Los personajes de la película no son de mi propiedad, son de DreamWorks y/o Cressida Cowell, yo solo he alterado algunas cosas para escribir mis locuras. Los OCs y la rara historia son míos.

Disfruten :3

AVISO: este capítulo va dedicado a una muy buena amiga que vive al otro lado del Atlántico, en España. Hace mucho que no nos hablamos porque mi vida se tornó un desastre de contratiempos cuando comencé este nuevo año escolar, por lo que no he entrado a mis redes sociales. Perdón y, ¡FELIZ CUMPLEAÑOS atrasado, JENI!

o~O~o

Sinopsis del capítulo: poder volar por medios propios es fantástico, pero no es lo mismo que ir sobre un dragón. ¿Es que nadie podía entenderlo? Pobre alma en pena. Y solo por eso y una de las ya típicas discusiones matutinas, el heredero a la jefatura de Berk deberá conseguirse un dragón propio. Hurra…

o~O~o

Jinete…sí, claro

-¡En serio Egil, consigue tu propio dragón y deja de poner tu trasero sobre el mío todo el tiempo!- reprendió la rubia, saliendo dando grandes pisotadas detrás de su hermano que salía de la casa, directo a los establos de los dragones- Además, ¡tienes otra hermana!

-¡Hey!- exclamó la susodicha, que iba junto a la chica, mas ella no le prestó atención. Egil por su parte, hacía oídos sordos de ambas- Oye, además, puedes volar…¡arréglatelas por tu cuenta!- inculpó al castaño.

-No es lo mismo.- dijo él, continuando su camino.

Ya en la puerta doble del establo de los dragones, el chico se disponía a abrirla cuando el cuerpo de su enfadada gemela no idéntica se interpuso. Tenía los brazos y las piernas extendidos, y el ceño lo suficientemente fruncido como para desviar a un Gronckle desbocado.

-No te atrevas a abrir esa puerta o sufrirás las consecuencias.- masculló.

El solo puso los ojos en blanco y formó un campo de fuerza lo bastante grande para ejercer presión entre su hermana y la puerta, obligándola a moverse. Cuando entró 2 pares de ojos amarillos se volvieron a él. El Skrill de su hermana menor y la Nadder de su gemela. Los otros 2 dragones estaban con sus respectivos dueños, es decir, sus padres. Se sentía raro decir eso, después de tanto tiempo pensando que ni siquiera los tenía.

Sacudió la cabeza y entró.

-Storm, me acompañarás hoy.- dijo de lo más natural, entrando al establo.

-Oh no, ni lo sueñes.- replicó Asleif, poniéndose delante de su Nadder verde.

-Storm tú quieres venir con tu tío Gil, ¿no es así?- preguntó él como si le hablara a un bebé.

La dragona agitó la cabeza de arriba abajo y se puso de pie.

-Claro que no, ninguno de los dos se mueve de aquí adentro. ¡Es mi dragón, Egil!

-¿Me lo prestas?- interrogó, poniendo la voz y expresión más "tierna" que podía.

-Púdrete.

-Vamos, Asleif- se quejó, ya con su voz normal y expresión cansina de la mañana-, ¿dónde quedaron los viejos tiem….?

-¡No!- le cortó ella, poniendo un puño cerrado en torno a lo que parecía ser una rienda, delante de su cara- No, no, no, cierra el pico. Consigue tu propio dragón, yo me voy con el mío.- dijo caminando fuera del establo, una vez en el exterior, se montó en la espalda de la Nadder y emprendieron vuelo a vaya Thor a saber dónde.

Egil resopló ligeramente y luego miró a su otra hermana.

-Ni lo sueñes.- y en un rápido movimiento se subió al Skrill y salieron disparados hacia el bosque.

Volvió a resoplar, esta vez sonó como un quejido y refunfuño, y se sentó en la paja del suelo del establo. Tal vez sí debería conseguir su propio dragón.

. . .

En la Academia el pelirrojo estaba completamente solo con decenas de niños hiperactivos. Ahora estaba pagando por patear al gemelo Thorston cuando tenía 10 años.

-Niños….¡auch!...bájense de mi…¡ay!...espalda….- decía, luchando contra los pequeños vikingos en su espalda y la niña colgada de su cuello mientras otro, que no estaba muy seguro de quién era, le pellizcaba las rodillas.

"Te odio Goi. Te odio profundamente por dejarme aquí con todos estos…"

-Me encanta cómo nos estás controlando, Ivar.- escuchó una vocecita venir del suelo. Cuando miró, era una niña pelirroja de expresión aburrida y cruzada de brazos. Su odiable hermanita.

-Cállate, Lucy.- ella le sacó la lengua y él correspondió. Finalmente, la infante se fue de su limitado (por piernas y manos) campo de visión.

Éste siguió forcejeando con los niños, con delicadeza para no lastimarlos pero la suficiente brusquedad para controlarlos….o algo así. Mientras seguía pensando todas las maldiciones que le escupiría en la cara a su prima por dejarlo solo en la Academia, y le gritaba cosas a los niños para que le dejaran de jalar el cabello, una figura aterrizó de la nada justo detrás de él. Ivar no se percató hasta que escuchó a la persona hablar.

-Está bien niños, déjenlo, van a matarlo entre tantos.- iba diciendo en todo burlesco, mientras utilizaba el método de los campos de fuerzas para alejarlos del pelirrojo.

-Gracias, Gil.- dijo el oji-gris, sobándose las doloridas rodillas y hombros.

-Oye, eso de los campos de fuerza es genial…- exclamó un niño que se coló entre ambos. Tenía unos 12 años y le llegaba al pecho a Haddock- …¿podrías…?-

Pero Egil no lo dejó terminar, y con un además formó una burbuja invisible de imperceptible color azul alrededor del chico. Este, emocionado, le dio las gracias y comenzó a correr rodeado por la burbuja, como si fuera un hámster enorme.

-¿Qué….?- balbuceó Ivar, todavía confundido por…eso.

-Nada, a veces me lo piden.- le restó importancia el otro.

