CAPÍTULO 9

El regreso a la rutina, trabajando como el siervo del príncipe nunca le había supuesto tal grado de satisfacción. Durante años, cualquiera que la hubiera escuchado sabría que siempre estaba quejándose de la interminable cantidad de tareas que este le daba cada día y que la gran mayoría de las veces le resultaba del todo imposible completar. Pero después de tantas semanas sin llevarlas a cabo casi resultaba irrisible con cuantas ganas había comenzado a hacerlas.

Claro está, las podía hacer siempre que no apareciera nadie y en pocas palabras le decía que descansara que ya se las hacían. A ver, la limpieza de los establos era algo que cualquiera querría librarse, pero por el amor de todo lo sagrado, más de un sirviente le había arrebatado la cesta de la lavandería de Arthur y no le había permitido lavarla. Por la Triple Diosa, ¡estaba bien! ¡Mejor que bien! y no ayudaba que al principe toda la situación le parecía muy divertida, más aún cuando eran sus propios caballeros cuando le impedían hacer su tareas.

- ¡Oh, vamos Merlín! Te han echado de menos.- Reía antes de abrazarla y besarla suavemente en la frente.

Al príncipe podía resultarle divertido pero para ella, acostumbrada como estaba a la actividad, todo aquello le resultaba como mínimo exasperante.

Luego había otro pequeño detalle, tal y como temía, Arthur no la trataba exactamente igual que antes de su enfermedad. A grandes rasgos, realmente nada había cambiado, le mandaba exactamente las mismas tareas y entrenaba con ella igual que lo hacía con anterioridad, incluso tenían las mismas batallas verbales que tenían antes, pero había un cierto toque suave, amable e incluso se podría decir dulce, que antes no había.

No era realmente gran cosa, a decir verdad nadie se había dado cuenta porque realmente nadie conocía al príncipe con profundidad, pero ella, que sí que lo conocía podía verlo… e incluso sus caballeros y Gwen podían verlo, y como era normal querían saber que era lo que estaba pasando.

- Muy bien, Princesa, ¿que es lo que está pasando?- Fue la forma brusca de Gwaine de poner el tema sobre la mesa.

- ¿Qué?

- ¿Qué que es lo que está pasando con Merlin?

No entiendo lo que queréis decir.

Los caballeros se miraron entre si, mientras decidían como decir las cosas, si bien era cierto que Lancelot no participaba en dicha discusión, en vez de eso estaba apoyado como quien no quería la cosa contra la puerta y miraba como se desplegaba la escena con una sonrisa. Al final, fue Gwen la que acabó con la situación.

- Lo que quieren decir, es que tu forma de tratar a Merlín a sido… diferente, desde que regresara.

- Eso no es cierto. Lo trato exactamente igual, y tiene las mismas tareas y obligaciones que antes.

- Sí… y no. A primera vista es todo igual… pero si te fijas bien lo tratas con… dulzura.

- Sire, lo miráis de la misma forma que mirabais a Gwen mientras la cortejabais.- Comentó Sir Leon con tiento.

Desde la puerta, Lancelot les lanzó a ambos una mirada que claramente les preguntaban que era lo que iban a hacer. Y ambos se miraron dubitativo sobre como tratar la situación. Era cierto que la idea era que nadie supiera la verdad, pero este grupo específico de caballeros era especial, eran tal vez los más leales de todos y más que deber ofrecían su amistad, y luego estaba Gwen, ella era casi como una hermana…

- Depende de ti.- Comentó Arthur mirándola.

En pocas palabras le había dicho que él estaba de acuerdo con que supieran la verdad, que confiaba en ellos, pero que a pesar de esa confianza no iba a decirles nada porque no era su secreto a contar. Pero realmente, no había nada que pensar, si Arthur confiaba en ellos (y la verdad es que ella también), era todo lo que necesitaba.

- Hay algo que os tengo que contar…- Comenzó Merlín, notando como comenzaban a sudarle las manos.- - Yo…

- Por todo lo sagrado, Merlín, estás blanco como la leche, siéntate antes de que te caigas.- Dijo Gwaine de repente, obligandola a sentarse y mirándola con preocupación. ¿Estás bien?

- Solo son los nervios… la verdad es que nunca lo he dicho, siempre lo han descubierto por si mismos.

- Merlín, nos estás preocupando…

La muchacha le sonrió a su amiga que le había tomado la mano en un intento de tranquilizarla. Tomó aire, y se preparó para decirles el secreto que bien podría costarle su vida.

