—¿Por qué siento que los drones de Cisco hicieron un buen número conmigo?
Después de murmurar un suave «Gracias a Dios que despertó», Caitlin se apresuró a estar a su lado, logrando respirar con tranquilidad desde que llegó a los Laboratorios aquella mañana, que había terminado por convertirse en tarde.
—Porque eso fue lo que pasó. —Fue todo lo que dijo con el ceño fruncido, monitoreando la situación médica de su amigo en un monitor cercano. Él gruñó por el esfuerzo que le costaba respirar, e hizo el intento de levantarse antes de que Caitlin colocara una mano sobre su pecho para obligarlo a acostarse otra vez—. Ah, no. No te vas a mover.
Barry alzó una ceja mientras Cisco se deslizaba en su silla, escondiéndose detrás de una computadora con una paleta en la boca. Era obvio que estaban en problemas, pero el primero estaba demasiado distraído por la manera en la que cierta persona lo estaba tocando. Nunca iba a acostumbrarse a ello. Además, Caitlin ya se había alejado de él.
—La próxima vez que planeen hacer un experimento con una probabilidad de error de más del sesenta por ciento, no lo hagan —ella espetó, mirando por turnos a sus amigos para que vieran que hablara en serio—. Diría que no hicieran nada estúpido, pero sé que esa es una petición con más riesgos para terminar siendo olvidada. No me gusta tener que ser su doctora cuando están... de esta manera.
—¿Mucha sangre que limpiar? —se burló Cisco, pero se arrepintió de inmediato en cuanto su amiga le dio una de sus clásicas miradas asesinas. Alzó las manos en señal de rendición—. Lo siento. Pero, Caiiitlin, admite que fue bastante asombroso. ¡Barry casi lo logró!
—Tú lo has dicho: casi —repitió ella, entre dientes, volviendo a fijar su atención en la herida que tenía Barry en toda la pierna y que estaba empezando a cicatrizar con su ayuda—. Y por eso estamos aquí, porque su experimento no salió como debía.
—Muchos experimentos no han salido como debían —Cisco señaló, y luego la paleta se cayó de su boca cuando se dio cuenta de lo que había dicho. Trató de manera inútil de recogerla antes de que cayera al suelo y esperó por la reacción de Caitlin con miedo. Esperó que comenzara a gritar o a lanzar cosas en su dirección; sin embargo, permaneció en silencio haciendo su trabajo... y el chico de cabello largo lo supo. Miró a su amigo con sospecha—. ¿Le... dijiste?
Después de descubrir esos nuevos sentimientos que el velocista tenía, aún estaba asombrado de descubrir cosas como aquella. Pasaban la mayor parte de su tiempo juntos, ¿de dónde sacaban tiempo para hablar en privado?
Barry se encogió de hombros, no luciendo culpable por ello, sonriéndole a Caitlin como agradecimiento por lo que estaba haciendo por él.
—Tú no lograste curar mi hombro bien la primera vez, se lo tuve que decir.
Caitlin sabía que estaba mintiendo, y una de las comisuras de sus labios se alzó por un segundo. Sí, él se había lastimado el hombro y sí, ella había ayudado a acomodarlo, mas había sabido de sus sesiones de entrenamiento «secretas» desde que Cisco las había sugerido. Pero, ¿qué iba a decir él? «Sí, Cisco, se lo dije porque confiamos plenamente en el otro y duermo en su cama». No había una buena manera para afrontar aquella charla. Mucho menos tan pronto. Mucho menos cuando ni siquiera habían hablado sobre ello entre los dos.
—¡¿La primera vez?!
Barry frotó la parte posterior de su cuello.
—Sí, la primera vez.
—¿Y tú? —Cisco preguntó dirigiéndose a la única mujer en la habitación, sin poderse creer lo que estaba pasando—. ¿Desde cuándo... reservas tu opinión... sobre esta clase de cosas? ¡Siempre estás gritando que no deberíamos meternos en problemas! Me sorprende que no hayas dicho nada sobre esto antes.
—Barry necesitaba el entrenamiento —contestó ella en la voz que usaba cuando estaba estableciendo lo obvio. Porque sí, lo necesitaba. Incluso si no era para volverse más veloz, sino como distracción. Era bueno tener la mente de Barry en otra parte que no estuviera llena de dolor—. Mientras no pasara a mayores. Y esta vez sobrepasaron una línea. Los dos. Si no hubiera llegado aquí cuando lo hice...
