Recomendación Musical: "Skyline" – Kari Sigurdsson
―Esta semana será muy aburrida ―la única chica exclamó con una pequeña sonrisa―, sólo seremos Trauern y yo hasta que Alex regrese.
―Sólo prométeme que no comerás pura chatarra ahora que no seré tu "cocinero personal" ―el mayor miró rápidamente la hora en su reloj de muñeca y le devolvió la sonrisa a la más alta―. Puede que tu cuerpo atlético nunca desaparezca, pero no es saludable; tendrás problemas si sigues así por…
―Por el colesterol, la grasa, los azúcares, blah, blah, blah. ¿Por qué no te subes al avión de una vez por todas?
Los cuatro rieron dentro del aeropuerto de Narita. Mientras los demás pasajeros entraban por la puerta de acceso, Himuro estaba frente a Murasakibara, Katomi y Kagami, sosteniendo una pequeña mochila. Se habían reunido para despedir al azabache, quien estaba por viajar casi doce horas a América. Su madre ya lo esperaba, al igual que su maestra, ambas emocionadas por el hecho de que entró a la Universidad.
Kagami y Murasakibara se habían mostrado dudosos en asistir. Ambos tenían gran orgullo y las despedidas no eran nada fáciles. Sin embargo, tras varias amenazas de parte de la peli-naranja, accedieron esa mismísima mañana.
El oji-carmín se acercó a su hermano mayor. Observó cómo sus collares tintineaban por el movimiento que sus pechos hacían al respirar. Sabía que aquella no sería la última vez que se vieran, pero sí deberían esperar mucho tiempo para volver a encontrarse. No obstante, valía la pena. Himuro estaba cumpliendo su sueño. Si él cumpliera con el propio, recibiría el mismo apoyo del azabache.
―Taiga…
Himuro fue sorprendido por el repentino abrazo de Kagami. Tardó unos cuantos segundos en reaccionar, hasta que hundió su rostro en el hombro del más alto. El otro par miró la escena, una con una expresión amorosa y el otro soltó un bostezo en señal de aburrimiento.
―Good luck, brother ―el oji-carmín le susurró―. El día que vengas de visita, estaré siempre dispuesto a darte asilo.
―Todavía no soy tan viejo ―exclamó el mayor al mismo tiempo que se separaban―, pero te agradezco la intención ―le palmeó la espalda y se giró hacia Murasakibara, quien veía hacia la pista―. ¿Atsushi?
―¿Hm?
―Cuida mucho a Yōsen.
―Si me quieres hacer llorar, Muro-chin, no podrás.
―N-no ―balbuceó en un extraño tono entrecortado―, pero ya me hice llorar a mí mismo ―sin dejar que el más alto reaccionara, lo envolvió en sus brazos―. No hagas enojar mucho a la entrenadora, obedece al capitán y se respetuoso con los de primero. Tal vez me sea más difícil reencontrarme contigo, pero eres un gran amigo. Sigamos así, ¿eh?
―Claro.
Él rompió con el abrazo y rio un poco ante el tono seco de su amigo. Negó con la cabeza y le sonrió, lo que le hizo desviar la mirada. Cuando se volvió hacia Katomi, ya tenía los brazos abiertos para atraparla al saltar sobre él.
―Cuídate mucho, Tatsu-chan ―le dijo ella―. Más te vale que me cuentes todo lo que hagas en la carrera: tus clases, nuevas amistades, fiestas, profesores, amoríos…
―Kat…
―Noches de pasión…
―¡Hermana! ―soltó a la peli-naranja al mismo tiempo que controlaba el sonrojo en sus mejillas― Nunca cambiarás. Prometo contarte casi todo ―antes que la menor pudiese objetar, una voz resonó por el megáfono y señaló que ya debían entrar al vuelo para Los Ángeles―. Es hora de irme.
―Suerte, Muro-chin.
―No te olvides de nosotros.
―¡Salúdame a Shū-chan!
Himuro desapareció detrás de una pared, después de despedirse del trío con un gesto de su mano. Tal escena hizo que Katomi recordara cuando Nijimura se fue, de la misma manera. Un sentimiento de nostalgia la invadió, por lo que prefirió pensar en otra cosa antes de que empezara a llorar. Estaba por preguntar si era hora de regresar a Tokio, pero notó algo en el rostro de Murasakibara que la congeló en su lugar.
―¿E-eso es una lágrima, Atsu-chan?
―No. ―respondió y se pasó una mano rápidamente por su ojo.
