Aclaración:

1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.

2-La historia es una adaptación a NaruHina, ya que la original fue escrita por Barbara Hannay y se titula "Un descubrimiento sorprendente", a mi parecer esta historia es muy buena, por eso quise compartirla con ustedes adaptándola a mi segunda pareja favorita.

3-La narración esta de parte de Naruto tanto como de Hinata, al igual que sus pensamientos.

Advertencias:

CATEGORÍA: "T".

AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR…

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CAPÍTULO 9

Naruto siguió las indicaciones de Hinata para llevarla a su clase. Consciente de su preciosa carga, cerró la capota del coche y condujo con sumo cuidado. Hinata, tensa y en silencio, iba sentada a su lado. Tenía un aspecto adorable, con sus mallas y su blusón negros.

Naruto estaba deseando mirarla. Hasta entonces, nunca se había percatado de que una mujer embarazada pudiera estar tan atractiva.

Las clases se impartían en la parte de atrás del hospital. Cuando entraron, Naruto se llevó una gran sorpresa por el recibimiento tan entusiasta que les dieron las otras parejas.

Una pelirroja con el vientre como una sandía, se acercó chillando:

-¡Hinata! –y luego, susurró-: ¿Es él? ¿El padre de tu bebé? –Hinata asintió. La pelirroja tomó a Naruto de la mano-. Es estupendo que hayas venido... mmm…

-Naruto –dijo él.

-Esta es Karin –aclaró Hinata-. Y este es Suigetsu.

-¿De dónde eres Naruto?

-Se Seattle.

Karin le dedicó una gran sonrisa y le guiñó un ojo a Hinata.

-Ya entiendo por qué lo tenías escondido, cariño.

Otras parejas se acercaron y Karin les presentó a Naruto. Tanta atención resultaba un poco agobiante. Por fortuna, alguien anunció que una chica llamada Anko había dado a luz a una niña, y se centraron en ella hasta que llegó una mujer canosa de mediana edad. Al verla, las parejas se colocaron en sus colchonetas.

-¿Estáis preparados para hablar de la segunda etapa del parto? –les preguntó en tono burlón-. Cuando llegamos a este punto, sabemos que el trabajo está casi terminado –hizo una pausa y reparó en Naruto. Miró a Hinata y le sonrió en señal de aprobación-. Veo que tenemos alguien nuevo en la clase –Hinata se lo presentó-. Encantada de tenerte abordo, Naruto. ¿Vas a asistir al parto de Hinata?

-¿Asistir? –tragó saliva. ¡Asistir al parto! ¡Diablos, no!, pensó-. No… no lo sé. Yo soy solo un ayudante. Mi misión es conducir el coche y cargar las bolsas.

Uno de los padres se rio.

-Estuviste al principio, amigo, y te harán estar al final.

La instructora sonrió.

-Eso lo tienen que decidir Hinata y Naruto. Y ahora, antes de hablar sobre el parto, vamos a repasar la respiración. Hay que respirar hondo y despacio. Venga mamás. Tenemos contracciones en un minuto. Papás, respirad a la vez que ellas.

Naruto tenías los ojos clavados en Hinata mientras ella respiraba. Estaba sentada en el suelo con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, y podía sentir cómo tomaba aire.

Después de unas cuantas respiraciones, Hinata comenzó un masaje circular sobre su vientre. Naruto podía ver cómo se relajaba. Estaba preciosa.

Se quedó sorprendido cuando ella se levantó el blusón y dejó al aire su abdomen. Podía verle la piel suave y aterciopelada. El masaje proseguía y Naruto podía imaginar que estaba tibia y blanda. Le vino el recuerdo de cuando esas manos lo habían acariciado a él y se estremeció.

-Papás –decía la instructora-, recordad que durante la primera etapa podéis ayudar recordándole a vuestra pareja que se relaje así, o frotándole la espalda si le duele. – Naruto no había tocado a Hinata desde hacía tanto tiempo que solo la idea de frotarle la espalda despertó su deseo. Respiró hondo para relajarse él también-. Recordad que no hay que respirar demasiado. Muy bien, así. Esta última contracción se termina.

Naruto observó cómo Hinata abría los ojos y lo miraba, sonrojándose y tapándose el vientre.

Se inclinó hacia ella.

-Estuviste estupenda. La que mejor respira de toda la clase.

