Descargo: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Hajime Isayama, yo solo los he tomado prestados para esta historia.
Capítulo 9:
Tormenta de Verano
Algunas veces el dolor era como una tormenta que provenía de la nada. El más despejado de los veranos podía terminar en una tormenta. Podía terminar con relámpagos y truenos.
(Benjamín Alire Sáenz, Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo)
Eren, acomodando lo mejor que podía entre sus brazos los vasos de café y los muffins de nueces que había pasado a comprar esa mañana a la tienda de Hannes, llamó al timbre tres veces, como hacía siempre que visitaba a Levi. No acababa de levantar el dedo del interruptor cuando la puerta se abrió de par en par y Hange, como una tromba de vibrante rojo y desordenado cabello castaño, le echó los brazos al cuello mientras gritaba un estruendoso «Eren», seguida de Ludwig que nada más verlo se le enredó entre las piernas y comenzó a ladrar eufórico de alegría, logrando que perdiera momentáneamente el equilibrio y amenazando con que los tres cayesen redondos al piso si una mano fuerte no hubiera jalado de su antebrazo, estabilizándolo y apartándolo de aquel peligroso par.
—Tch, maldita cuatro ojos de mierda. Has menos escándalo y controla mejor a esa bestezuela que tienes por mascota. Los dos han estado a punto de tirar al suelo a este mocoso debilucho —protestó Levi mientras, sin soltarlo aún, lo guio hasta la sala que se hallaba agradablemente cálida en comparación al frío gélido y cortante del exterior gracias al crepitante fuego de la chimenea encendida.
Durante una fracción de segundos, Eren se sintió un poco ofendido ante aquel comentario por parte del otro sobre su estado atlético. Era cierto que no entrenaba tanto ni de manera tan constante como Levi, pero tampoco se mantenía tan mal; de hecho, ¡él realizaba mucha actividad física!
Eren estaba a punto de soltarle a Levi que de debilucho no tenía nada cuando algo en la manera en la que los tormentosos ojos grises de este lo miraron, llenos de mudas preguntas; en la forma tan posesiva en la que lo mantenía aún sujeto, como si no deseara dejarlo ir nunca más, le hicieron mantener la boca cerrada y perderse en él; en cálida emoción que pareció explotar dentro de su pecho y le hacía sentirse al mismo tiempo expectante y algo cohibido.
Desde el regreso del otro hombre a Shiganshina, cuatro días atrás, las cosas entre ellos habían comenzado a cambiar poco a poco, acercándolos cada vez más. Levi, a pesar de su parco carácter y su habitual disposición a pasar mucho tiempo a solas, por una vez parecía en verdad complacido de tenerlo a su lado. No era que antes no lo hiciese, Eren lo sabía; simplemente se debía a que este intentaba ocultarlo siempre tras su fingida indiferencia. Aquel pequeño cambio en Levi le hizo a preguntarse si esa larga ausencia habría servido para que ambos valoraran todavía más la compañía del otro. Por su parte, al menos, así era.
—¡Oh, Eren! ¡Lo siento muchísimo! —Se disculpó Hange con sinceridad al tiempo que cerraba la puerta tras ella antes de seguirlos hasta la sala—. No debí asaltarte de ese modo, pero cuando Levi me dijo que probablemente serías tú para ayudar con la mudanza, me emocioné un poco. ¡Hace días que no nos vemos! —Exclamó ella, como si el no verse a diario fuera casi una tragedia, y de inmediato se dejó caer sentada en el sofá, con un muy manso Ludwig echado a sus pies. Desde la tumbada posición en la que se encontraba, el perro lo observó con adoración; sus castaños y oscuros ojillos llenos de sincera alegría por volver a verlo, ante lo que él se sintió conmovido—. Dios, ¿lo que huelo ahí es café?
—Eh… sí —Eren levantó las cajas que llevaba precariamente sujetas y se las enseñó—. También hay muffins; pensé que sería una buena idea…
—Estupenda —añadió ella casi con reverencia—. Este enano me ha tenido media mañana bebiendo té y más té. Temo que en cualquier momento ese maldito brebaje comience a salirme por las orejas —se quejó, ganándose un chasquido de lengua reprobatorio por parte de Levi. Poniéndose nuevamente de pie, Hange se dirigió hacia ellos y le quitó a Eren las cajas de las manos—. Ya me encargo yo de esto —le dijo, apresurándose a llevarlas hasta la cocina para dejarlas sobre la isleta; no sin antes lanzarles a ambos una significativa mirada y una sonrisa algo burlona al pasar a su lado y notar que su amigo aún le tenía sujeto del brazo, como si aquello fuera lo más natural del mundo.
Percatándose también del descarado escrutinio al que la mujer acababa de someterlos, Levi decidió soltarlo y poner un poco de distancia entre ellos. De inmediato este apartó la vista, evidentemente avergonzado; escudándose en su frialdad e indiferencia habitual para no dejar entrever aquel pequeño momento de debilidad. No obstante, para él, que ya comenzaba a conocerlo mejor, aquellos detalles en su persona le resultaban en verdad adorables; tan adorables como este lucía en su enorme y desgastado suéter negro, de seguro un par de tallas más grande, y sus ajustados pantalones de chándal grises. Vestido así, con aquella ropa de trabajo, Levi le parecía casi como un niño jugando a ataviarse como un adulto. A pesar de que ya tenían un tiempo de conocerse, a Eren no dejaba de sorprenderle lo muy joven que el otro parecía a pesar de estar ya a solo un paso de la mitad de la treintena.
Dejando el bolso y la cámara sobre una de las butacas para poder quitarse el anorak, Eren soltó un silbido de admiración al ver el desastre que estaba montado en el siempre impecable comedor de Levi y también en buena parte de la sala de estar.
—Vaya que tienes cosas —comentó mientras acababa de arremangarse hasta los codos el ligero suéter negro y volver a colgarse la cámara al hombro. Al notar que la mirada de desagrado del otro estaba enfocada en un punto más abajo de su ombligo, algo apenado, Eren bajó la vista la vista a toda prisa, solo para encontrarse con que la tela verde musgo de los pantalones cargo que llevaba estaba cubierta de los oscuros pelos de Ludwig que parecían haberse quedado adheridos allí cuando salió a recibirlo. Con razón Levi parecía a punto de sufrir un ataque de nervios.
De inmediato comenzó a sacudírselos. Con este y su TOC era mejor evitar problemas.
—Tch, no me lo recuerdes, mocoso. Además, no puedo dejar de sentirme como una mierda por hacerte gastar uno de tus días de vacaciones de este modo, mocoso —masculló Levi por lo bajo, levantando a penas la vista para observarlo entre sus oscuras pestañas—. Te dije que Hange y Moblit vendrían a ayudarme y que no era necesario que vinieras.
—Lo sé, pero yo quería hacerlo; así que no hay nada por lo que debas sentirte responsable, Levi. Es mi decisión, no tuya —le dijo con determinación. Eren sonrió un poco, sabedor de que con aquel gesto tendría más posibilidades de lograr convencerlo que con su testarudez—. Además, no tenía nada mejor que hacer aparte de quedarme vagueando en casa.
A pesar de que aquella era una mentira a medias, decidió no sentirse demasiado culpable por ello. En una ocasión, cuando tenía once años, las vacaciones de verano que su familia tenía planeadas fuera de la ciudad se vieron suspendidas de forma abrupta ya que Mikasa tuvo que ser operada de manera urgente a causa de una apendicitis. Eren, por supuesto, se había enfadado mucho, terriblemente con su hermana, protestando y llorando a más no poder; sin embargo, su madre le explicó que muchas veces en la vida existían momentos en los que los planes debían modificarse aunque uno no lo desease, y que por lo general estos pequeños cambios siempre eran para mejor, porque algo en verdad importante esperaba tras ellos. Por aquel entonces él jamás fue capaz de comprenderlo ni aceptarlo del todo, pero ahora, nueve años después, estaba convencido de que su progenitora siempre había tenido razón.
