Hey! Saludines n.n nuevo capitulo, espero que les guste. Aclaraciones: el kairouseki es una sustancia que debilita a los usuarios de las akuma no mi por que tienen el mismo magnetismo del agua. Supongo que eso debí ponerlo en el capitulo anterior pero ni modo .w. y la otra es para el fic en general: como se ubica entre la huida de Water Seven y Thriller Bark, Zoro tiene únicamente dos espadas, y ya que no sé qué ataques hace exactamente en esa situación, he optado por no poner los nombres de los ataques. Supongo que eso debí explicarlo al principio del fic…aunque bueno, como ustedes mismos han visto no ha sido muy necesario porque las peleas no están siendo demasiado…emh…físicas…
En fin, One Piece no me pertenece, etc. Disfruten la lectura.
La Maldición de Viluel
Capítulo 9
Del pasado y cosas peores
Celine se volteó hacia la mesa de nuevo, y siguió revisando y apilando los libros que estaban sobre ella.
-Es una historia triste diría yo. ¿Sabes? Tener tanto poder, siendo tan joven como lo era yo en ese entonces, es abrumador. Quería a alguien a mi lado y fue entonces que conocí a Henry. Me invitaron a un baile en la isla donde la familia Bouchard gobernaba, y ahí fue donde lo vi por primera vez. Fue amor a primera vista, o al menos así me sentí yo. Era un hombre muy guapo, de buena complexión y postura, elegante, caballeroso, el sueño de toda mujer. Durante esa fiesta conviví mas con sus padres, los duques, que con él mismo. Una semana después se presentaron aquí para pedirme que me casara con Henry. La unión beneficiaría a ambas ciudades, y yo no había dejado de pensar en él durante esos siete largos días.
La voz de Celine era nostálgica, con ligeros trazos de tristeza. Sonaba sincera, pero Robin sabía que esa versión de los hechos estaba siendo manipulada por ella.
-Nos casamos y decidimos vivir aquí, pero él siempre actuaba muy frío, era muy difícil saber qué ocurría en su mente, casi no había comunicación entre nosotros. Enseguida comprendí que él se había casado conmigo porque lo obligaron sus padres y no por que me amara, o simplemente le gustara aunque fuera un poco. En público nos presentábamos como una bella pareja, pero en privado ni siquiera llegamos a consumar el matrimonio.
En este punto, la mujer soltó una risa y movió su mano frente a su rostro en señal de negación.
-Pero esas son intimidades que no tengo por qué contarte.
-Sus necesidades sexuales no me incumben en lo absoluto, señora.
Robin podía ver de perfil a su interlocutora, y notó como se frunció su ceño por menos de un segundo, al parecer sorprendida de que la morena aún tuviera dominio de si misma. Según ella el kairouseki la debilitaría mucho pero Robin se mostraba demasiado tranquila para su gusto.
-Dejando eso de lado- siguió Celine- yo siempre hice todo lo posible por acercarlo a mi. Si no íbamos a ser un matrimonio como cualquier otro, quería que por lo menos nos lleváramos bien, pero ni eso dio resultado. Incluso llegué a pensar en ponerle un ultimátum. Inventé que estaba embarazada de otro hombre. Pero- agregó, acentuando su entonación melancólica- se alegró porque así tendríamos un heredero sin necesidad de que él "interviniera". En cambio me enteré de que me era infiel con las prostitutas que vivían en su ciudad cada vez que visitaba a sus padres. Y todo lo que yo quería era que él me amara.
Robin sentía como poco a poco sus muñecas y tobillos se sentían más lastimados por los grilletes. El kairouseki la hacía sentir cada vez más débil, pero estaba esforzándose, estaba dejando el máximo de sus fuerzas por parecer relajada, lúcida y normal. La posición en que se encontraba, con los brazos hacia arriba y estirada como una línea vertical, obviamente era específicamente para ello, para debilitarla rápido.
Pero en su rostro se veía tanta serenidad. Sabía que Celine perdería la paciencia con ella tarde o temprano.
…
-De acuerdo- pensó Zoro mientras se sentaba en el pasto- explícame cómo podemos trabajar juntos.
No es algo demasiado complicado. Solo te pido que me escuches. Sabes que no cuento con fuerza física y si queremos llegar a donde Celine tendremos algunos obstáculos que atravesar. Por otro lado tú cuentas con una gran fuerza física pero no posees magia como yo. Y sin duda necesitaremos mi poder, eso no lo olvides.