Ella sonrió, complacida.

-Durante el resto de la noche hablaremos d la parte más emocionante del parto. Al sentir la necesidad de empujar, sabréis que pronto veréis a vuestro bebé. En el primero parto, esta etapa puede durar unos pocos minutos o hasta tres horas.

-¡Tres horas! –murmuró Naruto, deseando que no se le notara el susto.

Estaba fascinado escuchando la instructora mientras enumeraba las distintas posiciones que se podían usar para dar a luz: en cuclillas, de lado, de espaldas. Y cuando empezó a describir las sensaciones, ya no podía más. Si no podía estar allí con Hinata, al menos entendería lo que iba a suceder.

-Bueno –dijo por fin la instructora-. Ya basta de teoría. Vamos a practicar. Quiero que cada pareja escoja una posición de alumbramiento.

Hinata se volvió hacia Naruto.

-Voy a intentarlo acostada de lado.

Él no pudo contestar.

Hinata se estiró sobre la colchoneta, sin darse cuenta del efecto que sus movimientos tenían sobre Naruto.

-Yo… tendré que sujetarte la pierna –le susurró.

Ella sonrió. Estaba claro que disfrutaba viéndolo pasar un mal rato.

Se puso de rodillas hasta que estuvo en el ángulo correcto y le tocó el muslo. Echó una mirada a su alrededor y pensó que para los otros futuros papás era muy fácil tocar a sus mujeres sin alterarse. Al fin y al cabo, estaban con ellas todas las noches.

Pero él no había tocado a Hinata en ocho meses. Comenzó a sudar. Era la primera vez que la tocaba, y tenía que sujetarle las piernas en posición separada y, además, continuar respirando. El destino tenía un raro sentido del humor.

-¿Están todos los papás en su sitió? Bien. Ahora a empujar. Otra vez… y otra… Un poco más. Muy bien. A descansar. Lo habéis hecho bien.

Naruto bajó la pierna de Hinata.

Ella le sonrió y él apenas pudo resistir la tentación de acercarse y besarla.

-¿Qué tal vas? –le preguntó ella.

Él se secó el sudor de la frente y le sonrió también.

-De maravilla. Cuando vaya a nacer el bebé, ya no necesitaremos a la comadrona –media hora más tarde, cuando iban hacia el coche, Naruto estaba satisfecho de sí mismo-. Ya soy un hombre informado –dijo, y ella le sonrió.

-Estuviste con la boca abierta casi toda la noche, sobre todo durante la película. Estuve a punto de cerrártela yo.

-No deberías hablar de bocas y de tocar al mismo tiempo, Hinata Hyuga –él se acercó a los labios de ella que, ligeramente entreabiertos, se veían suaves y dulces.

-Naruto, hay gente alrededor…

Claro que la había. Se contentó con acariciárselos con un dedo. Ella no se apartó.

-El embarazo te hace parecer más suave y dulce que nunca.

Hinata se quedó sorprendida. Lo miró como si fuera a llorar.

Naruto se apresuró a abrirle la puerta dl coche, pensando en la tontería que había estado a punto de hacer.

Por su parte, Hinata se pasó todo el trayecto reprochándose lo tonta que era. Una sola palabra de Naruto y ya se derretía y estaba dispuesta a caer en sus brazos.

No había aprendido nada desde mayo. La causa de que estuviera metida en ese lío había sido, precisamente, prestar oídos a sus palabras.

Pero se sentía tan atraída por él… Había creído que el estar embarazada la iba a proteger contra él. Pero solo tenía que compararlo con los demás hombres para darse cuenta de que era uno en un millón, y que aún tenía el poder de hacer lo que deseara.

Esa noche se había sentido orgullosa de él. Y no tenía derecho. Sí, era el padre de su bebé, pero no le pertenecía. Ni ella a él. Habían cometido un error, pero estaban de acuerdo en que, en cuanto naciera el bebé, seguirían adelante con sus vidas por separado.

Eran una pareja moderna, y no tenían por qué casarse por el hecho de que estuvieran esperando un bebé.

Intentó imaginar su futuro. Diez años después, Naruto iría a Australia para el cumpleaños de su hijo. Llegaría con su adorable esposa y sus hijos. Ella también estaría casada con otro hombre, y a lo mejor tendría sus propios hijos. Serían una familia muy civilizada y todos serían muy amables y corteses los uno con los otros.

