Disclaimer: D. Gray man no me pertenece.
―Dialogo de los personajes―
Énfasis
Pensamientos de los Personajes y Sueños
Voz de la Inocencia
Cap. 9: Confesión
La durmiente se remueve inquieta sobre la cama, aparta algunos mechones de su rostro y deja su brazo por encima de su frente, cubriendo sus ojos de la luz blanca que emite la habitación. Intenta levantarse un momento, pero el leve entumecimiento en su cuerpo le trae a la memoria lo acontecido antes de que se desmayara.
Intente escapar.
Escucha una respiración leve a un lado de la cama y por el rabillo del ojo logra ver el color oscuro de un pantalón desgastado. Su corazón da un ligero vuelvo al reconocer la procedencia de la ropa y se sienta sobre la cama, insegura por la presencia de quien espera ver.
― ¿Kanda?― exclamó, al verlo sentado en una silla, al lado derecho de la cama.
―Al fin despiertas, llevas un día entero durmiendo. ―respondió al verla despierta.
Lenalee miro al japonés por unos segundos, captando sus ropas rotas y se levanta en un pestañeo de la cama. Kanda se sorprendió, y se mantuvo quieto al sentir como los brazos de su compañera rodearon su cuerpo en un cálido abrazo.
―Me alegro que estés a salvo. No creí que Mugen te aceptara así de rápido. ― dijo con alegría. Volteó ligeramente la mirada hacia la cama y una sonrisa se asoma en sus labios al ver la nueva forma de la espada, a un lado de donde ella dormía. Soltó a su amigo y se mantuvo de pie frente a él, miro alrededor curiosa y preguntó. ― ¿Dónde está la otra inocencia?
―Salió a buscar un desayuno― contestó ― ¿Qué?― preguntó, al verla con la mirada seria, fijándose directamente en sus ojos.
Nota la concentración en los iris morados y por un segundo se siente cohibido ante su presencia. La sensación de extrañeza por el comportamiento tan bipolar de la Lee lo confunde, puede recordar con claridad su actitud fría cuando la volvió a ver en la orden, pero la calidez en su abrazo y su sonrisa actual incrementan su cuestionamiento.
¿Por qué actúa tan distinto?
―Es Allen ¿verdad? Allen está vivo, y tú ya lo sabías. ― afirmó, sin despegar su mirada del rostro sorprendido de su compañero.
El rostro de Kanda se torna pálido de la impresión, confirmando las sospechas de la Lee. Lenalee nota el temblor ligero, casi inexistente en los ojos de Kanda, sabe que ha dado en el blanco, que ha tocado una fibra sensible en el espadachín, y su rostro retoma esa tonalidad fría y serena.
Kanda dudo en responder, incrementando esa sensación de que la personalidad cambiante en la hermana de Komui resulta totalmente nueva y alarmante para todo lo que esconde, escrudiña sus ojos, su postura, sus facciones, y la amigable personalidad ha sido reemplazada por la vieja actitud que tenía en la orden.
―Contesta, Kanda.
El japonés no encuentra una mentira eficiente para decir, incapaz de mentirle directo a la cara. Sabe que no funcionara, que Lenalee le conoce demasiado bien como para tragarse un engaño, y aun así no puede dejar de pensar que la niña asustadiza de hacia años ha cambiado drásticamente.
―Allen Walker está con vida y te has mantenido en contacto con él todo este tiempo.― dijo, con un tono frio.
Kanda no dice palabra alguna y mira de reojo la espada sobre la cama.
― ¡Mírame a los ojos, Yuu! ― gritó.
Un tono demandante, furioso y rencoroso escapo de los labios de Lenalee al ver como el espadachín ignora sus preguntas. Kanda por su lado se inquieta, recordando el uso de su primer nombre, la peliverde solo lo haría si estaba realmente enfadada con él, y el apelativo ahora le traía una malísima espina.
― ¿Qué te hace pensar eso?― preguntó, ligeramente nervioso.
― ¡Que estas evadiendo verme a la cara y no respondes! ¡Imbécil!― respondió.
El insulto de Lenalee crispo los nervios de Kanda , quien se levanto de golpe de la silla, dispuesto a confrontarla.
― ¡¿Qué mierda te pasa, mujer?― grito en respuesta.
― ¡Que eres un imbécil incapaz de responder con la verdad! ― gritó.
Kanda está a punto de responder, cuando el dolor de un punta pie directo en la ingle lo hace encogerse de dolor. Levanta la mirada, dispuesto a detener los movimientos de Lenalee con una llave a la espalda, pero el golpe del codo de la feminal sobre su tórax lo deja caer a un lado de la cama, luchando por respirar.
―Te has vuelto blando, Kanda. ― dijo, mirando al peli azul, agazapado con dolor en el suelo. ― Necesito que se queden aquí por ahora, debo hablar con el Decimocuarto. ― ordenó, mirando tras suyo la figura de un pelirrojo, apoyado de espaldas a la pared, con una bolsa en la mano.
―Preferiría que comiera algo primero, Madre. Su cuerpo aun esta débil, luego iré con gusto a escoltarla. ― responde, acercándose con una sonrisa de superioridad a la Lee.
Kanda observa todo con ojos expectantes, confundido por lo acontecido entre Lenalee y la inocencia de Lavi. Observa los orbes morados, fríos y calculadores.
―Maldito… ¿En qué momento…?― preguntó.
―Deje a Mugen en la cama por una razón, ¿no te dije? Mientras más cerca estés de la elegida, los fragmentos tienen una conexión mayor, eso incluye también al usuario. Tenía un mal presentimiento sobre ti desde el principio, parece que no me equivoque. ― dijo, altivo y sonriente.
El japonés tose e intenta ponerse de pie, pero un dolor profundo se extiende por sus piernas, impidiéndole moverse.
― ¿Qué me hiciste?― preguntó molesto, mirando a la exorcista.
