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—"Este lugar… ya he estado aquí antes… ".
El viento soplaba fuerte como si gritara libertad. Viento cálido, humedecido por la brisa que chocaba contra su piel, rompiéndose sobre su faz suavemente… como si susurrará…
— Esto es confuso…
Con asombro miró al horizonte fundirse con la profundidad del cielo, distorsionándose en cada pestañeo de sus ojos logrando la borrosa imagen de su visión. Sus pies descalzos se perdían en la fría arena blanquecina chocando contra él granos que el aire arrastraba con su paso, aquellos brillantes por los cristales de la sal. Cerró sus párpados oliendo el aroma que despedía el mar sintiéndose trasportado a un mundo distante, tan distante como lo era el horizonte que sus ojos buscaron de nuevo y esta vez sus pupilas permitieron distinguir la alta y lejana montaña que se perdía en el océano volviéndose prontamente confusa, otorgando la sensación de ser su visión la que se divertirse con él. Inclinó la cabeza observando sus manos, aquellas eran claramente visibles y miró al frente encontrando la ola romperse mas la imagen perdía nitidez en sus ojos dejando tan solo escuchar el canto armonioso que nacían con las olas…
— ¿Dónde estoy? —escuchó una voz informándole de su compañía … —¿Quién eres?. —La voz le reflejaba miedo, aquella provenía detrás por su espalda y no se tomaría la molestia de averiguar quién era. Sin embargo, la densa atmósfera que se formaba lo fastidió y fue así que su rostro giró en un pausado movimiento hasta alinearlo sobre su hombro, tan lento fue el movimiento que parecía que creería que en esto se reducía que la imagen por detrás se mezclara con el paisaje volviéndolo una imagen confusa, y lo que alcanzó a percibir, fue una sombra…
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…. y todo desvaneció….
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Hao despertó encontrando la obscuridad de la noche, sus párpados se afanaban en hacerlo sufrir por el descanso arrebatado, la presión era insoportable y consideró por un momento ceder su deseo por dormir pero su cuerpo al estar acostumbrado a los ejercicios matutinos renegó entumeciéndose por lo tarde que le parecía. Cansado por efecto a necesidad del sueño buscó a tientas el reloj para conocer la hora. Maldijo tras varios intentos fallidos, se incorporó levemente logrando concientizarse del lugar y en un brusco movimiento, terminó por incorporarse.
—¡¿Qué rayos?!. —Sus ojos negros se esforzaron en visualizar el lugar en penumbras; ahora sabía que no estaba es su futon sino sobre la cama que ocupaba en el hogar de los Diethel. Su mano posó sobre su faz inclinando su cabeza—. Por poco lo olvido —masculló al fin.
Se abrió paso entre tantas cobijas acercándose junto a la mesita de noche donde a tientas buscó el reloj de mano, mas tan solo se había topado con la lámpara y gruñendo, terminó prendiéndola. Suspiró con agobio cuando sus ojos de obsidiana no encontraron el objeto sobre el buró, entonces fijó la mirada sobre el reloj de pared encontrando así la hora: 3:20 de la mañana.
—¡Qué desastre! —con paso rápido se acercó junto a la maleta sacando el reloj que había estado buscando— Era de esperarlo —murmuró indignado con la diferencia de horarios al ser las 12:20 de la tarde en su país. Masajeó con sus dedos los párpados de sus ojos invitándose en movimientos suaves a que se acostumbrara a la horrible sensación que le causó la desvelada, imaginando ser éste, otro de los terribles días en el que su día comenzaría muy de madrugada en Londres y durmiendo alrededor de las cinco de la madrugada en Japón como lo había sido la noche anterior, sin decir que todavía no concluía.
—Más vale acostumbrase a esta locura —advirtió para sí mismo.
Miró a sus alrededores sin encontrar alguna actividad en la que pudiera entretenerse, por un momento el mar de pensamientos cuestionaba las razones de mirarse en piyama y no precisamente con el traje que llevaba puesto hace unas horas, pero supo que, lo mejor era no pensar en ese asunto, cualquier suposición que se le ocurriera podría ser certera logrando tan solo fastidiarlo. Sin embargo, no tardó en darse cuenta del estado lamentable de su amado cabello al advertir la sensación pegajosa y tiesa de él, indignándose mientras recordaba haber sido arruinado por el buen tratamiento adjudicado en presencia de la familia Diethel.
Maldijo al insignificante ser verde.
Lo había decidido, tomaría un baño… con el terrible frío que acogía la madrugada.
