Lo siento, pero antes de que lean el capitulo tengo que hacer un anuncio: ¡La historia llego a los 100 reviews! No saben lo feliz que estoy por esto, y lo bien que me hace sentir el hecho de saber que por la red hay gente que apoya mi trabajo. No puedo más que agradecerles. :')

Ahora sí, ya basta de sentimentalismos. Espero que disfruten del capitulo.


La primera cita

Por lo general, y más aun luego de una exhaustiva jornada de trabajo en Olympus, Annabeth optaba por no cocinar la cena. Pasaba casi todo el día fuera, de manera que llegaba tan cansada y aturdida a casa que, en vez de lidiar con sartenes y demás, ordenaba algo de algún restaurant (admitía que la comida italiana era su debilidad, pero no por eso se había privado de probar cuanta delicia exótica se vendiera dentro de la isla de Manhattan). Esa noche, en particular, había decidido preparar algo ella misma y sorprender a Percy.

Ya era una costumbre suya encender el minicomponente y poner música a un volumen medianamente alto cada vez que se dedicaba a la gastronomía, de manera que mientras rebanaba unas cuantas verduras podía oír la armónica voz de Adam Levine resonando entre las paredes de la sala… Tenía que aprovechar los últimos minutos a solas que le quedaban, puesto que cuando Percy llegara de seguro comenzaría a rezongar por la música y no se detendría hasta que ella cambiase de disco. Ese era uno de sus pocos defectos: apenas si toleraba los artistas modernos. Había crecido oyendo los discos antiguos de su padre en un viejo tocadiscos, de manera que tenía una predilección por la música del siglo pasado.

A decir verdad, y aunque algunas personas opinasen lo contrario, Annabeth no consideraba esto un defecto sino algo que lo hacía más especial todavía. Durante sus años en la preparatoria también la habían considerado un bicho raro por su gusto tan inusual, de manera que, en un primer momento, este fue el punto en común que dio inicio a su amistad. Con el tiempo descubrieron que no solo compartían preferencias musicales, pero de no haber sido por ello quizás las cosas habrían resultado de un modo completamente diferente.

Hubiese seguido meditando sobre todo esto de no ser porque, de improviso, la cerradura de la puerta principal comenzó a emitir sonidos. Instintivamente no pudo más que esbozar una amplia sonrisa… Al fin había regresado. A pesar de que solo estuvo alejado por casi una hora, Annabeth tenía la sensación de que en realidad fueron tres. Se había acostumbrado tan rápido a la presencia de Percy, ya fuese en su faceta cariñosa o en plan de gastarle alguna que otra broma, que ahora sentía la imperiosa necesidad de tenerlo a su lado la mayor parte del día. Aun asi opto por quedarse en la cocina y continuar con su tarea de picar las verduras, puesto que no dudaba ni por un instante en que él vendría a su encuentro.

-Para ser un cover, admito que la versión es buena- comentó su novio a sus espaldas nada más llegar, antes de abrazarla con delicadeza por la cintura y depositar un beso sobre la base de cuello; acto seguido, afirmo el mentón sobre su hombro derecho y comenzó a mecerse al ritmo de la melodía. Sin poder resistirse a esto, Annabeth amplio aun mas su sonrisa y dejo el cuchillo sobre la encimera de granito con el propósito de seguirle el juego. Para ello, coloco sus manos sobre las de Percy, quien aun la abrazaba por detrás, y se inclino un poco hasta encontrar apoyo en su pecho -There goes my baby; she knows how to rock n' roll. She drives me crazy…-

Desde un tiempo bastante largo que la versión de ese éxito de Queen interpretada por Adam Levine estaba entre sus canciones favoritas, pero ahora, luego de escuchar a Percy cantándola suavemente junto a su oído, sin dudas pasaría a ocupar un lugar inferior. Puede que no fuese el mejor cantante del mundo, mas en ella lograba despertar tantas sensaciones juntas que hasta consideraría grabar un disco suyo.

Continuaron meciéndose al ritmo de la canción hasta su final, y cuando este se produjo Annabeth se libero de los brazos que la retenían para voltearse rápidamente y asi unir sus labios a los del hombre que tanto quería. Ni lento ni perezoso Percy volvió a acercarla a su cuerpo abrazándola por la parte baja de su espalda con delicadeza, al tiempo que respondía a su beso con aun más intensidad… Dioses. Estaba segura que nunca se cansaría de esto. Ese subidón de adrenalina que le producía el roce de sus cuerpos era demasiado placentero y adictivo como para resistirse.

-Pensé que tardarías menos en regresar- comentó ella haciendo un mohín, luego de que interrumpieran el contacto de sus labios por falta de aire. Pero ese no fue motivo para que se alejasen el uno del otro, puesto que el hombre de pelo azabache continuo abrazándola y juntó su frente a la suya esbozando esa picara sonrisa que ya era su marca personal.

