CAPITULO 9
James caminaba resuelto por los viejos pasillos de su casa, acababa de darse un baño en el único baño funcional y eso siempre le ponía de mal humor, estaba en el piso de abajo y tenía que bajar y subir de nuevo a su habitación. Al abrir la descolorida puerta marrón, unos oscuros y enfadados ojos le dieron una mirada que anunciaba una futura pelea. James, con un humor bastante oscuro, trato de aclararlo un poco, si no todo sería más insoportable que de costumbre.
—Star —dijo James tranquilo— no te esperaba por aquí hoy.
James se pasó la toalla por el cabello y se acercó al espejo para examinar su rostro y también vigilar a Star para ver qué tipo de humor era el que traía ese día.
—Tú tía no deja de escribir a casa —dijo cruzando las piernas y sentada perfectamente cómo debería de sentarse una dama. James rio internamente. Star podría despotricar contra Agatha, pero ella le enseño los más finos modales— escribió hoy en la mañana. Dijo que todos ustedes tienen acontecimiento importante hoy. Insiste en que yo esté presente.
James fingió suspirar— Agatha no tiene voto en esto, Star —dijo sereno— trato de ser políticamente correcto, pero que tu vengas con nosotros hoy podría ser contraproducente. ¿Cómo está Hermes?
Star se cruzó de brazos— Bien, dentro de lo que llega a significar "Bien" para él. Le encargaron un gran lote de poción de sueño, una cantidad industrial y debe ser demasiado importante porque ni siquiera me dijo a mí para que es. Está trabajando como demente, aunque temo que derrame un poco y se desmaye por una semana. La casa apesta —Star camino hasta espaldas de James, quien se pasaba una poción al cabello y otra sobre el rostro. Star vivía diciendo que usaba más pociones que ella, pero era necesario. Alguien como Star nunca entendería la posición de James.
La deidad de los magos le había dado un gran talento y un hermoso rostro, mas no la familia adecuada. El talento, su legeremancia innata, le abriría todos los caminos si jugaba bien sus cartas. Por otro lado, su aspecto le permitía mostrarse socialmente accesible. Un mago con un don podría aspirar a ser bien recibido en cualquier sitio, un mago con un don y atractivo, era llamado e invitado de honor en cualquier sitio. Belleza y talento. James debía de cuidar ambos.
Cuando alzo la vista se encontró con que Star estaba a su espalda. Sus delicadas coletas oscuras y sus enormes ojos estudiándolo. Era bonita y aunque James, desde que se dio cuenta de que Star sería una belleza andante cuando creciera, se dijo a si mismo que en su momento le enseñaría a ser agradable a la vista y a los oídos de los demás; pero tiempo después supo que eso sería imposible. Star no era Star, era Matthews. Una orgullosa bruja guerrera que solo considera el poder mágico como digno de respeto.
James se puso de pie y se cruzó de brazos apoyándose contra el mueble donde estaba el espejo.
— ¿Por qué no puedo ir? —pregunto Star, aun cruzando brazos. Iba bien arreglada, perfectamente peinada, una túnica elegante y nueva, zapatos impecables. Era pequeña, pero seguramente ya pegaría un estirón, mientras, apenas le llegaba a la altura del pecho. Seguía viéndose como una niña pequeña, lo cual hacía dificultoso el hablar con ella. Ese aspecto hacia que James tendiera a verla de manera poco práctica, como si ella fuera inocencia pura. Star podría sacar su varita y cercenarle un brazo si James le diera motivos, luego su loco tío vendría, haría crecer de nuevo su brazo con dolorosas pociones, luego le borrarían la memoria y le dejarían en la ignorancia y ambos podrían recordar ese incidente riéndose de James.
"Es Matthews, no Star" se decía James constantemente "No veas a la niña, mira a la bruja con el legado Praethor"
—No estás invitada, sería una falta de respeto de mi parte. Solo ira la familia.
