Declaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.
Perdón por las demoras DD:
. Capitolio.
Observa a su hermana dormir pegada a su madre, modula una disculpa y sale del compartimento asignado a las Everdeen, yendo al suyo propio al lado del de su familia. Se sienta en su cama mirando fijamente la cuna frente a ella. Toma el borde del mueble apretando fuertemente mientras ve dormir a su pequeña niña. Agradece la maldición que le tocó, el no poder amamantar a su niña le jugaba a favor ahora, aunque fuera una tristeza no poder hacerlo, el dolor en su pecho nunca se iba mientras daba el biberón a la criatura que le llenaba el alma con esos ojos azules. Acaricia sus pequeñas piernas, graba a fuego en su memoria el rostro adormilado de Bluebell y le susurra lo mucho que la ama.
Camina por los silenciosos túneles hasta llegar al ala hospitalaria, son las cuatro de la mañana y casi no hay doctores dando vuelta por lo que puede escabullirse hasta el cuarto donde han instalado a Peeta. Se para frente a su puerta y exhala en un suspiro todos los sentimientos. Acaricia con su mano el nombre escrito en la puerta mientras lo observa por la pequeña ventana que hay en la abertura de madera. Se pone en cuclillas y desliza un papel doblado al medio por debajo de la puerta. Vuelve a ponerse de pie y observa una última vez como el rubio reposa en su cama con una mueca tranquila, quizás soñando con ella y con su pequeña, lejos del infierno que pasó en el Capitolio al que ella volverá voluntariamente para vengarse.
Lleva puesto el uniforme de soldado, cubriendo su delatora trenza bajo la capucha de la cazadora. Trota hasta llegar al hangar. Allí nadie duerme, los aerodeslizadores están siendo cargados, hay hombres y mujeres llenando de provisiones y medicamentos cada una de las naves. Uno de los armatostes metálicos tiene su atención, el número coincide con el que Boggs dijo que iba directo al Capitolio. Toma una enorme caja y sube como si nada, oyendo el repiquetear de las suelas de sus botas contra el metal. Abandona la caja en algún sitio y se oculta, esperando el día, intentando armar en su cabeza como hará para llegar hasta la mansión y así, por fin, matar a Snow.
…
~KATNISS POV~
Escuadrón 451. Me asignan allí cuando pongo mis pies sobre el asfalto. Estamos a las afueras del Capitolio. Los rebeldes lucen muy emocionados por mi llegada, inspirados por el personaje que Plutarch ha creado de mí, la chica que lo deja todo por la causa, incluso a su beba recién nacida. Al primero que veo es a Gale, él me lleva ante Paylor que no parece muy contenta de verme. Me asignan al escuadrón de Gale y me siento aliviada, con mi mejor amigo soy capaz de cualquier cosa, incluso de internarme en las calles del Capitolio a pie hasta llegar a Snow y asesinarle.
— Coin no está contenta Soldado Everdeen, un desacato a su autoridad es algo grave.
— Boggs…
— Comandante Boggs para usted soldado — miro a desgana a la mujer a la que llaman Jackson y vuelvo de nuevo hacia el moreno.
— Comandante, volveré si la Señora presidenta lo dispone — suelto mordaz, veo a Gale reprimir la sonrisa.
— No volverás, se te asigno aquí, pero Soldado… si desobedece mis órdenes está fuera — me mira fijamente, pronunciando con rudeza las últimas palabras.
— Bien — empieza a decir Jackson, y presenta a cada miembro del escuadrón, parecen buena gente, aunque el único de confianza para mi es Gale y quizás Boggs.
— Serán el escuadrón estrella — Cressida está vestida como todos nosotros, me asombra el coraje de esta mujer, desvío la vista un segundo porque una cabellera color bronce ha llamado mi atención.
— Finnick — grito abandonando mi posición de firme para correr al encuentro del hombre del cuatro que abre sus brazos para mí — fue una luna de miel demasiado corta — me aferro a sus brazos y él me corresponde, me siento segura — ¿Escuadrón 451?
— Nos tomaremos una mejor cuando todo acabe, en el Capitolio — me observa, la profundidad de sus ojos verdes fundidos en los míos grises — el mejor escuadrón, preciosa.
—Everdeen, Odair, fórmense — queda claro que no le agrado a la segunda comandante, el sentimiento es mutuo.
