Capítulo 9:
Booth continuaba en la misma posición incómoda en la que lo habían colocado hacía ya quien sabe cuánto tiempo; intentaba agudizar su oído para intentar saber que pasaba a su alrededor, ya que totalmente a ciegas era difícil saber en qué situación se encontraba. De pronto oyó el ruido de unos pasos acercarse hacia él, parecían dos personas por lo que podía escuchar. Cuando ya estaban tan cerca que podía oír sus respiraciones sintió como unas fuertes y ásperas manos lo agarraban por detrás y lo empujaban insistentemente hacia algún otro lugar mientras le gritaba alguna cosa que no podía entender. Notó que había entrado en una habitación por el cargado olor que emanaba de la nueva habitación; lo que olió le hizo estremecerse, era un aroma que desgraciadamente conocía demasiado bien, sangre.
Brennan: Amun dime por donde debo empezar! Me da igual con qué clase de gente tenga que tratar.
Amun: Dra. reconsidérelo! Puede que usted acabe peor que su compañero-empezó, pero la mirada de Brennan lo acobardó- muy bien se lo diré-accedió al fin ya que parecía que la Dra. no iba a cambiar de opinión por nada.
Brennan: Y bien?-dijo con impaciencia.
Amun: tiene que hablar con una hombre llamado Naret Nebedy, él controla todo lo que ocurre en la ciudad pero no será nada fácil persuadirlo para que le dé la información que necesita.
Brennan: Dónde puedo encontrarle?
Amun: Yo la llevaré, de todos modos no voy a dejarla sola eso iría en contra de mi ética. Y me necesita para negociar.
Brennan: Bien vamos allá entonces.
Cogieron un taxi y Amun guió al taxista hasta lo que parecía ser el pleno centro del Cairo. Brennan pagó al taxista el importe correspondiente por su viaje y observó lo que la rodeaba. Se encontraban en un barrio poco cuidado y un poco destartalado, no parecía haber nadie por los alrededores y no eran más de las 5 p.m., era extraño.
Amun: Necesitará algo con lo que pueda persuadir a esta gente Dra.
Brennan: Qué tal esto?-dijo sacando un enorme revólver de su bolso.
Amun: Creo que es bastante persuasivo, pero…sabe utilizarlo?
Brennan: Sí tengo muy buena puntería, tranquilo.
Amun: Bien, es por allí-dijo señalando una escalera que descendía hasta dar con una pequeña puerta.
Brennan: Hay un hombre frente a la puerta.
Amun: Es un guarda, a él deberá persuadirle con algo más que un revólver, ya me entiende….
Brennan: No, no te entiendo. A qué te refieres?
Amun: Ya sabe, dinero! Si no consigue que el guarda se vaya no tendrá ninguna oportunidad.
Brennan: Bien, ve y negocia con él entonces. Yo puedo permitirme algún que otro soborno con tal de conseguir lo que he venido a buscar.
Amun se dirigió hacia el guarda y después de unos minutos de discusión volvía con una sonrisa en la cara.
Amun: Lo he conseguido, ha cedido.
Brennan: Toma- dijo mientras le entregaba un fajo de billetes que traía para casos de emergencia y claramente se encontraba ante uno- paga lo que hayas acordado.
Amun: Bien, pues vamos.
Amun le pagó al guarda y éste les explicó que el se encontraba sólo en compañía de su guardaespaldas y que tendrían que neutralizarlo para poder hablar con su señor. Así según las instrucciones del guarda llegaron a una sala espaciosa de forma circular en cuyo centro se encontraban dos hombres de espaldas discutiendo sobre algo. Enseguida distinguieron al guardaespaldas por su corpulencia y Brennan se fue acercando sigilosamente a él con el revólver en la mano. El guardaespaldas se sobresaltó al sentir el revólver en su nuca y Brennan aprovechó el momento de vacilación para desarmarlo.
Amun: Estense quietos y nadie saldrá herido. Esta señorita quiere unos minutos de su tiempo y algo de información, yo le serviré de intérprete.
Brennan: Dile lo que quiero Amun.
Amun y Nebedy hablaron un rato y el intérprete se dispuso a contarle a la Dra. lo que le había dicho Nebedy mientras ella continuaba manteniendo a raya al guardaespaldas.
Amun: Dice que no puede revelar esa información, que es mejor que se vaya ya o que se lo hará pagar caro.
Brennan al oír esto se enfureció y preparó el revólver para disparar.
Amun: Qué hace? No pensará disparar?
Brennan: No querían miedo pues miedo tendrán.
El guarda al ver que Brennan estaba dispuesta a disparar hizo un rápido movimiento y le golpeó en el abdomen pero ella se había apartado lo suficiente como para frenar la fuerza del hombre, fue más rápida que él y sin dudar le disparó en la pierna. El guarda rugió de dolor y se apartó todo lo que pudo de Brennan dejando a su señor desprotegido. Nebedy se quedó paralizado al ver que Brennan se dirigía ahora hacia él con el revólver en mano y listo para volver a disparar.
Brennan: Amun lo has visto no? Ha sido en defensa propia-dijo con total seguridad como si supiera muy bien lo que hacía- y ahora dile a este perro que o me dice lo que quiero saber o el próximo disparo irá a su cabeza.
Amun se apresuró a decir lo que había dicho Brennan. Nebedy perdió el color de su rostro marcado por profundas arrugas.
Brennan: Y bien?
Amun: Dice que le matarán si se lo cuenta.
Brennan ya harta de tantos rodeos le dio tremendo puñetazo a Nebedy que pudo oír como dos de sus pocos dientes caían al suelo acompañados por un chorro de sangre. Después de esto Nebedy ya se mostró más dispuesto a colaborar.
Amun: Muy bien, lo tenemos. Dice que están en unas cuevas que conozco a las afueras. Son como una ratonera dónde puede pasar desapercibida una panda de chiflados.
Brennan: Vamos, no perdamos tiempo.
Le dolían los ojos, llevaba demasiadas horas sin poder ver la luz y en la habitación a la que le habían trasladado había demasiada, aunque era un alivio desprenderse de la bolsa que le habían puesto en la cabeza. Booth miró a su alrededor para saber donde se encontraba; la habitación no era muy grande pero desembocaba en tres puertas que estaban abiertas de par en par y en las paredes habían una serie de cuchillos ensangrentados colgados que tenían unas formas muy particulares. Volteó su cabeza para ver quiénes eran los hombres que lo habían capturado y vio a dos hombres de estatura media vestidos con unas largas túnicas negras y con mucho vello facial, apenas podía visualizar sus rasgos entre las capuchas de las túnicas y la barba de ambos. El hombre que estaba más cerca le propinó un puñetazo en el costado al ver que Booth los observaba y le dijo algo al otro hombre, que parecía ser una orden. Éste se acercó a Booth con un cuchillo y él se asustó, pero para su sorpresa le cortó sus ataduras. Pero su libertad no duró demasiado pues antes siquiera de que pudiera moverse sintió un pinchazo en su cuello; giró la vista para ver qué pasaba y visualizó una especie de jeringa con un líquido negro en su interior.
Booth: Qué me estáis haciendo? Queréis matarme?
Hombre: No-empezó con un acento muy forzado, parecía que apenas controlaba el idioma- lo harás tú mismo por nosotros jajaja.
Continuará.
