Capítulo 9

Ruinas de un pasado lejano

La nave donde Vegeta y compañía viajaban aterrizó finalmente en el Planeta Sho; gracias a que Zorn había utilizado las luces de la nave para utilizar un código visual de autorización, es que no fueron derribados por los soldados destinados en esa colonia.

Al saber de la presencia del escuadrón del Rey y Reina del imperio; el canciller a cargo de dicha colonia se apresuró en llegar para dar la bienvenida al distinguido grupo. Rápidamente se ordenó el preparar comida para atender a los recién llegados.

—Comuníquenme al centro de mando del Palacio Imperial de Vegetasei, ¡Ahora!

—Como ordene, Rey Vegeta —dijo el canciller, quien caminaba detrás de los monarcas del imperio para llegar a su oficina.

Al entrar a la oficina del canciller, éste último tomó lugar en su escritorio y comenzó a digitar los comandos para establecer la comunicación con el palacio.

En el Planeta Vegeta, Brássica buscaba al pequeño Bardock, quien había sido el único de los menores en no ir a la batalla de Namek. Reflexionaba sobre la noticia que tenía que darle a él y a sus otros nietos; si bien, su plan era ser directa y sin rodeos, ella misma aún no podía creer que sus hijos estuvieran muertos.

—¡Majestad! ¡Majestad! —dijo un guardia.

Miró al saiyajin por encima del hombro —¿Qué sucede?

—Es necesario que acuda al centro de mando, tenemos una transmisión del Rey Vegeta

Sus ojos se abrieron a más no poder —¡¿Qué es lo que dices?!

Extrañado, pues hasta el momento sólo la familia imperial tenía conocimiento del supuesto fallecimiento del Rey y compañía; el guardia parpadeó con sorpresa ante la reacción de la reina madre —El Rey Vegeta se comunica desde Sho, la transmisión está en el centro de mando, majestad.

—¡Avisen inmediatamente a la Princesa Bulma! —ordenó antes de salir corriendo al centro de mando. No tardó en llegar, impactándose de sobremanera al ver a sus tres hijos en el holograma, además de sus yernos —¡Vegeta! ¡Vilandra! ¡Odette!

Vegeta y compañía inclinaron la cabeza con respeto —madre —dijo Vegeta —¿En dónde está todo el mundo? ¿Qué es eso de que Trunks y los demás no están en el Planeta? —.

—Sí... verás —fue interrumpida.

—¡Vegeta! —exclamó Bulma, quien acababa de llegar al centro de mando. Se quedó petrificada al ver a su esposo y cuñadas en el holograma —está vivo... —apenas pudo pronunciar debido a la emoción.

Vegeta arqueó la ceja —¿De qué estás hablando?

Bulma se acercó al tablero —¡Idiota! ¡Creí que habían muerto! ¡¿Cómo te atreves a hacerme que me preocupe por ti de esa manera?! —.

—No debiste creer tal cosa, ¡El Rey de los saiyajin jamás moriría de un modo tan patético! —dijo mientras se cruzaba de brazos, con su media sonrisa tan característica de él.

Logró contener las lágrimas de felicidad que amenazaban con salir al ver a su esposo con vida.

—Madre —dijo Odette —¿Dónde están Vegeta y Sarah? ¿Y los demás?

Brássica se acercó al panel donde el holograma de sus hijos y yernos era proyectado —Todos fueron a Namek, derrotaron al último escuadrón reptiliano y vienen en camino en una nave a Vegetasei —.

—¿Y el parlamento? —preguntó Vegeta.

—Tu padre declaró un receso en las sesiones hasta el regreso de Trunks ya que... Pensábamos que ustedes habían muerto —respondió Brássica.

Vegeta se quedó pensativo por unos instantes —Bien, ya reanudaré las actividades del parlamento cuando regrese, volveremos en cuanto tengan lista una nave.

Para este punto, Bulma ya se encontraba en la computadora principal haciendo un cálculo de distancia entre los planetas Vegeta y Sho para estimar el tiempo de llegada.

—Podríamos volver más rápido —interrumpió Goku, adelantándose a su cuñado —Brássica, ¿Podrían usted, mi padre y Lord Vegeta elevar su ki al máximo? ¡Así podría usar la teletransportación!

—¡Kakarotto! ¡Sabandija no me estés empujando!

—Sí, claro —Brássica llevó su mano hasta su rastreador para llamar a su esposo —Vegeta.

¿Qué sucede?

—Es... Tú y Bardock, deben venir al centro de mando... Es urgente.

No tardaron más que unos pocos minutos en llegar, por el lugar a donde la Reina Madre les había convocado, debía de ser algo verdaderamente importante. Ambos saiyajin se quedaron boquiabiertos al ver la transmisión holográfica.

—¡Odette! ¡Vegeta! ¡Vilandra!

—¡Kakarotto!

Dijeron ambos al mismo tiempo al ver vivos a sus respectivos hijos.