Nos explican el funcionamiento de las vainas, lo que pone mi cuerpo en tensión. A cada uno se le entrega una píldora de un color morado oscuro, del tamaño de una baya, una jaula de la noche. Nos explican también que seremos la cara de la revolución, nos grabaran, solo seremos un spot, aunque no nos evita el peligro, apenas será real. No me pierdo ni una palabra cuando Boggs explica el uso del Holo y descubro que lo necesito si planeo internarme a solas en una Arena de semejante tamaño.
— Señoras y señores — la voz de Finnick es un susurro en mi oído — Bienvenidos a los Septuagésimo sextos Juegos del Hambre — me estremezco, porque tiene razón, porque en esta ocasión la Arena tiene cien cuadras de largo y tengo miedo.
— Finnick… — todos se han dispersado, he mirado fijo a Gale para que me deje a solas con el vencedor — yo…
— Peeta está furioso Katniss… — miro los ojos verdes y sé que no miente — tuvo una especie de ataque al leer tu nota… aunque no quiso decirnos que decía — sé que él quiere saber, pero no puedo decirle.
— ¿Está bien?
— Para cuando me subí al aerodeslizador ya estaba sedado, lo han vuelto a encerrar…
— ¿Por qué viniste Odair? — no busco reprocharle, pero se suponía que estaría en el Trece, cuidando a Annie, a Bluebell, a Peeta— Debiste quedarte…
— Debo protegerte Katniss — toma con fuerza mis hombros — Peeta no podía estar aquí para ti así que… tomaré su lugar — no evito la risa ante su tono seductor, golpeo suavemente su pecho y él vuelve a abrazarme — saldremos de esta chica en llamas y volveremos con nuestras familias.
Quiero creerle, pero el recuerdo del primer dia que vi a Peeta en el Trece invade mi memoria y sopeso la idea de haber arriesgado todo lo que habíamos logrado por una venganza adolescente…
…
Los primeros días son rutinarios, explotamos algunas vainas, rodamos por los suelos y Gale y yo disparamos a carros abandonados con nuestras flechas incendiarias. Al amanecer del sexto día un vehículo sin placas y sin identificación se dirige a toda pastilla hacia donde hemos asentado la base.
Boggs sale fuera, le sigo, arco en mano y sé que Gale está a mi derecha. Jackson grita que es de los nuestros, así que bajamos las armas. Observo de reojo a Gale, se tensa y vuelve a alzar su ballesta. Veo la rubia cabellera antes que cualquier otra cosa, pero de inmediato las bolsas oscuras bajo los turbios ojos azules llaman mi atención. Murmuro su nombre y hago un paso hacia adelante. El puño cerrado y en alto de Boggs me obliga a detenerme, es la señal de alto y no puedo desobedecerle. Él también apunta a mi aliado, a mí lo que sea que nuestra relación indique.
Me permito mirar al panadero. Tiembla de pies a cabeza, parece ido, su vista únicamente para sus botas. Camina hacia nosotros y creo escucharlo murmurar. Alzo con cautela mi arco, pero la mano de Finnick me detiene. Cruza por delante de nosotros junto con la teniente Jackson, que se encarga de esposarlo, según ella, hasta que se aclare lo ocurrido. Algo de lo que dice la mujer parece despertarlo porque alza la cabeza y mira a Finnick, luego a Boggs, a Gale y por último a mí.
— Katniss… — sisea, como si cada letra de mi nombre fuese veneno.
— Peeta — susurro intentando acercarme, pero Boggs se da vuelta hacia mí.
— Adentro Soldados, aclararemos esto en el interior, no podemos darnos el lujo de ser descubiertos — a paso firme entramos de nuevo en el local abandonado que nos sirve de refugio.
— Esto tiene que tener una explicación lógica — acota Jackson, obligando a Peeta a sentarse en un sofá desvencijado — ¿Tienes ordenes? — el panadero la mira y parece pensárselo.
— La Presidenta me envió… cree que debo mostrarme con ustedes… demostrar que soy de confianza — voltea a verme al pronunciar la última palabra — que soy parte vital de los rebeldes.
—Hablare con la Central — Boggs vuelve a salir, junto con Jackson, aprovecho el momento para sentarme frente a Peeta.
—Peet…
— Me abandonaste de nuevo Katniss — el metal de las esposas resuena mientras intenta alcanzar su bolsillo, saca un papel — me dejaste para sacrificarte de nuevo según pones aquí…
— Peeta — miro alrededor y todos los pares de ojos voltean a ver a otro lado, Gale y Finnick se mantienen en la cercanía pero el resto del pelotón se aleja un poco — yo…
— Ibas a dejarme para hacerte la heroína ¿verdad? Ese es siempre tu papel Katniss — masculla mirándome a los ojos como si fuese una plática casual, tiemblo — ¿Qué ibas a hacer? Matarías a Snow y luego te matarías ¿Verdad? No te importa Blue, muto asqueroso, solo te importa la fama ¿Verdad Katniss?