-De verdad lo siento, pero cuando llegue a casa mamá estaba esperándome para un interrogatorio y me costó trabajo convencerla de que aguardara un poco mas- respondió él en un suspiro, logrando asi que ella riera divertida… Pobre. Conocía tan bien a Sally Jackson que apostaría cualquier cosa a que, en esos momentos, estaba muriendo de la curiosidad por saber que se traía entre manos su hijo.

-O sea que aun no lo sabe- por un común acuerdo decidieron que "la gran noticia" se la darían a sus respectivos padres juntos, de manera que tenían planeado reunirse con Sally esta semana aprovechando su estadía en New York y viajar dentro de poco a la costa oeste para visitar a los Chase.

-No, y tenemos que decírselo pronto porque ya está bastante intrigada con todo el asunto que hasta es capaz de contratar un investigador privado que me siga- aseveró Percy un tanto exasperado, aunque su novia sabia que esto era un tanto injusto para Sally. Si ella estuviese en su lugar, y su único hijo la hubiera dejado en su pent-house las tres últimas noches sin decirle a donde se dirigía, también se preocuparía.

-Descuida, porque mañana tú me acompañaras a la cita que tengo con ella y te aseguro que con solo vernos llegar entenderá todo- le confirmó Annabeth con una radiante sonrisa, imaginando como reaccionaria la mujer, que consideraba prácticamente su madre, a esta esperada noticia.

-O podríamos ser un poco más explícitos y hacer esto- en menos de un segundo Percy atrapó sus labios en un beso tan fogoso y pasional, que se vio en la necesidad de retroceder unos cuantos pasos hasta apoyarse en la encimera de la cocina para no perder el equilibrio… Dioses del Olimpo. Si con un beso normal alteraba sus sentidos, con los de este tipo desconectaba por completo su mente de su cuerpo.

No supo bien cómo, pero a los pocos segundos terminó sentada sobre la mesada de granito y aferrándose al cuerpo de su novio con ambas piernas, al tiempo que correspondía a su beso con igual, o quizás, mayor intensidad. Por inercia, llevo ambas manos hasta la base de su cuello y luego se dedico a enterrarlas entre esa mata de cabello color azabache que tanto le gustaba… A decir verdad, esa era su tercera parte favorita del cuerpo de su novio. En primer lugar, y desde hacía ya varios años, estaban esos preciosos ojos verde mar en los que infinidad de veces llego a perderse y en segundo ese torso esculpido que parecía propio de un adonis griego.

No pasó mucho tiempo hasta que Percy llevara sus manos hasta el primer botón de su blusa y se pusiera en la tarea de desabrocharlo. Ante ello, ella no hizo más que sonreír internamente. Al parecer, su novio estaba decidido a quitarle el mismo esa prenda… Desde la mañana venia intentándolo, pero cada vez que lo hacía algo los interrumpía: primero lo hizo ella, puesto que no quiso dejar pasar el incidente de Drew asi nada más; la segunda vez fue durante el almuerzo, cuando el camarero de un restaurante de Greenwich Village al que fueron a almorzar los interrumpió en el reservado al traerles su orden; y la tercera ocurrió durante su vuelta del trabajo, cuando Grover, el chofer y guardaespaldas de Percy, los interrumpió para informales que ya habían llegado al departamento de Annabeth. Aunque esta vez la situación parecía prometedora, pronto también se vio arruinada puesto que, en ese preciso momento, el teléfono de su hogar comenzó sonar.

-Por favor no contestes- le rogó él en un susurro apenas audible, sin dejar de soltar uno a uno los botones de su blusa, para luego trazar un camino de besos por su cuello en forma descendente.

-Podría ser importante- replicó Annabeth con un hilo de voz, intentando no perder el poco autocontrol que le quedaba… Aunque su cuerpo insistía en que dejase que la contestadora automática respondiera, su mente se negaba a acceder a esto. Tal fue su modo de imponerse que, antes de arrepentirse, liberó a Percy de su agarre y lo empujó con delicadeza -Te aseguro que solo será un momento- esbozó su mejor cara de suplica y, aunque pensó que no lograría convencerlo, al final él terminó accediendo con un suspiro. Acto seguido, ella dejó de un salto la encimera y se encaminó hacia la sala- Mientras tanto comprueba que el vino que elegí para la cena te agrade-

No escucho ninguna respuesta, pero tampoco se atrevió a inspeccionar el rostro de su novio porque lo conocía lo bastante bien como para saber que seguro intentaría emplear alguna de sus tantas artimañas buscando convencerla. Y, para desgracia suya, aun no había encontrado un modo de ser inmune a ello.

-¿Hola?- no se imaginaba quien podía llamarla a esa hora. Esperaba que no fuese uno de los tantos diseñadores que intento comunicarse con ella en Olympus durante la mañana, porque de ser asi se olvidaría de actuar como una dama y le soltaría un par de improperios.

-Annabeth, que bueno que respondes… Comenzaba a creer que no estabas en casa- respondió la voz de un hombre al otro lado de la línea, logrando asi que al instante su frente se poblara de arrugas.

