Hola, hola. Quisiera extender mis agradecimientos a Camoni, por el review que me dejó. Muchas gracias! Espero que los demás lectores se animen a darme una opinión.

Sin más, otro cap!

Capítulo 8.

Mina miraba el cadáver destrozado del Oni esparcido sobre la tierra manchada de sangre, mientras se acercaba caminando. Aquel ser repugnante… tenía el mismo olor a Naraku. Otra de sus creaciones. Aquella imagen solo mostraba el cuerpo mutilado del monstruo, cuya cabeza era lo único que había resultado intacta, y que ahora miraba con unos ojos vacíos. Pero su olfato le indicaba otra cosa.

- Es justo como Sesshomaru-sama dijo, Jaken-sama. – dijo la niña, más cerca del cadáver, junto al pequeño youkai verde.

- Si, pero ¿quién pudo haberlo hecho? – preguntó Jaken.

- Fue Inuyasha. – dijo Sesshomaru, quien estaba caminando junto a Mina. Los dos inu youkai llegaron hasta los pequeños acompañantes de Sesshomaru. – Sin embargo, parece que no escapó ileso.

Todo el aroma que rodeaba el ambiente les indicaba eso. El olor de la sangre de Inuyasha, y de Miroku, flotaba por el sector. Además, había otra cosa… Sesshomaru sujetó uno de los cuernos de la cabeza del Oni y la levantó. Rin, la niña humana que lo acompañaba ahora, emitió un grito.

- El olor de los colmillos de este oni. – dijo Sesshomaru.

- Si. Está cubierto del olor de Tessaiga. – convino Mina. – Todo parece indicar que la espada de Inuyasha fue partida por ellos.

Había sido una casualidad encontrarse con Sesshomaru y sus seguidores, y una sorpresa darse cuenta de que la pequeña niña humana que lo había cuidado al estar inmovilizado ahora viajaba con él. Su encuentro había sido hacía un par de horas…

Flashback.

Mina avanzaba, mucho más lento que antes, atacando con sus garras a las decenas de youkai que intentaban morderla. Habían aparecido desde el horizonte para interrumpir su cacería de Naraku; el muy maldito, en un principio, se había valido de los ataques de Kagura para mantenerla a raya mientras escapaba, incapaz de hacer algo más debido a los efectos de su veneno en su cuerpo. Ni siquiera había podido reconstruir la parte que Mina había destruido con su ataque.

Pero en vista de que escapar era imposible, el cobarde había hecho su llamado a su ejército de youkai inferiores para que lo defendieran. La nube de serpientes, insectos y monstruos voladores había emergido desde atrás de una montaña y había rodeado a su amo y sus acompañantes, sirviendo de escudo y de espada a la vez, pues muchos de los demonios comenzaron a atacarla y a detener su vuelo. Aun así, mientras destrozaba cuerpo tras cuerpo, había podido apreciar como varios de los youkai habían volado hasta Naraku y se habían fusionado con él, restaurando su cuerpo y ayudándolo a superar los efectos del veneno que había inyectado en su cuerpo.

Luego de eso, el muy maldito había visto por sobre su hombro para mirarla directamente y sonreír, burlón, antes de que él y sus compañeras femeninas fueran rodeadas por una niebla oscura que se desvaneció sin dejar rastro de ellos. Habían pasado algunas horas desde aquello.

Y Mina seguía peleando contra el ejército de youkai, despedazando a uno tras otro. No porque estuvieran en su camino, sino porque eran ellos quienes la estaban atacando a ella sin descanso, sin retirarse ahora que su amo se había salvado. No… lo más probable era que estuvieran entreteniéndola.

La inu youkai estaba cansándose. Llevaba combatiendo, prácticamente un día completo. El número de youkai había disminuido, se notaba, pues la gran nube había sido reducida a grupos individualmente distinguibles entre sí. Mina voló hacia uno de los grupos, destrozando a varios de los demonios con un solo ataque de sus garras venenosas.

Y así siguió por cerca de otra hora hasta que, con un ataque final, eliminó al último de los youkai; una serpiente con muchos ojos y dientes. Se quedó en medio del aire, mirando en la dirección en la que Naraku estaba escapando, debatiéndose entre si ir a buscarlo, o al menos un rastro, y regresar.