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Londres, 4:47 am
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—¡No puedo seguir así!. —La voz del joven de largos cabellos se emitió en la habitación interrumpiendo el silencio que albergaba en ella —. ¡Esto me está matando!.
Bastó con leer las primeras hojas del libro que había adquirido de la alcoba del inglés para entender que su concentración indagaba en Japón, en su familia en Izumo, interrumpiendo lo que podría haber sido una excitante lectura. Respiró profundamente decepcionado en abandonar el libro sobre el sillón junto a él. Se relajó buscando la comodidad sobre el fino mueble permitiendo que sus pensamientos indagaran en los problemas que llevaba en mente; desde que arribó a la cuidad de Londres no había estimado oportunidad en meditar en ellos y ahora como si le exigieran la atención, lo abrumaban…
—¡Esto no se convertirá en un maldito infierno! —su euforia crecía conforme contemplaba cada pensamiento—, ¡Ya verás!, ¡esto no es nada para mí!. —La excitación de su violento cuerpo lo incitó a incorporase y sin advertirlo, salió de la habitación para ingresar a otra, desafiante por su enojo.
Conciente de su imprevisto comportamiento iluminó con luz tenue la lámpara de noche de aquella alcoba que no le pertenecía, encontrando frente a sus ojos la delicada figura de un niño durmiendo.
Le observó… desconociéndose por un instante mientras se perdía en la sensación de un cuerpo cálido que se arropaba con el calor del algodón de sus prendas, favorecido por la amplia comodidad que la cama le ofrecía mientras era privado de los sucesos de su alrededor…
—"Pobre ingenuo" —pensó al mirarlo despreciable—. ¿A caso crees que la seguridad radica en tus padres? —preguntó engreídamente como si le escuchara, sin embargo, tan solo bastaron unos segundos para sonreír arrogante, sabiendo que lo que hacía era vano y ridículo…
Pero persistía, aún cuando el otro dormía tranquilamente como si no existiera nada en el mundo que pudiera alterar su descanso, persistía la tortura, los motivos de estar en Londres y la decepción de sus pesares.
Parado ahí, mirando al niño que culminó su vasta tolerancia sin importar ser de menor o de igual magnitud a sus verdaderos problemas, no reprimió su atrevido comportamiento.
—Estoy enfadado con lo que has hecho, en especial con mi cabello —evidenció amargamente,mostrando su frío semblante al hablar.
Se acercó a él sentándose sobre la cama.
—Tengo la precisa manera de obligarte a darme mi respeto —el desafío de su voz se volvió amarga, inclinándose, colocando sus manos a cada costado con interés en delimitar el contorno de su cuerpo, delineado por la delgada sabana que le cubría. Sus ojos negros de obsidiana divisaron la nula distancia entre los dos, pero las emociones que surgían eran abominables sentimientos que se acumulaban en la pobre criatura como si él fuese su problema y los recuerdos que llegaban a su mente no ayudaron a devolverle la sensatez provocando que el niño de Japón estrujara las sabanas en un arrebato de cólera e inconciente de los sentidos, acortó aún más la distancia inclinándose sobre la mejilla del chico, alcanzando a percibir la fragancia dulce y suave de su cuerpo….
—No tienes ni la más remota idea — murmuró entre dientes.
Un movimiento…
y el rose de su barbilla con su mejilla, produciendo intensos latidos que se fundían con la fuerza que palpitaba por su enojo, acelerándose…
Sin advertirse siquiera, elevó su mano acariciando el níveo rostro atrayéndolo como si lo estudiara perdiéndose en aquellos verdes cabellos que cubrían parte de su faz… y su aliento… el sutil aroma de sus labios le causó una sensación distinta… lejos de ser despreciable… fue entonces que sus dedos se deslizaron por sus rosadas mejillas, tersas… delicada piel que parecía de seda... su cuerpo frágil por debajo, su pecho, su hombros… una infalible atención proclamaba el joven cuerpo, sus labios tan cercas de los suyos… aquellos dulces que deseó conocer….
—¡Qué diablos! —se alejó súbitamente de aquél que dormía sin abandonar la cama mostrando el desconcierto a través de sus ojos. Su suerte pareció traicionarlo cuando al momento, el niño, dueño de esmeraldas, se movió frente a él frunciendo el seño; sudando frío cuando le miró despertar. Contuvo el aliento cuando sus orbes verdes se encontraron con los suyos, sus músculos se contrajeron al optar por no moverse mientras su compañero pestañeaba al ser más conciente de lo que ocurría.
