Acción evasiva x3

Habían pasado cien años y en todo ese tiempo jamás había podido entablar una conversación civilizada con Jane. Y aunque jamás se lo admitiría, estaba eternamente agradecida con ella, aunque solo hubiese sido el destino.

Justo cuando Demetri habló pidiendo explicaciones Jane llegó buscándome, alegando que Aro deseaba hablar conmigo y que Felix debía ayudar a Regina con unos papeles. Esa fue la excusa perfecta para alejarme de ambos, para no escuchar las bromas de Felix, ni darle las explicaciones injustificables a Demetri, aunque las mereciera.

Además, Felix debía ayudar a Regina en asuntos legales, lo que lo mantendría alejado por un tiempo de Demetri. Pero no suficiente. Luego podría pensar en algo.

Jane y yo íbamos a la par, caminando por el pasillo que llevaba hacia el estudio de Aro, Marco y Cayo. Generalmente iban allí para realizar sus decisiones ante un juicio complejo.

-Gracias- le dije a Jane, quien me miró sin expresión alguna.

-Es mi deber- dijo, y se retiró.

Aunque parezca lo contrario, esas palabras eran un gran avance entre nosotras, antes nos mirábamos con odio, preparadas para el enfrentamiento. Un tiempo después ya ni siquiera nos dirigíamos miradas, y mucho menos, palabras.

Ahora, por lo general, eran palabras cortas y simples, y si eran monosílabas, mejor. Quizás algún día nos llevaríamos bien. Quizás.

Caminé unos cuantos pasos más y encontré a los guardias que custodiaban las enormes puertas antiguas del estudio mayor, Antonio y Santino.

Ellos me abrieron la puerta con una sincronización perfecta. Uno por derecha y otro por izquierda.

Al entrar, pude ver a Aro sentado leyendo un libro, esperándome.

-Quería verme, Aro- le dije con respeto.

-Seguro, ven, siéntate, no seas tan rígida- dijo con una sonrisa cálida.

Sabía que su favoritismo hacia mí cambiaría si algún día fallaba mi don.

Me situé a su lado en el sillón mientras él posaba el libro en una pequeña mesita.

-¿Los Cullen han sido ubicados?- preguntó, pero seguramente era puro protocolo.

-Sí Aro, las habitaciones que habían sido señaladas ya están ocupadas por ellos, tal y como usted pidió.

-Muy bien, muy bien- dijo quitándole importancia al asunto- ¿Edward se mostró cómodo?

¿Cómo no va a mostrarse cómodo si todo gira a su alrededor?

-Eso espero, no ha dicho mucho- le dije. Y era verdad, pero no quería tocar aquel tema, ya me era demasiado con Felix y Demetri. Y no quería ni pensar en Alec. Debía estar entretenida en otras cosas para evitar verlo. No quería oír sus sermones.

¿Por qué había preguntado solo por Edward? ¿No era Carlisle su amigo?

Me mordí el labio, quería sacarme la duda, pero sería mejor si me quedaba callada. Por hablar de más ya tengo demasiado.

-Pregunta, querida- me instó Aro. Lo había notado.

-En realidad es sólo una duda. ¿Por qué es tan importante ese tal Edward?

¿Ese tal? No te sale la desinteresada. Esa voz. ¿Por qué no se ocupa de otras cosas? Como pensar en qué le diremos a Demetri, por ejemplo. O a Alec, no sé qué es peor.

Porque fue tu culpa, yo te avisé y no me hiciste caso. El que avisa no traiciona.

-Ya sabía que esa pregunta llegaría. Pero antes de contestarla quiero preguntarte algo a ti. Y quiero la verdad Bella, puedes confiar en mí. Lo sabes, ¿verdad?

¿Qué quería preguntarme? ¿Es que Alec le había contado? No, Alec jamás me traicionaría. ¿Y si leyó su mente mientras no lo protegía?

-Claro que sí Aro- mi nivel de nerviosismo subía a cada palabra.

-Bien, entonces, ¿por qué cuando hablas de ese tal Edward, tus ojos brillan?

¿Que mis ojos qué?

-Disculpe, no le entiendo.

Oh Dios, Alec me dijo lo mismo hace años, cuando le conté sobre el prado. No le creía, por supuesto que no, era absurdo. Pero si Aro lo había notado no podía ser absurdo. No si venía de él. ¿Por qué me brillarían los ojos al pensar en la persona que me hizo pasar un infierno durante casi un siglo?

-Si me entiendes Bella, sabes a qué me refiero. Pero, a juzgar por tu gesto de dolor entiendo que es tu intimidad, y que tendrás tus razones. Sólo era una duda. Y aun la tengo- dijo riendo-Lo que me pregunto es, ¿algún día me la aclararás?- dijo con ojos curiosos.

-Aro, no hay nada que aclarar, no creo que ese tal Edward sea el causante de el brillo de mis ojos- le sonreí.

-Yo pienso lo contrario, pero eso no tiene importancia. Contestando a tu pregunta, él es un inmortal muy prodigioso. Y estoy deseoso de convencerlo para unirlo a esta guardia.

-¿Qué? ¿Por qué? Así estamos perfectamente bien, en serio Aro, no creo que lo necesitemos. Usted ya puede leer mentes, y mucho mejor delo que él lo hace.