Fue Goku quien tomó la palabra nuevamente —Padre, Lord Vegeta, Brássica, ¡Por favor! Eleven su ki al máximo para poder sentirlos y usar la teletransportación.

Los tres saiyajin asintieron con la cabeza —¡Aguarden un segundo! —exclamó Bulma —si hacen eso aquí ¡Van a volar toda la habitación!

Lord Vegeta hizo una mueca ante lo expuesto por su nuera.

—Bulma tiene razón —dijo Brássica, provocando que su marido la observara de manera severa —es mejor que lo hagamos en el jardín —caminó hacia la salida del mando central del imperio, siendo seguida por su nuera, Bardock y Lord Vegeta.

Una vez en los jardines del palacio, los tres comenzaron a elevar su ki al máximo, siendo Lord Vegeta y Bardock quienes, de hecho, pasaron de su estado base a super saiyajin al realizar esto.

En el Planeta Sho; Goku tenía los ojos cerrados —¡Puedo sentirlos! —exclamó, para entonces tomar la mano de su mujer. Vegeta y Zorn colocaron una mano en el hombro de Kakarotto, mientras que Odette hizo lo mismo pero tocando el hombro de su melliza. Los cinco saiyajin desaparecieron de la oficina del canciller de Sho, para aparecer en el jardín del Palacio Imperial de Vegetasei.

Vegeta IV seguía caminando por aquella jungla, persiguiendo el movimiento de las plantas que le hacían sentir que estaba siendo seguido por alguien, o algo; sin embargo, nunca pudo ver nada ni a nadie —Este lugar es... demasiado extraño.

Dio un paso, y volteó a mirar hacia abajo cuando escuchó y sintió que algo crujía bajo su pie. No se asustó, pero simplemente no esperaba encontrar la osamenta de otro saiyajin, y menos del modo en que ésta se encontraba: atado de pies y manos por cadenas ya oxidadas por el paso del tiempo. En medio de la caja torácica se podía observar un extraño cuchillo de mango color negro, rodeado por una espiral plateada que asemejaba a una serpiente cuando éstas se enredan en las ramas de los árboles.

Cerca de la cabeza se podía observar los fragmentos de una vasija con símbolos grabados en ellos, así también, un pequeño cofre que estaba al lado de los huesos.

Llevado por su curiosidad, el príncipe abrió el cofre —¡Pero qué diablos! —lo soltó tan pronto lo abrió. A pesar de quién sabe cuántos años que tenía sellado aquel pequeño cofre, la peste que despidió al abrirlo fue inmensa y no era para menos, había sangre seca y trozos de lo que alguna vez fuera el corazón del saiyajin que ahora yacía ante él en forma de esqueleto —¡¿Qué demonios es este lugar?!

Vegeta IV era el azote del Planeta al que era enviado, a diferencia de su primo Trunks quien era más alguien de diálogo, de conciliación, y que buscaba siempre entablar buena relación al añadir una nueva colonia más al imperio de su padre; Vegeta IV era el elegido si se trataba de las llamadas "negociaciones hostiles"; que no era más que un elegante término para denominar los exterminios y purgas planetarias en aquellos Planetas que tenían un valor estratégico por su ubicación para ser usados como base militar, de abastecimiento o telecomunicaciones; pero cuyos habitantes o recursos naturales, si es que los había, no tenían ninguna utilidad para el imperio saiyajin. En ese campo, no había nadie mejor que él entre los saiyajin de 18 a 25 años.

Por lo anterior, es que al joven príncipe no le asustaba el ver cadáveres o restos de seres vivientes, pero ese lugar tenía una atmósfera muy extraña, además de que, por el estado de los huesos, éstos, y el corazón deberían tener cientos de años de antigüedad, ¿Por qué la caja conservaba el hedor de una putrefacción reciente? Esto lo desconcertaba.

—¡No hay nada de utilidad aquí! —espetó con cierto desagrado, harto de seguir encontrando restos a cada paso que daba.

—¡A... Da...!

Vegeta IV volteó al escuchar aquel lejano e incomprensible grito. Se quedó en silencio.

—¡Ayuda!

Pudo distinguir mejor lo que aquella voz de una mujer desesperada gritaba. Más llevado por la curiosidad que por cualquier otro motivo, el príncipe caminó hacia donde más o menos había escuchado aquel grito —¿Estoy escuchando cosas? —se cuestionó al ya no escuchar nada.

Respiró profundamente —Fue... Seguro fue el viento —trató de explicar lo que había escuchado, pero en ese momento, nuevamente algo captó su atención.

—¡Ayúdame!

No fue sólo el grito desesperado que volvió a escuchar, sino que detrás de él se le figuró ver una sombra —¡¿Quién está ahí?!

—¡Ayuda!

Esta vez no sólo fue el grito de auxilio, también unos feroces gruñidos le hicieron correr a través de aquella misteriosa jungla. Conforme avanzaba, podía escuchar la voz de aquella mujer cada vez más fuerte y clara —¡Debe estar por aquí cerca! —continuó corriendo, deteniéndose para poder escuchar ya fueran los gritos o bien, aquellos rugidos que parecían ser emitidos por una bestia infernal.

