Tikki se mantuvo despierta después de que Marinette por fin lograse dormirse tras quejarse una y otra vez de la fotografía del beso entre ella y Chat Noir mientras ella tenía sus propias razones para no conciliar el sueño. Por alguna razón, la catarina no dejaba de pensar en la forma que conoció a Plagg, hace mucho tiempo atrás.
El gato negro (que en ese entonces no recordaba a un felino, sino a una energía amorfa como ella) se había alejado de forma arisca, negándose a tratar con alguien que no conocía.
—¿Cómo vas a tratar con alguien sino lo intentas conocer?
—No me importa, ¡estoy muy bien por mi cuenta!
—Pero hay muchos más como nosotros.
—¿Y qué se supone que somos nosotros para empezar?
Y aunque se alejaron no tardaron en reencontrarse, por culpa de lo que Plagg destruía y que ella había creado con tanto esmero.
—¡Quieres dejar de hacer eso! —Le gritó cuando lo atrapó destruyendo una galaxia y que ahora formaba un agujero negro.
—¿Por qué? Es divertido.
—¡Pero yo lo hice!
—¡Y yo debo destruirlo! ¿Sabes lo que pasaría si solo crearas y crearas sin ningún límite? ¡Todo se llenaría y dejaríamos de respirar!
—Nosotros no respiramos.
—Pero esas cosas del planeta azul, sí.
—Eres simplemente imposible.
—Y tu simplemente no entiendes, esta es mi naturaleza. ¡Entiéndelo! ¿Cuál sería el sentido de mi vida sino hago lo que debo hacer?
Después de eso tuvo que pasar mucho tiempo antes de que volvieran a encontrarse. Solo que esta vez, él fue quien la busco. Con orejas en la cabeza, patas y cola.
—¿Qué fue lo que te pasó?
—Un hechicero lo hizo.
—Hechi… ¿qué?
—Es un humano, te va a encantar hablar con él. Quiere que lo ayudemos.
—¿Quienes?
—¡Todos! Ven, escucha lo que tiene que decir.
Sin saber muy bien por qué, siguió a Plagg por toda la Vía láctea, deteniéndose en el planeta azul donde ya no había dinosaurios desde hace mucho tiempo. Escuchó al hombre de barba larga, hablando del gran bien que podrían hacer a la humanidad si tan solo aceptaban ayudarlos.
Y ella, orgullosa como era, decidió decir que no.
—¿Pero por qué no quieres ayudarlos? —Le preguntó Plagg que la seguía mientras flotaba con la cabeza abajo.
—¿Por qué quieres ayudarlos tu?
—Tienes cosas divertidas y algunas ricas. ¡Mira este queso!
—¿Qué es eso?
—Lo más delicioso que puede existir.
—¿Y es suficiente para que quieras ayudarlos?
—¡Sí!
—De verdad que eres idiota.
—¡Oye!
—¿Cómo puedes confiar en ellos..?
—Plagg, me llamó Plagg —Aseguró el gato negro, como si estuviera orgulloso —¿Y por qué dudas tu? Tú los creaste, ¿no? Deberías ser la primera en creer en ellos.
—Pe-pero son extraños.
—Tu y yo también lo somos, pero aquí estamos.
—He dicho que no —Sentenció la energía amorfa roja.
—Bien, como quieras. ¿Sabes? Ellos podrán ser unos extraños, pero lo que sé es que tú eres una egoísta y una total cobarde.
El gato se fue y ella se mantuvo alrededor del planeta azul, pensando en las palabras que le había dicho y que por alguna razón, la herían.
—No soy una cobarde y tampoco soy egoísta.
Así, empezó una nueva etapa en su vida en la que, le gustase o no, tendría una relación muy cercana al kwami negro, a quien tenía mucho que agradecer.
Si Marinette y Adrien pueden entrar en crisis por lo que paso con Oblivio pues... Tikki y Plagg también, ¿no?
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