Disclaimer: Harry Potter y Percy Jackson son propiedad de Rick Riordan y J.K.R.


Harry suspiró, mientras se recostaba mejor en el césped. Acababa de volver de la lechuzería, donde había enviado una carta a Sirius y Remus, y otra a Piper. Esta última la había tenido que modificar un montón, ya que Harry no podía ir poniendo que hacía clases de Transformaciones, por ejemplo.

Tras mandarlas, el hijo de Hades se había reunido con sus amigas cerca del lago, y se había dejado caer bajo la sombra de un lago, mientras observaba como Daphne leía un libro, y Tracey jugueteaba con el cabello de la rubia, haciéndole distintos peinados.

Técnicamente, en ese momento, tendría que estar cumpliendo un castigo con Snape, pero como no había ninguna clase de justificación para dicho castigo, Harry decidió no ir...

-¡Potter! -gritó una voz, que Harry conocía.

Dando un suspiro, Harry intercambio una mirada con Tracey y Daphne, antes de voltearse a ver. El murciélago de la mazmorra y la copia barata de Gandalf se acercaban hacía donde estaban los tres amigos.

-Buenas tardes, Harry -saludó Dumbledore, y sin esperar respuesta, siguió hablando-. El profesor Snape me ha dicho que no has acudido a su castigo.

-Ah... sí... recuerdo algo de un castigo -respondió Harry, reprimiendo un bostezo-. Pero creí que era una broma.

-Potter -gruñó Snape, pero una mirada de Dumbledore, lo silenció.

-¿Por qué creías que era una broma?

-Porqué no tenía sentido el castigo. Según, el profesor, me castigo por falta de respeto y perjudicar a un compañero de clase. En ningún momento le falte el respeto, y yo estaba ocupado con mi poción, de manera que no podía ayudar a Longbottom -respondió Harry.

-No es lo que me ha dicho el profesor Snape, Harry -replicó Dumbledore, con sus ojos brillando-. Y el señor Malfoy me ha confirmado la veracidad del profesor.

-Perdone la intromisión, profesor Dumbledore -dijo en ese momento Daphne, que seguía leyendo su libro-. Tanto Tracey como yo estábamos allí, y le aseguramos que Harry dice la verdad.

-No podemos fiarnos de ellas, señor director -gruñó Snape-. Son amigas de Potter.

-Yo también estaba allí -dijo una voz nueva. Harry levantó la vista, y vio que se trataba de Hermione Granger-. Y Potter dice la verdad. Él no falto el respeto ni una sola vez.

-Ya veo -murmuró el anciano, mirando los ojos castaños de Hermione-. Bueno, al parecer era un castigo innecesario, Severus.

-Profesor... -quiso decir Snape, pero Dumbledore le dirigió una mirada, y el hombre de calló-. Perdona haber perturbado tu magnifica tarde de sábado, Harry.

Y dicho esto, ambos profesores se fueron, con Snape aún maldiciendo por lo bajo. Granger también parecía dispuesta a marcharse, pero Harry la paro.

-Granger, gracias por tu ayuda -dijo Harry.

-No lo he hecho por ti -replicó Granger-. Aun pienso que me debéis una disculpa por lo de la otra vez. Pero no me gusta ver, como alguien obtiene un castigo injustificado.

Y dicho esto, la chica se marchó.

-¿Qué le pasa? -se preguntó Harry, con el ceño fruncido.

-Ni idea -respondió Tracey-. Harry, mira como le queda el peinado a Daphne.

Harry se dio la vuelta, y su quijada se abrió. El cabello rubio dorado de Daphne, siempre suelto, estaba recogido con un elegante moño alto, y dos tirabuzones rubios le caían por cada uno de los lados de la cara, enmarcándola así.

-Le... le que-queda muy bien -tartamudeó Harry, haciendo que Daphne se sonrojase.


-Debe de tratarse de una broma -gimió Harry, contemplando la nota que estaba en el tablón de anuncios. Las clases de vuelo empezaban ese jueves, y para un hijo de Hades (o Poseidón) no podía existir peor noticia.