—Hey —Barry la llamó con suavidad y estiró su brazo lo suficiente para sujetar su muñeca entre sus dedos cuando notó el estrés al que la estaba sometiendo. Ella lo miró—. Llegaste a tiempo, y estábamos a punto de llamar.
Ella suspiró con cansancio, y apartó algo de cabello de su cara.
—Ya que estás despierto, tengo que descansar un poco. No dormir, solo... Esto fue... —Su voz bajó de volumen con cansancio, y Barry no pudo contener una mueca. Él había causado aquello. Otra vez. No tuvo que terminar su oración para que él comprendiera el significado. No fue la mejor manera para comenzar el día. Entonces, colocó su mano de manera amistosa en la pierna que no se había lastimado—. Dile a Cisco que me llame si me necesitas, ¿sí?
Barry casi saltó ante el recordatorio de que no se encontraban solos en la habitación, pero asintió en su dirección, instándola a marcharse. Cisco parecía estar peleando contra una sonrisa.
—¿Cait? —él murmuró, llamándola antes de que la perdiera de vista. Ella se detuvo y se giró a mirarlo, esperando a que hablara—. Gracias. Siempre terminas salvándome la vida. En más de una manera.
Ella sonrió, asintió y luego se marchó. Él se quedó mirando en esa dirección por un largo tiempo antes de que su amigo lo sacó de sus pensamientos.
—Oh, hombre. Estás perdido.
—Y ella no parece notarlo —él se quejó, frotándose el rostro con la palma de la mano, mirándolo otra vez: sentado en una silla al otro lado de la habitación—. Pero es la mujer más inteligente que conozco. ¿Cómo es que no lo hace?
—Amigo, vemos lo que queremos ver. ¿Yo qué voy a saber? Deberías decirle...
Barry ya estaba negando con la cabeza.
—Si supiera...
—Ya lo hará, mi amigo—dijo Cisco, mientras un plan se armaba en su cabeza—. Ya lo hará.
—Deberíamos salir hoy —Cisco estableció en voz alta, esperando que sus colegas le escucharan.
Lo hicieron. Caitlin levantó la mirada de su computadora y se le quedó viendo con fijeza sin interés alguno en lo que había dicho, y Barry frunció el ceño en su dirección, tratando de descifrar lo que pasaba en su mente. Su pierna había sanado por completo apenas una hora atrás, pero no había nada que hacer en el Departamento de Policía y las calles estaban tranquilas... en ese momento.
—Quiero decir, hace siglos que no hacemos nada juntos además de ir a Jitters—comenzó a explicar—, o trabajar hasta tarde para encerrar meta-humanos. Hay que cambiar de... escenario, ¿no creen?
Si uno de los notó la manera en la que dijo aquello —como si supiera algo que los otros no—, nadie lo mencionó.
—¿Qué clase de... escenario? —preguntó Caitlin.
La sonrisa de Cisco se hizo grande y había brillo en sus ojos. Barry lucía sorprendido. ¿Estaba considerando aquella oferta en serio?
—Oh, no lo sé, tal vez un bar...
—No. —Barry casi suspiró con alivio ante la respuesta de la joven—. No, muchas gracias.
—¿Barry?
—Lo siento, Cisco. Tampoco quisiera ir.
—¡Oh, vamos, chicos! —él se quejó, pero suspiró cuando vio que ninguno de los dos iba a ceder—. Bien, no quieren ir a un bar. ¿Qué harán? ¿Correr y ver Netflix? ¿No dormir o venir a STAR Labs durante la noche...? Y no digas no lo haces, Barry, te vi el otro día.
Estuvo a punto de replicar algo, cuando a Cisco se le ocurrió algo.
—Uh-oh —El cabello negro se alborotó cuando levantó una mano para que lo dejara hablar—. Bien, ustedes están en su modo-aburrido-tranquilo justo ahora, así que haremos algo de esa clase..., juntos. ¿Qué les parece una noche de Netflix en mi casa? ¡Ustedes traen los dulces!
Caitlin suspiró, pero Barry estaba sonriendo.
