Introspección: Un plan estratégico de publicidad y una mentira conectan a un político corrupto y a una socialité caprichosa.

Sumary: ¿Qué se necesita para llegar al cielo? Una escalera. Un trato entre el sol y la luna. Una mentira.

Disclaimer: Bleach y todos sus personajes pertenecen a Kubo Tite. No busco lucro ni nada por el estilo.

Notas:

El texto en itálica (cursiva) es para hechos pasados, flashback.

No generalizo a los políticos, quiero pensar que hay sus excepciones.


Respondí comentarios así muy rapidos y disculpenme, paso a agradecerles como siempre y en general.

nanda18, Anita509, Sakura-chan, Magenta07, chappyxrukia, Tenshi kuchika-chan, Kuchiki Rukia 7, itziarxknup, Hikari Evans, metitus, ichiruki-fan, yoxxa, Eva Vidal, chofisima, Alexis, Chibbiruchi, Mei Fanel, tokiro-goi, Koriitah, STIFF, rinxxav, Uchiha Katze, Death God Raven y a todos aquellos y aquellas que han estado siguiendo esta historia y les gusta hasta el momento.

Hola, hola una mega disculpa por tardar en actualizar 2 semanas, estoy muy bien sólo que tuve una semana muy pesada donde todo se juntó afortunadamente salí bien librada y tuve que aprovechar para festejar con el Jack Daniel's xD. Obviamente quise recompensar la demora y el capítulo es algo largo a comparación con los demás.

Espero les guste tanto como a mi me gustó escribirlo, les agradezco de antemano su lectura, sus comentarios y su apoyo.

Que lo disfruten.


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"Aquellos con los que juega nunca sospechan. Él no juega por el dinero que gana. Él no juega por el respeto. Él reparte las cartas para encontrar la respuesta. La geometría sagrada de la oportunidad" – Shape of my heart *Sting*

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Capítulo IX

"Respuestas"

Estaba nerviosa, no debería estarlo pero le preocupaba en demasía la opinión que fuese a tener la familia del pelinaranja sobre su persona, quería darles una buena impresión y agradarles, no debía tomarle tanta importancia al asunto pero realmente anhelaba que todo resultara bien, Ichigo había tenido gran parte de la culpa para que se hicieran más cercanos, él y sus inusuales formas de expresarle sus sentimientos, y no era inmune a nada. Él ya le había llegado directo al corazón de una manera tan poco convencional, lo quería y era verdad que quería permanecer a su lado por eso le preocupaba, esperaba y quería que le saliera bien con Ichigo.

—Ya llegamos— Escuchó la voz del ojimiel mientras este trataban de aparcar el auto.

Rukia se sobresaltó, sin poder evitarlo, pasó su mirada hacia el exterior, observó una pequeña casa, de dos plantas, pintada en colores claros, se podía evidenciar en su sencilla fachada que era un sitio apacible. No podía esperar a saber que lo que la esperaba dentro de esos muros.

Ichigo no le dio más por desbordar e ir a abrir la puerta de su acompañante, la morena tomó su bolso y salió del vehículo. El pelinaranja puso alarma a su queridísimo carro, y después se encaminó junto con la morena por el camino de loseta que les llevaría hasta la puerta principal.

El ojimiel tomó la perilla pero antes de girarla, miró a la morena y quiso advertirle.

—No sé si lo que hay detrás de ésta puerta te vaya a agradar, así que aún estas a tiempo…— Le hizo saber el mayor, y no se lo decía por quererla fastidiar o porque no quisiera que conociera a sus parientes, sólo que su padre era un sujeto muy especial, extravagante, escandaloso, se podía decir que era la antítesis del hermano de Rukia.

La morena echó una pequeña risa y le sonrió, le resultaba curiosa la advertencia, y es que la imagen que tenía del cabecilla de la familia era de un hombre muy serio, como Ichigo, su misma viva imagen sólo que con 20 años o más.

—No pasa nada. Estará todo bien— Le profirió llena de seguridad, dejando al ojimiel preguntándose de donde carajos ella sacaba esa certidumbre de que las cosas estarían bien.

—Como gustes— Dijo a penas y soltó un hondo suspiro, ahí iba otra vez…

Abrió la puerta y como era de esperarse le recibió un aturdidor grito.

— ¡¡Ichigo!! —

Y aunado a ese grito apareció un gran puño que llevaba la intención de incrustarse en su rostro, pero el ojimiel a sabiendas de su compañera se encargó de detener el presunto golpe de bienvenida al sostener el brazo de su padre. Ya había recibido muchísimos moquetazos de gente ajena y no necesitaba uno de su padre en esos instantes.

—Papá… en serio… tengo compañía— Pidió fastidiado mientras le soltaba del agarre, el Kurosaki mayor dejó pasar la situación violenta para dirigir su mirada y su presencia a la joven y guapa muchacha que acompañaba a Ichigo.

Rukia miró asombrada al caballero, dándose cuenta de que estaba terriblemente equivocada, el padre de Ichigo no se parecía en nada a él, era completamente lo opuesto, desde el color de cabello hasta la personalidad, aunque si había detectado el punto en el que se identificaban: actitudes violentas, la cual Ichigo había ejercido con suma maestría ayer en la comida de su partido.

—Mucho gusto Señor Kurosaki, mi nombre es Kuchiki Rukia— Profirió la morena con una ligera sonrisa y haciendo una discreta reverencia al anfitrión.

--El gusto es mío— Fue lo que pudo decir el mayor al ver a la acompañante de su hijo, y ella realmente le había impactado de alguna forma pero antes de hacer más juicios, prefirió degradar a su primogénito, como siempre solía hacerlo.