-Ya.
Todo lo que tienes que hacer es seguir mis instrucciones. No perderás el sentido ni te obligaré a acatar mis órdenes. Permanecerás despierto y podrás pelear y actuar como tú sabes hacerlo si es necesario.
-Entonces lo que pretendes es que actuemos en equipo. Solo tengo dos condiciones.
Te escucho.
-La primera es que no seré un títere. Si no me gusta alguna de tus decisiones no pienso escucharte, haré lo mejor que pueda pero no te permitiré que trates de pasar por encima de mi.
De acuerdo.
-La segunda es que si piensas en tocarle un solo cabello a Robin te sacaré de mi cuerpo a patadas y te haré pedazos. No me importa como tenga que hacerlo pero lo haré, eso puedo jurártelo.
Durante unos largos minutos ninguno de los dos dijo nada más. Zoro respiraba fuertemente, con sus ojos cerrados y sus oídos alertas a cualquier reacción del bosque a su alrededor. En cuanto recibió la respuesta de Mainery a su última condición, se puso de pie y comenzó a andar hacia el centro del bosque, por los lugares que el espíritu le iba indicando.
Completamente conforme, Roronoa Zoro. No esperaba menos de ti.
…
-Entonces, lord Henry no tenía interés alguno en usted. ¿Porqué tomarse tantas molestias en esto?
-Porque yo lo amaba mas que a nadie en este mundo. Ten en cuenta que perdí a mis padres, querida. Yo estaba completamente sola y quería que mi esposo me amara. Dime, ¿No hubieras hecho lo mismo en mi lugar? ¿De tener acceso a este poder, no lo hubieras usado para estar con el hombre a quien amas?
-No lo sé, señora- concedió Robin- solo sé que eso es algo que afortunadamente no tuve que decidir.
-Cuando mi esposo murió- continuó Celine, luego de una larga pausa donde se había limitado a caminar alrededor de la mesa- hice todo lo posible por revivirlo pero no pude hacerlo. Luego de eso, todo lo que pude hacer fue conservar su espíritu dentro de un muñeco. Lo reviviré y así podremos estar juntos.
Robin se sentía, repentinamente, muy incomoda con todo eso. Tenía un mal presentimiento pero sabía que no podía echarse para atrás. Le dirigió una mirada más a Celine.
-¿Qué logrará de todos modos? ¿Cuál es la diferencia? Si su marido no la amaba entonces, ¿por qué iba a hacerlo ahora? Piénselo. Ha pasado años intentando revivir a alguien que no sintió nada por usted. Ha sido infeliz y ha hecho infeliz a otras personas, ¿porqué seguir con tan enfermizo juego?
Celine se había detenido frente a la mesa. Le daba la espalda a Robin, pero ella alcanzaba a ver sus manos, que estaban agarradas a la madera. De vez en cuando clavaba en ella sus uñas, con fuerza.
Se relajó antes de continuar.
-Tu harías lo mismo, querida, créeme- dijo muy despacio, como si lo dijera para sí misma, pero al mismo tiempo sonaba amenazante.
Robin guardó silencio y observó como Celine había, poco a poco, perdido el control que tenía sobre sí misma. Al principio parecía que estaba muy tranquila y ahora tenía una expresión de extravío, o de nerviosidad, sabía que algo estaba fuera de sus manos y seguro sabía que Robin no se iba a dar por vencida tan fácil como ella esperaba.
Solo para medir un poco el terreno, Robin decidió picarle más.
-Dígame, ¿en qué parte de su historia aparece John Mainery?
Celine se calmó. Robin observó que durante en tiempo que llevaban ahí, el fin de acomodar las cosas que había sobre la mesa era quitarlas de allí, de modo que a estas alturas la mitad de la superficie rectangular ya estaba desocupada. Esto solo conseguía poner bastante nerviosa a la arqueóloga.
-John fue un buen amigo- dijo Celine siguiendo con su labor- y un gran aprendiz. Que comenzara a usar su poder a su propio beneficio no es culpa mía. Lamentablemente se obsesionó conmigo, es por eso que me odia de ese modo. Cree que lo traicioné por casarme con otro hombre, pero yo nunca dije que nosotros pudiéramos tener un compromiso, que fuéramos pareja de algún modo. Él malinterpretó por completo mis intenciones.