Y cuando iba a ponerse en marcha, cansada como estaba, percibió un aroma conocido proveniente desde el suelo. Al mirar hacia abajo, vio a Sesshomaru, de pie junto a su compañero verde y… ¿una niña?

Lentamente, comenzó a descender, notando los múltiples trozos de youkai esparcidos por el área producto de su pelea, y aterrizó suavemente frente al inu youkai de cabello plateado.

- Así que, si eras tú, Mina. – dijo Sesshomaru, a modo de saludo.

- Tiempo sin verte, Sesshomaru-san. – dijo Mina; su respiración estaba levemente agitada producto del cansancio. Miró a Jaken. – Hola.

- Vaya mujer tan atrevida. – refunfuñó el youkai verde. Mina reprimió una risa, y entonces miro a la niña, reconociéndola.

- Vaya sorpresa. – comentó la youkai, ladeando la cabeza. – Hola, pequeña. ¿Viajas con Sesshomaru-san, ahora?

La niña pareció confundida por su pregunta.

- Esta mocosa se ha dedicado a seguirnos por varios días. – explicó Jaken. La niña lo miró, ofendida.

- Sesshomaru-sama permite que Rin vaya con ustedes. – le reprochó.

- Así que te llamas Rin. – sonrió Mina, la niña asintió, algo tímida.

- ¿Qué hacías peleando con esos youkai? – preguntó Sesshomaru, mirando los cadáveres esparcidos por el sitio.

- Esos youkai eran una patética, pero efectiva, forma de un sujeto llamado Naraku de evitar que lo alcanzara y acabara con él. – respondió Mina.

- ¿¡Qué!? ¿Naraku dijiste? – exclamó Jaken. Mina lo miró, alzando una ceja.

- ¿Lo conocen?

- Sí. Ese infeliz le tendió una trampa a Sesshomaru-sama para…

- Silencio, Jaken. – ordenó Sesshomaru; el youkai verde se calló al instante. - ¿Por qué estás detrás de Naraku?

- A mí también me tendió una trampa, hace algunos días. – respondió Mina. – Naturalmente, no puedo dejarlo irse, así como así.

Mina miró hacia el cielo e intentó percibir algún rastro de su enemigo, pero no pudo oler nada.

- Pero su rastro ya se ha desvanecido. Maldito cobarde… - dijo, molesta.

En ese instante, su sentido del olfato captó otro olor conocido. Sesshomaru, quien también pareció detectarlo, se volvió hacia la misma dirección que ella. El olor de Inuyasha y el de Naraku se mezclaban con el olor de la sangre de cada uno, arrastrados por el viento desde la dirección en la que Mina los había dejado para ir a por Naraku, cuando éste escapaba. Pero el olor de la sangre del hanyou tenía algo extraño. No sólo era sangre fresca, lo que eliminaba la opción de que se tratara de las heridas provocadas por el Kaze no Kizu de su anterior enfrentamiento, sino que había algo en el olor…

Antes de poder comentar algo, Sesshomaru se puso en marcha, caminando tranquilamente tras el rastro que había percibido.

- Andando. – ordenó, y Jaken y Rin comenzaron a caminar detrás de él. Mina alzó una ceja y dio un leve trote hasta alcanzarlo y caminar junto a él.

- ¿Preocupado por el olor de la sangre de tu hermano menor? – pregunto Mina, juguetona, mirando a Sesshomaru con una sonrisa traviesa.

Él puso expresión de molestia, cerrando los ojos, sin dejar de caminar; Jaken murmuraba su descontento, atrás de ellos.

- No me hagas reír. – dijo Sesshomaru. – También lo percibes, ¿no? El olor de Inuyasha…

- Si. Puedo sentirlo. Hay un cambio… - confirmó Mina.

Entre el olor a hanyou, y el olor a Naraku y la sangre de humanos y animales, había un leve tinte… un leve resquicio de aroma a inu youkai. Era un olor igual el de ellos dos.

Fin de Flashback.

