NOTA1: Este relato es la segunda parte de "Claro de Luna"... no es estrictamente necesario haberlo leído, pero sería adecuado xDD... después de todo sigue del final de "Claro de Luna"
NOTA2: Este relato contiene spoiler del capitulo 37 y puede que de algunos más... pero si no los habéis visto podéis leer el fanfic sin problemas, puesto que los diálogos del capitulo importantes están incluidos. Puede que no sean literales 100 pero he tratado de ser lo más literal que me permite mi memoria ). Aunque algunos los cambiaré un poco a propósito para el fanfic.
Quiero dedicar este relato a la gente que me dejó reviews en "Claro de Luna", pero especialmente a agf, Maya-chan, Bake-tsuki, Ann, Eugenia, Shadashiva, KreuzAsakura y spe metallium porque sus reviews tienen algo que me animó a escribir esta segunda parte. Espero que sigais apoyándome con esta segunda parte, porque vosotros tenéis vuestro pellizquito de mérito.
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El fuego rodeandoles, la desesperación creciendo... quería llorar y darse por vencida, quería simplemente dejar de sufrir. Dolor, siempre dolor, como un mal irremediable que nunca le dejaba descansar. A veces solo deseaba cerrar los ojos, dormir y olvidar todo aquello. En ocasiones como esa el darse por vencida era una dulce tentación. Si sólo tuviera el valor de dejar de vivir... si sólo olvidara sus obligaciones... Aunque si lo pensaba bien ¿qué responsabilidades tenía? Diva no era un peligro, los chritophera estaban más o menos controlados... y no tenía una familia que proteger. Sus piernas cedieron y tanto ella como Hagi, al que hasta ahora había estado sosteniendo, cayeron al suelo. Con cuidado tumbó a su caballero en el suelo y dirigió su mirada a Nathan.
- Por favor, matame ...- sollozó. El caballero de la reina azul se sorprendió por aquella suplica.-
- ¿Qué? -
- Hoy es el día en que tenía que morir. De una manera u otra yo venía a morir a este lugar. Muerta de la mano de mi hermana o de la de Hagi, esas eran mis opciones. si lograba terminar con ella Hagi y yo teníamos la promesa de que terminaría con mi vida. Si el no puede hacerlo, te suplico que lo hagas tú...- desde abajo le miró con ojos lastimosos. El dolor se reflejaba en aquellos iris marrones, tanto tanto dolor que por primera vez Nathan dudó de su bando. No es que no estuviera de lado de Diva, pero sintió autentica lastima por aquella muchacha frágil que rogaba por una muerte que le aliviara de la pesada carga de su vida.-
- ¿Estás segura de querer morir? - aún habiendo dicho esas palabras no comprendía porque su mente se negaba a hacerle daño en aquel momento.-
- ¿Qué sentido tiene mi vida? He vivido decadas con el único impulso de matar a Diva. Terminar con nuestra especie para borrar un error que nunca debió ocurrir, pero Diva ha comprendido ahora que tiene otras opciones... va a tener a esas niñas. ¿Quién soy yo para decidir quienes son los buenos y quienes los malos? -
- Si ese es tú deseo te serviré por esta vez.- el caballero convirtió su mano humana en la de christophera con la idea de hacerse una herida en la mano y luego clavarsela en el estómago a la reina.-
- Pero antes... te pido una cosa más. Por favor saca de aquí a Diva y a Hagi... y dile a él que me perdone.-
- Como desees.- Nathan se dispuso a ello, se acercó a Saya y con un cristal del suelo se hirió en la mano. Ella cerró los ojos y rezó, sin saber a quien, para ser perdonada por sus pecados y porque la gente a la que apreciaba fuera feliz. Una lágrima resbaló por su rostro y algo raro ocurrió en Nathan. Toda su determinación desapareció. Desde hace mucho tiempo se dio cuenta que las desgracias de Diva eran culpa de su hermano Amshel, pero nunca se paró a pensar que su enemigo también podía ser una victima de las circunstancias. Igual que Diva usaba el dolor para demostrar su rabia por no ser amada, Saya usaba su lucha como redención a, según ella, su pecado de haber soltado a Diva de la torre aquel día. Ambas buscaban aliviar el sufrimiento que otros habían proyectado en ellas. Por eso, quizás, nunca tomó parte totalmente activa en todos los planes de Amshel. Él era el único que veía el lado humano y frágil de su reina. Y ahora veía el de Saya.- No puedo...- volvió a convertir su mano en humana.-
- ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¡¡¡Matame!!! Soy tu enemigo.-
- No eres más que una niña asustada jugando a juegos de mayores. Nadie te preguntó si querías... solo lo dieron por hecho, ¿verdad?.-
- ¡Tú no sabes nada de mí!.- otra vez la rabia y la pena se mezclaban confundiendola, no sabía que sentir, que hacer. Por eso se dejó llevar y cogió su espada y se la clavó a Nathan.- ¡¡No hables de mi como si supieras quien soy!!- Al segundo siguiente se arrepintió de haberlo hecho y retrocedió con cara de horror. ¿Por qué había hecho eso?. Miró sus manos manchadas de sangre y volvió a caer al suelo llorando.-
- Eso ha dolido, pero por suerte se te olvido bañarla en sangre.- se acercó a ella y se arrodilló.- ¿Por qué darte por vencida? Sé que mucha gente a muerto, y seguramente yo no entienda lo que sientes, pero también sé que esta es la oportunidad para tener un nuevo comienzo. No hay más por lo que luchar. Tú y Diva... por fin sois libres para vivir sin estar encadenadas al odio mutuo. Huir... dejar que todos crean que las reinas y sus caballeros murieron. Tienes todo la vida para ser feliz, toda la eternidad para perdonar a Diva y ser perdonada. Tienes dos sobrinas que necesitarán alguien que les enseñe a amar a los húmanos. Y tienes amor...- dijo mirando a Hagi. La joven se sonrojó ante la última frase.-
- ¿Por qué me dices todo esto?.-
- Porque yo también deseo ser libre, poder perdonar y ser perdonado.-
Le tendió una mano para ayudarle a levantarse del suelo. Durante unos segundos Saya se quedo mirandole a los ojos, esperando con miedo que esas palabras fueran una mentira.
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Horas después el ambiente se calmó. Por fin el escudo rojo confirmó que la zona estaba libre de christophera. David había estado inquieto todo este tiempo, a pesar de que un equipo confirmó que Saya estaba en el escenario con Diva, lo cual creía que les garantizaba la eliminación de la otra reina, era extraño no tener noticias de Saya, de Hagi, de los otros caballeros... siendo esta una pelea tan decisiva era muy raro que no hubieran tomado sus formas christophera y hubieran salido fuera del teatro.
Varias explosiones se oyeron y el fuego comenzó a iluminar el cielo nocturno. Algo malo había ocurrido, estaba seguro de ello. Con pasos lentos pero decididos se acercó al edificio.
- Tenemos que entrar.- ordenó.-
- Pero señor... es imposible que quede nadie ahí dentro. La estructura está dañada, el fuego a dañadoel edificio y el humo impide respirar.- contestó un hombre del equipo de asalto.-
- Tienen que seguir ahí. ¿Alguién les vio salir?.-
- He preguntado a los hombres y nadie ha visto nada. De todos modos hay agentes por todos lados, si hubieran salido ellos mismos se hubieran comunicado.-
David se pasó la mano por la frente. No quería aceptar los pensamientos que le venían a la mente, pero parecía evidente que en esta lucha de sangre no había ganadores y perdedores... solo perdedores. Recordó de pronto a su amigo, George Miyagusuku. Le había fallado, él que cumplió las ordenes de su padre haciendo que mantuviera su honor de soldado, había tomado bajo su cargo a aquellos muchachos que llamaba familia y había conseguido que terminaran muertos. ¿Con qué cara le miraría el día que volvieran a encontrarse?. No es que fuera de los que creía mucho en el cielo y esas cosas, después de todo era soldado y había visto morir a muchas buenas personas, gente que no merecían la muerte horrible que dios les dio, pero fuera como fuera había fallado.