El pelirrojo se quedó mirando como el chico-hámster corría de aquí para allá, persiguiendo a sus compañeros y rebotando contra las paredes de la Academia. Al menos no se lastimaría con esa cosa. Sacudió la cabeza y trató de hablar con naturalidad otra vez.

-¿Qué te trae por aquí? Tu hermana no está.

-Sí, ya sé que no está…Peleamos.

-Qué sorpresa. ¿Y por qué fue esta vez?

-Dragón. Y eso es justamente por lo que vine aquí.-

Ivar miró a ambos lados, algo confundido.

-No pongas esa cara, necesito ayuda.- dijo Egil, ahora con algo de fastidio. Le sería difícil adaptarse, puesto que antes a penas y sociabilizaba con la gente.

-Sí, de eso ya me doy cuenta pero….¿qué necesitas?

-Asleif me pateará hasta el cansancio si sigo usando a Storm como…transporte. Y Nina sigue sus pasos, así que…

-¿Quieres que te preste mi dragón?-

Mentalmente, Egil se golpeó la frente con una mano. ¿Tan difícil era captar lo que quería decirle o ese chico era idiota? Estaba por hablar cuando una voz le contestó la pregunta.

-No, idiota.-

Ivar volteó y Egil se asomó por sobre su hombro para ver a la prima del pelirrojo. Traía lo que parecían varios baldes de agua en las manos y brazos. Los dejó en el suelo y se aproximó algunos pasos.

-Quiere que lo ayudemos a conseguir un dragón propio.

-Ohhhhh- exclamó Ivar, y se ligó un zape en la nuca.

-En serio, ¿cómo es que eres tan inteligente para algunas cosas y para otras tan tarado? ¿Seguro que bebías leche de pequeño?

-Cállate, Goi.- y como siempre empezaron a pelear. Y luego los peleones eran los Haddock. Egil se aclaró la garganta para acallarlos.

-Oigan, ¿me ayudarán sí o no?

-Claro, pero primero debemos ir a tu casa.- dijo la castaña, luego de golpear la nariz de su primo.

. . .

-Si Asleif se entera que estuve en su habitación me dejará estéril…y sé que lo hará.

-No seas tan nena y sigue buscando.

-Vuelve a llamarme nena, Rohde.

-Tal vez lo haga, Haddock.

-¡Dejen de pelear o yo los dejaré estériles a ambos!-

Los dos primos y Egil se habían adentrado en el cuarto de la hermana de este último para buscar algo que supuestamente lo ayudaría en la búsqueda de su dragón. Él no tenía idea de qué podría ser, pero definitivamente no le gustaba estar allí adentro. Luego de la riña que había tenido con Asleif aquella mañana…auch, no le gustaba pensar qué pasaría si los veía allí.

-Gil, ¿dónde crees que podría guardarlo?- preguntó Goi, mirando en el escritorio de madera.

-Ni siquiera sé qué estamos buscando.- exclamó. Sí, debería aprender a tener más tacto si quería llevarse bien con alguien.

-Algo que te ayudará. El Libro de los Dragones.

-¿El Libro de los…? ¿Existe un libro sobre esas cosas?- preguntó, con un tono que no debió agradarle a ninguno de sus acompañantes por la mirada que le lanzaron.

-Tú quieres tener una de esas cosas, así que no hables como si les tuvieras tanto asco, Egil.- le cortó Ivar.

Definitivamente, tenía una actitud muy podrida para alguien que viviera allí. Tantos años a la defensiva lo había vuelto demasiado áspero para y con todos. Y en cuanto a los dragones….ya no les temía tanto, es más, quería tener uno, pero no podía cambiar su opinión de ellos de la noche a la mañana. Simplemente, todavía no se sentía tan cómodo entre ellos o hablando de ellos. Storm, Chimuelo y todos ellos eran una excepción, pero los otros…

Suspiró, pasándose una mano por el cabello.

-Lo siento. Todavía…no me acostumbro, es todo.

-Tiene sentido, pero deberás acostumbrarte más si quieres un dragón propio.- replicó Goi.

-Sí. Además, deberás respetarlo, demostrarle que lo respetas y no lo ves como a una mascota o a un servidor.- continuó explicando el pelirrojo.

-A parte de que son muy orgullosos.

-Y desconfiados en un principio.

-Y peligrosos si son salvajes.

-Sí, pueden hacerte de todo.

-Quemarte.

-Ensartarte.

-Aplastarte.

-Electrocutarte.

-Ahogarte. Matarte en general.

-Por eso la confianza es clave.

-Y el Libro. Puesto que explica todo sobre ellos y los métodos de entrenamiento.

-Pero una vez que te ganas la confianza y el aprecio de un dragón…

-…no hay nada que no haga por ti.- finalizaron en una misma voz.

Egil se quedó clavado en su lugar por un largo minuto, alternando miradas con Goi e Ivar. No parecían primos cuando hacían eso, se notaba que eran muy unidos, incluso daban miedo. Pero más allá de eso, ¿qué concepto tenían esos dos de levantar el ánimo? Es decir, a nadie con una fobia todavía latente hacia los dragones le dices que pueden matarte de cientos de dolorosas y creativas maneras.

-Está bien- dijo pausadamente, recuperando la movilidad luego del…pequeño shock inicial-. Busquemos ese libro y salgamos.-

Luego de pasar unos 5 minutos buscando la guía, la encontraron debajo de la cama. Salieron de la casa, victoriosos, y fueron directamente al Gran Salón dado que Vidgis estaba haciendo muy buen trabajo con los niños en la Academia.

-Bien, lo primero que debes saber es que todos los dragones del mundo están divididos en 7 clases o grupos…- comenzó a explicarle la castaña, una vez se acomodaron en una de las mesas más alejadas-….: Fogonero, Piedra, Afilada, Espanto, Marejada, Misterio, y Embestida.- enumeró con los dedos.

-Cada clase se caracteriza por las habilidades de los dragones que la conforman. Por ejemplo, los Fogoneros tienen el fuego más potente y escamas más resistentes, dado que algunos se encienden fuego a sí mismos.- explicó Ivar.

-Los de Afilada poseen cualidades, justamente, afiladas. Como espinas y demás.