Sesshomaru miró la horrible cabeza de oni por algunos segundos, sosteniéndola frente a su rostro, antes de acomodarla detrás de él, aun sujetándola con su mano.

- Vamos. – ordenó.

- Eh…, ¿se va a llevar eso? – preguntó Jaken. Rin seguía chillando.

- Silencio, Rin. – ordenó Sesshomaru, con un tono algo más suave que el que usaba con Jaken. – Estás haciendo demasiado ruido.

- ¡Si, señor! – aceptó Rin, obediente. Mina reprimió una risa.

Sesshomaru se detuvo y miró por sobre su hombro a la youkai, cuando se hizo patente que ella no los seguiría.

- ¿Piensas irte? – preguntó. Mina asintió.

- Si. Iré a buscar a Inuyasha y los demás. – confirmó Mina.

- Hmph. ¿Ahora viajas con el hanyou y sus humanos?

- ¿Qué puedo decir? Siempre se están metiendo en problemas, es bastante divertido. Además, quedarme con ellos es una buena estrategia para encontrar a Naraku. – explicó Mina, divertida. Sesshomaru volvió a voltearse.

- Ya veo. – comentó, alejándose. Jaken lo siguió de cerca. Rin se volteó para mirarla y le sonrió.

- Adiós. – dijo, agitando su mano. Mina alzó la suya, respondiendo a su despedida, y la vio seguir a los youkai.

"Vaya compañía tan peculiar", pensó Mina, antes de voltearse y volar en la dirección contraria a la del inu youkai, siguiendo el olor de Inuyasha y los demás, sin molestarse en preguntar la razón por la que Sesshomaru se había llevado la cabeza del oni.

Cuando encontró a los humanos del grupo, estaban sentados alrededor de una fogata, junto a un pequeño riachuelo. Aterrizó a unos pocos metros de ellos, haciendo que se voltearan a mirarla mientras recorría el corto camino que le faltaba a pie.

- ¡Mina! – saludó Shippo, corriendo hacia ella para recibirla. De un salto, se posó sobre uno de sus hombros.

- Hola. – saludó Mina, sonriente.

- ¿Qué sucedió, Mina-san? – preguntó Miroku, serio. - ¿Logró alcanzar a Naraku?

Mina negó con la cabeza.

- El maldito cobarde envió un ejército de sus youkai a interponerse en mi camino cuando estaba a punto de alcanzarlo. – explicó la mujer. – Absorbió a varios de ellos y pudo recuperarse del efecto de mi veneno. Luego desapareció en medio de una nube de youki y veneno mientras yo combatía contra sus pequeños monstruos.

- Maldito Naraku. Siempre ha sido rápido para escapar. – comentó el monje, molesto.

Mina tomó asiento, con las piernas hacia un lado, junto a Sango y Kirara, frente al fuego.

- Me topé con los restos de una batalla antes de llegar hasta aquí. – comentó la youkai, mirando a los humanos. – La mezcla de olores era un tanto… singular. Si Inuyasha no está por aquí… ¿es verdad que Tessaiga fue…?

- Si. – confirmó Sango. – La espada de Inuyasha fue partida por ese oni llamado Goshinki, otra de las extensiones de Naraku.

Mina miró las llamas de la fogata, concentrada en lo que implicaba todo aquello. Ella había estado más de un día persiguiéndolo y combatiendo contra sus demonios.

- La velocidad con la que puede crear esas extensiones es bastante. – murmuró, aunque no en un tono que revelara verdadera preocupación. Luego volvió a levantar la mirada hacia ellos. – Inuyasha… el olor de su sangre cambió cuando estaba peleando…

Los humanos se miraron entre sí.

- Su olor dejó de ser el de un hanyou… por unos momentos, el olor de su sangre era el mismo que el de la de Sesshomaru, y la mía. – presionó la youkai.

- Eso fue porque Tessaiga fue rota. – dijo Kagome. Mina alzó una ceja.