―Bien ―Kagami aplaudió para atraer la atención del par―, ya que Tatsuya se fue, debemos pasar a un tema mucho más importante. Nos reuniremos con los demás prodigios en Kanagawa.
―Shin-chan mencionó algo parecido ―Katomi comenzó a caminar junto con el par de varones, dispuestos a salir del aeropuerto―, pero nunca dijo cuál era el problema.
―Kise-chin renunció al equipo de Kaijō.
Los párpados de la peli-naranja se abrieron en sorpresa y terror. Desde semanas atrás, supo que algo ocurría con su viejo compañero. Para que abandonara el deporte que ama y se distanciara de la 'Generación Milagrosa', tenía que ser algo grave…, y ella lo descubriría.
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―Recuérdenme, ¿cuál es el plan?
―Atsu-chan ―una de las féminas lo reprendió―, te lo hemos explicado cinco veces.
―Escucha ―la otra chica intervino―, irás con Ki-chan y le preguntarás si algo pasó porque no quiso reunirse con nosotros en Tokio.
―¿Por qué yo?
―Porque no queremos que "señor amo de tijeras" apuñale a alguien para obtener su información.
―Es la única manera eficaz ―declaró el apodado―, no creo que desee arruinar su rostro de modelo.
―¿Podemos concentrarnos, por favor? ―el único zurdo imploró, antes de captar algo con el rabillo de su ojo― Aquí viene.
Los ocho adolescentes se ocultaron detrás de aquel arbusto. Cuidando de que la persona acosada no se percatar de su presencia, apartaron las hojas de la planta y vieron con detenimiento al rubio. Él acababa de llegar al parque y cargaba consigo una mochila. Se sentó en una banca y sacó varios libros, así como una laptop. Para distraerse del sonido natural del parque, se colocó un par de audífonos, lo que fue la señal del grupo para empezar con el plan.
―Ahora o nunca, Muk-kun ―Momoi le palmeó la espalda mientras Katomi lo empujaba fuera del arbusto―, hazlo.
Murasakibara emitió un quejido de pereza y empezó a caminar hacia Kise. Del bolsillo de su pantalón, sacó una bolsa de frituras, la abrió y comenzó a comer de ella. Sin que el más bajo se percatara, el peli-morado se sentó a su lado. Sólo cuando le tendió las patatas, el rubio se quitó los audífonos y miró a su amigo en total sorpresa.
―¿¡Murasakibara-cchi!? ¿Qué estás haciendo aquí?
―Es un lindo día, ¿no?
Kise encarnó una ceja y sólo asintió. Aceptó una botana de parte del más alto, se colocó sólo un auricular y regresó su vista a la pantalla de la portátil. Murasakibara podía sentir las miradas penetrantes de los otros, pero decidió concentrarse en sus botanas. No quería que nadie supiera, pero no se encontraba en buen ánimo. Extrañaría a Himuro.
Desde el arbusto, los demás hicieron muecas de derrota. Akashi estaba a punto de salir de ahí, con las tijeras empuñadas, listo para seguir su propio plan; sin embargo, Katomi y Momoi lo detuvieron. Todos se dieron cuenta que el primer plan había fallado, era momento de seguir con otro.
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Murasakibara tardó media hora en regresar con los demás. Después de que Kise y él se terminasen cinco bolsas de botanas, se la pasaron hablando de todo menos de lo acordado por el resto de prodigios. Tras un debate entre el plan sádico de Akashi y el 'Plan B', Aomine salió del escondite con un balón en manos. Le habían indicado acercarse de forma cautelosa y amistosa, pero se le olvidó cuando tuvo a Kise enfrente: llamó su atención al lanzarle el balón a la cabeza.
―¡Oi! ―gritó el moreno mientras el rubio se acariciaba la cabeza― Kise.
―Aomine-cchi, ¿qué te sucede? ¿Qué…, qué estás haciendo aquí?
―Me logré escapar de la loca de Satsuki ―recogió su balón y se acercó hacia el oji-dorado, quien colocó sus manos enfrente en posición de defensa―, quería que la acompañara a comprar ropa, pero pensé que jugar baloncesto sería más divertido. Recordé que estabas cerca y… ¿qué te parece un Uno a Uno, tú y yo? Como los viejos tiempos.
―Claro que… ―pero cuando checó la hora en su portátil, cerró ésta y guardó rápidamente sus libros en la mochila―, lo siento, Aomine-cchi, voy tarde a un lugar.
―Pero…
―Será otro día.
