9: HEAVY ON MY HEART

Se despertó sobresaltado por el insistente sonar del teléfono. Tenía la boca seca. Bostezó. Desde el sofá alargó el brazo y palpó la mesita hasta dar con el aparato.

- ¿Si?- preguntó reprimiendo un nuevo bostezo.

- ¿Podría hablar con Mr Potter, por favor?- una voz femenina carente de emoción le hablaba desde el otro lado de la línea.

- Soy yo¿qué ocurre?- preguntó, poca gente tenía su número de teléfono, así que si llamaban preguntando por él como Mr Potter, sólo podía ser algo serio.

- Llamo del Hospital Saint Joseph, Mr Potter- el corazón estuvo a punto de parársele, para comenzar a latir con miedo. Algo le había ocurrido a Draco, un día que decidía irse a casa a tomarse un descanso, y le pasaba algo. No podía morirse ahora, había aguantado tres semanas. No podía morirse- El paciente Brian Wild ha salido del estado de coma, señor.

- Voy para allí- no podía creerlo, había despertado. ¡Había despertado! Colgó el teléfono y se puso en pie. La cazadora negra con la que se estaba tapando cayó al suelo. Se calzó las zapatillas de deporte, cogió la cazadora, y se apareció en la calle del hospital. Entró corriendo- Hola, soy Harry Potter, me acaban de llamar diciendo que Brian Wild ha despertado.

- Ah, si, espere en la sala mientras aviso al Dr. Cussler de que ha llegado- la mujer lo miró por encima de las gafas y le señaló una hilera de sillas encadenadas de plástico naranja. Había tres o cuatro personas esperando.

- Gracias- se sentó en una de las sillas. Le temblaban las manos. Movía las piernas impaciente. No sabía si tomarse un café para templarse un poco, o un Tranquimacín. Vio aparecer al Dr. Cussler que se sentó en la silla frente a él.

- Potter- saludó mientras repasaba unos papeles en un portafolios.

- Dr. Cussler… ¿Qué ha pasado¿Está bien¿Cómo ha sido?- preguntó nervioso, mirando al médico de hito en hito. Necesitaba saber si el que Draco hubiera despertado era una buena noticia…o no.

- Bueno, lo primero, tranquilícese, Potter. Respire hondo- le hizo caso- Mejor. Brian está…dentro de lo que cabe…bien- ahora si respiró más tranquilo- Las fracturas se están soldando con éxito, así como los hematomas y la pequeña hemorragia cerebral se están reabsorbiendo satisfactoriamente. Cómo ya sabe, ya que nos dio su consentimiento, hemos estado administrando a Brian dosis de metadona para evitar el Síndrome de Abstinencia, que no sería nada recomendable para su recuperación, en un estado tan delicado como el de su primo.

- Ajá, si, lo sé…- el médico pasó una hoja y la estudió unos segundos- ¿por qué me cuenta esto¿Qué tiene que ver?

- No obstante, el hígado de su primo está en una situación crítica, a punto de desencadenar en cirrosis. Y dada la gravedad de su estado, es algo que no nos podemos permitir…

- Le han quitado la metadona…- Cussler asintió.

- Exacto, y digamos que ha padecido un Síndrome de Abstinencia tan acusado, que este ha provocado que se despertase del coma.

- ¿Y ahora está…?- preguntó asustado. Requería volver enfrentarse al Malfoy violento. No podía.

- Atado a la cama. No es un espectáculo agradable de ver, así que si no quiere entrar, lo entenderemos.

- No se preocupe, no es la primera vez- trató de sonreír, pero fue incapaz.

- Lo suponía. Acompáñeme- caminaron por el ya familiar pasillo hacia el interior del hospital. Desde que salieron del ascensor podían escuchar los alaridos agónicos que salían de la puerta cerrada de la habitación 511. El médico abrió la puerta y entró, dejando a Harry fuera, con el corazón y el estómago encogidos. Tras verificar los monitores, volvió a salir- Los dejo solos. Ánimo, y no se preocupe, no puede hacerle daño- entró en la habitación. Draco se retorcía en la cama, arqueaba la espalda, atado con correas de cuero marrón por las muñecas y los tobillos. Cerró la puerta y se acercó despacio. Pudo ver que ya no había tantas vías conectadas a Draco. Tenía la cara empapada de sudor.

- Hola- dio con voz trémula a la vez que apoyaba una mano en el brazo sudoroso y resbaladizo de Draco para llamar su atención. Lo consiguió. Paró de gritar y lo miró, respirando con dificultad- ¿Cómo estás?