Antes de que Levi siquiera tuviese una importancia real en su vida, Eren, tras recibir la invitación de Moblit para participar en la exposición, planeó utilizar lo mejor posible las tres semanas que la universidad le otorgaba de vacaciones por las fiestas para fotografiar todo lo que pudiese, esperanzado en conseguir de ese modo alguna buena fotografía que lo dejara satisfecho y valiera para presentarla en la muestra. No obstante, cuando el día anterior el otro hombre le comentó que probablemente no podrían verse durante un par de días ya que a la mañana siguiente llegaría el camión de la mudanza con algunas de sus cosas desde Stohess y estaría un poco liado con el arreglo de la casa, sin pensárselo dos veces, Eren se ofreció a ayudarlo. Por supuesto que Levi se negó, alegando que no era justo hacerle gastar su escaso tiempo libre de ese modo; pero, tras unos cuantos e insistentes ruegos de su parte, este acabó por aceptar.
Que ahora Levi se sintiese culpable solo por haber cedido a sus deseos egoístas le sabía un poco mal, pero no iba a arrepentirse por eso. No podía hacerlo.
Tras lo mucho que sufrió por su ausencia de este, Eren luchó por tragarse de una vez toda su inseguridad y hacer caso a los consejos de sus amigos, meditando larga y detenidamente sobre sus sentimientos por Levi, llegando a la misma conclusión que ya sospechaba con anterioridad: se estaba enamorando de él. Y aunque aquella revelación podría parecer algo bonito, no lo era; por el contrario, resultaba aterradora. Aun así, había decidido que ya no seguiría desperdiciando el tiempo ni las oportunidades que se le presentaran; solo necesitaba armarse de valor y arriesgarse un poco, aunque todavía no tuviese ni la menor idea de cómo comenzar a hacerlo.
Por el momento, pasar el mayor tiempo posible con Levi era el primer paso en su inocente e inexperto intento de conquista. Además, la pequeña revelación de este sobre su sexualidad la había dado a Eren la confianza necesaria para creer que su sueño no era tan inalcanzable después de todo. Quizás, en un futuro, el otro hombre pudiese llegar a corresponderle.
Como si parte de sus pensamientos se hubieran escapado de su cabeza y fueran completamente visibles, Levi lo observó con silencioso detenimiento unos cuantos segundos; afilando su gris mirada y frunciendo los delgados labios en una pálida línea que se camuflaba casi a la perfección con su piel nívea.
—¿Acaso no tienes fotografías que tomar, mocoso? ¿No se supone que debes prepararte para una importante exposición a comienzos de marzo? —Le recordó este muy serio, dejando en evidencia su falta—. Te estás volviendo un auténtico vago, Jaeger.
Sin poder ni querer evitarlo, Eren se rio con ganas. Nunca dejaba de sorprenderle la increíble capacidad que parecía tener Levi para ver a través de él, descubriendo siempre la verdad que muchas veces se escondía tras sus acciones o sus palabras.
Desde la cocina, donde se encontraba disponiendo todo sobre la inmaculada isleta de mármol gris, Hange les lanzó una mirada llena de curiosidad; pero, tras la frialdad con la que Levi la observó en respuesta, esta negó con un gesto de la cabeza, sonriendo de medio lado ante el evidete malhumor de su amigo, volviendo de inmediato a concentrarse en su trabajo y en Ludwig que de vez en cuando pedía su atención.
—Lo sé, lo sé; no es necesario que me regañes. Sin embargo, en mi defensa diré que hoy no me apetecía salir, por lo que preferí pasar el día contigo. Además, para tomar buenas fotografías no basta solo con tener ganas, Levi, sino que también es necesario contar con la inspiración adecuada —aclaró—. Quizás debería llevarte conmigo la próxima vez que salga de excursión, ¿qué me dices? ¿Te gusta la idea? Conozco un montón de sitios que te encantarían —le dijo entusiasmado, alzando las cejas sugerentemente, de forma juguetona; aunque en el fondo Eren deseaba que este le siguiera el juego y dijese que sí. En verdad tenía muchas ganas de llevar a Levi en alguna de sus pequeñas escapadas; aquellas en las que el mundo a su alrededor parecía difuminarse y todos sus problemas y miedos dejaban de existir para fundirse solo en el asombro que le producía lo que sus ojos veían.
¿Qué tipo de escenarios, se preguntó con curiosidad, podría ver si este estaba a su lado?
Un murmullo mezclado con gruñidos bajos e inteligibles fue todo lo que recibió por respuesta mientras el otro enfilaba rumbo a la cocina, pero a Eren le bastó de momento, divertido por aquel huraño comportamiento. Al mirar una vez más a su alrededor, comprendió que, seguramente, parte del malhumor que Levi mostraba esa mañana se debiera al caótico desastre que parecía reinar por toda la primera planta de la casa, donde cajas de distintos tamaños se apilaban unas sobre otras y se hallaban desperdigadas por todas partes sin ningún orden aparente, volviendo el pulcro y sagrado espacio de aquel hombre en un desastre campal.
—El camión de la mudanza se marchó apenas unos quince minutos antes de que tú llegaras —explicó Hange, que en ese momento se entretenía en colocar los muffins en un plato, al percatarse hacia donde estaba dirigida su atención—, así que has llegado justo a tiempo para calmar a este enano gruñón. Vieras como se puso cuando entró en la sala y se dio cuenta del caos que habían montado los chicos —le dijo ella, soltando una carcajada y ganándose una mirada de profundo odio por parte de Levi.
—Podrían haberlo hecho mejor. Les pedí que acomodaran las cosas en cierto orden para que luego fuera más fácil disponer de ellas, pero al parecer les jode demasiado acatar las órdenes más simples —este frunció los labios en señal de muda desaprobación y, a pesar de no gustarle demasiado, tomó uno de los vasos de cappuccino que Eren había llevado y le dio un sorbo. Le miró con sus afilados ojos entrecerrados—. Mierda. Esto está condenadamente dulce, mocoso.
—Cuando te pregunté esta mañana por mensaje que preferías, me dijiste que cualquier cosa estaba bien para ti —le recordó Eren, inocentemente, mientras tomaba otro de los cuatro vasos y bebía a su vez—. Además, un poco de azúcar no te vendrá mal para recuperar energías; tenemos una larga jornada por delante, ¿no?
—Lo más probable es que este «poco de azúcar» me provocará diabetes y una muerte prematura —protestó Levi, pero aun así volvió a beber un corto trago de aquel brebaje, seguido de una mueca de pura repulsión ante la que él no pudo evitar reírse. Cuando el otro le lanzó una mirada amenazadora, Eren intentó disimular su falta tras un repentino ataque de tos mientras se dejaba caer sobre uno de los taburetes.
Hange, que ya estaba sentada y acodada sobre la isleta, desayunando, soltó una especie de gritito ahogado mientras intentaba tragar a toda prisa el generoso trozo de muffin que acababa de echarse a la boca.
—¡Lo había olvidado por completo! —soltó ella cuando pudo volver a hablar—. ¡Levi está de cumpleaños en una semana!
Eren, que también estaba comiendo su pastelillo a pequeños trozos, miró lleno de sorpresa al aludido que, todavía bebiendo su café, parecía estar deseando esfumarse de allí.
—¿Estás de cumpleaños el veinticinco? ¿Para Navidad? —Le preguntó a este, lleno de incredulidad; sintiéndose un poco tonto por no haber estado al tanto de algo tan importante como eso—. ¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no tiene importancia —gruñó Levi.
—Porque es un amargado —le dijo Hange al mismo tiempo, contraatacando—. Odia la Navidad y detesta que celebremos su cumpleaños; pero este año lo haremos de todos modos, aunque él no quiera. Erwin, Mike, Isabel y otros amigos vendrán especialmente a verle, así que el veinticuatro en la noche haremos una gran fiesta aquí. Por supuesto, tú también estás invitado Eren. Vendrás, ¿cierto?
Su primer impulso, el que estaba guiado por lo que en verdad deseaba, fue decir inmediatamente que sí, que por supuesto asistiría, que se moría de ganas por pasar aquel importante día junto a Levi; no obstante, el peso de sus propias obligaciones familiares, de las cuales no podía escapar por mucho que lo anhelara, se impuso sobre él como una pesada carga, recordándole la dura y amarga realidad.