Aomine siguió con la mirada cómo Kise desaparecía. Detrás del arbusto, Katomi salió y empezó a seguir al rubio, cuidando que no la viera. Los demás la siguieron, a excepción del peli-azul, Kagami y Momoi, quien corrió hacia su amigo de la infancia, pues se encontraba con la mirada perdida y pálido del rostro. El as de Tōō dejó caer su balón y se acostó en posición fetal sobre el pasto. Nunca creyó que existiría el día en que Kise, su rival en la secundaria, le negara un juego.
Kagami y Momoi tuvieron que cargarlo hasta el lugar donde los demás divisaron que Kise se detuvo. En un principio, se preocuparon por el estado en que Aomine estaba, pero la mánager de Tōō les explicó que, últimamente, era normal, pues el capitán del equipo de ambos presionaba en exceso al Ala-Pívot y éste comenzó a tener problemas con ello. Tal vez no era nada peligroso, pero sin duda era muy divertido.
Kise estaba dentro de una biblioteca, hablando junto con un chico que nadie reconoció. Mientras esperaban a que el desconocido se fuera, decidieron que el 'Plan C', donde Kagami hacía algo parecido a Aomine, no funcionaría. De nuevo, Akashi opinó que era hora de utilizar las tijeras, pero los otros se decidieron por otra solución, esta vez, infalible: usar a Kuroko.
El hombre fantasmal entró después de que el otro chico se fue. Con sigilo, se acercó hacia el rubio y éste dejó escapar un grito, lo que causó que las demás lo silenciaran, en el momento en que lo vio a su costado.
―M-me asustaste, Kuroko-cchi ―exclamó Kise―, ¿qué haces aquí?
―Entraré al equipo de Kaijō. ―el peli-celeste declaró.
―¿Genial?
―Hai.
―Suerte.
―Gracias.
Fue ahí cuando los demás se dieron cuenta que el inexpresivo chico no sería de mucha ayuda. Midorima tuvo que ir por Kuroko y, por ahí, hacer algo que se le acababa de ocurrir para sacarle algo de información. Momoi se le unió (dejando a Aomine, quien recuperaba su consciencia, a cargo de Kagami y Katomi), e intentaría usar su "poder femenino".
―Kise.
El nombrado alejó su atención del chico celeste y se encontró con la pareja. Esta vez no los recibió con una expresión sorprendida, pues algo raro sucedía. No era normal que se encontrara con Murasakibara, Aomine, Kuroko y, ahora, Midorima y Momoi. Dejó que los dos se le acercaran, aunque miró por la ventana del edificio y frunció el ceño ante lo que vio.
―Hay algo importante que debes saber ―el zurdo prosiguió, al mismo tiempo que sacaba su celular y le enseñaba la pantalla al rubio―. Géminis se encuentra en el último lugar de Oha-Asa, ven conmigo para buscar tu artículo…
―Ese es el horóscopo de ayer.
―¿Ah?
―Hai ―el rubio señaló la fecha de aquellos lugares y buscó la de aquel día, donde los signos zodiacales estaban en diferentes posiciones―. Géminis está en el segundo lugar el día de hoy y tengo conmigo la engrapadora naranja.
―N-no puede ser ―Midorima buscó su puesto en aquella página, hasta que leyó que Cáncer estaba en antepenúltimo puesto―. Quiere decir que… ¡necesito un labial indeleble!
Sin esperar una reacción y olvidándose del plan, el capitán de Shūtoku salió disparado de la biblioteca y buscó una farmacia o algún lugar de belleza. El trío que permaneció dentro intercambió miradas entre sí, antes de encogerse de hombros.
―Perdón que te moleste, Ki-chan ―la única chica atrajo la atención del rubio―, ¿no has visto a Dai-chan? Estábamos comprando, muy felices, ropa, cuando desapareció de la nada. Pensé que como estábamos cerca, tal vez estuvo contigo.
―Me encontré con él en un parque, pero eso fue hace una hora. Lo siento.
―N-no te preocupes ―alegó y tomó asiento en la silla enfrente de Kise―. Estaba pensando, ya que los tres estamos aquí, juntos, ¿por qué no vemos una película? Hay una que acaba de salir, americana; dicen que está genial. Es de acción…
―Ahora no puedo, Momoi-cchi ―dijo y señaló su montaña de libros con la mirada―. Como ves, estoy un poco ocupado.
―Será divertido ―insistió la fémina, mientras Kuroko sólo asentía con la cabeza―. ¿Por favor?
Kise se mordió el labio inferior ante el rostro suplicante de la chica. Vio las portadas de los libros que se asomaban, para luego voltearse hacia la ventana que daba vista a la calle. Soltó un suspiró, cerró su ordenador y empezó a guardar los libros dentro de su mochila.