—Ichigo nunca fue popular con las mujeres, pero de las pocas novias que logró tener, sin dudas todas eran muy guapas y no lo entiendo, si mi hijo es un completo idiota, ¿Qué encanto podría tener?, nada más míralo… es un desastre— Le hizo saber Isshin a la morena, quien con expresión burlona mirada al ojimiel, conteniéndose a reír o echarle en cara su opinión.

Siempre era lo mismo, su padre siempre se encargaba de hacerlo quedar mal ante la gente, que bueno que no era el que manejaba las relaciones públicas en su campaña porque en vez de ayudarle le destruiría.

— Pero que… ¡¿Qué carajos te ha pasado en el rostro?! — Soltó en gritos Isshin señalando al ojimiel con su dedo inquisidor, dándose cuenta de lo vapuleado que estaba, con dos que tres curitas en su rostro — ¡Si de por si no eres nada agraciado y mírate! —

Ichigo lo miró fastidiado, como siempre insinuando su carencia de beldad.

—Una pequeña riña, nada más— Le soltó en respuesta restándole importancia al drama.

—Tuvo una altercado con los miembros de su partido— Se escuchó una voz llena de seriedad y hasta cierto punto inapetencia, para cuando ladearon el rostro para buscar a la dueña de esa voz, la muchacha fue hasta la puerta y la cerró, uniéndose a la plática —Hola— acotó Karin al ver a la morena. Rukia hizo una ligera reverencia a cambio.

— ¡¿Y tú como sabes eso?! — Soltó la pregunta el mayor, mostrándose sorprendido, como es que él siendo el líder de familia no se enteraba de esas cosas, de lo que sus hijos hacían y dejaban de hacer.

—A estado saliendo en las noticias desde ayer por la noche…— Contestó con cierta indiferencia, como si le importara poco, pero en realidad le daba cierta vergüenza que su hermano fuese reconocido por sus escándalos con los de su partido.

—Esos bastardos… siempre se meten en todo— Se quejó el ojimiel al enterarse de que el altercado de ayer ya era nota roja en todos los noticieros del país e inclusive hasta a nivel mundial, lo peor del asunto es que por haberse agarrado a golpes con el Dirigente Nacional y no haber logrado contener su ira ya se había pintado mala fama y que probablemente eso influiría en la decisión de los votantes si es que Oomaeda no oficializaba su destitución en día próximos.

— ¡Y tú que no te sabes comportar, eres una imagen pública… eso no es lo que yo te he enseñado! — Le espetó Isshin sintiendo ofendido por la conducta pública de su hijo mayor, ¿Qué quería?, ¿Ponerlo en vergüenza?, ¿Qué lo tacharan de incapaz para educar a sus hijos?

— ¡¿Qué querías que hiciera? ¿Dejar que el pendejo de Oomaeda la llamara zorra todo lo que quisiera?— Le respondió vociferando, volviendo a perder los cabales, ni de loco iba a permitir que el bastardo de Oomaeda insultara de esa manera a la morena.

—Es bueno saber que ahora golpeas gente con un propósito: defender a tu… bueno… lo que Rukia-chan sea de ti— Comentó Karin, dudando de cómo definir a la morena y es que en verdad no sabía que lugar ocupada la ojiazul-violáceo en el de por sí frío y nada amistoso corazón de su hermano mayor.

Rukia a penas y sonrió pero tuvo que pasar su mirada al pelinaranja, lo cual le hizo preguntarse muchas cosas y demasiadas dudas salieron a flote, si Ichigo ya le había expresado y demostrado su interés, así como el cariño aunque de forma poco convencional, si prácticamente ya estaba conviviendo con la familia y ese hecho por tradición significaba que el asunto iba más en serio, bueno, no es que estuviese ansiosa o algo así, sólo que le causaba mucha curiosidad, ¿acaso el ojimiel se estaba echando para atrás?

—Ichi-ni… disculpa que no haya venido a saludarte desde que llegaste pero estaba ocupada en la cocina— Yuzu surgió de entre los pasillos, yendo con actitud cariñosa a saludar a su hermano.

—Se supone que la cena la debías preparar tú, ya que fue tú idea— Se quejó Ichigo mirando molesto a su padre, vaya pedazo de aprovechado, ni con sus propias hijas tenía clemencia.

—No te preocupes, está bien así— Yuzu defendió con cierta ternura a su padre, después de todo no le molestaba cocinar y poner la mesa, lo hacía con todo gusto, para su familia.

—Por cierto, no las he presentado…— El ojimiel se llevó la mano a la cabeza al recordar que la faltante en conocer a Rukia era la castaña ceniza, así que se encargó de ello —Ella es Rukia… mi… bueno…— Tartamudeó al no saber con que adjetivo presentarla ante su propia familia y Yuzu notando el problema en el que se acababa de meter su hermano se adelantó.

—Soy Yuzu, un placer conocerte— Reverenció a la morena, quien al instante hizo lo mismo añadiendo palabras.

—No, el gusto es mío…—

Yuzu sonrió, Rukia le parecía una muchacha muy bonita pero le sorprendía que fuese tan joven, seguro eran casi de la edad.

—Ahhh yo aún no he tenido la dicha de conocer a la invitada…— Una voz más se unió a la plática, para desgracia de Ichigo se trataba del extranjero esposo de Yuzu, el insoportable de Marco.

—Pues a Rukia no le interesa conocerte, ahora que lo sabes ya te puedes ir a la mierda— Le escupió las palabras en desaprobación al verlo venir, impidiéndole el paso para acercarse a la ojiazul-violáceo.

