Capítulo 9
–¡¿Qué?! –exclamaron Erza y Jellal al mismo tiempo.
–¡Eso es una locura! –dijo Jellal con autoridad. –Es un suicidio. No podemos hacer eso.
–Ese lugar está lleno de dragones que podrían matarnos antes de poner un pie en el castillo real. –secundó Erza.
Sabía que lo que me estaban diciendo era verdad y que me lo estaban diciendo por mi bien, pero, no puedo evitar sentirme frustrada. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras veo como una gran amiga está sufriendo porque perdió su familia en cuestión de tiempo. Cientos de gente perdieron a alguien en ese pueblo y cientos de gente pueden perder más si no hacemos algo.
Mi intención no es ir a la tierra de los dragones a pelear o vengarme, solo quiero hablar con el que se hace llamar el rey dragón de fuego. Si él fue quien hiso un trato de paz con mis padres, estoy segura de que tal vez hará algo para evitar que esto vuelva a pasar.
–Si ustedes no me van a llevar. –dije tranquilamente mientras sentía como mi mirada se oscurecía. –Yo me las arreglaré para ir allá. Ya sea acompañada o sola.
–Lucy…. –pidió Erza con amabilidad. –No puedo creer que vaya aceptar esto.
–¿Qué? –dijo Jellal sorprendido. –No pueden estar hablando enserio. ¡Nadie, nunca, se ha atrevido a entrar en su tierra! ¡Sería un viaje suicida!
Bajé la mirada al suelo. Jellal tenía razón y sé que estaba diciendo todo esto para que yo esté bien, pero la ira era más que el razonamiento. Alcé mi mirada con autoridad.
–Siempre hay una primera vez para todo. –comenté dirigiéndome al carruaje sin esperar que me siguiera.
Erza me abrió la puerta del carruaje, susurré un pequeño gracias mientras me subía rápidamente al carruaje. Me había cambiado mi vestido por un par de pantalones, una blusa de manga larga y un par de botas de cuero. Si algo malo pasaba, con un vestido no podría correr o pelear, lo que pasara primero. Escuché a Jellal parlotear con comentarios negativos pero al final se subió al carruaje y dio marcha junto con Erza.
A pesar de que mi mente estaba fría y lista para ir aquel desconocido y terrorífico lugar, en estos momentos, cuando el carruaje comenzaba a alejarse de las luces de la ciudad y adentrarse al bosque fue cuando mi corazón comenzó a latir a velocidad anormal. Mis manos temblaban, tenía miedo de sea lo que fuera a pasar en aquel lugar, no pude evitar morder mis uñas hasta sangrar.
Cuando el carruaje se detuvo mi corazón dio un vuelco. Habíamos llegado y yo estaba completamente nerviosa y asustada como una niña pequeña.
El calor había ascendido en este lugar, podía sentir las gotas de sudor caer de mi frente hasta mi cuello. Sin esperar a que Jellal o Erza abrieran el carruaje para dejarme salir, salí con total naturalidad y caminé.
–¡Lucy-sama! –exclamó Erza bajándose de un salto del asiento del conductor y corriendo para alcanzarme. –¡Espere!... Este lugar es peligroso.
–Quiero hacer esto rápido para irnos a casa. –comenté sin poder evitar que mis voz tartamudeara.
Todo el lugar era como una zona volcánica, pero eso era imposible, ya que, en este lugar no hay ningún volcán. Los dragones habían alterado este lugar hasta volverlo una zona volcánica. He leído en los viejos libros de la biblioteca que hay varias zonas que conforman todo el reino de los dragones. Fuego, agua, veneno, hielo, rayos, metal, cristal, aire, etc. Diferentes tipos de dragones, diferentes zonas, todos iguales de peligrosos. Y ahora, yo estaba en la zona de fuego sin ningún tipo de protección, solo con mis dos soldados más fuertes.
Respiré el áspero aire del lugar haciendo que mi garganta ardiera como el infierno mismo.