Aro largó una pequeña carcajada. Lo miré con el ceño fruncido, sin entender su diversión.

-Querida hija, si antes llegaste a convencerme si quiera un poco de que ese tal Edward no era alguien destacado para ti, todo ese avance ha quedado desechado hace dos segundos- siguió riendo. Unos segundos más tarde su risa cesó.

No pude decir nada, había pisado mi palito sola. Era muy obvia. Solo me queda rogar por que Aro no piense en esta conversación cerca de Edward.

-Bien, volviendo al tema, él nos serviría de mucho, ya que puede saber qué está pensando alguien en ese momento y en ese lugar, sin necesidad de contacto. Es muy útil.

-Pero no si yo estoy allí. Es decir, no puede leer mi mente. Además, puedo imitar su don, ¿no? Si lo imito y lo practico me saldrá tan bien como a él. No lo necesitamos aquí, en verdad que no.

-Creí que eso iba en contra de tus principios- me dijo con una mirada divertida.

Touché. Era cierto. Si tenía que usar mi don, usaba el escudo, porque ese era realmente mío. Los demás eran solo copias. Y a mí no me gustaría que alguien más robara mi don, me sentiría muy inútil, así que me limitaba a utilizar el mío. Únicamente en emergencia usaba alguno de los demás.

-Puedo hacer una excepción- dije convencida-

-Entonces, él es la excepción, ¿verdad?- volvió a reír, incluso más fuerte que antes. Estaba ganando por mucho, debía admitirlo.

-Ok, ¿podemos dejar esto de lado e ir a lo importante?, ¿por favor?

Él volvió a reír y dijo:

-Sí, ya te he torturado demasiado, dejémoslo ahí. Te he llamado para hablar sobre las próximas actividades, ya sabes que debes encargarte de todo referido a las nuevas visitas, y a las que vendrán. Debemos darles oportunidades de conocer nuestra hospitalidad, nuestros servicios y comodidades. Llegarán dos clanes más, y haremos un baile de bienvenida. Pasarán aquí sólo unos meses, hasta que vengan los clanes de otra región diferente. Quiero contar contigo para la organización de todo esto, recibirás ayuda de Chelsea y Alexia- levanté una ceja- sé que Alexia es nueva, y algo difícil al trato, pero son hermanas, deben llevarse bien. Sólo inténtalo.

Aro estaba empecinado en que todos seamos una gran familia feliz. Cosa que me parecía imposible, y menos si Alexia entraba entre los parientes. Era tan arrogante, tan egocéntrica e irrespetuosa. Ella sacaba el verdadero monstruo de mí.

-Bien, estamos de acuerdo en que intentarlo no es igual a lograrlo, ¿verdad?

Largó unas pequeñas risitas y agregó:

-Estamos de acuerdo. Ya puedes ir hija, debes saber que te quiero de llena en estas tareas. Los neófitos quedarán a cargo de Feliz y Demetri, los juicios de Jane y Alec, y los papeleos son cosa de la humana, no debes preocuparte por nada.

Perfecto. Perfecto. Perfecto. Si todos cumplíamos las órdenes de Aro no tendría que cruzarme ni con Demetri, ni con Alec, ni con Feliz. Pero sí debía cruzarme con Edward, pero no significa que sea una dulzura con él. Ni siquiera merecía que le hable.

Me puse en pie, pero antes de irme tenía otra gran duda.

-Aro.

-¿Sí?

-¿Por qué esa humana está aquí?

-¿Acaso no se fue al hotel? ¿Demetri no te avisó?

-Sí, claro que sí. Y ya está en el hotel, es sólo que se me hace raro.

-Es una larga historia hija.

-Tengo tiempo- le dije obstinada.

-No lo tienes, debes ir a buscar a los Cullen para mostrarles todo el castillo, y socializar con ellos. Para las ocho p.m todos deben estar en el gran salón, quiero decirles algunas palabras.

-Bien- dije frustrada- ¿la humana también?

-No, ella no me importa, al menos no por ahora. Prefiero tener primero a los Cullen, luego decidiremos qué hacer con ella, hasta que Giorgio venga debemos tenerla en espera- río- Tendremos tiempo más adelante para explicar todo. Pero debes saber que ninguna de estas leyes ha cambiado, si esta humana no es transformada en unos días debe morir.

-Me parece justo. Entonces, me debe una explicación Aro.

-Y tú también Bella, cuando tú me sepas explicar acerca de Edward, te quitaré las dudas sobre la hija de Giorgio.

-También es justo- agregué sonriendo. Definitivamente tendré que averiguar por mi propia cuenta acerca de la humana.

Hice una pequeña reverencia antes de salir por la puerta, y cuando estaba justo bajo el marco Aro me dijo:

-Y, Bella, estoy seguro que mi deseo de que Edward se una a nuestra guardia tiene muchas probabilidades de éxito.

-¿Qué le hace pensar eso? Si se puede saber.

-Tu existencia.

No pude más que seguir caminando.

¿Por qué Aro siempre que habla va dejando intrigas? ¿No puede ser claro al menos una vez?

Aun así, estaba muy equivocado. Y aunque imposiblemente sea posible lo que él acaba de decir, no me importaba.

Y haría todo lo posible por que no sucediera así.

Edwrad Cullen no me arruinaría la vida, no otra vez. Y estaba completamente dispuesta a demostrárselo.