- ¡Tú¡Tú¡Maldito y estúpido hijo de puta¡Bastardo cabrón¡Tú¡Siempre que abro los ojos deseando morirme estás tú!- rompió a llorar con impotencia. Le temblaba todo el cuerpo, apretaba los puños, tenía los nudillos blancos- no intentes hacerte el compasivo conmigo¿quieres? No lo soporto. ¡No te soporto!

- No puedo evitar que me des pena, Malfoy.

- ¿Pena¿Te doy pena?- murmuró rabioso- ¿Ahora? Te podía haber dado pena cuando necesitaba tu ayuda¿no? Antes…pero no, te doy pena ahora, que ya está el mal hecho. Ahora que estaría mejor muerto… ¿Y por qué vienes aquí? No podías cargar con otro cadáver más, eh Potter?

No sigas por ahí Malfoy- la voz le temblaba de furia. ¿Por qué siempre era capaz de darle dónde más le dolía¿De ver a través de su cuerpo y saber siempre su verdad?

¿Sabes qué Potter? Ojalá me hubiese muerto sólo para joderte. Mira que era fácil¿verdad? Estoy tan cerca que le huelo el aliento…. Ojalá muera para poder destrozarte la vida- cerró los ojos y a través de las pestañas escaparon dos gruesas lágrimas. Empezó a retorcerse. Estaba enfermo, se dijo harry, no podía tenerle en cuenta lo que decía, por más que le doliese, porque estaba enfermo, y aunque lo dijera con plena consciencia, no podía. Suspiró y cogió una toalla del baño de la habitación, la mojó en el lavabo y volvió junto a la cama. Malfoy lloraba y gemía, la cara se le contraía de dolor. Comenzó a pasarle la toalla húmeda por la cara y los brazos, por la parte de detrás del cuello. Poco a poco se calmó, su respiración se hizo más regular. Abrió los ojos y lo miró. Tenía los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas. Su corazón se contrajo con lástima. Le dolía la garganta de aguantarse las ganas de llorar- ¿Vas a dejarme en paz alguna vez?

No- murmuró mientras continuaba refrescándolo.

¿Por qué haces esto? Nunca te ha importado lo que pudiese pasarme… ¿por qué ahora?- preguntó con voz trémula.

No lo se, no puedo contestarte a eso, Malfoy. Desde que te encontré aquella noche hace cuatro meses en el callejón, he sido incapaz de pensar en otra cosa que en sacarte del pozo.

No puedes sacarme del pozo…ya no…- giró la cabeza hacia el otro lado- Pídeles que me metan algo- suplicó- No lo soporto más- murmuró con los dientes apretados, mientras temblaba ligeramente.

No puedo hacer eso, Malfoy. No pueden…

¡Entonces márchate!- gimió- ¡VETE!- dio media vuelta y salió de la habitación. Se marchó corriendo del hospital, y no paró hasta entrar en casa. Cerró la puerta y se dejó caer al suelo, a la vez que las lágrimas comenzaban a caer. Lloró como nunca en su vida había llorado. De impotencia, de rabia, de pena. De saber que no podía hacer nada por él, aunque lo intentase con todas sus fuerzas. Si Draco rechazaba su ayuda¿qué iba a ser de él al salir del hospital? Cosa que no tardaría en ocurrir. Sin duda moriría tirado detrás de algún contenedor, con una aguja clavada en el antebrazo y la boca abierta. No podía permitirlo. Se sorbió los mocos y respiró hondo. Pasase lo que pasase, por su parte no iba a quedar, y no conseguiría nada sentado en el suelo regodeándose de las desgracias ajenas y de las suyas propias. Además, no era su estilo quedarse sentado viendo como las cosas ocurrían. Una buena ducha no le vendría mal.

Después de dormir toda la noche de un tirón con pijama y en la cama, después de haber cenado, cosa que hacía por lo menos un mes y medio que no hacía, se sentía mejor. Las cosas no parecían tan negras. Se vistió y después de desayunar y armarse de paciencia, se encaminó al hospital. No había recibido ninguna llamada, así que suponía que todo seguía más o menos igual.

