No supe en qué momento Rachel huyó de mi cama para irse a su habitación, y hasta ahora ignoro por qué lo hizo.
Me despabilé tarde en la mañana y sólo al estirarme me di cuenta de que ella ya no estaba.
Dormí, debo admitir, como si hubiera hecho actividades agitadoras todo el día, es decir, que en cuanto me sentí cómoda con Rachel a mi lado, en la posición en la que estábamos, dormí profundamente. Extraordinariamente, mi cuerpo –acostumbrado a la soledad- se sintió como si siempre hubiera estado con el cuerpo de Rachel en la cama, como si lleváramos años de mutua compañía.
Vuelvo a señalar que siento que los pasos que estamos dando en el acercamiento la una con la otra son rápidos y casi despreocupados, pero el tiempo es algo que no tengo, yo no sé en qué momento pueda regresar a mi presente y entonces estoy segura que me arrepentiría bastante si me hubiese frenado de hacer algo, cualquier cosa.
Puedo pensar que su ausencia se debe a Finn, pues no quiere que se entere de nosotras. No creo que él sea ajeno a las miradas que nos damos, ni a la atracción evidente que flota sobre nosotras cada vez que estamos en la misma habitación. Venga, no pudo haber dado por accidente el casi beso que nos dimos bajo la lluvia el día que me hizo caer del columpio.
Columpio al que no me subiré jamás de noche o atardeciendo, ahora, con la historia que me ha contado Britt, temo que algún espíritu me haga una visita.
Me visto pues, y camino a la habitación de Brittany para ver si ya está despierta y poder contarle acerca de estas nuevas experiencias, de cómo se pone mi cuerpo, de lo contento que está mi corazón, de decirle que nunca (en mi presente) me sentí tan atraída a alguien, tan enamorada y tan tonta, tan nueva en muchas cosas.
Pero no alcanzo a llegar a su puerta, apenas salgo de mi cuarto, Martin me intercepta y me dice que tengo un telegrama. Me emociona esto de recibir un telegrama, no me interesa por el momento de quien sea, lo que quiero es verlo, saber cómo es, el acomodo de sus letras, me lo imagino de papel amarillo, pero no tendría por qué ser amarillo si no es un papel viejo.
De pronto se me olvida que aunque lo sienta todo viejo, en realidad es bastante nuevo. Muebles, coches, ropa, aparatos, etcétera.
Le agradezco a Martin el telegrama y me detengo en el pasillo a leerlo, lo saco del sobre y me doy cuenta de que no es una hoja amarillenta, tiene adornos parecidos a los dólares y es del mismo color. Compañía americana de teléfonos y telégrafos; tiene un número de folio y la fecha de emisión, quien lo manda y a quien se le envía.
Las letras negras me saludan, que escritas con maquina me brindan un mensaje de alguien que aún desconozco.
Charles F.
Sé quién eres y de dónde vienes. Tic toc el tiempo vuela. ¿A qué te sabe el pasado Quinn Fabray? Viajeros, gusanos del tiempo, tic toc Quinn Fabray.
Jueves, Cotton Club; 9:00 en punto, no faltes. Tic toc, yo tengo trescientos años, ¿cuántos tienes tú?
Se me va a sangre a los pies y creo que voy a desmayarme si es que no respiro profundamente; quizás he dejado de hacerlo desde que leí las primeras líneas. ¿Quién es Charles F y qué quiere conmigo? ¿Por qué me conoce y de dónde me ha visto? La única pista es que quizás me ha conocido en el Cotton Club, sino, ¿Por qué me citaría ahí?
Sigo pálida, puedo apostarlo y tengo las piernas débiles, las manos me tiemblan.
Camino a la habitación de Britt y abro la puerta sin siquiera tocar antes, si la encuentro cambiándose, desnuda, si la encuentro dormida, incluso, si la encontrara con alguien más en la cama me importaría poco, esto me parece de vida o muerte, delicado, misterioso. Me deshago de nervios, pienso en muchas cosas y no pienso en nada, porque nada de lo que pienso hace sentido.
Que cuando la abro se está peinando sentada frente a su tocador, un tocador blanco con incrustaciones doradas, cuatro cajones y un espejo en el medio; el banquillo está forrado en pana y es de color azul cielo, muy claro.
Nunca había visto tantos detalles de la habitación de Britt. No tiene balcón pero sí una ventana enorme que da al frente de la casa, desde el que se ve el columpio y el camino verde que nos trae a casa.
-Me ha llegado un telegrama-. Le digo alarmada pero ella parece no notarlo.
-Primero cuéntame cómo te ha ido con la señorita Berry-.
-No, no, eso lo podemos dejar para el rato, esto me ha helado la sangre Britt, alguien lo sabe-.