—No estorbes…— Marco se las arregló para llegar hasta donde Rukia y amablemente se presentó —Mucho gusto señorita, me llamo Marco Muccino, italiano y esposo de Yuzu— Le hizo saber con un acento bastante curioso para la morena, quien no pudo evitar sonreír y después hacer una ligera reverencia más.

—Mejor vayamos a cenar que me muero de hambre— Puso Ichigo de pretexto, un pretexto que sirvió para romper el hielo y así todos los presentes finalmente a dar inicio al propósito principal de la reunión.

Los seis fueron directo al comedor y tomaron asiento en torno a la cuadrada mesa, en la superficie de la misma yacía repleta de los respectivos cubiertos y trastos para cada quien, así mismo de dos platillos distintos del cual eran libres de poder elegir cual probar. Hubo vino para quien gustara de su sabor y hubo soda para quien la prefiriera.

La mayoría se fue por el Fettuccine cortesía del único extranjero presente, todos menos el ojimiel, quien optó por el onigiri que su propia hermana había elaborado, antes muerto que comer la mugre comida extraña de la persona que más odiaba, su propio cuñado.

—La pasta es muy buena…— Soltó el comentario el propio padre y cabecilla de la familia, esa comida italiana era un exquisito platillo.

—Gracias, este tipo de pasta es muy popular en Roma… deberían probar los rissotos, el capelli d'angelo…— Comentaba con orgullo el italiano con su típico acento, mientras la mayoría ponía atención a sus palabras, aunque claro, él único con cara larga y de pocos amigos era para variar Ichigo, a quien las palabras de su cuñado le entraban por una oreja y le salían por la otra, a la mierda su comida.

—Ichigo quita esa cara… pareciera que…— Le pidió Karin con una ceja en alto al notarlo bastante apático al relato de Marco.

—No tengo otra cara, además como esperas que esté feliz de la vida si el pendejo este habla y habla de cosas que a nadie le interesan, la cocina italiana es una mierda…— Se quejó al instante señalando al extranjero hombre con los palillos, atacándole verbalmente no sólo su comida, también toda su cultura de la cual estaba orgulloso.

—Siempre es lo mismo contigo, no puedo decir algo porque te estás quejando, ahora entiendo porque siempre te rompen tu madre en el Congreso— Marco trató de calmarse y no aventársele a los golpes, pero sus palabras casi siempre dañaban más por el veneno que les inyectaba.

— ¡¡Nadie te pidió tu opinión pedazo de animal!! — A Ichigo siempre le costó trabajo contenerse y nunca lo había logrado, para variar se levantó de la mesa y acusó a gritos con palillos en mano a espera de que el bastardo dijera algo y ayudarse de ese instrumento alimenticio para hacerle daño.

— ¡¡Mira quien lo dice, tú empezaste a tirarle mierda a mi comida y a mi cultura!! — El extranjero también se exaltó, su paciencia era bastante limitada. Se apoderó el tenedor que usaba para enrollar la pasta, dispuesto a usarlo si era necesario.

Rukia miró azorada la actitud de ese par, del pelinaranja no le sorprendía, ya era común, incluso sentía que si las cosas no se calmaban un poco vería la segunda parte del altercado del que ayer también fue fiel testigo.

— ¡Tenemos una visita, ¿al menos pueden comportarse como deben ante Rukia-chan?! — Pidió de la mejor manera posible Isshin, y al instante y por respeto a la invitada volvieron a tomar asiento a sus lugares sin mirarse ni dirigirse la palabra.

— Bueno, tú que eres la invitada… ¿Qué te pareció mi pasta? — Inquirió el italiano con una amplia sonrisa dirigiéndose a la ojiazul-violáceo, sin poder evitar mostrarse perspicaz al hacerle la pregunta.

Ichigo sabía que lo había hecho con toda la intención de querer joderle la existencia, seguro su respuesta la usaría en su contra.

—A decir verdad es muy buena… hace 1 año visité Milán y Torino, probé las pastas pero la que elaboraste me ha gustado más— Rukia compartió parte de su experiencia en visitar esa ciudades de uno de los países del viejo continente, sonrió sincera aunque su respuesta no fue muy bien recibida por Ichigo.

— ¿Cómo pudo haberte agradado esa porquería?. No tienes sentido del gusto — Le reprochó con expresión de asco, pero Rukia no era persona que se dejara, así que discreta le pisó el pié con su tacón por debajo de la mesa.

— ¡¡Con una mierda!! ¡¡¿Porqué me has pisado?!! — Gritó, asustando a quienes no esperaban su exclamación. Mirando furioso a la morena que se encontraba a su lado, esperando una explicación, pero ella se mantuvo tranquila, como si nada pasara.

—No sé de qué me estas hablando…— Con descaro se lo dijo, poniendo la cara de inocente, haciéndolo quedar como idiota. Ichigo no tuvo más que refunfuñar a voz baja, pero ya llegaría el momento de hacérselo pagar.

— Oye Rukia y si no es mucha indiscreción, ¿a qué te dedicas? — Preguntó Isshin, quería saber un poco más de ella.

—Estudio Información Global y Estudios de Telecomunicación en la Universidad de Waseda, estoy a un semestre de terminar— Contestó muy orgullosa la ojiazul-violáceo.

—Y como fue que conociste al tarado de mi hijo…— Volvió a preguntar Isshin, bastante interesado por conocer algunos detalles, para Ichigo eso fue complicar más el asunto, como siempre su padre metiendo su cucharota donde no debía.