Alzando la mirada podía observar como el castillo de roca volcánica se alzaba en lo más alto con un brillo anaranjado. Jellal nos alcanzó mientras que miraba a todo su alrededor con una mirada de desconfianza.
–Es peor de lo que imagine. –comentó una vez cerca de nosotras.
–Hay que estar alertas. –susurró Erza.
No dije nada. No podía. En mi garganta solo había un nudo apretado que me impedía hablar y respirar con naturalidad. El camino hacia el castillo era tranquilo si no fuera por los gruñidos de los dragones que estaban cerca de nosotros. La manos de Erza y Jellal estaban posadas fuertemente en las empuñadoras de las espadas de cada uno mientras miraban con desconfianza a los dragones que nos pasaban por un lado.
El camino hacia el castillo se me hiso eterno, pero lo logramos, al parecer los dragones no tenían la intención de dañarnos, pero eso no significaba que les agrade la idea de que un grupo de humanos estén en sus territorios.
Erza y Jellal tomaron sus posiciones delante de mí, mientras la puerta del castillo de fuego se abrió yo sentía toda la frialdad abandonarme por completo dejando un rastro de nerviosismo y miedo.
Erza volteó a verme con inseguridad.
–Aún podemos irnos. –susurró solo para que yo lo oyera.
–No, no puedo mantenerme al margen. –contesté con dureza. –Las vidas de esas personas están en mis hombros. No puedo ignorarlo.
Erza iba a decir algo más, pero un hombre o dragones, sea lo que sea, nos interrumpió. Era un hombre joven con ciertas características iguales a Natsu, como las alas que eran negras con azul, unos largos cuernos que sobresalían de su cabeza y su larga cola del mismo color que sus alas. Tenía una expresión divertida en su rostro, pareciera como si disfrutara que nosotros estemos en este lugar. Pero si le quitas esa diversión, podría decir que este tipo era alguien frio y retorcido, tengo un mal presentimiento.
Si le quitamos esa intimidación, debo admitir que era un hombre atractivo, su cabello negro y largo le daba un toque y sus ojos azules contrastaban muy bien.
–Esto sí que es una sorpresa. –dijo aquel hombre con una sonrisa. –Tenemos visitas inesperadas.
–He venido a ver al Rey de los dragones de fuego. –dije con autoridad y firmeza mientras salía de las espaldas de Erza y Jellal. –Es urgente.
Aquel dragón era alto, incluso más que Jellal. No pude evitar dar un paso atrás un poco intimidada por su mirada azul brillante. Este dragón no parecía en sí, un dragón de fuego.
–¿A Igneel? –preguntó, curioso y sin formalismos. –Debo decir que este no es el mejor día, pero adelante, adelante.
Nosotros tres nos miramos no muy seguros. Aquel dragón no espero ni siquiera si lo estábamos siguiendo. Con paso torpe comencé a caminar mirando a alrededor de mí con suma curiosidad. Por dentro el castillo era un poco más elegante pero no dejaba de ser escalofriante hasta los cimientos.
Aquella persona, nos condujo por varios pasillos que estaban iluminados por antorchas envueltas de fuego que creaban sombras bailarinas que daban más terror al lugar. Me sorprendí al escuchar risas y voces por más que nos acercábamos a lo que parecía ser un salón que, sorprendentemente, estaba lleno de dragones riendo y festejando.
Repentinamente me sentí incomoda.
Todas las voces cesaron casi al instante cuando di un paso dentro del salón. Mis ojos estaban escondidos gracias a mi flequillo, podía sentir todas las miradas en mí y mis compañeros.
–Wow~ esto sí que es una sorpresa. –dijo una voz desconocida para mí, pero que cortó el silencio incómodo. Levanté la mirada un poco sorprendida, aquella persona me sonreía con naturalidad. –Hola, Srta. Heartfilia.
Aquel dragón era pelirrojo y tenía una sintonía muy parecida a Natsu, no pude evitar sonrojarme porque estoy segura de que él está aquí mirándome con incredulidad. Quería buscarlo, pero sería muy obvio, solo voy a fingir que no lo conozco y listo.