-No creo que lo hagas mal, Harry -le tranquilizó Tracey.

-No me preocupa hacerlo bien o mal -replicó Harry-. Más bien me preocupa que un rayo no decida aterrizar en mi cabeza. El cielo es territorio hostil para un hijo de Hades.

-No te hará nada -dijo Daphne-. Él se encuentra en Estados Unidos, y tú en Escocia... O al menos, creo que no te hará nada.

-Eres genial calmando a las personas, Daphne -se burló Tracey.

Así que el jueves, por la tarde, los alumnos de primero año de Gryffindor y Slytherin se hallaban en los jardines, esperando a la instructora de vuelo, la señora Hooch. Harry se preguntaba por qué los profesores se empeñaban en juntar a Gryffindors y Slytherins en las clases, si estaban claro que se odiaban. Tal vez esperasen a que, al ser de primer año, se diesen cuenta de que no habían diferencias entre ellos, y se hiciesen amigos. Como si eso fuese a pasar. La influencia de los alumnos mayores era tan grande, que Harry sabía que era muy difícil que se hiciesen amigos.

El hijo de Hades contempló su escoba, con cierto aire de temor, como si esperase a que le saliesen brazos, cogiese dos cubos llenos de agua, y se dirigiese al castillo para limpiarlo. Por supuesto, eso no paso. Pero lo que si pasaría era, que en unos minutos, Harry subiría a esa obra del diablo, y como volase muy alto, Zeus acabaría enterándose de su existencia, y un rayo le caería en la cabeza. Y estaba seguro, que un rayo directamente en la sien, hacía algo de daño.

Pronto llegó la señora Hooch, una mujer con el cabello blanco y ojos dorados.

-Buenas tardes, alumnos -dijo la profesora-. ¿A qué esperáis? Cada uno al lado izquierdo de su escoba.

Estábamos esperando a que usted llegase pensó Harry, mientras seguía las instrucciones. Había oído a unos alumnos mayores, que si la señora Hooch te daba el visto bueno, podías dejar de asistir a clase. Así que Harry estaba empeñado en hacerlo bien, y librarse de ello.

-Extended la mano derecha sobre la escoba, y decir: ¡arriba! -ordeno la señora Hooch.

Claro que no vamos a decir abajo, queremos que la escoba suba pensó el legado de Hécate, con sarcasmo, pero igualmente lo hizo. La escoba saltó a sus manos, dejandole un poco sorprendido. Había pensado que necesitaría dos, o al menos tres intentos para lograrlo. Pero al mirar a su alrededor, Harry se dio cuenta de que las escobas parecían saber quienes tenían miedo de volar, de los que no. Harry, por supuesto, tenía miedo. Pero desde que era pequeño, había aprendido a mantener sus sentimientos encerrados dentro de él.

Luego, la señora Hooch les indicó como sentarse en la escoba.

-Cuando cuente hasta tres, le dais una patada al suelo, os eleváis un par de metros, y descendéis suavemente hasta aterrizar. Uno... dos...

Pero Longbottom, nervioso, le dio una patada al suelo en ese preciso instante. Harry observó como el chico se elevaba varios metros, con cara de terror, antes de que se inclinase hacía un lado, y cayese con fuerza contra el suelo.

La señora Hooch corrió hacía donde estaba él, y Harry no pudo evitar rodar los ojos. ¿No hubiese sido más sencillo, colocar un hechizo de sujeción en las escobas, para impedir aquello?

-La muñeca torcida -murmuró la profesora, antes de girarse a la clase-. ¡Voy a llevar al señor Longbottom a la enfermería! Nada de volar, hasta que yo vuelva. Si veo a alguien sobre una escoba, estará fuera de aquí más rápido de lo que se dice Quidditch.

Cuando ambos estuvieron fuera de la vista, Malfoy y sus amigos estallaron en carcajadas.