—¡Por favor! ¡Ayúdenme!

Y pudo escuchar aún más claramente aquella voz que clamaba por auxilio de ese modo tan desesperado. Corrió hasta salir de la jungla, casi cayendo por un acantilado hacia el océano negro; aunque pudo detenerse antes de que esto sucediera.

—¡Aahh!

Aquel grito seguido por los rugidos provenían de una caverna que estaba en ese acantilado, aunque para entrar a ella tenía qué volar ya que la entrada daba hacia el océano. No lo dudó, y lanzándose por el acantilado voló para poder entrar en aquella cueva de donde los gritos provenían.

Kratos y Tarja caminaban por lo que parecían ser las ruinas de alguna antigua civilización —¿Qué fue lo que ocurrió aquí? —preguntó Tarja, pues pareciera que se encontraba en algún planeta luego de haber sido atacado por alguno de los escuadrones de saiyajin.

—¡Tarja!

La princesa acudió a los escombros de una vivienda donde su marido se encontraba —¿Qué sucede? —cuando Kratos apuntó hacia el suelo, se sorprendió al ver esqueletos de saiyajin.

—Y por allá hay más —dijo mientras volteaba hacia otros escombros detrás de ellos —Es extraño que no tengamos registros de este planeta, pero haya esqueletos de saiyajin... No tiene sentido.

—O quizás... —se quedó pensativa mientras observaba los huesos. Parecían ser dos saiyajin adultos y un niño, esto por el tamaño de los craneos, así como los pares de huesos de brazos, o los huesos de las colas —¿Una familia? —Se dirigió hacia otros escombros, donde había huesos de otros dos saiyajin. Siguió explorando aquellas ruinas, encontrando más esqueletos.

Intrigado por lo que sea que estuviera pensando su esposa, Kratos siguió a la princesa hasta que la vio detenerse en una de las casas, donde comenzó a remover los escombros —¿Qué haces, Tarja?

La princesa removía los restos de la vivienda como si buscara algo —Kratos, ¿De dónde vienen los saiyajin? Me refiero, ¿Recuerdas que se mencione en algún registro nuestro Planeta de origen o su ubicación? —.

El general se quedó pensativo, pues todos los saiyajines desde hacía varias generaciones crecían sabiendo sobre el cataclismo que el Planeta Saiyan original había sufrido cientos de años atrás, más nadie en realidad sabía su ubicación, si fue destruído, o qué había sucedido realmente —No... ¿Por qué preguntas? —.

Tarja levantó un muro, encontrando a otro esqueleto que sostenía algo. Con sumo cuidado, abrió la mano del saiyajin, descubriendo un antiguo papiro. Fue tanto el esmero que puso en tratar de no maltratar el papel, que terminó rompiendo tres dedos del esqueleto. Con delicadeza extendió el pergamino...

Temnota na nas, i net mesta, chtoby spryatat'sya, teper' my dolzhny borot'sya protiv Alastora, kotoryy ubil polovinu nas. (La oscuridad está sobre nosotros y no hay lugar para esconderse, ahora tenemos que luchar contra Alastor que ha matado a la mitad de nosotros.)
My budem umirat' zdes' i seychas, tak te, kto mog bezhat' budet vyzhit', oni yavlyayutsya nadezhdoy nashey rasy. (Moriremos aquí y ahora para que los que puedan escapar sobrevivan, son la esperanza de nuestra raza.)
Dlya milosti korolevy Brigids, The Saiyans budet! (Por la gracia de la Reina Brigid ¡Los saiyajin prevalecerán!)

—¡Diablos! —espetó Tarja —Si tan sólo mi mamá estuviera aquí para traducir esto.

A pesar de su total desconocimiento del antiguo idioma, Kratos se quedó observando el papel que su esposa sostenía —dice... ¿Algo sobre la diosa?

Tarja asintió con la cabeza —Sobre la diosa, Alastor y algo sobre muerte —suspiró frustrada —Nunca le vi sentido en aprender un idioma obsoleto.

Kratos comenzó a buscar entre los escombros tal y como hizo su mujer hacía unos momentos —¡Debemos buscar más reliquias como esas! Aquí hay saiyajin que murieron... Sólo por eso, este planeta en definitiva debe quedar en los registros del imperio.

Tenía razón, sea lo que fuere el escrito que acababa de encontrar, de algún modo esos saiyajin habían llegado y vivido en ese misterioso y desolado lugar, y sólo por esa razón es que al menos debían tener la información de ese planeta en los archivos "Al menos les debemos eso" pensó la princesa.

Marido y mujer emprendieron la tarea de buscar más escritos, o algo que les diera más pistas de aquel lugar y llevarlas consigo al Planeta Vegeta para que Vilandra pudiera traducir, y así tener más conocimiento de aquellos saiyajin caídos.

Mientras tanto en la nave, Mai había ya logrado reparar dos de los motores dañados y justamente estaba trabajando en reparar el motor restante para poder después concentrarse en el reactor y los sistemas.