El cuerpo poseído de la inocencia obstruye la visión de Kanda, se acerca y con un rápido movimiento golpea su nuca, dejándolo inconsciente. Voltea a ver a la fémina, que espera impaciente de pie, viendo el cuerpo de Kanda en el suelo.
Los iris verdosos del pelirrojo captan la actitud reflejada en los ojos de la exorcista, vuelve a ver el cuerpo de Kanda tendido en el suelo y lo levanta, le acuesta en la cama y regresa a ver a la Lee, con una expresión de comprensión y calma.
― ¿Ocurre algo?― preguntó ella.
―Debes comer, Madre. Luego podrás ir a ver a ese sujeto, por ahora, ¿Te parece si vamos a otro sitio?― pregunto, extendiendo la mano hacia ella.
Lenalee le mira por un segundo, sorprendida por la reciente petición. Extiende la mano y por un segundo duda en ir, pero la varonil mano del pelirrojo atrapa la suya, y la jala consigo a una puerta pintada de gris, que aparece a un lado de los libreros.
― ¡E-Espera!
Las palabras de Lenalee no fueron escuchadas, y se dejo arrastrar por el pelirrojo al interior de la nueva habitación. Abrió la vista al encontrar una habitación neutral, mucho mas sencilla que la primera. No hay libros, solo una cama doble junto a una mesa de noche, y a un lado , una ventana cerrada con cortinas blancas.
Observo el amarillo maíz de la pared hacer contraste con el color cedro de la madera de la cama y la mesa de noche, el blanco de las mantas y el azul brillante en las almohadas. A una extremo puede ver un espejo alto, que se extiende desde el suelo hasta el techo, y al frente ahí una silla de color gris, algo vieja. Una brisa salada entra por la ventana y se acerca a intentar abrirla , jala la tira de las cortinas y frente a ella se abre una vista de una playa, y al extender su mano la imagen se diluye en un espectro blanco.
―Esa vista fue el único recuerdo que poseo de mi vida humana. ―dijo con nostalgia. Se acercó a la chica y le quitó la bolsa de papel. ―Deberíamos comer primero.
― ¿Por qué haces esto? No tiene sentido― dijo, mirando fijamente los iris verdes del pelirrojo.
― ¿Tú crees? La verdad es que quisiera charlar muchas cosas contigo, Madre. Considerando que es la única de hablar "realmente" con Lenalee Lee.
―Lo notaste― dijo seria, relajando los hombros y acercándose a la cama. ―Está bien, luego debes llevarme con el catorceavo.
El pelirrojo asintió, ella se sentó sobre la silla frente al gran espejo y él se puso de pie detrás de ella, ofreciéndole un sándwich y una botella de jugo como desayuno. Lenalee come en silencio, sintiendo la intensa mirada del hombre al lado suyo. Termino de comer y se mantuvo quieta, levanto la vista y vio la mirada juguetona de la inocencia.
― ¿Qué cosa? ― preguntó, inquieta por la profundidad en los ojos verdosos.
―No hay necesidad de pretender más, Madre. Puedo ver el dolor reflejado en tus ojos a kilómetros de distancia, no necesitas enmascarar tus emociones porque te hacen débil. ―dijo.
El tono gentil, amable y reconfortante asombro a Lenalee, haciéndola temblar por breves segundos ante la facilidad de ser descubierta.
― ¿Cómo? ¿Por qué?― pregunto, girando el rostro para no ver la mirada del pelirrojo.
―Por que te conocemos, te conozco. ― respondió.
La simple y sabia respuesta le erizo la piel, intentó levantarse de la silla pero la presión sobre sus hombros no le permitió tal acción, incitándola a quedarse sentada de frente al espejo. Una sensación de temor y timidez recorrió su cuerpo al sentir la mano del joven tomar la suya y volvió a intentar separarse, sin éxito alguno. Enfocó sus ojos en el espejo vagamente, notando que el reflejo ponía al pelirrojo en una posición de superioridad y poder contra ella, y eso solo conseguía traerle pésimos recuerdos.
―Detén esto y llévame con el catorceavo, inocencia. ― ordenó, con nerviosismo.
―Basta de mentiras, madre. Puedes pretender frente a los demás para protegerte, puedes mentir y decir que no te importa para aparentar fortaleza, pero nada de eso es necesario en este momento.
Su respuesta se enfocó claramente en el reflejo de Lenalee, quien miró a los lados, inquieta.
―Basta, te has vuelto loco. Déjame ir ahora. ― dijo, comenzando a desesperarse.
―No te dejare marchar a ver al Catorceavo con esa debilidad mental. ¡Vamos, reconoce que tienes miedo! ¡Te dolió golpear a Yuu y dejarlo allí! ¡No querías que pensara que lo estabas traicionando!
― ¡Basta! ¡Nada de lo que hablas tiene sentido! ― gritó, forcejeando por liberarse. El pelirrojo ejerció presión en su hombro y de una manera algo tosca tomo su rostro, manteniendo la mirada morada sobre el reflejo del espejo.
― ¡Claro que lo tiene! Dime, ¿Por qué crees que te escogimos para ser la portadora?
― ¡No fueron ustedes, fue ella! ¡Ella me escogió!― gritó de nuevo, exasperada.
―Pero ella y nosotros somos iguales. ¡La elección fue conjunta! ¡Te escogimos por la fortaleza que tienes en el interior! ¡Debes recordar eso!
Lenalee continúo jalando su brazo, luchando por soltarse. Sentía pánico, terror, miedo, desesperación ante las palabras del pelirrojo. No quería admitirlo, no quería saber, no quería reconocer lo que ya sabía, solo quería ocultarse y olvidar. El reflejo en el espejo le mostro su miedo, la desesperación de su rostro, y ello la hacía sentir débil, desesperada. El pelirrojo se quedo callado, examinando las reacciones en la exorcista, ella no dijo nada, y dejo de forcejear.
― ¿Por qué ahora?― preguntó, sin mirar al muchacho.