- Yo… tengo magia.

Los diferentes caballeros tomaron aire y notaron como se les abría los ojos como platos, pero ninguno de ellos fue hacía su espada, sencillamente la miraron con varias expresiones de asombro e incredulidad. Viendo que no parecía que fueran a atacarla, continuó antes de perder el valor.

- Siempre la he tenido, nací con ella… y solo la he usado para proteger Camelot. Soy un…

- Brujo.- Dijo Gwaine con una sonrisa.- Merah nos lo explicó. ¡Eso es fantástico! ¿Puedes enseñarnos magia?

El bueno de Gwaine, siempre era capaz de aliviar una situación tensa y en aquella ocasión no era diferente; el resto de los caballeros lo miraban con una mezcla de incredulidad y exasperación… pero Merlín sonrió antes de que sus ojos se volvieran ojo, y el agua de la jarra abandonara su contenido y comenzara a formar varias formas de animales.

- Es hermoso.- Murmuró Gwen asombrada.

- Gracias.

- Pero… eso no explica vuestro comportamiento, Sire.

- No… no he acabado.

- ¿Más. Merlín?

La muchacha asintió antes de que sus ojos volvieran a brillar dorados, y ante sus asombrados ojos, donde antes estaba Merlín, ahora estaba Merah, la jovencita del bosque, aunque con la ropa de un hombre. Ante la visión fueron muchos lo que tuvieron que sentarse.

- Soy una mujer, siempre lo he sido.- Dijo rápidamente antes de que pensaran lo que no era.- Uso mi magia para disfrazarme de hombre, después de que el Rey me hiciera el siervo de Arthur.

- ¿Una mujer?

- Una mujer.

- ¿Y Arthur lo sabía?

- Lo descubrí hace unas semanas por casualidad, mientras estábamos en la cabaña.

- Entonces, es por eso que la tratáis diferente.

- Bueno…

Los caballeros fruncieron el ceño, aquello ya estaba pareciendo una broma. ¿Cuántas revelaciones más iban a hacerles? Muchas más y no podrían reaccionar con normalidad.

Pero en esta ocasión no dijeron nada, simplemente Arthur tomó la mano de su sierva y la besó con ternura. Ante esto, los caballeros notaron como sus bocas se abrían por la sorpresa, puesto que aunque les acababan de decir que era una mujer, todavía no lo habían acabado de asimilar.

Merlín los miró con aprensión, demasiados secretos a la vez, demasiada información comprometedora… y le daba miedo.

Salió de sus diferentes pensamientos preocupados cuando sintió como era rodeada en un fuerte abrazo reconfortante. Gwen, como siempre había sido la primera en reaccionar y notando su angustia había tratado de darle consuelo.

Después de aquello entre los dos les explicaron como se había descubierto todo y como habían iniciado una relación. Sus oyentes, pasaron de la incredulidad a la risa ante el cuento y luego a la sorpresa al enterarse que Lancelot sabía los secretos de la joven y nunca había dicho nada; fueron muchas las miradas que prometían retribución dolorosa una vez salieran de las cámaras del príncipe.

Finalmente, una vez se acabó la explicación todos se miraron teniendo una misma pregunta en mente.

- Así pues, ¿qué vais a hacer?- Fue Leon el que se encargó de decir lo que todos pensaban.- Mal que me pese, Merlín tiene razón. El Consejo no permitirá que cortejéis a una sierva y mucho menos a una bruja.

Todavía estamos ultimando los detalles

- ¡Oh, vamos!- Saltó Gwaine divertido.- Tampoco es tan difícil; solo debemos convencerlos de que se trata de una noble.

- ¿Qué?

- Venga, tampoco es tan complicado, sobretodo si está dentro el mismo príncipe regente.- Comentó Gwaine.- Hay muchas lineas nobles que han muerto por algún motivo u otro, solo es buscar una, falsificarla y luego hacerla pasar por noble… desde ahí, todo es más fácil.

Arthur miró ceñudo ante la idea de falsificar un sello de nobleza, y para sorpresa de los nuevos caballeros, Merlín y Lancelot parecían avergonzados. Obviamente, estaban recordando cuando ella falsificó uno para que Lancelot pudiera ser caballero.

- No me gusta engañar a nadie… pero si es la única forma…- Comenzó el príncipe.

- Arthur…

- No, Merlín… miraremos esta posibilidad, pero tampoco descartaremos otras opciones.

