Capitulo Noveno. – Descubriéndose.
-AVADA KEDAVRA! – el grito salió de lo más profundo de su ser, de alguna manera Grindelwald había logrado sacar sus peores recuerdos, para convertirlos en un odio que nunca había experimentado.
La potencia del hechizo y la explosión lo hicieron volar hacia atrás, golpeándose contra la pared, quedando inconsciente.
Harry Potter despertó con un gran dolor de cabeza. Se tocó la nuca, tenía sangre seca; lentamente fue abriendo los ojos. En el lugar donde supuestamente estaba la puerta de la habitación de Sirius, solo había un montón de escombros, su hechizo había destruido casi la mitad de la planta alta.
Recordó las palabras que había pronunciado el director: "Lo que necesitas para vencer a Voldemort está dentro tuyo Harry".
Pero Dumbledore estaba equivocado. No era el amor lo que iba a salvar a Harry Potter. Recordó la profecía "Y tendrá un poder que el Señor Oscuro no conoce".
Miró al Diario detenidamente. Analizandolo. Entendió su poder. Lo que estaba haciendo era descubrirse a sí mismo, se estaba liberando.
¿De qué? De los prejuicios, de las ataduras de su mente. Todas aquellas cosas que le habían enseñado de pequeño. "Slytherin es la casa donde han salido todos los magos oscuros" "El heredero de Slytherin mató a tus padres" "Las Artes Oscuras están prohibidas".
El diario lo liberaba de la prisión que le habían impuesto desde los once años de edad. Una prisión para la mente, para el pensamiento libre. Para llegar donde nadie quería que llegue, para lograr lo que nunca antes nadie había logrado.
Ahora entendía mejor a Voldemort. El comprendió todo esto mucho antes que él y sin ayuda.
-Yo también quiero ser especial, único.
Luego de oír en voz alta sus palabras miró el Diario con miedo y luego los destrozos que había provocado su maldición.
Tomo el diario, lo guardo en el cofre, al lado de la poción, y lo dejo sobre la cama. Levantó su varita y movió los escombros que le impedían el paso.
Se dio una larga ducha, las nuevas sensaciones aun bullían en su interior. El Diario había encendido una llama en su interior, era una fuego que le costaba calmar, aun sentía odio, ese odio abrasador, que le carcomía por dentro.
Se tomó fuertemente la cabeza para intentar calmarse, mientras el agua corría por su cuerpo, recordando todo lo que había experimentado, después de largos minutos lo logró.
Aun le quedaba un día antes de asistir a la estación de King Cross para tomar el viaje a Hogwarts. Utilizo ese ultimo día, para reparar toda la destrucción que ocasiono su hechizo, y también para pensar.
Eran muchos sentimientos encontrados. Por una parte odio, un odio irracional que no podía contener. Por otro lado el temor a convertirse en algo que no deseaba, un recuerdo se había apoderado de su mente desde que vio los escombros. El único Avada Kedavra que había ocasionado algo similar a lo que hizo Harry esa noche, fue el día que Lily y James Potter fueron asesinados, y cuando el que no debe ser nombrado intento matar al pequeño Harry reboto la maldición, destruyendo lo que era su hogar.
El único que podía hacer un Avada Kedavra como el suyo, era Voldemort.
El primero de septiembre llegó al fin, Harry Potter se despertó, había tomado la decisión de que haría una pausa en la lectura del diario hasta no conocer más de la vida de Grindelwald. Tenía bastante miedo de los cambios que podía sufrir si continuaba leyendo.
Mientras bajaba las escaleras, se sorprendió con el estado de la vieja casona Black, los cuidados y remodelaciones que había efectuado Dobby eran simplemente increíbles, ahora parecía una mansión. Tomo nota mental de agradecer al elfo, no se había portado muy bien con él los últimos días.
Salió al frio Londres con tiempo de sobra, llevaba su baúl en una mano y en la otra, oculta en un bolsillo de su túnica, su varita.
Llego al andén 9/34 sin mayor complicación, y allí vio al imponente Expreso de Hogwarts. Era temprano, había pocos estudiantes dando vueltas. La seguridad era excesiva, había decenas de aurores dando vueltas entre los estudiantes, revisando sus maletas y túnicas, parecía el ingreso a una cárcel en vez de un colegio.