Trunks soldaba las piezas que Mai le indicaba; mientras que los niños se entretenían hablando, o bien, Kensai "entrenaba" dando puñetazos y patadas al aire para impresionar a la más joven de las princesas.

Mientras que su amigo hacía una serie de patadas y piruetas, Carrote desvió su mirada hacia el horizonte —no —dijo en susurro —¡Es que no puedo!

Kensai alcanzó a escuchar algo —¿Pasa algo, Carry?

Carrote se puso nerviosa —todo... ¡Está bien! —cuando vio que el pequeño volvió a hacer sus poses de batalla, se volteó hacia su derecha —¿Por qué no puede venir? — hizo una pausa, como si algo, o alguien le estuviera respondiendo —Pero Tarja me dijo que me quede con Trunks y Mai y Kensai —hizo un puchero —¿Y si se enoja conmigo? —dio un paso al frente —está bien —.

—Trunks, ¿Puedes pasarme uno de esos engranes? —dijo Mai mientras sostenía una pieza con un desarmador.

El príncipe bajó al piso donde tenían las refacciones y herramientas, levitando para darle el engrane a la terrícola —Aquí tienes.

Mai le dedicó una sonrisa breve —creo que ya casi —procedió entonces a embonar el engrane en esa sección del motor. Una vez que esto quedó listo, la joven volteó hacia abajo, encontrando el rostro sonriente del príncipe que la contemplaba —E... ¿Está todo bien? —preguntó mientras sus mejillas, por alguna razón desconocida se teñían de rojo.

—Lo siento, es... es sólo que nunca imaginé que fueras tan hábil para esto —hizo una breve pausa para tomar aire —Mai, eres tan capaz como muchos de los ingenieros que trabajan con mi madre, ¡Yo diría que hasta más que ellos! ¿Puedo preguntarte algo?

—¡Sí! Lo que gustes.

—Sé que después de la matanza en Baiku no tenías a dónde ir pero, ¿Por qué no intentaste unirte al programa científico imperial? Finalmente, ya estabas en Vegetasei, y estoy seguro que mi madre apreciaría que trabajaras en su equipo... —suspiró —Digo, es que serías un gran elemento en cualquiera de las ramas de ciencia e ingeniería.

Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Mai quien, si bien, en el pasado había recibido comentarios positivos sobre sus habilidades, nunca antes se había sentido tan halagada profesionalmente como en ese momento —¿De verdad lo crees? —preguntó con timidez.

—¡Claro que sí! —sin darse cuenta, había tomado la mano de ella —¡Reparaste dos motores de una Ralyan seis mil compacta tú sola! Sin ti... ¡No sé si yo hubiera podido reparar tan sólo uno! —dijo, llevando la mano detrás de su cabeza —¿Cómo ves? Si quieres, cuando regresemos puedo decirle a mi made que te dé una oportunidad, ¡Sé que apreciará tener a alguien capaz en su equipo!

Mai desvió la mirada de manera tímida, pero al segundo pasó de la timidez y modestia a sentirse tremendamente nerviosa, casi asustada —Yo... Trunks no es... quiero decir... —balbuceaba y tartamudeaba.

Pero para ese momento, el silencio comenzó a ser sospechoso para el príncipe quien había desviado su atención hacia donde estaban los menores —¿Dónde está Carrote? —preguntó en voz baja, más bien para sí mismo.

—¿Qué? ¿Cómo? —preguntó Mai, desconcertada.

—Ahora vengo —Trunks descendió de la compuerta del motor donde él y Mai trabajaban. Sin llegar a tierra, el píncipe voló a donde Kensai seguía haciendo movimientos para impresionar a su amiga —Kensai, ¿Dónde está Carrote?

El pequeño detuvo abruptamente sus patadas y piruetas —¡Ahí! —apuntó hacia el suelo, pero hasta ese instante no se había dado cuenta que la princesa había desaparecido —pe... pe... ¡Pero ahí estaba!

—¡Carrote! —exclamó Trunks.

—¡Carry! ¡¿Dónde estás?!

El príncipe volteó en todas direcciones, pero no lograba visualizar a su prima; y si de esconderse se trataba, Goku había enseñado muy bien a la niña a controlar su ki para desaparecerlo por completo, o elevarlo al máximo potencial del que podía ser capaz a esa tierna edad.

—¡Carry! ¡Sal! ¡Esto no es divertido! —exclamó Kensai.

Trunks siguió observando a su alrededor, hasta que a varios metros de ellos pudo distinguir una pequeña silueta que corría hasta casi llegar a un bosque —¡Allá está! —se dispuso a ir por la pequeña —¡Kensai! ¡Quédate con Mai! ¡Yo iré por Carrote!

—¡Pero yo también quiero ir! —replicó el menor.