Una familia del nuevo milenio.

Pero Hinata estaba llorando. Se secó las lágrimas a escondidas. ¿Por qué se sentía tan triste?

Miró de reojo a Naruto y se le encogió el corazón. Cada detalle de su cara le parecía perfecto. Estando con él no tenía ni pizca de fuerza de voluntad.

Pero cuando naciera su bebé y él se hubiera ido, podría continuar tranquila con su vida. Ese pensamiento la consolaba.

Naruto detuvo el coche frente a la casa de Hinata y dio la vuelta para abrirle la puerta. Ella iba a darle las gracias y despedirse, pero cometió el error de mirarlo. Al mirarlo a los ojos, ya no pudo hablar. Su corazón comenzó a palpitar como loco. Él estaba parado junto a ella y la miraba. El bebé dio una patada.

-¿Qué ha sido eso? –Naruto se apartó un poco.

-El bebé.

-¡Vaya! ¿Tan pequeño y ya da esas patadas? –levantó la mano-. ¿Podría…? ¿Me dejas tocarlo? –ella no pudo rehusar. Tomó la mano con la suya y la colocó sobre su vientre, justo en el lugar donde el bebé pateaba. Al sentir la presión, volvió a patear-. ¡Caramba! –exclamó Naruto-. Es una patada muy fuerte. Es increíble –Hinata se quedó sin aliento. Le parecía tan natural sentir la mano, fuerte y cálida de él sobre su vientre, acariciando al bebé. Y la cara de Naruto estaba tan cerca. En cualquier momento, él intentaría besarla. Y si no lo hacía, sería ella quien lo intentara. Deseaba tanto sus besos, sus largos y sensuales besos… Había estado tan sola tanto tiempo… … -gimió él.

Fue el sonido de esa voz tan llena de deseo, lo que la hizo volver a la realidad. El que él la deseara tanto como ella le recordó que estaban jugando a un juego peligroso.

No debía cometer el mismo error.

Se apartó de él. Intentó decir algo que no tuviera nada que ver con la situación.

-¿Quieres ver las ecografías del bebé? –alcanzó a decir por fin.

Naruto se quedó sorprendido y confuso, su respiración era entrecortada.

-¿Por qué no? –contestó-. Siempre que las acompañes de chocolate y marshmallows.

-Chocolate caliente y el vídeo del bebé –dijo Hinata riendo-. Que vida tan emocionante la del soltero favorito de Seattle…

El soltero favorito de Seattle. Las palabras retumbaban en los oídos de Naruto. Si ella supiera… Su fama de playboy había terminado cuando la prensa se había dado cuenta de que se pasaba casi todas las noches encerrado en su despacho. Se preguntaba cómo reaccionaría Hinata si le contara que no tenía vida social. Seguro que no le creería. Él mismo se preguntaba que había pasado. Ya no salía con chicas. Ya no le interesaban.

-Aquí tienes el vídeo –dijo Hinata, lanzandolo a sus manos-. Ve poniéndole mientras yo preparo el chocolate. Pero no empieces sin mí. Tengo que explicártelo.

Hinata volvió con las tazas de chocolate y se sentó junto a él.

-Qué bien huele…

-¿Me das el mando a distancia? Tendré que pararlo de vez en cuando para explicártelo.

-Claro.

Al principio no entendía nada. Hinata le señalaba.

-¿Ves esa fila de pequeños rectángulos? Esa es la columna vertebral. Y esos los dedos –Naruto estaba fascinado. Ese era su hijo. Una fusión milagrosa de dos cuerpos, el de Hinata y el suyo-. Y ese es el corazón. Puedes ver como late.

Late muy fuerte –susurró.

-Tiene ciento treinta y seis pulsaciones por minuto –dijo Hinata. Estaba radiante-. Al parecer, esa es una gran velocidad para un bebé.

-¿Y qué pasa con los padres?

Hinata se quedó mirándolo. Se humedeció los labios con la lengua.

-¿Qué pasa con los padres, Naruto? –repitió su pregunta.

-Pues este corazón ha estado galopando toda la noche.

-Ah…

El deseo que él sentía daba miedo. Necesitaba atraer a Hinata hacia él y apretar aquellos labios suaves y sonrosados con los suyos, y acariciar su hermoso cuerpo en flor. No había pensando en otra cosa durante toda la noche.