—¿Qué dices, Caitlin? —le preguntó.
Ella asintió encogiéndose de hombros.
—¿Por qué no?
—¡Noche libre para el Equipo Flash! —Cisco exclamó, claramente feliz de pasar algo de tiempo de calidad con sus amigos. Entonces, la alarma se encendió, avisando que un robo estaba teniendo lugar en un banco; rodó los ojos—. Ugh, olvidé que aún estamos en horario de trabajo.
Barry se colocó su traje con rapidez, revisó la dirección y se dirigió hacia allá sin decir palabra alguna. Caitlin se acercó a su otro amigo y ambos revisaron los vitales del superhéroe y lo que estaba pasando. Al parecer, todo iba bien...
—¿Sabes de qué me he dado cuenta? —Cisco preguntó de la nada, silenciando el micrófono que los mantenía comunicados con Barry. Aún podían escuchar su voz, claro, o estarían en problemas si algo pasara y la situación no fuera tan inofensiva como aparentaba.
—No —ella respondió, concentrada en las pantallas. Miró a Cisco después de unos segundos, dándose cuenta de que no había dicho nada—. ¿De qué?
—Tú —él dijo, como si fuera la cosa más obvia del mundo; su silla se deslizó en el suelo más cerca de los monitores y él estaba disfrutando aquello—. Y Barry. Y esas miradas que se dan cada vez que el otro sale de la habitación. La manera en la que dice tu nombre... —Ella apretó los labios y lo miró de manera atenta—. ¡Vamos, Caitlin! No me mires así. ¡Sabes que es verdad!
—¿Cómo quieres que te mire? Estás viendo cosas donde no las hay.
—No. El problema es que tú no quieres ver cosas donde sí las hay. —Suspiró y se pasó una mano por el cabello negro, exasperado—. Vamos, Caitlin, sé que no te gusta compartir tus sentimientos, pero...
—No sé de qué sentimientos hablas.
Cisco gruñó por la frustración.
—Eres imposible.
Se quedaron en silencio unos minutos. Cisco estudió a su amiga, tratando de descifrar qué misterios escondía en aquel momento. Ahí estaba él, el supuesto mejor amigo en el mundo que no era capaz de ver si había algo que pudiera ofrecerle a Barry, algo que pudiera darles a ambos para que se aferraran al otro, más de lo que ya habían hecho los últimos meses. Lo que fuera.
—Bien, escucha...
Mas ella no supo cuáles iban a ser sus siguientes palabras. Barry entró en aquel momento a toda velocidad, haciendo que el cabello le pegara en el rostro, lo apartó de inmediato.
—Así que, chicos, ¿esta noche? —preguntó el recién llegado con una sonrisa, sentándose con ellos en el centro del Córtex después de haberse quitado la máscara. Ambos amigos asintieron, y su atención fue a dar con ella—. ¿Quieres que pase por ti?
—Seguro —ella aceptó, pero entonces una duda apareció en su mente—. Espera un segundo, ¿a supervelocidad o en auto...?
—Lo que tú quieras —él contestó con una sonrisa de lado, encogiéndose de hombros. Se levantó y se dirigió a la salida—. Iré a estirar las piernas un rato, ver si hay problemas. Te veo más tarde, Cait.
Ella solo sonrió en respuesta y asintió. Cisco, a su lado, estaba sonriendo abiertamente.
—También a ti, Cisco. Hasta luego, Cisco. No olvides recoger el desorden, Cisco. —Caitlin saltó en su asiento y lo miró después de descifrar su humor con el tono de su voz—. Sí, sigo aquí.
Ella hizo su mejor intento por ignorarlo el resto de la tarde.
Cisco había visto a Caitlin tener pesadillas antes. Muchas veces.
Cuando Ronnie «murió» en la noche de la explosión del Acelerador de Partículas, Cisco se quedó con su amiga por meses en el sofá tratando de hacerle compañía. Se había quejado de ello jugando —aunque la postura en la que dormía estaba asesinando su espalda con lentitud— y ella lo había echado de su departamento sin oportunidad para replicar.