-¿Papá?- eso era muy extraño. Por lo general, Frederick Chase era un hombre que no acostumbraba llamar por teléfono. Siempre era ella la que lo llamaba para contarle las novedades de su semana, y de paso informarse sobre el estado de su familia. Además no tenía un motivo por el cual hacerlo, puesto que se vieron por última vez el viernes justo antes de que ella regresase a Manhattan. Por todo esto, no tardó en pensar lo peor -¿Están bien? ¿Sucedió algo?-

-Cariño quédate tranquila que todo aquí está más que bien- tras aquella confirmación la mujer de ojos grises emitió un suspiro de alivio, para luego dirigirse hasta el sofá de la sala y dejarse caer sobre el mismo -En realidad, llamo para darte un aviso-

-¿Aviso?- que su padre quisiera darle un aviso era aun más extraño que el hecho de que la llamara. En su vida recordaba que hubiese hecho una cosa tal… Es decir, su padre era tan despistado que si no fuese por Claire iría todos los días su trabajo usando su sweater al revés.

-Hable con tu madre esta mañana y me dijo que dará una serie de conferencias la próxima semana en Manhattan- explicó, sin dar muchos rodeos, con un entusiasmo que Annabeth considero excesivo.

-Pues me alegro por ella, pero no entiendo que sentido tiene el que yo lo sepa- replicó la rubia al instante con un tono bastante mordaz e irónico… ¿Y que más se suponía que hiciera? ¿Dar saltitos de alegría? ¿Enviarle una tarjeta de felicitación? ¿Arrojar fuegos artificiales a su llegada? Sí, como no.

-Annabeth sabes a que me refiero- claro que lo sabía, pero no por eso iba a darle la razón ni a responderle. Entre ver a Drew colgada del cuello de Percy y hablar de este tema, optaría por la primera opción. Ver a esa zorra usando sus encantos era más agradable que recordar a cierta persona de su pasado -Esta es una buena oportunidad para que la llames y...-

-¿Disculpa? Sabes perfectamente que fue ella quien comenzó con todo esto, asi que yo no tengo por qué ser la quiera arreglar las cosas- ¡¿Pero cómo demonios osaba ponerse de su lado en esto?! Luego de todo lo que se atrevió a hacerles, no comprendía como su padre aun trataba a "esa mujer" de forma tan agradable y cordial.

-Sí, pero conoces a tu madre y...- respondió Frederick con paciencia, pero no alcanzo siquiera a terminar con su explicación porque fue interrumpido por su hija.

-¿La conozco? También te recuerdo que me dejo contigo a los siete años y no volví a verla hasta los diecisiete- aunque su voz se oyera fría y distante, por dentro sabia que aquellas palabras estaban cargadas de odio y, sobre todo, de mucho dolor. Jamas perdonaría a su madre por atreverse a hacer tal cosa, y mucho menos por el maldito motivo que la llevo a hacerlo. Puede que su padre lo hubiese hecho, pero ella estaba decidida a no hacerlo nunca.

-Eso lo sé, Annabeth- confirmó su padre con tristeza, y aunque la aludida hizo todo lo posible por no alterarse una pequeña lagrima rodo por su mejilla… Esa era precisamente una de las razones por las que no podía perdonarla. Había herido demasiado a un hombre tan bueno como lo era Frederick Chase, y por su culpa pasó sumido varios años en un estado de melancolía del que solo logro salir gracias a la ayuda de Claire -Mira hija, ya te expliqué muchas veces de quien heredaste esa tendencia a ser orgullosa. Si para ti es difícil renunciar a ello, para tu madre lo es aún más. Sé que ella está arrepentida por la última discusión que tuvieron y quiere arreglar las cosas-

-¿Ella te lo dijo?- inquirió con amargura, al recordar lo mal que terminó el último encuentro que tuvieron ambas hacia ya más de un año. En esa ocasión, fue su madre quien le envió un correo pidiéndole que fuese de visita a Massachusetts durante un fin de semana.

-No, pero la conozco lo suficiente como para entender que me llamó con la esperanza de que yo te pasara el mensaje- no se lo dijo, pero Annabeth tenía sus dudas al respecto. Su madre ya había demostrado ser alguien demasiado fría y calculadora, por lo que ahora no la creía capaz de sentir culpa o arrepentimiento-Ya eres una adulta que puede tomar sus propias decisiones y respetare aquello que elijas, pero te pido que analices con calma la situación. No estoy exigiéndote que te lleves bien con ella, solo que declares un alto el fuego y hablen sobre lo sucedido-

-No estoy segura de querer hablar sobre lo sucedido, papá- hasta el momento nadie, con excepción de Rachel, sabía cuál fue el verdadero motivo de la discusión. Le causaba tanto dolor que había preferido comentarlo tan solo con una de sus mejores amigas, puesto que sabía que propagarlo tan solo causaría más sufrimiento… Recordaba con claridad las crudas palabras que su madre pronuncio en aquella ocasión, y hasta hacia poco aun habían continuado atormentándola. No estaba segura de querer oírlas de nuevo; no después de todo lo que le costó reponerse.

