Muchas, muchísimas gracias por los reviews que me habéis dejado, cada día os quiero más. Siento no poder contestaros uno por uno, como os merecéis, pero sigo estando muy liada, sí que perdonadme, ¿vale? :s ¡Disfrutad del capi!

Cap. 9

— ¡¿Por qué lo habéis hecho?! —preguntó Kagome alarmada— ¡Él no es de aquí, no quiere la esfera!

— Como hemos dicho antes, tan sólo es una medida preventiva.

— ¡¿Para prevenir qué?! —gritó de nuevo el ambarino acercándose a los ancianos con pose amenazante.

— ¡Alto! —le previno el jefe colocándose delante de los demás — Esto es por el bien de Kagome. Si ella se va a tu mundo, tendrás que aceptar esta condición.

— ¡¿Qué se supone que va a hacer un collar?! —exclamó todavía alterado.

— Kagome, ordénale algo —dijo el jefe. — Él te obedecerá.

— ¿Ordenarle algo? —preguntó Kagome confusa— ¿Y qué le ordeno?

— Cualquier cosa, lo primero que se te venga a la cabeza.

La pelinegra miró a Inuyasha, que los observaba a todos como si estuvieran locos y lo único que quisiera fuera alejarse de ellos. Inevitablemente, sus ojos se movieron hacia las orejitas de perro, que se aplastaban contra el cráneo de su portador, en un claro signo de desconfianza. Y entonces se le ocurrió…

— ¿Inuyasha?

Él se volvió a mirarla.

— Siéntate.

En un microsegundo, el collar empujó a Inuyasha contra el suelo, derribándolo y haciéndolo comer tierra. El chico soltó una exclamación de asombro seguido de un gruñido.

— ¡KAGOME!

La chica estaba pálida.

— ¡Lo siento! ¡Lo siento, Inuyasha! —dijo mientras se acercaba a ayudarlo.


— ¿Estás lista? —preguntó el chico, colocándose para saltar al pozo.

— ¡Sí! —contestó ella— ¡Hasta luego! —se despidió de su familia.

Ambos se posicionaron para saltar, y de un momento a otro ya estaban otra vez en el templo de Inuyasha.

— Hay que reconocer que los vaqueros son más cómodos que los kimonos en situaciones como estas —pensó Kagome en voz alta haciendo alusión a los pantalones que llevaba puestos.

Inuyasha tan sólo gruñó. Todavía seguía molesto por el accidente del collar, a pesar de que le había pedido mil veces perdón. Después de intentar quitárselo de cualquier manera posible, se había resignado, pero el enfado permanecía.

— ¿Te vas a quedar allí para siempre, o qué? —le gritó el chico desde lejos.

— ¡No, espera! —contestó corriendo para alcanzarlo.

Lo único iluminado eran algunas habitaciones de la casa, que contrastaba con la oscuridad casi total que les regalaba la noche. Llegaron a la entrada e Inuyasha abrió la puerta sin miramientos.

— ¡Mamá! ¡Estoy en casa! —dijo alzando la voz mientras se adentraba en su hogar.

Se escuchó un ruido en el piso de arriba, e Izayoi apareció al final de las escaleras. Al ver a los chicos, se apresuró en bajar para recibirlos.

— Inuyasha… —decía mientras le abrazaba— Cielo, ¿cómo estás? Supongo que habréis estado en la época de Kagome, pero de todas formas estaba algo intranquila…

Inuyasha simplemente asintió correspondiendo al abrazo de su madre. Kagome los miraba con una gran sonrisa, cuando fue atrapada también por los brazos de Izayoi.

— Kagome, me alegro de volver a verte… —le dijo la mujer— Pensaba que te quedarías allí, ya que habías conseguido volver.

— Eso tenemos que explicártelo —comenzó Inuyasha— ¿Te importa que se quede aquí durante unos meses?

— No, claro que no… —contestó Izayoi algo sorprendida.

— Vamos al salón y allí te contamos, que tengo mono de sofá.

— ¿Mono? —pensaba Kagome confusa mientras seguía a Izayoi.

— Inuyasha, ¿qué es ese collar que llevas puesto? —preguntó extrañada la mujer en cuanto se sentaron en los sillones.

Kagome se revolvió incómoda.

— Es una medida preventiva que han ordenado los ancianos de mi aldea para que yo pudiera venir. Lo siento mucho, yo no sabía que iban a hacerle una cosa así a Inuyasha…

— ¿Una cosa así? —preguntó asustada Izayoi— ¿Qué le han hecho?