El rostro de Lyserg reflejó extrañeza y miraba los obscuros ojos de Asakura buscando las respuestas en silencio. Sin evitar el acto, Hao tragó saliva segundos después y con fuerza apretó el puño…
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Blasfemó contra cualquier dios que haya permitido que cometiera semejante barbaridad.
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En una mirada fugaz encontró su mano unida a la del chico y maldijo nuevamente cuando sus pupilas volvieron a Lyserg presintiendo la escandalosa reacción.
No era que Hao temiera, prefería no incluir terceros en sus asuntos y el verde, era el clásico niño que se refugiaba ante cualquier índole de problema bajo las faldas de su madre y padre volviéndolo un fastidio. Pero ante toda sorpresa, nada ocurrió. Tan solo una sonrisa se dibujó en la expresión serena del inglés correspondiendo el apretón de manos con la misma fuerza. Aquella mirada fue cariñosa hacia Asakura a quien logró perturbar, los labios tímidos del chico se ensancharon alegres acariciando con la yema de su dedo pulgar la mano que estaba unida a la suya, tranquilamente el niño de ojos verdes giró levemente sobre la cama buscando comodidad sin dejar de mirar los ojos negros del chico y luego de varios minutos en que sus miradas se hundieron en el mirar del otro, una última mirada llena de ternura recibió Hao antes de que las preciosas pupilas de esmeraldas volvieran a ocultarse, durmiendo al fin el niño inglés.
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Si existiera manera de expresar con la mandíbula el impacto que causó el pequeño ser verde, se hubiera visto reflejado en el rostro del castaño, pero tan solo le miró con estupefacción por instantes, cerrando sus parpados para sonreír con arrogancia.
Suspiró al fin y en un sutil movimiento rompió el lazo de sus manos incorporándose de la cama para salir de la habitación.
Extraño fue que una calidez colmó su corazón, sonrió al tomar la perilla de la puerta de aquella que era suya, pero antes de abrir, la sensación de vacío en su estómago logró hacer olvidar sus pensamientos; su estomago gruñía por hambre. No tendría caso ingresar a su alcoba, nada lo esperaba dentro y mirando la puerta frente a él, decidió cerrarle nuevamente.
—Estúpidos horarios —masculló.
—¿Qué haces en el pasillo a estas horas lejos de cama?.
La voz femenina le había sorprendido y sonrió al evaluar el grado de alteración que le causó el suceso en la alcoba del inglés.
—Buenos días, mí señora.
Ella contempló al jovencito y aguardó tiempo a que respondiera, pero al saber que no lo haría, agregó.
—Bueno, si eres de los que se levantan a las seis de la mañana sin ningún motivo, ¿por qué entonces no me acompañas a preparar el té? —de sus labios nació una dulce expresión reanudando su camino hacia la cocina al bajar por las escalinatas. La invitación fue aceptada al seguirla, después todo, precisamente ahí se habría de dirigir.
Mientras andaban, la madre del inglés felicitó al chico por haber tomado un baño antes de comenzar el día, sin embargo, esto dio pie a que la charla adquiriera otro rumbo al prestar su interés en el buen cuidado que mantenía el joven a su larga cabellera castaña, preguntando curiosa de vez en cuando lo que lo motivaba. Ella jamás consentiría que Hao, el chico que ahora formaba parte de la familia, lo mantuviera largo y de eso se encargaría ese día, pero esto último no lo expuso mientras hablaban, mas para él, casi nada parecía ser secreto.
Pronto habría de transcurrir cuarenta minutos.
Se había preparado el té y Jean se dispuso en colocar unos bocadillos en la bandeja de plata que llevaría al jardín y mientras lo hacía, observaba al niño preparar un tostado con mantequilla de maní que se llevó a la boca.
—¿Te gusta la cocina?.
Hao la miró y siguió comiendo de ese extraño, dulce y delicioso pan sin preocuparse en contestar.
—Buenos días —la voz de Liam interrumpió la pequeña charla al ingresar a la cocina; su amada esposa contestó al saludo cariñosamente volviéndose hacia la cafetera para servirle una taza de café como cada mañana. —Oh —articuló esta vez sorprendido de encontrarse a Hao. Se acercó junto a su esposa y dijo—:¡Sí que los japoneses abren bien los ojos desde muy temprano! –riendo ante la ironía.
Asakura fijó su filosa mirada sobre su tutor seguro de no tolerar el humor matutino que comenzaba a conocerle.
—Liam, eres un grosero —reprochó la dama—. No le hagas caso a este hombre — miró al niño.