-Comprendo. Algo similar hacían donde vivía; a todos nos dividían según capacidades.- intervino luego de asentir repetidamente con la cabeza.

-Exacto. Si puedes asociar todo lo que te enseñemos te será más fácil.- dijo el chico.

-Bien, comencemos. En Berk los dragones más comunes son….

. . .

-Hmm…chicos, no me siento muy cómodo….o seguro de esto…- murmuró con un hilo de voz.

-Bah, lo harás bien.- restó importancia la castaña con un ademán de mano.

Luego de una larga charla en el Gran Salón donde instruyeron al mayor de los Haddock sobre las clases de dragones, los más comunes, métodos de entrenamiento, y escalas numéricas según su límite de tiros, poder de fuego, sigilo, entre otras cosas, los primos lo habían "visto preparado" o "lo suficientemente instruido" para montar uno.

Él tenía un poco de experiencia en montar dragones, después de todo había usado a Storm y Thorfi, incluso se llevó a Chimuelo un día*. Pero ellos eran las excepciones, los conocía, eran amigables y sabía tratarlos. Además, el Furia Nocturna lo conocía desde que era pequeño, por lo que le tenía un cariño especial. Pero de eso a montar en un dragón ajeno…había un gran paso, y Egil no se sentía seguro dándolo tan rápido.

El Mortífero Nadder azul y bordó de Goi, Kappi, era un dragón que utilizaban mayormente para carreras. Era tan o más rápido que Storm, súper diestro en cuanto a piruetas aéreas y un enorme traicionero en cuanto volaba. Podía hacer virajes bruscos, caídas en picado entre otras cosas, sin que uno se lo ordenara o se lo esperaba. Goi no le decía nada por ello, hasta le festejaba sus locuras- dueño loco, dragón loco- por lo que el castaño se sentía todavía más incómodo estando sentado sobre el animal.

-No, en serio chicos, no creo que…- pero no pudo terminar dado que, en cuanto la chica hizo un gesto con la cabeza, el Nadder se elevó a una rapidez de vértigo.

Subió y subió, aleteando furiosamente rápido, con su bífida lengua afuera. La criatura parecía disfrutarlo al máximo, mientras su momentáneo jinete gritaba como desaforado. Una vez alcanzó una altura que le gustó, dejó de mover las alas en seco, se volteó hacia atrás y comenzaron a caer. Egil iba sujeto de la corona de cuernos del dragón, mientras el resto de su cuerpo estaba completamente en el aire, cayendo a cada vez mayor velocidad junto con el Nadder. Este extendió las alas mucho antes de llegar a golpear la superficie del océano, y se dio un par de vueltas mortales y espirales antes de salir disparado hacia arriba otra vez.

Repitió el proceso otro par de veces, con notable y creativas variables que el muchacho no podía apreciar dado que estaba completa y totalmente aterrado, y exclamando maldiciones y oraciones a cada dios como si se le fuera la vida en ello. Finalmente, el manchón de colores en el que se había transformado el animal mientras hacía varias vueltas de trompo seguidas, se dejó caer en picada otra vez.

-¡Quiero vivir, por favor, QUIERO VIVIR!- iba gritando el castaño, pero su voz se perdía con el silbar y rugir del viento en sus oídos.

Y en plena caída libre atravesaron una nube y descubrió que el piso estaba mucho más cerca de lo que pensaba. Exclamó más fuerte ahora, con la boca tan abierta por la impresión que se le metió un considerable bicho en ella. Boqueó repetidas veces hasta poder sacarlo y evitar tragarlo, y casi se distrajo lo suficiente para cuando aterrizaron.

Las dos grades patas del dragón se posaron delicadamente en la tierra, donde los primos les aguardaban con los brazos cruzados y sonrisas de triunfo en los labios. Egil, por otro lado, no se sentía nada bien. Bajó del animal tambaleante y tiritando como una hoja, con todos los nervios de punta. Tenía el pelo revuelto hacia todas direcciones y el flequillo por los cielos. Apoyó las botas firmemente en el suelo, con las piernas torcidas en una extraña pose de terror, hasta que le cedieron y cayó de cara al suelo con un gemido.

-No estuvo tan mal.- habló Goi.

. . .

Golpeó la puerta, con las rodillas todavía temblándole por lo que acababa de vivir. Una niña de no menos de 11 años le abrió. Tenía el pelo castaño corto para una niña y enormes ojos azules que le miraban con curiosidad.

-Hey, hola.- dijo, tratando de recomponerse.

La pequeña lo miró de arriba abajo. Todavía tenía la ropa hecha girones y el cabello desordenado, con toda su pecosa frente al aire.

-¿Eres amigo de mi hermano?- preguntó por fin, elevando una ceja.

-Sí. Soy Egil, el hermano de Asleif.-

Frente a esa declaración pareció ubicarlo, por lo que le sonrió levemente y exclamó por sobre el hombro un: "Zick, te buscan en la puerta".

-Si es Ivar le cierras en la cara.- contestó.

-Si lo fuera lo habría escuchado.- murmuró Egil por lo bajo.

-Está bien. Si no quieres salir, le diré a Asleif que vuelva más tarde.- volvió a exclamar por sobre el hombro.

En menos de 8 segundos, el ojiazul apareció por detrás de su hermana, saltando en un pie para ponerse correctamente una bota, mientras que se pasaba la otra mano por el pelo. Cuando vio de quien se trataba se desconcertó, y aún más al ver que el heredero a la jefatura se estaba aguantando una carcajada.

-Eres cruel, ¿lo sabías, Rita?- dijo entre enfadado y divertido, pasándole una mano por los castaños cabellos. Ella solo soltó una risita- Hola Egil. ¿Qué te pasó?- preguntó.

-Larga historia, por eso vine contigo.- dijo una vez se le pasaron las ganas de reír.

-Está bien. Vayamos al Gran Salón.-

De camino, Egil trataba por todos los medio acomodarse el flequillo para que no se viera la única zona de su rostro tan llena de manchitas marrones, y también de alisarse un poco la ropa. Le explicó a Zick que había peleado con su hermana porque no quería que siguiera usando a Storm para moverse y que le pidió ayuda a los primos para encontrar uno propio.

