Bue… y aquí esta el ultimo capitulo y el lemon. Se avisa que hay escenas de sexo y posiblemente mal escrito. Asi que os sea leve y los disfruteis!! Muchas gracia por leer!!

Capitulo 9.

A Nebraska no llegaron, pero no se fueron más lejos del bar y de todo lo conocido, porque Dean no pudo. Y si que llegaron al monte, porque al mayor de los Winchester le dio por coger un desvío que no era y acabaron en una especie de motel/camping que en vez de habitaciones, tenían cabañitas. Muy chiquitas, pero preciosas. Al menos eso es lo que pensó Sam de lo poco que su hermano le dejo ver, porque lo metió enseguida en una. Esta vez si pidieron una sola cama y no hicieron ni caso de las miraditas burlonas del recepcionista. Sam estaba un poco asustado. Dean casi no había abierto la boca en todo el camino y tal como se había comportado con los demonios, al pequeño le estaban entrando ganas de que Bobby volviera a rescatarlo. Pero Dean había dejado muy claro que no se les podía molestar… bajo ninguna circunstancia. Ni aunque empezara el apocalipsis. Por eso, cuando metió a Sam de un empujón a la cabañita, este empezó a preocuparse en serio.

Dean tiro sus cosas a un rincón, se desprendió de la chaqueta de cuero y de la camisa que traía encima de su camiseta y se saco las botas a patadas. Sam lo miraba perplejo, sin moverse, hasta que su hermano le lanzo una mirada de lo mas elocuente, tras de la cual el también soltó sus cosas (con mas delicadeza, que llevaba el portátil) y se quito la chaqueta, la camisa y los zapatos. Dean arqueo las cejas, en una mueca burlona y Sam se sintió como un perrito al que le hubieran dicho "buen chico". Gruño por lo bajo. ¡Que morro le echaba su hermano al asunto!

Sam se volvió para soltar en su mochila el diario de su padre, cuando noto como alguien lo inmovilizaba por detrás. Los fuertes y musculosos brazos de su hermano le rodearon la cintura, aprisionándolo y pegándole a su pecho.

- ¿Dean? – gimió el pequeño al sentir los mordiscos que el mayor le estaba dando en la base del cuello.

- Sam… cállate. – gruño el otro contra su cuello. El pequeño de los Winchester soltó una risita por el tono medio de impaciencia, medio de frustración de su hermano. Pero la risa y la replica que tenia preparada se le atascaron en la garganta cuando la mano de Dean empezó a acariciar su entrepierna por encima de los pantalones. Un escalofrío le recorrió de abajo a arriba al percibir el hinchado miembro de su hermano clavándosele a la altura de su trasero. Estaba tan duro y caliente que podía sentirlo a través de la gruesa tela de los vaqueros de ambos.

Sin dejar de acariciarle, Dean tironeo de la camiseta de su hermano hasta conseguir sacársela. Pegándole de nuevo a su pecho, el mayor le mordisqueo los hombros, mientras que con la mano que le quedaba libre le acariciaba el pecho.

Sam se estremeció cuando su espalda choco contra el pecho desnudo de Dean. De alguna manera, su hermano se había deshecho de su camiseta sin que el se diera cuenta. Su piel estaba ardiendo. La mano de Dean le desabrocho los vaqueros y se coló dentro de sus calzoncillos. Sam se mordió con fuerza los labios para contener un gemido a la vez que apretaba la mano que tenia en la pierna de su hermano. Dean rio, con la boca pegada a su cuello.

- Ni se te ocurra hacer eso… - le susurro al oído.

- ¿El que? – consiguió articular Sam a duras penas.

- Contenerte. Quiero oírte… - Sam gimió esta vez sin poder evitarlo cuando Dean le acaricio su miembro de manera lenta y sensual.

- Pues como sigas así, lo que no voy a poder contener va a ser otra cosa. – Dean se separo bruscamente y miro a su hermano simulando fastidio.

- ¡Tío! ¡Que poco aguante tienes! Claro… como no follas nunca…

- ¡Dean! – protesto Sam haciendo un puchero. Su hermano le cogió de la mano y lo arrastro hacia la cama.

- Aish… menos mal que soy un experto en el tema… - de un empujón Sam cayó de espaldas a la cama. Vio como Dean sonreía con burla.

- ¿Experto? Perdona que dude eso, hermano. – le pico. La sonrisa de Dean se volvió lobuna.

- ¿Si? Ya te preguntare cuando acabe contigo, enano.