Rukia echó una mirada al pelinaranja, y notando que el muchacho aguardaba su respuesta con ceja en alto no tuvo más opción que decir tal y como fueron las cosas.

—De hecho fue algo muy casual, hace 3 años en unas de esas cenas que hacen los partidos, invitaron a mi familia y ahí lo encontré— Lo contó tal y como fueron las cosas en un principio, claro sin tantos detalles delatores.

— ¿Y porqué hasta ahora decidieron salir? — Preguntó Isshin con muchas dudas, no entendía muy bien como después de 3 años al final consideraron salir, era curioso.

La morena miró de reojo al ojimiel, esa pregunta no la podía contestar, el que había tomado la iniciativa había sido él, no su persona.

—Pasó nada más así… al principio no quería pero después cambió de opinión— Ichigo no iba a decirle ni a su propia familia la mala treta que lo había llevado a buscar a la morena, así que soltó lo primero que se le ocurrió.

—Menos mal…— Acotó Isshin un tanto más convencido y se abstuvo a seguir haciendo preguntas incómodas.

Después de eso, la cena continuó con un moderado ritmo, de momento a otro aparecía un descontento entre aquellos dos que no se llevaban bien, pero regresaba el ambiente a la normalidad por petición de Yuzu o de Isshin.

Al finalizar la dichosa cena, los anfitriones se encargaron de levantar los cubiertos y trastos para ponerlos al fregadero.

Independientemente de algunos altercados entre el cuñado e Ichigo, a la morena hasta el momento le había agradado el ambiente y el trato dado por los familiares, no se sentía extraña, se sentía como un miembro más aunque no lo era. Estaba más tranquila consigo misma, aparentemente había dado buena impresión y eso le hacía sonreír, sin embargo tenía ese injustificado temor a de que aquel hombre que tanto le había insistido en que salieran pronto se cansara de su persona y terminara zanjando su relación a penas amistosa con diminutas pizcas de romántica. El conocer más sobre su vida le había hecho asumir que era de lo más interesante y que ese arisco y ceñudo pelinaranja que aparece en los medios masivos no es más que una fracción de su persona, si es hosco y serio pero también es un ser humano y por ende tiene un lado sensible, uno que poco a poco iba descubriendo y de lo escaso que había entrevisto le había gustado. Sólo esperaba que él no se hubiese hartado y finiquitara algo que aún no había empezado formalmente.

—Rukia-chan, mira falta que conozcas a alguien…— Escuchó que le habló Yuzu, al volver en sí se topó con su tranquilo y armonioso rostro.

— ¿Ah sí? ¿De quien se trata? — La morena se volvió cómplice de aquello que la castaña ceniza quería presentarle.

Yuzu miró con ternura y la instó a seguirla hasta una de las recámaras, con cierta curiosidad Rukia la siguió, en el trayecto la castaña ceniza siguió dándole razones.

—No te la había presentado porque estaba dormida pero ahora ya lo creo prudente—

Se adentraron a uno de los recintos, al instante Rukia pudo reconocer de qué se trataba y no pudo evitar sonreír. Yuzu con total instinto maternal fue directo a la cama donde descansaba su pequeña hija y la cargó con total cuidado. La pelinegra se acercó llena de alegría por conocer a la sobrina del pelinaranja, a estar cerca pudo notar cuan pequeña era, era una criatura encantadora y que le robó el corazón.

— Es muy linda, ¿Cómo se llama? — Inquirió Rukia al acariciarle el cabello.

—Masaki, como mi difunta madre— Fue la escueta respuesta llena de orgullo de la castaña.

Rukia siguió contemplando a la pequeña, y ahora que lo mencionó, Ichigo no le había comentado nada sobre su madre, pero tampoco tenía derecho a exigirlo y mucho menos quería evocarle esos amargos recuerdos.

— ¿Puedo cargarla? — La pelinegra quiso saber, le causaba tanta curiosidad por tenerla en sus brazos, su instinto materno era muy agudo y era notorio por el agrado y el brillo que sus ojos despedían.

—Claro—

Yuzu le entregó con cuidado a su pequeña hija, Rukia de mismo modo la recibió en sus brazos, tapando su diminuto cuerpo con la mantilla para evitar que el aire le llegara al rostro y posiblemente le causara alguna enfermedad. Con total apego, la morena mecía a la hija de la castaña y mirándola con ternura.

Desde lo lejos, aquel ojimiel observaba la escena con mesura, con las manos escondidas en los bolsillos de su pantalón, en parte pensando…

—La traes a casa y no sabes cómo presentarla ante tu propia familia…— Le dijo una voz, al voltear se topó con aquel extranjero cuñado suyo.

— ¿A caso te pregunté? — Cuestionó en respuesta con ceño fruncido, lo que menos necesitaba ahora era un sermón de ese imbécil.

—No, pero si llevas considerable tiempo saliendo con ella, mínimo debes saber para qué clase de relación la quieres— Fueron las última palabras del italiano antes de marcharse, lo suficientemente crudas para dejarlo pensativo.

El problema es que ya no sabía para qué tipo de relación la quería, ella aparte de guapa era buena persona, algo temperamental y frívola pero tenía un lado amable que le agradaba mucho, sin embargo sentía que el plan original de estar con ella en modo temporal, de fingir, de hacerle creer, estaba yendo por otro rumbo no contemplado.

De verla ahí, cargando a su sobrina, jubilosa, tan sociable y afectuosa afianzaba su creencia de que ella era lo más cercano que tenía al amor, podría ser su incondicional, aquello que en 30 años no se había aparecido hasta cuando comenzó a tenerla muy presente en su mente… Podía permanecer así, en neutral sin comprometerse a nada con ella hasta que terminara la campaña o podía pedirle algo más serio…

Cuando volvió en sí, vio a la morena acercarse con una amplia sonrisa surcando sus labios, cargando a aquella hija de Yuzu.