—Tu tía Agatha…
—Ella no tiene voto en esto, Star —James puso una mano sobre la cabeza de Star. Hacía eso para calmarla desde que tenía dos años. Star se quitó la mano de encima de casi un manotazo. Desde los dos años hacía lo mismo— Seguramente le pareció buena idea o quizá imagina que es lo correcto, según sus modales del siglo XVII, pero no lo es y lo sabes.
—Pero…
—Star —James estaba comenzando a perder la paciencia. Con toda su fuerza de voluntad, trato de componer una expresión de alguien que no tiene opciones— Es una invitación para la familia. Los presentare formalmente a los Nott, soy prácticamente la cabeza de mi familia. Tenemos que atenernos a las reglas, sus reglas.
Star frunció el ceño— suenas servil y diligente —dijo con ironía— Eres alguien de su círculo interno, no el que expresamente se encargara de adularlo. Eres un consejero no un lame botas.
James se llevó una mano al cabello— Quiero que Theodore confié en mí. Lo engatuse para que me acepte, no me lo pidió el. Sabes que mi método no fue el más limpio, el vínculo es débil —James se miró la mano derecha que ofreció a Theodore, se suponía que una corriente y cosquilleo debía de llegar hasta su pecho y oprimir su corazón, haciéndole saber que su nuevo "amo" le tenía aprecio y lealtad, pero solamente tenía esa sensación en la mano. Theodore no confiaba en él.
"O realmente es un mestizo. Los mestizos nunca pueden completar un vínculo mágico. La sangre pura y antigua rechazaría la magia de un mestizo"
James sacudió la cabeza. Pensar así no llevaba a ningún sitio, además James no se lo dijo a Theodore, eso solo acarrearía problemas innecesarios, el de por sí ya creía que era un mestizo. Información no comprobada traería solamente más problemas.
Tres o cuatro años, James tenía ese tiempo para tejer una relación de confianza con Theodore, solo entonces sabría si era su propia sangre la que rechazaba la vinculación con Theodore. Una vinculación fallida desaparecía en ese tiempo. Y si Theodore era un mestizo, ese resquemor en la palma de su mano no se iría nunca.
Toda esa situación aumentaba el estrés en James. Aunque Theodore fuera un mestizo seguía siendo uno de los sagrados veintiocho y James necesitaba que Theodore lo siguiera siendo si quería lograr que su familia ascendiera socialmente y saliera de la miseria. Tenía que hallar soluciones si es que Theodore fuera realmente un mestizo.
Lo que más le preocupaba era el asunto de los nuevos miembros del círculo interno que Theodore fuera a reclutar. Si fueran otros sangre pura, James se vería en la obligación de crear o asemejar una vinculación correcta engañándoles. Eso, o sabotear a los nuevos miembros durante cuatro años. Pero no acababa allí. En un futuro, si Theodore fuera mestizo y se casara y tuviera hijos, esos hijos no tendrían a un James Craston para mantener la farsa. James también había pensado en eso. Si Theodore llegaba a ser un mestizo, como él temía, Theodore no lo sabría nunca y James lo empujaría a casarse con una mestiza adinerada, aunque fuera necesario servirle amortentia todos los días de su vida. Así Theodore Nott seria visto socialmente como el que ensucio su sangre y descendencia por voluntad propia.
Toda una vida que planificar, era eso o conseguir todas las pruebas fehacientes y seguras de que Theodore no era un mestizo y entonces solo concentrarse en ganar su confianza antes de que el vínculo desapareciera.
James tenía las manos sudorosas. Star seguía mirándole fijamente. Había veces como aquella, en las que James se preguntaba si Star era también legeremante.
—Entiendo —Star se cruzó de brazos— ¿Me dirás que tal fue?
James hizo otro gran esfuerzo por brindarle una sonrisa que pareciera sincera— Claro que sí. Recuerda, estamos del mismo lado.
Star asintió y volvió a sentarse sobre la cama— tu tía Agatha hará todo un numero de drama.
—Que lo intente —dijo James— La dejare petrificada en casa si planea darme problemas.
Star sonrió— Lo conseguiste —dijo Star, con una expresión limpia de desconfianza— No me hace feliz y tengo envidia hacia ti, pero finalmente lo conseguiste.