- ¡Señor! - un joven agente corría hacia él con gesto serio y marcial.-
- ¿Qué ocurre?.-
- Hemos encontrado esto...- sacó la espada de Saya de una bolsa de tela.- ... la zona sur del edificio se derrumbó tras otra explosión y sobre los restos encontramos la espada.- Observandola su corazón no se tranquilizó. Aquella arma casi artesanal y practicaente indestructible estaba casi irreconocible y cubierta de sangre. Si esperaba una confirmación a sus sospechas... ahí la tenía. Era practicamente imposible que nadie hubiera sobrevivido a esa catastofre. Por muy especial que fuera la sangre de Saya y su caballero, si estuvieran vivos ya habrían salido.
Agachó la mirada y guardó silencio en honor a los caídos en aquella pequeña gran guerra.
Era el fin de la lucha.
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1 semana después
Los cipreses que bordeaban aquel cementerio se agitaban por el viento. Era un día triste y el mal tiempo agudizaba esa sensación. La oscuridad presente por los nubarrones, que amenazaban tormenta, envolvía a las personas allí presentes.
Tras conseguir apagar el fuego del teatro, lo que tardó más de un día, los equipos forenses del escudo rojo fueron levados al terreno. David apeló a Joel para poder encontrar los restos de Kai y Saya. Convencido de la muerte de ambos decidió que al menos le debía a George darle digna sepultura a sus hijos. Si no pudo protegerlos del final, al menos reunirlos en otro lado.
Fue un trabajo arduo y díficil, más que nada porque en caso de encontrar a Saya no sabían que podían encontrar. ¿Un cadaver? ¿Polvo?. Dependía si había muerto por el fuego o por la mano de Diva. Si el caso era el segundo, lo más seguro es que no encontraran nada, pero al menos sabría que lo había intentado.
El primer día de búsqueda el equipo encontró un cuerpo calcinado. Lógicamente estaa irreconocible e hicieron falta pruebas de ADN y comparación de las placas dentales. Así se confirmó su identidad. Kai Miyagusuku. A pesar de que David habá asumido su muerte, una parte de él tenía la esperanza de que hubieran huído y por alguna razón no pudieron contactar con ellos. Sin embargo, ahora la realidad era totalmente tangible. No había hueco para esperanzas estupidas. Sólo faltaba encontrar a Saya o algún rastro de Hagi. Por eso, cuando dos días más tarde encontraron rocas de sangre cristalizada y un jirón de ropa de Saya, todos dieron por supuesto como ocurrió todo. Saya perdió, el fuego comenzó y seguramente nadie pudo salir. Al menos esperaba que así fuera... ojala nadie pudiera escapar.
Ahora, vestidos de riguroso luto frente al panteón familiar de los Miyagusuku, los pocos que aún quedaban con vida se despedían de los dos muchachos. Si el mundo hubiera sido distinto... si no se hubieran visto obligados a crecer de repente para enfrentarse a los demonios del mundo... Una parte de ellos se sentía culpable por haber usado a Saya como un arma, sin darse cuenta que así no solo destrozaban a la muchacha, sino a todos aquellos que deseaban protegerla del horror y la soledad. De todos modos era demasiado tarde, solo las lamentaciones tenían lugar para existir, y aunque no ayudaran a nadie seguirían ahí porque después de todo era lo minimo... pedir perdón por el daño causado.
- Deberíamos irnos ya... pronto empezará a llover.- dijo Julia arrepentida de no habertraido paragüas.-
- Tienes razón, aquí no hay más que podamos hacer.-
Comenzaron a caminar hacia la puerta de salida, poco a poco alejandose de esa tumba como quien se aleja del pasado. Era hora de comenzar de nuevo, sin lucha, sin temor, sin cosas que no fueran vivir una vida normal. Aunque ya apenas recordaban que era una vida normal.
Mientras ellos se alejaban, dos figuras sigilosas se acercaban al panteón Miyagusuku. Caminaban despacio tratando de esperar a que el grupo anterior se marchara, cuando ya no les veían se sintieron más tranquilos. Nadie debía verlos, nadie debía saber que estaban allí.