Levi, al que ya había hablado con anterioridad sobre lo muy estricta que era su madre en lo referente al hecho de que tanto su hermana Mikasa como él debían pasar Navidad junto a la familia, salió en su ayuda antes de que Eren siquiera pudiese buscar una excusa creíble que ofrecerle a Hange.
—Deja de molestar al mocoso, cuatro ojos de mierda; el chico ya tiene planes para ese día. Además, no quiero una jodida fiesta en mi casa. Después dejan todo hecho un asqueroso desastre. Es un dolor en el culo.
Obviando las protestas de su amigo, los castaños ojos de esta se clavaron en él, buscando una confirmación a lo que Levi acababa de decir, como si no pudiese creérselo del todo hasta que lo oyera de los propios labios de Eren.
Sonriendo compungidamente, lamentándolo en exceso, él negó con un gesto lleno de pesar.
—Lo siento, pero lo que Levi ha dicho es verdad. Mi hermana y su novio regresan a Shiganshina por las fiestas y debo cenar con mi familia ese día. Mi madre… mis padres, bueno, ellos son un poco intransigentes en ese sentido.
Durante una pequeña fracción de tiempo, unos breves segundos, Eren temió que esta fuese a protestar. Hange, siempre tan risueña y alegre, frunció el ceño, logrando que sus morenos rasgos se acentuaran debido al disgusto. Tras las gafas de montura metálica, sus cálidos ojos castaños se entrecerraron y abrió la boca como si fuese a decir algo; sin embargo, una breve mirada de Levi bastó para que ella cambiara de opinión y asintiera en señal de aceptación, aunque con bastante desgana.
—Supongo que en ese caso no hay nada que se pueda hacer —le dijo esta, soltando un pesado suspiro de desilusión; pero, a los pocos segundos, un nuevo brillo de desquiciada alegría pareció iluminar su semblante—. ¿Y si nos reunimos al día siguiente para almorzar todos juntos? —les preguntó, esperanzada—. Erwin me ha dicho que se muere de ganas por conocerte, Eren; y seguro que Mike también. Además, cuando tú estás presente, Levi se comporta mucho mejor y eso siempre es un punto a favor. Venga, di que sí —le suplicó Hange, juntando ambas manos frente a su rostro, a modo de enfatizar su ruego—. Estoy segura de que los chicos te agradaran.
Antes de atreverse a darle una respuesta, buscó con la mirada de Levi, inseguro en si aceptar aquella propuesta o no; sin embargo, por una vez este simplemente se encogió de hombros, resignado, dejando que fuese él quien tomara tan importante decisión.
Eren no pudo evitar sentir como si con aquello ambos lo estuviesen poniendo a prueba… y estaba aterrado ante la idea de fallar.
Desde el regreso de Levi a Shiganshina y su arrebatado, desastroso y fallido intento de confesión, las cosas entre ellos habían cambiado bastante entre ellos y él, esperanzadamente, quería pensar que era para mejor. Además, durante los pasados días, Levi había comenzado a mostrarse un poco más abierto y menos a la defensiva cuando estaban a solas, contándole durante sus largos paseos matutinos por la playa alguna que otra cosa sobre su vida en Stohess y pareciendo más dispuesto a dejarlo invadir su espacio.
Eren no era tan ingenuo para creer que esos pequeñas cambios por si solos bastarían para que tuviese una oportunidad con él, una oportunidad real y verdadera para intentar conquistarlo, al menos; pero sí sabía que era un principio. Levi Ackerman era un hombre de muros impenetrables, y que este se mostrara dispuesto a dejarle traspasar aunque fuera solo uno de ellos, ya era algo importante.
Aun así, arriesgarse a franquear una más de aquellas barreras de «alto» que parecían rodear a aquel hombre era una tentación tan grande como peligrosa. Eren realmente deseaba conocer a los amigos de Levi, adentrarse un poco más en su vida, en su pasado; descubrir qué cosas le gustaban y que era lo que esperaba del incierto futuro; deseaba saber si él mismo podría formar para de su presente, o por lo menos intentarlo. Sí, en verdad eran muchas las cosas sobre este que él ansiaba conocer, que esperaba poder llegar a decirle algún día; pero, sobre todo, Eren temía que Levi se sintiera incómodo con ello y, que ese pequeño paso, en vez de ser beneficioso para su precaria relación de acercamiento, solo sirviera para hacerla retroceder un poco más.
El timbre de la puerta lo salvó de darle a Hange, que lo miraba expectante, la respuesta afirmativa que seguramente esperaba. Esta se levantó de un salto del taburete mientras les explicaba a toda prisa que ese debía ser Moblit que llegaba con su encargo y que iría a ayudarlo.
El cálido peso del negro hocico de Ludwig sobre su rodilla lo distrajo durante un momento mientras tomaba un trozo de su muffin y se lo daba al perro, logrando que Levi chasquera la lengua en señal reprobatoria por malacostumbrarlo de ese modo, logrando que él se riera bajito.
—Puedes venir si quieres.
Eren levantó la vista sorprendido. Sus ojos verdes buscaron con ansiedad los grises de Levi, pero este, como si no hubiera dicho absolutamente nada importante, parecía concentrado en beber de su vaso de café y mirar hacia la puerta de entrada donde Hange había desaparecido hacia un momento.
—¿Quieres que venga al almuerzo? —le preguntó con inseguridad, sintiendo el corazón acelerado y la boca seca a causa de los nervios. El can tironeó suavemente de la pernera de sus pantalones para que lo siguiera alimentando, pero él solo se limitó a acariciarle la cabeza—. Hange ha dicho que tus amigos estarán allí y eso significará que acabaré conociéndolos y… bueno, ya sabes como soy… y si eso a ti te incomoda o si te sientes presionado o si-
—Oi, Eren, respira. Basta, está bien —le dijo Levi con firme amabilidad, deteniendo su nerviosa diatriba de inseguridades y dudas—. Si quieres hacerlo, ven. Solo es una puta comida; no tiene importancia.
—Pero Erwin…Tus amigos…
Como si considerar todo aquello fuese suficiente para hacerle perder la poca paciencia que poseía, Levi dejó escapar un pesado suspiro cargado de exasperación. Una de sus manos vagó hacia su nuca, perdiéndose en la zona rapada bajo su cabello negro y frotando esta con vigor un par de veces, como si de ese modo pudiese librarse de la tensión que seguramente lo embargaba. Eren, todavía inseguro, lo observó hacer mientras se mordía de manera nerviosa el labio inferior.
—En ese caso, tu misión será mantenerme a salvo de esos idiotas. Te aseguro que, una vez que los conozcas, comprenderás por qué prefiero mantenerme alejado de ellos. Son un auténtico dolor en el culo.
A pesar de que aquella palabras sonaban duras y cualquiera podría haberlas malinterpretado, algo en la forma en que Levi lo dijo, en sus gestos, muchos más expresivos que de costumbre y mucho menos severos, le dejaron claro a Eren de que su reticencia a verlos y a estar con ellos solo era una bien ensayada farsa. Para aquel hombre tan acostumbrado a la soledad, todos esos «molestos» amigos eran importantes, en verdad muy valiosos; tal vez incluso, una de las cosas más precisadas de su vida; por ese motivo, que Levi decidiera compartir aquel pedacito de su vida con él, llenó a Eren de un cálido sentimiento de aceptación y cariño que, inevitablemente, pareció atarlo todavía más al otro hombre y a la peligrosa atracción que este ejercía sobre él.
—Vendré —murmuró, notando como, a pensar de su felicidad, la vergüenza lo embargaba un poco, coloreando y calentando sus mejillas. Armándose de valor y de más determinación de la que en realidad sentía, dejando el sentido común de lado, sin importarle todos los problemas que eso podría acarrearle luego, le dijo a Levi a modo de arrebatada promesa—: Y también vendré a felicitarte por tu cumpleaños. Seré el primero en hacerlo.