—Tienes una sobrina muy linda…— Comentó Rukia mirando a la causante de su embeleso y pasar después su mirada al muchacho de cabello naranja.

— ¿De verdad lo crees? — Habló por hablar, por no quedarse callado, no dudaba de lo que representaba su sobrina, sólo que en esos momentos no estaba en ánimos para nada de eso, y aunque odiara a su cuñado, este había conseguido que meditara su situación y prontamente decidiera qué carajos hacer.

— Ichigo… ¿puedes venir? — Le llamó su propio padre, al aludido no le quedó más que ir, dejando a la morena ahí varada, preguntándose qué demonios le estaba pasando, Yuzu se acercó para al menos disculparlo.

—No te preocupes, ni pienses que hiciste algo malo, él a veces es así…—

El pelinaranja fue hasta donde le llamaban, en la sala se encargó de hacerle saber algunas cosas que incrementaron su estado de meditación y hasta cierto punto en inferir lo que realmente estaba sucediendo.

—Rukia-chan es una muchacha muy agradable… pero…— Isshin hizo una pausa antes de continuar, en efecto la morena le había agradado pero le parecía algo 'extraño' un punto que quizás no era relevante pero simplemente quería saber la opinión de su propio hijo — ¿no crees que es muy joven para ti? Es casi de la edad de tus hermanas… —

Ichigo le miró con una ceja en alto, no le tomaba mucha importancia al asunto de la edad y no le parecía nada raro, aunque después de todo y según el plan, no la quería para retenerla a su lado por siempre, sólo era temporal… en lo que finalizaba la campaña… pero ahora ni el mismo sabía que cambios había tenido el plan original.

—Le llevas 9 años… muchas de las cosas que ella está viviendo o le esperan, tú ya pasaste por ellas… no sé que pretendas con todo esto ni hasta donde vas a llegar pero no pareces honesto— A Isshin le causaba mucha inquietud ese suceso, Rukia dada su edad le parecía una niña, y no podía evitar preocuparse por ella, conocía perfectamente a Ichigo y sabía de lo que era capaz con tal de lograr sus objetivos.

Ichigo no dijo nada, no tenía palabras en su defensa, su padre había notado un dejo de mentira y parecía instarlo a zanjar lo que tenía con Rukia, y lo que tenía con ella era mitad verdad y mitad mentira.

—Si estoy con ella es porque quiero…— Dictaminó serio, sin titubear, sin evidenciarse.

—No voy a discutirlo— Fue la respuesta del mayor, estaba adentrándose a un terreno que a su hijo nunca le había parecido correcto que se entrometiera, por lo mismo que era tan conservador, quizás la idea de que no la quería eran simples alucinaciones suyas, quizás Ichigo realmente la tomaba en serio. Ya tenía edad suficiente para hacerse responsable de sus propios actos, quizás no debió haber dado su juicio tan deliberadamente, pero de una forma u otra y sin saberlo, había conseguido que Ichigo considerara tomar una decisión.

—Ya es algo tarde… será mejor que nos vayamos— Fueron sus últimas palabras, yendo después a buscar a la morena y anunciarle que ya iban a retirarse por cuestiones de tiempo.

Rukia no tuvo más opción que acceder a ello, así que sin más toda la familia les acompañó hasta el automóvil para despedirles, esperando quizás que se volvieran a encontrar en un futuro no muy lejano.

En el trayecto de regreso a casa, ninguno de los dos dijo nada al respecto, la morena le miraba de reojo, podía notar un dejo de enfado en el pelinaranja aunque no sabía con certeza que lo había causado o si la culpa era suya pero no estaba dispuesta a preguntárselo en esos momentos, quizás por miedo a ser su nombre la respuesta y que todo terminara mal.

Le dejó a las afueras de su casa, Rukia esperó una despedida un poco más sensible pero Ichigo se limitó a darle un 'buenas noches' acompañado de su tono serio.

Rukia respondió de misma forma y sin más se adentró a su domicilio, entre temerosa, confundida, triste… no entendía su conducta… él era tan voluble y tosco, lo cual no le transmitía ninguna seguridad.


Al día siguiente y con mucho trabajo logró concentrarse en sus deberes, pero a veces le parecía imposible centralizarse porque no tenía muy bien definido qué hacer con ella, la situación era una dualidad, una parte decretaba sus deseos y sus ambiciones como político y la otra cara de la moneda era la morena, lo que tenía y lo que sentía por ella… Era como estar partido en dos, era una cosa, era la otra o era nada pero nunca todo.

Yoruichi entró de improviso en su oficina con el periódico en mano, de forma que lo arrojó a la superficie de la escribanía de su cliente y con actitud alivianada le hizo saber la noticia.

—Marechiyo fue indulgente, afortunadamente sigues en la contienda— Comunicó la nueva noticia dados los eventos pasados en que se hizo la trifulca en plena reunión del partido.

Con ceño fruncido el pelinaranja tomó el periódico y leyó detenidamente el titular, aunque Ichigo ya tenía varias suposiciones, no Oomaeda no era nada indulgente, seguro la gran mayoría de sus 'víctimas' en el partido ya había iniciado el proceso de imponerle una demanda por abuso de autoridad y lo mejor que Oomaeda podía hacer para aplacar a las masas era volviendo a ponerle como candidato por el partido y muy probablemente soltó de su inflada bolsa algunos cuantos sobornos a sus delatores.