―Por que ahora sabes lo que te espera después. ― respondió. ― Nuestra hermana te lo ha mostrado ¿no? Lo que puede ocurrir contigo si continúas este camino.
Lenalee se quedo muda, incapaz de responder sinceramente. Sentía un escozor fuerte en la garganta a la mención del tema y al enfocarse en su reflejo noto la razón.
― ¡Ya no hay vuelta atrás! ¡Sabia que sería difícil cuando acepte seguir la voluntad de la inocencia! ¡Pero no tenia alternativa, debía protegerles!
Los gritos de impotencia de Lenalee salen acompañados de cristalinas lágrimas, llenas de angustia y resignación.
― ¡No puedo engañar a los que me conocen! ¡No sabía qué hacer cuando supe que Lavi y Kanda volvieron, y tampoco supe que decir cuando vi a Allen con vida!
―Y por eso dejaste que nuestra hermana poseyera tu cuerpo, sabes que cada vez que lo hace tu cuerpo se resiente y…
―Lo sé, se que en cada ocasión las células de mi cuerpo mueren y se regeneran al mismo tiempo. No necesito que me lo digas.
―Pero no todas se regeneran totalmente. Ya te lo habíamos advertido antes durante las asimilaciones para que dejases de hacerlo, pero no escuchaste. Has seguido invocando a nuestra hermana a la fuerza.
El regaño del pelirrojo causo una sonrisa burlona y decaída en Lenalee, quien se rio , aun manteniendo contacto visual por medio del reflejo.
― ¡Qué quieres que diga! ¡Qué quieres que haga! ¡Dímelo! ¡Estoy harta de que intentes atormentarme de esta forma!
―Estoy cansada de pelear contra mi misma… solo quiero que ellos estén a salvo y volver a casa… ¿qué hay de malo en eso?
El pelirrojo la miro comprensivo, sintiendo las lagrimas de la peliverde caer en sus rostro y deslizarse por sus propias mejillas, alzo la mano hacia ella y la atrajo sin problemas a su pecho. La ojidorada se mantuvo quieta, cansada de resistirse a las acciones de su compañero.
―No hay nada de malo. Solo queremos de protegerte, a ti y a tu frágil corazón. Estamos preocupados, deseamos protegerte, pero ni siquiera con todo nuestro poder podemos liberarte del dolor que representa seguir a nuestro lado.
―Sabemos cuánto sacrificio significa para ti seguir nuestras indicaciones, cuanto te has alejado de tus seres amados, y aun así… no estamos dispuestos a dejarte ir de nuestro lado.
Lenalee se dejo abrazar, sintiendo la extraña calidez de una luz verdosa provenir del pecho del muchacho. Brillante, envolvente y atrayente. Aquella calidez que podía sentir al lado de las inocencias y que la alejaban del mundo exterior, a un mundo habitado por ella y todas aquellas almas de los fragmentos, conviviendo juntos. El joven se apoyo en sus hombros, ocultando su mirada en su cuello, mientras ella lloraba.
―No puedo olvidar, me siento traicionada, partida… contra todos los que me mintieron… los que me abandonaron…
―Tranquila, solo tienes que seguir a nuestro lado. Quédate muy cerca, y así jamás tendrás que sufrir por ellos, nosotros nos libraremos de tu odio por completo. Porque te amamos.― respondió, acariciando el cabello de la joven. Se acerco a su oído y susurro. ― Porque te amo, Lenalee.
― ¿Cuánto ha pasado desde que has tomado tus propias decisiones? ― se aventuro a preguntar, dejando que la señorita se acomodara a su lado.
―Mucho tiempo…
― ¿Has pensado en que le dirás a Komui Lee cuando regresemos a la Orden?
―No hay mucho que decir ¿no? Para cuando haya vuelto el cardenal tendrá todo listo.
― ¿No quieres despedirte?
―No es una despedida, después de todo… de alguna manera seguiré estando allí para protegerle.
La joven Lee se dejo consolar por el pelirrojo, y acomodo ligeramente su cabeza contra su hombro, liberando su llanto. El oji esmeralda se quedo a su lado, abrazándola.
― ¿Estas asustada?
―No… ya no tengo miedo.
― ¿Entonces?
―Siento que estoy cometiendo un error, uno muy grande. Y al mismo tiempo, me convenzo de que no es así.
― ¿Qué te diría tu caballero de brillante armadura ahora? ― preguntó, fijando su mirada en los ojos de Lenalee. Ella dudo por un momento.
―Que no debo preocuparme, que él esté conmigo para protegerme, al igual que ustedes. ― respondió, embozando una ligera sonrisa. ― Kain siempre es así, siempre está a mi lado desde que lo conozco, y no está dispuesto a apartarse.
―Ese Kain, el caballero que te otorgamos… ¿Te agrada?
― ¿Kain? Por supuesto, al igual que los demás en la orden.
El pelirrojo la miro por un momento y concluyo con su estudio. Lenalee era sumamente débil y frágil emocionalmente, incluso más de lo que su cuerpo se encontraba después de todas aquellas sesiones de asimilación. Tenía curiosidad, demasiada como para soportar y quedarse callado. Quería saber que tan lejos llego aquel guardián, que tan buena era la relación entre él y la joven exorcista. Algo en ambos era seguro, Lenalee necesitaba al pelinegro a su lado a todas horas, lo necesitaba para mantener la fachada de frialdad y poder ante los demás integrantes de la Orden. Y sin él a su lado, la fachada caería en un instante tan rápido como una torre de naipes ante el viento.
Lenalee Lee, la humana escogida como candidata para la nueva María seguía siendo indiscutiblemente delicada en todo sentido. El mensaje de sus hermanos era claro y conciso: "Asegura la estabilidad de nuestra madre, haz lo necesario para cumplirlo. Tu misión concluye cuando ella vuelva a estar bajo la seguridad de su guardia y el Apócrifo. No te permitas fallar, interferiremos bajo cualquier aspecto para que se cumplan tus ordenes, confiamos en ti, hermano."