Pero el señor Diethel jubiloso, bebió del café que su esposa le había servido sin perturbación, se acercó junto al castaño tomando unos bocadillos sobre la bandeja fijando sus ojos en él al momento; sus labios mostraron la sonrisa burlona y llevó a su boca alguna de las galletas sin dejar de mirar al de morena piel y tras de esto, dijo—:Me voy —dándole la espalda al niño al volverse hacia su mujer.
La serenidad volvió a Hao luego de que Liam, su tutor, abandonó la cocina. Era intolerante la saña que sentía hacia su persona pero por ahora sus atenciones estaban lejos de ocuparse en el señor Diethel.
La mañana hacía presencia con el tiempo y la señora Jean le informó de lo importante que era el desayuno de las once y sin embargo, pronto tendrían la primera hora del té. Hasta ahora, Hao supo de una rara adicción de los ingleses por las horas del té y tuvo que esperar a que cierto inglés llegara para disfrutar de la primera ronda.
Alrededor de las ocho, Lyserg se escuchó entusiasmado gritando a modo de alabanza:
—¡Fue un sueño! ¡fue un sueño! ¡fue un sueño! ¡mamá fue un sueño!.
Enfrentándose las miradas en el instante que Hao le miró entrar.
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CAPITULO VIII
¿Accidente?
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Londres, 12:42 pm
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Caminando en un centro comercial.
—Ya te habías tardado niño —lo había dicho en el usual tono arrogante que le alteraba a Lyserg.
—Mamá debería oírte, así sabría que no eres el que ella cree que eres.
—Entonces, qué suerte que vaya delante de nosotros—se burló.
Lyserg arrugó el seño. Hao siempre sería tan molesto, tan cínico y tan hipócrita.
—Suerte es que nos dirijamos a la estética a que te corten ese cabello—lo dijo con una sonrisa burlona.
—¡Ja!, ¿no es una pena?, creí ser el único que le prestaba atención a mi cabellera.
—¡Nadie quiere a un niño que parece niña!.
—¿En serio?, con razón estas tan preocupado.
Los ojos esmeraldas del chico mostraron crispación parando su andar, impidiéndole el paso.
—¡Eres tú el que tiene el cabello largo!, ¡no yo! —correspondió mimadamente.
—Me estorbas. ¡Quítate!.
—No voy a moverme hasta que te retractes.
—No estoy para tus tonterías —avanzó hacia él logrando que Lyserg caminara hacia atrás —. ¡Ríndete o caerás!.
La seguridad del castaño le irritaba, ¿Por qué simplemente no podría acceder a sus caprichos?.
—¡No mientas!, ¡tu no quieres cortarte el cabello! Solo finges ser el niño bueno para mamá —. Hao tan solo le miró de modo vanidoso e interesado por conocer si el orgullo era más fuerte que el aprecio a su cabello, preguntó: —¿Serías capas?.
—¿Tu qué crees?.
Su soberbia eran la mayor razón por la que odiaba al proveniente de Japón y con rabia ejerció fuerza sobre él, deteniéndole.
—¿Porqué te empeñas en aparentar algo que no eres? —reprochó.
—No me malinterpretes niño, no tengo interés en complacer a tu querida madre.
Lyserg miró al castaño esperando una respuesta.
—¿Entonces?. —El moreno desvió su mirada con molestia. Lyserg aguardó tiempo a que hablara pero al no conseguir respuesta, preguntó—.¿Te cortarás el cabello?
—Je. —El par de ojos obscuros se fijaron en el verde mar de sus ojos una vez más. Hao contestó: —Ya me cansé de decirte que ¿tú qué crees?, la respuesta está en tus narices.
Inevitable fue sentirse intimidado por aquel ser de ojos negros, sus verdes pupilas se refugiaron en algún punto lejos de su mirada mas al recuperar la confianza, aquellos volvieron al encuentro con aquellos ojos almendrados.
—En cualquier momento puedo hacer que te corran —le había dicho amargamente.
—Ingenuo —se rió, cruzándose de brazos —… Te estás tardando —moviendo la cabeza en negación.
—¿Cómo dijiste?.
Hao se carcajeó con descaro moviéndose tan solo lo suficiente para que Lyserg reaccionara impidiéndole el paso—. A parte de ingenuo, sordo…
Desprecio, enojo e impotencia encontró en la mirada del inglés.
—Mamá no se apiadará, eso es lo único que me importa, siendo tú un mantenido hará de ti lo que quiera. —Le dio la espalda continuando con el camino, sin embargo…— …¡Aauch!!!