—Kensai, te necesito aquí para proteger a Mai... ¡Y también la nave! ¿Me harías ese favor? —preguntó mientras le dirigía una sonrisa al pequeño para transmitirle su confianza en él. Un asentimiento del pequeño junto con el saludo formal a la realeza obtuvo como respuesta por parte del pequeño —¡Confío en ti, Kensai!

—¡Espera! —exclamó la pequeña quien corría a través de aquella zona desértica, hasta que se adentró en un bosque que estaba por lo menos a cinco kilómetros de la nave. Era como si algo en el aire le dijera hacia dónde ir, pues su vista siempre estaba hacia arriba mientras corría por aquella zona.

Trunks llegó en cuestión de segundos a aquel bosque. Por encima de éste no podía visualizar nada más que las copas de los árboles, por lo que tuvo qué optar por seguir a pie —¡Ush! ¡Carrote! ¿Por qué tenías qué decidir meterte en líos justo en este momento?

Volteaba a todas direcciones, pero sólo podía observar bosque y más bosque —¡¿Carrote?! —gritó tan alto como pudo; aguardó unos segundos, y después se encogió de hombros —¡¿Dónde es que está ésta niña?!

Giró su cabeza hacia un lado, hacia el otro; hasta que escuchó lo que parecían ser unas risas traviesas —¿Carrote? —dio unos pasos hacia donde había escuchado las risas —¡¿Carry?! —exclamó... Nada.

—¡Carrote! —Nada... Hasta que una pequeña silueta volvió a llamar su atención —¡Carry! —corrió hacia donde aquella pequeña figura se dirigía, pero entre más avanzaba y se adentraba en aquel bosque, no podía encontrar a su pequeña prima.

Llegó el punto en que el príncipe no estaba seguro de qué tanto se había adentrado en el bosque, qué tanto había estado caminando, si caminaba en círculos o en alguna dirección. Debía encontrarla, jamás se perdonaría a sí mismo si algo le sucediera a Carrote o a cualquiera de sus otros primos, ni qué decir de su hermana menor.

Las sombras de los árboles que daban apariencia como si estuvieran secos, pero cuyas hojas se sentían suaves, dificultaban aún más el intentar buscar y seguir las huellas de la pequeña, ya que la tierra era totalmente negra y, debido a la densa atmósfera gris, la luz del pequeño y lejano sol no alumbraba con la intensidad del sol de Vegetasei o el de la Tierra.

—¡Carrote! —silencio.

—¡Carrote! —nada.

Caminó unos pasos más —¡Carrote! ¡Te prometo no decir nada a mi tía Vilandra! ¡Tampoco le diré nada a Tarja! ¡¿Me escuchas?! —no obtuvo respuesta —¡Carry!

Unas pequeñas risas se escucharon, y pudo observar nuevamente una infantil silueta que se perdía a lo lejos entre los árboles. Corrió para seguir y alcanzar a la pequeña, cuyas risas se escuchaban a cada paso con mayor intensidad. Continuó, hasta que la manga de su traje de spandex se atoró con una rama, liberándose con un brusco movimiento que desgarró la prenda, quedando su manga hasta la mitad entre el codo y el hombro.

Alzó la mirada, sorprendido al ver las ruinas de lo que parecía haber sido alguna vez una ciudad. Algunas edificaciones seguían en pie, pero visiblemente en pésimas condiciones como para si quiera pensar en ingresar en cualquiera de aquellas viviendas o restos de edificios, todos cubiertos con plantas, incluso había algunas casas donde habían crecido árboles desde el interior, y que en el proceso, los techos habían sido destruidos por la naturaleza.

Quizás él estaba por lo que alguna vez fue una calle principal, era difícil saberlo por el estado actual del lugar, pero al estar las edificaciones a cada lado quizás era una suposición acertada. Continuó su camino, hasta que a pocos metros pudo finalmente divisar a la pequeña princesa —¡Carry! —exclamó con alivio, corriendo hacia su prima quien observaba atentamente a algo —¡Carrote! ¡¿Por qué desapareciste así?! —al no obtener respuesta, y viendo cómo la pequeña estaba atenta a algo; el príncipe volteó sus ojos hacia donde la niña fija la mirada. Se quedó perplejo.

Ante ambos, se erigía una estatua de un material blanco similar al mármol que, aunque estaba cubierta por algo de maleza, se podía distinguir la figura de un gran sol en la base; y de pie sobre ese sol, una mujer de larga cabellera con dos hombres, uno a cada lado. El hombre de la derecha sostenía una lanza, mientras que el de la izquierda sostenía un tridente. Por su parte, la mujer sostenía una manzana en su mano izquierda, y un báculo con su mano derecha.

Trunks cayó de rodillas —Son... los dioses... —estaba confundido, ¿Cómo es que había llegado esa estatua hasta ese Planeta del que no se tenían ni registros? ¡Sólo en el Planeta Vegeta había ese tipo de representaciones en todo el imperio! No lo entendía.

—Él quiere darte algo —dijo la pequeña.

—¿Qué? ¿Quién? ¿De qué hablas?

Carrote se colocó delante de su primo, apuntando hacia la estatua del hombre con la lanza —¡Mira su otra mano! ¡Está vacía!