-Y estas en todo tu derecho, linda, pero a mí me dejaría más tranquilo el hecho de saber que cuentas con ella en la costa este por si te sucede cualquier cosa- ¡Ja! En los casi treinta años de vida que tenia no recordaba una sola vez en que le hubiese demostrado algo de preocupación ¿Cómo podía su padre pensar que lo haría justo ahora?

-Percy está conmigo- rebatió al instante y, como si hubiese estado esperando a que lo mencionara para aparecer en la sala, él se dejo caer en el sillón junto a ella y la atrajo hacia sí envolviéndola en un abrazo. En el acto, cerró los ojos y dejo que sus fosas nasales se llenaran de aquel perfume varonil impregnado tanto en su piel como en su ropa… Sin dudas, no había mejor bálsamo que ese.

-Lo sé, Annabeth- respondió su progenitor en un suspiro, aunque por como lo dijo la aludida podía asegurar que él se encontraba sonriendo -Cuando tienes algo metido en esa cabecita tuya es muy difícil hacer que cambies de opinión, asi que mejor dejemos esto aquí- bueno, al menos logro ganar esta batalla. Seguro que luego de llevar años estudiando historia militar, su padre ya había aprendido a rendirse cuando la causa estaba perdida -¿Cómo te fue con lo de la gala benéfica?-

-Bastante bien, diría yo. Logre obtener lo mejor de la subasta- comentó la rubia con picardía, justo al tiempo que intercambiaba una mirada divertida con Percy mientras él acariciaba su rostro. No pudiendo resistirse a ese gesto, Annabeth aprovecho su cercanía para robarle un corto beso.

-Me alegro de que asi fuera- como si ya no quisiera aguardar un segundo mas, su novio comenzó a besarle el cuello de tan forma bastante pasional que ella no pudo evitar proferir un leve gemido -Parece que estas algo ocupada, asi que mejor te dejo-

-Papá ni siquiera te imaginas de quien se trata- estaba casi segura que se pondría completamente feliz en cuanto lo supiera. Frederick sentía un especial aprecio por Percy desde que lo conoció, y durante muchos años, o al menos hasta que los gemelos crecieron, compartieron varios pasatiempos juntos, como volar en biplanos antiguos, coleccionar objetos de baseball o asistir a partidos de los Dodgers algún que otro fin de semana.

-¡Y no quiero saberlo! A pesar de que ya eres una adulta, aun continúas siendo mi hija y es difícil imaginarte haciendo… "eso"- tras aquello Annabeth no pudo contener mas la risa, logrando asi que Percy dejase su cuello y la mirase con el ceño fruncido, en clara señal de que no entendía nada. Con un gesto, ella le indicó que le explicaría todo más tarde - Solo prométeme que serán cuidadosos-

-Por favor no comiences con esto. Ya fue suficiente con esa charla tan vergonzosa que me diste a los dieciséis- se apresuró a decir ella con una sonrisa nostálgica, al tiempo que sus mejillas adquirían una leve coloración rojiza de solo recordar lo penosa que fue aquella situación… Tras el éxito que resulto su idea de llegar a una de sus clases vestido como un oficial de la segunda guerra mundial, su padre optó por hacer "la charla" un poco más innovadora vistiéndose de abeja y disfrazando a Claire de una flor. La situación fue tan graciosa y a la vez tan abochornante que obligó a su padre a prometer que no volvería a hacerlo nunca más. Aunque ella no pudo librarse de esa experiencia tan traumatizante, al menos consiguió que los gemelos si lo hicieran.

-Solo quiero asegurarme de que lo recuerdes- comentó su progenitor entre risas, antes de proferir un suspiro y agregar -Espero poder conocerlo pronto-

-Descuida, los visitaremos antes de mi viaje de negocios por Asia- si de ella dependiese volarían este mismo fin de semana a San Francisco, pero lamentablemente tenían demasiados asuntos de Olympus que atender.

-Los estaremos esperando entonces- justo en ese momento la voz a Claire vociferando algo sobre ropa deportiva desperdigada por la sala se escuchó por el auricular, acto que logro sacarle una sonrisa… De seguro alguno de los gemelos era el culpable. Desde pequeños tenían esa manía de dejar sus cosas en cualquier parte de la casa menos en su habitación. -Cuídate hija, y por favor piensa en todo lo que te dije-

-Descuida papá, lo hare- respondió con pesadez, puesto que esa idea de reunirse con su madre no le gustaba en lo más mínimo pero consideraría hacerlo solo para complacer a su padre -Te quiero-

-Yo también te quiero, Annabeth. Hasta pronto, y envíale un saludo de mi parte al hombre misterioso- aunque aquel último comentario logró sacarle una sonrisa, no pudo evitar el proferir un largo y profundo suspiro.