Un mal movimiento ocasionaría la inevitable caída que se prolongó al caer hacia el desnivel inferior, se golpeó en cada escalón mientras bajaba y a causa de su posición y dirección de caída había sido impulsado a caer hacia una jardinera salvándose de sufrir alguna tragedia si hubiese seguido hacia el prolongado camino de la planta baja por las escalinatas. El golpe fuerte en la cabeza lo desorientó y su cuerpo como a falta de fuerza no pudo incorporarse como hubiese querido; poco a poco el dolor proclamó su cuerpo y gritaba atención sintiendo un ardor: terrible fue para él encontrar su rodilla izquierda herida, el ardor le amenazaba con hacerlo llorar y aún con susto, luego de entender que Hao lo presenció todo, sus ojos verdes lo encontraron de pie justo donde lo había dejado. Él lo miraba serio con una ligera sonrisa en sus labios; disfrutaba de su desgracia… disfrutaba verlo ahí tirado…
—Odio tener la razón —evidenció orgulloso, carcajeándose.
—No te rías —pidió al borde de las lágrimas, sus manos intentaron proteger la herida abierta pero temía lastimarse aumentando su ardor— ¡Me duele! —lloriqueó. Maldiciendo al castaño—¡Tonto! ¡Tonto!, ¡Todo fue tu culpa!.
Hao, parado desde el nivel superior, volvió una vez más su expresión seria sin dejar que su rostro hablara de su prepotencia y Lyserg pudo sentir cómo su propio orgullo desvanecía al implorar su ayuda—: Me duele Hao —. El grito fue desesperado llamando aún más la atención de la gente que pasaba cercas.
—Es la primera vez que te pasa ¿cierto?.
Lyserg con su carita bañada de lágrimas asintió con la cabeza, al instante su expresión anunció dolor cuando sintió el picazón en su rodilla —¡ay!. ¡¿Porqué sangra Hao?!... ¡ES SANGRE! —exclamó muy histérico.
—Te vas a morir —. Las palabras serias que pronunciaron los labios de Asakura le alarmaron.
Lyserg contestó y comenzó a gritar—: ¡Ayuda! —como un loco.
De no ser que muchas personas comenzaron a preocuparse por el niño, Hao se hubiera quedado mas tiempo divirtiéndose; se acercó y dijo:
—No te vayas a morir, espera que vaya por tu madre —dirigiéndose donde estaba la madre del inglés.
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—¡¿Dónde está mi bebe?! —cuestionó una madre desesperada llegando al lugar donde se supone había caído. Y no tardó en encontrar a su hijo sentado sobre una fuente en la planta de abajo y con prontitud se acercó.
Habían varias personas a su alrededor y Lyserg solo sabía pedir por su mamá.
Cuando al fin Jean había llegado junto a su hijo, gritó aliviada.
—¡Oh, mi bebe!.
Al sentir el abrazo de su madre, el pequeño niño lloró consentido: —Me caí mami, la culpa es de Hao.
Mas un hombre que había estado entendiendo la herida, se acercó a Jean y dijo:
—Al ver el incidente acudimos a su ayuda con el botiquín de primeros auxilios de nuestra tienda; con esto será suficiente, solo habrá que dejar a que sane con el tiempo —. El empleado de dicha tienda había señalado el vendaje en la rodilla de Lyserg.
La señora Diethel agradeció las atenciones de los empleados al igual de las personas que preocupadas se mantenían alrededor de la fuente. Al término en que las personas se alejaban del lugar, Jean sacó de su bolso un pañuelo y con él limpió cariñosamente el rostro humedecido de su hijo.
Lyserg encontró a Hao cruzado de brazos sin ánimos en intervenir y enojado por su abandono, le expresó a su madre:
—Él me tumbó.
Jean miró a Hao en el momento en que Lyserg lo señaló y pasando su mano por los verdes cabellos del pequeño, le habló con cariño:
—Amor, me lo contó todo. Fue un accidente.
A efecto de la impresión sus orbes verdes se dilataron.
—"¿Le contó todo?" —preguntó estupefacto en su interior —"¿qué es: TODO?".
—Me preocupa esa herida—había dicho su madre sacándolo de sus pensamientos—. Será mejor que llame a tu padre.
Su madre se alejó lo suficiente haciendo una llamada, en ese momento Lyserg miró a Hao con reproche.
—¿Qué fue lo que le dijiste a mi mamá?.
Éste suspiró y con súbita naturalidad acortó la distancia entre los dos, demasiado cercas para el inglés.
—Tranquilo verde, no querrás preocupar a tu madre.
—No hagas eso—lo dijo quedito, mostrándose cohibido por la cercanía de sus rostros— Mamá puede vernos.
