Disclaimer: El universo y los personajes incluidos en esta historia son propiedad intelectual de The CW (Porque Jason no se los merece, honestamente) y Kass Morgan. Han sido tomados sin animo de lucro.
Advertencia: Al ser un AU, algunas personalidades (o todas) van a estar cambiadas (OoC) un poco con el fin de adaptarlos a la trama.
Dedicatoria y agradecimiento especial reiterado a mi beta reader GabySantosOjeda (twitter) por su paciencia al leer y editar los errores que voy dejando en la historia.
He decidido...
Debía aceptar que tras casi haberle dejado plantada en el aeropuerto las cosas se habían puesto algo un poco extrañas entre ellas. Casi como si hubieran vuelto al punto de partida de su romance, cuando todo eran comentarios aventurados y coquetos. Sólo eso.
Lexa la miraba de reojo cada que podía. Aún incrédula de haberle convencido de ir con ella. En su momento había sonado a la mejor idea del mundo, pero ahora parecía demasiado tangible y real. No le asustaba la perspectiva de un futuro a su lado, lo que temía es que Clarke no tuviera pensamientos similares a los suyos y todo esto fuera más que un desastre anunciado.
Esperaron por la maleta de Clarke en completo silencio, hasta que la joven decidió hablar para romper esa tensión que se había instalado entre ellas.
"¿Podrías dejar de mirarme así?" le pidió.
"¿Así cómo?"
"Como si fuese a desaparecer en cualquier momento," expresó Clarke poniéndose de frente a ella. "Tócame," tomó sus manos con las suyas y las llevó a su rostro, "Soy yo, estoy aquí y no pretendo irme hasta que me haya quedado sin ropa limpia," señaló.
"Tendré que abastecerte de prendas apropiadamente aseadas," comentó Lexa.
"O podrías mantenerme sin ropa… ya sabes, no se ensucia si no la uso," dijo Clarke en un intento fallido de seducción.
Lexa tosió para simular un poco su sonrojo.
En ningún momento se soltaron de las manos.
Clarke llevó esta vez sus dedos hasta la cara de la castaña. Acariciando con dulzura sus mejillas.
"Te prometo que no me iré pronto," afirmó.
Lexa sonrió con sus ojos.
Clarke no soportó sólo verla alegre y le robó uno de esos suspiros de los que tan poco hablaron en su primer encuentro. Provocando que terminara hasta por robar de sus labios el atisbo de su júbilo. Lexa amplió su sonrisa mientras respondía el beso de Clarke.
Si alguna vez hubo una sensación de la que creyó que podría volverse adicta, sería precisamente esa.
Había esperado por ese beso toda su vida. O quizá las últimas 24 horas de abstinencia. No lo sabía. Pero era consciente de que quería más de eso, si era posible, toda su vida.
"Ejem…" alguien se aclaró la garganta cerca de ellas. Clarke fue la primera que rompió el contacto para ver a un sujeto llevar su maleta hasta ellas, "Es la última. Me imagino que pertenece a ustedes"
Clarke le agradeció mientras Lexa escondía su rostro carmesí entre su cuello. Había olvidado por un momento que estaban en el aeropuerto, rodeados de decenas de pasajeros trasnochadores y no en un sitio tranquilo e íntimo.
"Quizá deberíamos irnos," sugirió Clarke.
"Nunca has tenido más razón," accedió Lexa colocando su pequeña maleta de viaje en su hombro para poder ayudar a Clarke con su monstruoso equipaje.
No tardaron mucho en buscar un taxi que las acercara a la casa de Lexa. El vecindario le pareció pintoresco a Clarke, un poco anticuado, pero con matices que más tarde descubriría en sus tardes de soledad en aquella ciudad. Se detuvieron frente a un edificio cuya fachada no se parecía en lo más mínimo a la elegancia de la Torre Polaris, aun así, la artista amo el contraste en el ambiente.