Extrañaba muchísimo a su padre. A pesar de que ya llevaba años viviendo lejos de él, de que lo visitaba con regularidad y de que sabía que se hallaba en compañía de Claire y los gemelos; Annabeth se preocupaba bastante por su bienestar emocional. Sabía que Frederick era feliz al lado de su nueva familia, pero a pesar de los años aun no olvidaba a Athena. Puede que muchos lo considerasen un profesor chiflado amante de los biplanos y la segunda guerra mundial, pero en su interior no era más que un hombre que se había enamorado de la mujer equivocada. Para su hija, que conocía demasiado bien, la melancolía se reflejaba en sus ojos durante algunas ocasiones, y más si ambos se encontraban a solas.

-¿Sabes que? Olvídate de hacer la cena. Iremos a un restaurant de Upper East Side donde preparan la mejor pasta de la ciudad- sentenció Percy de repente, sacándola asi de sus cavilaciones, al tiempo que la estrechaba entre sus brazos y buscaba con ansias su mirada -Pase lo que pase, cuentas conmigo Annie-

Tan solo por corresponder a ese gesto tan dulce ella le sonrió tímidamente y luego unió sus labios en un cálido beso, pero por dentro sentía que su noche ya había sido arruinada con esa fatídica noticia. El solo hecho de pensar que, en una semana, volvería estar frente a frente con Athena Doskas no le causaba ningún tipo de emoción. Algo le decía que todo terminaría en un desastre.


-Muy bien, hagamos un repaso- inició Piper con una sonrisa, luego de que el camarero se retirara tras tomarles la orden de la cena y servirles a cada uno una copa de champagne -Hasta ahora sé que eres abogado, vives solo en Greenwich Village y, aunque yo no esté de acuerdo, piensas que los Yankees mandan aquí...-

-No voy a discutir de baseball contigo, porque te aseguro que llevas las de perder- replicó Jason con altanería, para luego esbozar una sonrisa tan seductora que por poco y hace que la castaña olvidase lo que estaba a punto de decir.

-Eso es lo que tú crees, pero como no quiero dejarte en ridículo lo dejare pasar esta vez- si él creía que era único ahí capaz de utilizar sus encantos estaba muy equivocado, y la castaña no dudo en dejárselo muy en claro al responderle. Tras eso trato de no demostrar su satisfacción al ver como su acompañante, del estupor, casi ensucia su camisa al beber un poco de champagne. -¿Hay algo más que deba saber de ti?-

Como Jason había prometido durante la gala benéfica, pasó a recogerla de su hogar en Chinatown a las ocho en punto. Para su comodidad Piper se apresuró a dejar el edificio apenas vio aparcar su auto junto a la acera, puesto que sabía que si dejaba que el pobre se acercase al umbral del departamento Silena lo acribillaría a preguntas dignas de algún interrogatorio policial… Al ser la mayor, y en especial en este tipo de situaciones, tendía a comportarse como una hermana un tanto sobreprotectora. Piper se lo agradecía, pero no quería que espantase a un hombre que parecía algo prometedor antes de la primera cita. Aun asi, y aunque no pudo confirmarlo, sabía que ella estuvo observando cómo se marchaban desde la ventana principal de la sala.

El restaurante escogido para la ocasión se hallaba localizado en Brooklyn Heights, de manera que para llegar allí tuvieron que atravesar el tan afamado puente de Brooklyn... Ya era la tercera vez desde su llegada que ella lo hacía, pero aun no podía evitar sentirse impresionada. La vista de la gran manzana bajo las luces crepusculares del cielo junto a aquellas que provenían de los edificios era tan majestuosa y hermosa como la apreciable desde la azotea del Marriott Marquis. Una de sus metas, luego de reunir la suficiente cantidad de dinero como para vivir sola, era rentar un apartamento junto a la bahía del rio East para asi apreciar aquella maravilla desde su sala todas noches. De haber aceptado la ayuda de su padre aquello hubiese sido posible desde un principio, pero prefería ganar ese privilegio con su propio trabajo.

Durante el trayecto Jason no dejo de mencionarle datos importantes o anécdotas divertidas de cada sitio que conocía: cuál era el mejor sitio para beber café en Lower East Side, la vez que Leo tuvo que recibir cinco puntadas en el rostro porque, al tratar de impresionar a un chica, se cayó de su motocicleta y dio de lleno contra la acera; el horario y el punto exacto para tener la mejor vista de Brooklyn desde la bahía de Manhattan; a donde comprar las mejores donuts de la ciudad... En fin, millares de cosas. Algunas menos importantes que otras, pero a Piper todas le parecieron demasiado interesantes por el simple hecho de que él se las estuviese contando. Además muchas eran retazos de su vida, y de solo pensar que parecía un hombre reservado pero que le tenía la suficiente confianza como para compartirlos los latidos de su corazón se aceleraban.