Robin soltó una risilla burlona que dejó a Celine quieta por unos segundos.
-¿Qué es tan divertido, hijita?
Robin no dejaba esa risa, prolongándola aun más de lo que hubiera deseado, pero no lo podía evitar. Le sorprendía que para Celine fuera tan sencillo contar todas aquellas historias, aparentando ser la "víctima inocente de las circunstancias" o poniéndose en actitud de "no tuve otra opción".
-Tiene usted razón, señora. ¿Cómo podía ese pobre hombre imaginar que una arpía como usted podía comprometerse de esa forma?
Celine se dio la vuelta y encaró a Robin. Sus sienes estaban contraídas, resaltando aún mas la furia reflejada en sus ojos y mal disimulada por su actitud tranquila que poco a poco amenazaba con venirse abajo del todo.
-Para usted no fue mas que un "desahogo", ¿no es así? Ya que su esposo no le hacia caso.
-¿Qué estas diciendo?
-Sólo la verdad. Y ese hijo que usted iba a tener, no fue del todo un invento, ¿Cierto? Y tenía padre, y no uno imaginario como toda esta historia que me ha estado contado desde un principio.
-¡No es una historia imaginaria!
Robin sonrió. Mantener la seguridad le estaba costando su trabajo, pero se sintió orgullosa al comprobar que quien estaba perdiendo los estribos en ese momento era Celine y no ella. La espalda le dolía horrores y no sabía cuanto mas iban a aguantar sus muñecas y sus brazos en esa posición, eso sin mencionar que sus pulmones no estaban recibiendo el aire necesario. Sí, cuando vives una vida como la de Nico Robin durante esos largos veinte años, lo buena actriz te tiene que aflorar de algún modo. Pero ella sabía que eso se terminaba en cuanto el cuerpo dejara de aguantar.
Por lo tanto, necesitaba por lo menos terminar de destrozarle los nervios a esa mujer.
-¿No es así? Cito: "Hoy fue el entierro de mis padres. Nunca pensé que el veneno fuera tan discreto y efectivo. Lo siento por ellos, pero no eran más que un estorbo".
Celine se quedó con los ojos como platos. No pudo reaccionar. Reconocía esas palabras, eso fue más que obvio para Robin. La arqueóloga continuó, sonriendo, como si todo aquello fuese divertido para ella.
-"Los padres de Henry piensan que soy una princesa encantada o alguna estupidez por el estilo. No tardarán en venir a pedir mi mano". ¿Le suena eso de alguna parte, señora?
-¡Tú! ¿Tú leíste…?
-"John está completamente ido. Lo tengo en mis manos aunque no sé qué es lo que debo hacer con él todavía. Mientras tanto, me gusta jugar con él y provocarlo. Sé que no puede evitarlo, siempre me muestro tan vulnerable y tan sola que no tiene otro remedio más que acercarse y cuidar de mí"- le daba a su voz los matices exactos con que Celine lo hubiera dicho. Sabia que estaba dando en el clavo con su provocación porque la mujer estaba cada vez mas pálida y desencajada.
-Pe…pero… ¿cómo te atreves?
-"Hoy confirmé que estoy embarazada. No estaba en mis planes pero puede serme útil de algún modo. No se lo diré a John, él debe pensar que este niño es de Henry y nada mas".
-¡Cállate! ¡Cállate ahora mismo!
-"Ya fue suficiente de toda esta farsa. He matado a Henry y sellado su espíritu. Ahora solo necesito meterlo en el cuerpo de John. Sólo así seremos felices, como debió de ser siempre".
-¡Cállate de una vez, perra!
De la nada, una especie de aro de un color oscuro voló en el aire, se abrió y se cerró alrededor del cuello de Robin. No apretaba demasiado, pero le hizo sentir que su cuello se aflojaba, le costaba mas trabajo respirar y se debilitó. Evidentemente, al igual que los grilletes que la sujetaban de manos y pies, este horrible collar era de kairouseki.
Celine lucía furiosa, pero en medio de su furia sonrió. Se trataba de una sonrisa desencajada, torcida, demente. No estaba en sus cabales, si es que alguna vez lo había estado. En frente de Robin, su cuerpo cambió de forma, se alargó, su pelo se volvió negro, su piel se oscureció un poco y sus facciones se afinaron, y en sus ojos despertó un brillo de color azul que le dio esa imagen del pasado, ese aspecto igual al de Robin con el que casi engañaba a Zoro sólo un rato antes.