Sus hermanos no eran tontos, mucho menos eran confiados. Le conocían tan bien que parecía que jugaban con el destino para que le fuera encargada la misión de vigilar a la elegida, pues, gracias a su vasto conocimiento, se permitiría armar una estrategia bien calculada, y apenas estaba empezando.
―Pero… ¿Lo amas?
―…
Lenalee se mantuvo en silencio, dejando mas lagrimas caer de sus ojos ante la pregunta del muchacho a su lado. Medito la respuesta y se volteo, mirando un extremo de la habitación, dispuesta a dar por concluida la conversación.
―Recuerda esto Madre, Allen Walker no es mas quien dice ser… no puedes confiar en él o serás nuevamente traicionada.
Lenalee se mordió los labios y asintió con la cabeza, dándole a entender que acataría la orden. Su acompañante suspiro ante su acción. El parche que tenía colgado al cuello se lo llevó de vuelta a su rostro, cubriendo su ojo y se alejo unos pasos , quedándose de pie al centro de la habitación.
Se sentó sobre la cama y no pudo evitar voltear a ver a Lenalee con un sentimiento de culpabilidad.
"Lo has hecho bien, Lavi. Ni siquiera ha notado que has sido tú quien ha hablado con ella."
― ¿Era necesario que lo hiciera yo? ― susurro en voz baja, evitando no se escuchado por la exorcista.
"Tienes que dejar ir ese sentimiento por ella, después de todo. Ella ha tomado un camino en el cual ningún humano será capaz de interponerse."
Me arrepiento tanto de haberte dejado, y ahora… por nuestra culpa… has elegido ese maldito camino, Lenalee.
No puede evitar pensar en la duda reflejada en los ojos de Lenalee cuando le pregunto por el pelinegro que vio en la orden. No podía evitar sentir celos y tristeza al pensar que quizás, quizás su amiga no estaba dispuesta a volver atrás y buscar otras alternativas. Se levantó de golpe, y se acerco a una pared cercana, tocó la superficie y susurro unas palabras en latín, sintiendo como la textura de la pared se resquebrajaba rápidamente, mostrando diversos agujeros de espacios blancos, con accesos a diversas habitaciones.
El primer paso es… crear un señuelo.
Las palabras conformaron un rápido conjuro, desgarrando toda la superficie de la pared en un completo espacio vacío, lleno de diversos agujeros inter dimensionales con accesos al arca. Las paredes contiguas, todas se desmoronan a una velocidad considerable, tragándose todos los objetos dentro, a diferencia de un centro circular donde la Lee sige sentada, ajena a lo que ocurre a su alrededor, casi como si estuviera en su propio mundo.
Lavi se enfoca en ver como su inocencia lo mantiene estable, cobre todo los alrededores destruidos por el conjuro, puede ver las múltiples habitaciones, incluida donde está el espadachín, quien parece recuperar la conciencia.
En la habitación del músico, el estado de ánimo de Allen está lejos de lo usual. Su rostro refleja preocupación y sorpresa. Esta parado delante del piano, observando cómo alrededor de la habitación cientos de ventanas aparecen , quebrándose, en pedazos. Intenta mantener a calma como puede, tocando tan rápido como puede las teclas del piano para restablecer las múltiples habitaciones del Arca. El sonido de muros caerse lo perturba, casi tanto como las dos grandes muestras de dos habitaciones en particular.
En la primera puede ver que Kanda intenta recuperar la conciencia, levantándose de a pocos del suelo. Mientras, en la segunda, la imagen se enfoca en un pelirrojo que recita diversas palabras frente a un muro, de espaldas a la silla donde Lenalee se mantiene en silencio.
― ¡¿Por qué está rompiendo las dimensiones del Arca?― grito confundido.
Detrás de él la transparente figura de Neah lo mira con similar preocupación, mirando fijamente la imagen de la exorcista .Pasa su vista y ve al pelirrojo de pie, frente a un muro que ha perdido su consistencia y ha convertido todo a su alrededor en una masa plomiza, violácea y por momentos verdosa; alternando colores por momentos críticos.
―Intenta reparar solo las puertas que conectan al exterior, luego tendremos tiempo de reparar las habitaciones. Lo más seguro es que intente crear una grieta dimensional que le permita salir al mundo exterior.
―Bien.
Allen respiró profundo, y comenzó a tocar las teclas en una melodía diferente, más pasiva, más pausada, mucho más calculada que la melodía ocasional del Arca Blanca.
Las cientos de ventanas que rodean al peliblanco se cierran una a una, de manera lenta, pero pronto otras nuevas aparecen. Sin embargo, el peliblanco continua tocando, sin prestar atención al estridente sonido de las dimensiones romperse y desquebrajarse a su alrededor. La habitación del piano sigue intacta, pero sabe que si da un solo paso fuera, todo lo que encontrara son trozos de los corredores del Arca hundidos en el agua.
― ¡Lavi! ¡Detente!
Allen volteo rápido, deteniendo el movimiento de sus dedos sobre las teclas del Arca. Volteo inseguro, nervioso a ver una de las ventanas, aquella de donde escucho el grito de la única mujer dentro del Arca. La voz de Lenalee.
― ¿Qué está haciendo?― exclamó sorprendido.
A su lado, la imagen de Neah se encuentra igual de dudoso, acercándose mas para ver lo que ocurre dentro de esa habitación. El pelirrojo volteó sorprendido al escucharla, la puede ver aun sentada sobre la silla, con intenciones de acercarse a él. Pero algo le impide levantarse.
La sorpresa se la llevo al escuchar su voz decir su nombre con tanta claridad y preocupación. Giró la vista, enfocándose en la expresión asustada de ella, quien extiende su brazo hacia él, en un pedido para que se acerque.
― ¡Detente! ¡Si rompes las dimensiones del Arca Kanda y tú pueden resultar heridos! ¡Sus inocencias aun no están completas! ¡Debes detener el encantamiento ahora!