Dean se subió a la cama y gateo hasta colocarse sobre Sam. Este lo miraba acercarse, fascinado. Su manera sensual de moverse y sus brillantes ojos verdes, a Sam le recordó a un felino grande, peligroso y hambriento listo para zamparse a su presa. Y, que dios le perdonara, pero el estaba mas que dispuesto a ser devorado por semejante minino. Dean le miro desde arriba y bajo lentamente, lo justo para llegar a la boca de su hermano pero sin llegar a rozar sus cuerpos.

- Sammy… - le susurro con ternura antes de besarlo en los labios. Sam gimió en el beso. Intento moverse para profundizar el beso y acercar más el cuerpo de Dean, pero este le había cogido de los brazos, apoyando casi todo su peso en ellos, inmovilizándole. – No, no, Sammy… no te muevas. – Dean se separo de su boca, bajando por su cuello, su pecho, su estomago. Sam intento revolverse otra vez, pero Dean le sujeto con más fuerza. – Ni lo intentes, niñato. Aquí mando yo, que para algo soy el mayor. Te voy a demostrar que si soy un experto en el tema. – le dijo con burla el mayor. Sam fue a hacer un mohín de enfado, pero se le olvido completamente todo cuando su hermano le quito los pantalones. – Fíjate. Lo que nos tenía escondido el pequeño Sammy.

- Dean, como sigas con tus bromitas de mierda, te juro que acabas la noche consolándote tu solo. – gruño Sam. Dean se carcajeo.

- Vale, tranquilo tigre. – Dean seguía riéndose aun mientras le quitaba los calzoncillos. – Encima que te hacia un cumplido…

- ¿Y tú que? – cuestiono Sam. – ¿Eres tan experto que has aprendido una forma de hacerlo con los vaqueros puestos? – gimió cuando Dean subió las manos por sus piernas, acariciándole hasta llegar a su erecto miembro. Su hermano soltó una risita.

- Es que no llevo ropa interior y las grandes sorpresas siempre se reservan para el final.

Sam rio a su pesar al ver la mueca chulesca de su hermano. ¡Joder con Dean y sus putas bromitas! Como su hermano estaba más que ocupado volviendo a besarle mientras le masturbaba lentamente y Sam se estaba volviendo loco con sus caricias, decidió vengarse de alguna manera. Guio sus manos hacia los vaqueros de Dean y se los desabrocho y bajo de un tirón. Para algo era el experto en forzar cerraduras. Dean se sorprendió pero luego sonrió divertido mientras seguía besándole, al notar la expresión de sorpresa de Sam.

- Joder… ¡Es verdad que no llevas ropa interior! Tío… ¿es que no tenias limpios o es una manía nueva? – se callo cuando, al meter la mano en los vaqueros, noto la envergadura del miembro de su hermano.

Sam podía presumir con toda tranquilidad del suyo, pero su hermano podía pavonearse laaargamente del asunto. Sam estaba empezando a odiar esa manía de su hermano de ganarle en lo importante y se estaba acordando de los ancestro del que invento la genética cuando noto como un dedo intruso se introducía dentro de el.

Gimió, primero incomodo y sorprendido por la intrusión. Dean le miraba serio, con una mezcla de emociones que volvían turbios sus ojos verdes. Sam le sonrió 

levemente para tranquilizarle cuando su hermano empezó a mover el dedo en círculos, haciéndole estremecer de placer.

- Joder, tío… eso se avisa. – le recrimino medio en broma. Dean le miro, arqueando las cejas.

- ¿Y que querías que dijera? ¿Dedo va?

- Er… no, pero se avisa, joder.

- Vale… a la próxima te avisare. Ahora, cállate un poco, joder, que pareces una tía con tanta cháchara. – Sam iba a replicar que el de tía no tenia nada, pero la introducción de un segundo dedo lo silencio. Y se puso a pensar que si solo dos dedos ya resultaban algo molestos, como seria tener el miembro de Dean, muchísimo mas grande, dentro. Ese pensamiento lo asusto un poco y se tenso. Dean, al notarlo, le mordió fuerte en el hombro, lo que consiguió distraerlo un momento.

- ¡Ey! ¡Te voy a tener que poner un bozal, tío!

- Relájate, Sam. O sino si que te va a doler.

Dean lo miro pensativo. Su hermano estaba empezando a darle demasiadas vueltas al asunto y eso no era bueno para sus planes. Así que, sin darle tiempo a reaccionar, obligo a Sam a quedar boca abajo en el colchón, metió la mano por debajo de el y lo masturbo hasta que consiguió hacerle gemir con fuerza.

