LA CULPA LA TUVO EL AMOR

Por Mary Martín

Los personajes de Saint Seiya son propiedad de Masami Kurumada.

CAPITULO 9

EN EL LUGAR EQUIVOCADO

- 1 AÑO ANTES -

La tarde era muy hermosa. El cielo se tornaba naranja mientras en el pueblo poco a poco se encendían las luces de las pequeñas casas. Ese día en especial había fiesta por lo que podían apreciarse hermosos adornos de colores por doquier. La música alegre se escuchaba con claridad, acompañada de cantos y bailes de los pueblerinos. Todo era alegría y colorido.

Esa fue la razón por la que Shun y su familia, se aventuraron por esos lares. Iban con regularidad por medicinas o viveres pero no más que una cuantas horas. Pero hoy era diferente. Habían pasado casi todo el día ahí pero sabían que la noche iba a ser mucho más espectacular.

El pequeño Yeiden, había corrido y jugado con otros niños desde que llegaron. No se alejaba mucho de casa por lo que poder convivir con ellos le resultó emocionante y divertido. Esto había dado a sus papis tiempo para estar "a solas", pero sin dejar de vigilar al retoño lo más de cerca posible.

June estaba fascinada por ese hermoso día que estaba viviendo. Shun se había ganado un lindo peluche en el juego de tiro, que ella presumía como un trofeo. Caminaban tomados de la mano por esas empedradas calles, buscando cualquier pretexto para alejarse un poco de la multitud y darse un beso detrás de un árbol o simplemente buscar un abrazo y quedarse así por un rato tan sólo sintiendo el calor del otro bajo la estrellada noche. Todo estaba saliendo perfecto a excepción de un pequeño detallito, no faltaba una que otra chica que se le quedaba viendo a su hermoso maridito examinándolo de pies a cabeza con la boca abierta, para luego sonreír nerviosamente cuando el caballero, al sentirse observado, volteaba hacia ellas. Shun por pura cortesía les devolvía el gesto algo preocupado de que al hacerlo pudiera incomodar a June. Aunque al principio era muy molesto al grado de desear tener su látigo a la mano para usarlo con ellas, luego se sintió orgullosa de tener a Shun a su lado y poder presumir que sólo ella era la dueña de su corazón, además no podía culparlas por reaccionar de ese modo ya que él lucía muy apuesto con esa elegante camisa negra, jeans azul oscuro y zapatos formales.

Después de recorrer el lugar de arriba a abajo, decidieron tomar un descanso y fueron a sentarse en la orilla de la fuente, sólo que Shun, en vez de dejar que ella estuviera a su lado, la acomodó sobre sus piernas para poder abrazarla por detrás. Él de vez en vez le besaba su hombro descubierto provocando un ligero cosquilleo en ella que la hacía reír, y es que con esa hermosa blusita de tirantes que le quedaba perfecta dejando al descubierto su cintura, no se podía contener en acariciarla.

– Tranquilo que tenemos público – dijo coqueta mientras sonreía triunfal al ver las miradas asesinas que las pueblerinas le dedicaban de puritita envidia.

– Perdón – dijo sonrojado – no lo pude evitar

Ella giró la cabeza hacia Shun para darle un ligero beso. Más de pronto notó que él se puso triste. Al mirar hacia donde él lo hacía, se dio cuenta de que Yeiden pasó frente a ellos mientras era perseguido por otros tres pequeños ya que jugaban a las carreritas para ver quien llegaba primero a los juegos. De inmediato adivinó sus pensamientos y sin querer ella pronunció los suyos en voz baja.

– ¿Crees que llegará el momento en que todos nuestros días sean como este día? – Shun no la miró ni dijo nada, seguía enfocado en el pequeño y en lo feliz que se veía jugando y riendo, no quería enfrentarse a ella y darle una respuesta que no sería cierta – No me malentiendas, adoro mi vida pues tu y Yeiden son todo para mi y me hacen infinitamente feliz... pero quisiera poder estar libre como hoy, sin preocuparme de que algo malo pueda pasarnos, sin tener que escondernos todo el tiempo... ¿Crees que ese día pronto llegará? – preguntó de nuevo mirando enternecida como su pequeño jugaba con sus nuevos amigos

– Espero que sí, June, lo deseo con todo el corazón – al fin se armó de valor para mirarla y regalarle una sonrisa triste tratando de sonar lo más convincente posible.

Se quedaron abrazados un rato sin decirse nada, como buscando un consuelo que sólo ellos podían darse. Hasta que el pequeño llegó a donde estaban y se les abalanzó con tal fuerza que por poco y terminan los tres en la fuente.