Lexa pagó al chofer. Esta vez fue Clarke quien cargó el equipaje hasta el pequeño elevador al final del pasillo. El inmueble era relativamente pequeño, apenas había tres pisos en él, pero bastante espacioso. No dejó de fascinarse cada vez que encontraba a la ojiverde observándola silenciosamente con los labios entreabiertos aún incrédula por todo.
Presionó el botón del tercer piso.
"Creo que te gustará el sitio," dijo la segunda vez que Clarke la atrapó admirándola.
"Aún no he llegado y ya me encanta," observó Clarke. "Quizá tenga que ver con la chica que vive en él," le guiñó el ojo, acercándose peligrosamente a ella, dejando muy claras sus intenciones mientras acortaba la distancia entre sus cuerpos.
El beso tomó a Lexa por sorpresa. Había intensidad en los movimientos de Clarke, como si la castidad en sus labios ya no fuera suficiente, como si su deseo irrefrenable por ella le exigiera demandar mayor interacción entre ambas. La rubia agradeció la lentitud con la que el aparato se movía mientras tomaba el labio inferior de Lexa y lo presionaba juguetonamente entre los suyos, sus manos empezaban a acariciar sus costados de una forma en la que ya no era un simple coqueteo, incluso había pasado a ignorar algo tan insignificante como las tres capas de ropa que llevaba la castaña. Para el momento en el que la falta de movimiento les avisó que habían llegado a su destino, ninguna parecía tener verdadera prisa por salir de ese pequeño pero acogedor cubo de metal.
Clarke se preguntó cuánto tiempo se habrían tardado en interrumpir semejante escena de haberse encontrado aún en su ciudad. No obstante, desecho cualquier pensamiento que no tuviera que ver con los dulces labios de la chica frente a ella, porque no había viajado miles de kilómetros para pensar en algo que no fuera el presente y con quien lo compartía.
"¿Klark?" aspiró Lexa un poco de aire cuando la chica se lo permitió.
"Shhh…" siseó Clarke y volvió a poseer su boca como antes. Sintió los labios de Lexa curvearse bajo su ataque físico.
Aun así, Lexa luchó para separarse apenas unos milímetros de Clarke. Sus mejillas estaban tan rojas bajo el manto del brillo de sus ojos. Estaba feliz, genuinamente feliz pero no quería que esa dicha se quedara escondida únicamente en el restrictivo espacio de un ascensor que pronto podría ser utilizado por otro de los inquilinos.
Le regaló un corto beso para calmar la mirada de decepción de Clarke. Fue un verdadero reto hacerse del control del equipaje, sacar las llaves y llegar a la puerta con las manos de Clarke rodeando su cintura desde su espalda.
Había algo mágico en la perfección de ese quinto día juntas. Y algo sumamente irreal también. Nunca el presente le sentó tan bien a nadie.
Tan pronto la puerta estuvo abierta, la artista no perdió la oportunidad de arrojar cualquier cosa que pudiera estorbar entre ellas, habría tiempo después para arreglar todo ese desorden. Ni siquiera dejó que Lexa dejara las llaves en la pequeña mesita dispuesta con ese inmediatamente en la entrada. En realidad, ni siquiera echo un rápido vistazo al apartamento. De haber sido así, quizá podrían haberse ahorrado el terrible susto a continuación pues, desafortunadamente, estaban muy lejos de evitar las interrupciones de terceros.
"¡Ni una nota! El departamento vacío, el móvil fuera del área… ¡¿Quién te crees que eres?!" resonó una voz tan pronto dieron más de tres pasos dentro del lugar.
Lexa abrió los ojos sorprendida, dando un brinco que terminó por alejarla de Clarke en ese momento. Miró a la artista como si le debiera una explicación, misma que se tardó un poco por las quejas de la intrusa.
"¿Qué haces en mi apartamento Luna?" le preguntó con paciencia, pero le fue imposible ocultar el rubor de haberse encontrado en una posición un poco fuera de la clasificación para público general.