-Déjame pensar...- aquellas arrugas en su frente y la abstracción de su mirada hacían que se viera aun más cautivador de lo que ya era. Era un misterio para ella que Jason, siendo tan atractivo, fuese alguien serio y retraído. Durante sus etapas de preparatoria y universidad llegó a la conclusión que el ego de los hombres era proporcional a su aspecto, pero quien se hallaba frente suyo rompía por completo esa regla y esto aumentaba aun mas su interés por él -De vez en cuando asisto a las carreras de auto en las que Leo compite, no me da pena decir que soy un adicto al café y hasta ahora no he perdido un solo juicio-

-Vaya, me dejas impresionada- comentó Piper asintiendo repetidamente con la cabeza, antes de tomar su copa de la mesa y beber un poco de champagne -Aunque te aseguro que si te enfrentaras a mí quizás sería el fin de tu record invicto- agregó divertida, para luego dedicarle una sonrisa y un guiño con su ojo derecho.

-¿Estudiaste leyes?- preguntó atónito, con una expresión de aturdimiento instalada en su rostro... Vaya que había logrado sorprenderlo. Intento imaginar cómo se tomaría Jason esto de que, curiosamente, compartieran la misma profesión pero nunca pensó llegar a tanto. Cualquiera creería que lo habían de golpearlo con un ladrillo en la cabeza.

-Me gradué de Stanford hace un par de meses- tras aquello el comenzó a analizar su rostro minuciosamente sonriéndole de forma incrédula, como si se negara a creer en lo que decía y buscara alguna señal de que estaba mintiéndole -¿Por que me ves asi? ¿Acaso no parezco una abogada?- puede que no se dedicara de lleno a ello, pero eso no quería decir que aquella mirada de Jason no tocase su orgullo femenino.

-Pues la verdad, no- respondió el rubio con sinceridad alzando los hombros, mas ante la mirada de incredulidad que Piper le dedico se vio en la obligación de agregar -Es decir, diario me enfrento a fiscales en la corte y créeme cuando te digo que todas las mujeres que hasta ahora he conocido son regordetas, cincuentonas y solteras- tras aquel comentario ella le dedico una amplia sonrisa, feliz de que estuviese diciéndole indirectamente que era bonita -Además nunca podría haber supuesto que te graduaste en leyes si trabajas de secretaria en Olympus-

-Es algo complicado- bueno, más bien podría decirse que era algo extraño porque, por lo general, la mayoría de los estudiantes universitarios no se quemaban las cejas estudiando la pila de libros de derecho solo para complacer a sus padres. Esta era una historia que a veces prefería guardarse para sí, pero la mirada insistente de Jason para que continuara lograron convencerla de lo contrario -En realidad mi meta siempre fue convertirme en una diseñadora, pero cuando se lo dije a mi padre se preocupó tanto por mí que accedí a su propuesta de graduarme primero en Stanford y luego mudarme a Manhattan con su ayuda- tras decir eso, Piper hizo una pausa para beber un poco de champagne -Claro que durante el tiempo que estuve en San Francisco también me dedique a estudiar diseño en forma paralela y a crear mis propios modelos, asi que cuando llegue aquí y supe de la vacante en Olympus no dude ni por un momento en que sería una forma perfecta para entrar en este negocio-

-En pocas palabras se podría decir que estoy teniendo una cita con la próxima Coco Chanel...- comentó Jason un tanto impresionado, pero la bastante seriedad como para que aquello no se oyera como una burla -Vaya, de haberlo sabido antes me habría vestido mejor-

Piper no pudo más que reír discretamente antes de dedicarle una amplia sonrisa… Sin dudas, no se había esperado todo eso. Cada vez que contaba esa historia la trataban por tonta o bien comenzaban a burlarse de ella. Tras demasiadas humillaciones aprendió que lo mejor era dejar que la gente pensara que estudiaba leyes porque esa era su pasión, y su anhelo por ser diseñadora fuese un secreto tan solo conocido por unos cuantos.

-Descuida, yo pienso que esa americana azul marino te sienta de mil maravillas- con ese torso y esas facciones angulosas podría ponerse hasta un traje de payaso de rodeo y de seguro lucir bien, mas ¿cómo no hacerlo con lo guapo que era? La castaña aun seguía preguntándose cómo alguien podía tener semejante aspecto y no ser modelo de Calvin Klein- Además la camisa combina con tus ojos-

-Parece que acerté esta vez, pero de ahora en adelante tendré que prestarle más atención a este tipo de detalles cada vez que salga contigo- le respondió Jason con picardía, antes de dedicarle una sonrisa traviesa y un guiño que consiguieron… Santa Hera. De por sí ya tenía su encanto, pero con ese tipo gestos se veia aun más atractivo. Al instante correspondió a aquella afirmación con una amplia sonrisa, aunque lo que quería era hacer algo mucho más osado -¿Hay alguna otra cosa que estés ocultando tras esa sonrisa? Porque lo de Stanford simplemente no me lo esperaba-