Una emoción indefinida que parecía mezclarse entre la incredulidad, la sorpresa, el pánico y el anhelo, embargó el habitualmente inexpresivo rostro de Levi, tornando sus claros ojos grises en un color más oscuro y azulado, más cálido y alcanzable. Un par de ojos que Eren se moría por plasmar en una imagen, por perderse en su hechizo. Si tan solo pudiera…
El ligero calor que desprendía el contacto de la pálida mano de Levi sobre la suya, un poco más grande, lo volvió de golpe a la realidad. Pestañeó un par de veces, confundido, pero fue al percatarse de que sujetaba la correa de la cámara que llevaba colgada al hombro que comprendió lo que había estado a punto de hacer, nuevamente: fotografiarlo sin pensar, sin detenerse a meditar si eso era correcto o no.
Eren se sintió horriblemente avergonzado y culpable.
—Levi, yo…
—Oi, Jaeger; ya conoces las reglas. Nada de tomarme fotografías a menos que estés dispuesto a dar el pago —le recordó este con firmeza, pero en su tono no había enfado ni críticas, simplemente una advertencia que sonaba vacía y carente de su anterior intensidad; casi como si Levi estuviese resignado a que él no obedeciera sus normas; como si incluso lo esperara y no le molestará del todo.
Y Eren se sintió profundamente agradecido de ello.
—¿O me dejarás sin dientes de una patada? —le preguntó, bromeando un poco y ganándose un esbozo de sonrisa por parte del otro—. Annie ya me advirtió de que no te haga enfadar porque eres peligroso, Ackerman.
—Exacto, mocoso. Harías bien en no olvidarlo.
De inmediato Levi fue a soltarle, pero, siendo un poco más rápido que él, Eren logró entrelazar las manos de ambos hasta formar un cálido enredo de dedos y palmas; obligándolo de esa forma a quedarse así un poco más y a que, finalmente, este lo mirara a los ojos, conectándolos de aquel modo extraño y especial en el que ambos parecían encajar siempre tan bien, casi como si el destino hubiese decidido que debía ser así, que tenían que estar juntos. Por el momento, a él le bastaba con eso, no pedía más: una leve caricia, un breve momento compartido y mudas palabras que no necesitaban ser dichas para ser entendidas. Por ahora, Eren no le exigiría más a Levi, con aquello le era suficiente.
Rompiendo el momento como solo él podía hacer, Ludwig, ladrando contento, salió disparado hacia la puerta a recibir a Moblit que acababa de entrar junto a Hange, ambos cargando un par de cajas que parecían contener una vasta cantidad de comida y verduras.
Eren vio a Levi rodar los ojos y chistar en desaprobación, soltando finalmente su mano y poniéndose de pie en un movimiento lánguido y fluido, quedando un poco más alto que él y obligándolo a levantar la vista para poder mirarle.
—Ya lo has prometido, mocoso; así que estaré esperando —le soltó de repente, tirando sin demasiada delicadeza de uno de los cortos mechones castaños que escapaban del amarre de la coleta y caían por su frente.
Levi, ignorando a propósito su evidente confusión, pasó a su lado para dirigirse a ayudar a sus amigos que en ese momento lo llamaban animadamente.
Todavía desconcertado por sus palabras, Eren lo observó quitarle bruscamente a Hange la caja con comida que esta cargaba, mientras la regañaba por decidir sobre su alimentación y forma de vida; a la vez que su amiga enumeraba a toda voz las infinitas carencias de Levi y el por qué ella se veía en la obligación de actuar de esa forma, movida por su enorme preocupación por él y su bienestar.
Poco a poco la compresión y el verdadero significado de aquellas palabras comenzaron a tomar forma en su cabeza, llenando su corazón de una alegría y expectación que no había sentido desde hacía años.
Por primera vez en mucho tiempo, Eren en verdad estaba ansioso porque llegara Navidad.
—Creo que esta es la última —dijo Eren, depositando a los pies de Hange una pesada caja llena con libros que correspondían a la planta superior, junto a otras siete cajas igual de voluminosas y pesadas que ambos ya se habían encargado de subir mientras Levi y Moblit terminaban de separar las restantes en el primer piso, determinando en qué habitación debían ir antes de comenzar a desembalar; un trabajo de meticuloso orden que el otro hombre se negó rotundamente a dejar en manos de su caótica amiga.
Ahora, contemplando el desastre que la mujer había provocado allí, con las cajas medio abiertas a sus pies, escupiendo libros por todo el lugar y creando un absoluto desorden, él no pudo más que encontrarle razón a Levi. Este se pondría loco de furia cuando viera todo eso.
En un principio Eren, queriendo ser productivo y no molestar demasiado con su autoimpuesta presencia en casa del otro, pensó en hacer solo aquel trabajo; no obstante, cuando él se lo estaba proponiendo a Levi, Hange intervino, ofreciéndose de inmediato a ayudarle. Por supuesto que ambos se negaron en el acto; Levi porque no confiaba en ella y temía una catástrofe si dejaba aquella tarea en sus manos y Eren porque, a pesar de todo, Hange seguía siendo una chica a sus ojos y cargar todo aquello escaleras arriba resultaría una labor de mucho esfuerzo físico. Él realmente estaba intentando ser considerado con ella, pero, nada más abrir la boca y explicarle su motivo, Hange, testaruda como pocas veces la había visto, arguyó que no era necesario subestimarla solo por el hecho de ser mujer, ya que ella era muy capaz de acarrear aquellos pesados bultos sin problema; y Eren, más que acostumbrado a ceder ante féminas llevadas a sus ideas, simplemente la dejó hacer a pesar de las protestas de Levi. Lo último que le apetecía era enfrascarse en una discusión de la que jamás saldría victorioso.
—¡Oh, demonios! Creo que me he destrozado de manera irreparable los lumbares inferiores —protestó Hange mientras, con gesto de dolor, masajeaba dicha zona, dejando escapar un largo suspiro en el proceso—. Y lo peor de todo es que temo que esta solo sea una pequeña parte de los libros que ese maldito enano en realidad tiene —señaló, dejándose caer sentada en el piso y recargando la espalda sobre uno de los estantes de libros a medio llenar—. El día de su regreso, Levi me confesó que su decisión de retornar a Shiganshina fue tan imprevista que solo tuvo tiempo de empacar lo imprescindible.
Eren, con los brazos levantados sobre su cabeza en un intento de estirarse para desentumecer sus adoloridos hombros, dirigió de inmediato su verde mirada hacia ella.
A pesar de que él mismo se cuestionó en más de una ocasión el que Levi en verdad regresara, sobre todo al contemplar los días pasar inexorables y notar como el silencio y la distancia entre ambos parecían aumentar de manera alarmante, las palabras de Hange, confirmando sus oscuras sospechas, resultaron tan certeras a la hora de herirlo como una estocada al corazón.
Eren, como tantas otras veces durante los últimos años, intentó disimular como en verdad se sentía frente a esta. Respiró profundo y relajó sus tensos hombros, a la vez que se esforzaba en distender el gesto ceñudo que sabía predominaba en su rostro; probó a sonreír un poco para relajar el ambiente, pero por una vez le fue imposible. Su corazón parecía descontrolado y muy vivo, estrujándose con saña dentro de su pecho y comenzando a dolor de un modo en el que hacía tiempo no lo hacía.
—¿Es que Levi no pensaba regresar? ¿Iba a quedarse en Stohess? —logró preguntar finalmente. Su propia voz le sonó tan patética y rota, tan parecida a un ruego, que se odió de forma mental por ello.
Una emoción extraña cruzó el rostro de Hange, algo así como entendimiento entremezclado con arrepentimiento; pero esta desapareció tan rápido como había surgido, haciendo incluso dudar a Eren de que hubiese sido real.
En su lugar, la mujer adoptó una especie de semblante sereno y comprensivo, casi maternal. Sus ojos castaños lo observaron suave y evaluativamente, con cariño; y quizás fue eso lo que acabó por convencerlo, a pesar de su reticencia inicial, de sentarse a su lado cuando esta dio un par de palmaditas en el espacio de suelo libre junto a ella.
Durante un par de minutos ambos se quedaron sentados allí, hombro junto a hombro y compartiendo el silencio.