-¿Lo de ustedes?-. Entonces capto su atención, deja el cepillo sobre el tocador y gira medio cuerpo para verme a la cara. La noto alarmada.
-No-. Niego con la cabeza –Que vengo de otra época-.
-Eso es imposible-.
-Creo que quedamos que nada es imposible, dadas las circunstancias-. Se encoge de hombros y me estira la mano para que le dé el papel.
Lee el telegrama en silencio, abriendo los ojos muy grandes cuando llega al final.
-Quinn, pero ¿No has visto bien el nombre?-.
-Claro que lo he visto… y todo el condenado mensaje que casi hace que me cague en mis pantalones-. Suelto, ella se ríe un poco, expresiones modernas en los años treinta.
-Charles ¿No te dice nada?-.
-Pues qué va a decirme Britt ¿Un espía?-. Se para estresada por mi falta de memoria.
-Charles Fabray, Charles F. -. Me dice mientras me regresa el papel –Es el mismo de la historia que te conté-. Se sienta en la cama y yo junto a ella.
Trago saliva y recuerdo esa historia que me contó sobre un hombre que pierde a su amada a manos de unos bandidos.
-¿Tienes tiempo?-.
-El mismo que tú, prima-.
-Sé que puedes estar algo confundida por aquello de que tu sangre y la mía no tienen absolutamente nada que ver, tú siendo Fabray y yo Pierce… ¿Cómo es posible que las dos seamos viajeras en el tiempo?-.
Esa es una pregunta completamente interesante, como dijeran en inglés, mind fucking. Se me eriza la piel.
-¡Tienes tanta razón! ¿Cómo es que no lo pensé antes?-. Me digo, aquí la estúpida no es Britt sino yo, contrario a lo que todos piensan.
-Pero entonces ¿Cómo es que las dos lo somos?-. Se encoge de hombros.
-No he podido descifrarlo, eso me ha estado rompiendo la cabeza desde que me di cuenta de que no eras la Quinn que yo conocía, sino la del dos mil-.
-Entonces ¿Por qué me diste por mi lado cuando tuvimos la plática de que éramos una familia de viajeros en el tiempo?-.
-A veces una olvida que no somos familia Quinn, sobre todo cuando he convivido contigo desde que tengo memoria, te siento de la familia, sí, nos llevábamos pésimo pero de pronto se pierde esa diferencia de lazos de sangre; luego entonces les expliqué a ti y a Rachel que en realidad no tenemos nada que ver tú y yo y pues…-.
-¿Por qué no me dijiste nada cuando caíste en cuenta?-.
-Porque pensé que no importaba, pero este telegrama viene a ponernos a pensar; primero no te digo nada porque creo que es una coincidencia-. Me levanto de la cama.
-Las coincidencias no existen B-. Ella no me escucha, como casi siempre que tenemos conversaciones serias.
-No puedo explicar por qué las dos viajamos en el tiempo y mucho menos por qué ahora Charles te está contactando, pero… sí creo que todo esto es una coincidencia- Y dale con las coincidencias, me enfado –Porque yo descubrí ese libro cuando aún eras Quinn Bitchbray-. Me río cuando dice esta composición de palabras, la verdad es que B. es realmente brillante.
Va a decirme algo más cuando escuchamos que tocan a la puerta. Volteamos a verla, esperando ver que alguien se asome, quién diablos nos interrumpió. Es Rachel.
Y al verla casi todo se me olvida y mi cara de consternación se convierte en una completa sonrisa.
-Creí haberte escuchado aquí y pues…-. No termina la oración, entra con las manos atrás, un poco apenada y con la cabeza gacha.
Hacemos el recuento de la noche, de su cuerpo cerca del mío, de todos los eventos del día anterior para terminar pronto.
-¿Interrumpo?-. Pregunta finalmente cuando se da cuenta de que la cara de Britt es de confusión –Pareciera que sí-. Y comienza a retirarse.
-No, no, pasa, por favor, ya…-. Me limpio la garganta –Ya habíamos terminado-.
-¿Seguras?-. Voltea a ver a Britt, sabe que la respuesta más honesta la obtendrá de ella.
-Por supuesto Rachel, eres bienvenida a mi habitación-. Le sonríe y Rachel le sonríe de vuelta, acercándose con mayor soltura hacia nosotras.
-¿Cómo sigue Sheila?-. Pregunto cuando recuerdo que no la vi a la hora de despertarme.
-Tynice cuida de ella, su pata aún está dolorida y me ha dicho que ella puede administrarle unos ungüentos para que se ponga sana rápido-.
-Oh-. Digo y muevo un poco la cabeza; de ahí en más, no sé qué añadir porque el telegrama sigue dándome vueltas en la cabeza.
-Quinn ¿Estás bien?-.
-¿Por qué lo dices?-. Le respondo, saliendo instantáneamente de mis pensamientos.
