Hola, regreso mucho antes de lo esperado a traerles este pequeño capítulo, que lo disfruten :)
No había otro sonido en los pasillos, más que aquel ruido que los zapatos de Draco hacían al caminar. Había remangado un poco su camisa gris Oxford, pues estaba un poco acalorado después de haber hecho aquella travesía. Llevaba el reloj de Blaise en la mano izquierda. Lo miró despectivamente un par de veces, pues sabía que no era oro puro, y la maquinaria no parecía la adecuada.
Generalmente habría pasado al baño para eliminar un poco el sudor de su frente, pero esta vez, sólo quería llegar a su habitación. Al llegar a la puerta, una imagen invadió su mente; era el rostro de Granger, aliviada por haber encontrado la prueba de su inocencia. "Sólo soy un alma de buenas intenciones", no pudo evitar replicar para sí mismo. Cerró los ojos, sonrió y tomó la perilla, pero escuchó un gran estruendo dentro de la habitación.
- ¿Qué están haciendo imbéciles? – Gritó en cuanto abrió la puerta. Una gran nube de humo gris sólo le impedía mirar lo que sus compañeros estaban haciendo.
- Malfoy… Theo y yo…
- Ya, no me interesa lo que ustedes, par de manatíes hacían. – Interrumpió a Blaise para evitar la cantaleta de todos los días: "Theo y yo sólo hacíamos un nuevo experimento".
- ¿Dónde habías estado? – Preguntó Theo, quién tenía la cara llena de hollín.
- ¿Quieres que te diga también que comí Theo?
El ambiente se tensó un poco y Malfoy lo sabía. Recordó a lo que había ido.
- Hey, Blaise… Toma… - Y le lanzó el reloj, el cual fue atrapado ágilmente.
- Mi… mi reloj… ¿Dónde estaba? – Temblaba al formular su pregunta. Estaba anonadado.
- Oye, buena pregunta. – Se acomodó en una silla, quedando recargado en el respaldo de esta. – Tal vez quisieras saber un poco más sobre porqué carajos debo explicarte las cosas.
Los tres se quedaron callados.
- Perdón. – Susurraron ambos.
- Da igual. – Se levantó y nuevamente salió de su habitación.
Se hundió en sus pensamientos. Quería ser diferente al Draco que ya conocían, pero no podía conseguirlo. Entonces se preguntó… ¿Es eso lo que realmente quiero?
A pesar de que ya era tarde, decidió caminar un poco. Paseó por uno que otro pasillo solitario. En algunos otros se llevaba la gran sorpresa de que había una parejita acaramelada.
Cuando se percató por fin de sus movimientos, ya estaba frente a la habitación de Hermione.
Tocó un par de veces.
- ¿Quién?
- So... Soy yo… - Tartamudeó al oír su voz.
Abre la puerta, ahora lleva una sudadera rosa y un pants gris. Su cabello despeinado y enredado le dan un aspecto tierno.
- Vaya… - Dijo el sin más-
- ¿Cómo dices?
- Eh, no, nada…
- ¿Qué haces aquí? – Interrumpió su pensamiento. Cerró la puerta detrás de ella.
- Sólo caminaba.
Ella no podía quitar la vista de sus brazos. Era claro que ya no era un niño. Lo observó lentamente hasta su pecho y después brincó a sus ojos. Sus perfectos ojos.
- ¿Qué miras? – Soltó una risa sutil, inocente y sin malicia.
- Nada
Hubo un momento de silencio.
- Quiero, agradecerte por ayudarme. Fue… un gesto muy amable.
- No hay de qué. – Dijo sin quitarle la vista de encima.
- Te… traeré tu saco.
- No. – La tomo suavemente del brazo. – Puedes, conservarlo si quieres. Quizá atrapes otra cosa con él.
Ambos rieron.
- Sólo quería, darte las buenas noches. – Susurró él. Su voz por primera vez sonaba como la melodía más bonita. Era como chocolate sobre una fruta.
La tomó de la mano, se agachó un poco y la besó.
- Fue un placer, señorita.
Dio media vuelta, dispuesto a retirarse, pero cuando por fin estaba dándole la espalda por completo sintió que algo había brincado a él, y ahora un par de brazos lo rodeaban.