La voz se escapa ahogada, preocupada hasta cierto punto dolido.
―Lenalee…
― ¡Para ya, Lavi! ¡Se que eres tú! ¡Necesito decirte muchas cosas! ¡A ti y ha Kanda! ¡Tenías razón, siempre la tuviste! ¡Les he mentido! ¡Así que por favor…No te vayas! ― grito.
No ahora que he logrado recordar un poco de aquella promesa, no ahora. ¡Por favor!
El ruego de su voz rompe la firmeza del Bookman, quien da un paso hacia ella, dejando de lado la labor emprendida minutos antes.
Es tarde, Lavi. No tenemos vuelta atrás.
Escucho claramente la voz de su inocencia en su mente, y la afirmación que dio ensombreció su mirada, bajo la cabeza y volteo, dispuesto a terminar su tarea.
― ¡Lavi!― gritó ella.
―Dejad a aquellos no vivos salir de nuevo a la efímera existencia de los egoístas que rodean el cielo ennegrecido de pecados…
La pesadez en su voz al pronunciar las palabras se asemeja tanto como al temblor que surge en sus manos, fuertemente apretadas por el gran esfuerzo en mantenerse concentrado en su objetivo. Lenalee se intento levantar de la silla, dudando entre bajar y dejarse suspender entre aquel espacio distorsionado al igual que Lavi.
No puedo, no puedo… sin la inocencia yo…
¡No puedo lograrlo!
Lavi no se movió, viendo como la exorcista no se levanta , sin moverse en algún intento por alcanzarle.
¿Por qué no… porque no vienes hacia mí? ¿Por qué no corres hacia mí si no quieres quedarte aquí?
¡¿Por qué no vuelves conmigo y te alejas de aquí entonces? ¡Lenalee!
El grito que ahogo en su mente se convirtió en una mirada confundida, casi rencorosa. No despego sus ojos de ella, observando la confusión en los ojos morados de ella. Y de pronto, tan fácil como el elaboro el conjuro para romper las dimensiones del arca, unas manos grises se desprender desde el espejo, extendiéndose hacia Lenalee, quien está de espaldas hacia el objeto.
― ¡Lenalee!
Dentro de la habitación del piano, ambos jóvenes miran asombrados la escena, completamente absortos en lo que acaba de ocurrir. Hacia seguros escucharon las suplicas de la joven Lenalee, y esperaban con total hermetismo que ella corriera hacia Lavi en búsqueda de refugio o una alternativa de escape. No obstante, la exorcista no se movió ni un centímetro, casi como si algo la retuviera, y luego… aquellas manos toscas la habían atraído hacia el espejo, tragándola de golpe.
― ¡Ábrete!― gritó.
La desesperación era tangible en la voz de Allen. Neah volteó a verlo y una puerta blanca ya se había abierto a un lado, lista para ser usada.
― ¡Detente, Allen! ¡Puede ser una trampa, deja que la inocencia valla por ella! ¡Tú no―
Pero el peliblanco ya había desaparecido dentro de la puerta blanca, sin prestar atención a sus advertencias. Dentro del espacio oscuro, Lenalee abre desmesuradamente los ojos, e intenta librarse de las manos que la jalan hacia un hoyo profundo. Siente el dolor de su cuerpo entumecer su propia mente, y recuerda vagamente una situación similar. Alguien que la arrastra hacia un lugar al que no desea ir, y como sus esperanzas se diluyen conforme se hunde más y más. Las lágrimas escapan de sus ojos, incapaces de detenerse, y deja de forcejear, susurrando ligeras palabras mientras siente que presionan su piel más fuerte.
Sentía desesperanza y desolación, soledad y tristeza, pero ya nada le impulsaba a salir de aquel lugar, solo quería… detenerse y pensar que era un simple sueño pasajero, que las pesadillas siempre terminan y solo son eso, ilusiones de su mente.
―Desaparece esas emociones de tu entorno, no dejare que sufras, Lenalee. Yo te cuidare, yo voy a protegerte, yo estaré a tu lado de ahora en adelante.
― ¡No quiero eso! Soy una exorcista, soy capaz de luchar por mi cuenta. Kain-san, no necesito un guardaespaldas. Puede que el Cardenal lo haya pedido, pero ustedes exageran demasiado, no soy tan especial como dicen. ― respondió algo incomoda, se levantó y él joven a su lado la tomó de la mano, sentándola de nuevo. ― ¿Kain-san?
―Quédate un rato, tenemos que conocernos más, después de todo, no pienso despegarme de ti ni un segundo. ― expresó, con burla.
Lenalee le miró nerviosa, el joven pelinegro venía diciendo esas cosas desde hacía una semana que lo conoció, y por momentos, su presencia resultaba muy sobrecogedora y fuerte, por lo que intentaba evadirle. Su simple presencia a su lado lograba inquietarla, confundir sus emociones, su manera de pensar, y sabia que aquello era en definitiva; una treta del Cardenal y de Leverrier.
― ¿Por qué el interés? La información que nos dio el Cardenal puede estar en un error, puede que no sea como él dice y estemos caminando en la dirección equivocada.
― ¿Por qué tienes esas dudas sobre tu capacidad? ― preguntó, acercándose más hacia ella. La Lee retrocedió ligeramente, ante la invasión de su espacio individual.
―No tienes nada que ver con esto. Son imaginaciones tuyas, solo creo que se están dejando llevar por una remota posibilidad. Deberíamos estar buscando a Kanda, Lavi y Allen-kun, no esperanzarnos en una creencia antigua.
―Olvídate de ellos.
― ¿Qué…? ¡¿Qué clase de broma es esa? ¡Son nuestros compañeros, no podemos abandonarles!― exclamó enfadada, intentando que el pelinegro soltara su brazo.
―Pues deberías, esos chicos a los que llamas tus compañeros han traicionado a la Orden. Por tu propio bien deberías pensar en que ellos no podrían volver.