— Ni hablar… ¿nada más a eso viniste? — Le inquirió con ceja en alto, no estaba muy de ánimos para soportar muchas cosas, quería librarse un poquito de tantas tensiones que la mugre campaña le traía.

— ¿Otra vez estás de insufrible? Pobre de Kuchiki que tiene que soportarte la mayor parte del tiempo — Soltó su venenoso sarcasmo, era una buena forma de canalizar lo mucho que le molestaba la forma en que el ojimiel le contestaba.

—De hecho me tiene mucha pero mucha paciencia, gracias— Dijo con tono fingido, sin importarle lo que la otra opinara, después de todo qué sabía ella de su trato con la morena.

Yoruichi rodó los ojos y soltó un suspiro

—Es urgente, urgente que discutamos esto— De improvisto alguien entró a la oficina, se trataba de cierto amigo y colega de campaña y del partido, Sentaro.

— ¡Antes de entrar toca la maldita puerta que no está de adorno! — Vociferó muy molesto el ojimiel como odiaba que irrumpieran en su recinto sin avisar previamente.

—Me retiro. Licenciado Kotsubaki… — La de piel canela se dirigió al recién llegado, quien le puso atención —le encargo aplacar a la fiera que tenemos de candidato ya que parece que hoy no lo alimentaron bien— acotó llena de sátira echando una mirada al ojimiel que con su cara de pocos amigos no le quitaba la vista de encima.

— ¿Ya te ibas no? — Inquirió Ichigo instándola a que abandonara el recinto, la de piel canela echó a reír y después salió de la oficina del pelinaranja para ocuparse de sus propios asuntos.

Sentaro algo sorprendido cerró la puerta con seguro para evitar ser interrumpidos y después fue a sentarse en una de las sillas libres frente a la escribanía de su superior.

—Mañana publican los resultados de las encuestas para Gobernador de Tokio, de ahí veremos si ha funcionado o no la estrategia de publicidad— Se apresuró a comentar Sentaro, incluso estaba más nervioso que el implicado.

—Si no nos favorece tendremos que cambiarlo…— Esa sería su primera propuesta para con el equipo que le manejaba la campaña si no daba buenos resultados o tenía un repunte en las encuestas, aunque prácticamente el no salir favorecido lo beneficiaba de una forma u otra, así podría deshacerse de la morena evitando que al pasar el tiempo resultara más difícil hacerlo.

—Estoy de acuerdo—

Y la conversación pretendía seguir un rumbo hasta que la secretaria del pelinaranja interrumpió todo, su voz por el intercomunicador se hizo escuchar entre las cuatro paredes.

— Licenciado Kurosaki, la Señorita Kuchiki pide hablar con usted vía telefónica. ¿Qué quiere que le diga? —

De oír el apellido al instante se llevó las manos al rostro, ya se había tardado en buscarle, y es que había tenido el descaro de no contestarle las llamadas al celular en lo que iba del día nada más porque no se le daba la gana. Ella lo confundía mucho, ella lo anegaba de pensamientos bonitos que no eran nada comunes en su persona, de hecho se sentía asqueado de pensar de una manera tan pulcra para con ella, quería evitarlo. Además no le gustaba que le llamara en horas de trabajo aunque prácticamente no estaba haciendo nada. ¿Qué querría ahora? Esperaba que no fuese para preguntarle cosas privadas o pidiera razones de su comportamiento al dejarla anoche en casa ya que no tenía nada bonito que decir y además no estaba de humor para eso.

—Comunícame con ella a la extensión de mi oficina— Al final se decidió por charlar

con la morena y mientras aguardaba a que le comunicaran.

Varios segundos después la línea se abrió, con un sencillo ademán Ichigo pidió a Sentaro que se quedara callado y no dijese nada ya que estaba en altavoz.

— ¡¡Maldita sea Ichigo te he estado marcando toda la mañana, ¿porqué no me contestas las llamadas?!! — La nada dulce voz de la morena se hizo escuchar, Ichigo con cara de fastidio le escuchaba las quejas.

—Estoy ocupado, tengo mucho que hacer y ya te había dicho que no me llamaras a horas de trabajo…— También se quejó, le echó en cara que se pasaba por el arco del triunfo sus indicaciones respecto a las llamadas.

—Si lo sé pero es urgente— Rukia remarcó fonéticamente la última palabra, bueno no lo era tanto pero era para hoy.

Ichigo se puso a meditarlo, ¿Qué tipo de cosas son urgentes para una muchacha de 21 años que no le hacía falta nada en la vida? No le veía sentido a eso.

— Qué pasó… ¿se te rompió una uña? — Se burló de manera ácida sobre las circunstancias 'trágicas' que podían pasarle a la ojiazul-violáceo.

— Muy gracioso imbécil… ¿porqué hay veces que te comportas todo encantador y hay días que estás insoportable? — Se quejó una vez más de su comportamiento tan voluble, era complicado saber cuando iba a estar de buenas y cuando no.

—Lo mismo te pregunto… no te quejes que eres igual— El ojimiel también se lo echó en cara, ella no era siempre un encanto de mujer, luego se soltaba la fiera que traía por dentro.

Sentaro era simple testigo de los pleitos telefónicos de aquel par, miraba y escuchaba asombrado como la hermana menor de Kuchiki Byakuya le rezongaba al importantísimo político y amigo suyo.

—Di de una vez lo que tengas que decir— Exigió exasperado de tantas vueltas.

—Di que me acompañaras ésta noche— Ichigo se extrañó, frunció el ceño, que él supiera no tenían planes juntos así que se aventuró a preguntar.