-Te ves… diferente-.
-Tengo que arreglar unos asuntos mañana y son… ¿Cómo decirlo?-. Volteo a ver a Britt para que me ayude con alguna palabra.
-¿Interesantes?-. Me dice, esperando que esa sea la palabra.
-Si pues, de cierto modo…-.
-¿Y esa persona vendrá a la casa? Si son de la empresa supongo que sí, ¡Qué tonta!-. Se dice, llevándose una mano a la frente, dándose un golpe.
-Tengo que ir yo, ha dicho que quiere verme en el Cotton Club-.
-¡Excelente! Querías que te acompañara-. Bueno, sí, pero no mañana, pienso.
Pero se ve tan hermosa esta mañana y tan radiante, que me es imposible decirle que no.
-Ya verás que te encantará-. Contesto emocionada, y Britt solo pasa su mirada de mí a ella como no entendiendo mucho y con una mueca extraña en la boca. Sabe que no es la mejor idea, pero también sabe que a Rachel no le puedo negar muchas cosas.
No es que me hubiera pedido algo en el pasado, pero es evidente que mis defensas están bajas cuando ella está cerca de mí.
-Quizás yo pueda visitar a Santana-. Nos dice.
Santana… la recuerdo, se me hace un nudo en el estómago y vuelvo a atinar de nuevo que es esta lucha de la vieja Quinn con esta Quinn que soy. Creí que ya no pasaría, que su esencia se esfumaría mas pronto que tarde, pero ya veo que no.
Recuerdo también que quería regresar a la casa en la ciudad para buscar otros diarios, leerlos me vendría bien, me sentiría menos a la deriva, conocer lo que siento por los que me rodean, cómo veo el mundo, cómo me veo a mí misma… tantas cosas que me serían de utilidad si tan sólo encontrara esos diarios o si tan solo tuviera las cartas que le daba a Santana, si es que acaso contestaba las suyas.
Quizás si le pregunto acerca de ellas…
-Entonces ¿Iremos?-. Pregunta Rachel entusiasmada.
-Iremos-. Digo del mismo modo.
Y de pronto a Britt y a mí se nos olvida la plática que estábamos teniendo y empezamos a hablarle de la música, de Mercedes, le explicamos –Pero poco- Quién es Santana y a qué se dedica.
Son tantas cosas las que tengo que hacer mañana que no sé si me pueda alcanzar el tiempo, tal vez deba de irme yo antes, muy temprano, apenas salga el sol, para que haga todo lo que quiero hacer: buscar los diarios, las cartas, lo que sea que me pueda brindar información.
Tal vez si lo encuentro, pueda responderme esto de viajar en el tiempo, sí, no cabe duda de que fue este deseo de ver a Rachel, de conocerla, pero… habrá entre sus páginas algo que me pueda dar una pista de si la otra Quinn ya había viajado antes en el tiempo.
Platicamos un poco más antes de bajar a desayunar, esta rutina de cada mañana de despertar y levantarnos, arreglarnos y bajar al comedor para tener un desayuno sustancioso con todos a la mesa, platicando de una cosa u otra.
Por la tarde estoy tan nerviosa, pues no puedo pensar en ese telegrama que yace en el bolsillo de mi saco, ya está doblado en tantas partes que parece que me lo hubieran enviado hace semanas.
¿Qué quiere Charles Fabray? ¿Para qué contactarme con este telegrama que parece hecho por un loco? Quizás después de todo Charles sí es un loco que se cree el poseedor de un poder que le otorgó un espíritu o demonio para poder vivir por siglos buscando a la mujer que tanto amaba.
¿Qué si sólo es un farsante que quiere verme la cara de tonta y me pide dinero o lo que sea?
Ya no puedo con tantas preguntas, me duele la cabeza, desde que estoy aquí no hay día en el que no pueda hacerme una pregunta respecto a los viajes en el tiempo; me enloquece saber que soy el alma de la otra Quinn, me pone aún más loca sabernos a ambas Quinn Fabrays con distinta personalidad, pero el mismo nombre.
Estoy a punto de frustrarme, de darle la ultima calada al décimo cigarro cuando Rachel se me acerca y se sienta al lado de mí en los silloncitos que hay en el porche.
-Has estado distante ¿Todo bien?-. Suspiro.
-Es uno de esos días en los que no entiendo nada y no sé quién soy ni qué hago aquí-.
-No me espantes con lo último que acabas de decir-. Lo dice muy serio, y me doy cuenta de que suena demasiado suicida cuando en realidad el contexto en sí, es otro; niego con la cabeza.
-No es lo que te imaginas, digo… me gusta esta vida, lo que estoy viviendo me ha llenado de experiencias surreales pero interesantes, puedo decirte que nunca me he sentido tan viva como hasta ahora Rach; y, no me lo tomes de cualquier modo que no sea ser simplemente honesta contigo, nunca me he sentido tan contenta como hasta ahora que te conocí-.