―Está bien ―accedió por fin―. Sólo déjenme ir por algo que dejé en otra mesa y nos vamos.
Los otros dos sonrieron en señal de victoria y dejaron que el rubio se alejase. Esperaron sentados en esa mesa, mientras algunas personas se acercaban por algunos libros o para conectar sus aparatos electrónicos. Los minutos pasaron y pasaron, pero Kise no regresó. Intercambiaron miradas extrañadas, hasta que una idea les brincó por la cabeza.
―No regresará ―Momoi se levantó de su asiento―, ¿cierto?
Fuera de la biblioteca, Midorima había regresado con su artículo en manos, los demás les hacían señales a la pareja para que salieran y Aomine recuperaba la cordura. Katomi salió corriendo detrás de Kise, pues éste se alejó del lugar a gran velocidad.
El rubio miraba sobre su hombro de vez en cuando, asegurándose que nadie lo siguiera. Corrió por varias cuadras, de una manera en que se confundieran si estaban detrás de él. Fue a la derecha, a la izquierda, regresó, en línea recta y, en el instante en que sus piernas pidieron un descanso, se perdió él mismo. Volteó una última vez hacia atrás y soltó un suspiro al saber que, por fin, estaba solo. Miró a su alrededor y se encontró con una cafetería. Por fortuna, no estaba vetado de éstas en Kanagawa.
Katomi se ocultó detrás de un árbol para asechar al varón. Les mandó la ubicación a los demás y, mientras esperaba a que llegaran, estuvo varios minutos observándolo. Con cada plan fallido, se daba cuenta que algo malo de verdad sucedía. No era el mismo Kise de siempre. Tal vez se percató de su presencia desde el inicio, pero eso no explicaba por qué huyó de la biblioteca. Reconoció que haberle preguntado hubiese sido la idea más inteligente, por lo que haría eso cuando los demás llegaran.
―Llegamos ―una voz, que reconoció era de Kagami, exclamó detrás de ella―, ¿qué sucedió?
―Está en esa cafetería ―respondió ella―. Creo que no sabe que lo seguí.
―Perfecto ―dijo Akashi y, empuñando sus tijeras, dio un paso al frente―. Sólo nos queda amenazarlo hasta que diga algo.
―No ―Katomi colocó una mano sobre el hombro del menor y salió del escondite―. Iré yo sola y hablaré con él. Sólo si sale de la cafetería, podrás hacer lo que plazcas, Sei-chan, pero lo intentaré.
―¿Por qué no entramos todos? ―inquirió Kagami.
―No quiero que lo veten de las cafeterías en Kanagawa ―respondió ella―. Siempre ocurre un desastre cuando estamos todos juntos.
Mientras la americana cruzaba la calle para entrar al establecimiento, los otros siete (incluyendo Aomine, quien ya estaba recuperado), se sentaron en una banca y ocultaron sus rostros detrás de un periódico abandonado. Katomi empujó la puerta del lugar y una campanita tintineo. Un hombre le dio la bienvenida. Ella respondió al saludo y divagó con la mirada, hasta encontrarse con Kise, de espaldas. Caminó hacia él, pero, antes de hablarle, éste quedó de frente a ella.
―Ryō-chan…
―¿Qué está pasando, Katomi-cchi? ―quiso saber el varón― Me han estado siguiendo desde el parque y no entiendo por qué. ¿Algo sucede? Ah. Y no creas que no veo a los demás escondiéndose detrás de ese periódico.
―¿Por qué renunciaste al equipo de baloncesto?
Los párpados del oji-dorado se abrieron al escuchar esa pregunta. Entonces, pensó, todo fue por eso. Ignoraba la forma en que se enteraron de su decisión y, ahora, le parecían razonables todas sus acciones. Cerró su portátil y el libro que tenía a un lado de ésta. Supo que los demás prodigios los estarían viendo, por lo que les hizo una señal para que entraran.
―Quería decírselos después ―exclamó él mientras los siete cruzaban la calle―, pero ya no hay nada por esconder.
La campana sonó una segunda vez cuando el grupo entró por la puerta. Katomi se sentó en el sillón que estaba a lado de Kise y los demás la siguieron. Todos guardaron silencio mientras Kise los veía con seriedad. Tal vez esperaba una disculpa o algunas palabras, o tan sólo se le hacía más dramático el ambiente.