El chico de largos cabellos sonrió al no esperar semejante respuesta y ciertamente divertido, seductor preguntó:
—¿Qué fue eso Lyserg? ¿debo entender que te preocupas por mí?.
—Po-por supuesto que no —su voz se volvió tan sumisa que fascinó a su contrario. Lyserg desvió la mirada con sus mejillas rojas.
—Pues me parece que sí —susurró esta vez acercando su aliento sobre el oído del chico, tan cercas estuvo de la piel tersa de Lyserg que por un momento pensó que lo sentiría sobre sus labios, pero Lyserg jadeó…
…y Hao se alejó, aquella sensación de soplo caliente sobre el cuello alteró cada sentido…
—Interesante —había dicho ante toda sorpresa y el chico, dueño de aquellos hermosos ojos verdes, pudo encontrar la chispa que avivaba su interior a través de sus ojos almendrados.
Sin embargo, a pesar que el joven de Japón procuraba no mostrar debilidad, la mirada del inglés que ahora la acompañaba el sonrojo y su timidez lograron despertar el recuerdo de aquella mirada serena y nada cohibida del él en la mañana y ahora fue él quien esta vez sus mejillas se habían sonrojado. Giró el rostro hacia la mujer con elegancia, como si fuese su interés en observarla:
—Ahora sé la forma en que nos entendernos.
Lyserg sintió cómo su corazón se aceleró alarmado, sus mejillas aumentaron su calor y es que ¿qué intentó decir?.
La madre de Lyserg volvía y el niño de ojos negros giró su rostro hacia el lado contrario caminando tranquilamente hacia la fuente sentándose a lado del inglés.
Cuando la señora Jean llegó frente ambos muchachos los encontró callados. Miró a su hijo curiosamente y preguntó:
—¿Pasó algo?.
Lyserg quien miró a su madre por inercia, se encontró con el café de sus pupilas ruborizándose al extremo, no sabía cómo responder.
Fue Hao quien habló.
—Me sorprende que su hijo se comporte así.
—¿Porqué dices eso Hao?
—Digamos que le cuesta trabajo admitir que se calló solo.
Lyserg agachó la mirada y su hermano postizo le miró de reojo, riendo por su inocente acto.
—Ya veo. De todas formas Lyserg, tu padre llegará en cualquier momento. Pedí una ambulancia, necesito que tu rodilla sea revisada por un profesional.
—¿Una ambulancia?.
—Podría ser grave, te golpeaste y no quiero arriesgarme así que cancelaré las citas de hoy.
—Entonces ¿ya no iremos a cortarnos el cabello? ¿Hao ya no se lo cortará?.
—No tesoro —. Su madre se alejó otra vez marcando algunos dígitos en su celular.
Lyserg mostró un semblante inexpresivo agachando la mirada una vez más logrando tan solo que sus ojos fueran ocultados por sus cabellos. Nostálgico suspiró, inconciente de que Asakura lo observaba.
—No morirás con el madrecito que te diste. ¡Mirate! Es simple sangre.
Lyserg le miró espantado, poniéndose a llorar nuevamente.
—¿Qué pasa? —cuestionó la mamá al volver presurosa.
—Oh, es que dice que le duele —contestó el mayor de ellos.
—Oh mi vida, no tarda la ambulancia.
Y el pequeño de Inglaterra se soltó a llorar más fuerte ante el coraje.
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2:42 pm
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Liam era quien ahora concedería encargarse de algunos eventos a petición de su esposa debido al incidente, apesar de haber cancelado una que otra cita, pensó que Liam podría ocuparse del nuevo niño y ahora ambos se encaminan a paso regular a lo que tendrían que hacer en primer instancia, sin embargo, el silencio los había acompañado desde la despedida de Jean y su hijo.
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—Espero no te estés arrepintiendo de haber aceptado acompañarme luego de cumplir contigo.
Al mirarlo, Hao ironizó con la mirada.
—Descuida, no tengo porqué cumplir con lo que dije.
—¿Y eso a qué se debe?..
Los ojos de obsidiana del chico miraron de reojo los verdes obscuros de su tutor y tras de esto, su semblante adquirió dureza.
—Ni siquiera se lo mencionó.
Por un momento el señor Diethel le miró con perturbación, pero luego, sonrió desvergonzado.
—¡Oh!, hablas de tu cabello.
—Hablo de nuestro acuerdo Liam. Tu palabra no vale nada.
El señor Diethel mantuvo el paso firme disfrutando del evento.
—¿A caso mi hijo fue el precio por esto?. —Sus palabras se habían pronunciado con toda la naturalidad y Hao, delineando el desafío y la burla en su semblante, dijo:
—¿Y si le dijera que sí?.