-Cuida tus palabras, pequeña- dijo Celine, ahora con esa misma voz que caracterizaba a la arqueóloga- puede que no tenga tu cuerpo todavía, pero mientras tanto usaré esta ilusión para demostrarte que después de todo tú y yo no somos diferentes.
Robin frunció el ceño.
-Por supuesto que lo somos. No soy igual a ti. Puede que nuestra imagen sea la misma pero yo no soy como tú.
-¿Ah, no?- Celine se acercó al rostro de Robin, mirando directamente sus ojos- en nuestro pasado y nuestro presente, hay las mismas cosas. Abandono, soledad, dolor. Piénsalo. Tú tienes el poder de una fruta del diablo, y yo descubrí el poder de la hechicería. Las dos hemos tenido que pasar por cosas que muy poca gente ha vivido. Tú también has tenido que matar.
-Por lo menos…yo no soy ninguna pu…
-¡Cierra la boca!- le dio un fuerte bofetón que la obligó a callar. Cada vez estaba mas débil, pero seguía sosteniendo la mirada de Celine con majestuosidad- y no te sientas con libertad de vanagloriarte con eso, que tú misma admitiste no ser tan pura e inocente.
Celine se dio la vuelta y comenzó a reírse a carcajada viva, como Robin lo había hecho antes, claramente vengándose.
-¿Qué es…tan divertido?
-Incluso en eso somos iguales, pequeña. No dejas de pensar en tu espadachín.
Robin paró en seco cualquier reacción. ¡Le leía la mente de nuevo!
-¿Puedes sentirlo ahora? No somos del todo distintas- repuso en tono pensativo- a ambas nos ha movido lo mismo. Puedes excusarte todo lo que quieras diciendo que quieres proteger a tus nakamas, pero ahora, en este mismo momento, no piensas en nadie más que en tu querido Zoro.
-Zoro es mi nakama. Haría lo que sea por él. Pero también por Luffy, por Nami y por todos los demás.
-Y no lo dudo, pero, ¿Sabes qué es lo que te lleva a pensar más en él que en todos los demás? El miedo. Porque temes ser victima del mismo mal que me aquejó a mi, en su momento. El desamor.
Dicho esto, se dio la vuelta de nuevo hacia ella, y dirigió sus manos al pecho de Robin. Ésta no pudo intervenir cuando, para su horror, las dos manos de Celine se hundieron en ella, como si se sumergieran en agua, y sujetaron su corazón. Fue una sensación que la dejó helada. Sentía con toda claridad como los dedos sujetaban el músculo. Se le escapó todo el aire y su pulso se aceleró por el miedo. Las uñas arañaron con suavidad, haciendo que se le escaparan unas cuantas lagrimas. Nunca en su vida tuvo tanto miedo como en ese momento.
-¿No se siente así de mal, todo el tiempo? Es el mismo dolor que experimentas cuando juegan contigo. Cuando no hay palabras bonitas, cuando te dejan a tu suerte, cuando un beso no significa absolutamente nada- luego apretó con algo de fuerza- nunca atesores un beso o un recuerdo, querida niña. Porque no sabes cuanto va a doler tener que pisotearlo para poder seguir con tu vida.
Sacó sus manos, liberándola de la tortura. Seguía sonriendo con burla, y con un placer enfermizo plasmado en su rostro.
-¿Y bien, pequeña? ¿Qué no estamos hechas de lo mismo? ¿Qué no somos de la misma materia? Puedes seguir fingiendo todo lo que quieras pero yo sé qué hay dentro de ti. Tú y yo somos iguales, nunca lo olvides. Y en menos tiempo del que crees, seremos la misma persona.
Dicho esto, la bruja desapareció ante sus ojos.
…
Zoro caminaba a través del bosque siguiendo las instrucciones de Mainery. En realidad quería correr, pero el espíritu tenía muchas referencias acerca de su natural tendencia a perderse aún en un camino sencillo así que quería tomar todas las precauciones. Esto fastidiaba un poco a Zoro, pues después de ese encuentro con Celine estaba bastante intranquilo. Necesitaba algo para soltarse, algo que le hiciera deshacerse de toda esa energía que tenia mal acumulada en el cuerpo, realmente, algo que lo hiciera desahogarse.
No creo que ella siga en la mansión sinceramente. Lo más probable es que Celine ya la haya atrapado.