-Pero puedes volar, ¿no?

-¡Pero ese no es el punto! ¿Sabes lo agotador que es moverse por aire todo el tiempo por uno mismo?

-Está bien, está bien, entiendo. ¿Pero quién en su sano juicio le pide ayuda a Ivar y Goi para algo así?

-Ya aprendí la lección, muchas gracias.- ironizó.

-¿Entonces qué quieres que te diga?

-Necesito que me ayudes encontrar un dragón lo más pronto posible. ¿Crees que podrías?-

Eso lo tomó algo desprevenido, aunque en el fondo sabía que Egil le pediría eso. Está bien, era un entrenador de dragones y se encargaba de la Academia con regularidad, pero no se sentía muy seguro haciendo eso. Además, hacía pocos meses había conocido al chico Haddock, y todavía no había una relación de confianza muy…firme, entre ellos. Es más, había veces que el Destructor le inspiraba un poco de miedo, pero jamás lo admitiría frente a nadie.

-Bueno…yo…la verdad…- murmuraba pasándose una mano por el cuello.- No creo ser el más indicado para eso. Lo que quiero decir es que soy bueno entrenando los dragones y eso, pero de elegirlos…

-Vamos, lo harás bien. Mucho mejor que Ivar y Goi.- le interrumpió. Soltó una risita antes de continuar.

-Bueno, si es que me tienes tanta fe…- respiró y habló otra vez, con mayor seguridad ahora-. Bien, lo principal que debes saber es que todos los dragones están divididos en clases según sus capacidades y propiedades, pero confío en que eso ya te lo habrán enseñado.

-Sí, eso ya me lo explicaron. También me dijeron de los dragones más comunes por aquí y algunas maneras eficaces de entrenarlos, pero me temo que pasaron a la práctica muy rápido.- tuvo un estremecimiento con lo último.

-Bien, lo primero es la confianza. Yo no te veo muy confiado de los dragones.

-Hmmm….he de admitir que…- se rascó la nuca, nervioso-….que solo confío en unos pocos, dado que…Bueno, no tengo muy buenas experiencias con ellos y….

-Está bien, tranquilo. Les tienes miedo, es comprensible. Mi hermana casi pierde todos los pelos de la cabeza la primera vez que vio al mío y era lo suficientemente consciente.- rió al recordarlo y Egil casi no se dio cuenta de que el chico parecía haberle leído la mente.- Sea como sea, tienes que superar ese miedo, porque lo quieras o no deberás dirigir esta isla algún día, y tiene cerca de 10 dragones por cada vikingo.

-Está bien, capté el punto. ¿Me ayudarás o no?- se pateó internamente por el cambio de tono.

"Contrólate, así no te llevarás con nadie", se reprendió.

-Claro, ¿por qué no?- contestó cordialmente, pasando por alto el claro tono de fastidio del muchacho.

. . .

El lugar era enorme, hasta podría decir que parecía una exageración de no ser por la cantidad de dragones que albergaba. Los establos consistían en una montaña ahuecada con varios cientos de otros agujeros donde residían otros cientos de dragones. Estaba dividido en niveles, llenos de escaleras por las que subían y bajaban vikingos que, aparentemente, eran encargados de todo eso.

Dentro apestaba fuertemente a pescado y a cosas podridas, pero a Egil poco le importó y a su acompañante…bueno, o estaba acostumbrado, o lo disimuló muy bien.

-Bienvenido a los establos de dragones.- dijo mientras daba algunos pasos hacia atrás para poder mirarlo a la cara, y extendía los brazos a ambos costados del cuerpo.

Los ojos del destructor se desviaron hacia todas direcciones, con la intención de captar cada detalle lo más rápido posible. A parte del olor a pescado y a podrido, abundaba el olor a quemado y a madera mojada. En cierta forma le recordaba a cas….a la Isla.

-Increíble.- murmuró asombrado, provocando que Zick se asomara por sobre un hombro y largara una pequeña carcajada. Seguro tenía cara de tarado.

Fue hasta que un animal del tamaño de un buque de guerra pasó volando sobre su cabeza, que el estado de parálisis y asombro se borró de la cabeza de Egil. Se desequilibró por un momento por la corriente de aire que había levantado terrible dragón y, una vez volvió en sí, sus ojos volvieron a recorrer los huecos con cientos y cientos de bestias en su interior. Gruñidos, ronroneos, rugidos, chillidos y gorjeos llenaban el aire, y las estruendosas voces que identificaban a los habitantes de Berk no ayudaban a alivianar el ambiente.

No se dio cuenta hasta que casi cae de bruces contra el suelo, que el castaño le había conducido a través de toda la estancia hacia una de las tantas escaleras. Comenzó a subir, tragando saliva con fuerza al ver cómo un pequeño dragón estornudaba y de sus fauces salía un fogonazo tan potente que hizo explotar la escalera de enfrente.

-Bueno, como ves, aquí resguardamos a una gran cantidad de dragones. Algunos solo vienen a pasar la noche si es que sus dueños no pueden tenerlos en casa, otros los cuidamos por varios periodos de tiempo. La gran mayoría tienen dueño, pero hay otros tantos que no.- iba explicando el castaño, sin detenerse a mirar a su acompañante.

Una gota de sudor frío bajó por todo lo largo de la espalda de Egil en cuanto vio que un sujeto que le faltaba todo el brazo derecho se acercaba a detener una posible pelea entre dos Nadders de enormes espinas. A unos cuantos metros, una niña sostenía entre brazos al pequeño dragón que había estornudado y causado el destrozo. En otro piso, un chico poco menor que él llenaba de pescados lo que parecía ser una enorme bandeja, mientras unos 7 reptiles alados de gigantescos dientes no le quitaban los ojos de encima.

Inconscientemente se llevó una mano a la parte posterior de su hombro derecho, a la empuñadura de una de las espadas, pero su mano se cerró en la nada. Ya no tenía sus armas, Zick se las había hecho dejar afuera para no alterar a los dragones.

"Es muy fácil decirlo. Ellos tienen garras gigantes, aliento de fuego y unas mandíbulas que pueden partirnos al medio como palillos. Y yo no puedo ni siquiera tener una espada.", pensó amargamente. Por más de tener todas sus otras capacidades, se hubiera sentido mucho más seguro con algo más….tangible, como podía ser un arma.