- Así es. – confirmó una voz. La anciana pulga, Myoga, saltaba sobre el hombro de Kagome. – La espada Tessaiga es un recuerdo dejado por el padre de Inuyasha-sama, para proteger su cuerpo de los enemigos. Pero también está hecha para sellar la sangre youkai de Inuyasha-sama. Que la espada se rompiera, o que la perdiera en batalla, significaría que él está a punto de ser asesinado… y su instinto de supervivencia despertaría la sangre youkai de Inuyasha-sama.

- Y si su sangre youkai despierta completamente… ¿es posible volver a sellarla con Tessaiga? – preguntó Mina.

- Ese es el verdadero problema. Una vez que Inuyasha-sama haya experimentado la alegría de matar a sus enemigos, Tessaiga no será capaz de volver a sellar esos sentimientos.

Mina asintió lentamente.

- Esos sentimientos… El instinto de matar, ¿es realmente tan fuerte? – preguntó Kagome, mirando a Mina. La youkai esbozó una leve sonrisa.

- No en todos los tipos de youkai, supongo. Los inu youkai somos depredadores… matar es parte de nosotros. Para alimentarnos, defendernos, fortalecernos… Cuando somos niños, esos instintos son difíciles de controlar, pero mientras ganamos poder y crecemos, podemos controlarnos mejor. – explicó Mina. – Imagino que, para un hanyou, cuya sangre es mezclada, controlar instintos youkai completamente despiertos no debe ser nada fácil…

- Eso significa… que, si Inuyasha vuelve a transformarse, se volverá un youkai hasta en su corazón… - murmuró Kagome, preocupada.

La noche pasó antes de que Inuyasha regresara. Les explicó que Totosai demoraría cerca de tres días en tener reparada su espada, lo que significaba que tendrían que esperar en ese sitio todo aquel día y la noche siguiente. Así que el día transcurrió con bastante lentitud, al no tener mucho que hacer. Pero, en lugar de ser un período relajado, el ambiente estaba cargado con cierto aire de preocupación, especialmente alrededor de Inuyasha.

Cuando llegó la noche, Mina lo entendió. Apenas el sol se hubo ocultado, dando paso a la noche apenas iluminada por la luna nueva, la apariencia de Inuyasha cambió. Su cabello plateado se volvió negro, sus orejas caninas desaparecieron, al igual que sus garras y colmillos, y el dorado de sus ojos se transformó rápidamente en café. Incluso su olor era diferente. Con la llegada de la noche, Inuyasha se transformó completamente en un humano común y corriente.

- Así que la primera noche de cada mes pierdes todos los poderes que te confiere tu mitad youkai… - comentó Mina, mirando a Inuyasha de cerca.

- Así es. – intervino Miroku. Sango también estaba impresionada con la transformación; era la primera vez que la veía. – Si fuera atacado por un enemigo en un momento así, su vida estaría en grave peligro. Por eso, que Inuyasha pierda sus poderes con las noches de luna nueva, es un secreto importante.

- Bah… no me parece muy bien que el número de personas que saben este secreto aumente tanto. – murmuró Inuyasha, molesto.

- Yo pienso que está bien. – comentó Kagome, volviendo con botellas de agua recogida del pequeño río. – Porque significa que el número de amigos que tienes también aumentó.

Inuyasha consideró aquello en silencio; por un lado, parecía estar de acuerdo con las palabras de la sacerdotisa. Por otro, se notaba que no tener sus poderes le presionaba a sentirse vulnerable. Finalmente, el hanyou suspiró.

- Transformarme en humano significa que… podría no poder proteger a nadie. – dijo, desviando la mirada.

Kagome, Miroku, Sango y Mina se miraron el uno al otro. No había muchas formas de hacerlo sentir mejor al respecto.

- Bueno, si es una vez al mes, no me importa convertirme en la protectora exclusiva de este grupo. – comentó Mina, como si no importara nada; la youkai había mirado hacia las estrellas, con Shippo dormido sobre su regazo. Inuyasha la miró, sorprendido. – Y estoy segura de que los demás piensan lo mismo, ¿no?

- Es cierto. Inuyasha, tú siempre nos proteges. – dijo Kagome, sonriente. – Ahora nos toca a nosotros hacer lo mismo.