James aparto la mirada y la centró en la puerta descolorida de su habitación. Star, en ocasiones, decía admirarlo. Se parecían bastante, de cierto modo. La familia de Star había sido retirada y excomulgada de entre los suyos. James podía decir que su familia también. Ambos en la miseria social.
Los Mathews habían sido amigos de los Craston desde hacía dos generaciones y fueron los únicos que les tendieron la mano cuando cayeron en desgracia. Cuando los Matthews también cayeron, lo menos que podía hacer su familia era tenderles una mano, una harapienta y miserable mano, dándoles lo único que ellos podrían darles. No un algo, sino un alguien.
Un futuro.
James miro a Star de nuevo— Tú también lo conseguirás —dijo tratando de transmitirle esperanza— ¿Nuestro trato sigue en pie?
—Soy yo quien debería estar preguntando eso —dijo Star, algo nerviosa— pero si, nuestro trato sigue en pie.
James sonrió, esta vez no tuvo que fingir ni esforzarse. Una niña, pero definitivamente fiel a su palabra. James por su parte, nunca planeo cumplir la suya, vería como se libraba si es que los términos de su acuerdo con Star no se cumplían y que la siguiente generación se las arreglaran solos.
Ironía.
Theodore se equivocó, debió ofrecer su mano a Star y no a él. Star sería una consejera adecuada y leal, moriría antes de traicionarlo. James, por otra parte, sabía que el mismo solamente era un oportunista.
Draco Malfoy tenía un resquemor en la garganta y el pecho. El encuentro con los pobretones Weasley, Potter y la sangre sucia seguía aguijoneándole en la mano de la varita. En especial mientras miraba a Granger y sus petulantes y atrevidos ojos le mantuvieron la mirada.
Aun recordaba el incidente, seguía fresco en su memoria. La humillación sufrida al ser tocado por su inmunda mano. Solo Crabbe y Goyle habían sido testigos y si sabían lo que les convenía no hablarían nunca de eso. Nadie en Slytherin hablaría de eso nunca. Sus padres no debían de enterarse nunca.
Cuando llegaron al palco de honor, donde tendrían una vista envidiable de la final del campeonato mundial de Quiditch, el ministro en persona les saludo efusivamente y con aquel tartamudeo irritable. Draco, educadamente saludo a todos los presentes, pero antes de ocupar su lugar en el asiento que correspondía, noto tres personajes en una esquina alejada de los demás.
Allí estaban, Edward Greengrass y Philip Nott charlando en voz baja, uno a cada lado de Theodore, quien estaba sentado en medio y escuchaba en silencio a ambos magos.
Draco se acercó con discreción, pero Theodore lo vio y se levantó de su asiento llamando la atención de los otros dos, que dejaron de hablar al instante, antes de que Draco pudiera escuchar algo.
—Hola Draco —Theodore le encontró antes de que llegara hasta los adultos y camino hacia un lugar más alejado, de reojo, Draco pudo ver que Philip Nott y Greengrass seguían con sus murmullos.
Theodore se veía diferente, quizá fuera porque pocas veces vestía túnicas de gala, además de que llevaba fijo el cabello, que generalmente era ligeramente ondulado. Sus ojos azules eran tan inquietantes como nunca, parecía no haber dormido nada en días, pues tenía sombras oscuras bajo los ojos. Sus enguantadas manos se veían entre los pliegues de las mangas— ¿Cómo has estado?
—Bien, Theodore. No sabía que también les hubieran invitado.
—Fue de último minuto —dijo Theodore, sin dejar traslucir ningún tic en su vacía expresión— Ven, te presentare a Edward Greengrass —Theodore le dio la espalda, dispuesto a esperar que Draco le siguiera, pero este se plantó en su sitio.
Draco arrugo la nariz y miro hacia ambos adultos— Mi padre dice que Greengrass es un mestizo oportunista.
Theodore se giró al instante, su túnica bailo al viento junto con él— Cierto, es un mestizo y puede que también oportunista, pero sabe lo que hace y siempre tiene jugosa información y agradablemente no es ningún mezquino.
