11 de Julio de 2015

"Espera, espera." Mathias movía las manos delante de Lukas, indignado. "¿Me estás diciendo que después de toda la tabarra que diste para venir a Helsinki, ahora eres tú el que se tiene que ir?."

"Mi hermano va a venir a pasar quince días a Oslo en agosto, mi padre quiere que vuelva para pasar tiempo con él, hace dos años que no le veo." Lukas hablaba con un tono más seco de lo normal, señal de que a él tampoco le hacía gracia.

"Puede venirse si quiere, a mí no me importa. Donde cabemos cuatro, cabemos cinco." Comentó Timo.

"Intentaré convencerle de que venga, pero no sé si querrá... "

"¡Después de toda la mala hostia que descargaste contra mí por los exámenes!" le interrumpió Mathias, aprovechando la oportunidad de regañar a Lukas por una vez.

Ante los reproches de su compañero, Lukas aceleró el paso quedando por delante del grupo para no tener que oírlo.

Los cuatro chicos volvían del centro de Helsinki andando por el borde de la carretera hacia el piso de Timo, situado en unos bloques de edificios construidos hacía un par de años a las afueras de la ciudad.

Habían aterrizado en la capital finlandesa hacía una semana, no habían llegado a tiempo para celebrar Juhannuus pero Timo les había asegurado que montaría una hoguera en un jardín detrás de su edificio algún día de estos. A Lukas no le gustaba la idea de ver a Mathias borracho cerca del fuego.

Cuando se dio cuenta, Timo caminaba a su lado.

"Oye, tal vez me estoy metiendo donde no me llaman pero... ¿no crees que Berwald debería estar... mejor?" le preguntó en susurros para que los otros dos no le escucharan.

Lukas miró hacia atrás. Berwald caminaba al lado de Mathias, ignorando descaradamente sus reproches, con la mirada perdida en el suelo.

"Dale tiempo" respondió. A Timo no le convenció.

"Ha tenido tiempo. Lleva estancado en el mismo punto demasiado."

A Lukas le molestó ese comentario, pero no quería discutir con Timo mientras se alojasen en su casa.

Berwald, a pesar de tener una apariencia que infundía respeto, por dentro era como un niño asustado. Igual que Lukas. Para personas como ellos muy pocas cosas tenían sentido. Eran perfeccionistas y trabajaban con pasión aquello que les interesaba. Vivían con una tensión constante porque el mundo estaba regido por unas normas sociales que ellos no comprendían y apenas sabían usar.

Con los años habían aprendido cada uno a su manera a sobrellevar su estancia en el mundo. La única diferencia era que Berwald había vuelto al punto de partida.

Ya no articulaba palabra cuando había otras personas delante. No se decidía a hacer nada por el miedo a hacerlo mal y hacía meses que ya no dibujaba o pintaba si no era obligatorio para un trabajo de clase.

Por una parte le daba la razón a Timo, pero por otra entendía mejor que nadie que era Berwald el que tendría que salir solo de ese bloqueo. En ese estado tan frágil hasta el empujón con la mejor intención podría hacerlo pedazos de nuevo.