-La verdad, no- afirmó Piper, al tiempo que el rubio bebía un trago de su copa -Viví en Los Angeles junto a mi padre hasta que entré a la universidad, y de esa etapa de mi vida creo que no hay mucho que pueda decir salvo que, como toda californiana, de vez en cuando surfeaba en la bahía de Santa Mónica, jugué tenis dentro del equipo de mi escuela y, durante el último año de la preparatoria, trabaje medio tiempo en un Starbucks para costear un viaje a Cabo San Lucas con mis amigas- esta era la versión resumida de su vida que siempre contaba, puesto que prefería dejar de lado algunos detalles. Con los años llegó a aprender que revelar la verdadera identidad de su padre a desconocidos no siempre era lo más indicado. Jason no parecía uno de esos sujetos desesperados por conocer a uno de los artistas de Hollywood más famoso de todos los tiempos, pero aun asi prefería dejar esa historia para otro momento. Quizás, y si todo resultaba bien, hasta terminaría presentándolos algún día -¿Y tú?-

-Lo más interesante que hice durante la preparatoria fue unirme al equipo de futbol americano... Bueno, eso y salvar el pellejo de Leo cada vez que se metía en un aprieto- le confesó el hombre de ojos azules en un suspiro pero sin borrar la sonrisa de sus labios, a lo cual ella correspondió con una risa discreta… Pobre. Ya podía imaginar lo que debió haber sido para Jason cuidar de ese sujeto. -Aunque aún sigo haciendo lo último-

-Que curioso, ese también era mi trabajo cuando compartía habitación con Silena en Stanford- no podía compararse el nivel de la locura de Leo Valdez con el de su mejor amiga, pero mentiría si dijera que ella nunca tuvo alguna idea desquiciada. Cuando no se hallaba en una relación, o bien justo después de terminar alguna de mala forma, Silena se dedicaba a organizar fiestas clandestinas dentro del campus que siempre terminaban en desastre, y de no ser por Piper no habría salido indemne de ellas.

-Con respecto a eso…- inicio el rubio con seriedad, antes de tomar una de sus manos entre las suyas por sobre la mesa y mirarla fijamente a los ojos -Se que él se porto como un idiota con tu amiga, pero te aseguro que yo no soy asi. De verdad me interesas mucho como para hacerte daño-

La combinación de su voz aterciopelada, el azul glaciar de sus ojos y aquella pequeña sonrisa entre sus labios hacían imposible desconfiar de su palabra ¿Y cómo hacerlo? A leguas se notaba que Jason era alguien demasiado serio y responsable como para atreverse a semejante cosa. Además, desde que se conocieron, algo le decía a Piper que él era sincero. Generalmente guardaba sus recaudos ante desconocidos, pero en este caso todo era diferente.

Como si aquella simple caricia ya no bastara, ambos comenzaron a acercar sus rostros mientras intercambiaban una sonrisa cómplice pero, antes de que sus labios pudiesen siquiera rozarse, apareció el camarero del restaurant trayendo consigo la entrada… En otras circunstancias puede que la castaña se hubiese enfadado con la interrupción, mas esta noche ni siquiera le molestaba. Ya se hallaba demasiado feliz con todo lo sucedió hasta ahora como para que una nimiedad empañase su noche.

El resto de la cena transcurrió entre charlas, confidencias y alguna que otra risita, y a pesar de que ya no hubo algún acercamiento como el anterior las miradas intensas junto a las sonrisas que Jason le dedico no pasaron desapercibidas... Dioses del Olimpo. No era la clase de chica que solía sucumbir a ese tipo de cosas, pero mentaría si dijera que no le provocaban múltiples sensaciones dentro de su pecho. Aunque fuera un cliché, tenía que admitir que se sintió en las nubes con cada gesto que su acompañante le dedico.

A toda aquella marea de sensaciones tenía que agregar además todo aquello referido a su vida personal que Jason le dijo. Era cierto que actualmente vivía solo, pero su familia estaba conformada por su madre, quien trabajaba en una cadena de televisión, y su hermana mayor, que se dedicaba a impartir clases de música en una escuela de Queens; además de ellas, no tenía ningún otro familiar directo puesto que su madre carecía de hermanos. No hizo ninguna alusión a su padre, y por temor a que aquello le molestase Piper no se atrevió a preguntarle sobre eso… Por experiencia propia sabia que, si alguien obviaba algo como eso, era por una razón. Tal vez la historia de los padres de Jason no era muy diferente a la de los suyos, o quizás era aun peor. En cualquier caso, prefería dejar eso para más adelante.

Una vez que dejaron el restaurante decidieron que lo más conveniente era regresar a Manhattan, puesto que al día siguiente ambos debían madrugar para asistir al trabajo. Piper no hubiese tenido problema en restar sus horas de sueño para esa noche, pero el cansancio era visible en el rostro de Jason y no le parecía justo obligarlo a complacerla. Durante el trayecto lo único que irrumpía la quietud entre ellos eran canciones de soul transmitidas por la radio, pero aun asi las miradas y sonrisas que intercambiaron cada tanto hicieron aquel silencio algo cómodo y reconfortante.