Bajó la mano, sintiendo un extraño vacío. Desde pequeño que llevaba armas encima, y no se sentía muy seguro sin ellas. Palpó su chaleco y su cinturón, y la sintió. La daga que le regaló Sam hacía muchos años atrás. Jamás soltaba esa daga, tenía un significado sentimental para él muy grande. Era vieja, simple, de empuñadura de cuero gastada y hoja con poco filo, pero sentía un apego especial por ella.

Sentir el material rugoso bajo su piel le devolvió la seguridad que había perdido, y entonces se dio cuenta de lo vulnerable que se había sentido….otra vez.

-Está bien. ¿Cuál te gusta?- escuchó que preguntaba Zick, y esa frase le hizo volver en sí vertiginosamente.

-¿Cómo?- exclamó, más fuerte de lo que pretendía, y retirando la mano rápidamente de la empuñadura del cuchillo.

-Oh, lo siento, no lo formulé bien. ¿En qué dragón estás interesado?- al no recibir más respuesta que una simple pestañada de confusión, continuó.- Digo, tenemos muchos dragones aquí. Siempre y cuando te comprometas a cuidarlo, respetarlo y tratarlo como se merece, puedes llevarte cualquiera.

-Hm….esto, pues…-

"Demasiado rápido", habló su mente. El muchacho había ido demasiado rápido con el tema, y Egil, ciertamente, no se sentía muy seguro de sí mismo para dar el paso del dragón tan rápido. Pero si así tenía que ser, no se opondría. Después de todo, todo en su vida había ido bastante rápido…

-Vayamos de apoco- interrumpió el de ojos azules y caminó hacia el otro lado de la estancia, por delante de decenas de establos con el heredero siguiéndole el paso- Aquí se resguardan varios Terrores, pero imagino que querrás algo más…

-Grande, sí.

-Bueno, por allá tenemos varios Cremallerus…- dijo señalando la zona de enfrente-…, pero es preferible otro jinete para tener uno. Doble cabeza, doble personalidad, doble trabajo. En estas de aquí tenemos la gran mayoría de los Grockles…

-Hm…no lo sé. Creo que me gustaría algo más…hm…

-¿Veloz?

-Podría decirse.-

Subieron al siguiente piso- un poco más alejado de los demás- donde reinaban los chillidos y "silbidos", como sonidos de aves- enormes aves-, y el olor a ácido y metal fundido se intensificaban.

-Aquí tenemos Nadders, principalmente.

-Me gustan los Nadders.- murmuró Egil, mientras se acercaba a uno de los establos. Un dragón azul eléctrico bastante grande y con una corona de espinas gigantesca amontonaba a varios de pequeños dragoncitos bajo sus alas, emitiendo chasquidos tranquilizadores.

Una comisura de sus labios se elevó sutilmente en una sonrisa disimulada. De todo lo que se había perdido. Animales tan fabulosos hacia los que había desarrollado tanto temor. Criaturas tan parecidas a ellos mismos. Eran orgullosos, poderosos, fieles, temperamentales, vivían como si fueran una gran familia.

Tal vez no solo se había perdido de los dragones…

-No lo sé. Quizás Asleif no se sienta muy cómoda con ello.- contestó al tiempo que se volteaba luego de sacudir la cabeza para borrar todo pensamiento de su mente o expresión de su rostro.

-Sé lo que quieres decir.- dijo con una sonrisa ladeada, y lo condujo a la otra punta donde subieron una última escalera.- Te presento a las Pesadillas Monstruosas.-

Al principio, sintió admiración, fascinación, un respeto enorme por todas esas criaturas. Caminó lentamente por las plataformas de madera, sin producir un mínimo crujido como desde pequeño le habían obligado a hacer. Fue mirando establo por establo, pero unos 4 de cada 5 estaban vacíos. En algunos yacían dragonas con sus pequeños, y en otros no había más que hedor y cabezas de pescado.

-Ahora no hay muchos, ya que la mayoría tienen dueños. Es raro tener salvajes aquí. Casi todos viven en los bosques.

-¿Difíciles de controlar?

-Se podría decir. No son los más fáciles de entrenar pero…lo valen.

-Tú tienes uno, ¿no es así?

-Sip. Lo tengo desde que es pequeño…bueno, desde que yo soy pequeño también.-

Una puntada le recorrió el pecho a Egil pero no supo interpretarla. ¿Melancolía? ¿Envidia? ¿Anhelo? No lo sabía, y estaba pensando en ello cuando sus pies le llevaron al último establo. Un dragón bastante grande, de color marrón, mentón y panza celestes, dientes enormes y ganchudos y una zarpas como cuchillos le aguardaba allí.

Se detuvo delante de él y unos pasos más atrás lo hizo Zick. Analizó al animal por algunos segundos hasta que este recayó en su presencia. Clavó sus ojos ambarinos en los verde bosque de Egil y, pudo jurar, que frunció el ceño. Se levantó y avanzó un paso, en lo que el vikingo retrocedió medio. Las fosas nasales del dragón se expandieron, al tiempo que ladeaba la cabeza y la acercaba más al chico, e inspiró entrecortadamente. Estaba oliendo el aire.

Y entonces, toda la admiración, fascinación, y respeto inicial, se convirtieron en pánico cuando la bestia retrocedió bruscamente y enseñó los dientes blanquecinos y gigantes. Un gruñido nació en su pecho y le subió a la garganta. Un sudor frío comenzó a recorrerle la espalda a Egil, mientras pensaba que nunca había escuchado ese sonido tan aterrador, tan cerca de sí.

Retrocedió otro paso, adoptando una posición defensiva que ya tenía metida en la cabeza como un instinto, y se llevó una mano a la espalda. Cuando cerró el puño no había nada. No tenía sus espadas, lo había olvidado. Dio un traspié frente al hecho y el dragón gruñó más fuerte.