Me enderecé y comencé a caminar hacia aquel dragón pelirrojo del que estaba segura de que era Igneel.
Una larga mesa donde estaba Igneel sentado cómodamente nos separaba el uno al otro. Lo miré con firmeza y autoridad. Su mirada era relajada y tenía una expresión divertida en la cara. Era igual a Natsu, solo que con un aspecto más maduro y su cabello era rojo, no rosa. Tampoco tenía ojos verdes como los de su hijo, definitivamente, Natsu tenía las características de su madre pero con el comportamiento de su padre.
–He venido aquí para hablar con usted de un asunto muy importante. –dije mirándolo fijamente.
–Eso he oído. –asintió sin dejar de lucir relajado. –No puedo dejar de estar sorprendido. Tú una pequeña niña ha venido sola con solo dos personas al mismísimo reino de los dragones, cuando tus padres trajeron a todo un ejército solo para hablar conmigo. Interesante.
–Yo no vengo a causar problemas. –dije volviendo al tema principal. –Solo he venido hablar con usted.
–Ya veo. Tienes mi atención. –dijo sentándose erguido en su asiento.
Esta vez parecía tener un poco más de seriedad en el asunto. Sonreí internamente, pero esa sonrisa desapareció cuando sentí algo áspero y ridículamente caliente aplastar un poco mi cintura. No pude evitar soltar un pequeño grito de sorpresa cuando Igneel me levantó por los aires con su cola enroscada en mi cintura, pude ver a Erza con la espada apuntando a Igneel y Jellal completamente enojado.
–¡Lucy-sama! –exclamaron ambos, aterrados.
–¡Bájala, ahora! –exclamó Erza con un aura oscura alrededor de ella.
–Tranquilos, tranquilos. –rió Igneel mientras me bajaba poco a poco hasta sentarme en unas de las sillas aun lado de él. –Hablaré con ella civilizadamente. ¿No es así, Lucy?
Me acomodé tímidamente en la silla aun con su cola enroscada en mi cintura, al parecer no tenía ninguna intención de quitarla de ahí, pero no dije nada. Miré a Erza y Jellal, ambos seguían en guardia con las espadas desenvainadas. Nuestras miradas se cruzaron, solo asentí calmadamente.
Ellos parecieron incomodos, pero asintieron volviendo a envainar sus armas.
–Bien, Lucy. Que es lo que querías hablar. –me animó Igneel retomando nuestra conversación.
–Preferiría que fuera en privado. –susurré, nerviosa.
–¿Oh? Que injusto. –exclamó el dragón con alas negras que nos había recibido. –Todos aquí somos de la realeza. Si tienes alguna queja con los dragones, lo mejor sería que todos los jefes estén presentes ¿No?
Maldije internamente. Suspiré para tener un poco de valor.
–De hecho, tengo un problema con los dragones de fuego. –le dije mirando a Igneel. –Un problema del que creo que ya están enterados.
–¿Uhm…? No. –contestó Igneel seriamente. –Estoy un poco perdido. ¿Puedes decirme de que intentas decir?
Fruncí el ceño, confundida. ¿Es que acaso se está haciendo el idiota o simplemente me está molestando?
–¿Esta bromeando? –pregunté con dureza sin poder evitar mi ira. Igneel me miró sorprendido. –Todo un pueblo fue reducido a cenizas y usted me está diciendo que no tienen ni la menor idea de lo que está pasando.
De nuevo, otro silencio sepulcral reinó en el salón. Igneel dejó atrás todo rastro de burla y se puso serio, incluso un poco intimidante.
–Al parecer hoy es el día de las sorpresas. –dijo sin ni un rastro de burla, Igneel miró al dragón de alas negras. –¿Tu sabias algo así, Acnologia?
–Así que si era verdad. –resopló Acnologia con seriedad. –Uff… que desafortunado.
–¿Lo sabias? –demandó Igneel. –¿Y no dijiste nada?