Algunas noches la escuchó llorando, y llegó a preguntarse si dormía más que un par de horas. La mañana siguiente siempre la encontraba despierta, preparando algo en la cocina, tratando de esconder las ojeras cada vez más pronunciadas y los ojos rojos. No se veía bien. Cisco estaba realmente preocupado por la manera en la que estaba descuidando su salud, y no podía evitar pensar que ella no habría hecho una cosa así antes. Aunque, claro, antes no había perdido al hombre con el que planeaba casarse.
Eso cambió cuando el Dr. Wells —Eobard Thawne— le dejó la tarea de cuidar a Barry. Se enfocó más en su trabajo y, sí, seguro había estado empujándose hasta el límite para saber todo lo que pudiera sobre su nuevo paciente, pero se veía mejor descansada que antes. Tal vez había estado perdida —fue su primer pensamiento en aquel tiempo—, y cuando consiguió de nuevo un propósito al que servir... sus pensamientos la dejaban tranquila por las noches. Al menos, más que antes.
A veces dormitaba en los Laboratorios, pero ni Wells ni Cisco se quejaban o hablaban sobre ello, solo la dejaban descansar. No tenía mucho con qué compararlo después de que ella lo corriera de su departamento —eternamente, había dicho—, pero llegó a la conclusión de que ya no tenía pesadillas cuando no hubo señales de ello en sus siestas.
No importó nada de eso en aquel momento. No cuando escuchó el grito. No cuando sabía que le pertenecía a Caitlin. No cuando había tanta desesperación en su voz.
Al principio creyó que un meta había conseguido la identidad secreta del velocista escarlata y estaban en problemas. Todos ellos. Su siguiente suposición fue que era una pesadilla porque, en serio, ¿en qué mente malvada podía haber creído que lo más indicado era atacar después de un muy bien merecido tiempo de calidad del Equipo Flash?
Cuando se levantó de su cama, salió casi corriendo de la habitación. El frío piso del departamento contra sus pies descalzos lo molestó, pero empujó lejos aquel pensamiento para después. Necesitaba saber que sus amigos estaban bien. Que Barry podía sacarlos de aquel desastre.
La idea, por supuesto, murió en cuando entró a la sala de estar y su mente se quedó en blanco ante la escena que se estaba desarrollando frente a sus ojos.
Parpadeó. Múltiples veces. Se talló los ojos con la palma de su mano, tratando de ahuyentar el sueño y cualquier cosa que estuviera haciéndolo delirar, pero la imagen no cambió. Ahí, en frente de su televisión, en el sofá que tantas veces había dormido —y en el que se había sentado con sus amigos horas atrás—, estaban Barry y Caitlin.
Verlos besándose habría sido probablemente menos impactante... Bueno, debía admitir que eso no era verdad. El hecho de que supiera que había algo pasando entre ellos no lo habría preparado para ver... esa clase de cosas. Aún. Si esa fuera la ocasión, probablemente habría gritado o hecho un escándalo por la felicidad.
Sin embargo, verlos abrazados de la manera en la que se encontraban —como si su vida dependiera de cuán fuerte se aferraran al otro— era demasiado. Más de lo que podía manejar justo después de despertar.
Era obvio que él se había levantado de su lugar en el suelo y había ido con su amiga al sofá, aunque no estaba seguro de querer saber si había sido antes o después de su grito.
Las cosas no iban a ser lo mismo que antes para él. Nunca. Jamás.
Había pensado por un segundo que Barry no quería a su amiga, el día en el que lo confesó. Claro, se preocupaba; seguro, se sentía de alguna forma atraído a ella. Aunque aquello era algo no podía entender, algo extraño para él porque, aunque sabía que Caitlin era una mujer... linda, por ponerle una palabra, era como su hermana y no podía evitar sentirse extraño al saber los sentimientos de su amigo. Era todo tan raro.
Pese a todo, lo que había pensado antes era verdad. Era obvio que Barry no quería a Caitlin. La imagen frente a él se lo decía a gritos.
Él la amaba.
No pudo evitar fijar la mirada en Barry para analizarlo con el ceño fruncido. Nunca había pasado nada similar —al menos, no que él supiera de ello. Así que, ¿cómo era que, de repente, Barry Allen —el científico forense más tímido, indeciso e inseguro— sabía exactamente qué hacer? ¡Por favor, si el chico se ponía nervioso incluso si era solo para tocar a la gente!