-Gil…- escuchó la voz de Zick a sus espaldas mientras bajaba la mano a su costado otra vez-. Egil, aléjate.-

Retrocedió otro paso. El animal clavó sus garras contra la madera del suelo y se elevó sobre las patas traseras. El establo no era tan grande como para que entrara en alto, pero pudo desplegar ambas alas hacia los costados- en cuyo interior se exhibían degrades de azules, turquesas y celestes- en actitud defensiva y desafiante. El gruñido se volvió más fuerte y los ojos del animal parecían a punto de prenderse fuego.

El dragón separó las fauces y emitió un potente rugido. En un acto reflejo, el vikingo se llevó la mano al cinturón y desenfundó la daga curva. El rugido se repitió, luego de un siseo propio de una colosal serpiente venenosa, y la criatura extendió las alas hasta donde le permitía el espacio.

-¿Pero qu…? ¿¡No te dije que las dejaras todas afuera!?- escuchó la voz enfadada del de ojos azules, y a continuación una mano poco más grande que la suya le arrebató el cuchillo. Alcanzó a ver cómo lo tomaba de la hoja y lo clavaba en el suelo.

Zick se adelantó y extendió una mano, pronunciando palabras tranquilizadoras pero con la voz claramente temblorosa. Sin embargo, el animal no le quitaba los ojos de encima a Egil. Y el primero a penas y alcanzó a quitarse del medio cuando las fauces se despegaron otra vez, un gas verdoso se acumuló tras la garganta y un fogonazo furioso salió exhalado de entre los dientes ganchudos. Y el segundo ya estaba preparado para formar uno de tantos campos de fuerza que le salvaría en pellejo de ser chamuscado….una vez más.

Las llamas se abrieron en torno a una esfera prácticamente invisible que rodeaba a los dos castaños, y esa fue la primera vez que Egil lo sintió. El fuego. Fuego real, expulsado desde el estómago de una bestia real. Sintió el calor abrazante subirle, desde las manos extendidas hacia adelante, por las muñecas y los brazos tensionados, hasta los hombros, la cabeza gacha por la tensión, y luego bajar por la espalda. Fue el calor más intenso y más mortal que había sentido, y lo tenía a solo un brazo de distancia.

Cuando el fogonazo se acabó, deshizo la burbuja por un segundo, suficiente como para sacudir las manos y formar otro campo de fuerza. Esta vez, el dragón envistió. Se lanzó con los dientes y las garras hacia adelante, y colisionó con fuerza contra la esfera. Egil tensionó más los brazos y apretó los dientes cuando el choque arrastró sus pies hacia atrás. Se obligó a abrir los ojos y levantar la cabeza, lo justo para ver al furioso animal arañando y mordiendo con todas sus fuerzas la burbuja. Cada golpe enviaba corrientes eléctricas por todo su cuerpo, una más fuerte que la otra, que le debilitaban pero que al mismo tiempo le incitaban a continuar luchando. Y entonces, también supo que esa fue la primera vez que atentaron tan directamente contra él y sus escudos invisibles.

Cuando el dragón se dio por vencido y se bajó de la esfera lo vio como una oportunidad, y debilitó el campo de fuerza para utilizar esa energía en formar una bola explosiva en una mano.

-¡No vayas a lastimarle!- escuchó que gritaba su acompañante.

-¡No lo voy a lastimar…!- gritó de vuelta, y entonces, cuando la criatura se arrojó otra vez contra ellos, deshizo la burbuja por completa y descargó la mano contra ella con todas sus fuerzas.

La neblina y electricidad parecieron avanzar en cámara lenta, espiraleando y chispeando naturalmente en el aire, antes de estrellarse contra el morro escamoso del animal. Se escuchó una fuerte explosión y el otro castaño calló hacia atrás, al igual que el dragón, mientras que el autor de toda la catástrofe se desequilibró y rozó el suelo con una rodilla antes de levantarse de nuevo y respirar forzosamente.

-…solo estará muy….muy enojado…- murmuró al escuchar el gruñido colérico y cansino que emitía el dragón. Y cuando se levantó, Egil no supo de dónde sacó las agallas para sonreír, porque ciertamente su conciencia estaba abrazándose las rodillas y cantando "Vamos a morir. Vamos a morir. Vamos a morir". Tal vez ya se había vuelto completamente loco, tal vez el miedo lo estaba llevando a hacer más tonterías de lo usual, o tal vez fuera que hacía meses no había habido nada de acción. Lo único que sabía, era que en lo único que era bueno era peleando, y que entonces lo podría hacer.

Despegó tan rápido como pudo y el animal le siguió detrás, misteriosamente sin escupirle fuego pero destrozando escaleras y vigas de potentes aletazos. Si los establos no se cayeron fue por pura suerte. Volaron hacia la salida, y una vez Egil tuvo todo el cuerpo a la luz del sol extendió una mano hacia atrás y sus dos preciadas espadas volvieron a su encuentro. Las enfundó y continuó volando, más rápido esta vez. El dragón rugió colérico y vomitó más fuego, tiro que por suerte no atinó. Pero para el segundo ya estaba más preparado, y cuando el Pesadilla exhaló, Egil se dio vuelta y formó otra burbuja.

¿La parte buena? No murió rostizado. ¿La mala? Volar hacia atrás no era su fuerte. Fue cuestión de milésimas de segundo. Golpeó contra la piedra con toda la espalda y cayó sobre la madera. Disparó prácticamente a ciegas, ya que todavía no enfocaba bien debido al impacto…pero vamos, ¿quién no ve a un dragón del tamaño de una casa volando a unos metros de ti? Escuchó al animal rugir y sus potentes aleteadas que se alejaban. Había estado cerca.

Suspiró con alivio y relajó la postura. Había caído en el puente que llevaba a la Arena, por lo que no estaba muy lejos de cualquier persona que pudiera ayudarle. Respiraba costosamente, y estaba a punto de levantarse para irse de allí cuando lo escuchó. Un grito. Bastante cerca.

Abrió los ojos de golpe y salió disparado a donde el sonido, el cual lo llevó directamente a la Arena. Allí, en el medio del enorme círculo de piedra y entre varios niños, estaba el Pesadilla Monstruosa. El "techo" de cadenas había sido retirado para unas clases de vuelo pasadas, por lo que el animal lo encontró como un lugar seguro para aterrizar.