–Me lo dijeron como un rumor. –se defendió Acnologia encogiéndose de hombros y restándole importancia. –Creí que era una broma de jóvenes.
–Me tienen que estar jodiendo. –murmuré para mí misma.
Igneel pareció escucharme, pero no dijo nada. Recorrí mi mirada por todo el salón aprovechando el pequeño relajo que se produjo gracias a mi comentario.
En un abrir y cerrar de ojos pude deslumbrar a Natsu que me miraba fijamente con preocupación. Estaba sentado a un lado de un dragón con alas grises y cabello largo y de color negro, del otro lado había una linda chica de cabello blanco y corto, un dragón con alas rosadas que miraba a su alrededor con incredulidad. Quiero creer que es ella Lisanna, ya que Happy estaba recostado en su cabeza.
Miré los labios de Natsu gesticular una palabra pero antes de que pudiera descubrir cuál era fui interrumpida por Igneel.
–Así que me estás diciendo que uno de los nuestros arrasó con tu pueblo. –dijo Igneel con enojo y seriedad.
–Así es. –contesté firmemente. –Creí que teníamos un trato. Un trato donde no se lastimarían ni humanos ni dragones, entonces… ¿Por qué? –Igneel bajó la mirada, avergonzado. –¿Por qué destruir un pueblo entero? ¿Qué hicimos para ganar aquello? Aquel pueblo era ajeno a la ciudad, era habitado por ancianos, niños, personas jubiladas… personas inocentes. Les temían a los dragones pero los aceptaban… ¿Qué fue lo que hicimos mal para que esas personas murieran? –de nuevo, el silencio se hiso presente. –Una amiga muy cercana perdió su familia, su casa y su rebaño en un solo día y puedo asegurar que cientos de personas perdieron a alguien más. ¿Qué se supone que tengo que decirles? ¿Qué ignoremos la muerte? ¿Qué dejemos que los asesinos de esas personas anden libres así sin más?
–Lo siento tanto, Lucy. –dijo Igneel con tristeza. –No tengo palabras.
Reprimí el impulso de llorar. No podía reflejar mi debilidad, tenía que ser fuerte por toda esa desafortunada gente, por Aries… por todos.
–No se necesitan palabras. –fuimos interrumpidos por Acnologia que traía arrastrando a dos dragones de alas anaranjadas. –He encontrado a los responsables.
–¿Cómo? –preguntó Igneel, incrédulo.
–Recuerdo haber mencionado que tenía un pequeño pajarillo que me dijo aquel rumor. –contestó con burla. –Mientras todos ustedes se reconfortan con palabras fui a buscar a los responsables de este desafortunado accidente. Si es que se le puede llamar accidente.
Todos nos quedamos en silencio mirando a Acnologia y a los dos dragones que caminaban con miedo a su lado. Ambos eran jóvenes.
Caminé hasta estar frente a ellos, sus ojos eran brillantes como las llamas y me miraban asustados. Acnologia me detuvo poniéndome una de sus manos-garras en mi hombro, no pude evitar sobresaltarme.
–No te recomiendo que te les acerques. –me advirtió con una sonrisa pero con la mirada seria. –Son dragones después de todo y unos salvajes. Puede que Igneel y los demás jefes estén de acuerdo con el trato de los humanos pero hay dragones que odian a los humanos. –dijo mirando a aquellos dragones de fuego que en vez de miedo, me miraban con odio y asco. –Ellos son unos de esos dragones.
Antes de que pudiera decir algo para contestarle, Acnologia hiso un movimiento rápido atrayéndome a sus brazos para evitar el golpe que uno de los dragones con alas anaranjadas había lanzado hacia mí. El otro dragón me gruño.
Sin poder evitarlo me apretuje más en los brazos de Acnologia con miedo. Aquel dragón que hace un momento yo creí que tenía miedo, ahora todo sentimiento de miedo era reemplazado por ira y desesperación.