Draco se cruzó de brazos— ¿Los rumores son ciertos? —Dijo Draco, con una sonrisa malvada— te has vuelto un fanático de mestizos —y añadió una última frase, esperando enfadarle— y sangres sucias.
Al fin Theodore mostro un leve movimiento en una ceja, Draco sabía que esa palabra le enfadaba y se sintió un triunfador al lograr provocarlo. Él decía que era una cuestión de educación, pero Draco sospechaba que era otra cosa. Algo involucrado con la sangre sucia Granger. En segundo año intercambiaban saludos mediocres y en tercero era Theodore el que se acercaba a ella y Granger le miraba como si fuera una alimaña, pero nunca se insultaban. Draco los vio cerca del fin de año, charlando alegremente en orillas del lago negro, solos y hablándose en cuchicheos. Había algo raro allí.
Theodore se acercó a Draco tan rápido que se sorprendió de tenerlo tan cerca. Sus inquietantes ojos azules demasiado cerca. Cuando abrió la boca, habló casi como un susurro— Considero el fanatismo una gran estupidez, no me educaron así, Draco. No culpo a tu familia por no tolerarlos. Dicen que el mago aborrece a las personas que tienen lo que les falta. Tú irracional padre cometió un error y de no ser por Greengrass estaría siendo investigado y quizá hubiera terminado en Azkaban—Theodore miro a su alrededor— ¿Te es familiar el maleficio imperio? No llamaría a tu padre "idiota" soy muy educado y no me atrevería a faltarle al respeto de esa forma, pero su comportamiento no es precisamente el de alguien inteligente.
Draco sonrió con malicia e ira— ¿Educación? Vete a la mierda, Nott. Tú y tu familia amante de mestizos. —Draco se volvió elegantemente para marcharse hacia donde estaban sus padres. Que les dieran a todos los Nott.
—Draco —le llamo Theodore— Mejor tenerles de tu lado a esperar que te peguen en la cara ¿No? ¿Tus padres lo saben?
Draco enrojeció, girándose al instante— Metete en tus asuntos, Nott.
—Resulta que se está volviendo mi asunto —Theodore volvió a acortar la distancia entre ambos y volvió a mirar alrededor antes de centrar sus ojos en Draco— Sé que planeas usar un maleficio muy doloroso y dañino en Granger. No lo harás. De hecho, no querrás hacerlo.
Draco no cabía en incredulidad— Estas de broma ¿No?
—Yo no bromeo —Theodore negó con la cabeza— Sabes que nunca lo hago. Hablo muy en serio. No levantaras tu varita en venganza.
—Lo sabía, solo eres un fanático de sangres sucias, un traidor a la sangre —mascullo Draco con ira.
—Ni lo uno, ni lo otro —Theodore parecía aburrido— Solamente, estoy pagando un favor.
Draco se quedó momentáneamente sin palabras— ¿Le debes un favor a la sangre sucia?
Theodore, compuso esa expresión siniestra que pondría nervioso a cualquiera, sin embargo, sonrió— Uno muy grande. Y por tanto, no deseo que sea molestada físicamente por ti o tus seguidores. Soy un mago de palabra.
—Puede que seas el único que se siente libre de hablar conmigo de muchos temas, Theodore, pero cuando una sangre sucia se mete conmigo lo paga. No puedes venir aquí y pensar que te hare caso. Tendré mi venganza —dijo con furia.
—No digo que tengas privarte de vengarte, hazlo. Despotrica contra ella, insúltala. Humíllala si quieres. Has lo que quieras, no me interesa, siempre y cuando no sea daño físico, eso no está en discusión. Seguramente hay muchas formas de vengarse sin necesidad de daño físico —Theodore se aliso los pliegues de la túnica— además, aparte de ser de palabra, también soy un mago generoso. Es obvio que no te pediría algo, sin entregar otra cosa a cambio. Merecerá la pena, créeme, mucho más útil que hacer llorar niñas que no valen tu tiempo.