-Maldición. Olvidé que puedes ver todos mis pensamientos.
Si hay algo que no quieres que sepa, no lo evoques y ya.
Zoro frunció el ceño, evidentemente frustrado, pues esa advertencia solo consiguió que, al contrario, evocara distintas cosas y sucesos que no quería que el espíritu conociera. Mainery lo sintió.
Deberías tomar en cuenta que estoy dentro de ti ahora.
-Hago lo mejor que puedo, así que no molestes.
Yo también. He hecho este hechizo miles de veces antes pero nunca había tratado de hacerlo en colaboración con alguien.
Zoro continuó caminando, sabiendo que Mainery podía ver dentro de él. Aquello era incomodo, lo molestaba sobremanera. Nunca le había gustado compartir sus sentimientos con tanta apertura y había alguien que podía verlos todos con claridad sin que el pudiera defenderse. Eso sí era molesto.
No, no puedes darte la vuelta e ir a asegurarte. Hay que seguir.
-Oi, esto comienza a hacerse realmente insoportable.
Realmente no lo hago porque quiera. De acuerdo. Esto no servirá de nada si no somos capaces de ponernos de acuerdo.
Zoro siguió caminando.
Muy bien. Dime, ¿qué es lo que esperas lograr exactamente?
-Todo lo que quiero es tomar a Robin y a mis nakamas, volver al barco y largarnos de una puta vez de esta maldita isla.
Mainery no contestó. Zoro no necesitó leerle la mente para saber que iban a tener problemas para ponerse de acuerdo, definitivamente. O al menos eso pensó en un principio, hasta que notó que el espíritu, a pesar de que todo el tiempo había sido hasta cierto punto altanero y cabeza dura (un poco como Sanji), ahora despedía cierta melancolía.
-¿Qué es lo que buscas tú?- pidió Zoro con sincera curiosidad. Mainery aguardó un rato más para contestar.
Descansar, supongo.
Zoro no pensó nada en ese momento, realmente, pero se sintió sorprendido y confuso. Sus pasos se volvieron más lentos y una pregunta sin forma, gramática o sintaxis alguna se posó en su mente sin que realmente la formulara. Pero Mainery la encontró y le dio forma él mismo, adelantando una respuesta.
Cuando te vuelves un espíritu cualquier deseo material pierde todo sentido, en muchos casos se borra y finalmente solo quedan… los sentimientos, o al menos eso es lo normal. Actualmente yo, por ejemplo, me debato entre acabar con Celine o hacer que acepte sus errores y se arrepienta. No tengo otro deseo, pues nada material me sirve y Celine significó mucho durante mi vida. Hubo un tiempo en que lo fue todo.
Zoro no se atrevió a interrumpir a pesar de que Mainery hizo una larga pausa. Simplemente siguió caminando, sintiendo dentro de su mente una que otra indicación que el espíritu le iba mandando en medio de su reflexión.
Ella se aferró a su vida y es lo que no le permite descansar. El poder que tiene la ha corrompido y ha alterado el curso de la naturaleza sobre ella. A mi solo me queda lo que siento, y este deseo porque todo termine pronto. A veces me gana el odio, como con tu arqueóloga, pero es que se parece tanto a Celine que no pude evitar…sentir por ella lo mismo. Como si fuesen la misma persona.
Por primera vez, Zoro pudo ver a Mainery como si fuera un humano, o bueno, lo que quedaba de uno. Entendía su dilema. Entendía lo que quería lograr. Mas importante aún, entendía porqué Mainery estaba tan ligado a Celine. Sin duda, esas eran las palabras de alguien que al menos en un pasado remoto, había estado enamorado. No sabía si era porque estaban en el mismo cuerpo pero fue claro para él. Su deseo de acabar con aquello y poder descansar era, al parecer, tan puro como su propio deseo de encontrar a sus amigos y a Robin, sanos y salvos.
La primera vez que la vi, tuve muchas ganas de matarla. Pero ahora me doy cuenta de que eso no salvará a Celine. Solo algo definitivo puede acabar con ella.
-Bien.-concluyó Zoro, sin permitir que aquello se tornara difícil- Si estamos de acuerdo ahora, buscaremos a Celine para que te enfrentes directamente con ella. Y yo encontraré a mis nakama.
Entonces siguió caminando. Pero ahora decidió despejar una duda más que venía asaltando su mente desde que comenzaron a internarse en el bosque.
