todos se ofrecen a colaborar", concluyó divertido.

"¿Y los cazadores?", preguntó Plauto.

"Eso ha sido más complicado. Son mucho más paranoicos que los gobiernos, no es tan sencillo encontrar el modo de husmear en sus comunicaciones. Me ha llevado una eternidad encontrar algo útil. Sospechan que fuimos nosotros, pero no han podido conseguir los permisos para Chernobil, ni mucho menos rastrear a los bebedores que se dispersaron en Irkutsk. Lo cual es lógico. Nos costó a nosotros, así que no puedo imaginar lo que será para una panda de ineptos como ellos", terminó, con una mueca de desprecio

Lisías esbozó un gesto de satisfacción.

"Perfecto. Si conozco un poco a esas ratas, no tardarán en cansarse, y volver a los objetivos fáciles de costumbre", sonrió Lisías. "Gracias, Armand, buen trabajo. Pero no te quedes ahí de pie. Siéntate con nosotros, por favor, no se trataba de una reunión formal"

Armand acercó una silla y tomó asiento junto a Leo, quien disimuló su gesto de desagrado escondiendo la cabeza entre los brazos que cruzaba sobre el respaldo. Después de que Armand tomara asiento, Lisías continúo hablando.

"Algún día tendré que aprender como funcionan esas malditas máquinas tuyas. Empiezo a convencerme de que son de gran utilidad. Si no recuerdo mal, Nadezhda es una experta en el tema, ¿no es así?" preguntó en mi dirección.

Asentí, intentando no reaccionar a la mirada interesada de Armand. Pero empiezo a enfurecerme, y eso sin leer sus pensamientos. Mi hermano no está mucho mejor. Parece estar usando hasta la última gota de su escaso autocontrol para no saltar de la silla y abalanzarse sobre el francés.

"Ella ya se dedicaba a eso cuando era humana. Y era muy buena. Ahora, como podrás suponer, es mil veces mejor", respondí

Lisías percibió nuestros sentimientos y debió sospechar algo acerca de la causa de nuestro evidente estado de ánimo, ya que se apresuró a dirigirse a Armand.

"Nadezhda es la compañera de Aleksei y Leonardo. No sé si te la han presentado ya", explicó

Armand respingó un segundo, pero se repuso de inmediato.

"¿La joven del cabello azul es vuestra compañera?", preguntó. "Me la presentó Shannen ayer, pero no recuerdo que dijera nada al respecto"

Fui incapaz de controlar ni un segundo más la necesidad de buscar en su mente. Lo que vi me hizo levantarme de mi asiento como un muelle. Leo me imitó sin dudarlo, dejando caer la silla al suelo con un fuerte golpe.

"Si te vuelves a acercar a ella, eres hombre muerto", rugí.

Lisías se deslizó entre Leo y yo, serenándonos con su poder.

"Creo que les debes una disculpa, Armand", ordenó.

Armand parecía confuso, y nada dispuesto a disculparse por una falta que no creía haber cometido.

"Aleksei es un lector", aclaró Plauto

La cara de Armand pasó de la sorpresa al terror en un instante. Una rápida sucesión de disculpas escapó de sus labios, pero su mente me decía algo bien distinto. Si no hubiera sido por el toque tranquilizador de Lisías, le habría arrancado la cabeza. Cuando estuve a punto de saltar sobre Leo por pensar algo similar de Nadya la primera vez que nos vimos, éste se apresuró a disculparse con sinceridad, en absoluto movido por el miedo. Era consciente de haberme ofendido, y reparó su falta de inmediato, reconociendo su culpa, y lamentando su error. Pero, al contrario que mi hermano, Armand se disculpaba sólo por evitar la pelea. No está ni mínimamente arrepentido, y esa falta de respeto me enfurece aún más. Por el bien de todos, decidí aceptar sus disculpas, aunque me prometí tener un ojo encima de ese repugnante francés durante todo el tiempo que permaneciéramos bajo la hospitalidad de Lisías y sus hermanos.

Noté la mano de Lisías en mi hombro, incitándome a tomar asiento de nuevo. Me dejé guiar a regañadientes. Mi hermano recogió la silla del suelo con deliberada lentitud, sin apartar la vista de Armand ni por un instante mientras volvía a sentarse a horcajadas en ella. El francés le mantuvo la mirada el tiempo suficiente para salvaguardar su orgullo, tras lo cual murmuró una apresurada excusa y salió de la habitación con un poco convincente aire de dignidad. Los ennegrecidos ojos de Leo permanecieron clavados en él como dos puñales hasta que desapareció tras la puerta. Si Lisías no lo hubiera serenado, no creo que ni yo mismo pudiera frenarlo.