Trunks no entendía nada —Carry, ¿A qué te refieres?

—¡Ven, Trunks! —dijo la pequeña, quien corrió hasta la base de la estatua, extendiendo su mano hacia el suelo, justo debajo de la estatua del Dios Dahda.

Temiendo que su prima volviera a extraviarse, el príncipe siguió a la pequeña —¿Qué es lo que...? —sus ojos se maravillaron al ver una espada con el mango de oro, y una fina hoja de color blanco que la hacía una magnífica pieza. Al ser un saiyajin, las únicas armas en las que se había entrenado eran los cañones de las naves por si era necesario en caso de un ataque en el espacio. Sin embargo, Trunks tenía cierta atracción por las espadas, por lo que este objeto llamó bastante su atención.

—¡Es para ti, Trunks!

El príncipe tomó la espada en su mano, totalmente fascinado por la finura de la hoja, la blancura de ésta, el firme y elegante mango de oro, los finos diseños que le adornaban. Tanto en la hoja como en el mango, se podía leer una inscripción:

"Bor'ba za nadezhdu, gordost' vasha sila"

—Pelea por la esperanza, el orgullo es tu fuerza —dijo Trunks, traduciendo a la perfección la inscripción de la espada. El príncipe no era precisamente un experto, tampoco dominaba el saiyan antiguo o al menos, estaba muy debajo del nivel que dominaban tanto su tía Vilandra como los sacerdotes; pero a comparación de sus primos, él tenía un mejor conocimiento del antiguo lenguaje, aunque era motivo de debate si es que él tenía mayor dominio que su hermana o bien, Bra tenía un nivel un poco más alto que el príncipe.

Después de estar unos instantes absorto por la novedad de la espada, volteó con la pequeña —¿Cómo es que la encontraste?

Carrote señaló la estatua, específicamente, al saiyajin con la lanza —él me dijo que debía darte esa espada, que sólo tú podías tenerla, ¡Y me trajo aquí para dártela!

—Carry —se arrodilló junto a la niña —es tan sólo una estatua, no pudo decirte todo eso.

La pequeña estrechó los ojos —¡Es verdad! ¡Él vino conmigo cuando Kensai me mostraba sus técnicas! ¡Me dijo que lo siguiera hasta aquí porque debía darte su espada! —exclamó frustrada, ¡Ella no decía mentiras nunca! Y era exasperante para la pequeña cuando no creían en su palabra.

No deseando desgastarse en debatir con una niña de cuatro años, el joven príncipe sólo acarició la cabeza de su prima, dedicándole una dulce sonrisa —está bien, ¡No te enojes! —aguardó a que la cara de rabieta de la niña se esfumara —gracias por la espada.

Vegeta IV se adentró en la cueva de donde provenían los gritos de auxilio, así como aquellos terribles rugidos. Caminó unos cuantos metros —¡¿Hay alguien aquí?! —preguntaba una y otra vez, pero sólo podía escuchar los desesperados gritos de aquella mujer, aún más adentro en la caverna.

Dio un paso más... y estuvo a punto de caer, por lo que se transformó en súper saiyajin para poder iluminar aquel oscuro lugar. Ante él, sólo había un estrecho camino, mientras que a los lados era un profundo abismo al que estuvo a punto de caer "¡Qué suerte que puedo volar!" Pensó, y justamente emprendió el vuelo a partir de ese punto, dirigiéndose a un punto de luz que observaba al otro lado de aquel estrecho camino.

Se sorprendió al encontrar frente a él, encadenada sobre una mesa de piedra, a una hermosa joven de piel morena oscura, cabello medianamente largo, su cola indicaba que se trataba de una saiyajin cuya edad podría situarse entre los 25 y quizás hasta 35 años, es difícil establecer una edad aproximada debido al lento envejecimiento de los saiyajin. Estaba vestida con un top que apenas cubría sus senos, y una diminuta falda asimétrica; ambas piezas en color perla, además de un collar de siete piedras de color rojo similares a los rubíes.

—¡Ayúdame! ¡Por favor! ¡Antes de que vuelvan!

El príncipe reventó las cadenas que sujetaban los pies de la chica.

—¡Detrás de ti!

Volteó, pero sólo había una silueta humanoide totalmente negra y de ojos rojos detrás de él. Formó una esfera de ki en su mano derecha, lanzándosela a aquel sujeto, o cosa, o lo que fuera, venciéndolo sin mayor problema en ese instante.

—¡Lo lograste! ¡Lo lograste!

Intrigado de lo fácil que resultó vencer a quien tenía a la joven en esa situación, decidió no darle mayor importancia y en cambio, disparó pequeños ataques de ki hacia las cadenas que ataban las manos de la chica a aquella piedra en forma de mesa.

La joven se incorporó, quedando sentada en la roca mientras frotaba sus muñecas, cansadas por el forcejeo de las cadenas.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Vegeta IV.

La saiyajin se levantó, abrazando al príncipe —¡Gracias por rescatarme!