"¿Qué te parece que esté haciendo?" respondió con una pregunta la chica, apuntando a las plantas en la repisa de la ventana como si eso explicara todo.
"Lo siento, reformularé la pregunta, ¿Cómo entraste aquí?" dijo con tono condescendiente Lexa ajustándose los lentes sobre la nariz. Hizo una pequeña mueca cuando el armazón tocó el parche sobre su ceja.
Clarke observó como la otra chica alzaba los hombros para quitarle importancia al problema. No quería describirla como hippie, pero todo en su apariencia lo gritaba. Desde su cabello desarreglado, hasta su ropa. No puedo evitar sentir un poco de molestia en su presencia, era muy fácil olvidar cuan poco conocía de la vida de Lexa.
"Entre por la ventana," cedió tras unos segundos bajo la mirada de Lexa.
"Estaba cerrada," recordó Lexa. "Siempre está cerrada."
"Si, es posible que debas considerar comprar un nuevo cristal," comentó Luna con la misma indiferencia. "¿quién es ella?" preguntó reparando en la pequeña rubia a su lado.
Clarke no pudo evitar pensar en lo bien que se llevarían Raven y ella si se conocieran. O quizá no…
"Oh, lo siento." Dijo Lexa sacudiendo la cabeza, culpable por su falta de cortesía. "Ella es Clarke Griffin," la presentó tomando su mano un poco más posesivamente de lo planeado, "Ella es Luna, vive en el otro apartamento de este piso."
"Mucho gusto…" empezó a decir Clarke levantando su mano cuando la chica volteo su rostro y la interrumpió.
"¿Y qué hace aquí?"
"Va pasar una temporada conmigo," se limitó a decir Lexa.
"Vaya," contestó Luna perdiendo el interés en la rubia. "¿Estás bien?" inquirió.
"Mejor que nunca," declaró Lexa mirando rápidamente a Clarke sin que Luna se diera cuenta.
"Glorioso. Procura alimentar a tus plantas si te vas a ir de nuevo sin avisar," contestó. Había algo implícito en su interacción que Clarke decidió ignorar.
"Son artificiales," respondió Lexa.
"Lo averigüe algo tarde," confesó Luna girándose y dirigiéndose a la que posiblemente era la alcoba de la castaña.
"¿A dónde vas?"
"Regresaré a mi apartamento," dijo Luna.
"Preferiría que usaras la puerta en esta ocasión, si eso está bien contigo, por supuesto."
Luna asintió cambiando de dirección. Para Clarke podría parecer que la joven sólo tuvo la cortesía de ignorarla, pero lo cierto era que Luna había considerado bien su presencia, incluso desde el momento en el que entró con sus manos bajo la ropa de su amiga, no tenía la suficiente evidencia para decir que no le agradará, aunque podía confesar directamente que no lo hacía. Si era honesta, nadie que no fuera Costia jamás lo haría.
Lexa siguió a Luna hasta la puerta, sabía que no volvería ahora que estaba consciente de su regreso, pero quiso asegurarse de cualquier modo. No consideró que la chica fuese un problema, después de todo, su interacción se basaba en saludos cordiales por los pasillos y pequeñas reuniones de estudio cuando era necesario. Un poco extraño para conocerse prácticamente desde la adolescencia.
Por otro lado, Clarke se tomó la libertad de empezar a explorar el que sería su hogar por ahora. Un cosquilleo se instaló en su estómago cuando ese efímero pensamiento se situó en su mente, era curioso como sus decisiones, que siempre habían tenido cierta mesura, habían sido influenciadas de esta forma por los ojos más bonitos de los que sería testigo jamás. Y algo le decía que no sólo ella sufría de tal giro en su vida...