Eren, notando como la peligrosa angustia amenazaba por embargarlo en cualquier momento, burbujeándole bajo la piel, en el alma, se esforzó en respirar profundo y despacio, concentrando su atención en las desgastadas punteras de sus deportivas negras, las cuales superaban por unos buenos centímetros a las largas piernas de Hange, enfundadas en unos deslavados vaqueros grises y rematadas por un par de bajos botines rojos, del mismo color que su amplio suéter de lana trenzado.
Al sentir que las manos comenzaban a temblarle un poco, entrelazó ambas sobre su regazo, advirtiendo con pánico lo frías que las tenía y como empezaban a entumecérsele con rapidez a pesar de que el ambiente estaba agradablemente caldeado debido al fuego de la chimenea.
¡Dios, estaba comenzando a acusar los síntomas de un ataque de ansiedad!
Casi al borde del miedo, Eren recordó que se había dejado la medicación en casa porque no creyó que fuese a necesitarla esa mañana; y ahora, aunque llamara a Armin para que se la llevara y fuese a recogerlo, este se demoraría por lo menos media hora en llegar allí.
—¿Eren…? ¿Te sientes mal? —Oyó preguntar a Hange a la distancia, como si esta se hallara en un mundo muy diferente al suyo, fuera de la realidad—. Estás demasiado pálido… Espera un minuto, llamaré a Levi.
Si Levi lo veía así… si Levi llegaba a descubrir esa parte de él…
Sorprendiéndose incluso a sí mismo, la sujetó de la mano, impidiéndole levantarse y negando con un gesto apenas perceptible, que le costó un enorme esfuerzo, cuando está lo miró, asustada.
Hubiese deseado explicarse, en verdad intentó hacerlo; pero las palabras parecían incapaces de formarse y salir de sus labios, eran como el humo, etéreas e intangibles; eran nada…
—Venga, Eren; tranquilízate. Levanta un poco las rodillas, ahora baja la cabeza —lo instó Hange, apoyando suavemente una mano sobre su nuca desnuda e inclinándolo un poco hacia adelante, hasta que su frente rozó la suave tela de sus pantalones cargo para posarse allí—. Eso es, buen chico. Ahora, respira despacio, despacio; exhala. Vuelve a respirar, vamos, una vez más.
Durante un tiempo que él fue incapaz de determinar en realidad, ya que podrían haber sido tanto minutos como horas, repitieron aquel proceso una vez tras otra; con Hange hablándole de manera pausada y sedosa y con Eren obedeciendo sus órdenes. Cuando finalmente los desagradables síntomas y la sensación de angustia que le partía el pecho comenzaron a remitir, fue la vergüenza y el terror al haber sido descubierto en esa situación quienes ocuparon su lugar; sin embargo, aquella mujer no se mostró sorprendida en lo absoluto y, para su sorpresa, acarició su cabeza del mismo modo que solía hacer su madre con él cuando todavía era un niño que necesitaba consuelo.
Increíblemente, aquel simple gesto bastó para tranquilizarle más que cualquier otra cosa.
—Yo… —comenzó a decir Eren tras abrir la boca, pero fue incapaz de encontrar una explicación o una excusa plausible para su comportamiento y descontrol. ¿Cómo le explicaba a Hange que el terror ante la perspectiva de perder a Levi había acabado por desestabilizar su precaria estabilidad? Ella era la mejor amiga de este, y seguramente iba a acabar por contarle sobre aquel patético episodio del que él era protagonista, porque era lo más lógico, ¿cierto? Aun así, la perspectiva de que Levi se enterara de esa forma sobre su problema seguía pareciéndole dolorosa.
—¿Tienes que medicarte? —le preguntó ella, solicita—. ¿Necesitas que llame a alguien? Moblit me ha contado que tu padre es médico, si quieres que me contacte con él…
Eren negó con vehemencia, mortificado a más no poder. Lo último que necesitaba en ese momento era que su padre se enterara de aquello; los recuerdos de las largas charlas que los dos habían mantenido sobre su problema aun le escocían. Dios, como le hubiese gustado morirse de una buena vez.
—Ya… estoy bien, Hange, de verdad; por favor, no te preocupes. Agradezco muchísimo tu ayuda, pero te aseguro que esto no suele ocurrirme a menudo. Durante el último año los ataques han ido remitiendo y son más esporádicos, por lo que generalmente soy capaz de controlarlos bastante bien y ya no necesito de medicación constante —le aseguró, intentando tranquilizarla con sus palabras. Al percatarse de que esta asentía un poco más convencida, Eren decidió arriesgarse, y abordar el asunto que más le preocupaba de momento. Armándose de valor, le dijo—: Hange, sé que lo que voy a pedirte te parecerá un poco extraño y, de seguro, bastante egoísta, pero… preferiría que no le contases nada de lo ocurrido a Levi, por favor. No he tenido oportunidad de hablarle de esto y… Por favor —terminó de mascullar, tragándose a duras penas el miedo. Prácticamente implorándole a esta con la mirada que accedería a guardar su secreto.
Una vez más un pesado e incómodo silencio se instauró entre ellos. Un silencio cargado de tensión y miedo y miles de interrogantes y mudas suplicas. Eren casi era capaz de sentir de forma física el peso que este generaba sobre ambos, asfixiándolos lentamente. Era tan angustiante…
Buscando un poco de alivio, juntó sus manos y volvió a juguetear con sus dedos, tamborileando unos con otros en un ritmo acompasado dentro de su cabeza. Eren hubiese dado cualquier cosas por tener en ese momento su cámara, pero la había dejado en la planta inferior junto al resto de sus cosas; sabía que un par de fotografías habrían ayudado a acabar con toda aquella ansiedad de golpe.
Un par de minutos después, oyó a Hange soltar un audible suspiro de resignación al tiempo que esta se ponía de pie para dirigirse hacia la pequeña cocina-bar que allí se encontraba. A través del cielo gris que se vislumbraba a lo largo de los amplios ventanales que daban hacia la costa, la alta y esbelta figura de la chica pareció bañarse de un tinte claro y traslúcido, haciéndola resaltar como una roja mancha de tinta en un lienzo en blanco puro. Para Eren, aquella resultó una imagen muy bella que de cierta forma le otorgó tranquilidad.
Cuando Hange regresó a su lado, levantó una vez más el rostro para verla mientras ella le tendía un vaso de agua que él agradeció con un gesto. El fresco líquido estaba frío, chocando de forma violenta contra sus sentidos, pero por eso mismo un par de largos tragos bastaron para alejar los últimos vestigios de su angustia. Volvía a sentirse como el mismo Eren de siempre, aunque no estaba del todo seguro si eso era o no una mejora.
En aquel silencio roto solo por el ligero crepitar del fuego en la chimenea y los amortiguados murmullos de la plática que Levi y Moblit parecían sostener en la primera planta, el desacompasado latir de su propio corazón le resultaba ridículamente audible. Se preguntó, con verdadero interés, si Hange también sería capaz de oírlo o si aquello era otro producto de su exacerbada imaginación jugándole una mala pasada, pero antes de ser capaz de abrir la boca para preguntárselo, está comenzó a hablar de golpe, sorprendiéndolo:
—Hasta hace cosa de un año, más o menos, Levi solía tener pesadillas.
Eren la miró desconcertado; sus ojos verdes llenos de incomprensión.
—Bueno… ¿no las tenemos todos? —inquirió, inseguro; intentando no darle mayor importancia a esa pequeña infidencia. Pero, aun así, no pudo evitar preguntarse si los sueños del otro hombre serían tan desgastantes y aterradores como a veces lo eran los suyos.
A modo de respuesta, Hange simplemente volvió a sentarse a su lado y, como si recordara algo doloroso, fijó su atención en una de las tantas cajas abiertas que acababan de subir.