Sus ojos azules han perdido el brillo, reacciono un segundo tarde por estar perdida en su mirada. Sus manos, aunque están atadas, se aferran a mi cuello por segunda vez en nuestra historia. Escucho a Finnick gritar, y de pronto la fuerza ejercida en mi cuello desaparece. Me levanto rápido y todo da vueltas, pero alcanzo a ver a Gale asestar un golpe en la quijada de Peeta y me levanto hecha una furia. Empujo a Gale fuera del camino antes de arrojarme al lado de Peeta que yace en el suelo cubriendo su boca con ambas manos.
Tiene los ojos apretados y se mece a un lado y al otro mascullando cosas sobre mí, mezcladas con el mantra que nos ha enseñado el médico de la cabeza. Repite su nombre, su distrito, el nombre de nuestra niña y mi corazón se encoje al escuchar la palabra muto seguida de mi nombre. Me escapo, como cada vez que me siento superada por la situación y acudo a Boggs. La mujer, Jackson me deja a solas con él, cuando le digo que Peeta ha tenido un ataque, aunque con el anillo ligeramente marcado en mi cuello es evidente. El hombre frente a mí me abre los ojos, ya no soy necesaria para Coin, la inestabilidad de Peeta es todo lo que necesita para acabar conmigo. Él, en su delirio, acabará con mi vida y así seré su mártir y habré cumplido con todo lo que ella realmente esperaba de mí. Me tranquiliza saber que el moreno no está de acuerdo, que no permitirá que nada me ocurra, aunque eso signifique deshacerse de Peeta, idea que me aterra, aunque también me asusta la idea de morir en sus manos.
…
Boggs sabía más de lo que yo esperaba, me conocía más de lo que cualquier adulto podría llegar a conocerme. Vemos sus piernas explotar por una vaina oculta, la mañana siguiente a que Peeta llegara. Corro hacia él, a pesar de las órdenes de mantener el sitio que Jackson está empeñada en gritar. Mis manos tiemblan al tocar su rostro, tiene tiempo suficiente para transferirme el mando del Holo y susurrarme que debo terminar mi misión personal, que no debo confiar en nadie y que si llega el momento no puedo dudar, debo matar a Peeta, aunque lo ame. Muere ante la mirada de Gale, el francotirador y la mía propia, anegada en lágrimas.
El resto ocurre rápido. Peeta se descontroló y en medio de un ataque, mató a uno de los nuestros. Huimos de una masa gelatinosa que huele a alquitrán, la parte posterior de mi cabeza duele por el golpe que me ha dado Peeta cuando me arrojo al suelo antes de que el soldado se metiera a defenderme. Puedo escuchar las respiraciones agitadas, los sollozos de una de las Leeg que tiene la pierna en carne viva. También oigo las maldiciones de Peeta antes de que lo seden.
Jackson parece creer mi mentira, la misión especial de Coin, matar a Snow con mis propias manos. Recorremos la ciudad por debajo de la superficie, gracias a la ayuda de Pollux logramos avanzar bastante antes de detenernos a descansar en un cuartucho de mantenimiento. Duermo ligero hasta que Jackson me llama para mi ronda. Como una de las latas de comida y me siento al lado de la puerta. Observo a Peeta y siento como la brecha que había logrado cruzar antes de la boda de Finn, se vuelve a ensanchar y esta tan lejos de mi como cuando llegó al Trece.
— Es de mala educación observar a las personas fijamente — susurra antes de abrir por completo los ojos azules y mirarme con lo que yo creo que es odio — ¿Piensas como vas a matarme? —ha mencionado la necesidad de su muerte un centenar de veces desde que enloqueció luego de la muerte de Boggs.
— Pienso en que deberías estar cuidando de Bluebell en el Trece donde te suplique que te quedaras — llevo una mano a mi pecho y siento por sobre la tela de mi camiseta, el metal de mi chapa identificadora y el medallón que él me dio en el Quarter Quell.
—Podríamos estar los dos allí… — su susurro despierta mis sentidos, me siento a su lado — no deberías acercarte a mi Katniss…
— ¿No me quieres cerca?