Tal como la fachada del edificio, el interior también contrastaba con todo lo que había conocido del estilo de vida de las Woods hasta la fecha. Quizá Anya era un poco más ostentosa, porque Lexa tenía un gusto muy sencillo para la decoración. Su casa era un cómodo loft donde la limpieza en la atmósfera parecía predominar. Tal vez Lexa era una maniática de la limpieza o sencillamente tenía capacidad de mantener impoluto todo sin ningún esfuerzo. Clarke supuso que lo descubriría más pronto que tarde.
En el centro de la estancia dominaba un pequeño conjunto de sillones de color gris que hacían juego con el metal de la cocina, ni siquiera tenía un comedor, todo lo que separaba la sala de estar de esa área, era una pequeña barra para desayunar con tres sillas dispuestas una al lado de la otra. En el otro extremo había una estantería que alcanzaba el techo, prácticamente utilizada para albergar cientos de libros y apenas algunos artículos de decoración ajenos a todo. Justo al lado había una puerta de cristal templado, el resto de las paredes estaban resguardadas por cuadros de arte monótono y abstracto, dejando una pared únicamente para el enorme ventanal del que se podía apreciar la mejor vista nocturna que tendría de la ciudad hasta ahora.
Clarke pasó sobre las maletas, embargada por la curiosidad, dirigiéndose hasta la estantería, completamente cautivada por los portarretratos que había en las repisas. Una hilera completa dedicada para esa finalidad. El primero de ellos albergaba una fotografía de Anya y Lexa algunos años atrás, no parecía que la castaña estuviese muy dispuesta a tomársela, pero su hermana mayor se veía feliz mientras la observaba intentar salir del cuadro. La segunda que captó su atención fue una donde Lexa se encontraba montando un caballo, había una pequeña leyenda en la esquina inferior que informaba la fecha en la que fue tomada. La última que pudo ver a detalle fue una donde la chica que había mudado su corazón hasta otra ciudad estaba con un uniforme militar aparentemente ayudando alguna zona de desastre, Lexa no parecía tener más de 19 años en esa foto. Al menos ahora sabía porque le decían Comandante y, por cursi y apresurado que sonara, su corazón revoloteó al saber que esa persona estaba interesada en ella.
El último portarretratos estaba acostado, imposibilitando ver quien estaba guardado en él. La curiosidad de Clarke aumentó, llevando su mano hasta él, pero no le fue posible concretar la acción.
"¿Decepcionada?" le preguntó Lexa, deteniéndola de alzar aquel marco rechazado.
"Creo que me podría acostumbrar," respondió Clarke encontrándose con los cálidos ojos verdes de Lexa. Decidió que extrañaba sus labios poco antes de robarle un corto beso y un par de suspiros a la futura abogada.
"¿A qué se debe eso?" dijo una vez más la sorprendida castaña llevando su mano hasta sus labios. Le encantaban esas sorpresas, pero aun no creía como o qué había hecho para lograr que su vida le pusiera a alguien como Clarke en su camino.
"No lo sé, creo que sólo he decidido que me voy a enamorar de ti," confesó Clarke encogiendo sus hombros.
"¿Sólo así?"
"Sí. Sólo así…" paso a su lado, rozando discretamente su antebrazo, dirigiéndose a su equipaje.
Lexa la observó totalmente abstraída un par de segundos antes de recordar que realmente Clarke no conocía su departamento para nada, además, debía revisar los estragos de la intromisión de Luna durante su ausencia.
Sólo había un dormitorio principal en ese departamento, era una habitación enorme en la cual se acomodaba también el cuarto de baño y un armario que fácilmente dejaba en vergüenza cualquiera en el viejo apartamento de Clarke. Como todo en el loft, el espacio era bastante simple y limpio, la cama y sus dos mesitas de noche eran simétricas, apenas decoradas con una lámpara y una foto familiar. Fue una grata adición saber que contaban con un estudio aún más lleno de libros y un cuarto diminuto de lavado en aquel espacio.
"Supongo que me tocará dormir de lado de la ventana," bromeó Clarke observando a Lexa inspeccionar los cristales en el piso.