— No es nada, mamá, tranquilízate —dijo, para inmediatamente volverse hacia Kagome— ¡Y tú quieres hacer el favor de no asustar a mi madre diciendo cosas como esas! ¡Se va a pensar que me han dado latigazos con el collar o algo parecido!

— ¡Pero…!

— Lo que pasa —la interrumpió el albino volviéndose de nuevo hacia su madre— es que me han puesto a la fuerza un rosario mágico.

— ¿Mágico? ¿En qué sentido? —inquirió.

— Es un hechizo que sólo funciona conmigo —respondió Kagome. — Si digo "siéntate"…

De inmediato el rosario hizo su efecto y empujó a Inuyasha contra el sofá en el que estaba sentado, que crujió sonoramente.

— Kagome… —dijo Inuyasha con voz gutural.

— ¡Oh, no! —se lamentó— ¡Lo siento!

— Da gracias a que no me haya estrellado contra el suelo… —siguió diciendo lentamente tras levantar la cabeza de entre los cojines.

— Vaya… —interrumpió Izayoi— qué curioso, ¿puedes hacerlo otra vez, Kagome?

— ¡MAMÁ! —gritó Inuyasha rojo de furia.

Ella tan sólo soltó una carcajada, y dijo:

— Calma, cariño. Era una broma.

— ¡Keh!

— Bueno, ¿me vais a explicar qué habéis estado haciendo, aparte de jugar con el collar?

— Antes que nada —comenzó Inuyasha— ¿cómo sabías que estaba en la época de Kagome?

— Ah pues… —contestó su madre mientras recordaba.

Flash Back

Todavía en la cocina, Izayoi revisaba unos documentos para la nueva adquisición de maquinaria en la empresa de la familia. Entonces Miroku entró gritando en la casa.

¡Señora Taisho! —decía muy alterado.

¡Miroku! ¿Qué ocurre? ¿Y cuándo has llegado?

El chico rápidamente se acercó a ella.

Rápido, señora Taisho, ¡Inuyasha y Kagome se han caído al pozo, y han desaparecido! —gritaba Miroku.

Izayoi se quedó pensativa durante un segundo, mientras ataba cabos.

Oh, no te preocupes… —le contestó finalmente al muchacho, que estaba de los nervios.

¿Q-que no me preocupe? —contestó el pelinegro— Señora Taisho, ¿ha escuchado lo que le acabo de decir? —preguntó dudoso.

Por supuesto, se han caído por el pozo y han desaparecido, ¿no es así? —dijo tranquila.

Miroku se quedó callado, mirándola de una forma muy extraña. Izayoi suspiró.

Bueno, veo que es momento de contártelo… Pero prométeme que lo que te voy a decir no se lo dirás a nadie.

Confíe en mí —contestó muy seguro.

Bien, —se decidió Izayoi— después de esto podrás pensar que estoy loca, pero no creo que le encuentres otra explicación al hecho que acabas de presenciar…

Fin Flash Back

— ¡¿Qué?! ¡¿Se lo has contado todo?! —preguntó Inuyasha alterado.

— Bueno, ¿y qué querías que hiciera? No había otra manera, si se te ocurre saltar al pozo sin asegurarte de que no hay nadie cerca —le dijo burlonamente Izayoi.

— ¡Yo no me tiré! ¡Miroku se tropezó y me empujó! —exclamó furioso.

— Vale, vale, vale… —dijo su madre intentando calmarlo— Bueno, ahora contadme, ¿qué habéis hecho estos días? —preguntó mirando a Kagome.

Entre ella e Inuyasha, le contaron resumidamente a Izayoi lo ocurrido en la época de Kagome. Cuando llegaron a la parte del demonio ciempiés, la señora Taisho se alteró mucho.

— ¡¿Pero por qué luchaste contra él, Kagome?! ¡Tendrías que haberte ido a casa en cuanto lo viste! —y dirigiéndose a su hijo añadió— ¡¿Y tú por qué no la pusiste a salvo?!

Los chicos se miraron entre ellos durante un segundo, para luego dirigir otra vez sus ojos hacia la madre de Inuyasha, de pie frente a ellos, frunciendo el ceño y con las manos en las caderas.

— P-pero… mamá —intentó hablar el ambarino.