Divisó a Remus que estaba entre los aurores que custodiaban una puerta de ingreso al tren. Aun tenía control sobre el Imperius.
-Por aquí Harry. –Indicó el licántropo apenas lo vio.
Un auror hizo el amago de querer examinarlo, como hacían a todos los estudiantes.
-¿Qué haces idiota? – Lupin lo miraba desenfocado- ¿En serio vas a revisar a Harry Potter?
El auror miró contrariado a Lupin.
-Tenemos ordenes de que todo estudiante debe ingresar al colegio libre de cualquier objeto que pueda ser considerado como tenebroso.- Respondió el auror en un tono que nada tenía que envidiar a Percy.
-¿Ah si?. Por tu propia seguridad te aconsejo que no le pongas un dedo encima. Nadie va a tocar a Harry. – Un brillo de locura, propio del lobo que tenia dentro apareció en los ojos de Lupin.
El auror retrocedió unos pasos. Después de todo, ese joven era el único símbolo de resistencia del "bando de la luz" como lo llamaban los medios. Sin contar que no tenía nada de ganas de discutir con un hombre considerado socialmente como una amenaza viviente.
-Está bien, puede pasar. – El auror intento que no se vislumbrara el medio que le dispensaba el hombre lobo, pero con poco éxito.
Encontró un vagón libre, entró y cerró las cortinas. Cada vez el ruido en la estación iba aumentando, estaban tardando demasiado en partir y Harry ya se estaba poniendo nervioso.
Estaba mirando por la ventana cuando la puerta de su vagón se abrió.
Ron, Ginny, los gemelos y Hermione se sorprendieron al que Harry les apuntaba con la varita.
-Lo siento, "Alerta Permanente" – dijo Harry imitando a Ojo Loco.
-¡Harry! – Gritó Hermione, mientras le daba un fuerte abrazo - supimos que estabas en Grimmauld Place, pero nadie nos dijo como podíamos visitarte, lo lamentamos...
-No hay problema Hermione, me sirvió el tiempo solo para pensar. En serio, estoy bien. – Harry compuso una sonrisa que logró engañar a sus amigos.
-Hola Harry- saludo Ginny con un abrazo un poco más tímida.
-¿Cómo estas camarada?- preguntó Ron.
-En la lucha – contestó Harry sonriendo, y ambos amigos cruzaron un abrazo fraternal.
Más tarde, y después que Harry esquivara unas inquisitivas preguntas de Hermione, y Fred y George se jugaran algunas bromas, la morena les recordó a Ron y a Ginny que debían dirigirse al vagón de los Prefectos.
Harry miro a Ginny con algo de desilusión, había pensado disfrutar de su compañía durante aquel viaje y hasta intentar unos momentos de privacidad, que desde aquella noche en el jardín de la madriguera, no habían vuelto a compartir.
-Será solo por unas horas... luego volveremos aquí... -le prometió Ginny mientras le daba un tierno beso en la mejilla.
-Bueno Harry, temo que nosotros también vamos a abandonarte... te quedaras solo por un rato.- dijo Fred fingiendo tristeza, una vez que habían quedado los tres solos.
-Cierto compañero... tenemos negocios que atender.- reconoció George
-Tranquilos, estaré bien.
Pasados algunos largos minutos, Harry estaba recostado de la ventanilla, apunto de dormirse, cuando un ruido lo hizo sobresaltarse.
Volvió sus ojos hacia la puerta y se incorporo rápidamente al ver a Susan Bones sonriéndole. Lucia increíblemente atractiva.
-Hola Harry... -saludo suavemente
-Hola Susan...¿qué tal?.- dijo Harry tratando de no lucir nervioso al ver como la chica se le acercaba y se sentaba a su lado.
-Pues no muy bien...te he extrañado mucho.- confesó ella, mientras colocaba su mano sobre el muslo derecho de Harry.
Él solamente atino a sonreír, porque un nudo en la garganta le impidió decir algo coherente.
-¿Estas tu solo en este vagón?.- pregunto Susan mirando a su alrededor.
-No... Ron, Hermione y Ginny están en el vagón de prefectos y Fred y George deben de estar por volver.- dijo Harry mirándola fijamente. De pronto un extraño ímpetu le hizo formularse una idea y sin remordimientos la expreso.- ¿Por qué preguntas... tienes algo en mente?