Pocos minutos después, Kagome y Sango se prepararon para dormir, recostadas cerca del fuego. Miroku permaneció sentado, con los ojos cerrados, pero no dormido. Mina continuó mirando las estrellas, tranquila, acariciando inconscientemente la cabeza de Shippo. Inuyasha era el único que se movía, incómodo y ansioso.

- Inuyasha, ¿qué tal si duermes un poco? – preguntó Miroku, abriendo los ojos. Mina siguió observando el firmamento.

- Miroku… bah, déjame en paz, ¿quieres? Cuando soy humano no puedo dormir. – explicó Inuyasha, molesto.

- ¿Demasiado asustado? – preguntó el monje, burlón. Inuyasha lo miró.

- Heh… ¿y si estoy asustado, qué? – preguntó Inuyasha, desafiante.

- Al menos es honesto. – dijo Mina, susurrando para no despertar a los demás. – Inuyasha, dudo que vengan a atacarnos si estoy aquí, al menos si se tratara de youkai débiles.

Y el viento trajo consigo el aroma de un enemigo; un youkai que se acercaba a ellos. No; un cadáver. No era especialmente fuerte, pero venía acompañado por un aura maligna bastante grande.

- Aunque… podría estar equivocada. – dijo Mina. – Se acerca un enemigo.

- ¿Qué? – preguntó Inuyasha, alarmado.

- Si. Un aura maligna viene hacia nosotros. – confirmó Miroku. Sango se sentó en su lugar de dormir.

- ¿También se dieron cuenta? – preguntó, mirando hacia lo lejos.

Inuyasha fue el primero en ponerse de pie. Miroku y Sango también lo hicieron, preparados. Mina tomó a Shippo con calma y lo dejó suavemente con Kagome, quien recién estaba despertando. El zorrito abrió los ojos, aturdido por el sueño. A la distancia, abriéndose paso a través de la alta hierba, un youkai bajito de rostro siniestro apareció frente a ellos, portando una gran espada que despedía energía oscura.

- Inuyasha… ¿dónde estás? – llamó el enemigo, siniestro. Miroku y Sango se colocaron frente a Inuyasha.

- ¿¡Quién diablos eres tú!? – preguntó Inuyasha.

- Hehehe… soy Kaijinbou, el forjador de espadas. – respondió el youkai.

- La espada youkai que yo forjé, Toukijin, suplica por bañarse con la sangre de Inuyasha… - La energía maligna de la espada aumentó; era muy fuerte. Y de pronto, Kaijinbou apuntó a Inuyasha con la espada. – Así que tú eres Inuyasha… Bueno, pensaba que se trataba de un youkai, pero sólo eres un mocoso humano, ¿verdad?

Inuyasha apretó la mandíbula. Kagome y Shippo ya se encontraban a su lado.

- ¿Quién te metió en esto, Kaijinbou? – preguntó el hanyou.

La espada emitió un latido de energía maligna; la presión que provocaba era impresionante.

- Hehehe… como ya dije, esta espada quiere cortarte. – repitió el youkai. – Toukijin… fue forjada con los colmillos del oni que partió la Tessaiga, forjada por Totosai.

Mina frunció el entrecejo, comprendiendo ahora la existencia y el rencor de la espada. "Sesshomaru fue quien ordenó forjar esa espada…" pensó, mirando el arma con determinación.

- Así que esa espada tiene el rencor de Goshinki en ella… - comentó Sango. Inuyasha se adelantó.

- ¡Bah! Eso no importa nada… - dijo el hanyou. – Ven de una buena vez, Kaijinbou. ¡Ya verás que derrotaré a ese oni otra vez!

Y Miroku y Sango se adelantaron para atacar al enemigo.

- ¡Retrocede, Inuyasha! – ordenó Sango, preparando su boomerang gigante.

- ¡Déjanos esto a Sango y a mí! – dijo Miroku. - ¡Señorita Mina, le encargamos protegerlos!

No era necesario que se lo dijeran, pero… ese olor a cadáver de Kaijinbou, el aura maligna de la espada que rodeaba el cuerpo del youkai…

Sango lanzó su boomerang, que rodeó a Kaijinbou y fue al ataque desde atrás, pero el youkai blandió su espada velozmente, y cortó el arma de la exterminadora como si fuera de papel, por la mitad.