-Disfrute muchísimo de la cena- admitió la castaña en un suspiro, para luego dedicarle una amplia sonrisa, luego de que el rubio detuviese su Mercedes justo frente a su hogar.

-Yo también- replicó él devolviéndole el gesto, al tiempo que tomaba una de sus manos entre las suyas para acariciarla con sumo cuidado -¿Existe la posibilidad de que se repita? No es que te este presionando ni nada pero…- era adorable. Simplemente adorable. Ver a Jason asi, tan tierno y a la vez nervioso, sin dudas la embargaba de felicidad.

-Claro que si- lo cortó ella al instante, antes de acortar en un segundo la distancia que los separaba y atrapar sus labios en un beso tan fugaz y repentino que tomó por sorpresa a Jason.

-Pasare por ti mañana- aseveró el abogado de Olympus al instante, luciendo un tanto aturdido pero con una radiante sonrisa en su rostro.

-¿Mañana?- luego de todo lo sucedido esa noche esperaba que volviese a invitarla a salir un día de estos, mas nunca paso por su cabeza la idea de que fuese para el día siguiente. Por lo general los chicos con los que salió anteriormente tendían a esperar unos cuantos días antes de llamarla nuevamente, asi que esta propuesta de Jason sin dudas la había sorprendido.

-Sí, te llevare a desayunar a un sitio excelente que conozco en Nolita y luego al trabajo- propuso él esperanzado, sin borrar aquella dulce sonrisa que tanto le gustaba de su rostro -¿Que dices?-

-Te veré mañana temprano- tras aquella respuesta fue Jason quien acortó la distancia entre ellos para besarla pero esta vez de forma lenta y delicada, mientras le acariciaba el rostro con ambas manos -Que descanses- agregó Piper cuando se separaron, antes de bajarse del auto y caminar hasta el portal de su edificio. Desde aquella posición vio como el rubio le dedicaba una última sonrisa junto a un guiño, antes de marcharse calle arriba con el Mercedes.


Notas: ¡Volví! Y como prometí la ultima vez, la espera no fue tan larga. Quise terminar el capitulo antes, pero la maldita universidad, Grey's Anatomy (ahora me volví fan de la serie) y el mundial (¡vamos Argentina!) ocuparon gran parte de mi tiempo. Pero bueno, lo importante de todo esto es que mi creatividad sigue intacta y dispuesta a seguir con esta historia.

Con respecto al regalo que prometí la ultima vez, me temo que tendrán que esperar un poco más. No logre terminarlo ni tampoco se no sé cuánto me lleve hacerlo, asi que por eso preferí actualizar y dejar eso para más adelante. Algunas personas ya saben de qué se trata, asi que si están entre los afortunados les pido doble perdón.

Cambiando de tema, las cosas comienzan a ponerse interesantes. Ya saben un poquito más de la historia de Annabeth y su madre, pero sabrán todo con detalles dentro de unos cuantos capítulos. Y bueno, con respecto a Jason y Piper creo que no hay mucho que pueda agregar, salvo que se viene una noticia dentro de ese triangulo amoroso en el próximo capitulo (Para la gente que se pregunta si ese es el "giro" que les comente al responderles sus review: nop, no lo es. Todavía falta un poquito para eso)

Les prometí escenas Percabeth, y creo que hasta ahora estoy cumpliendo. En el próximo capitulo no creo que haya mucho de ellos, pero en el siguiente sí. Les sugiero que escuchen la canción que nombre (y que vean fotos de Adam Levine, mi novio aunque él no esté enterado todavía)

Gracias a: Annie W, Violet O'Hara, Giannavale, Luu12, fanread, DemigodOnFire, klan, I live in Cooperlandia, natinatinatilla13, Tefi Black, vale97, Jasiper4ever, SIdney-blue, Moonlight as a Shadow, Connie1, MajoPatashify y mfernandezm por los reviews de los dos últimos capítulos. Se los digo en las respuestas, pero creo que nunca están demás decir que les agradezco infinitamente por el apoyo y el interés. De verdad, muchísimas gracias. También gracias a aquellas personas que tienen esta historia en sus favoritos, o bien que siguen mi trabajo dentro de fanfiction.

Como ya saben, se aceptan críticas, comentarios, opiniones, quejas o lo que sea que quieran decirme por reviews o MP. Consejo: escríbanme, porque tengo de testigo a unas cuantas seguidoras de que, si me escriben algo lindo, yo les digo algún adelanto de la historia.

Por ultimo, si hubo algun error de escritura sepan disculparme.

Nos leemos pronto.

Atte. Anitikis

P/D: y no viene al caso, pero cada vez que veo a Thomas Müller lo imagino como Jason... Por favor no me maten (?).