La mirada que le dedicó su madre era suficiente para congelar el mismo infierno. El chico bajó la cabeza intimidado, mientras que sus orejitas se doblaban hacia abajo en signo de tristeza y miedo. Pocas veces su madre se ponía así de seria.

— Izayoi… —habló Kagome— te agradezco mucho que te preocupes por mí… —La chica sintió las miradas incesantes de Inuyasha y su madre en ella, así que decidió continuar, tomando aire y levantando la cabeza mostrando una sonrisa— pero me han entrenado para eso, para matar demonios y defender la esfera con mi vida.

— ¿La esfera? —preguntó Izayoi después de unos minutos de silencio.

Kagome asintió con un movimiento de cabeza, y le mostró el collar con la perla rosada.

— ¿Esa es la Esfera de los Cuatro Espíritus? —preguntó Izayoi curiosa.

Kagome se mostró sorprendida.

— Sí, sí lo es. Pero, ¿cómo lo…?

— En el templo vendemos réplicas de esa esfera. Amuletos para la buena suerte —respondió la mujer. — La leyenda de la Esfera de los Cuatro Espíritus todavía se conoce en esta época.

— ¿En serio? —preguntó asombrada Kagome.

— ¿Es verdad que concede cualquier deseo? —preguntó Izayoi.

Inuyasha abrió mucho los ojos y miró a Kagome.

— Eso es lo que dicen.

— Pensaba que sólo le daba más poder a los demonios —dijo el chico asombrado.

— También hace eso. Y tiene poderes regenerativos y curativos.

— ¿Qué tiene que ver la esfera en todo esto? —preguntó Izayoi, mirando la joya.

Tras contarle toda la historia, la madre de Inuyasha estaba indignada.

— ¡¿Cómo es que te querían llevar a la fuerza?! ¡Además no quiero volver a escuchar que la esfera es más importante que tu vida! ¡Y por si no fuera poco, también quieren casarte! —gruñía la mujer cruzada de brazos— Entiendo que en esa época casaban o prometían a las mujeres cuando aún eran muy jóvenes, pero… —entonces cayó en la cuenta de algo— Kagome, ¿o es que sí quieres casarte con él?

— ¡No! —gritaron dos personas.

Izayoi miraba de Inuyasha a Kagome y de Kagome a Inuyasha, sorprendida, pero contenta y con una sonrisa algo insinuante. Entonces Inuyasha pareció darse cuenta de lo que había dicho, y bajó la cabeza, avergonzado.

— … O eso dijo cuando estábamos en su casa… —añadió el chico intentando enmendar su acción.

Kagome estaba feliz. Parecía que Inuyasha estaba molesto por la pregunta de su madre y había actuado por impulso, y quería creer que detrás de ese impulso se escondía cierto sentimiento por ella.

— Ya sé que somos de épocas distintas, —pensaba Kagome— y que a veces nos peleamos por tonterías. No estoy segura de qué piensa de mí, porque un momento es dulce y al siguiente me menosprecia, pero… siento algo diferente cuando estoy con él…

— Bueno, lo más importante es que habéis regresado bien —dijo Izayoi sacando de sus pensamientos a Kagome— ¿Habéis cenado?

— Sí —contestaron los dos al unísono.

Esto hizo que se miraran, y rojos hasta la punta del cabello, apartaron la vista mientras Izayoi reía.

— Parece que estáis sincronizados o algo —comentó mientras seguía riendo— Bueno, pues yo me voy a la cama. Si queréis podéis quedaros despiertos un rato más, aunque después de tantas emociones os vendría mejor descansar.

— Yo también me acostaré —dijo Inuyasha levantándose.

— Y yo —le siguió Kagome haciendo lo mismo— estoy algo cansada.

Media hora más tarde, Kagome ya estaba completamente dormida, sin embargo, cierto muchacho no había podido conciliar el sueño todavía, dándole vueltas a lo sucedido recientemente.

— ¿Se puede saber por qué he tenido que hacer algo tan estúpido? —pensaba Inuyasha en la cama— Uf… es que no sé cómo comportarme con ella… Me distraigo un momento y me encuentro haciendo cosas que no debería… Y encima parece que cada vez me voy acercando más a ella… Esto no es como debería ser.

Entonces se le vino a la mente una imagen de Kagome, dedicándole una sincera sonrisa, lo que provocó que él también sonriera de lado.

¡Fin! Jaja es broma xD ¿Os ha gustado? ¿No? Comentad de todas formas xD