- Esperame aquí...- dijo ella.-
- Como desees...- aquellas palabras se ganaron una mirada de leve reproche.- Es... está bien, Saya.-
- Así me gusta más, Hagi.- la muchacha sonrió levemente, alegre porque su amante caballero comenzara a hacer caso de los reproches por su exagerado comportamiento servil, pero sin olvidar el lugar donde estaba y porque. Le dirigió una mirada triste y se volteó para encaminarse hacia el panteón. Una vez frente a la tumba que contenía los restos de George, Riku, Kai y supuestamente los suyos propios, se arrodilló y pasó con melancolía los dedos por las letras en relieve de los nombres. - A veces desearía estar ahí con vosotros.- apoyó la mejilla sobre el frío marmol, esperando quizás oír los latidos de los corazones de su familia. - Siento como si me fuera a volver loca sin vosotros... Os extraño tanto...-
Durante más de diez minutos la muchacha habló y lloró desahogando su corazón ante los restos de la única familia que conoció. Al igual que David y los demás ella también quería comenzar de nuevo y ser feliz, pero para eso necesitaba perdonar y ser perdonada.
- Siento interrumpir, pero creo que viene alguien.- dijo Hagi acercandose.-
- Está bien. Vamonos.-
Rápidamente se marcharon del lugar, sin darse cuenta que aún a lo lejos Mao juró reconocer a Saya. Corrió hacía allí pero desapareció antes de poder llamarla. ¿Se estaba volviendo loca? Saya estaba muerta, lo estaba. Todos lo habían dicho. Saya y Kai estaban muertos y enterrados... y ella estaba viendo visiones. Respiró hondo tratando de calmarse y contener nuevamente las ganas de llorar.
- ¿Has encontrado ya tu móvil? - preguntó Akihiro Okamura, el reportero que siempre iba con ella.-
- No... voy a ver en el panteón.- caminó a prisa hasta allí y al entrar sus ojos se desviaron automaticamente a la tumba más reciente. Una preciosa rosa roja reposaba sobre las letras de los nombres y sobre el marmol negro aún se veía la huella de una mano. Los ojos se le humedecieron de repente sin poder ni querer evitarlo, pero a la vez una sonrisa se dibujó en su rostro. "Así que estás viva y a salvo... me alegro" pensó la joven.-
- ¿Aún no lo has encontrado? -
- No, dejalo, vamonos.- no quería que Akihiro entrara y viera aquello, si él se enteraba David también lo haría. Era mejor que pensaran que estaba muerta. Saya también se merecía ser dejada en paz. Salió del panteón, alcanzó al reportero y comenzó a andar.-
- ¿Estás llorando? Es sólo un móvil... ya te comprarás otro. Niñas ricas...- el sonido de un golpe en la cabeza del reportero resonó en todo el cementerio. Caminaron hasta la puerta de salida, pero al llegar ahí Mao se paró, se volvió y miró al lugar donde vio a Saya.-
- Se feliz...- susurró y se marchó.-
CONTINUARA...
Llegamos al final, ya sólo queda uno donde os contaré la nueva vida de Saya y Hagi y que ha pasado con Diva... ¿Os da tanta pena como a mi? Realmente me da pena, este relato me ha dado muchas alegrias y muchos reviews. ) Pero publicaré otro nuevo... espero que me apoyeís también en el otro.
Este capitulo ha sido triste... a veces quería parar y llorar xDD... quizás es porq yo estoy triste y mis relatos siempre tienen mucho de mi estado animico. Pero siempre quise una escena como la de Saya en el cementerio. Ella se merece poder llorar sus penas y pedir perdon y perdonar todo el daño hecho. Siempre me la imaginé en la tumba de George llorando.
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PROXIMO CAPITULO: La calma es un lujo que a veces asusta. ¿Y si llega una tormenta y destruye nuestra pequeña burbuja? Protegeme. QUIERO DEJAR DE LLORAR...