Agacha la mirada y se muerde el labio, puedo ver que se le forma una sonrisa y a mí junto con ella, que me gusta esto de ponerla nerviosa.
-Eres… tienes… yo… bueno, no-. Guarda silencio pero sigue sonriendo –Me pones nerviosa Quinn-.
-Ese mismo efecto tienes en mí, sólo que hay momentos en los que me siento mucho más capaz de conquistarte que otros-.
-¿Son más los momentos valientes?-. Me pregunta viéndome a los ojos.
-No, hasta ayer cada vez que te veía acercarte a mí, como que cruzabas el mismo camino que yo, corría en el sentido contrario-.
-Así que te escondías de mí-. Asiento y me sonrojo.
Voltea a ver el cielo, hay nubes, pero no demasiadas, eso quiere decir que el sol pasa por ellas, dándole al medio día un tono caluroso.
Los olores se levantan con el agua que evapora, podemos oler el lodo y el pasto, también olemos las florecillas que cercan la casa y también olemos el mar, a él a decir verdad nunca lo dejamos de oler a menos que llueva, pues la lluvia nos trae una variedad de olores igual de exquisitos y mucho más fuertes.
Posamos la mirada en el frente, veo pasar a Jamal, que agacha de nuevo la cabeza y camina más rápido para salir de mi campo de visión. Creo que va hacia las caballerizas que por el momento están solas, me pregunto cuándo traerán a los caballos.
-¿Quieres bajar a la playa?-. Voltea a verme.
-Bajemos ¿Quieres nadar?-. Pregunto.
-Creo que no estoy de humor para eso ¿Y tú?-.
-En realidad creo que desde ese día no estaré nunca de humor para meterme de lleno en sus aguas ¿Te apetece que metamos los pies?-. Se le ilumina la cara.
-Más que apetecerme-. Es por el calor que se siente, tan sofocante, que meter los pies al agua fría se nos antoja delicioso.
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Cuando estamos abajo, tenemos la piel sudada, siento que me falta el aire y debo detenerme para tomar aire. Mi condición física es pésima, no recuerdo haberme cansado tanto la primera vez que recorrí ese camino, pero, también de entonces hace como cincuenta cigarros y millones de horas sentada en la terraza o leyendo.
Se sienta en la arena y se quita los zapatos, yo la imito. La arena está dura por la lluvia de ayer, pero se siente algo caliente bajo nuestros pies; no es de esa arena que quema las plantas, así que caminamos a paso normal hacia las olas que bailan de aquí para allá.
Pasamos un tiempo en silencio, volteadas hacia el horizonte, el mar que parece hipnotizarnos pues nos hace darnos cuenta de lo diminutos que somos todos en este mundo tan lleno de inmensidades, y mas con esta visión, que hace que el cielo se junte con el mar. Me hace pensar de nuevo en el columpio y mi imaginación llevándome a nadar en el cielo.
-¿Rach?-. Su brazo está junto al mío, sentimos las olas ir y venir bajo nuestros pies, escuchando la espuma de su agua.
-Dime-.
-¿Qué dicen tus padres de que estés lejos de ellos?-. Nunca le había preguntado sobre ellos, ni siquiera sabía si tenía padres.
-No tengo padres-. Responde agachando la mirada y pateando el agua, mandando gotas hacia el frente, luego enterrando el dedo del pie en la arena.
-¿Qué pasó con ellos?-.
-No sé nada de mi padre y mi madre me dejó en un orfanato cuando tenía pocos días de nacida, jamás la he visto y dudo mucho que la llegase a conocer algún día, no sé si está viva siquiera-. Volteo mi mirada hacia ella, su tono de voz es profundo, un poco dolido. No sé si le moleste hablar del tema –¿Qué pasó con los tuyos?-.
-Murieron en un accidente-.
-¿Eso sí lo recuerdas?-.
-No, lo leí en el diario-.
-Así que las dos somos huérfanas-. Me sonríe porque quiere hacer esta plática que es un tanto sombría, menos seria y llevadera.
-Cuéntame tu vida-. Wikipedia me había dicho que era huérfana, mas no me había contado por qué.
-Mi vida es muy aburrida, Quinn-.
-No para mí que estoy ansiosa de saber quién eres-. Me mira y suspira. Se me queda viendo a los ojos; no puedo decir qué me dice su mirada, pero lo que no puedo negar es el calor que estoy sintiendo en el pecho.
-¿Por qué quieres saber quién soy?-.
-¿Cómo no saber acerca de la vida de alguien que te robó el corazón antes de que ambas lo supiéramos incluso?-.
-Eres muy romántica Quinn-.