— Te quiero muerta… — me mira con frialdad — a veces… otras te amo tanto que mi interior duele… debí hacerte caso, debí quedarme — acerca las muñecas a su pecho y puedo ver que las esposas han lastimado su piel — quería venir, matarte y luego morir, porque sin ti no soy nadie y no puedo…
— Peeta — debo mirarlo con horror porque su mirada se suaviza y acaricia con el dorso de su mano mi mejilla mojada por las lágrimas que no sabía que estaba derramando — realmente…
— No, no ahora, no después de que me defendieras cuando Gale quiso hacer caso de mi pedido de muerte — golpea algunas veces su nuca contra la pared — Dime porque te escapaste para venir aquí Katniss…
— Debía hacerlo por ti Peeta, por Johanna y por Annie — miro el oscuro pasillo que se extiende al otro lado de la puerta — matar a Snow para vengar de alguna forma la tortura que sufrieron.
— Sigues protegiéndome ¿Real o no? — lo miro y me sonrojo levemente — como cuando fuiste a por medicina en los primeros Juegos…
— Real Peeta, es lo que hacemos — rozo apenas mis labios en los suyos y él suspira contra mi piel— quiero mostrarte algo— acoto aun a milímetros de su boca, me alejo apenas para quitar la cadena de mi cuello, le tiendo el medallón.
— Un relicario — lo mira confundido, luego parece recordar algo— Te lo di en la playa, en los Juegos — hace una mueca y frota su sien con furia — los recuerdos son menos brillantes cuando son reales, ¿Es real?
— También me diste una perla — acoto como si fuera sumamente importante, pero él sonríe, apenas, de medio lado — ábrelo Peeta— veo que lo hace y en ese instante sus ojos recobran el brillo, su labio inferior tiembla ligeramente — Peeta…
— Se supone que tenía la foto de tu madre, Gale y Prim, ¿Por qué?
— Esas son las personas que quiero en mi corazón a toda hora — estamos en una misión suicida, apestando a porquería, posiblemente rodeados de Peacekeepers y mutos y yo aún tengo tiempo para ponerme roja como un tomate maduro — mi hermana, mi hija y… y tú.
— Lo siento Katt — se acerca y besa mis labios, no entiendo su disculpa, yo he sido una escoria con él en más oportunidades y él solo lo ha hecho por el "secuestro".
— Peeta — beso sus labios una y otra vez hasta que escucho un sonido, me detengo en seco, agudizando mi oído.
— Katniss… Katniss… Katniss — un susurro, quien sea está lejos pero sabe mi nombre así que no puede ser bueno.
— Katniss… Katniss… — volteo a ver a Peeta antes de gritar para espabilar a los demás, repite mi nombre al mismo ritmo que lo que sea que esté afuera.
— Peeta — murmuro llegando hasta su mejilla, toma mi mano con fuerza y me mira aterrado.
— Debes correr Katniss… es una trampa — se levanta y camina fuera, vuelve a entrar segundos después — Pollux sácanos de aquí ahora — chilla acercándose a mí, sus manos esposadas se abren lo suficiente para poder tomar mi rostro — es una trampa — sonríe — no caigas en ella primor.
~FIN KATNISS POV~
Los mutos son blancos, de apariencia semi humana pero con una boca dentada y sin ojos. Los persiguen por la red de alcantarillas. Los soldados se defienden pero la situación los sobrepasa. Están en una encrucijada, cuatro bocas de las que emanan más y más bestias impregnando el espacio de olor a rosas, que mezclado con el olor pútrido logran descomponer el débil estómago de Katniss. Luchan ferozmente, Finnick defiende a su amiga, usando su tridente como lo que es, un profesional. Peeta es atacado pero ya sea por su propia fuerza o por un ataque de locura, acaba con el muto haciendo girar su cuello. Gale ataca todo lo que se mueve e incluso Cressida empuñando un arma, se deshace de varias amenazas.
Todo ocurre muy rápido, Pollux señala unas escaleras que ascienden hasta la superficie. Uno a uno van subiendo. Katniss puede oír el sonido de las botas contra el metal de los escalones. Trepa tan rápido como puede, pero una cortada en su mano lo hace difícil. Oye la voz de Gale a sus espaldas, una voz que la obliga a seguir. Están ambos arriba cuando escucha su voz. Peeta sube los escalones, puede verlo temblar a medida que sube y apenas lo oye por todos los demás ruidos, pero está recitando el mantra.
Detrás de él, un recién casado lucha por subir los escalones, su rostro tiene un horrible tajo que le impide ver con su ojo derecho. Katniss observa simplemente como ambos varones suben la escalera que parece no tener fin. Estira su mano, está esperando que Peeta la tome cuando el grito ensordecedor de Finnick supera cualquier otro sonido.