—No eran pesadillas normales, Eren. Eran ataques horribles de ellas; una tras otra, noche tras noche. Se despertaba gritando, sudando a mares y con la respiración tan errática que durante minutos le costaba tranquilizarse lo suficiente para volver a respirar con normalidad. Durante esos ataques Levi parecía completamente absorto en ese otro mundo y más de una vez temí que fuera a morir a causa del estrés y la angustia que la culpa y el dolor le generaban —reconoció esta; un enorme dolor contenido en cada una de sus palabras—. Durante meses Erwin y yo nos turnamos para quedarnos con él durante las noches, a pesar de sus protestas; y solo fue gracias al enorme deseo que tenía por librarse de nosotros que comenzó a tomar la medicación que le prescribieron, pero ni aun así lograba dormir más que un par de horas al día, como mucho; aunque ese maldito enano siempre ha considerado su descanso casi como una trivialidad prescindible —le dijo con el mismo tono de enfado y exasperación que siempre utilizaba cuando regañaba a su amigo por ello—. No cuida lo suficiente de sí mismo, aunque supongo que eso es algo de lo que ya te has percatado, ¿no? —acotó ella, guiñándole juguetonamente un ojo, pero esa vez Eren fue incapaz de seguirle el juego.
Una parte de él, quizás la más juiciosa, sentía que aquella revelación sobre Levi por parte de Hange era una invasión directa a su intimidad, a un pasado que este no estaba dispuesto de revelarle aún, y Eren comprendía perfectamente cómo se sentía eso, lo aterrador y perturbador que podía resultar saberte expuesto de ese modo. Le hubiese gustado poder retroceder en el tiempo y frenar a Hange antes de que ella le hablara sobre todo aquello, pero eso era imposible, ¿verdad? Además, por otro lado, también era capaz de entender que la verdadera motivación de esta era hacerle ver que él no era el único que tenía un pasado difícil; que del mismo modo que Eren era un ser que estaba lleno de heridas y cicatrices, de pedazos incompletos, Levi no era mucho mejor que él.
A pesar que desde su primer encuentro cara a cara siempre se había preguntado si el destino sería el principal responsable de que los dos llegasen a conocerse y de su acercamiento, Eren no pudo evitar pensar en si aquel invisible desastre de fragmentos quebrados que parecían ser ambos sería el verdadero precursor de que encajasen tan bien. Tal vez por eso mismo Levi y él eran capaces de entenderse, de comprenderse, como si de algún modo sus almas dañadas se hubieran buscado y reconocido entre miles. Aquel pensamiento, a pesar de lo terrible y doloroso que parecía, también resultaba bonito de algún modo extraño y retorcido.
—Eren, no te estoy contando todo esto para que te sientas en la obligación de sincerarte conmigo —le aclaró Hange con amabilidad, retomando nuevamente aquella plática—. No es mi primera vez viendo a alguien pasar por un ataque de ansiedad, así que soy capaz de reconocer uno cuando lo veo; pero no voy a exigirte que me expliques los motivos que te han llevado a tenerlo hoy ni voy a juzgarte por eso, y sobre todo, no se lo contaré a Levi. Estoy segura de que cuando sientas que ha llegado el momento adecuado, lo harás tú mismo.
Cerrando los ojos, sintiendo como si el peso del mundo hubiese caído sobre sus hombros, echó la cabeza hacia atrás hasta golpear suavemente contra el estante y se quedó así, aliviado al saber que su pequeño y oscuro secreto seguía estando a salvo por ahora.
—Ese momento podría no llegar nunca —le dijo en respuesta a esta a modo de broma; no obstante, un leve dejo de verdad velaba sus palabras. Eren estaba seguro de que Hange también había sido capaz de percibirlo.
—Eso es algo que te corresponde decidir a ti —insistió ella—, pero confío en que llegará el día en que quieras hacerlo; porque, por algún milagro que no logro llegar a comprender del todo, ese enano gruñón y testarudo en verdad te importa, ¿no es así?
Como la mayoría de las veces en que se sentía vulnerable y descubierto, el primer impulso de Eren fue negar aquello de inmediato, escudando sus recién descubiertos sentimientos por Levi en la sombra de una amistad creciente; pero, se preguntó, ¿esa pequeña mentira serviría de algo con aquella astuta mujer?
Lo dudaba.
El conocer personalmente a Hange Zoë, después de todo lo que Levi le había contado sobre ella, fue en verdad una sorpresa para él. Eren sabía por este que aquella mujer era una criatura enérgica y muy lista y terriblemente entrometida y llevada a sus ideas, según el otro hombre; pero nada de aquello lo preparó para lo que esta era en realidad. Hange, sin lugar a dudas, era muchas cosas, y casi todas ellas llevadas al extremo; pero, a sus ojos, esta era sobre todo, una amiga incondicional. Una amiga para la que el bienestar de Levi era una prioridad.
Y quizás por ese motivo, ella le agradaba, se dijo Eren. Él también tenía buenos amigos y sabía lo valiosos e importantes que estos podían llegar a ser.
—Creo… que en verdad me gusta —reconoció finalmente, ganándose un par de palmadas en el muslo por parte de la mujer que le sonrió con suavidad. Tomando una decisión de todo o nada, acabó por confesar de golpe—: Puede que esté comenzando a enamorarme un poco de él.
Era curioso, pensó Eren, como muchas veces resultaba más fácil sincerarse con casi un completo desconocido que con alguien cercano o incluso uno mismo. Tal vez se debía al hecho de que el miedo al rechazo y a ser juzgado era menor, a que una opinión negativa por parte de alguien que apenas se conocía importaría y dolería mucho menos, no estaba del todo seguro; pero, como fuese, ya estaba hecho y no se arrepentía. Acababa de confiarle a la mejor amiga de Levi lo que sentía por él; ahora estaba en manos de esta hacer lo que considerara permitente con esta información.
En esa ocasión Hange no dijo nada más, simplemente se limitó a asentir en silencio y mirar hacia el mar que se apreciaba a la distancia tras las enormes vidrieras. Un vaivén constante de olas grisáceas y tristes que morían lánguidamente en la pálida arena; tan suaves como el mismo otoño que ya estaba llegando a su término.
—Eren, necesito que entiendas que, si te he contado todo esto, es porque sé que Levi no lo hará de forma voluntaria; no porque no confíe en ti o porque no le importes lo suficiente, simplemente no lo hará porque siempre, siempre, se guarda todos sus problemas, su dolor, solo para él —ella volvió a guardar silencio y se quitó las gafas un momento para limpiarlas con lentitud, concentrándose en su tarea como si aquello le ayudase a ordenar sus ideas. Y, probablemente, se dijo él, fuese así—. Levi y yo nos conocemos desde hace años, cuando éramos poco más que niños —prosiguió— , por lo que ya estoy más que acostumbrada a su mal carácter, a su fría forma de ser y a leer entre líneas todo lo que se calla. Sé que soy una de las pocas personas capaces de entenderlo y aceptarlo así, tal cual es; pero, de manera egoísta, quiero que tú también seas capaz de hacerlo, que puedas permanecer a su lado incluso los días en que se ponga insoportable y solo desees pegarle un puñetazo y mandarlo al demonio, porque créeme, Eren, los habrá; con ese maldito enano siempre los hay —añadió Hange con resignada y divertida indulgencia, casi como de una madre hablando de las rabietas de su amado hijo—. Levi, tras sus malas palabras y su trato hosco, es una buena persona, una de las mejores que conozco. Y durante toda su vida, sobre todo los últimos dos años, ha sufrido y perdido mucho, demasiado; por eso, quiero que estés allí para él. Levi te necesita.
Eren comenzó a negar con energía nada más oír aquello. Por supuesto que estaba completamente de acuerdo con la opinión que Hange tenía sobre el otro hombre, él también pensaba que Levi era una de las mejores y más amables personas que había tenido la fortuna de conocer; además que, por lo menos a sus ojos, este era admirable en muchos sentidos, a pesar del evidente esfuerzo que siempre hacía porque esto pasase desapercibido.
Y, por si todo eso fuera poco, Eren se encontraba total e irremediablemente atraído por él.