Entonces la realización lo golpeó. Él no se comportaba intranquilo —de una mala manera—cuando se trataba de abrazar a Caitlin, o de rozar hombros con ella, o... bueno, básicamente todo lo que hacían en un día normal en los Laboratorios.
Tal vez eso ya había pasado antes. Pero, ¿cómo? ¿Cuándo? ¿Cuándo sus amigos se habían vuelto tan... cercanos? Había notado la conexión que tenían —pfff, habría tenido que ser ciego para no hacerlo— y que, en momentos de oscuridad como los que estaban atravesando, habían recurrido a la presencia del otro. Cisco no se sentía desplazado por aquello; al contrario, estaba agradecido. Sabía que ellos entendían su dolor más que cualquier otra persona, y que él no habría sido de ayuda para ninguno de los dos cuando no había experimentado nada similar.
Ahora solo estaba preguntándose qué tan cercanos se habían vuelto. Rememoró todas esas noches en las que ambos tenían algo que debían hacer y no estaban de humor para salir. La manera en la que se veían juntos: cómodos, relajados y familiares con el... cuerpo del otro. Oh, Dios, quería evitar todos los pensamientos que involucraban a sus dos amigos juntos, heridos, buscando consuelo, sin saber qué hacer en medio de la noche y listos para...
Pero eran Barry y Caitlin. Y si algo de ese tipo hubiera pasado entre ellos, no habrían sido capaces de fingir. El velocista estaría más destrozado que nunca si hubiera tenido una oportunidad así y la hubiera tomado, teniendo en cuenta sus sentimientos.
Maldición, ¿cómo había llegado a considerar aquella idea con seriedad por más de un segundo?
Estuvo a punto de marcharse de ahí, intentando igualar los movimientos silenciosos que Tom Cruise habría maniobrado en una película de Misión Imposible. Sin embargo, su llegada no había sido la más callada y Barry lo miraba en aquel momento con una expresión inescrutable —con un escalofrío, Cisco pensó por un segundo en la cantidad de veces que esa mirada había estado en su rostro recientemente.
Asintió en su dirección —aunque Cisco no supo si fue para decirle que estaba bien o que regresara a su habitación—, y entonces dejó de mirarlo, concentrándose en una tarea más importante. Susurró palabras en el oído de Caitlin, acariciando su mejilla y luego cepillando los rizos de cabello castaño rojizo suavemente con sus dedos, mientras la sujetaba contra su pecho. La cabeza de la joven estaba en su hombro mientras lloraba de manera silenciosa. Su mirada estuvo llena de sentimientos otra vez y el latino exhaló el aire que no sabía que estaba conteniendo. Había tanta preocupación en sus ojos, dolor..., el amor también estaba ahí. Llevaba meses temiendo que Barry Allen terminara convirtiéndose en un robot, pero parecía ser que alguien lo había evitado.
Se marchó en silencio, y no tuvo que pensar dos veces lo que haría después. No importaba qué dijera su amigo—Cisco lo conocía lo suficiente como para saber que hablarían en la mañana—, él no le diría a Caitlin sobre aquello. Sabía cuánto odiaba que alguien la viera en un estado vulnerable y estuvo agradecido que el shock inicial ante su grito no le hubiese hecho gritar en respuesta, porque entonces lo más probable habría sido que se marchara y, en su estado, no habría hecho nada bien.
Se quedó unos minutos mirando el techo. Era obvio que ella había dejado a Barry entrar en su vida de una manera que no había visto antes —ni siquiera con el hombre con el que se casó; Cisco podía recordar a Ronnie diciéndole que Caitlin era demasiado terca cuando se trataba de ella y prefería mantenerlo todo guardado y no lo dejaba entrar ni siquiera a él—, y la idea de que tal vez, solo tal vez, podría tener sentimientos por el velocista escarlata tan fuertes como los que él tenía por ella... lo hacía sonreír. Tenía que haber algo ahí, incluso si se empeñaba en negarlo, si hacía algo que no habría hecho con nadie más, ¿no? Significaba que habían encontrado lo que estaban buscando. Que ambos se tenían.
Pensó en tiempos pasados, cuando ella había perdido a Ronnie y se sumergió en el trabajo. Se preguntó si, por aquel entonces, Barry también había sido el motivo por el que dormía en las noches.
En ese momento parecía que lo era.