Y Hinata no estaba ayudando mucho. Se acercaba a él, se sonrojaba, respiraba. Sus ojos eran como piscinas de luz plateada.

Habría jurado que ella deseaba que la besara. Si la besaba, no podría parar.

Hinata confiaba en que él se mantendría a distancia. Se lo había prometido.

Además, no sabía si se podía hacer el amor con una mujer encinta. Tenía miedo de hacerle daño. Se puso en pie.

-El vídeo es estupendo. Ha sido maravilloso ver al pequeñín. Pero debo marcharme y dejar que descanses.

-¿Y qué pasa con tu chocolate?

-Ah, sí. Gracias –se bebió el tazón de un sorbo y se dirigió a la puerta.

-Gracias por venir a la clase.

-Fui encantado –entró en el coche. Instantes después estaba acelerando y veía a Hinata por el retrovisor. Estaba tan hermosa y parecía tan sola… Se concentró en la carretera y pensó que sola era precisamente como ella quería estar.

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Con la cara encendida, Hinata vio alejarse las luces traseras del coche. ¿Qué le había pasado? Había estado a punto de seducir a Naruto en el sofá. Había querido sentir su olor. Había deseado acariciar su perfil con la lengua, haciéndolo rabiar para que la besara. Incluso había imaginado que le desabrochaba la camisa y le acariciaba el pecho.

Menos mal que su voluminosa figura lo había desanimado. No había más que ver con qué prisa se había precipitado hacia la puerta. No había sido muy galante, pero la había salvado de un grave error.

Quién sabe qué habría pasado si hubieran empezado a besarse. Y si hubieran hecho el amor, ¿cómo iba a mantenerlo a raya después?

Entró a la casa. El chocolate ya estaba frío y no le apetecía.

Maldito Naruto, pensó. Hasta que apareció, ella se las estaba arreglando muy bien sola. Lo había relegado al fondo de la memoria y se había concentrado en el bebé. No había necesitado a nadie más. Todas sus emociones giraban en torno al hijo que esperaba.

Pero Naruto había vuelto a su vida. Más guapo y encantador que nunca, la enloquecía de deseo y dejaba su vida hecha un lío.

Fue a la habitación que había preparado para el bebé. Estaba orgullosa de lo bonita que había quedado con los animales marinos pintados en la pared y el móvil con estrellas y caballitos de mar colgado del techo. Daba la sensación de tranquilidad. Pensó que su casa era un buen hogar para criar un niño y que serían felices allí. Dio media vuelta para ir a su habitación cuando, de repente, notó un retorcijón en el bajo vientre y que tenía los muslos mojados.

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Cuando Naruto entró en el hotel, seguía muy excitado. Estaba seguro de que tampoco podría dormir esa noche.

-Señor Namikaze –le dijo la recepcionista-. Tiene una llamada. Lo han llamado varias veces en los últimos diez minutos.

-Contestaré desde mi habitación.

La mujer frunció el ceño.

-Quizá será mejor que conteste desde aquí. Parece desesperada.

-¿Una mujer? –Naruto se plantó junto al teléfono en dos zancadas y se lo arrebató a la recepcionista-. Diga…

-¿Naruto? –la voz de Hinata sonaba frágil.

-Hinata, ¿qué pasa?

-Apagaste tu teléfono móvil.

-Sí. Lo apagué durante clases. ¿Qué ocurre?

-He roto aguas.

Naruto se sintió desfallecer. Tapó el micrófono y le murmuró a la recepcionista:

-Ha roto aguas.

La mujer abrió mucho los ojos.

-Tiene que ir al hospital de inmediato.

-Tienes que ir al hospital de inmediato – le dijo a Hinata.

-Supongo que sí. Sí, seguro que puedo.

-Voy a buscarte, cariño. Escucha, he encendido otra vez el móvil. Podemos mantenernos en contacto mientras voy a tu casa. Cuelga, que te vuelvo a llamar –salió precipitadamente hacia su coche. Ya en la autopista llamó a Hinata-. ¿Qué tal vas?

-Tengo contracciones.

-¿Son fuertes?

-Regular. Más o menos cada tres minutos.

-¡Tres minutos! –Naruto comenzó a sudar-. Tal vez sería mejor llamar a una ambulancia.

-Prefiero esperarte.

Él aceleró.