-Sólo contigo-. Le respondo, camino y le pido que me siga con un movimiento de cabeza; así pues, caminamos despacio la una al lado de la otra con la mirada en nuestros propios pies.
La escucho suspirar y le tomo el dedo meñique para disimularnos a lo lejos, bien hubiera querido tomarla de la mano, pero si Finn llegase a vernos… es más fácil escondernos tomadas sólo del meñique.
-Mi madre me dejó en un orfanato católico en Nueva York; y, muy originales las monjas pues le dejaron el nombre de 'Orfanato católico de Nueva York'-. Me río.
-Muy, muy original, pero continúa, perdón-.
-Crecí ahí, por supuesto, rodeada de maltratos y pues…-. Trago saliva, sé lo que sigue en esa oración, sólo que ella no va a decírmelo. Se me hiela la sangre y me pregunto si no he sido demasiado imprudente al pedirle que me cuente esto.
-Rach, esta bien si no quieres contarme-. Me niega con la cabeza.
-Por extraño que parezca, contártelo a ti se siente distinto-. Vuelvo a tragar saliva.
-Nos hacían exámenes médicos dos veces cada seis meses a menos que enfermaras, entonces los doctores nos atendían para curarnos, pero, la mayoría moría porque o no había medicinas o los doctores se negaban a la atención-.
Pensaba que lo que había leído entonces de los orfanatos no era tan crudo como lo contaban y que si lo ponían así, era para embellecer sus artículos para las revistas o los periódicos. Ya me doy cuenta de que yo estaba muy equivocada.
-Yo pertenecía al coro, así que cada domingo cantaba en la misa. Era la voz principal y, fue ahí que Finn me vio, descubriendo mi talento-.
-¿Cuántos años tenías entonces?-.
-Dieciséis -. Abro los ojos muy grandes.
-¿Todo ese tiempo estuviste ahí?-. Asiente.
-A veces ayudaba en la cocina, otra veces a cuidar a los niños que llegaban al orfanato, también horneábamos pan y salíamos a las calles a venderlo; me enseñaron a escribir y a leer, también a cocinar-.
-Y… mmm, y-. No sé cómo preguntar esto –Y ¿Sufriste muchos, muchos maltratos?-.
-Pues siempre he sido una mujer que defiende sus ideas y una mujer que sabe el talento que tiene, a veces por soberbia me dejaban sin cena por varios días o durmiendo en el piso; otras veces me azotaban…-. Ok, suficiente.
-Bien, bien, creo que… que esta plática no es demasiado buena para ti, me pesa el alma saberlo-. Me sonríe.
-Pero a mí ya no y si me pides que me detenga es por ti, no por mi-. Suena cruel, pero es real ¿También le enseñaron algo de psicología?
-Tienes razón-. Me encojo de hombros apenada, le doy mi brazo y se toma de él.
-En fin, Finn Hudson me escucha cantar en una de tantas misas y ofrece ser mi tutor; así pues de cierto modo me adopta, y digo cierto modo porque no lo puedo ver como padre, pero tampoco como amante, y lo demás creo que ya lo imaginas, comenzamos a buscar quien tenga fe en mí como para invertir y hacerme conocida; quiero ser famosa Quinn, es mi sueño-.
Lo dice como una niña y me enternece, por ello vuelvo a sonreír.
-Ah Rachel, que me parta un rayo si no sucede; el mundo entero conocerá el nombre de Rachel Barbra Berry-. Se echa a reír y me toma con fuerza del brazo.
-Me gusta ese entusiasmo tuyo-.
-El mismo que tú tienes, si yo hubiera vivido la mitad de lo que tú…-.
-¿No estarías aquí?-.
-Pues… con honestidad, creo que no-.
-Viví muchas cosas… tuve muchas carencias… pero al final dios, si es que existe, escuchó mis plegarias y Finn apareció para sacarme de ahí y ahora tu tío es un ángel que está dispuesto a invertir-.
-¿Por qué si yo llevo el negocio junto con él, no me ha contado de sus planes contigo?-.
-Tu tío es inteligente, Quinn-. Sonríe –Y creo que tu inteligencia está bastante nublada-. Suspiro.
-Ni que lo digas, todo me parece tan extraño ahora, que hasta lo evidente se me hace un misterio, complejo como trabalenguas-.
-Él sabe muy bien que tus intenciones conmigo no son de amiga ¿Crees que sería bueno mezclar tus negocios con tu placer?-.
-Pues… pues no, pero lo haces ver como que, fueras mi…-.
-¿Tu cortesana? ¿Cómo lo era Santana? O es-.
-Era-. Corrijo –Y ¿Quién te lo dijo?-.
-¿Se te olvida que los criados sí lo saben todo y he pasado bastante tiempo con ellos?-.
-Así que fueron ellos los que te informaron de mis amoríos y demás cosas-.