―Tomé la decisión desde que entramos a tercero ―el rubio empezó a explicar―. Lo consulté con el entrenador y, después de que Kaijō no avanzó más en el Inter-Escolar, me despedí de mi equipo. La razón fue porque…, quiero prepararme para entrar a la Universidad. No soy inteligente como Midorima-cchi y Akashi-cchi, y me cuesta trabajo entender varias materias, así que decidí dejar el baloncesto de un lado para enfocarme en mis estudios. Una vez te lo dije, Katomi-cchi: 'Salta a tu siguiente meta.'. Es algo que yo también quiero hacer. No fue algo fácil y no lo decidí de la noche a la mañana, pero no me harán cambiar de opinión. Lo siento.
―¿Por qué te disculpas? ―cuestionó la peli-naranja al escuchar una pausa― Creo que nosotros somos quien te deben una disculpa. No teníamos idea que interrumpíamos tus estudios…, pero…, ¿por qué no nos lo querías decir?
―Tenía miedo de que se enojaran ―respondió con una pequeña sonrisa en sus labios―. No todos vivimos cerca para vernos todos los días. Solíamos salir y hablar sobre todo lo que sucedía en los partidos. Era muy divertido cuando luchábamos entre nosotros. Y ahora…, no sé. Nada será lo mismo. Siento que estoy rompiendo con una promesa; es decir, ya no estaré junto a ustedes en el mundo del baloncesto.
―Kise ―el peli-carmín lo nombró mientras colocaba una mano en su hombro―, ¿qué tan idiota eres? Akashi, ya puedes apuñalarlo con las tijeras.
―¡¿Ah?!
―Estoy de acuerdo con Kagami en eso. Adelante, Akashi
―¿También tú, Midorima-cchi?
―Escucha, Ryō-chan ―la americana volvió a atraer su atención, al mismo tiempo que el pelirrojo retomaba su asiento y, frustrado, se daba por vencido ante su plan―. Entendemos que el baloncesto nos unió a todos, pero no olvides que también somos amigos. Si quieres cumplir tu sueño, alejado del deporte, siempre tendrás nuestro apoyo. Jamás nos enojaríamos por lo que quieres hacer con tu vida. Si quieres entrar a la Universidad, hazlo; si Dai-chan quiere jugar para el equipo nacional, tendrá nuestro apoyo; si quiere prostituirme, lo haré…
―No.
―No te dejaremos, Kati.
―Perdón. Mal ejemplo. Es más ―sin dejar que el rubio reaccionara, sujetó un libro de Historia Universal y lo abrió en el índice―. Mi mejor materia es Historia. Cuando quieras, puedo ayudarte a estudiar. O, también, con inglés.
―Yo doy tutorías de Bilogía y Química ―intervino Midorima―, eres libre de asistir.
―Soy perfecto en todas las materias ―Akashi opinó―, si tengo tiempo, podría ayudarte en cualquier duda que tengas.
―Chicos ―Kise exclamó e hizo que todas las miradas se vieran atraídas hacia él. Cuando levantó su rostro, un par de lágrimas alegres escapaban sus ojos―, gracias.
―¿Quieres ver cómo se puso Aomine después de que le negaras un Uno a Uno?
―¡No te atrevas, Bakagami!
Todos rieron al mismo tiempo que cada uno sujetaba un libro de Kise. Estaban dispuestos a que, por primera vez en su vida, no los corrieran de algún establecimiento familiar. Katomi miró de reojo los pocos libros que quedaron y se encontró con la portada de uno que tenía plasmado un avión. Aquello le recordó a Himuro, quien seguramente estaría durmiendo en su asiento; también rememoró a su hermana, quien regresaría en una semana. A pesar de que contaba con grandes amigos, esperaba que los días pasaran para que Alexandra regresara a casa, pues la casa era muy silenciosa sin nadie con quién pelear.
Lo que no sabía es que una tormenta metálica llegaría en el mismo vuelo que su hermana.
Estuve varios días pensando: "Ey, te has vuelto mala para narrar partidos y juegos". Fue por ello por lo que llegué a la decisión de reducir los capítulos en que había disputas de baloncesto (lo cual es estúpido, porque Kuroko no Basuke es, en general, baloncesto). Por eso, creí que era necesario que Ryō-chan se graduara del mundo del deporte, aunque fue una idea que tuve desde el principio. A veces no me entiendo, enserio: tengo listo el final del libro y los últimos capítulos, pero estoy batallando como loca para los que están a la mitad…, como el siguiente. Me imagino que alguien podrá deducir lo que ocurrirá. Y si no, nos leemos la siguiente semana. Chao.