Después de aquello, la pequeña reunión se dispersó volviendo cada uno a sus diferentes quehaceres. Merlín regresó a Gaius, que por lo visto tenía una lista de tareas adicionales para ella, tan buen punto tuviera algo de tiempo.

La joven bruja se preguntó que sería lo que el médico haría si el plan de Gwaine tuviera éxito. Si era considerada una noble, no podría ayudarle como lo hacía ahora, y el hombre necesitaba toda la ayuda que pudiera conseguir; mal que le pesara, Gaius ya tenía una edad avanzada y ya no podía hacer todas las cosas que hacía con anterioridad.

El galeno, por su parte, notó que algo le pasaba a su protegida, pero desconocía que podía ser, y aunque tenía curiosidad, sospechaba que muy bien podía tratarse de problemas de pareja, y si bien se alegraba por ella, no estaba del todo convencido de que se tratara de lo mejor. Después de todo, ser una bruna y mantener una relación con el príncipe de un reino donde tu especie es condenada a muerte, no era una gran idea.

Pero si algo había aprendido en sus muchos años era la paciencia, y además conocía a su pupila, y a pesar de los muchos secretos que tenía que mantener, no era algo que le gustaba y si había algo que le preocupara, tarde o temprano, lo diría.

Y no tuvo que esperar mucho, aquella misma noche mientras cenaba, la joven bruja planteó lo que había estado en su mente toda la tarde.

- Gaius, ¿qué pasaría si yo ya no pudiera ser tu ayudante?

- ¿A que te refieres, Merlín?

- ¿A que harías? Durante este tiempo que tuve que ausentarme de Camelot, me has dicho que te costó mantener el ritmo. ¿Que harías si ya no pudiera ser tu ayudante?

- Supongo que no tendría más remedio que buscar a otro aprendiz, ¿por qué lo preguntas?

- Arthur está buscando una forma para que nuestra relación sea aceptada por el consejo… ahora mismo es tan solo Principe Regente por lo que hay cosas que no puede cambiar.

- ¿Y?

- Y Gwaine sugirió que me haga pasar por noble. Según él, hay muchas familias que quedaron extinguidas y que sería fácil falsificar el sello. Si tienen éxito, no podría ser tu ayudante.

A su sorpresa, Gaius no comenzó a aconsejar en contra de tal acción, en vez de eso quedó en silencio mirando su cena mientras pensaba en la situación. Su pupila lo miró por unos momentos, pero cuando era obvio que no iba a decir nada, volvió a su cena.

Así pues, no se esperaba cuando el anciano se levantó y se dirigió a uno de sus muchos armarios y comenzó a rebuscar en ellos pero puesto que no parecía que tuviera que ver con ella continuó comiendo… o al menos continuó hasta que el anciano volvió a sentarse y le mostró un anillo.

- Creo que esto, te ayudará

- ¿Qué?

- El anillo, te ayudará en lo que me acabas de explicar.

Merlín miró el anillo durante unos momentos. Era algo que Arthur o cualquier otro noble llevaría, pero no una plebeya como ella como Gaius. Estaba hecho en ojo y tenía lo que parecía un sello con dos dragones entrelazados; era grande, obviamente de hombre. Miró a su mentor sin comprender.

- Este anillo, era de tu padre, Merlín. Me lo dejó cuando huyó de Camelot durante la Gran Purga. Era el sello de su familia.

- Su sello de… ¡pero solo los nobles tienen ese tipo de sello!

- Lo sé. Antes de la Gran Purga, existían varias familias de Señores del Dragón, todas ellas eran nobles. Tu padre, Balinor, era perteneciente a una de las más importantes; pero era muy joven, tu abuelo había muerto de enfermedad poco antes de la Purga y a pesar de sus intentos, no supo llevar la situación, y Uther lo engañó. Cuando le ayudé a escapar, me dio su sello como muestra de agradecimiento, y sobretodo porque ya no le sería necesario.

- Mi padre era un noble…

- Sí.

- Eso me haría…

- También noble. Merlín, siento habértelo ocultado pero era demasiado peligroso con Uther en plenas facultades. Estoy seguro que él no había olvidado el sello de la familia Emrys, ni que Balinor era su último miembro.

- Espera, espera… ¿Emrys? ¿Emrys como me llaman los druidas?

- Sí, los druidas siempre han sido mucho más conocedores de lo que sucede, de lo que la gente es consciente.

N.A: Bien, aquí os traigo el siguiente capítulo de Lady Emrys y lo mejor, no he me retrasado tanto como la vez anterior! Espero que os haya gustado y nos vemos en el próximo capítulo.