Sintió el corazón quebrarse en diversas piezas, su mundo partirse en escombros ante las crueles palabras que el exorcista le decía, y algo muy dentro le atormenta… la sensación de que es muy posible que aquello sea verdad. Que sus amigos la han traicionado.
―Mentira, conozco a Lavi y a Kanda por años, y también a Allen-kun… ellos no son traidores ¡Eso no es cierto!
―¿Quieres probar que estas en un error?― le preguntó, jalando a la joven directamente hacia sus brazos, apoyo su frente junto a la de la peliverde y esta se sonrojo, al sentir el tenue aliento fresco de su acompañante a centímetros del suyo.
Aquellos profundos ojos azules le miraron con tanta intensidad que sintió el alma cohibida, tímida, presa de la fuerte determinación del hombre a su lado.
―No quiero que vivas engañada, déjame mostraste la realidad…
Y fue en ese momento en el cual sus esperanzas se resquebrajaron completamente, vio la figura de Kanda, huyendo junto a Alma Karma; a Lavi, junto al viejo Bookman, estrechando manos con los Noé. Y al final, la figura de su querido Walker, al lado de un Noé joven de cabellos negros, tocando el piano del Arca.
No supo cuando ni como, pues para cuando lo noto, ya estaba envuelta con una cobija en su habitación, acurrucada sobre el colchón y a un lado de su cama, Kain deja un té caliente sobre la mesa y la ve removerse.
―Toma, te hará sentir un poco mejor. ― le tendió la bebida. Lenalee le miró y recibió la taza, asombrándose de lo tembloroso que estaba su cuerpo. ― El shock es fuerte, tomate tu tiempo para procesarlo, te dejare a solas.
Lenalee observó en silencio como el ojiazul camino hacia la puerta, como paso por su cama y al escuchar el sonido de la puerta, un impulso doloroso la hizo correr y abrazar con fuerza a Kain, lo apresó entre sus brazos, y él se mantuvo en la puerta, sin moverse.
― ¡No te vayas! ¡Por favor, por ahora… no me dejes sola!
En aquella ocasión lloró tanto que parecía que lo hacía para no volver a lamentarse por el resto de su vida. Kain no dijo nada, solo la consoló con tenues caricias en el cabello, ambos echados sobre su cama, y desde entonces, ella dependía de Kain mas que cualquier otra cosa. Se volvió más ajena a los demás exorcistas por temor, temor a ser nuevamente traicionada, y después, se cambio a si misma tras un trágico incidente, que incremento su determinación hacia la inocencia.
―Si es tu deseo, entonces jamás me apartare de tu lado.
Es verdad, desde entonces… Kain ha sido mi soporte, y no he aprendido a volver a estar por mi cuenta mucho tiempo. Aunque conocía perfectamente que amaba a Allen―kun con toda mi alma, la única cosa que me mantenía con esperanzas era el hecho de saber que podía contar con alguien, que podía contar con Kain.
Volteó a ver a la figura que la sujeta hacia el vacio, encontrándose con una sorpresiva y añorante figura, que hacia muchísimos meses dejo de ver. Desde la destrucción del Arca, y la pregunta surgió de pronto.
― ¿Qué haces aquí?
Y tan pronto como lo dijo, la figura la soltó de forma delicada, y sintió que alguien la jalaba hacia arriba, aclarando el tétrico escenario a su alrededor. Abrió los ojos con más claridad, sintió los brazos masculinos soltar su cintura y escucho que dio un paso hacia un lado, se mantuvo en silencio y volteó con una mirada agotada y serena.
Tal y como lo esperaba, aquel calor corporal tan inconfundible, aquel aroma tan envolvente, aquella alma tan bondadosa de la que se enamoro estaba frente a ella, casi exactamente igual a como la recordaba. Allen le miró de la misma forma, nervioso por la actitud que tomaría su compañera, ambos sumidos en el mutismo y sin decir palabra.
Para él, Lenalee había recuperado aquel hermoso cabello largo y lustroso, su físico envidiable seguía resaltando tras un año sin verla, sus facciones eran ligeramente más finas, pero su dulce mirada parecía apagada y perdida. Para ella, el peliblanco era una figura diferente. Su cabello está más largo, mas rebelde, sus ojos muestran una madurez más profunda y su figura es mucho más alta de como recuerda.
Aun así, el aguijón profundo del recuerdo de la traición le impide embozar una sonrisa sincera. No puede permitirse una hipocresía, no puede fingir frente a él, y prefiere mantener la quietud del silencio, esperando que su cuerpo olvide la calidez de los brazos del Walker. Recuerda claramente las acciones de su inocencia en contra de Allen, y se siente una tonta por permitir sentir lástima y dolor al querer dejar el Arca en un primer momento, mas el recuerdo de las revelaciones de Kain le dijo hacia mucho trajeron de vuelta su convicción y determinación.
No era una reunión amigable, mucho menos una situación de reencuentro entre viejos amigos. Era tal y como le dijo hacia un año, cuando se marcho lejos de la Orden, ambos se volverían enemigos y lucharían el uno contra el otro. No existe marcha atrás, mucho menos una segunda opción, se lo grabó con fuego en el corazón, lista para el momento en el que volviera a verlo… pero ni la preparación más dura podría disminuir el dolor en su pecho.
Después de todo, no he podido lograr olvidarlo en su totalidad…
Allen aprieta los puños, incapaz de decir algo. No tiene palabras, no sabe que decir para mitigar el nerviosismo y el temor ante la nueva actitud de su gran amiga, su mente se ha quedado en blanco, presa de la estupefacción.
― ¡Ah! ¿Qué ocurrió? Timcampy apenas y pudo abrir una puerta a tiempo…― dijo.