El castaño llegó a tiempo para escuchar la voz de Vidgis, gritando órdenes de aquí para allá y repartiendo escudos entre los niños que tenía a cargo. Se quedó petrificado, no sabía qué hacer. Parecían tener todo bajo control, y más cuando comenzaron a hacer ruido y el dragón pareció confundirse y marearse. Pero cuando este gruñó, supo que algo no andaba bien.

Comenzó a descender paulatinamente, hasta que vio los ojos ambarinos y vidriosos desenfocados, tratando de mirar hacia la mayor de los vikingos. El animal siseó otra vez como una enorme víbora y abrió las fauces. Eso fue todo lo que necesitó para lazarse en picada y posicionarse delante de la muchacha. Con las manos extendidas y la cabeza gacha, como siempre hacía, los símbolos ardieron en sus manos y formó el campo de fuerza con la energía que le quedaba. Las llamas lamieron la esfera de hámster gigante, pero no la dañaron, hasta que finalmente retrocedieron. Abrió los ojos y vio que el animal pretendía vomitar más fuego, pero solo salieron unas tristes chispitas. Se había quedado sin tiros.

No bajó la guardia hasta que, en cuestión de pocos segundos, varios vikingos llegaron a controlar al Pesadilla.

-¿Estás bien?- preguntó Egil por sobre el hombro, sin abandonar la postura defensiva.

-Sí, no pasó…-quejido-….nada.- escuchó la voz entrecortada y calma de la castaña, rara luego del vozarrón decidido de hacía uso momentos.

Se volvió frente al quejido y la vio en el piso tratando de incorporarse. Rápidamente dejó su posición y se volvió a ayudarla. Seguramente, con el apuro por ponerse delante y protegerle, la había empujado. Y muy fuerte. Se sintió como imbécil, el más grande de todos, y le tendió una mano.

-¿Estás bien? De veras lo siento, no fue mi…- no sabía qué decir, nunca había tenido que disculparse con nadie. Solo contadas veces, así como contadas veces había querido disculparse con alguien.

-Sí, tranquilo. No fue nada.- contestó y aceptó la mano que le tendía. Se puso de pie, primero trastabillando y luego recuperó todo el equilibrio. No tenía anda.- Gracias por todo.

-No fue nada.- sonrió sin humor. Se había asustado. Toda la situación había sido demasiado compleja como para procesarla tan rápido, y todavía estaba asustado.

Cuando escuchó al dragón gruñir por última vez antes de que lo dejaran medianamente paralizado, se volvió. Pero no había sido el único gruñido. A unos cuantos pasos tenía a un muchacho cerca de una cabeza más alto, pelo castaño revuelto en todas direcciones y ojos turquesas encendidos. Sip, de había salido el gruñido más aterrador.

-¿No….te dije…que dejaras todas las armas…afuera?- habló, tratando de mantener la voz calma. Egil solo le miró indiferente, aunque en su mente de verdad se sentía enfermo consigo mismo.

-Hm, Zick, no….Solo, no te alteres.- interrumpió la muchacha de ojos oscuros. Frente a eso, le lanzó otra mirada envenenada al heredero, pero no dijo nada.

Fue cuestión de pocos segundos para que una sombra oscura bajara del cielo y se posara detrás del castaño más alto. Ambos miraron en aquella dirección, hacia el dragón azabache que observaba todo con los ojos tóxicos teñidos de confusión, y hacia el jinete que se bajaba en el mismo estado.

-¿Qué fue lo que pasó aquí?- preguntó, confundido pero con autoridad.

-Yo…- todas las miradas se volvieron hacia el muchacho, tan parecido al jefe, que avanzó un paso con la cabeza gacha y la voz detonando arrepentimiento-…lo siento, jef…papá…-

Hipo se le quedó mirando, sin saber qué sentir o qué hacer. El Pesadilla gruñó hacía el que se abría paso, y el Furia Nocturna lo acalló con uno propio. Antes de que cualquiera pudiera decir nada más, una sombra verde cayó del cielo, y dos figuras rubias se bajaron de ella.

-¿Qué…?- murmuró la mayor.

-Oh, por…- comenzó la otra.

Las dos se volvieron a Egil. La primera con los ojos del color del cielo detonando desconcierto, y los verdes de la segunda reflejando la lucha interna de no saber si reír o golpearle en la cara. Se decidió por la primera, ahogando la sonrisa con una mano.

-Que mal, Gil, muy muy mal.- dijo en tono serio cuando todas las miradas se dirigieron a ella, meneando la cabeza.

-En verdad lo siento. Fue culpa mía- habló el chico Haddock, queriendo romper el silencio incómodo. Las miradas medio solemnes y medio decepcionadas de sus padres fueron lo que le incitaron a seguir hablando; después de todo, había metido la pata hasta el fondo.- Pero…pe-pero me haré cargo de todo. Soy el único responsable, así que…trataré de enmendarlo. Reparo los daños, cuido al dragón, lo que sea, solo…-

Se sentía como un idiota. Como un niño. Como un irresponsable. Como un niño idiota e irresponsable, definitivamente. No llevaba ni tres meses en Berk y ya había causado desastres. La necesidad de disculparse y el sentirse culpable hacían años no se alojaban en su vientre, por lo que no podía recordar la última vez que se había sentido tan mal. La última vez que había querido compensar sus actos había sido hacía mucho. Ni si quiera podía recordar si alguna vez se había sentido tan mal.

Intercambió miradas con su padre por unos momentos, y finalmente llegaron a un acuerdo…

. . .

-¿Qué tal, viejo?- preguntó naturalmente, mientras entraba en el establo.

-Grrrrr.

-Es bueno saberlo.- dijo sarcástico- ¿Nunca aprenderás a hacer algo más?- recriminó mientras bajaba de golpe la pesada cesta que traía al hombro.

-Grrrr.

-Grrrr, para ti también.- contestó, y pateó la cesta para que el contenido se vaciara en el suelo-. Te traje comida, así que al menos actúa como si te importara.

El dragón acercó el morro hacia el montón de pescados muertos y olorosos, olió levemente e intercambió miradas entre ellos y Egil repetidamente. Luego, lo olió a él.