– ¡Mami! ¡Papi! Les gané a mis amigos en las carreras ¿Lo vieron? ¿Lo vieron? – preguntó muy entusiasmado abrazándose a ellos y con una hermosa sonrisa en su tierna carita

– Sí, mi amor, te vimos correr muy rápido

– ¡Bien hecho, campeón! – dijo Shun mientras le revolvía el pelo

El niño sonrió orgulloso de su hazaña, más de inmediato llegaron sus nuevos amigos para decirle que querían jugar fútbol. Ya era algo tarde pero con esos ojitos de cachorrito regañado que puso el peque, no pudieron decirle que no.

– ¿Por qué no vienen a jugar con nosotros? – una pequeña niña lo jaló del pantalón para llamar su atención

– Eh... bueno...

– Si, porfis – otros dos tomaron a June de la mano

Prácticamente los arrastraron a la pequeña cancha. Suerte que ella llevaba puesto un pescador de mezclilla y sandalias para poder correr con ellos. Así pasaron un buen rato jugando y riendo con los niños. Los adultos se pusieron en equipos contrario, en una de esas Shun le dio un gran pase a Yeiden, que quedó solito frente a la portera que era su mamá, sólo que June puso la mejor cara de guerrera enojada que pudo así que le dio miedito y se la regresó a su papá que no se lo esperaba, pero con lo que pudo remató logrando vencer a June que por más que se estiró no alcanzó a detener el tiro. Todos los pequeños gritaron el gol. Shun, se tiró de rodillas levantando las manos al cielo celebrando la anotación, pero eso fue mala idea ya que los chiquillos se le tiraron encima, incluido Yeiden que quedó en la cima y Shun enterrado debajo de ellos. Por su parte June, sentada en el pasto, miró con tanta ternura a su amor y a su hijo y sintió tanta felicidad que rogó al cielo que pronto toda esta pesadilla acabara y pudieran vivir en paz.

Ese fue un hermoso momento que atesorarían en sus corazones por siempre. Pero ya era tarde así que fueron a cenar algo, y aunque Yeiden quería seguir jugando, ya se le veía cansado. Fue así que emprendieron el largo camino a casa. Durante todo el trayecto, el niño no paró de hablar de lo maravilloso que fue tener amigos y lo divertido que se la pasó, provocando que sus padres intercambiaran una mirada de preocupación ya que bien sabían que lo más seguro es que no podría volver a jugar con ellos en un buen tiempo. Al fin llegaron a casa a bañarse juntos y prepararse para la hora de dormir. Shun llevó al pequeño en brazos a su habitación, entre los dos lo arroparon y salieron sin hacer ruido dejando la puerta entre abierta como era su costumbre.

Cerca de ahí, en medio de la oscuridad del bosque, aconteció algo extraño. Una especie de "puerta" se materializó de la nada. De ella salieron seis personas armadas que sonrieron al sentir aquel cosmo, habían encontrado lo que buscaban. Su señora les había ordenado capturar a su objetivo cueste lo que cueste y no tenían ni las más mínimas intenciones de fallar.

Un poco más entrada la noche. Todo seguía en completa calma. En aquella habitación, una joven pareja terminaba de consumar su amor una vez más. Respiraban agitados sintiéndose aún uno solo y con las sensaciones a flor de piel. Shun se sostenía sobre sus codos tratando de no dejar caer todo su peso, mientras apoyaba su frente contra la de ella sintiendo como su corazón palpitaba fuertemente todavía

– Te amo – Besó sus labios una ves más con mucho amor y demasiadas ganas de seguir amándola como hace unos minutos atrás, para luego separarse despacio y recostarse a su lado apoyando la cabeza en el pecho de ella.

– Yo también – respondió en un susurro pues aún no recuperaba el aliento. Shun se abrazó a ella por lo que June le acarició el cabello como solía hacerlo con Yeiden cuando corría asustado a meterse entre las sabanas tras un mal sueño.

Se quedaron en silencio por algunos minutos. No querían dormir ya que deseaban poder quedarse así por más tiempo. Shun miraba hacia la nada a través de la ventana, había algo que lo inquietaba pero no quería demostrarlo y preocupar a June. Pero al momento de sentir unas cosmo energías, no pudo evitar tensarse haciendo que June, que hasta el momento miraba hacia el cuarto de Yeiden, fijara su atención en él.

– ¿Pasa algo? – pregunto suavemente sin dejar de acariciarlo

– No – dijo de la forma más natural posible – es sólo que no tengo sueño asi que iŕe por algo de comer a la cocina.