Al entrar en la habitación le sorprendió ver que Draco estaba dormido. Su respiración no era ni tan regular ni tan tranquila como sería deseable, pero al menos no era entrecortada y superficial, y al menos, no necesitaba ayuda mecánica para hacerlo. No pudo evitar sonreír. Durmiendo más o menos plácidamente, ni siquiera parecía él. Arregló un poco la habitación. Quitó las flores mustias del jarrón que había sobre la mesita de noche y las tiró a la papelera que había en el baño. Se sentó en el sillón de skay que ocupaba un rincón, donde se aprovechaba bien la luz que entraba por la ventana y cogió uno de los libros que había traído para leerle a Draco mientras estuvo en coma.

Había pasado media hora y seguía dormido. Se levantó. No le apetecía estar encerrado allí. Bajo a comprar flores nuevas, algo que alegrase la aséptica tristeza de la habitación de hospital. Era una mañana soleada. La señora del puesto de flores le preguntó por Draco, al fin y al cabo, llevaba casi un mes viniendo todos los días. Pareció alegrarse sinceramente de la mejoría del chico, y le dio ánimos. Estaba de mucho mejor humor cuando salió del ascensor, pero los gritos angustiosos que provenían del final del pasillo le hicieron saber que Draco había despertado, y que todo seguía igual. Era valiente, lo sabía. No se iba a amedrentar por mucho que Malfoy gritase, o le dijese. Siguió adelante por el pasillo. La habitación estaba vacía. Sólo la figura de Draco se retorcía en la cama. Llamó quedamente a la puerta y entró.

No te rindes¿verdad?- musitó cuando lo vio entrar.

No es mi estilo- sonrió y puso las flores en el jarrón. Entró en el baño y le puso agua.

¿Y esas flores¿Son para mi?- fingió estar ilusionado- ¡Qué bonito Potty!- hizo como si no pudiese contener las lágrimas de emoción- Ahórrate el dinero que te puedan costar, y págame un pico de caballo, me hará más ilusión- espetó, ya en el tono habitual. Hizo como si no lo hubiese escuchado y arregló un poco las flores, las gerveras fucsias eran un poco demasiado altas. La verdad es que le importaba una mierda como quedasen las flores. No quería enfrentarlo, no de momento. Por suerte, el Dr. Cussler entró en la habitación con un par de enfermeros, salvando la situación.

Vaya, Brian, ha dejado de gritar- comentó casual el médico mientras examinaba el pulso de Draco.

¿Le molestaba?- Cussler lo miró y sonrió, continuando a lo suyo- ¿Este tiene que estar aquí?- señaló a Harry con el dedo.

¿No quiere que esté?- preguntó asombrado- Ha venido a estar con usted a diario desde que ingresó.

¿Potter?- preguntó sorprendido- No se por qué, no me extraña- miró al enfermero que trajinaba con los goteros- Si me sueltas las correas, te la como gratis- sonrió de medio lado. El enfermero se apartó ligeramente asustado.

Bueno, Brian, volveremos esta noche a ver como vas. Por más que grites, no vas a conseguir nada. No lo suelte Potter. Su ritmo de recuperación es asombroso. Cuando vaya a marcharse, pase por mi despacho, quiero hablar con usted- y se marcharon. Dejándolos solos de nuevo. Se sentó en el sillón con el libro en la mano, dispuesto a ignorarlo, a no dirigirle la palabra si no lo hacía el primero. Draco debía dar el primer paso, si no, no serviría de nada. Estuvo un rato fingiendo leer. Escuchaba los gemidos lastimeros de Draco de fondo. No podía soportarlo más y levantó la vista del libro. Volvía a estar completamente empapado en sudor, y temblaba. Le partía el alma verlo así. Aunque tenía la cara vuelta hacia él, sabía que estaba llorando. Podía entender lo que sentía Draco en esos momentos. Se había despertado en medio de un insoportable dolor en un lugar que no reconocía, no podía poner remedio a ese dolor, estaba atado a una cama, lleno de tubos y cables, la gente no lo llamaba por su nombre…. Lo único que quería era salir de allí y no podía, y encima estaba él, que lo hacía sentirse humillado, pero tampoco podía hacer nada para mantener la compostura.

No sabía si acercarse y tratar de consolarlo, o dejarlo tranquilo para que se desahogara en paz. Era realmente difícil tomar la decisión. Lo más fácil era salir de allí. Nunca le habían ido los caminos fáciles. Se levantó del sillón y dejó el libro en la mesa. Se sentó en la cama y le retiró los mechones de pelo húmedo de la cara. Seguía sin mirarlo. Estaba muy caliente, posiblemente tenía fiebre, y alta. Continuó acariciándole el pelo. Era algo que parecía tranquilizarlos a ambos. La almohada bajo la cabeza de Draco estaba húmeda de sudor y lágrimas.