Draco se cruzó de brazos— ¿ah, sí? —cuestiono, incrédulo. La venganza contra Granger sería lo más placentero en muchos años que Draco pudiera conseguir.
Theodore sonrió educadamente— Gracias a Granger, tendré un giratiempo pronto, quizá el último que existe en toda Europa. Podría arreglar el prestártelo alguna vez cuando esté en manos de mi familia. Porque de hecho, tú también colaboraste indirectamente en conseguirlo. Si no hubieras montado todo un espectáculo por un simple arañazo en el brazo y exclamando por todo lo alto que tendrías una cabeza del Hipogrifo favorito de Hogwarts en tu casa, Granger no se hubiera desesperado y hubiera acudido a mí pidiendo ayuda. Creo que Granger piensa en mí como una especie de conocido amistoso. Ella confía en mi ¿Sabes?
Con total incredulidad, Draco deseaba fervientemente poder leer mentes para saber si Theodore no mentía. Pero conociendo a Nott, el cómo actuaba con la gente, como los engatusaba fingiendo ser amable y siempre obteniendo lo que quería, supo que era verdad— Usaste a Granger. Y también a mí.
Theodore levantó una ceja— Me aproveche de la situación. Ella estaba vulnerable y le di un sabio consejo a Granger y así tuve una ganancia adecuada de información, completa muestra de gratitud por parte de ella. A ti de deje ser. Tengo las manos limpias. Es el juego de un mago listo.
Draco frunció el ceño— Pero proteges a Granger ¿Por qué? No parece ser muy propio de ti, Theodore.
Los ojos de Theodore adquirieron un brillo misterioso— Gracias a ella tendré un Giratiempo, ya te lo dije. Ella suele toparse con cosas interesantes y además es amiga de Potter. Si confía en mí, tengo grandes expectativas acerca de a donde me puede llevar eso —Theodore se acomodó el cuello de la túnica— podría sonar para ti como que soy un traidor a la sangre, pero es lejano a la realidad. No soy ningún idealista, sabes que no me gusta perder el tiempo con tonterías. Hago lo necesario, medios para conseguir un fin —Nott se cuadro de hombros— escuche que Greengrass quería unirse a las filas de tu familia, pero tu padre lo rechazo por ser un mestizo. Cuando se metió en problemas, Greengrass fue el primero en enterarse y busco a mi padre para preguntarle si quería que él le echara una mano a tu padre en su nombre. Mi padre acepto y ahora tiene a Greengrass como su fuente en la oficina de aplicación y uso de la magia y tu padre le debe al mío un favor. ¿Puedes ver la ironía de la situación? ¿Sigues creyendo que sería bueno que mi familia se vaya a la mierda, Malfoy?
Draco apretó los dientes con ira, pero se forzó a mantener una expresión de desdén, como si no le importara en lo más mínimo esas hirientes palabras y la sutil humillación— Obviamente no sería bueno para ti, Nott. —Se encogió de hombros con indiferencia— Mándame una lechuza cuando tengas el giratiempo a mano, puedo ayudarte a pensar en darle un buen uso.
Draco, con las manos metidas en los bolsillos de la túnica se sentó enfurruñado en su asiento.
"Maldito Nott"
Un torbellino había sacudido Londres en los últimos días.
Theodore y su padre estaban en una cafetería cercana al callejón Dyagon, era un lugar exclusivo y privado, mesas separadas unas de otras por estantes de flores y libros y con vidrieras enormes. Theodore estaba sentado del lado del cristal, mirando hacia la calle; su padre, sentado a su lado, leía "El Profeta" matutino con desinterés, o fingiéndolo, al menos.
Una camarera se acercó a pedirles la orden. Theodore pidió té negro, su padre, un café solo; y ambos pidieron tortitas saladas. Theodore se fijó en la incómoda mirada de la camarera al notar en la portada de El Profeta estaba aquella imagen que representaba todos los miedos e inquietudes del mundo mágico. La marca tenebrosa sobre el cielo, viva y atemorizante, retorciéndose… como la marca de su padre bajo la túnica.