"Espero que no te moleste," se disculpó con su tono.
Clarke sintió algunas mariposas en su estómago. A pesar de lo rápido que se estaban dando las cosas, ninguna de las dos sentía que éstas estuviesen fuera de lugar.
"Debo llamar a Anya," le informó Lexa.
"Adelante, supongo que me pondré el pijama mientras tanto"
"Pensé que no usarías ropa mientras estuvieras aquí," señaló Lexa.
"Esa oferta sigue sobre la mesa," le guiñó el ojo Clarke.
Lexa únicamente negó con la cabeza, claramente divertida, haciéndose del teléfono inalámbrico sobre su buró para desaparecer por la puerta, sin dejar de mirarla en ningún instante. La artista estaba tan ensimismada en su actual felicidad que jamás pensó que Raven podría arreglárselas para secuestrar su sonrisa aun a miles de kilómetros, sin embargo, ingenuamente lo primero que vio al abrir su maleta fue un conjunto de encaje que llevaba un pequeño letrero encima que decía:
"Úsame. Sabes que quieres hacerlo…"
No podía subestimar el esfuerzo que su mejor amiga ponía en que su relación siguiera por un buen camino, aunque dudaba que usar lencería fina fuera la mejor dirección, al menos por ahora. Conforme sacaba más ropa, ésta parecía tener menos tela. Por un momento le preocupó que Rae sólo hubiese puesto atuendos así, olvidándose de que, quizá, necesitaría ropa normal para, no sé, salir del departamento… Pero sus preocupaciones fueron rápidamente mermadas cuando vio que la otra mitad de su equipaje eran sus aburridos jeans, blusas e incluso vestidos tan exuberantes como el rojo con el que casi la hace ir al aeropuerto.
En lugar de ponerse la sugerencia de Raven, optó por unos sencillos pantaloncillos cortos y una camiseta delgada como su pijama y, abrumada por el silencio en esa habitación fue en búsqueda de Lexa, no percibió en ningún momento que el portarretratos del que no fue capaz de observar el contenido había sido removido de una forma tan efectiva que jamás sabría que estuvo ahí de no haberle visto antes.
"Deberíamos… ya sabes…" dijo Clarke con el tono más coqueto del que fue capaz mientras alcanzaba una de las manos de Lexa.
"¿A esta hora?"
"Que yo sepa, para eso fue hecha la noche." Clarke rió al ver como Lexa se sonrojaba.
"Si, quizá, pero en serio me gustaría dormir," confesó un poco apenada.
"Es justo de lo que estoy hablando, ¿en qué piensas Woods? No vine hasta aquí sólo para echar un polvo contigo," bromeó Clarke. "Aunque tampoco me negaría si lo preguntaras dos veces"
"Señorita Reyes, haga el favor de salir del cuerpo de mi artista," respondió Lexa sonriendo también.
Clarke pensó que podría vivir perfectamente de esa forma si sus días empezaban precisamente así para siempre. Reflejándose en esos ojos verdes irradiantes de incredulidad y júbilo, mientras las cobijaba el sol escapando entre las nubes perezosas de un nuevo día.
Se quedaron así varios minutos, sólo mirándose la una a la otra mientras sus manos jugaban entre ellas. Esa escena sería la más íntima que habían tenido sin verse interrumpidas por nadie, esta clase de paz era muy grata pero inusual, hasta ahora.
"He preparado café," comentó Lexa, negándose a separar sus manos.
"En realidad creo que deberías dormir," sugirió Clarke.
"Para qué dormir, si mis sueños los vivo despierta ahora," declaró Lexa.
"Que cursi eres," dijo Clarke dándole un golpecito en el brazo.
Lexa sólo le regaló otra sonrisa porque no podía negarse a esa realidad y tampoco quería hacerlo.