-¿A dónde nos dirigimos exactamente?
A la casa donde Celine ha estado viviendo todos estos años. Ese lugar que es tan cándidamente conocido como "la casa de la anciana".
Zoro hizo una mueca de disgusto al recordar como esa mujer los había engañado de aquella forma tan ruin. En un momento, Robin incluso se atrevió a poner en ella su confianza y esa había sido su última perdición.
Mainery no ignoraba esto. Sabía que la rabia que inundaba a Zoro era perfectamente justificada y confiaba en ella para seguir adelante. Sabía que en situaciones así el espadachín se volvía una verdadera maquina de matar: más salvaje, más cruel, pero más frío, exacto y sobretodo más eficaz. Había visto imágenes de distintas peleas grabadas en la mente de Robin, y muchas otras tantas en la de Zoro y estaba satisfecho con su capacidad.
Debes saber que ese lugar no es tan común y corriente como ustedes lo vieron. Está protegido de muchas formas y solo se entra a esos territorios si Celine lo permite. Igualmente la casa no es tan pequeña como aparenta. Como la mayoría de las cosas en esta isla, está manipulada para dar una apariencia definida pero en realidad es más grande de lo que se ve, además de que no se va a caer con un solo golpe de tu espada, como podrías pensar a simple vista.
Zoro sonrió de lado como si no creyera tan fácilmente aquellas palabras. Pero algo en su interior le dijo que más le valía creer.
-He estado allí un par de veces- comentó- y ciertamente no me pareció que hubiera algo raro. No tuvimos problemas para entrar.
Porque era parte de su plan. Ahora, si nos resulta fácil acceder ahí quiere decir que nos dirigimos a alguna trampa, pero si hay problemas quiere decir que nos quiere lejos porque esta haciendo algo importante.
-Entonces la única opción es avanzar, ¿me equivoco?
Zoro percibió otra expresión altanera de parte del espíritu que casi rayaba en la complicidad, como esa mirada de acuerdo que solía compartir con alguno de sus nakamas cuando decidían atacar juntos.
Pareces estar muy decidido con respecto a esto, Roronoa. Yo que tu temería. Podrías morir, sabes que Celine no duda en matar a quienes se meten en sus planes y tú no le eres indispensable.
Zoro dejó de caminar y suspiró. No podía creer lo que estaba a punto de decir, pero ya que el espíritu de Mainery se encontraba dentro de él, seguramente ya se había dado cuenta de todos modos. ¿Qué perdía con contarle? Todo con tal de evitarse momentos incómodos y lecturas de mente no autorizadas en el futuro. De todos modos, para no sentirse tan expuesto, buscó una forma indirecta de explicarle.
-¿Alguna vez, cuando comenzó todo esto, no pensaste que podías salvarla? ¿Y que tal vez, eso te ayudaría a acercarte cuando menos un poco a ella?
Mainery no emitió respuesta alguna, pero Zoro sintió un asentimiento dentro de su cabeza, una expresión de acuerdo.
-Es lo que siento yo ahora mismo. Pero puedes estar seguro de que es algo mucho más grande.
Continuó con su camino, esperando que aquello fuera suficiente al menos para estar tranquilos por un rato. Si tuviera a Mainery enfrente, físicamente, hacia rato que le habría atestado un par de golpes, simplemente porque le era –solo un poco- desesperante.
…
Robin se recuperó un poco después de su ultimo enfrentamiento con Celine. No había ganado mucho, salvo lo único que le daba cierta seguridad: fuera máscaras. Celine ya no tenia que ocultar nada pues Robin conocía cada secreto suyo y se lo había mostrado. Ahora a Celine no le quedaba más que enfrentarla cara a cara pues de nada le valía ya fingir ser quien no era. Y Robin sabía que mientras ella no lo permitiera Celine no iba a poder tomar su cuerpo, todo lo que debía hacer era permanecer fuerte, al menos en el pensamiento y no dejarse confundir.
La desventaja era que así como ella conocía los secretos de Celine, ella conocía los suyos y sus debilidades, lo que convertía esto en un duelo de fortaleza mental.
Pero ya vería esa bruja, que tratándose de pensamiento, no se estaba enfrentando con cualquiera.
Continuará…
Ya estoy desenredando esto, así que espero mucho ánimo por que estamos llegando a la recta final del fic. Espero seguir contando con su lectura n.n
Besos! Atte. Yereri Ashra
