- Y una cosa más. Hace dos semanas, la profesora King, os llevó 4 días para estudiar como vivía un pueblo beduino ¿Estoy en lo correcto?

- si, y es doctora King (Blair solo quería acabar rápido con aquello. Vale, estaba metido en un lío, vale no lo estaba llevando tan bien como hubiera podido. Pero al menos su abuelo no tenía ni idea de lo que realmente estaba haciendo en Inglaterra. De todos los posibles finales que esa visita podía tener Blair sabía que ese sin duda no era el peor desenlace de todos los posibles)

- ¿Y podría decirme esa doctora King cómo un menor de edad pudo viajar hasta el norte de África sin el consentimiento de su padre?

- Tenía que ir, era una oportunidad única.

- Blair, eres un niño, apenas tienes 16 años, no me vengas con que era una oportunidad única. Mentiste a la facultad, mentiste a tu padre y deduzco que falsificaste su firma, porque algo me dice que la firma de esta autorización de aquí no es la de mi hijo. ¡Blair! Estabas en África, sabes que les podía haber pasado si supieran que habías entrado allí sin el consentimiento de tu padre (Blair ni lo pensó) ¿Y a ti? ¿Sabes lo qué te podían haber hecho a ti por entrar en uno de esos países de forma ilegal? ¡No es ningún secreto que los americanos no somos muy queridos por esos lares!

- Tú no lo entiendes soy antropólogo.

- no, Blair, eres estudiante de antropología, tus compañeros tienen todos más de 30 años y si creen conveniente ir al Norte de África, con todos esos conflictos, se debe de respetar. Pero tú tienes 16 años, eres un niño, y no tienes que hacer nada cerca de las balas.

- Abuelo, no estuvimos en ninguna zona conflictiva.

- A eso mismo me refiero, ni te das cuenta que has puesto en peligro tu vida. ¿Entonces este seguro de vida que os hicieron hacer y los permisos de la embajada para crees que eran? (William había empezado a alzar la voz) ¿Y LAS VACUNAS? (Blair puso cara de circunstancias) ¡No te pusiste las vacunas!

-Es que odio que me pinchen (Blair dijo de lo más fresco como si se diera cuenta del grave peligro que corría en ese momento)

-¿Odias que te pinchen? ¡Odias que te pinchen! (William repitió como si no creyera la excusa que su nieto acababa de darle)…

-Ehhh…si ya sabes que los Sandburg no somos muy aficionados a las inyecciones

-¿Y a los cepillazos Blair?...¿Los Sandburg son aficionados a los cepillazos?...

-No(Blair se alejó por instinto un par de pasos de su adorado abuelito) No…definitivamente tampoco somos aficionados ni a los cepillos, ni a los zapatillazos, ni a ningún instrumento de tortura…

-Uhmmmm es extraño…porque yo juraría que con todas las trastadas que haces, tu trasero se ha vuelto prácticamente ¡adicto a los azotes!

-¡Epa, abuelo que haces sonar como si yo fuera masoquista!

-No te preocupes que yo tengo muy claro quién eres y quien serás…

-¿En…en…serio?( Blair preguntó con desconfianza y precaución)

-Si, eres un jovencito irresponsable sin ningún sentido de preservación que perderá permanentemente la capacidad de sentarse cuando su padre ponga las manos sobre su ¡insolente trasero! (William narró como si estuviera describiendo una película de terror. Blair solo tragó saliva y bajó la cabeza. Blair pensó que ese sería un muy buen momento para que la tierra se el abriera y lo tragar. O para morir de una de esas enfermedades para las que no se había vacunado). Ya me enseñarás el pueblo en otro momento, ahora mismo, vamos para el hotel, tu vas a llamar a tu padre y le vas explicar unas cuantas cosas.

- ¡Abuelo, no!

- ¡Abuelo, si! (agarrándolo fuertemente por el brazo para que no pudiera salir corriendo).

- Tú no lo entiendes, papá me va a matar

- Ahí te equivocas, Blair, lo entiendo perfectamente. El señorito pensó que podía hacer y deshacer a su antojo porque estaba lejos de casa. Pues que sepas que si estás lejos de casa es porque tu padre pensó que eras lo suficientemente maduro para estarlo. Pero yo ya le dije que se equivocaba y esto no hace más que darme la razón (de repente su abuelo ya no le parecía tan anciano, casi lo estaba llevando a rastras hasta el hotel literalmente, ni tan anciano ni tan afable).

- Abuelo, por favor, suéltame. Nos está mirando todo el mundo (Blair estaba rojo como un tomate. Pero sabía que a su abuelo le horrorizaban las escenitas. Su abuelo se detuvo un momento, y efectivamente la gente los estaba mirando recriminándolo. William intentó tranquilizarse y paró a un taxi que justo pasaba por ahí, metió a Blair dentro y después entró él dando un portazo y dio la orden de que los llevara hasta el hotel).