Tykva vino a la mente del príncipe, quien en ese instante rompió el abrazo de aquella mujer —Sí, como sea... ¿Quién eres? ¿Qué sabes tú de este Planeta? ¿Eres nativa? —preguntó bruscamente.

Ya sabes lo que tienes qué hacer y qué decir —dijo una macabra voz masculina en la cabeza de la chica.

—Soy Zerixé, yo... Venía en una nave hace ya mucho tiempo y... Una tormenta nos atrapó... Lo último que supe fue que desperté en este Planeta y todos habían muerto —dijo con la voz entrecortada.

—Seguro fue por esa maldita tormenta magnética que rodea este sistema —se dio la media vuelta, con toda la intención de marcharse —escucha, si quieres salir de este planeta puedes venir conmigo y mis primos al Planeta Vegeta, allá podrás encontrarte con tu familia... O conocidos —.

Ella retrocedió —No... No tengo familia... No tengo a nadie... Como te dije, todos murieron en ese accidente.

Hizo un sonido gutural al no saber en realidad qué decir al respecto —En fin, no creo que realmente quieras permanecer más en este planeta, así que si quieres largarte de aquí sígueme; o quédate, me da igual —dio un paso para marcharse de aquella cueva.

—¡No te vayas! —exclamó con desesperación, acercándose por la espalda al príncipe, colocando sus manos en los hombros del joven —Aún no me has dicho tu nombre.

—Me llamo Vegeta (IV) —respondió con brusquedad.

—Vegeta —dijo en susurro.

El príncipe dio la vuelta para quedar frente a ella una vez más —¿Entonces? Si no vas a querer irte de este planeta, entonces no me hagas perder más mi tiempo.

La joven llevó sus manos hacia su top, quitándoselo por encima de la cabeza para dejar al descubierto sus pechos —Por favor, déjame agradecerte por haberme salvado.

Los ojos de Vegeta IV se abrieron por completo, un poco sorprendido por el ofrecimiento de la joven; y no es que fuera la primera vez que una desconocida le ofrecía sexo, tanto a él como a Trunks les sobraban mujeres dispuestas a complacer a ambos príncipes sin embargo, ella no sabía que él era el príncipe ¿O sí?

"Tykva" A su mente vino el recuerdo de la joven aristócrata que le aguardaba en el Planeta Vegeta, y con quien estaba decidido a finalmente unirse —No... no es necesario —pronunció titubeante, aunque sus ojos no dejaban de contemplar los oscuros ojos de ella, sus firmes pechos, su piel morena, sus largas piernas.

Zerixé se acercó al príncipe, rodeándolo con sus brazos —es lo menos que puedo hacer por ti... ¿O es que no te gusto? —pronunció con un tono de tristeza.

—¡No digas eso! —sostuvo el rostro de ella mientras sentía que su cuerpo respondía al sentirla tan cerca y dispuesta a complacerlo. "Será la última vez... Después de hoy... Al volver a Vegetasei Tykva será mi esposa... Sólo ésta vez... Ésta será la última vez" Pensó, antes de fundir sus labios con los de Zerixé en un beso salvaje y apasionado, retirándose los guantes para poder disfrutar del suave tacto de la piel de aquella mujer quien retrocedía para llevarlo a aquella roca donde hasta hacía unos instantes se encontraba encadenada.

Deslizó su falda por sus largas piernas, quedando totalmente desnuda ante el príncipe quien rápidamente se despojó de su armadura y vestimenta, dispuesto a disfrutar ese momento el cual, había decidido que sería su "despedida de soltero" antes de unirse con Tykva.

La tomó del brazo y la trajo bruscamente hacia él, a lo que ella respondió besándolo profundamente mientras sus manos se aferraban a la cabeza del Príncipe quien recorría la espalda de Zerixé, bajando lentamente hasta los glúteos de la joven. Los apretó con suavidad, para seguir bajando y así impulsarla para cargarla de ese modo, logrando que ella le rodeara con sus piernas.

Dio unos cuantos pasos para llegar a aquella mesa hecha de piedra, depositando a Zerixé en la orilla de ésta. Los labios del príncipe fueron de la boca de ella a su cuello, saboreándolo de manera fogosa y arrebatada mientras la joven echaba su cabeza hacia atrás y sujetaba la cabeza del príncipe contra ella, profundizando aún más los salvajes besos del joven.

—¡Aahh! —gimió al sentir la virilidad del príncipe hundiéndose lentamente en su intimidad, y arqueó su espalda hacia atrás mientras lo sentía abrirse paso en su interior... invadiéndola... poseyéndola.

Sostuvo la espalda de la joven con una de sus manos, y mientras disfrutaba el adentrarse en ella, su boca se concentró en atacar uno de los pechos de Zerixé, mientras que su mano libre se divertía estrujando el otro seno.