~KATNISS POV~
Es un sonido estrangulado. Peeta mira hacia abajo e instantáneamente mis ojos hacen lo mismo. Finnick cuelga de una mano. Un muto se ha prendido de su pierna con los dientes. Lo veo patear la cabeza de la bestia, pero esta no se suelta. Estoy temblando, se supone que protegería a Finnick, no puedo dejarlo morir. Quiero gritar que no se suelte, pero lo hace. Cierro los ojos ahogando un grito en mis manos, pero no oigo su cuerpo chocar contra el agua así que vuelvo a abrirlos. Peeta jadea, se ha deslizado hasta tomar la mano de Finn y la ha devuelto a la escalera. En el jaleo el muto se ha soltado. Disparo una flecha incendiaria hacia la bestia y les grito que suban.
Gale y Cressida toman a Peeta y a Finnick cuando salen por el hueco de la escalera. Veo como las formas blancas se las apañan para subir por el metal oxidado y no dudo. Susurro la palabra clave tres veces y suelto el Holo, que choca contra ellos antes de estallar. Corremos, sin pararnos a pensar. La chica de la hiedra tatuada sabe dónde estamos y nos consigue un refugio en la tienda de una vieja estilista de los Juegos. Nos encerramos en un sótano que huele a moho y a cuero.
Perdimos a los soldados, a Jackson y a Castor. Finnick aúlla de dolor cuando intentamos parar la hemorragia de su pierna. Afortunadamente las fauces del muto no tenían veneno, pero la dentadura afilada le ha destrozado la pierna y ha perdido tanta sangre que va y viene del desmayo mientras me obligan a suturarlo como puedo. Gale también necesita suturas y mientras lloro logro unir su nuca en una horrible línea que seguramente dejará cicatriz.
Para cuando mis labores como estúpida curadora que nunca debo ser, terminan, estoy llorando y meciéndome viendo a un punto fijo en la pared, acariciando el cuero de nutria del que está hecho el abrigo con el que me han cubierto. Escucho el sollozo ahogado del Avox que ha perdido a su hermano, los gemidos de Finnick, mi propio llanto y solo puedo pensar en lo mucho que lo he echado a perder.
— Katniss… — me volteo de repente, asustada, he dejado de llorar pero no me he movido un milímetro en una hora — debes dormir…
— No puedo, no dormiré nunca más — las pesadillas que me atormentaban después de los Juegos eran horribles, pero temía que si cerraba los ojos, solo soñaría con Jackson siendo devorada, o con la tragedia de no haber salvado a Finnick— Nunca más…
— Katniss — insiste y lo miro a los ojos, se sienta a mi lado y acaricia mi cabello— todos estábamos allí por nuestros propios pies… — hago un puchero involuntario y lo besa por un segundo, alejándose apenado— lo siento…
— Peeta, ¿Me odias, Real o no?
— No real Katniss — vence sus propios temores, lo sé porque se apega a mí y me abraza con fuerza.
— Salvaste a Finnick — acoto para hablar de algo mejor— aunque no es tu persona favorita en el mundo…
— Pero tu si lo eres… y vi tu rostro cuando el muto lo mordió… perdiste las esperanzas y yo no podía dejar que muriera sin hacer algo — volteamos a verle, esta inconsciente, su respiración es irregular, pero vive.
— Si no conseguimos ayuda…
— No morirá Kat — aprieta los dientes y casi puedo oírlos rechinar antes de que vuelva a hablar — tiene que consentir a nuestra pequeña Bluebell por el resto de sus días y han pasado muy pocos.
Nos recostamos contra la pared y casi al instante me quedo dormida. Quizás fue por su respiración acompasada, mi cansancio por los días vividos, o el sonido de su corazón latiendo en su pecho, pero fue una noche sin sueños, una como hacía mucho que no tenía.
Ok si, parece una burla que haya estado un mes sin actualizar, pero la inspiración se fue y no volvió hasta hace poco y aun así creo que es el peor capítulo de todo el fic.
Lamento si no es lo que esperaban, prometo que el siguiente será mejor :D
Aclaración: tome escenas de la película, porque me gusto más como se narró allí toda la parte del Capitolio, como que fue amena, por eso es lo que observamos en este capítulo.
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Empecé un nuevo fic sobre Madge y Gale, se pasan por mi perfil y lo buscan? Se llama el Lobo y el Cordero.
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Gracias por los comentarios. Espero nuevos review sobre este capi, que al menos pasan cosas interesantes jaja.
Con cariño atentamente, Anna Scheler.