– ¿Qué? Pero si saqueaste casi todos los puestos de comida en el pueblo al grado que pensé que no dejarías nada para los demás ¿Y aún así tienes hambre? – preguntó divertida mientras lo veía buscar su ropa y ponérsela de nuevo

– ¡Oye! No exageres, no comí tanto – se quejó – además, tanto ejercicio me dio más hambre – dijo con cierta picardía para luego sonreír satisfecho de haber logrado que ella se pusiera roja ante ese comentario

– Ejem... ok, no digo nada – respondió nerviosa mientras se cubría con la sábana

Él la besó de nuevo y salió cautelosamente después de ofrecerle una sonrisa sincera para hacerle saber que todo estaba bien.

– Buenas noches, amor. Descansa.

– No tardes – pidió mientras se acomodaba pues el sueño le estaba ganando la batalla.

Shun bajó las escaleras y salió por la ventana tratando de no hacer ruido. Corrió con todas sus fuerzas al lugar donde sintió aquello tan extraño, lamentándose de que su día perfecto terminara de este modo. Odiaba tener que dejarlos solos ante una situación así pero confiaba en que June sabría que hacer si las cosas se complicaban. Se adentró más y más en el oscuro bosque hasta que sus pasos fueron interrumpidos por seis sombras que rápidamente lo rodearon.

– ¿Quiénes son ustedes? – preguntó poniéndose a la defensiva

– Buenas noches, caballero de Andrómeda, permíteme presentarme... soy Maiandra y he venido por ti

Una bella guerrera se acercó a él por lo que las demás la imitaron. Shun tragó saliva, sus oponentes eran todas mujeres armadas y protegidas por una armadura como la de las amazonas del santuario con la diferencia de que eran negras y podía sentirse el mal en ellas. Tan sólo la mitad de sus rostros era cubierta por una especie de antifaz metálico.

– No quiero lastimarlas así que será mejor que se vayan

– Qué gracioso, niño bonito. Da la casualidad de que nosotras si queremos lastimarte

– Es una lástima que un chico tan guapo y lindo como tú tenga que morir a manos nuestras – otra guerrera tomó la iniciativa desenvainando su espada

– No voy a pelear con ustedes ¿Me oyeron?

– ¿Ah no? Entonces voy a tener que obligarte

Rápidamente se abalanzó contra él haciendo veloces movimientos con su arma. Shun lograba esquivar sus ataques con relativa facilidad por lo que ella se enfadó y decidió pelear en serio pero obteniendo el mismo resultado.

– ¡Maldición! Deja de huir y pelea

Esta vez fue Maiandra que lo atacó por detrás, pero Shun se quitó del camino de un salto pasando por encima de ella para quedar él ahora a sus espaldas. De una patada logró despojarla de su espada e inconscientemente encendió su cosmo unos instantes, pero al caer en cuenta de que si lo hacía, June podría notarlo, lo apagó de inmediato al tiempo que detenía su puño que iba a impactar justo en el rostro de su oponente, pero logrando romper su antifaz justo por la mitad el cual cayó a sus pies. Ella lo mira impresionada por su velocidad sintiéndose como un sapo frente a una serpiente que está a punto de atacar.

– Lo digo muy en serio, será mejor que se vayan – la mira fríamente dejándola paralizada para luego darse la vuelta y comenzar a alejarse

– ¿Nos echas tan pronto? Pero si acabamos de llegar – las demás guerreras se preparan para atacarlo al mismo tiempo.

En cuestión de segundos se vió acorralado esquivando las embestidas con espada que venían de todas direcciones. Las guerreras, enfurecidas al notar que no podían siquiera tocarlo, arremetieron contra él con más fuerza. Shun no sabía cuanto tiempo más podría resistir, tenía qué hacer algo pero no quería golpearlas, se limitaba a detener con las manos las letales espadas y esquivar uno que otro golpe. Pero Maiandra, que aún seguía impactada de su poder, se había quedado al margen analizando a su objetivo, se dió cuenta de que su punto débil era también su mayor virtud: la nobleza de su corazón. Así que sin pensarlo dos veces encendió su cosmo por lo que las otras entendieron el mensaje y se hicieron a un lado, Shun automáticamente volteó en dirección a la casa, de seguro June había sentido eso y vendría a ayudarlo, no podía permitir que eso pasara. Ese segundo de distracción fue bien aprovechado por la líder pues logró herir su costado con la espada.

– ¡Shun!