El hombre no esperó una respuesta inmediata, sin embargo, no tenía porqué contestar de manera diferente cuando él mismo le faltaba el respeto.
—Hao, Hao, Hao. Me decepcionas esta vez.
El nombrado arrugó el seño, deteniendo el paso.
—¿Sucede algo? —cuestionó el hombre al frente, girando con brevedad para mirarlo.
—No lo sé, ¿sucede?. —ironizó.
Sus miradas se cruzaron por unos intantes.
De los labios de Liam salió un soplido y dijo.
—No digo, ni espero que seas tú el culpable. No dispongo de argumentos para acusarte de algo que no me concierne y si así lo fuera, tampoco sabría si lo que dices es realmente la verdad.
—Ja, qué curioso, yo tampoco sé si lo que dices es realmente la verdad.
Seguieron caminando mientras invadía por instantes el silencio.
Liam prefirió no discutir más.
Entraron a un innovador establecimiento dedicado al diseño de ropa exclusiva, con prendas, complementos y accesorios para el hombre y la mujer. El espacio era amplio y distribuido en dos plantas: la planta baja dedicada a la mujer y la plana alta dedicada al hombre a la que Liam y Hao habían llegado. Un hombre se acercó amigablemente al reconocer al instante al señor Diethel, claro que Hao no necesito mas que unos segundos para entender que la boutique era por elección el lugar favorito de la familia.
—No será problema. En esta tienda variedades, hay de sobra.
El dialogo tomó su importancia cuando percibió las palabras del otro hombre que hablaba extremadamente amanerado, sonrió cuando supo que aquel había pensado en complacer a la señora Diethel en cuanto gustos con algunos diseños para que eligiera.
—Adelante entonces.
El vendedor miró al pequeño y dijo.
—Soy Alexander Camilleri, me encargaré de que sus diseños tengan la medida exacta a la que usted necesita. Acompáñame.
En una forma fugaz, la mirada de Hao y de Liam se cruzaron, siguiendo luego Alexande.
Llegaron a una sección con ropa adecuada a la edad del proveniente de Japón, asumiendo que elegiría lo que la señora Diethel habría escogido.
—Puedes elegir, encontrarás lo mejor de la temporada.
Hao observó cada prenda despectivamente, cualquiera que tuviera en mente Alexander no lo elegiría y decidió hacer un recorrido para conocer los diseños. Por supuesto que el hombre que los acompañaba no le agradó del todo conocer los deseos de Asakura, sin embargo, ofreció otro joven a cargo mientras éste elegía.
Había distintas marcas de ropa seguramente de precios elevados y quizás alguna sección de diseños que Camilleri habría diseñado. Conforme recorría los diferentes pasillos recordó a las personas que curioseaban en la tienda debatiéndose en comprar una sola prenda y cómo otras soñaban con poder comprar. Los estilos eran diferentes, cada diseño que miraba le parecía único y elegir su estilo parecía llevarle algo de tiempo.
Liam se encaminó buscando a su acompañante y encontró a Hao con la atención sobre un diseño especial.
—Seguro lucirá perfecto.
El joven Asakura le miró por breves segundos y luego volvió su atención sobre la prenda.
—Eso mismo pensé.
El señor Diethel hizo una seña al encargado para disponer de dicha prenda.
—Necesitarás más que un juego de ropa —le dijo invitándolo a que siguiera eligiendo aquellas prendas que le gustaría vestir.
—Lo sé.
Elegir su ropa había sido más sencillo de lo que había imaginado. Alexander volvió cuando la ropa, accesorios y demás fue elegida y expresó el pequeño inconveniente que hubiese tenido la esposa del señor Diethel al ser algo "moderno" en comparativo al estilo de la familia que era más conservador. Liam rió y claramente hizo saber que llevaría lo que Hao había elegido, sin embargo, él mismo escogió un par de vestimentas de acuerdo a lo que bien le vendría al joven y mientras lo hacía pidió que Alexander procediera en tomar las medidas al chico a fin de que las prendas quedaran a su medida.
Para cuando Liam volvió, Alexander había concluido su labor.
—Quiero que te lo pruebes. Necesitarás esta clase de ropa de vez en cuando.
El señor Diethel extendió un traje especial, consistía de cuatro piezas: un pantalón, una camisa de manga larga, un chaleco y un saco; parecía que le invitaba a contemplar la posibilidad de gustarle una vez puesto.
Hao tomó el vestuario y Alexander le invitó a que le siguiera. Ambos pasaron por un pasillo que los condujo al probador.