La voz de Johnny interrumpe el silencio de ambos jóvenes, quienes giran su mirada al recién llegado, que atraviesa una puerta junto a un pelirrojo de cabello largo, ambos con sus ropas llenas de polvo y tierra. El científico alza la mirada, pasando del peliblanco a la joven peliverde que se mantiene estática, algunos metros más adelante. Un sudor frío recorre su nuca al ver la frialdad en su mirada y traga duro, juntando algo de valor. El general Cross por su parte, observa con interés a la Lee, pasando su mirada de arriba abajo en su figura.
―Deja de hacer eso. ― le advierte el peliblanco. Cross ve la mirada enojada de su alumno, quien se acerca incomodo al percibir la inquietante mirada de su mentor en la muchacha.
Lenalee por su parte observa con interés a ambos recién llegados, pasando un tiempo largo en la figura de Cross. Entrecierra de forma ligera la vista, y puede ver con un poco de esfuerzo, la figura trasparente de la figura de la inocencia de Marian. La mujer de inocencia, Grave of María, la voltea a ver, y esta se lleva el dedo a los labios, en señal de silencio. Lenalee se sorprende un poco ante el hecho, y poco después, la figura de la inocencia desaparece.
― ¿Qué rayos paso con el Arca?― preguntó enfadado el pelirrojo.
―La inocencia de Lavi está intentando abrir dimensiones en ella para escapar. ― explicó el peliblanco, mirando por sobre su hombro a Lenalee.
― ¿Kanda no estaba con ellos?― inquirió, Johnny.
―Sí, pero cayó en una de las dimensiones de las habitaciones, no puedo estar seguro de donde este con exactitud.
Johnny le ve preocupado y regresa a ver a Lenalee, quien no ha dicho palabra alguna. Cross por su parte deja la habitación en silencio. El científico ve al peliblanco, que le sonríe de manera despreocupada, tratando de decirle que todo estará bien, pero mientras más permanece en la habitación, siente que la tensión se incremente a gran escala. Esta dispuesto a marcharse, ve que el peliblanco se acerca al piano y comienza a tocar la melodía, cerrando diversas ventanas de habitaciones destruidas y recuperando la perfecta estructura del Arca con evidente facilidad, aprovecha y se acerca unos pasos a Lenalee, quién no dice nada al acercarse.
Con la música del piano de fondo el castaño extiende un aparato en forma de circulo a la Lee, en un gesto amigable.
―Komui-san me dio esto, dijo que era para ti.― dijo. Lenalee bajo la vista al objeto, y un ligero brillo de duda atravesó su mirada. Tendió su mano y tomó el objeto, mirando fijamente el color obscuro de artefacto. ― Komui-san dijo que sabrías que hacer con él en el momento adecuado.
Acaso Komui-nii-san…
Lenalee apretó el objeto con el pulgar, un pequeño escáner confirmo la huella dactilar y el objeto se abrió, mostrando un pequeño golem compacto de color plateado.
― ¿Un golem?― musitó sorprendido el científico. Lenalee por su parte entrecerró los ojos, reconociendo la figura del invento compacto sobrevolando al frente de su rostro. Regresó a ver a Johnny, quien está sorprendido y sin previo aviso da un paso hacia él, logrando asustarlo por el rápido movimiento.
― ¿Lenalee?
Allen se adelanta rápido, al ver como la ojimorada se acera desafiante a su compañero, deja la reparación del Arca a un lado y al ver a los ojos a Lenalee, reconoce que algo está mal, terriblemente mal.
― ¡Johnny, cuidado!― gritó en advertencia.
El científico no tiene tiempo ni de replicar, Lenalee le ha tomado por los hombros, con su pie derecho lo saca de balance y le propina una certera patada en el estomago, sacándole el aire del cuerpo. Allen da unos pasos hacia ellos, y la exorcista toma por el brazo al cientifio, antes de dejarlo caer, lo devuelve hacia ella y lo empuja con el pie directamente hacia el peliblanco, brindándole unos segundos para realizar su siguiente jugada.
― ¡Código 7! ¡Ahora!― ordena rápido, y el golem plateado emite un sonido afirmativo.
Ahora entiendo porque esa inocencia actuó tan extraña, ¡Se estaba burlando de mi al mostrarme cuan débil soy sin Kain a mi lado!
― ¡Estado de Emergencia! ¡Emergencia! ¡Un Noé a infringido la seguridad!¡Kain Knight ha sido herido durante el enfrentamiento!¡ Repito: Kain Knight ha sido herido, solicitamos refuerzos! ¡A todos los exorcistas se soli―
Y la voz mecánica del golem se apaga en un explosión ligera, producto del impacto de un objeto pequeño que se ha estrellado contra el artefacto. Lenalee baja la mirada aun nerviosa por la información que el golem ha revelado, y ve en las mano derecha del Walker , una certera pistola plateada pequeña.
―Allen… ― susurró Johnny, al ver la determinación y velocidad con la que el peliblanco sacó el arma y apunto directo al golem, ni bien escucho la información que fue dicha. El Walker observa como el artefacto emite ligeros sonidos y sin esperar más dispara dos veces más, reduciendo el golem a pequeños restos, que son tragados por Timcampy.
―Llévate a Timcampy, quiero que examines esos restos para asegurarnos de que no dio nuestra ubicación. ― dijo sereno, bajando el arma. El golem de oro sonrió divertido abrió una puerta , esperando al científico.
―Pero… Allen…
―No hay tiempo, ve de una vez, Johnny. ― dijo, empujando ligeramente del hombro a su compañero. Vio la mirada dudosa en sus ojos al ver la figura de la Lee estática y el dueño de Crown Clown le dio una sonrisa ligera. ―Tranquilo, yo me encargo de ella.
Johnny balbuceó intranquilo, desapareciendo tras la puerta del Arca. Lenalee se mantiene quieta, procesando la información sobre el ataque a la Orden. Recuerda vagamente los acontecimientos antes de caer dormida, la presencia de Kain en su habitación, que la llevo al cuarto del cubo y luego, solo el estridente sonido de muchos llantos y gritos antes de despertar en el Arca y ser poseída por su inocencia.