"Lamento el incidente, amigos. Me siento responsable, ya que yo fui el que insistió en aceptar a Armand en nuestra familia. Discutimos mucho acerca eso. Apenas hace unos veinte años que fue transformado, y como luchador es a duras penas competente. Sin embargo, llevábamos tiempo necesitando a alguien con sus habilidades con las nuevas tecnologías, y eso me movió a apoyarlo. Pero su descontrolada pasión por las mujeres ya nos ha traído más de un problema", se excusó Aníbal.

Es evidente que, al igual que yo, ha percibido lo poco sinceras que fueron las disculpas de Armand, e intenta hacernos saber que no aprueba en absoluto su actitud.

"No te disculpes, Aníbal. La culpa es sólo mía. No debí leer sus pensamientos, ya sabía que no iban a gustarme", me disculpé

Antes de que pudieran pedir una explicación sobre mi comentario, Leo dejó escapar un breve gruñido.

"Estuvo coqueteando con Nadya cuando Shannen se lo presentó", masculló. "¿Podemos dejar el tema, por favor? Ya he puesto demasiado a prueba mis nervios por un solo día"

Los hermanos cruzaron entre ellos una rápida mirada de entendimiento, que me confirmó la veracidad de las palabras de Aníbal. No es la primera vez que pasan por algo así con Armand. Antes de que Leo se enfureciera más, me apresuré a iniciar un nuevo tema de conversación.

"Lisías, queríamos pedirte los planos de la casa de Canadá. Nos gustaría empezar a prepararlo todo para que esté listo cuando decidamos trasladarnos", pedí.

"Muy razonable. Se los pediré a Alejandra en cuanto regrese, es ella quien se encarga de archivar y mantener al día todos nuestros documentos. Yo soy un desastre con el papeleo humano. Antes de conocerla, pagaba una fortuna para que docenas de agentes mortales hicieran la mitad de trabajo que ella en el triple de tiempo"

"De todos modos, la casa está completamente amueblada y acondicionada. Algunos de los nuestros se encargaron de eso cuando estuvieron investigando las actividades de las familias en el Nuevo Continente. Si no recuerdo mal, incluso mandaron construir un par de edificaciones anexas para las visitas. Pero por supuesto, podéis variar lo que consideréis necesario, la casa es vuestra con todo lo que contiene. O lo será en cuanto Alejandra termine con las escrituras" comentó Plauto, con una mirada divertida a Lisías.

Antes de que pudiera agradecérselo, Ahmed se puso en pie de un salto, olfateando el aire. Sin decir palabra, salió como un rayo por la puerta. Sus tres hermanos rieron con suavidad, mientras Leo y yo los mirábamos con desconcierto.

"Shannen llegará en unos minutos. Mi hermano es capaz de olerla a leguas de distancia. No tengo ni la más remota idea de como lo hace", rió Lisías. Olfateé discretamente, buscando el rastro de Shannen o el más familiar de Nadya, pero no capté nada ni parecido.

"Ni lo intentes", aconsejó Plauto sonriente "Te garantizo que aún tardarás un par de minutos en empezar a captar un ligero rastro. Y eso si tienes un olfato excepcional"

"Diablos. Su olfato es incluso mejor que mi vista", exclamó Leo, clavando sus ojos en el ventanal, en un frustrado intento por ver como se acercaban las mujeres.

"En absoluto. Sólo puede hacerlo con ella. No hace falta que os aclare el motivo", rió malévolamente Aníbal.

En otro momento, no tengo la menor duda de que una ingente cantidad de comentarios obscenos hubieran escapado de la boca de mi hermano ante la extraña capacidad de Ahmed, pero ahora está demasiado concentrado pensando que Nadya no tardará en volver. Se debate entre correr a buscarla o mantener su enfado, y yo mismo no sé que respuesta ofrecer a sus dudas. Lisías nos estudió un instante, y su sorprendente intuición no tardó en darse cuenta del motivo de nuestro silencio.

"Esperad a ver que tienen que decir mis compañeras. Si las conozco bien, una de ellas se adelantará para poneros al tanto de lo que ha sucedido con Nadezhda. Si yo fuera vosotros esperaría hasta entonces para tomar una decisión sobre como comportarme", sugirió.

Como para darle la razón, no tardamos en escuchar la estentórea risa de Ahmed en la distancia, y las suaves carcajadas de Shannen. No tardaron en entrar en el salón, tomados del brazo, sonrientes. Shannen nos dirigió una mirada compasiva antes de sentarse entre Plauto y Aníbal.

"Alejandra la entretendrá unos minutos más, pero no tenemos mucho tiempo. Antes de nada, dejadme que os diga que dudo mucho que Nadya vuelva a plantearse ir sola a ningún sitio sin al menos decíroslo. Nos ha costado una eternidad serenarla. Estaba tan atemorizada que ha tenido otra visión".

No quisimos escuchar nada más. Antes de que nadie pudiera detenernos, Leo y yo salimos a toda velocidad de la casa en busca de Nadya.