— ¿A dónde? —

—Sólo dilo— No iba a darle pista de nada, se supone que era la 'sopresa'.

Eran tan necia que no iba a dejarle de molestar hasta que le aceptara, así que tuvo que resignarse a ello.

—Si, si… ¿contenta? — Más a fuerzas que de ganas se lo hizo saber.

—Bien, entonces pasa por mí a las 10:00 de la noche. Nos vemos— Esas fueron las última palabras de la morena antes de colgar, dejando a Kurosaki bastante expectante, esa muchachita estaba tomando una posición más elevada para con su persona.

—Parece que alguien está logrando domesticarte— Comentó Sentaro bastante divertido por lo reciente.

—Cállate— Le replicó adusto.

Y lo que pretendía que hoy fuese una noche de descanso sería una velada para acompañar a la morena a quien saber donde, por razones y con intenciones desconocidas.


Por sus reacciones era evidente que no lo esperaban, sus ojos abiertos como los de los búhos no dejaban de mirarlo, Rukia al notar que la presencia del pelinaranja no había sido tan bien recibida como pensó, carraspeó y quiso abogar por él.

— Ya saben quien es así que no necesita presentación… supongo... — Dijo algo dudosa echando una mirada al ojimiel que también estaba varado a su lado —Ichigo ellos son Kira, Kiyone, Momo y Hitsugaya… amigos de la facultad—

— Mucho… gusto? — Musitó Kiyone a penas, mirando de reojo al acompañante de Rukia, claro que lo conocía pero nunca pensó que fuese tan así, tan personalmente.

Afonía, un silencio incomodísimo para todos. Ichigo no dijo nada, sólo se mantuvo serio mirando al pequeño grupo de amigos de Rukia con actitud bastante apática para con su persona, como que a ninguno le había agradado su presencia, bueno excepto por la una de las muchachas que muy amable se encontraba.

— Bueno… ¿por qué no empezamos? — Dijo Rukia con sonrisa nerviosa, instando a su grupo de amigos a dar inicio a la diversión.

Ladearon el incómodo momento y lo suplantaron por empezar con el principal propósito de la salida, divertirse cantando en el karaoke acompañados de bebidas multicolores y botanas cortesía del establecimiento.

El ambiente no tardó mucho el animarse dado a que Kiyone quiso ser la primera el demostrar sus dotes como cantante al oír la melodía aleatoria.

— ¡¡Esa canción es MI canción!! — Se levantó muy animada yéndose a parar al frente y con micrófono en mano — ¡¡¿No van a aplaudir?!! ¡¡Apláudanme!! — acotó emocionada.

El resto le siguió la corriente y la llenó de aplausos aunque sabían muy bien que la voz de Kiyone no era precisamente la más privilegiada ni la de una soprano.

Completamente hastiado y nada divertido se encontraba el pelinaranja, odiaba los karaokes, el sólo hecho de mirar a los amigos de la morena ya era suficiente para fastidiarse, y ni hablar de lo escandalosa que era la castaña que acababa de subirse al escenario, aunque al menos no parecía ser el único, el tal Hitusu-no sé que cosa estaba con una cara de indiferente a la diversión.

Suponía que el karaoke no iba a llevar mucho tiempo, podía aguantarlo mientras no le incitaran a pasar a cantar porque ni le gustaba y ni sabía, así que se aprovechó de la ronda de bebidas para tomarse las que pudiera.

Rukia realmente esperaba que el ojimiel se estuviera divirtiendo cosa que resultaba como misión imposible, de verlo bebiendo como pez le daba la impresión de que a penas estaba entrando en calor pero después de una hora de que seguía con esa misma hosca expresión en el rostro se convenció de que no era así, y ni hablar de invitarlo a cantar así que se evitó la pena de hacerlo y que le rechazara. Prefirió subir a la tarima y cantarle algo, al menos si así se 'alegraba un poco'.

Ichigo bostezó después de que el rubio ese subiera a cantar algo, cuando vio a Rukia subirse al escenario puso atención, de el tiempo que llevaban era la primera vez que pasaba a cantar algo y no quiso perdérselo.

Música extranjera y en otro idioma fue lo que eligió, una canción movida, buena para animar un poco más.

Ichigo se mantuvo deleitándose la vista con la morena cantando, y a su grupo de amigos parecía gustarle la presentación ya que las sonrisas y gritos sobraban, bueno, exceptuando al muchachito Hitsu-no se acordaba de lo demás.

Pero hubo un momento en toda la pista que se sintió ¿atacado? no estaba seguro si era la palabra correcta pero se sintió el blanco de la atención de la ojiazul-violáceo. Sentía su mirada puesta exclusivamente en su persona, tal y como ella lo entonaba. Incluso miró a sus costados tratando de cerciorarse de que no eran para su persona esos 'I love you baby and if it's quite all right. I need you baby to warm a lonely night I love you baby trust in me when I say' que la muchacha pronunciaba.

Y después de los 'Now that I found you, stay and let me love you, baby' prácticamente se quedó estupefacto, no, no eran alucinaciones suyas, eso era algo así como una declaración de amor pública y no es porque no le agradara pero ¿porqué en público? Odiaba hacer shows en frente de desconocidos y mucho peor en épocas de campaña.

Hizo lo que consideraba más adecuado para su estabilidad… huir

Rukia dejó de cantar cuando vio como el pelinaranja se retiraba a paso veloz sin darle explicación alguna, sorprendida buscó respuesta en su grupo de amigos pero todos se alzaron de hombros, y sin dudarlo un poco salió tras él, tirando el micrófono abandonando a sus propios amigos.