-Estoy limpio, amigo. Nada que tenga filo, peso, o algo con lo que pueda lastimar tus preciadas escamitas. Pero aun así, ya sé lo que dirás…

-Grrrr.

-Sí, sí, "grrr". Si sigues así, nadie nunca va a querer estar contigo, tienes que cambiar esa actitud y cepillarte un poco los dientes.

-Grrrr.

-Lo que sea.- rodó los ojos, al tiempo que movía el hombro derecho para apaciguar el adormecimiento que le había causado el cargar con la cesta. Se apartó un par de pasos del Pesadilla, y se quedó al margen mientras el dragón comía.

Ya había pasado casi una semana del…conflicto con el animal. Y con el dragón también (no se crean que discutir con Asleif y salir vivo es algo sencillo). Finalmente, convenció a su padre de dejarle ayudar a los otros vikingos a restaurar lo que se había destruido dentro de los establos, y también de cuidar del dragón hasta que estuviera lo suficientemente controlable para ser entrenado. Así que allí estaba, llevándole día tras día comida y algo de compañía a la criatura que casi le había chamuscado hasta las uñas de los pies. No disfrutaba especialmente al hacerlo, pero al menos ya no habían tratado de matarse entre ellos.

-Si ya terminaste con eso…yo, bueno, me voy.- solo recibió una mirada ambarina y de reojo, que no reflejaba nada.

Casi sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, extendió una mano hacia el dragón. Este no gruñó, pero alejó el morro unos centímetros. Egil bajó la mirada, y estiró más la mano. Llevaba días haciendo eso, después de todo, algo tenía que pasar. Su piel nunca entró en contacto con las escamas, pero en lugar de eso…

-Grrr.

-Está bien, buen día para ti también.- rezongó mientras volvía a levantar la cabeza. Levantó la cesta del suelo y, haciéndola un rollo, salió del establo.

Levitó y bajó lentamente y sin apuro hacia el suelo de la montaña hueca. Cuidar del Pesadilla no era tan malo después de todo, tal vez no le sería muy difícil entrenarlo. Una vez ambas botas entraron en contacto con el suelo, caminó hacia la salida. Cuando estuvo afuera, se frotó la nuca, y acto seguido se inclinó sobre el gran contenedor donde reposaban las armas de los vikingos que ingresaban a los establos. Recogió sus dos espadas y las guardó en sus fundas detrás de la espalda, y luego se metió la daga sin filo en el cinturón. Cuando se levantó, cierta figura pequeña y castaña le estaba mirando con diversión.

-¿Qué tal, Nina?

-Dicen que odiamos a los que más se parecen a nosotros.- habló, con las manos tras la espalda y mirándole con la misma chispa en los ojos.

-¿A qué viene eso?- preguntó con una ceja en alto.

-También dicen que la mascota se paree al dueño.- continuó.

-¿Mascota?

-Sip, y tú de verdad que te pareces a ese Pesadilla.

*como vimos en "El regalo del Furia Nocturna" y en HTTYD 2, Hipo fue capaz de diseñarle una cola a Chimuelo con la cual pudiera volar por su cuenta. Por eso, Egil ha podido volar con él.

Yoooo! (o "¿qué tal?", como quieran ;))

¿Cómo están mis queridos lectores? Perdón por haberme desaparecido durante tanto tiempo, pero tengo la mejor excusa de todas: tercer año es mucho más duro de lo que pensaba; MUCHO más duro de lo que pensaba.

Ya sé que no es suficiente excusa para mi larga desaparición, pero al menos les traje un capítulo BIEN largo como para que no me saquen los ojos. Jaja…ja…ja…PIEDAAADD (?)

Bueno, y como los quiero mucho y los he hecho esperar mucho, lo menos que puedo hacer es contestar sus reviews:

nati: aww, gracias, me alegro que te haya gustado :3 Respecto a eso, probablemente haga un capítulo referido al tema de los poderes y sus manifestaciones, pero, contestándote, fue intencional el que ellos no tengan los poderes; de igual forma, seguro los voy a agregar de ahora en adelante para que la historia no pierda el tinte fantástico con el que comenzó ;) Me alegro mucho de que te haya gustado y espero que este también lo haya hecho! Muchas gracias por comentar y nos leemos en el siguiente capítulo! ;D

Chicasinmiedo: ¿en serio? Aw, gracias! x3 Fuck yeah, Nina Haddock dominando el mundo XD Ese era, en parte, uno de los objetivos del capítulo, así que me alegro todavía más de que lo haya conseguido :D Otra vez, ¿en serio? MUCHAS GRACIAS! Me alegro de verdad de que te guste mi escritura, es muy importante para mí x3 Espero te haya gustado este capítulo, no me mates por pegarme el cartel en la frente (no mentira, no lo hice, no te enojes XD) y me perdones por no haberme conectado en TAAANTO tiempo. Nos leemos!

Arksodia: fuck yeah! XD Aww, gracias Andy, me alegro que te haya gustado :'3 Sí, una de las finalidades del capítulo anterior era la de introducirnos mejor en las personalidades de los personajes (van a haber algunos más en los que también voy a tratar de caracterizarlos así), así que estoy contenta de que haya funcionado ;3 Otra vez, muchas gracias, y me súper alegro de que haya gustado! Nos leemos en el próximo!

Y~ eso ha sido todo. Siento como que esta nota de autora ha sido muy corta para lo que los he hecho esperar, pero bueno, es lo que hay XD Espero les haya gustado el capítulo, no les haya parecido muy largo o muy tedioso, y que me hagan saber cualquier cosa mediante uno de sus tan alentadores comentarios ^w^

Espero publicar pronto el siguiente capítulo (ni siquiera sé de qué va a tratar, pero, con suerte será otro Modern Days), pero la escuela me tiene re corta. Escribir siempre va a ser mi hobbie más preciado, y no se preocupen porque nunca lo voy a dejar, así que consideren los retrasos como algo normal ;) Y, sin nada más que decir, hasta la próxima…

Nos leemos!

PD: revisé por encima, así que ya saben, cualquier error me avisan! ;)