No me dice nada, pero guarda silencio y bien dicen que el que calla otorga. Su silencio sólo me confirma lo que he dicho.
-Como sea, Quinn, es por ello que tu tío no te informa de esto, pues ¿De verdad quisieras meterte en ello?-.
-No, prefiero meterme en otros lugares-. Se detiene y me mira impresionada, con la boca abierta y sé que he dicho algo que sonó como no quería que sonara.
-No… no… yo no quería decirlo de ese modo… me refería a algo más… bueno algo menos… quiero decir… que era algo romántico-.
-Impresióname-. Me contesta, retándome a solucionar lo que he dado a entender.
-Me refería a tu corazón señorita Berry, no a tus pantalones-.
-No entiendo esa expresión-. Vuelve a tomarme del brazo y seguimos caminando.
-No hace falta, pero no intentaba decir lo que entendiste-.
Así pues, caminamos por otra media hora, ella tomada de mi brazo y yo sintiendo sus dedos aferrados fuertemente a mi piel.
Me entero de que ha intentado escribir una canción, pero que no se le ha dado mucho eso de ser una cantautora, así que sólo canta lo que ya existe.
Su escritor favorito es Shakespeare y le confieso que en realidad nunca he entendido su forma de escribir, nunca logró atrapare con un solo libro… y ella se indigna.
-¿Cuál es tu escritor favorito entonces?-.
-Anne Rice-. Le digo así nada más. Odio esos momentos en los que pierdo la noción de mi tiempo.
-¿Es contemporánea? Porque no recuerdo haberla escuchado antes-.
-Oh sí… lo es-.
-¿Tienes algo de ella?-.
-No, aquí no-.
No sé cuánto tiempo pasamos en la playa, pero cuando sentimos que nos arde la piel, regresamos a la casa y tomamos una siesta cada una en su habitación.
Xxxx
-Yo conozco esta canción-. Digo entusiasmada. Es otra de esas noches de música en el salón. En los que pasamos el tiempo pasándolo bien porque ¿Qué más se puede hacer aquí si no?
-¿La escuchaste con ella?-. Me pregunta B.
Evidentemente no, ni siquiera sabía que existía esta versión con una cantante, también de color, como la anterior que mencioné; por el momento nadie recuerda el nombre y yo recuerdo de nuevo a Emilie Autumn que la ha cantado como una diosa en mi tiempo. Gloomy Sunday.
Llega esa parte que me gusta en demasía, que sufre, que siente que se le desgarrara el alma.
Would they be angry if I thought of joining you? My heart and I have decided to end it all.
La canto, no tan bien como esperaría, no soy una cantante, fallo en algunos tonos. Puedo decir que no tengo una voz horrible, de hecho a veces es melodiosa y suave (la mayor parte del tiempo excepto cuando he fumado mucho o me he ido de juerga) y al voltear a ver a Rachel me doy cuenta de que me observa atenta, muy atentamente.
Gloomy Sunday, versión deluxe de Emilie era o es para mí una evocación al dolor, al sufrimiento de perder a alguien. O, en dado caso, de guiñarle un ojo a la muerte.
Pero esta versión, es… más dulce, me parece. Siento menos la pena; quién sabe por qué.
Britt me mira casi del mismo modo que Rachel y mis tíos sonríen pues puedo apostar a que nunca me habían escuchado cantar. ¿Era una amargada? ¿Salía alguna vez de mi habitación? ¿Pensaba en otra cosa que no fuera Santana y los burdeles? ¿Tenía algo en la cabeza que pudiera llamar cerebro?
Dudo, o llego a pensar que pude ser lo que en mi tiempo denominamos, hueca. Muy probablemente como era yo en mis primeros meses de porrista.
-¿Por qué conocías la canción?-. Me pregunta Samuel aún con la sonrisa en el rostro.
-Pues… no podría decirte bien a quién se la he escuchado, pero me gusta más que esta versión-.
Se enciende un cigarrillo y lo pone en la boquilla de marfil que usa para los cigarros sin filtro.
La conversación entre mis tíos y Finn se torna casi privada, excluyéndonos a nosotros como si fuéramos unas chiquillas, como si no supiéramos de lo que hablan.
-Estoy tan contenta y nerviosa de ver a Santana-. Nos informa B a Rachel y a mí.
Las tres echamos un vistazo a los tres que están enfrascados en sus temas; podemos pensar que no nos escucharán, pero no hay que fiarse nunca, pues cualquiera puede tener un oído allá y otro acá y, que se enteren de Santana y lo que está sucediendo no es para nada bueno.
Así pues subimos a mi habitación; está alejada de las de más a excepción de la Rachel y no podría escucharnos nadie más porque la terraza da directamente al acantilado.