Theodore reprimió una risa, si la camarera viera la marca seguro se desmayaría, parecía ese tipo de persona. "James miraría en silencio y aunque le incomodara, no diría nada. Granger miraría ceñuda y preguntaría si dolía o cualquier otra cosa que viniera a su cabeza curiosa". Con aquellos pensamientos en mente, se dedicó a mirar por el cristal hacia la calle y si prestaba más atención, podía ver un leve reflejo suyo en el cristal. Sus ojos azules frente a él. Decían que eran intimidantes, bueno, Pansy lo dijo cuando fueron a cenar a su casa hacía unas dos semanas. Pero también dijo que Daphne pensaba igual, como también decía que asustaba a su pequeña hermana, Astoria.
Theodore pensó en la última vez que vio a las hermanas Greengrass, dos muchachas rubias y con ojos azul-celeste que tenían la imagen de ser amables. Daphne era como una princesa que vivía cuidando de su hermana menor. Astoria era algo tímida, pero sabía que era más lista que su hermana, de buena fuente supo que ella ayudaba a Daphne con sus encantamientos.
Edward Greengrass le había dicho en una oportunidad, que el patriarca Greengrass solía dar largas a su familia acerca de mostrar una posición decisiva. Quería ser miembro, pero no quería exponerse. Edward solía fanfarronear acerca de ello y también bromeaba acerca de sus infinitos primos, tratando de ganar favores o escalando en el ministerio de Magia, pero nadie tan habilidoso como él.
Theodore sabía que no fanfarroneaba, Edward jugaba un papel. Despreocupado, tranquilo y oportunista. Theodore lo discutió con su padre cierta ocasión y ambos estuvieron de acuerdo en que de ninguna manera era un oportunista, solamente era ambicioso. De hecho, sospechaban que movió hilos dentro del ministerio para que apuntaran sospechas en la dirección correcta durante su segundo año en Hogwarts: Lucius Malfoy.
Edward Greengrass quería estar con los Nott. Por eso recurrió primero a los Malfoy, solo un idiota pensaría que los Malfoy aceptarían a un mestizo, por muy Greengrass que fuera. Los Nott, por otro lado, aceptaban a los que creían útiles; y mejor aún si llegaban con presentes de la calidad con la que Edward llego.
Theodore dejo de ver su reflejo y la fijo en la calle, vio desde una de las esquinas Edward Greengrass caminaba a paso alegre y jovial por la acera. Saludaba a un vendedor de periódicos y le sonreía mientras pagaba por un ejemplar. Una corta reverencia a la vendedora de flores que acomodaba los floreros de afuera. Saludaba a todo el mundo, o al menos a aquellos que él parecía conocer.
Cruzó la calle con el periódico bajo el brazo. Antes de entrar a la cafetería se acomodó la túnica y entró aún más jovial que entonces. Halago a la camarera que estaba en la entrada y saludo a lo lejos a algunas personas más que estaban sentados leyendo el periódico y bebiendo café.
Edward se acercó a su mesa y después de saludar a ambos, tomó asiento delante de ellos.
— ¿Cómo están? —Saludo con una sonrisa— lamento la demora.
Philip Nott había doblado su periódico y lo había deslizado al centro de la mesa— En realidad, llega usted cinco minutos antes.
—La educación demanda que llegue diez minutos antes —dijo despreocupado y aguardo en silencio cuando la camarera llego con el pedido de ambos Nott. Cuando pregunto a Edward su pedido, este contesto con una sonrisa, logrando que la camarera se pusiera roja— Un café con leche y algo con queso y horneado.
La camarera se alejó a paso rápido de allí y Edward centró los ojos en Theodore, claramente no esperaba que él estuviera presente— Hoy parte el tren a Hogwarts —dijo Philip Nott, con su tono de mando— pensé en desayunar con mi hijo antes de que fuera a la escuela.
Edward asintió— Lo sé, mi tío acostumbra orquestar toda una fiesta de té como despedida de mis primas. Logré huir apenas. Puede ser algo acobardante ver a la hilera de familiares deseando buenos deseos a mis primas sin siquiera un intento de disimular su cinismo.