¿Qué pasa?- preguntó con suavidad. Un bufido le llegó por respuesta- Vale, era una pregunta tonta. Draco¿puedo llamarte Draco?- asintió levemente- Cuando te encontré en el callejón, aunque no lo recuerdes, te ofrecí mi ayuda, y me dijiste que sí. Te invité a cenar, te metí en mi casa, te lavé, y curé tus heridas. No tenía intención de dejarte marchar al día siguiente como si nada. Quería ayudarte de verdad, a salir de esto, a que estés bien…y continúo queriendo- mientras hablaba había cogido una de las manos de Draco, que este apretaba.

¿Por qué?- hablaba con los dientes apretados, intentando contener el dolor.

Porque no te mereces esto. Me da igual lo que haya pasado entre nosotros, que fuésemos amigos o no. No mereces una vida así, y si puedo ayudarte a mejorar, lo haré.

Te agredí…

Lo se…- murmuró amargamente- Tengo las cicatrices, el espejo me lo recuerda a diario…pero se que nunca lo hubieses hecho si hubieses estado bien. No es que lo justifique, Draco, pero puedo comprender por qué lo hiciste, no fue algo personal.

Si lo fue- se encogió sobre el estómago y ahogó un grito. Harry apretó más fuerte su mano- quería hacerte daño por no dejarme salir de allí.

Y me robaste la cazadora- rió señalando la cazadora colgada de un gancho de la pared.

Te la devolví- respiraba de forma superficial y entrecortada. Se estaba asustando- Tiene-la-foto-en-el-bolsillo- resopló.

¿Quieres que llame al Dr. Cussler?- preguntó- No estás bien…

No, no va a hacer nada de todas formas…- se giró para mirarlo, por primera vez- Vete, por favor, déjame solo, Harry, por favor- asintió y se levantó para marcharse, cogió la cazadora y cuando iba a salir escuchó como Draco, entre sollozos le decía- Puedes volver otro día, si quieres- cerró la puerta al salir mientras escuchaba como dentro Draco comenzaba a proferir gritos desgarradores. Corrió por el pasillo. No podía soportar escuchar los alaridos. Llegó frente a la puerta del despacho, y llamó.

Adelante- el hombre esperaba sentado tras el escritorio, con un montón de papeles encima de la mesa. No era un despacho bonito. Casi como el suyo del Ministerio. Agobiante, cerrado. Triste- Ah, Potter, es usted, siéntese por favor.

Oiga, yo creo que no está bien, tiene fiebre, y tiembla y…- comenzó a decir.

No se preocupe, sólo es el Síndrome de Abstinencia. Ya se le pasará- le alargó una carpeta marrón, que Harry cogió distraídamente.

¿Cómo que ya se le pasará? Está sufriendo…

No podemos hacer nada por él. Su cuerpo no va a tolerar más fármacos, al menos de momento. Sólo le queda una semana difícil, luego, bueno, tendrá crisis cada vez más esporádicas, hasta que deje de ser totalmente drogodependiente.

Y eso¿cuánto tiempo le va a costar?- preguntó, se estaba mosqueando, el Dr. Cussler era un buen médico, pero no podía dejar que alguien sufriese…tenía que preguntarle a algún medi-mago, quizá hubiese algún remedio.

Pues ni idea, depende del paciente, cuánto tiempo ha estado metido, a que intensidad, el tipo de droga que consumía habitualmente…son muchos factores, pero no es lo que yo quería hablar con usted.

Pues dígame.

A ver por donde empezamos¿quiere un café, o algo?

No gracias, no estoy de humor.

Muy bien. Le voy a ser muy franco, Potter. Brian lo tiene muy crudo. Según los análisis que le hemos hecho, el contenido de droga en sangre, es elevado, y aún así, el Síndrome de Abstinencia es acusado, por lo que deducimos que su nivel normal escapa a nuestros parámetros. Según los cuales, debo decirle la verdad, debería estar muerto.

¿Cómo?- lo miró sorprendido, sabía que Draco estaba mal, pero¿tanto? Y si debería estar muerto¿por qué no lo estaba¿La capacidad de hacer magia los hacía más resistentes¿Podría verse eso en unos análisis?

Que tiene una extraña resistencia. Le hemos hecho todo tipo de pruebas, incluso genéticas, pero no observamos ninguna diferencia con nuestras muestras control. Es un tema que continuaremos investigando, si tiene algún gen que ofrece una mayor resistencia a sustancias nocivas, como los alcaloides, sería muy útil para el resto de nosotros.