-Pues si.- reconoció la rubia con una amplia sonrisa.- hay un compartimiento vació al final de este pasillo... ¿te gustaría ir...?
Efectivamente el compartimiento estaba totalmente vacío. Harry entro detrás de Susan. Cerró la puerta y con su varita conjuro un hechizo para sellarla, de manera que nadie pudiese abrirla, y ningún sonido pudiese salir. Se volvió luego hacia ella quien permanecía de pie. Se miraron por unos segundos y él se le acerco lentamente. No entendía muy bien porque daba cabida a la extraña situación que estaba a punto de desarrollar entre ambos, pero al sentir de nuevo los ardientes labios de la chica entre los suyos y su lengua jugueteando con la suya, supo que había llegado a un punto sin retorno.
Hábilmente Susan le quito la túnica escolar y el chaleco. Retiro sin problemas la corbata y la camisa. Harry la observó mientras ella recorría con sus labios su cuello y bajaba por su pecho. De pronto se sintió incomodo al comprender que la chica se había percatado de la marca que llevaba, la marca de la Orden del Fénix. Pero Susan no pareció sorprenderse ni inmutarse, al contrario, pareció complacida. Delineo la figura suavemente con la yema de sus dedos, el tatuaje era un Fenix que tenía las garras hacia el frente, en posición de ataque, y mirándolo a los ojos le susurro seductoramente.
-Eres un miembro de la Orden del Fénix... No podía esperar menos de ti, Harry Potter.
Y sin esperar respuesta lo beso apasionadamente.
Él moreno, presa de una excitación incontrolable, la despojó de sus ropas y se perdió entre su blanca y suave piel, que sin problemas se rindió a sus deseos.
Devoro todo a su paso, pasando por su cuello y llegando hasta los rozados pezones, los cuales mordisqueó a su antojo, su piel tenía un aroma que lo enloquecía.
Susan lo empujó levemente y Harry se sentó. La tomo por la cintura y la invito a sentarse en su regazo. Y así lo hizo, no sin antes dejar en libertad el miembro masculino visiblemente erecto.
Ella lo atrapo entre sus piernas, y dejándose vencer por la gravedad lo introdujo en sí.
Él no pudo evitar gemir al sentirse dentro de ella, y dejándose llevar por sus instintos, comenzaron a moverse acompasadamente.
No dejaron de mirarse mientras gemían y suspiraban bajo los efectos de aquel encuentro que cada momento cobraba más fuerza.
Harry no podía creer lo que ocurría. Estaba haciendo por primera vez el amor. Allí en un vagón del expreso de Hogwarts, con quien menos él se hubiese imaginado. Todo era tan inverosímil, tan increíblemente aturdidor, tan excitantemente placentero.
Y es que la chica sabía muy bien lo que hacía, Harry solamente se dejo llevar. Sin embargo parecía que él también sabía cómo brindar placer a su compañera, la cual se lo demostraba cada vez con más fervor.
Llegaron al límite, dejándose aturdir por un increíble placer que los recorrió por entero. Volvieron a mirarse fijamente, mientras lograban recobrar la calma.
-Ha sido increíble Harry.- dijo Susan con voz entrecortada.- como me lo había imaginado.
-Tú has sido quien ha hecho que esto haya sido así.- respondió Harry besándole el cuello.
-Quisiera saber si estás dispuesto a repetirlo de vez en cuando.- pregunto ella con cierta picardía.
Harry la miró contrariado. Recordó a Ginny y por un momento la culpa lo embargo. Pero al verse reflejado en esos cálidos ojos claros, de nuevo la vanidad tomó fuerza en su interior.
-Se que estas con Ginny Weasley... pero te doy mi palabra que ella no se enterara.- confeso Susan sin un dejo de culpa en su voz.
El chico se sorprendió aun más ante tal declaración. Sonrió, bajo sus manos hasta los glúteos de ella, los apretó con fuerza y le susurró al oído:
-Será como tú quieras.
-Así me gusta.- ronroneó ella.- veras lo bien que la vamos a pasar.
De regreso a su compartimiento, Harry volvió a sentarse en el lugar que ocupaba, antes de que Susan apareciera. Miró de nuevo por la ventanilla, viéndose a si mismo reflejado en el cristal, sonrió mientras sus ojos brillaron de forma enigmática. Parecía que este nuevo año que daba comienzo sería muy diferente a los anteriores.