Es en definitiva el escenario perfecto para alguien que quiera suicidarse, altura mas rocas filosas igual a muerte segura. Pero, hace bastante que yo dejé los pensamientos suicidas, atrás, muy atrás, en la adolescencia de hecho.
Nos sentamos como siempre en la mesa Rachel a mi lado y Britt frente a mí. El cenicero está limpio, así como está cada vez que regreso a mi habitación después de desayunar, que Tynice aprovecha para hacer la cama y levantar las cosas que pueda dejar en el piso. Limpia el baño y tira las colillas de los cigarros que me fumo en la noche y antes de bajar a desayunar.
Y, con todo lo que ha pasado desde que me levanté, necesito con urgencia diez millones de cigarros. Saco la cigarrera y enciendo tres al mismo tiempo.
A la primera calada me desparramo en mi silla y suelto un 'aaaah' que no esconde para nada el placer que siento de estar fumando.
-Nos contabas de Santana-. Urge Rachel.
-Bueno, estoy muy contenta de verla, hace una semana que la vi y, no puedo estar más tiempo sin verla, sobre todo porque no la había visto en un par de años, quizás tres!-.
-O sea que ya la conocías-. Dice ella.
-Sí, bueno… no precisamente… pero sí… digamos que la conozco de otra vida-.
-¿Y tú Quinn? ¿De cuándo la conoces?-.
-Ah yo de esta, no hay duda, en otra vida aún no la conozco-.
Se echa a reír y me contagia su risa, no sé de qué ríe, pero las dos reímos y al cabo de unos segundos las tres estamos riendo si saber exactamente por qué Rachel está tan divertida.
-Me río de ti-. Confieso –Pero no sé de qué te ríes tú-. Sigo riendo y lo que he dicho ha estado pausado, ahogado entre mis carcajadas.
-Parecen dos locas hablando de vidas pasadas y demás, qué hacen ¿Hablar en código? ¿De cuál manicomio las han sacado? ¿Quién viene del futuro y quién del pasado?-.
Britt y yo nos volteamos a ver con una sonrisa y bastante divertidas porque Raches es increíblemente perspicaz y ha atinado a casi todo sin que se lo crea como real.
-Quinn viene del fututo, en donde las casas tienen puertas que se abren solas y los autos te dicen cómo estacionarte-. Dice Britt.
-Y Britt lo sabe porque hizo una visita al futuro del que vengo-.
Se vuelve a reír y fuma, aspira fuerte el humo y lo suelta.
-Aah, juro que nunca me había reído tanto en mi vida, ni siquiera ese día que nos burlamos de Finn, de nuevo no siento mis mejillas y me duele el estómago, son bárbaras juntas-.
Qué divertido es esto de decir la verdad y que se lo crean a una; claro, no siempre lo es, por ejemplo, muchas veces le dije la verdad a mi madre y no me lo creyó, ahí fue frustrante.
-Britt, lo que yo quiero saber, es qué sucedió aquella noche en la que viste a San-. Me corrijo, no puedo decirle San, ¿Por qué le dije San? Nunca le había dicho así. –Santana-.
-Bueno, omitiendo las partes incómodas-. Sé que se refiere a que ella y yo teníamos una relación, si es que se le puede llamar así –Cuando subí estaba malhumorada, se le notaba en el semblante, incluso puedo creer que había llorado-.
Suspira y se le pierde la mirada en algún punto que es ninguno en realidad, sino, sus recuerdos pasando como película frente a sus ojos.
-Cuando la vi, supe que era ella, la mujer que yo estaba buscando; es posiblemente una desaventura que sea una cortesana, pero quiero creer que eso no importa si quiero estar con ella-.
-¿Y ella quiere estar contigo?-. Pregunta Rachel, metida en su plática
-Quizás aún no, pero lo hará, de eso estoy segura-. Y sonríe positiva. –Bueno, me pregunta cómo me llamo y obvio le contesto, Britt, digo, casi no me salía la voz-.
Apago el cigarro y me enciendo otro; unos segundos me siento celosa, con ganas de salir huyendo de ahí e ir con Santana para hacerle el amor. Pero me quedo sentada y estiro la pierna para rozar con la mía la de Rachel.
-No platicamos en realidad, porque ella no quería hablar, me acerqué a ella y la besé, sin saber bien cómo, los nervios me invadían, me nublaban la mente. Sé que si me besó o si me hizo el amor-. Siento un golpe en el estómago, me siento sofocada y no encuentro explicación –Fue porque era su obligación de cortesana, pero planeo enamorarla-. Dice orgullosamente y levanta el mentón y saca el pecho.
-Pues yo apoyo la moción, aparte, con una mujer tan encantadora como tú, Santana deberá de caer rendida a tus pies-.
-Espero-. Suelta mi prima y apaga su cigarro sin encenderse otro.