No sé, nunca lo había oído- tenía que ponerse en contacto con Seamus, él era el que controlaba de estas cosas. Y decirle la verdad a Hermione, eso era cada vez más imperativo.

Pero bueno, no sólo era eso. Vamos a algo más inminente- sonrió intentando infundirle ánimos- La salida de Brian del hospital. No está bien, pero tampoco debería estar ingresado, no en un hospital general, al menos.

¿Qué me sugiere?

Una clínica de desintoxicación, pero debemos esperar para ello a que su hígado sea capaz de tolerar más fármacos.

¿Y en casa?- lo miró por encima de las gafas, con incredulidad.

¿Se lo va a meter en casa?- se encogió de hombros¿qué otra cosa podía hacer?- No es precisamente un chico dócil, y no está convencido de querer salir. Y eso es lo más importante para que se recupere. ¿Sabe lo que le hizo caer en la droga?

Ni idea. Hacía un montón de tiempo que no lo veía, y antes de encontrármelo fatal, la última vez que lo vi estaba bien- ¿qué le había ocurrido¿Qué había hundido su vida de ese modo?

¿Quiere que le tramite una solicitud de ingreso?- asintió- De acuerdo. Hasta que pueda comenzar el programa¿usted se hará cargo de él?

Si, claro. Haré todo lo que esté en mi mano.

Pues bien, en tres días se tiene que marchar- ¿Ya¿Tres días? Era muy poco tiempo…. Se quitó las gafas y se restregó los ojos. La verdad es que estaba cansado. Se levantó y le tendió la mano al médico. La estrechó con fuerza.

Volveré mañana, me ha pedido que lo deje solo.

Perfecto, léase la información de la carpeta, es sobre cómo ha de tratar al paciente. Es importante.

Gracias- ¿cómo podían tener tan poca vergüenza? Lo iban a mandar a casa en tres días, y le acababan de decir que debería estar muerto. Muerto. En cuanto llegó a casa marcó el número de Seamus en el teléfono. Esperaba que estuviese en casa. Un tono, dos tonos, tres tonos…no está en casa, cuatro tonos, a los seis cuelgo, cinco tonos….

¿Diga?- era Angela, la esposa de Seamus.

Hola Angela, soy Harry¿qué tal todo?- preguntó, la cortesía lo primero.

Bien, aquí, peleándome con Seamus por nuestras diferencias respecto a las alternativas de parto…- rió- ¿quieres hablar con él?

Si, Angela, por favor- sonrió, la mujer de Seamus era un encanto, una médico muggle de pelo rizado y bajita, muy graciosa. Esperó un rato.

¿Harry?- la voz de su amigo lo saludó, hacía tanto tiempo que no lo veía…

Hola Seam¿podrías hacerme un favor?

Claro tío ¿Qué pasa?

¿Podrías venir a mi casa? Me gustaría preguntarte unas dudas sobre…tu campo- se rascó la barbilla, esperando la respuesta.

En diez minutos estoy allí. Nos vemos, tío- tenía tiempo para prepararse lo que le quería decir. No podía contarle la verdad, era demasiado fuerte. Que irónica que era la vida, él, que se vanagloriaba de ser una persona valiente, era incapaz de afrontar la verdad. Muchas veces creía que era simplemente estúpido. Llamaron al timbre, le encantaba esa costumbre muggle de Seamus, nunca se aparecía dentro de casa, como hacían Ron, y otros magos, él se aparecía en la puerta y llamaba al timbre. Se levantó para abrir a su amigo- ¡Harry! Cuánto tiempo sin saber de ti¿cómo va todo, supongo que bien- se abrazaron, haría por lo menos año y medio que quedaba con él para charlar con tranquilidad.

Bueno, no va mal- sonrió- Muchas gracias por venir tío, me haces un favor enorme.

Para eso estamos, tú dirás- sonrió mientras se sentaba en el sillón.

¿Quieres algo de beber¿Una cerveza?- Seamus puso cara de: Seee¿por qué no? Sacó dos cervezas de la cocina y le lanzó una al irlandés, bebió un trago de la suya antes de hablar- ¿Tú sabes algo sobre medicina muggle?

Hombre, algo, Angela es médico, así que si, no lo domino, pero controlo¿por?

¿Tú sabes si al hacer un análisis de sangre, o de un tejido se puede saber que somos diferentes?- Seamus se atragantó y lo miró- Es que me están haciendo unas pruebas, y bueno, me gustaría saber si lo de la magia se va a ver plasmado de algún modo.