June despertó sobresaltada con una mano en el corazón y sudando frío. Sin perder ni un segundo, se vistió rápidamente pero cuando iba a salir de la habitación se topó con el pequeño niño que estaba parado en la entrada arrastrando a su oso. La miraba asustado mientras respiraba agitado.

– Mami... papá está... está... – pronunció con dificultad mientras su pecho subía y bajaba erráticamente. De sus ojitos resbalaron unas lágrimas por lo que June fue a abrazarlo

– Tranquilo, papi estará bien ¿Ok?

– ¡No! ¡Tu no entiendes! – dijo algo enfadado soltándose, June se soprendió por esa reacción del pequeño. Pudo apreciar esa mirada tan seria y trató de permanecer en calma y controlar la situación

– Yeiden, mírame – el niño apretaba los puños mientras hizo el intento de encender su cosmo pero June lo evitó a tiempo – papá regresara pronto, debemos quedarnos aquí a esperarlo. Él vendrá por nosotros, lo prometo.

El niño pareció calmarse para luego lanzarse a los brazos de su madre ya más tranquilo. Ella lo llevó a una especie de habitación secreta bajo la casa cerrando el acceso con seguro.

De vuelta al bosque, las otras guerreras sonrieron confiadas al escuchar un gemido de dolor proveniente del caballero, sin embargo se desconcertaron al notar que quien caía de rodillas gravemente herida era Maiandra.

Shun estaba impactado por lo que había hecho, fue algo automático y completamente involuntario, simplemente reaccionó al peligro inminente. Su puño todavía tenía rastros magentas de cosmo el cual fue desapareciendo de a poco. La líder seguía de rodillas sosteniéndose el estómago para finalmente escupir sangre violentamente salpicando el pantalón de Shun que trató de articular una disculpa sin lograr que algún sonido saliera de su boca. Miró la expresión de dolor de ella sintiéndose terrible de saber que él lo había provocado, sin importarle que su propio costado sangrara de manera alarmante.

– ¡Maldito! ¡Lo pagarás muy caro!

Las otras encendieron sus cosmos oscuros y atacaron sin piedad, Shun no hizo nada para defenderse mientras veía el daño que le había ocasionado a la guerrera y entendiendo que sólo había un modo de evitar que corriera más sangre. Cerró los ojos con fuerza y esperó con calma lo que venía.

- EN LA ACTUALIDAD -

A pesar de que estaba empezando a oscurecer, el joven santo del cisne estaba decidido a encontrar lo más pronto posible a su amigo. No podía permitir que regresara nuevamente a ese plano y continuara arriesgando su vida. Caminaba sigilosamente por el lugar tratando de encontrar la casa donde, según Saori, podría encontrarse Shun. Lo que no sabía era que alguien se le había adelantado.

Ikki entró azotando violentamente la puerta de aquella casa, tenía un muy mal presentimiento desde que Shun había desaparecido de su habitación. Afortunadamente para él, había podido encontrar el lugar descrito por Saori antes que Hyoga lo hiciera, pero sabía que él sin duda podría llegar en cualquier momento así que debía hallar a Shun lo más pronto posible. Su preocupación aumentó desde el momento en que llegó a las cercanías del lugar, todo estaba destruido, señal de que una terrible batalla se había librado ahí. Lo peor era que tenía la sensación de haber estado ahí antes pero era como si algo bloqueara su mente cada que intentaba recordar algo. Olvidándose de eso, comenzó a revisar el lugar, los muebles estaban empolvados, había telarañas en los rincones, unas cuantas cajas apiladas y mucho pero mucho silencio. Se desesperó al sentir tanta calma. Llamó a su hermano un par de veces casi a gritos pero al no obtener respuesta, caminó sigilosamente por lo que alguna vez fue una sala, luego el comedor y la cocina que estaban en peores condiciones, con cada paso rechinaban los maderos del piso amenazando con romperse

Subió las escaleras con sumo cuidado ya que se veían muy daňadas. Miró de un lado a otro esperando encontrar algún indicio de que Shun hubiera estado ahí alguna vez. Siguió avanzando despacio hasta que una habitación en particular le llamó la atención... la entrada tenía la imagen de un osito feliz. Sin pensarlo más se acercó, la puerta estaba entre abierta así que dándole un leve empujón se abrió paso, se sorprendió enormemente al ver que estaba casi destruida, como si hubiera ocurrido una explosión o algo peor. Caminaba entre los escombros con cuidado cuando de pronto pisó algo que se terminó de romper. Se agachó para ver de qué se trataba y tuvo que contener el aliento mientras sentía un escalofrío recorrer su espalda... era un retrato donde se apreciaba a Shun abrazando a June por detrás, se les veía muy felices y enamorados... pero había una parte que no se veía ya que estaba cubierta con sangre y lodo. Acercó su mano temblorosa y trató de limpiar un poco lo que quedaba del vidrio del retrato. Poco a poco fue apareciendo una imagen que lo impactó por completo. Se trataba de un pequeño niño que June sostenía en brazos, era idéntico a Shun de bebé con la diferencia del color de su cabello. En ese momento tuvo una visión fugaz y confusa donde ese niño corría un gran peligro. Se llevó una mano a la cabeza, no podía recordar qué fue lo que pasó.