- Hehehe… es inútil. – dijo Kaijinbou.

El monje se adelantó y, de entre sus ropas, sacó un talismán, el cual lanzó hacia el youkai, golpeándolo en la frente. La energía sagrada chocó con la maligna, paralizando al enemigo. Entonces, el monje saltó y remató a Kaijinbou con un fuerte golpe de su báculo en la cabeza. El youkai cayó hacia atrás, con el cráneo abierto. Pero no fue suficiente.

- ¡Ten cuidado, houshi! – advirtió Mina.

Kaijinbou se puso de pie y atacó al monje con la espada, quien pudo esquivarla por poco.

- Hehehe… Toukijin, eres increíble. – dijo el youkai, admirando su arma. – Eres la mejor espada…

- ¿Qué rayos sucede? ¿Acaso Kaijinbou es tan fuerte? – preguntó Inuyasha.

- No. – dijo Mina. Miroku y Sango ponían distancia entre ellos y el enemigo. – Así como estás no puedes percibirlo, Inuyasha. Kaijinbou despide un fuerte olor a cadáver. Él ya está muerto.

- ¿Pero cómo…? – preguntó Kagome.

- El enemigo real es esa espada. – explicó Mina. – Está poseyendo el cuerpo de su creador para satisfacer la sed de venganza del oni que fue asesinado por Inuyasha.

- Hehehe… Inuyasha, ven a mí. – ordenó Kaijinbou. – O podría ser que… ¿estás tan asustado que te tiemblan las rodillas y no te puedes mover? Y por eso dejas que seres tan débiles te protejan…

- No te dejes provocar, Inuyasha. – dijo Shippo, saltando al hombro del hanyou.

- ¡Bah, no soy tan ingenuo! – dijo Inuyasha, quitándose a Shippo del hombro. - ¡Pero este sujeto vino por mí y…!

Y entonces un rayo cayó del cielo, entre el grupo de Inuyasha y Kaijinbou, y Totosai apareció, montado en su toro de tres ojos.

- Vaya… ya me preguntaba el porqué de tanto escándalo. – comentó el anciano forjador. En una de sus manos, tenía a Tessaiga.

- ¡Totosai, llegas tarde! – dijo Inuyasha, irritado. - ¡Dámela!

Le quitó a Tessaiga de las manos.

- No, Inuyasha-sama. – dijo la pulga Myoga, saltando sobre el hombro de Inuyasha. – Mientras esté en su forma humana, Tessaiga no podrá transformarse.

- Oh, ha pasado un tiempo, ¿no, Kaijinbou? – saludó Totosai, casual, al enemigo.

- Hehehe. Aún estás vivo, Totosai. – dijo Kaijinbou. Totosai miró la espada, Toukijin.

- Así que forjaste otra espada maligna. – dijo Totosai. - ¿Qué pasa con esa energía?

- ¿Conoce a Kaijinbou? – preguntó Miroku.

- Si, es mi vergonzoso aprendiz. – confirmó Totosai. – Naturalmente, ya lo había expulsado. Verán, este tipo mató a diez niños para hacer una espada. Su sangre y grasa fueron trabajadas en la espada, y ésta ganó el rencor de sus víctimas.

- Hehehe. ¿Y qué hay de malo con eso? – preguntó Kaijinbou. – La espada que forjé tenía un filo incomparable.

Mina entrecerró los ojos, mirando al forjador muerto.

- Que bastardo…

- Desenvaina, Inuyasha. Destrozaré la espada que ese viejo Totosai hizo frente a sus ojos. – dijo Kaijinbou. Inuyasha apretó la mandíbula, pero cuando su mano se posó sobre la empuñadura de Tessaiga, Mina se adelantó.

- Quédense atrás. – ordenó la youkai.

- ¿Qué haces, Mina? – preguntó Inuyasha, irritado. – Esa espada fue hecha con los colmillos de Goshinki, que fue capaz de romper la Tessaiga.