No se, no creo, porque Angela insistió muco en llevar un seguimiento muggle del embarazo, y se ha hecho todas las pruebas y no ha salido nada, sin embargo, las pruebas que hice yo, demuestran que el bebé es un mago, o una bruja. La magia está patente- bebió otro sorbo de cerveza- ¿Qué pruebas?

Hace unos meses me atacó un tío cerca de un hospital muggle, me robó y me rajó la cara, el cuello, y las costillas con un cristal roto. Me atendieron allí, y me hicieron pruebas- se señaló las cicatrices que le quedaban.

Pero¿estás bien?- se inclinó hacia él para examinar de cerca las marcas- Bueno, acabarán por desaparecer, excepto por la de frente, tú cicatrizas bien. ¿Quieres un ungüento, o algo?

No, gracias tío, de verdad. Otra cosa¿sabes si tenemos algún tipo de resistencia a tóxicos?

¿A tóxicos?

Si, a drogas y eso- bebió un trago de cerveza.

No lo se, hay pocos magos drogadictos, los chicos no suelen tener acceso a sustancias de ese tipo, sólo los hijos de muggles, y a esos, los padres prefieren que los traten muggles, lo cual veo lógico, también. ¿Te interesa mucho?

Bastante- se levantó y miró por la ventana a la calle. ¿Cómo podría explicarle a Seamus la situación?

Investigaré sobre el tema, en un par de días puedo tener a información- Seamus se levantó y le puso la mano en el hombro- Harry, no te voy a pedir explicaciones, pero ten cuidado, vale, las drogas son un tema serio. Muy serio.

Lo sé, gracias Seamus, sabía que podía contar contigo- el irlandés sonrió para desaparecerse con un chasquido. Ahora quedaba Hermione. Pero no tenía fuerzas para contárselo. Y tenía que decirle a Draco que se iba a casa con él. ¿Accedería¿Cómo había acabado metido en todo esto?

Volvió al hospital la mañana siguiente. Draco parecía estar más calmado, un poco más estable, pero el ligero acercamiento que habían tenido, era como si nunca hubiese existido. Le lanzó cuatro frases venenosas, de las que hizo caso omiso. No le importaba lo que pudiese decir. Tenía que aprender a convivir con él si quería ayudarlo. Y sólo había un modo. Tragar con lo que fuese. La última noche que Draco iba a pasar en el hospital decidió que había llegado el momento de decirle que se marchaba, y a dónde.

Draco- empezó a decir, desde el sillón- ¿te ha comentado el Dr. Cussler que mañana por la mañana te dan el alta?

Si- murmuró distraído mirando por la ventana- me muero por salir y meterme un pico… no aguanto más esto- tiró de las correas que lo mantenían sujeto- Es una mierda.

¿Qué vas a hacer?- si intentaba una conversación en la que se diera cuenta de que no podía hacer nada, quizá fuese más apetecible el hecho de quedarse en su casa- ¿Tienes algún sitio donde ir?

No, porque mi "casa" la habrán saqueado esos cerdos, no puedo volver allí. Supongo que trataré de conseguir algo de dinero, y luego buscaré algún camello que me pase algo…

¿No te plateas dejarlo? Sería un buen momento¿no crees?

¿Para qué? Ya ni siquiera recuerdo lo que es estar sobrio…. Además, no podría.

No puedes ir por ahí solo, mírate. Tienes un brazo y una pierna escayolada, la cara cubierta de cicatrices, nadie te dará un euro por una mamada, y es imposible que te den por culo, o que des tú- fue lo más seco que pudo- ¿Qué vas a hacer¿Quedarte tirado en el callejón del hospital hasta que algún médico decida salir a ver si ya te pueden quitar la escayola¿Muriéndote de asco?

¿Y qué coño quieres que haga?- lo miró, los ojos le brillaban de rabia. Le temblaba la barbilla de ira.

Vente conmigo- ya estaba, ahora quedaba en las manos de Draco¿aceptaría?

N/A: El próximo capítulo…la respuesta de Draco, aceptará? Qui lo sa? Bueno, os pedí que me dejaseis con vida hasta este capítulo, y bueno, si queréis saber que pasa, os va a tocar hacerlo también con este…me siento como Sherezhade, os dejo con la mierda en la boca para vivir hasta el próximo capítulo, tengo miedo de terminar el fic, me mataréis? Jajajajajajajajaj