Miró de nuevo el retrato y acarició con los dedos la carita del niño, este era el bebé que Shun perdió y por lo cual lo culpaba sin entender bien por qué. Sintió cómo se le venían las lágrimas, pero este no era momento para llorar así que se talló los ojos con el dorso de la mano. Percibió a Hyoga muy cerca, así que sacó la fotografía y la metió en el bolsillo de sus jeans negros. Reaccionando un poco, cayó en cuenta de que si Shun no estaba ahí de seguro estaba escondido en otro lado intentando de nuevo estar con June.

– ¡Maldita sea! ¿Dónde estás?

No tenía tiempo que perder, estaba a punto de saltar del segundo piso pero un ruido proveniente de otra habitación llamó su atención. Esa era la aparte más dañanda de la casa, de hecho al tratar de llegar allá, el piso se rompió y estuvo a nada de caer. Volvió a mirar con desconfianza aquel sitio cuando de pronto sintió un enorme cosmo elevarse hasta el infinito, Hyoga también lo sintió desde afuera, parecía que estallaría en cualquier momento, y así fue, continuó elevándose más y más hasta convertirse en nada. No había la menor duda, ese cosmo era de...

– No... no puede ser... ¡Shun!

Minutos antes, el santo de Andrómeda, se hallaba recostado dentro de una especie de cápsula con cables conectados en su pecho desnudo a una máquina que monitoreaba sus signos vitales. Respiró profundo para permanecer tranquilo... y pulsó un botón que liberó un líquido azul a su cuerpo. Encendió su cosmo y al instante brilló el dije de la cadenita que colgaba de su cuello y del que pertenecía a June, el cual tenía entre sus manos. Trató de reprimirlo pero dejó escapar un grito de dolor al sentir aquello que se esparcía violentamente en su torrente sanguíneo. Apretó los dientes tratando de soportar ese castigo y elevaba su cosmo a todo lo que daba, intentó desesperadamente jalar aire con la boca ya que no podía respirar. Ya va a pasar, pensó para tratar de calmarse en tanto que el sudor resbalaba por su frente, poco a poco fue perdiendo sus sentidos hasta que llegó el momento en que ya no sintió absolutamente nada, cerró los ojos al tiempo que su cuerpo perdía toda su fuerza y su cabeza se ladeó muestra de que ya todo había terminado.

- EN EL OTRO PLANO -

Estaba pasando... ahí estaba de nuevo esa luz tan hermosa que lo esperaba. Él lo sintió como si solo hubiera parpadeado un instante. Al abrir los ojos de nuevo se encontró tendido en el pasto, mirando el sol que se colaba entre las ramas de los árboles. Tardó un segundo en tener el control total de sus movimientos y logró sentarse mientras trataba de aclarar su visión. Se dio cuenta de que llevaba la misma ropa que tenía puesta el día en que todo pasó, no le dio mucha importancia y se incorporó con algo de dificultad. Reconoció el lugar donde se encontraba... estaba parado frente a su antigua casa. Nunca en todas las veces que había estado ahí, June había recreado su propio hogar por el simple hecho de que al hacerlo recordaría a Yeiden y un gran dolor la invadiría, se destruiría el sueño en que se encontraba atrapada quedando sólo el limbo, vació y oscuridad en el que vagaría eternamente. Por eso inconscientemente bloqueaba ese tipo de recuerdos, ¿Por qué entonces ahora era diferente? Tenía la sensación de que algo andaba muy mal.

Mientras eso pasaba ahí, en el escondite alguien había estado esperando el momento oportuno para hacer su aparición. Una mujer misteriosa se introdujo a la habitación con movimientos felinos a través de la ventana. Fue acercándose poco a poco cerciorándose de que estuvieran solos. Se detuvo a unos cuantos pasos de la cápsula donde se encontraba Shun completamente indefenso. Sacó una daga dorada de entre sus ropas. Esta vez nadie podría impedir que cumpliera su cometido.

Continuará...