–¡Upa! –exclamó Acnologia divertido. –Eso estuvo cerca, ¿No lo crees, princesita?
–¡Lucy-sama! –escuché la voz de Erza.
Tenía ganas de salir corriendo hacia Erza para sentirme más segura, pero los brazos de Acnologia me sostenían con fuerza impidiéndome zafarme. Acnologia, aun en sus brazos, hiso que ambos dragones se arrodillaran con un simple golpe. A pesar del lio que se había producido, Acnologia seguía teniendo esa sonrisa arrogante en su rostro.
–Waa~ ¡Que lio! –dijo Igneel rascándose la nuca. –Esto definitivamente nos hará ver mal. ¿Estás bien, Lucy?
Asentí tímidamente, aun en los brazos de Acnologia. Igneel parecía un tanto despreocupado por la situación y al parecer no planea tener ningún formalismo conmigo.
–Solo está asustada. –sonrió Acnologia. Me soltó y de repente me sentí desprotegida y vulnerable. –Bien, princesita. Ellos son los asesinos de su gente, ya se dio cuenta de su comportamiento. ¿Qué hará?
–¿Eh? –no pude evitar desatinar. Había perdido el hilo de la conversación, seguía en estado de shock.
–Es usted tan inocente, princesita. –dijo Acnologia sonriendo abiertamente. –Es completamente extraño conocer a personas inocentes en estos tiempos. –su sonrisa desapareció e hiso aun lado su gran capa dejando ver una espada, la cual desenvaino y me ofreció. –Ten.
Volví a vacilar. Miré a Igneel en un intento de ayuda, pero él me miraba con curiosidad. Regresé mi mirada a la espada, los ojos de Acnologia brillaban con intensidad.
–Aquí, cuando un dragón mata a alguien inocente, el familiar de aquella persona tiene el derecho de matar al asesino. –comentó Acnologia al ver mi confusión. –Usted dice que todos esos humanos del pueblo eran gente buena e inocente. De acuerdo, mátelos. Mate a los asesinos y traiga felicidad a las personas que perdieron familiares o amigos.
Abrí los ojos con sorpresa e indignación. ¿Cómo podía pedirme que matara a estos dragones a sí sin más? Jamás he matado a nadie en mi vida, nunca y Acnologia me los estaba pidiendo como si fuera lo más normal en este mundo.
Miré la espada con incredulidad y luego miré a los dragones responsables de todas esas muertes. Era verdad que estaba enojada por haber visto llorar a Aries y enojada porque cientos de vidas se perdieron en un pestañeo… pero, no tan enojada como para matar, eso era un límite que no estaba dispuesta a pasar.
De un golpe alejé la espada de mí. Acnologia me miró confundido e Igneel alzó una de sus cejas.
–¡No voy a matar a nadie! –exclamé enojada. –No he venido aquí a derramar más sangre. He venido aquí a evitar que más sangre sea derramada, tanto de humanos como dragones. –las miradas sorprendidas de todos eran épicas. No pude evitar sentir satisfacción antes aquello. –Es cierto. Estoy furiosa por haber perdido a toda esa gente y me consta que todas esas personas tenían las manos limpias, pero no me voy a convertir en una asesina… ¡No intentes apaciguar nuestro dolor con venganza!
Igneel sonrió satisfactoriamente, mientras que Acnologia envainaba su espada con una expresión aburrida.
–Que aburrido. –musitó.
–Vaya, vaya… –suspiró Igneel acercándose a mí. –¿Y bien? ¿Qué harás?
–He venido hablar. –dije firmemente y con la cabeza en alto. –Quiero evitar que algo así vuelva a pasar, a no ser que quieras que todas esas muertes sean regresadas.
Igneel abrió micho los ojos, tomado por sorpresa. Me di cuenta de que mi mirada y mi voz se habían tornado más tenebrosas de lo que quería. Pero funcionaba.
–¿Oh? ¿Es eso una amenaza? –preguntó Acnologia, divertido.
–Tómalo como una advertencia. –contesté con el ceño fruncido.