Estaba excitado como nunca, se sentía salvaje y fuera de sí. Algo en esa mujer le provocaba el dejarse llevar por sus más bajos instintos. No le importaba si usaba mucha fuerza al tocarla o besarla, o si le pudiera dejar hematomas en la piel, quería saciar sus instintos, gozarla al máximo en ese momento hasta hartarse de ella, embestirla como si no hubiera un mañana.

Los gemidos de ambos resonaban en aquella caverna, aunque a este punto, era difícil saber si ellos estaban gritando, o sólo era el eco que magnificaba los sonidos de placer que los dos emitían.

Zerixé se recostó sobre la piedra mientras arqueaba su espalda de placer al sentir las acometidas del príncipe, mientras que con sus piernas lo jalaba hacia ella para profundizar el acto aún más. Ya que estaba recostada a lo ancho de aquella roca que asemejaba una mesa, o altar; extendió los brazos por encima de su cabeza, quedando estos en el aire por unos instantes.

Estaba absorto en su actividad, arrancando gemidos de la mujer con la que estaba en ese momento, ésta era la última amante casual que tomaba, al volver uniría su destino con aquella que tanto tiempo lo había esperado.

El príncipe se encontraba al borde de un intenso clímax, lo cual notó Zerixé quien en ese momento clavó un cuchillo negro de doble filo en el centro del pecho de Vegeta IV. La joven sonrió con malicia, y sus ojos se tornaron completamente negros —En este día, en esta hora sobre este altar, ¡Tomo tu alma y la condeno! ¡En la condena encontramos libertad y propósito! Y que tu cuerpo sea para el Dios Ralik, señor del caos y la destrucción. ¡Que tu maligno poder crezca hacia el infinito! ¡Ralik! ¡Acepta este sacrificio que te ofrezco yo! ¡Zerixé! ¡Tu sacerdotisa! —exclamó en voz alta mientras que del cuchillo con el que había apuñalado al príncipe, se observaba una energía color púrpura.

—¡¿Qué demonios?! —exclamó Vegeta IV quien en ese momento sintió que el aire le faltaba, no podía respirar, no podía moverse; era como si estuviera siendo aplastado dentro de su propio cuerpo. Sus ojos se tornaron totalmente blancos mientras que sus músculos se paralizaban por completo. Su corazón dejó de latir en ese preciso instante.

CONTINUARÁ.


Como nota, tanto aquí como en La Era dorada de los saiyajin hay escenas sexuales involucradas en rituales, lo cual quizá les confunda un poco.

En rituales de magia tanto negra como magia blanca, paganismo, wicca, satanismo; y otro tipo de creencias o prácticas, se utiliza el sexo dentro de importantes y poderosos rituales, dependiendo de cada ideología y ritual, es el propósito de incluir el acto sexual. Lo anterior es porque, como durante el sexo hay mucha energía por parte de ambos participantes que se libera, etc, por esto es que es un recurso, por decirlo de algún modo, bastante poderoso para este tipo de rituales.

Y bueno, por ahora sólo hay un review de Vegeta Briefs, muchas gracias por tu comentario, por seguir la historia ¡Por todo! En verdad muchas gracias!

Yo sé que muchos esperaban el tan zukulemto (sí, es broma el que lo haya escrito así) lemon de Vegeta y Bulma, que sí habrá pero, número uno, no me gusta escribir dos lemons en un mismo capítulo, se me hace demasiado. Por otro lado, tanto Demian que es el coautor del fic como yo decidimos que el lemon entre Vegeta IV y Zerixé sería el primero de todo el fic, también por eso es que no hubo lemon de Tarja y Kratos; Vegeta y Bulma; o Vegeta IV y Tykva siendo que había momentos en que se prestaba para que hubiera lemon entre estas parejas.

Por otro lado y como pudimos ver, los príncipes se encuentran nada más y nada menos que en el Planeta Saiyan original! Sí, aquel donde surgió la raza guerrera y cuyos habitantes perecieron siglos atrás a causa de un gran cataclismo... Y como decía una de las inscripciones, sólo algunos lograron escapar para buscar otro planeta dónde vivir.

Como pudimos ver, nadie puso atención a las lecciones de saiyan antiguo salvo los que no son 100% saiyajin sino híbridos, es decir, Trunks y Bra. En cuanto a Vilandra, si bien en el fanfic pasado (La era dorada saiyajin) no lo dejé tan en claro, no es que ella sea un prodigio en el saiyan antiguo ni mucho menos, básicamente lo domina a la perfección porque al crecer entre los sacerdotes fue algo prácticamente forzoso.

Lo que sí, es que esto nos deja un mensaje clarísimo: Nunca deshechar o subestimar el aprender otro idioma. Los príncipes están encontrando indicios importantísimos sobre el pasado de su raza y ni siquiera lo notan porque no hablan el idioma original!

En fin, veamos qué sucede en el siguiente capítulo, ¿Vegeta IV habrá muerto realmente? ¿Qué fueron esas palabras que dijo Zerixé? La espada de Trunks ¿Por qué se la hicieron llegar los dioses? ¿Para qué?

Nos leemos en el siguiente update!

Besos!

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