Satisfecho consigo mismo por haber conseguido distraer a su hermano, Dean le levanto un poco las caderas y se fue introduciendo lentamente en el, mordiéndose el labio tratando de ser suave con Sam. Sin dejar de acariciarle, termino de entrar en el y se quedo muy quieto, esperando que su hermano se relajara mientras le daba un montón de besos por la espalda y los hombros y le susurraba palabras tranquilizadoras.

Al poco rato, Sam gruño algo inteligible contra el colchón.

- ¿Qué? – pregunto el mayor extrañado.

- ¡Que te muevas! – Dean arqueo las cejas, divertido, pero no se hizo de repetir la orden. Lo estaba deseando desde hacia demasiado tiempo. Empezó a moverse despacio y un gemido de placer se les escapo a ambos. A Dean le hubiera gustado poder ver la cara de su hermano mientras se movía en su interior, para poder mirarle a los ojos y transmitirle con la mirada lo que era incapaz de decirle a viva voz. Porque, que coño, el era Dean Winchester, era el mayor y el no decía cursilerías a nadie, ni siquiera a Sammy. Pensó que, para la próxima, cambiaban de postura. Esa estaba bien, pero había un montón por probar aun… Tenían tiempo…

Sam gruño el nombre de su hermano, cuando este acelero el ritmo. Aquello se sentía tan distinto… pero a la vez, se sentía genial. No consiguió recordar otra experiencia que lo igualara, o que se le acercara al menos. El cuerpo de Sam se tenso cuando le sobrevino el orgasmo, un segundo después de sentir como su hermano se corría en su interior. Dean cayó desplomado sobre su espalda. Sintió sus jadeos exhaustos contra su cuello y luego lo noto reírse.

- ¿Qué? – Dean salio con cuidado de su interior y rodo hasta quedar echado de espaldas en la cama.

- Nada. – la respuesta fue pura risa. A Sam eso le mosqueo un punto.

- ¿Qué? – volvió a preguntar, dándose la vuelta y mirándolo a la cara. Los ojos de Dean brillaban risueños. La risa hacia que se le marcaran unas pequeñas arrugas en los ojos, haciendo que sus pecas se volvieran mas visibles. Dios, como adoraba esas pecas.

- Nada, tío. Que llevo mucho tiempo dándote la paliza para que eches un polvo, y para una vez que lo haces, es conmigo. Es irónico. – le contesto entre risas. Sam le dio un puñetazo en el hombro.

- Capullo.

- Nenaza.

- Tarado.

- Perra. – Sam se acerco un poco a su rostro y le beso con ternura en las mejillas.

- Adoro esas pecas. – Dean sonrió y le beso en los labios.

- Ya. Me lo suelen decir a menudo.


- Oh… no es adorable…

- En serio, Valefor… necesitas un hobbie con urgencia.

- Vete por ahí, Astaroth. Esto es mas divertido que un culebrón… y mucho más que tratar de matarlos. – dos figuras femeninas sentadas en un sofá negro de cuero, miraban a los dos Winchester pelearse en broma en la cama, justo después de haberse acostado, en una enorme pantalla de plasma. La que acababa de hablar, una pelirroja con los ojos marrón rojizo, cogió una lata de coca cola con una mano y dio una calada a su cigarrillo con la otra. Valefor, demonio protector de los ladrones, los tramposos y adoradora de las bromas pesadas. Astaroth, la morena cuyos ojos verdes brillaban como si fueran de neón, miro con asco el cigarro de su amiga y cogió un puñado de lacasitos de un cuenco con forma de calavera.



- Como Lucy se entere de esto… o peor… como el YED se entere de esto… se te va a caer el pelo. – la pelirroja le quito importancia al asunto, haciendo un gesto despectivo con la mano.

- Bah… Lucy no se va a enterar. Pasa del tema. Y tú puedes manejar bien a tu novio, para que no se entere. Además… niégame, si eres capaz, de que te lo has pasado pipa viendo todo esto. – la morena pareció pensárselo un momento. Luego sonrió.

- Ok. No puedo negarlo. Pero como a los Winchis les de por seguir investigando quien es el demonio que ha causado todo eso… - la otra sonrió divertida mirando otra vez a la pantalla, donde los dos Winchester se volvían a besar apasionadamente.

- Créeme… no van a tener ni tiempo para pensar en eso…

FIN!!