La camarera llego con la orden de Edward, su humeante café con leche y un platillo con lo que parecía una tarta de queso— Gracias Stela —le sonrió. La chica enrojeció y le devolvió la sonrisa. Cuando se alejó, Edward y Philip se miraron y discretamente sacaron sus varitas. Theodore miro en silencio el movimiento que usaron, claramente un hechizo para silenciar su espacio.
Theodore sabía porque escogían aquel lugar para intercambiar información. Los estantes brindaban un espacio cuadrado y cuasi cerrado que permitía a la barrera de magia el sostenerse en una forma, si no fuera así, el hechizo se deslizaría por todo el lugar, o requeriría hechizos más vistosos que simples florituras disimuladas.
—Bien —dijo Edward— El meollo del asunto.
—De acuerdo —dijo Philip— Theodore ya está enterado. Hablemos con libertad.
Edward bebió su café con leche con lentitud y deslizando su mirada de Theodore a Philip— Su método me es nuevo, Philip —se quejó Edward. El siempre complaciente hombre se ponía de ese modo cuando algo no salía como él quería. Educado, pero iba al grano. A Theodore le agradaba cada vez más— pero supongo que Theodore es bastante perceptivo.
Edward fijo la vista en Theodore. Aquel día en el campeonato de Quiditch ninguno de ellos se percató de que Draco se acercaba, si no hubiera sido por Theodore muchas cosas se hubieran filtrado. Theodore sintió un deje de orgullo cuando su padre se veía satisfecho y Edward Greengrass impresionado.
—Lo soy —dijo Theodore, mirándole un momento y luego volviendo a ver hacia la ventana— Sin embargo, este tema no es algo que quiera discutir ahora. Tengo poca perspectiva en eso… y en mi opinión, esto es precipitado.
—Es un mero trámite —dijo Edward restándole importancia— ofrezco el trato en una charla casual, en un lugar público y elegante. Philip puede declinar ahora mismo si gusta, o decir que lo tendrá en cuenta, como cortesía. Ustedes saben, puede ser considerado un insulto para mi querido tío un claro desprecio por su princesa.
Philip y Theodore volvieron a mirarse. Esta vez hablo Philip— Por supuesto —dijo— es una formalidad, y mi método puede sonarle nuevo, sin embargo, es como mi padre lo hizo conmigo. Las alianzas por matrimonio son un tema familiar. Mi padre tomó en cuenta mi opinión y quiero hacer lo mismo con mi hijo. Aunque claro, yo tenía más edad.
Theodore volvió a mirar por la ventana. Claro que sabía que todo era una formalidad. Theodore y su padre ya lo habían discutido. Edward era el favorito de su tío porque logró un acercamiento con su familia, algo que Edward tenía planeado. Por otro lado, el patriarca Greengrass era muy ambicioso. Por Edward se enteraron que había logrado comprometer a Draco con Astoria, la pequeña de ojos azul celeste. Theodore casi podía sentir pena por ella. Decisión extraña, pues se suponía que alguien del abolengo de Draco, solo desposaría a una primogénita. Quien sabe cómo consiguió que se comprometiera con una hija segunda, aunque aún no sería un hecho hasta que lo anunciaran en la sección de sociales de El Profeta. Daphne, por otro lado, la primogénita…. Antón Greengrass planeaba comprometerla…. con Theodore.
Edward parloteaba acerca de lo que Antón ofrecía como dote, beneficios en negocios en los que ambos tenían intereses. Acuerdos varios.
Theodore tenía una idea clara de lo que sería su vida en un futuro ya no muy lejano. El matrimonio era considerado una adquisición más a la familia, un trato de negocios, o deudas de honor sellados con magia vinculatoria a nivel de sangre. Sin embargo, como su padre dijo, él era demasiado joven aún. No tenía claro el que opinar al respecto y tampoco quería darle muchas vueltas a ello. Su padre dijo que era normal a su edad. Ya después, en uno o dos años, seguramente pensaría distinto.