El joven de morena piel arqueó una ceja cuando encontró una cortina de color tinto, la única que aislaba al probador con el resto de la habitación.
—No te tardes —le escuchó decir a Liam, Alexander se había ido. Deslizó la cortina y sin más, ingresó.
Entre cortinas se alcanzaba a ver la silueta de Hao y Liam no tardó en percatarse de esto, no podía evitar divisar la escultura que lentamente se movía quitándose la ropa, dejando volar su imaginación por instantes.
Cuando Hao dijo:
—¿Qué crees que estas haciendo?.
Liam no mostró ninguna perturbación cuando la voz de Hao le hizo volver de sus pensamientos.
—Pensando un poco en el trabajo mientras TÚ terminas de probarte la ropa.
El castaño sonrió y se acercó tan solo unos pasos.
—Al parecer no estoy tan gordo como creíste.
—Se te ajustará como todo lo que has elegido. Déjame ver.
Liam se acercó esta vez.
—Necesitas que se te ajuste este lado —las manos de Liam delinearon su figura eliminando la tela que sobraba; le hizo girar y sus manos tocaron sus sentaderas—: Unas pinzas en el pantalón en la parte de atrás.
Hao voltea ciertamente alterado por su desfachatez de tocarlo.
—¿Qué te pasa Liam? —su voz mostró crispación.
—¿Qué? —Aquello lo había hecho simulando no hacerlo con mala intensión—Estoy viendo cuánto se te va agarrar.
—Pues no me gusta que me toquen —. Lo empujó encaminándose hacia el probador quitándose en el camino las prendas con enojo y Liam sacó un puro sacando igualmente su encendedor para prenderlo, y mientras lo prendía, se dejo así mismo:
—ya veremos Hao, ya veremos.
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Hola!, sinceramente les pido disculpas por permitir que pasara el tiempo desde la última vez, no quisiera hablar de los motivos y las excusas, sin embargo, quiero compartirles que no sabré con seguiridad qué tanto tiempo he de tardar para actualizar cada capítulo apartir de ahora, mi tiempo parece absorberse bastante y mientras no termine el ciclo escolar tendré que lidear con ello, pero mientras pueda, dedicaré cada tiempo libre en este proyecto, lo más que pueda, porque también tengo trabajo por hacer en dos proyectos en el que trabajo al igual que éste, pero este fic jamás será desatendido, creanme, hago mi esfuezo porque no sea así.
Agradezco a todos los que siguen leyendo, especialmente sus comentarios y el apoyo.
Mitsuki Asakura, Patrick A'sakura, Didboroth, GeminixPsico, umiko_akemi, atashi_hime, Tayelx3 y Tamao17, Muchas gracias por sus palabras, me animan a escribir aun cuando estoy cansada y lo único que quiero es darme un descanzo, XD me reanima y hago diversión el querer terminar pronto, lamentablemente, este capi no terminó como hibiera querido... u.u es más corto que el capi anterior...
Ojalá les haya gustado, trabajé en él por varios meses o///o, (perdonen, es la verdad, aunque.. jiji algunos diálogos fueron improvisados por el momento).
Desde mi perpectiva, si me lo permiten, parece complicarse cada capítulo, manejar el asunto sin decir mucho es complicado... mas hacerlo para que ustedes puedan divertirse de lo que hago, es realmente bonito, satisfactorio y divertido ^^.
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Me encantaría conocer su opinión respecto al siguiente capítulo, claro, si quieren ayudarme con su granito, con su apoyo:
a) Desean que involucre un poco la escena del primer día de clases. //ojo: un poco, "que se platique un poco".
b) Pasamos unos cuantos días (como 3)// después del primer día de clases.
c) No importa.
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Nota: He de recordar un detalle importantísimo =P ---NO REDACTARÉ DÍA POR DÍA--- u.u ¡dios me libre!, pero era necesario hacerlo así al principio.
Cuídense mucho.
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+ GRACIAS POR SEGUIR LEYENDO.
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REVIEWS:
atashi-hime: Especialmente a tí te debo una disculpa, luego de haberme compartido tu tiempo y tus palabras, no tenía porque responder así. Sinseramente agradezco tu tiempo.
umiko_akemi: Agradezco tu comentario, esta vez tarde mucho y perdona, espero que te hayas divertido con lo que esta vez pude compartir.
tamao17: hola, respondiendo a tu pregunta, no quisiera mentirte, el fic es dueña de una historia larga y quisiera concluirla en este año, pero nada es seguro, ni certero, así que, ya veremos cuándo =P ¿dime? ¿ya quieres que lo termine? jiji, supongo que sí, (yo también).
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