No era tan malditamente ingenuo para pensar siquiera que Levi pudiese corresponder a sus sentimientos todavía, claro; de hecho, ni siquiera creía gustarle del mismo modo que ese hombre le gustaba a él; pero, a Eren, lo llenaba de una cálida satisfacción el que este, a pesar de su mal temperamento, siempre se mostrara considerado con él y dispuesto a darle la seguridad que habitualmente le faltaba. Si alguno de los dos necesitaba en realidad de la cercanía y compañía del otro, este sin duda era Eren. Era él quien sentía que su mundo había comenzado a girar nuevamente solo tras conocer a Levi.
Por una vez, desde que se conocían, creía que Hange estaba totalmente equivocada en sus suposiciones.
—Solo le doy problemas —se apresuró a explicar, aturullándose un poco con sus propios nervios y soltando, sin más, sus pensamientos confusos—. Es verdad que con Levi somos algo así como amigos y me gusta; me gusta muchísimo. Pero yo no soy lo que crees o esperas que sea para él, Hange. Constantemente estoy importunándolo con mis tonterías e invadiendo su espci-
—Es feliz —lo interrumpió esta, cortando de golpe el torrente de excusas que escapaban de sus labios. Eren, apenado, clavó sus verdes ojos en ella esperando una explicación—. Es feliz aquí, en esta ciudad que detesta, contigo. Por ti —prosiguió Hange. Volvió a colocarse las gafas y a observarlo a través de ellas; sinceridad y convicción reflejándose en sus castaños iris—. Por primera vez en mucho tiempo parece volver a ser él mismo; o al menos algo más cercano al que era antes del incidente… sin todo ese dolor que carga, sin culpa; sin ese enorme miedo que parecía estar devorándolo por dentro. Desde que te conoció, Eren, Levi parece finalmente dispuesto a perdonarse y dejar el pasado atrás. Tú has provocado ese cambio en él.
Si con algo estaba familiarizado Eren, eso era el dolor y la culpa, sobre todo esta última.
Muchas veces durante esos últimos años se había preguntado si el desastre que era su familia en ese momento se debería a él, a las decisiones que había tomado, al hecho de ser como era. Si hubiese estudiado medicina, priorizando los deseos de su padre sobre los suyos, ¿la relación entre ambos sería mejor de lo que era en ese momento y su madre podría vivir tranquila, fingiendo que nada estaba mal en sus vidas? Si se sintiese atraído por las chicas y pudiese así tener una relación «normal», ¿Mikasa seguiría en Shiganshina, junto a ellos, sin la necesidad imperiosa de poner kilómetros de distancia entre ambos para así no destruir lo poco que les quedaba? Eran tantos «y si» que muchas veces Eren temía ahogarse en ellos, en sus dudas; en el agobiante dolor de todas sus faltas. La idea de que Levi estuviese atrapado en aquel horrible círculo vicioso le resultaba horrible. Si de él dependiera, haría lo que estuviese en sus manos para borrar su dolor. Y aun así…
—No… soy suficiente —murmuró, reconociendo su incapacidad; aquella dolorosa certeza y temor—. Yo en verdad no lo soy, Hange. Nunca lo he sido y…
Ella, moviéndose de forma imprevista, se inclinó un poco hacia él, lo suficiente para tomar sus manos entre las suyas y mirarlo con aterradora determinación. Sus ojos marrones, por lo general tan amables y pareciendo siembre bullir en inquieta felicidad, ahora lucían demasiado serios, demasiado esperanzados; demasiado cargados con mudas súplicas.
—Soy consciente de que apenas me conoces, Eren, y entiendo que no tienes motivos reales para creer en mí y en todo lo que te he contado; lo más probable es que pienses que estoy tan loca como seguramente Levi te ha dicho que estoy, y quizás sea así; pero, por favor, confía en lo que te digo —le rogó esta. El ligero agarre de sus manos se volvió más fuerte, aunque sin llegar a lastimarlo en realidad. El calor que estas le transmitían de cierta forma era reconfortante—. Desde que Levi perdió a Farlan… parecía incapaz de volver a ser feliz. Era más bien como una bomba de tiempo a punto de implosionar en cualquier momento, destruyéndose en el proceso. Hasta que te conoció —una delicada y triste sonrisa curvó los labios de esta al decirle aquello; un gesto cálido y cargado de doloroso cariño que lo desarmó un poco—. Tú, Eren Jaeger, has sido su pequeño hallazgo afortunado.
La llamita de alegría que las palabras de Hange acababan de encender dentro de él con sus palabras, se vio reprimida por aquella otra certeza. El recuerdo de una noche de lluvia, días atrás; de una oscura noche de confesiones y secretos compartidos que golpeó su memoria con fuerza abrumadora.
Con una seguridad que resultaba hasta dolorosa, Eren comprendió la verdad que se escondía tras un nombre y aquella casa: un regalo del que Levi no se podía llegar a desprender porque lo había recibido de alguien a quien amaba profundamente.
Dios, como dolía.
Eren una vez más notó la boca seca y tragó saliva con dificultad, sintiendo como si la arena de la playa estuviese ocupando el lugar de su lengua. Hange, entendido de inmediato que algo le había perturbado, soltó sus manos y lo miró preocupada, tal vez temerosa de que fuese a sufrir otro ataque. Él, no obstante, simplemente se limitó a preguntarle:
—Ese sujeto… Farlan… ¿es la pareja de Levi? ¿Es quien construyó esta casa para él?
Pareciendo terriblemente abatida y apenada, esta asintió con un débil gesto. Durante un pequeño instante Hange hizo un nuevo intento de ir a sujetar su mano, pero Eren apartó ambas, entrelazándolas con fuerza sobre su regazo. No se creía capaz de soportar aquella clase de lastimoso consuelo.
No otra vez. Nunca más. Se negaba a pasar nuevamente por lo mismo
—Antes de que comiences a sacar colusiones anticipadas y equivocadas, escúchame, Eren; por favor —comenzó a explicarle Hange. A pesar de sentirse un poco renuente a causa de su enfado y decepción, él acabó aceptando—. Es verdad que Farlan y Levi tuvieron una relación importante que duró mucho tiempo, pero él ahor-
—Cierra tu puta boca de una vez, Hange. Te he dicho que dejes de meterte en mis asuntos, ¡joder!
Ambos, sorprendidos, llevaron sus ojos hacia la entrada de la segunda planta, justo donde acababa la escalera. Apoyando un hombro contra el acristalado muro de su habitación y con los brazos cruzados sobre el pecho, Levi los observaba terriblemente serio. Sus ojos grises parecían refulgir, acerados y peligrosos; la inequívoca premonición de una tormenta. Estaba furioso.
Eren, sin poder evitarlo, sintió pánico. No el miedo común al que estaba acostumbrado ni la angustiante sensación de temor que lo embargaba habitualmente durante alguno de sus malos momentos; ni siquiera la incomodidad nerviosa que muchas veces le había provocado el malhumor de Levi; no, en ese momento lo que sintió fue autentico terror ante la idea de haber dañado de manera irreparable la relación entre ambos. De haber cortado de golpe sus escasas posibilidades de llegar a siquiera a ser importante para el otro en un futuro.
—Levi, yo… —comenzó, poniéndose de pie a toda prisa para poder acercarse a hasta él y explicarse, pero una sola mirada de advertencia por parte de este bastó para obligarlo a permanecer en su sitio y callarse.
—Si ambos ya han terminado de compartir infidencias, bajen de una puta vez. Moblit y yo necesitamos de su ayuda —ladró a modo de orden mientras se daba media vuelta y se dirigía con paso enérgico hacia la escalera.
—Levi —lo llamó Hange, levantando la voz. Este no se volvió a verla, pero al menos se detuvo en su marcha—. Nada de esto es culpa de Eren, fui yo la que decidió contarle.
En esa ocasión, Levi giró el rostro, apenas; lo suficiente para mirarla. Sus ojos grises entrecerrados formaban un par de finas líneas plateadas bajo sus cejas oscuras y sus delgados labios estaban apretados con tanta fuerza que apenas contrastaban con el pálido blanco de su rostro.