-¿Te acuerdas de que tienes que relajarte? –logró preguntarle-. ¿Estás respirando hondo? –no recibió respuesta-. ¿Hinata?

-No, no he estado muy relajada –parecía que sollozaba-. Supongo que me entró pánico.

-No importa, cariño susurró-. Puedes hacerlo ahora. Hazlo igual que lo hiciste en clase esta noche. Lo hacías muy bien.

-Sí –contestó con un hilo de voz-. Gracias. Me olvidé. Ay, me viene otra.

Naruto oyó un jadeo y luego el sonido de una respiración profunda y lenta.

-Lo estás haciendo muy bien, Hinata –paró en un semáforo. Tenía el estómago hecho un nudo. El bebé estaba llegando unas semanas antes de lo previsto. Dio un puñetazo sobre el volante y maldijo a la -. Cambia, ¡maldita sea! No puedo esperar toda la noche.

-¿Naruto? –volvió a oírse la voz de Hinata.

-Estoy aquí. ¿Cómo estás?

-Mucho mejor. Gracias por recordarme lo de la respiración. Estaba tan asustada que me olvidé.

La luz cambió y el coche arrancó de nuevo.

-Para eso estoy aquí –contestó intentando parecer mucho más calmado de lo que estaba-. ¿Tienes lista tu maleta para el hospital?

-Sí.

-Buena chica. ¿Estás cómoda?

-No. Me siento como si tuviera un coco apretándome por dentro.

-Eso debe ser la cabeza del bebé. Eso es bueno, Hinata. Significa que todo va como debe ser –no estaba seguro de dónde había sacado esa información, pero al parecer había calmado a Hinata.

-¿Dónde estás, Naruto? ¿Cuánto crees que tardarás?

-Estoy a diez minutos.-Bueno. ¡Aaay…! ¡aaay!

Volvió a oírse la respiración. Naruto también respiró hondo. Deseó que todo saliera bien y tener fuerza para resistirlo. No le extrañaba que Hinata estuviera asustada. Él estaba aterrado.

Pensó de nuevo en la ambulancia, pero Hinata prefería que fuera él. ¡Ella quería que fuera él! Sintió que se emocionaba.

Volvió a oírse la voz de Hinata.

-¡Menuda contracción!

-¿Sigues bien?

-Sí, pero estoy deseando que llegues. ¡Oh no! Ya viene otra. ¡Oh Naruto!

La angustia de su grito hizo que a Naruto le entrara el pánico. Le dio un sudor frío.

-Mantén la calma, cariño. Respira. Venga, ahora. Puedes hacerlo.

Ya no le preocupaba su seguridad. Pisó el acelerador y salió volando hacia casa de Hinata. Todo lo que oía eran sus gemidos y sollozos por el teléfono. Parecía tan desesperada…

Pensó que no sabría qué hacer si algo le pasaba a Hinata. ¡La amaba!

Jiraiya le había divo a Haru que ella había dado sentido y esplendor a su vida. De pronto, entendía lo que había querido decir. Sin Hinata, Naruto sabía que si vida estaría vacía y sin valor.

Por fin llegó. Afortunadamente, Hinata había dejado la puerta abierta.

La llamó pero no tuvo respuesta.

¿CONTINUARA?...

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(Marshmallow) El malvavisco, masmelo, nube, esponjita, jamón o también llamado ocasionalmente por su nombre en inglés, marshmallow.

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Se que dije que actualizaría pronto, pero no conté con enfermar. De hecho me van a operar la semana que viene, por suerte no es grave pero eso me limitará por una semana más o menos para subir la continuación.

De todas formas el 17 de agosto comienzo el segundo semestre en la Universidad así que si o si terminaré con este fic antes ya que luego dudo mucho que pueda seguí hasta diciembre que hay vacaciones y no quiero que se queden sin leer el final.

Creo que dije la vez pasada que quedaban dos capítulos con este pero me equivoque, ahora si quedan dos y un epilogo; el ultimo epilogo lo subiré junto al último capítulo porque no quiero hacerles esperar mucho más de lo que lo han hecho hasta ahora.

En fin, me despido y nos vemos dentro de una semana o algo así.

Saludos y cuídense :)

P.D.: En cuanto me haga un tiempito contestaré todos sus maravillosos comentarios y muchas gracias por regalármelos, los/las adoro.

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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.

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"…SaKu-14…"