"Pero si no quieres dormir, creo que tengo una idea de lo que podemos hacer," dijo Clarke en tono sugerente y un guiño rápido. Esta vez fue Lexa quien regresó el pequeño golpe por el descaro de la joven, "Vine hasta aquí a conocerte y reamente no quiero esperar para saber más de ti," se explicó.
Lexa asintió en señal de entendimiento.
"En realidad me gustaría saber más sobre ti antes de mí," manifestó Clarke.
"Puede que sea la historia más aburrida que escuches en toda tu vida," reveló Lexa.
"Incluso la historia más aburrida es interesante bajo la perspectiva correcta," contestó Clarke.
"Bien," accedió Lexa, "pero si te quedas dormida no te llevaré a la cama."
"Oh, en serio esperaba que lo hicieras," respondió Clarke haciendo un puchero al que Lexa contestó sacudiendo la cabeza antes de tenderle una taza con café y guiarla a uno de los sofás.
Si le hubieran dicho una semana atrás que estaba por relatar detalles de su vida a una chica que acababa de conocer, seguramente se hubiera mofado de la persona. Pero se dice que el romance está lleno de clichés, y Lexa se estaba acostumbrando a ello.
"¿Qué quieres saber?" no hubo necesidad de que Clarke respondiera, era obvio que no estaría satisfecha con datos aislados, ella quería saberlo todo. Así que sólo suspiro e intento decidir por donde empezaría.
Odiaba hablar sobre sus padres por la sencilla razón de que no los recordaba, siempre había escuchado cuán inteligente fue su madre o la calidez en los ojos de su padre, pero para ella eran personas que apenas compartieron dos fotografías en su compañía, sin mayor evidencia de su existencia a su lado que esa y, de alguna manera, eso la lastimaba. Le contó cómo fue que a sus dos años sufrieron un accidente, dejando a Anya y a Lexa completamente solas en el mundo. Su hermana apenas tenía siete años cuando tuvo que hacerse cargo de su familia. Por supuesto incluyó a Titus en su relato, después de todo, para bien o para mal, el hombre tomó un rol principal entre las Woods, uno que de muchas formas las protegió tanto como las arruinó.
Anya vivió toda su infancia en algún internado fuera del país, Lexa no tardó en sufrir el mismo destino, pero para fines que sólo entendía el hombre, no le permitió seguir a su hermana en sus diversas escuelas. Procuró omitir la parte en la que a sus doce años conoció a una bonita niña cuyos cabellos eran tan rubios que parecían pequeños hilos de plata enmarcando aquellos hermosos ojos grises que le habían robado parte de su belleza al cielo… omitió decirlo porque el recuerdo aun revoloteaba en algún sitio de su pecho, por mucho que intentara borrar la sensación de sí misma.
Le reveló que cuando Anya se entró en la Universidad, Titus decidió que Lexa tendría que ir a la academia militar sólo porque tenía un deber que cumplir con el recuerdo de sus padres. No fue capaz de confesarle que la envió ahí para alejarla de su borrosa definición de amor ni de la chica que había suscitado tales sentimientos en ella, mucho menos le dijo como fue que su hermana no hizo nada para evitarlo. Pero si le habló sobre lo positivo de su experiencia, le contó con emoción como fue que en todos esos años participó en misiones altruistas o sobre cómo fue ascendida rápidamente de rango por su excelente comportamiento y disciplina. Respondió la duda implícita de Clarke sobre cómo era que pertenecía a un club campestre e incluso le dijo que su caballo se llamaba Argos, aunque no supo responderle como había elegido el nombre.
No dijo que fue lo que la llevó a abandonar su prometedora carrera militar, apenas pudo mencionar brevemente que conoció a Luna durante esos años en la escuela militar. En su memoria siempre quedarían plasmadas todas las veces que su vecina le ayudó a escaparse para poder visitar a Costia en secreto, aun cuando la chica enfermó y mucho antes de que Titus la enviara lejos para ayudar en su recuperación. No incluyó a Lincoln en la historia, aunque había sido él quien siempre la recogía y la acercaba a su anhelado encuentro con la dueña de sus sentimientos en aquel entonces.