-¿Será que la conoceré mañana?-. Voltea a verme como si yo tuviera la respuesta y, de saber más de Santana quizás la tendría, pero, estoy tan perdida como ella y B.
-Pff pues no sé, eso dependerá de si el performance es de las bailarinas o de los músicos invitados; otra cosa, yo deberé partir antes, por la mañana de hecho, pues necesito buscar unas cosas en casa-. B. me frunce el ceño, sé que no entiende nada.
-Y… ¿Te veremos en el Cotton Club?-. Me pregunta.
-Afuera, sí-.
Xxxxx
Acompaño a Rachel a su habitación. La atmósfera ha cambiado, se nota coqueta, puedo oler sus feromonas, me siento terriblemente atraída, carnalmente hablando, quiero tocarla.
Acaricio su brazo y buscamos en el pasillo por alguien que pudiera vernos, pero está tan vacío y reina un gran silencio, que sabemos que estamos a salvo.
-Cantas lindo-. Me dice; recuerdo Gloomy Sunday y me sonrojo.
-¿Cuándo vas a cantarme? No sabía que lo hacías-. Se acerca a mí y me quita una pelusa de la ropa.
-Algún día de estos-.
-¿Qué otro talento tienes?-. La veo mirándome a los labios.
-Toco el piano-.
-Excelente, yo también-. Su tono de voz es tan seductor que mis oídos se sienten adormecidos y todos mis sentidos a la vez.
-Entonces… cuando…-. Me aclaro la garganta –Cuando gustes bajamos al salón. Seguro te encantará, no puedo decirte de dónde ha salido, pero disfrútala cuando la escuches ¿De acuerdo?-.
-De acuerdo-. Sube la mirada y se posa en mis ojos, la siento acercándose a mí, su aliento en mi boca… y me besa.
¿Se hará costumbre que me bese por las noches? Quizás. Pero yo quiero que me bese a todas horas y que me bese entera.
-Buenas noches-. Me dice con un brillo excepcional en los ojos.
-Buenas noches-. Contesto yo en un susurro. Cierra la puerta y yo camino a mi habitación.
Rachel Berry me ha robado el alma. Después de todo no se la he vendido al diablo, como pensaba.
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Tengo la habitación patas para arriba, así como dije que la pondría cuando buscara los otros diarios.
No los encuentro, ni más cartas ni diarios, ni siquiera papeles escritos al azar. Nada que me dé otra pista de qué pasa con esta vida. Me frustro.
Ya me siento acalorada, agitada, sin saber dónde más buscar. Me siento en el suelo y veo el baul, así, mi mirada se pierde en él. Está vacío, también me di a la tarea de sacar lo que había en él.
Y me doy cuenta de que es más profundo de lo que parece, el baul también tiene un compartimento secreto. Me levanto rápidamente y busco.
Esta forrado en un papel, que tiene adornos de flores. Y en una esquina un pedazo levantado me indica que es ahí donde debo jalar. La tapa se levanta y me muestra dos diarios más, el que me encontré es el de en medio.
Uno tiene las pastas verde oscuro, de piel también y la fecha me dice que es el primero. El último tiene las pastas de color negro también, como el que estoy leyendo y es de los meses siguientes, los cercanos a mi caída.
Cierro el baúl con mi llave y le pido a Julien que lo suba al auto y me lleve al Cotton Club.
-Pero que desastre ha dejado usted en su habitación-.
-Ya lo arreglaré cuando regrese Julien-.
Sueno agitada y con todo derecho, pues he encontrado lo que buscaba.
Cuando llegamos, Britt y Rachel ya están ahí. En cuanto veo a mi morena se me va el aire y trago saliva con dificultad, nunca la había visto tan hermosa y elegante.
-¿Tenían mucho esperando?-. Pregunto.
-Cinco minutos si acaso-. Me dice B.
-Entremos entonces-.
Le doy mi brazo a Britt y lo toma, me gusta el rizo que se le hace en el cabello y la banda que trae en la cabeza con una plumita de color blanco. Los labios pintados muy de la época, junto con el vestido de tiras plateadas y los tacones que repiquetean en la acera.
Miro el póster que está cerca de la entrada. Circus Contraption esta noche.
Se me ha olvidado el mundo en cuanto entro y me doy cuenta de la emoción que irradia la mirada de Rachel, es tan nuevo para ella y le agrada verlo. Lo sé.
-Cada vez con nuevas amigas-. Me dice Mercedes.
-¿Viene con muchas?-. Pregunta curiosa Rach.
-Ah, sólo tú y su prima, pero es de sorprender, con eso de que siempre ha venido sola-. Y se marcha para traer nuestra orden.
Apenas estoy ambientándome, reconociendo la música cuando siento una mano en mi hombro.
-¿Quinn Fabray?-. Volteo a verlo… no hay duda, es Charles.