Las palabras fueron dichas, la cortesía puesta sobre la mesa. Entonces, ambos magos comenzaron a hablar realmente. Theodore dejo de ver hacia la ventana y centro la atención en su té negro.
—El torneo de los tres magos será todo un evento —dijo Edward— Beauxbatoms y Durmstrang llegaran el primer día. Una celebridad entre ellos, Víctor Krum, el Búlgaro jugador profesional de Quiditch —Edward miro a Theodore— podría ser interesante un acercamiento.
Theodore alzo una ceja, interrogante. Fue su padre quien contesto su pregunta silenciosa— El director de Durmstrang es Igor Karkarov, un antiguo colega, sin embargo, traiciono a varias brujas y magos vinculados con el Señor Tenebroso. En teoría esta rehabilitado y dejo atrás las viejas lealtades y los rumores dicen que es bastante cercano a Krum. No estaría mal confirmar que tan cierto es eso. Era un buen mago.
Theodore asintió, fingiendo comprensión y sorpresa. Su padre le había hecho memorizar los rostros y nombres y las relaciones que tuvieran cada uno de los mortífagos que su padre conoció. Igor Karkarov era un rostro más, lo reconocería aunque lo viera en la calle.
Edward se removió en su silla, casi desperezado— Talentoso, ciertamente. Pero no es lo único interesante que sucederá este año en Hogwarts. Theodore, ten cuidado. Tienes mucha información en la cabeza y un terrible auror se unirá al profesorado.
Philip Nott frunció el ceño— ¿Un auror?
Edward compuso aquella expresión triunfal que ponía cuando sabía que tenía una primicia entre manos— Si, un auror, el legendario Alastor Moody. La oficina de Aurores ha querido deshacerse de él desde hace años. Es conocido por tener métodos… extraños; además de que es un excéntrico y ese ojo mágico logra ser intimidante. Tiene buenos instintos, supe que hizo comentarios acerca de mí pidiendo una sesión de legeremancia para mí cuando logre sacar a Malfoy de problemas, no estaba para nada mal encaminado. Es una larga historia el cómo le di el esquinazo. ¿Ya manejas bien tu Oclumancia?
Theodore asintió— tengo dos años de práctica.
Philip se removió en su asiento— No es suficiente —murmuro— Mantén el perfil bajo. Trata de evitar a Malfoy, él llama demasiado la atención.
Theodore volvió a asentir— Si, padre.
Luego del largo desayuno y aún más cortesía, Edward se despidió educadamente, como siempre. Theodore estuvo a punto de ponerse en marcha también, sin embargo, el hechizo de silencio no fue retirado.
—Me dijiste que estabas logrando una amistad indirecta con Harry Potter. ¿Cómo manejaras eso este año?
Theodore borró toda expresión de su rostro— Igual que el anterior, algo de bajo perfil. No quisiera que sea algo malinterpretado. No quiero ser tachado como un traidor a la sangre.
Philip negó despacio— En ese aspecto, abandona el perfil bajo —Theodore no pudo evitar tornar los ojos, incrédulo— Debes parecer inocente a los ojos de Moody, si centra su atención en ti, podría ser un problema. Habrá rumores, pero confío en que sabrás manejarlos.
Theodore centró los ojos en sus enguantadas manos, recordando el por qué comenzó a usarlos y volviendo a preguntarse porque su padre no cuestiono nunca ese hábito— Claro, Padre. Puedo hacerlo.
—Y acerca de Malfoy… —Theodore casi pudo ver un deje de diversión en su rostro, sabía lo que su padre insinuaba.
Theodore volvió a asentir— Claro, siempre puedo ayudar a que llame la atención de los demás sobre él. No creo que a él le moleste.
Iniciando los eventos del 4to libro, si, hay Victor Krum.
PD: El Draco de los primeros libros siempre me parecio muy volatil e idiota. Tonto no era, pero si bastante idiota. Recien comence a verlo diferente en sexto año.
Saludos a lunatico0030, como decía arriba, Victor si aparecera.
Gracias por comentar y saludos a todos!