La primera fase se completó a tiempo, y eso debió reducir considerablemente la conexión de Kain con su inocencia. Acaso… ¿Fueron los gritos y llantos las voces de las inocencias en la Orden?
Levanta la mirada y confronta la del Walker, quién espera paciente las preguntas de su compañera. Lenalee aprieta los puños, captando rápido lo que quiso decir el golem antes de ser destruido.
Un Noé en la Orden, el hecho de ver a Allen.
Allen atacó a la Orden.
Kain herido. Su guardián posiblemente se resistió cuando el peliblanco quiso sacarla de la Orden.
Allen hirió a Kain.
Y en ese momento, su mirada se lleno de furia y rencor.
― ¿Con que propósito has atacado la orden? ― preguntó, con un tono amargo.
Allen confrontó su mirada y respondió con tranquilidad.
―Lo que la Orden planea hacer contigo es algo que no puedo permitir.
― ¿Qué tanto sabes tú como para juzgar? Además, lo que ocurre conmigo es algo con lo que solo yo debo de lidiar.
―Se lo suficiente como para entender que tu vida está en peligro, Lenalee. ¿Por qué estas permitiendo esto? Incluso Komui-san está preocupado…
― ¡Mi hermano no lo comprende! ― respondió en automático. ― No tienes derecho a alterar la Orden o a intervenir con nuestros actos. ¡Tú nos has traicionado!
Su voz salió tan llena de ira que asombró a Allen, ella dio varios pasos hacia él y lo confrontó de frente, envuelta en furia.
― ¡Te aliaste con un Noé! ¡Te rendiste ante él, eres el enemigo!
―No lo entiendes, Lenalee. No es como dices yo…
― ¡No quiero escucharte! ¡Déjame libre! ¡Debo volver con ellos!― exigió, apretando la chaqueta del Walker con sus manos.
― ¡¿Estás loca? ¡Podrían matarte! ¡¿Qué no lo entiendes?
―Yo tomó esa decisión, no tú, Allen. ― respondió fría. ―Ahora déjame ir, no tengo razones para quedarme aquí.
Allen la observó confundido, enojado, triste. Su gran amiga había perdido la razón, envenenada por ese maldito Apócrifo y aquel pelinegro que se hacía llamar su guardián. La habían contaminado tan profundo que incluso ella creía hacer lo correcto, pero él no. Él tenía los ojos bien abiertos, y si ella no deseaba entender, él la haría comprender a la fuerza si era necesario. Todo con tal de protegerla, de hacer caso a su promesa de cuidarla.
―No pienso dejarte ir hasta que recapacites. ― contestó, sujetando las muñecas de la peliverde. Dejó el arma a un lado, sobre la superficie del piano, y miró fijamente a Lenalee. ― Si es necesario encerrarte en el Arca, lo hare. No importa cuánto tarde, no pienso dejarte volver al lado del Apócrifo y de ese tipo que dice protegerte. ¡No hay forma en que te deje desperdiciar tu vida de esa manera!
Lenalee refuto su mirada con furia, no le comprendía, está confundida, entre aquello que cree y lo que el Walker le confiesa con tanta rudeza y convencimiento. ¿Cómo se atrevía? ¿Cómo podía ser tan cínico de negar las creencias de la Orden? ¿De meterse de nuevo en su vida como si nada hubiese pasado? ¿Qué sabia Allen de todo el sufrimiento que paso por su culpa?
― ¿Qué podrías entender tú… si te marchaste? ― preguntó, en un tono amargo. Deslizó suavemente sus manos hacia sus cabellos blancos y tiró de ellos hacia atrás, haciéndolo retroceder. ― No tienes derecho… ¡No tienes derecho alguno de hablar así de Kain!
Allen observó el rencor en su mirada, y retrocedió de nuevo, chocando con la punta del piano, la peliverde está pegada hacia él, apretando ligeramente su cabello, y él suelta sus muñecas, indeciso.
―Ese sujeto va a matarte.
―Seré libre, esa es la verdad. Una verdad en la que no debes interferir.
Allen Walker es un recuerdo de mi pasado, un pasado que debo sacrificar…
Pasó apenas unos pocos segundos, en los que ambos se miraron el uno al otro, y Lenalee descendió sus manos hacia los costados del ojiplata. Este no se movió, hipnotizado por su profunda mirada violeta, sumido en la mezcla de emociones.
―Ya no hay vuelta atrás… ―dijo con remordimiento. ― No existe otra salida.
―Lenalee…
―No podemos volver a ser lo que éramos… nunca más…
Has llegado demasiado tarde, ya no podemos salvar nuestro pasado.
Y levanto la muñeca izquierda, reluciendo el plateado color del artefacto entre sus manos.
Nuestro presente es tan doloroso, ¿no lo crees, Allen?
―Tú eres el enemigo ahora, Allen.
Mostrando el revólver que tomo de la superficie del piano, cargado directamente contra el pecho del joven.
Lo lamento tanto, Allen.
*Avance*
―Se la ha llevado al Arca, o al menos esa fue la información del golem que hicimos llegar. ― dijo el serio sacerdote.
― ¿Cuánto tiempo? ― pregunto el pelinegro sobre la cama.
―Una semana, no podremos esperar más.
―Entonces… ¿Iremos a hacer un intercambio?
―Una entrada al Arca blanca por el secreto de Neah Walker.― aseguró.
Hola lectores, me he pasado de exámenes a trabajo a exámenes y mas trabajos. Lamento mucho la tardanza, espero que este capítulo largo lo compense. En el siguiente, como creo que muchos querrán matarme con el final de este, les tengo una sorpresa. =) Ojala les guste. La siguiente publicación será en dos semanas, que ya acaba mi ciclo de verano y entro a mi única semana de vacaciones. Un abrazo a todos y muchas gracias por seguir esta historia y comentarla, tengan un gran día, se despide LonelyAthena.