—Luego hablaré contigo, Hange —soltó con suave rotundidad: una clara advertencia. Cuando su mirada volvió a buscar la de Eren, una emoción distinta pareció emerger desde el fondo de ella. Un especie de dolorosa violencia mezclada con dolor y culpa—. Está muerto —le dijo—. Farlan. Está muerto —repitió. Cada una de sus palabras filosas y cortantes como un cuchillo—. Yo soy el responsable de su muerte. Fui el que lo mató. Era lo que deseabas saber, ¿no, Eren? Pues bien, allí tienes tu respuesta.
El suave repiqueteo de las suelas de los zapatos de Levi al bajar la escalera a toda prisa resonó de forma grotesca y antinatural en el incómodo silencio que se produjo tras esa inesperada confesión.
Hange se puso de pie, soltando un gruñido y negando apenas con un gesto de cabeza mientras se limpiaba la inexistente suciedad que pudiera haberse adherido a sus vaqueros grises.
Eren, envuelto en un caos de emociones, se quedó allí de pie, observando el lugar donde el otro acababa de desaparecer, odiándose profundamente por su involuntario error y debatiéndose en la incredibilidad por lo que acababa de oír.
La confesión de Levi no podía ser cierta. Aquello era… imposible, ¿no?
Apenas un par de horas atrás estaba feliz ante las posibilidades que se le presentaban y deseoso por conocer un poco más a Levi, por saber sobre sus secretos y su pasado; y ahora, que una pequeña parte de su vida se había revelado para él, solo deseaba volver el tiempo atrás y regresar a su ignorancia; antes de que su pequeño y brillante día de verano se tornara en un desastre natural. En apenas un ligero parpadeo, el brillante sol fue empañado por las nubes y la tormenta comenzó a arreciar con todas sus fuerzas, vaticinando el desastre.
La felicidad era tan efímera como un suspiro. Haría bien en no olvidarlo nunca más.
Como siempre, a todos quienes hayan llegado hasta aquí, muchas gracias por leer y continuar dándole una oportunidad a mi historia. En esta ocasión quiero aprovechar la oportunidad para desearles a todos ustedes un muy feliz comienzo de año; espero que el 2018 les haya tratado bien y que muchas de sus metas y objetivos se hayan cumplido y, si no ha sido así, pues que este 2019 sí sea el año adecuado para cumplirlos. Así que desde aquí, a la distancia, para todos ustedes un enorme abrazo y mis mejores deseos.
Bueno, esta es de momento mi primera actualización del año, y como objetivo personal tengo como meta acabar este año con In Focus (al que aun parece faltarle tanto), así que veamos como resulta eso. Ojalá y a finales del 2019 pueda decir que este es un «logro desbloqueado». Y quizás, si el tiempo y las ganas me acompañan, decida arriesgarme con alguna historia más de las que tengo bosquejadas y aun no ven la luz.
Me hubiese gustado tener esta actualización para la semana pasada, pero con mi presentación y luego las fiestas (tuve que viajar a casa de mis abuelos), me fue imposible; así que pido disculpas por ello. Pero ya nuevamente voy retomando el ritmo, así que esta historia, una vez más, comenzará a publicarse semana por medio.
Y sobre eso mismo, y debido que estas últimas semanas recibí un par de mensajes preguntando por las actualizaciones y mi retraso (me merecía ese regaño, lo sé), he decidido publicar en mi perfil de forma permanente un calendario de actualizaciones, el cual se irá modificando a medida que estas se vayan subiendo. Por si alguien está interesado en verlo, allí podrán consultar el día de salida correspondiente a cada una de mis historias y a que capítulo corresponde. Por lo general me acomoda más subir los días miércoles (tengo menos clases y no tengo trabajo ese día); pero muchas veces, como hoy, ese miércoles significa algo muy cercano a la madrugada, por lo que ténganme paciencia.
Sobre el capítulo en sí, realmente espero que les haya gustado y no me odien demasiado con ese final. Una amiga hizo el favor de leerlo antes y dijo que fue cruel, algo así como inflar un bonito globo de felicidad para después pincharlo y mandarlo todo al demonio; pero les juro, de verdad, que esto es necesario. Así que pido disculpas y comprensión. Prometo compensar todo este drama en unos capítulos más.
Otra duda que surgió en mi ausencia y que tras recibir la pregunta de una amable lectora y pensarlo un poco encontré que tenía toda la razón y que por un descuido de mi parte no había aclarado (porque por lo menos para mí con esta pareja era irrelevante), es la dinámica de la relación entre los protagonistas, lo que lleva a la siguiente interrogante: este fanfic, ¿es un Riren o un Ereri?
Bueno, la respuesta es simple y sé que a muchos no les puede gustar (así que todavía están a tiempo de huir), pero es ambos. ¿Motivo? Para mí, por lo menos, tanto Eren como Levi pueden cumplir ambos roles en una relación. Me cuesta mucho, muchísimo, encasillarlos en un solo papel, porque siento que las cosas se van dando entre ellos un poco como las circunstancias lo ameriten. Esto no ocurre solo con In Focus, ocurre con todos mis fanfiction de esta pareja. Por lo que si piensan igual que yo o creen que pueden soportarlo y seguir con esta historia a pesar de ello, los invito a acompañarme hasta el final y ver como resulta todo esto.
Y si por el contrario, no es así, los comprendo. Yo también soy fan de otros fandoms, y me pasa en muchas ocasiones que no puedo desencasillar a mis personajes de algún rol en específico, por lo que huyo como de la peste de las historias que quieran cambiármelos. Si ese es el caso, muchas gracias por la oportunidad y por haber llegado hasta aquí, de verdad. Eso es impagable.
Creo que de momento no me queda nada más que informar, aparte de que la actualización de la próxima semana es para Cantarella, para quienes la lean y estén esperando por ella.
Les deseo nuevamente un muy feliz comienzo a año a todos ustedes. Espero que a quienes haya visitado Santa, recibieran lo que esperaban, y para aquellos que todavía esperan a los Reyes, se hayan portado lo suficientemente bien para que les traigan algo más que carbón. Un enorme abrazo, mis mejores deseos y mi eterno agradecimiento. Una de las mejores cosas que me trajo el 2018 fue haber comenzado esta historia e ingresar a este fandom, así que gracias por eso. Nos leemos pronto.
Tess
Annima: ¡Un feliz comienzo de año para ti, Annima! Espero que este 2019 esté lleno de cosas buenas y que todas, o la gran mayoría, de tus metas se cumplan. Y que haya salud y amor. Teniendo eso todo lo demás se puede ir arreglando en el camino.
Me hace muy feliz saber que mi historia te sigue gustando, y no sé si sentirme halagada o espantada por el hecho de que releas los capítulos. Yo por lo general suelo leer uno o dos antes de comenzar a escribir el siguiente (para que no se me vayan algunos detalles) y a veces me doy vergüenza a mí misma; creo que en el momento que me atreva a escribir un lemon me moriré de la vergüenza en el intento, así que puede que jamás vea la luz.
En verdad espero que después de leer este nuevo capítulo no te sientas muy desilusionada y que, a pesar de todo, te haya gustado igualmente.
El capítulo siete, en opinión personal, es uno de mis favoritos. Amé escribirlo y ciertamente poder profundizar en Eren y sus amigos fue una de las cosas más locas y divertidas que he hecho. Tengo muchas ganas de volver a mostrarlos a todos ellos juntos así como también a los amigos de Levi y a la familia de Eren, así que espero que cuando ese momento llegue te sigan pareciendo tan interesantes como hasta ahora.
Y sobre el ocho, bueno, sí; Eren, en toda su impulsividad y arrebato (bendito sea él), estuvo a punto de soltarle todo a Levi. Si eso hubiese sido bueno o malo, no se sabrá todavía, pero tal y como dices, llegará ese momento y en verdad espero que cuando lo lean, les guste. Es de las escenas que ya tengo escritas, de las que se formaron en mi cabeza antes de que todo el resto de la red se comenzara a formar siquiera, por lo que estas escenas y capítulos siempre son para mi más especiales que el resto. En verdad tengo muchas ganas de llegar a ese punto, que lo lean y me den su opinión.
Nuevamente muchas gracias por tus bellas palabras. Me anima mucho a seguir, pensando que no lo estoy haciendo tan mal después de todo.
Un enorme abrazo a la distancia, y hasta la próxima actualización.