- Lo sé. – dijo Mina. – Toukijin se trata de una espada youkai. No es de la incumbencia de humanos tratar con ella.

- ¿Pero qué…? – Inuyasha se irritó aún más, y se adelantó. - ¡Cállate! Este sujeto vino por mí y…

Antes de que pudiera terminar de hablar, Mina golpeó la cabeza del hanyou, con fuerza. Siendo humano en esos instantes, el golpe fue suficiente para dejarlo sin conocimiento.

- Inuyasha. – exclamó Kagome, acercándose al desmayado. Mina había vuelto a centrarse en Kaijinbou.

- Hehehe. ¿Vas a proteger a Inuyasha, niña? – preguntó Kaijinbpu, divertido. – Te cortaré antes de acabar con él, entonces.

- Oh. Bueno, puedes intentarlo. – dijo Mina, seria. – Pero contra una escoria despreciable como tú, no me contendré.

- Hehehe. ¡Te destrozaré! – gritó Kaijinbou, alzando la espada.

En un parpadeo, Mina estaba detrás de Kaijinbou, dándole la espalda al oponente armado, quien quedó paralizado. Un segundo después, el cuerpo de Kaijinbou se desmoronó en trozos sangrantes de carne y hueso que se esparcieron sobre la tierra, manchando la hierba. La espada Toukijin, se clavó en el suelo, quedando sin portador, pero rodeada por esa energía maligna. Mina se volteó y miró la espada, alzando su mano derecha, cuyos dedos estaban cubiertos de sangre. En la empuñadura de Toukijin, aún permanecía la mano derecha de Kaijinbou, que había sido cercenada del resto de su cuerpo.

- Una espada como esa en manos de un cadáver poseído… no era una gran amenaza, la verdad. – comentó Mina, agitando su mano para quitarse la sangre fresca.

El grupo se acercó a ella y la espada en el suelo, justo cuando el amanecer quebró la noche. Inmediatamente, el cuerpo de Inuyasha volvió a la normalidad, y el hanyou despertó.

- ¡Mina, maldita! – gruñó Inuyasha, poniéndose de pie y sacando su espada. - ¡Te destrozaré por…!

Y entonces miró su espada, y luego a Totosai.

- ¡Totosai! ¿¡Qué demonios le hiciste a mi Tessaiga!? – preguntó Inuyasha.

- ¿A qué te refieres, Inuyasha? – preguntó Kagome. El hanyou miraba fijamente al anciano forjador.

- ¡Está increíblemente pesada! – gruñó Inuyasha.

- Oh, ese debe ser tu colmillo que usé para rellenarla. – dijo Totosai. – No le hagas caso.

- ¿Y cómo se supone que voy a usar una espada tan pesada? – preguntó Inuyasha, deshaciendo la transformación de su espada y acercándose a Totosai.

- ¿Quieres saber la forma? – preguntó Totosai.

- ¿Hay una forma? – preguntó Sango.

Inuyasha guardó la Tessaiga en su funda y posó una mano sobre el hombro de Totosai.

- No vas a sugerir que entrene mi cuerpo, ¿verdad? – preguntó el hanyou, alegre. Totosai no dijo nada. Inuyasha le dio un golpe en la cabeza. – Eso ibas a decir, maldito…

- ¿Ya terminaron? – preguntó Miroku, volviendo a mirar la espada. – El aura maligna de la espada no ha disminuido nada.

- La espada se manchó con la maldad de Kaijinbou y ese oni llamado Goshinki. – dijo Totosai. – Algo así no debe seguir existiendo en este mundo.

Totosai apareció su largo martillo de herrero y se acercó a la espada maligna, pero Mina se interpuso en su camino.

- No. – dijo la youkai. Los demás la miraron, sorprendidos.

- No me digas que… pretendes quedarte con la Toukijin. – dijo Inuyasha. Mina negó con la cabeza.

- Para nada. – afirmó. – Pero ya que el forjador murió, le corresponde a su dueño decidir sobre la espada.

- ¿Acaso sabes quien hizo que la forjaran? – preguntó Kagome. Mina miró al cielo.

- Ya lo verán. – dijo la youkai.