No fue capaz de continuar la historia al recordar eso.
Afortunadamente no hizo falta. Clarke, quien inicialmente mantuvo su absoluta atención a sus palabras, yacía en ese momento perfectamente dormida sobre su regazo. En algún momento de su monólogo, la artista colocó su cabeza sobre sus piernas y se dejó rendir ante el encanto de saberse envuelta entre los brazos de la castaña y su suave voz hablando sólo para ella.
Lexa suspiró mirando por la ventana, ya no quedaba señal alguna del amanecer. Se preguntó cuántos amaneceres había pasado en compañía de Clarke hasta ahora, olvidando por completo la cuenta sobre todos aquellos que había sobrevivido desde la partida de Costia.
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Le tomó por sorpresa encontrarse cómodamente tendida sobre tan mullida cama, no creyó jamás que Lexa en serio se tomara la molestia de trasladarla hasta la cama ¡por segunda vez en una semana!, pero eso no fue lo más impactante, lo era saberse compartiendo este capítulo de su vida con ella. La sensación era asfixiante, justo del tipo en el que no buscas oxígeno, sino perpetuar la dicha que se alberga en tu pecho. Pronto se encontró con una sonrisa tonta en sus labios.
"¿Lexa?" la llamó cuando extendió su brazo y encontró la otra mitad de la cama vacía. Se incorporó de inmediato, percibiendo nulo movimiento en la habitación.
Echo un vistazo rápido al reloj sobre la mesita de noche, notando que pasaba del medio día ya. Hizo su camino al cuarto de baño, esperando encontrarse con la castaña, pero no hubo señales de que hubiese estado ahí. Estaba a punto de salir para buscarla en el resto del departamento cuando el tono de llamada de su celular obtuvo su atención, alguien- evidentemente Lexa- se tomó la libertad de dejarlo en su lado de la cama.
Era Raven. Quien si no.
"Clarkie" la saludó al otro lado de la línea tan pronto enlazó la llamada. "¿Qué llevas puesto?" le preguntó con su tono incitador, como si creyera que su plan de seducir indirectamente a Lexa a través del cuerpo de Clarke y su buen gusto hubiese dado resultado.
"Es muy pronto como para que extrañes mi voz," replicó Clarke poniendo los ojos en blanco. "Casi estoy segura de que no pudiste dormir esperando para llamarme."
"Por supuesto que no. Aunque no lo creas Clarke, tú no eres la Griffin que me roba el sueño," respondió casi en un suspiro Raven. "Además, estuve ocupada," añadió con un tono travieso que no hizo salvo preocupar a Clarke, "Espero que tú también hayas, ya sabes, estado ocupada…"
"Lo estuve," afirmó Clarke, "Hablamos toda la noche…"
"¿Y?"
"Y me quede dormida…"
"Te mandé kilómetros lejos para que durmieras con ella, no para que te quedaras dormida, Clarke," protestó Raven. "Es que no has aprendido nada."
"Estoy en un estado constante de aprendizaje," aclaró la rubia. Algo en su tono hizo que Raven tardara unos instantes en contestar.
"En qué momento mi dulce bisexual encontró una mujer más sexy de la que yo no fui capaz," comentó de una forma en la que mostraba su orgullo y decepción.
"Cuidado Rae, que sales con mi mamá," comentó Clarke.
"Wow, así que lo haz asimilado ya, ¿eh?"
"¿Qué exactamente?"
"Que se lo hago a tu mamá," dijo sin tapujos Raven.
"No. Pero gracias por la imagen mental," replicó sarcásticamente.
"Volviendo a tu luna de miel y a todos los clichés que tú y tu concubina acaban de perpetuar… dime, por favor que no desperdiciaste tu primera noche sola con ella únicamente usando su boca para hablar, por favor, no podría soportar la decepción. Miénteme si es necesario." Le rogó por teléfono.