El ojimiel iba a paso firme y rápido por los pasillos del karaoke hasta que logró salir del establecimiento para ir directo al estacionamiento, en el camino sacó un cigarrillo, su método fiable para calmar un poco sus nervios.

— ¡¡¿A dónde vas?!! — Le gritó la morena al darle alcance.

— ¡A casa! — Respondió sin más, sin añadir dato alguno ni razón aparente.

— ¡¡¿Qué sucede contigo?!! — Rukia estaba muy extrañada por su actitud tan renuente, ¿a caso había hecho algo malo al invitarle?

— ¡No es asunto tuyo! — Fue díscolo con su respuesta, ella no tenía la culpa de nada pero no encontraba otra cosa que decirle, era hombre de pocas pero firmes palabras.

La pelinegra se alarmó, ¿a caso ya se había cansado o había pedido el interés? Estaba conciente de que no podía retenerlo si él realmente no quería estar a su lado, era paradójico porque en un principio la que no deseaba saber nada era ella misma; pero al menos quería saber la verdad, así se evitaba muchas cosas aunque la decepción no era una de esas cosas.

— ¡¡Si ya no quieres estar conmigo está bien, pero ya no me hagas perder el tiempo!! — Rukia frenó el paso para decírselo, era directa con sus palabras.

El ojimiel se detuvo en seco y se giró para verla, notando en ese rostro de porcelana unos titilantes ojos… ojos de un temor a perder lo que tanto se quiere.

Esa era su oportunidad perfecta y esperada para zanjar su 'relación' y así evitar que el juego de mentiras completas y verdades a medias se hiciera más grande.

Pero nunca se dice lo que se piensa, si no todo lo contrario, se dice lo que se siente.

—Nunca dije que no quisiera estar contigo… sólo que…— Comenzó a explicar calmado, transmitiéndole esa paz a la morena —este tipo de ambientes no son para mi, a ti te divierte porque eres muy joven pero yo que estoy algo mayor los karaokes y las fiestas hasta la madrugada ya no son lo adecuado… si quieres quedarte con tus amigos bien, perfecto, pero yo me voy a casa— acotó serio y después se giró para darle continuidad a su trayecto.

Había sido una mala jugada de su presentimiento desatinado, así que decidió lo mejor, lo que la hacía feliz.

—Voy contigo…—

El pelinaranja le echó una mirada y después le respondió.

—Como gustes—

Sin importarle a quien abandonaba partió con él a casa, el destino fijo era el departamento del político, ya encontrarían ahí algo en qué ocuparse mientras llegaba el momento de aburrirse de la presencia del otro.

Faltaba poco para la media noche y ella seguía ahí, en su amplió sillón tomando té y ojeando revistas, Ichigo seguía a su lado, no resultaba muy divertido pero era relajante.

— Y… eso que estabas cantando en el karaoke… ¿era para mí? — Preguntó en un momento dado, tenía la duda, quería cerciorarse y si era cierto disculparse por interrumpir el acto.

La morena dejó de observa la revista y la taza de porcelana la dejó en la mesita de enfrente, con cierta pena miró al pelinaranja y le hizo saber la realidad.

—Sí…— Musitó a penas, para pasar su vista al frente.

Por sus palabras y por la ocasión ameritaba decir algo asombroso, no estaba seguro si debía hacerlo por una enorme razón llamada orgullo pero en sus 30 años de vida había preferido su orgullo que otras cosas quizás más importantes, por ello había pedido grandes amigos y buenas mujeres, y no resintió ninguna de sus decisiones, no le había importado nada, ni el bien que le había traído ni el mal que le habían ocasionado, todo eso le había dado igual… Ahora… ¿quería seguir así, con ese mismo estatuto de vida?... se preguntaba porqué dudaba tanto para sacarla de su vida pero la respuesta ya la tenía, sólo le faltaba asumirla…

—Si te pido que nuestra relación sea más formal… qué dices a eso— Le dijo con cierta vacilación, más no por lo que pedía si no por no saber que palabras o que frase emplear, no era su estilo hacer la pregunta como normalmente se hacía, ni arrodillarse ni nada de eso.

Su corazón latió rápido al escucharle, desde anoche había esperado que le hiciera la pregunta y hasta llegó a pensar que se había hartado pero con eso toda duda estaba zanjada. Justo ahora le pedía que dejaran de ser 'amigos' en citas, para dar un paso más, subir un peldaño más…

—Sí— Le respondió a media sonrisa, mirándole detenidamente. Rompió la barrera que les separaba y se aventuró a acurrucarse cerca de él, al pelinaranja no le quedó más que recibirla y pasó su brazo por el cuello de la morena para abrazarle.

Desde ahí, desde ese instante ella ya no era el recurso que le faltaba para su campaña, ya no era la simple 'conocida' de los eventos del partido, ya no era la mujer con la que salía. No. Era lo que no le hacía falta tener, lo que evitaba, pero lo que al final irremediablemente quería que fuera… su novia formal.

Dicen que en el juego del amor el que ama menos siempre lleva la ventaja... y él la tenía, pero ¿por cuanto tiempo le duraría?

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Fettuccine es un tipo de pasta italiana de fideo planos muy consumida en Roma, que por cierto es deliciosa ;)

¿Qué tal?... espero le haya gustado ;)

y por si a alguien le interesa, la canción a la que le hice referencia del karaoke es "Can't take my eyes off of you" de Hermes House Band.

No me queda más que agradecerles por invertir un su tiempo en leer el fic y hacerme saber su opinión.

Nos veremos en la próxima entrega que si nada se me acumula, estará el próximo lunes.

Saludos, besos y abrazos!!!