"¡Raven!"
"Oh, por favor Griffin, es bien sabido que te fuiste con ella sólo para aprovecharte de esas manos sin interrupciones," gruñó Raven.
"Voy a colgar ahora," advirtió la rubia.
"Si yo fuera tú, cada habitación de esa casa llevaría…"
Y antes de escuchar como terminaba la frase, pulso la pantalla para dar por terminada la llamada, pero su celular vibró casi de inmediato.
(Raven 12:17): Colgarme no hará que olvides cuan desaprovechada fue tu noche.
(Raven 12:18) Cuando te des cuenta de tu error y busques redención… me gustaría saber los detalles, entre más explícitos, mucho mejor.
Clarke negó para sí. Ni siquiera a distancia detenía a Raven de ser tan molesta.
(Raven 12:20) Casi lo olvido. Octavia te extraña, pero es demasiado orgullosa como para admitirlo.
(Clarke 12:25) Podrías haberme dicho que me extrañabas sin tantas guarradas por teléfono.
(Raven 12:30) ¿Cuál sería la gracia en ello?
Hasta ahora no se había detenido a pensar en si extrañaba algo de lo que dejo atrás, por supuesto que echaría de menos a sus amigas y a sus esporádicas reuniones con su madre, pero en esos cinco días no sopesó ni un solo segundo que pasaría si sucedía precisamente lo que paso. Es más, le parecía absurdo, aun ahora, lo rápido que las cosas evolucionaban. De repente encontró a alguien por la que realmente valía la pena perderse en cada una de las emociones que le generaba porque, por alguna razón que no comprendía, sabía que esto era algo seguro.
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Salió del dormitorio apenas con su delgado pijama. Estaba acostumbrada al clima cálido de la costa, sin embargo, aquí la temperatura no era tan amable aun el sol estuviera en pleno apogeo, esperaba que Raven hubiese contemplado el contraste de temperaturas entre ciudades, aunque le costó averiguarlo debido a que su equipaje, junto con todo el caos de su llegada en las horas anteriores, habían desaparecido de la sala de estar.
Bien, Lexa definitivamente tenía una compulsión por la limpieza. Regreso a la habitación para confirmar que su ropa estaba en el enorme armario, vamos, incluso el cristal que Luna se vio obligada a corromper para poder ingresar al departamento había sido reemplazado efectivamente. Todo sin despertarla a ella.
¿Acaso Lexa había dormido?, se preguntó.
Se cambió con un par de prendas que tomó aleatoriamente y regreso a la estancia para buscar algo para comer. Pero, una vez más, Lexa supo cómo sorprenderla aun en su ausencia, sobre la repisa estaba un desayuno completo que sólo hizo que la quisiera más. Frente a tal imagen se encontraba una pequeña tarjeta que le informaba sobre su paradero: Había ido a matricularse en las asignaturas del semestre. En la esquina inferior del papel decía que le diera la vuelta, lo que leyó hizo que su corazón diera un vuelco:
"He decidido, quizá de forma inconsciente, que ya estoy enamorada de ti"
Si, habían pasado sólo cinco días, pero los sentía un poco más que sólo eso. Había decidido que querría que esto fuera su para siempre o, al menos, intentar que lo fuera.
Nota de autor.
Empecemos con un disculpa por la larga ausencia, misma que tiene una explicación sensanta: Tenía que estudiar para un examen que se hace una vez al año y en el que compites para hacer un posgrado dentro de mi carrera (el cual pase :D) pero tuve que sacrificar algunos pasatiempos, como lo es escribir.
Dicho esto, me queda agradecer su paciencia con esta historia. En el capítulo anterior cerramos el primer arco del argumento, por ahora sólo tengo estructurados tres capítulos más pero eso no signfica que ya vaya a terminar la historia. Aun falta resolver uno o dos conflictos acá.