-¿Habéis visto la cara de Longbottom? -dijo Malfoy, entrecortadamente, mientras se agachaba para recoger una esfera de cristal que había en el suelo-. ¡Mirad! ¡Si es esa cosa inútil que Longbottom recibió de su abuela! Creo que voy a esconderla en un árbol.

Y dicho esto, el chico Malfoy se subió a su escoba, voló hasta las ramas de un árbol cercano, y dejo la recordadora allí, antes de volver al suelo. Los de Gryffindor lo miraban mal, y los de Slytherin le reían la gracia, bueno, menos Harry, Tracey y Daphne, que miraban mal al chico. Harry vio como la hija de Afrodita se llevaba una mano a la pierna, donde, oculto tras la falda y la Niebla, tenía su arma, un cuchillo hecho con Bronce celestial; y Daphne a su colgante, donde estaba su arma, un arco fabricado con un material muy raro, Oro imperial.

-Yo me encargo -les susurró a sus amigas, mientras introducía una mano en su bolsillo. Se concentró un poco, y al poco, sintió como la recordadora aparecía en su bolsillo, gracias a un pequeño Viaje de sombras.


Tras terminar la clase de vuelo, Harry ya pudo respirar en paz. La señora Hooch le había asegurado que, con una clase más, podría dejar de asistir a ellas.

-Voy a ver a Longbottom para devolverle la recordadora -les dijo Harry a Tracey y Daphne-. ¿Venís?

-No -respondió Daphne-. Conociendo a Longbottom, seguramente le dará un ataque si viese que vienen a verlo tres Slytherin.

-Nos vemos en la biblioteca -se despidió Tracey, mientras ella y Daphne iban a dicho lugar terrorífico, y Harry se encaminaba hacía la biblioteca.

Daphne tenía razón, si hubiesen ido los tres, a Longbottom le hubiese dado un ataque. Ya parecía a punto de desmayarse cuando Harry entró en la enfermería.

-Tranquilo, Longbottom, solo vengo a darte esto -dijo Harry, dejando la recordadora sobre la mesilla de noche-

-Gracias -murmuró Longbottom, cuando Harry ya se iba.

-¿Te has enterado que Malfoy a desafiado a Weasley a un duelo de magos? -le preguntó Tracey, en cuanto Harry se hubiese reunido con ellas en la biblioteca.

-¿En serio? -dijo el hijo de Hades, desinteresado.

-Sí, pero no creo que Malfoy vaya -dijo Daphne-, en cambio, Weasley...

-Si que lo hará -acabó Harry, la frase del legado de Apolo.


Los pasillos estaban silenciosos. Harry caminaba en silencio. Llevaba su gorra de la oscuridad puesta, y se movía por las sombras, cosa que le hacían bastante invisible.

La primera noche que habían estado allí, Dumbledore les había dicho que el pasillo del tercer piso estaba prohibido, para aquel que ni quisiese una muerte lenta y dolorosa. Y Harry, movido por la curiosidad, había decidido ir solo a mirarlo.

Pero, cuando llegaba a la altura del segundo piso, escucho unos ruidos, que le hicieron esconderse detrás de un tapiz, donde había un pasadizo oculto. Observando con cuidado, se dio cuenta de que eran Weasley, Granger y Longbottom. Los dos primeros discutían de algo, y el último parecía que hubiese corrido el maratón de Los Ángeles.

Harry gruñó, deseando que se fuesen, ya que estaban cerca de su posición, aunque si lo suficiente lejos como para que no los oyese, cuando Peeves, salió del aula más cercana. El hijo de Hades, jamás supo lo que ocurrió, pero pudo suponer que Weasley había molestado a Peeves, ya que esta comenzó a gritar a pleno pulmón.

Weasley y Granger salieron corriendo de allí, pero Longbottom se tropezó con sus propios pies, y acabó en el suelo. Sintiendo pena por él, el hijo de Hades salió de su escondite, y lo ayudo.

-¿Qué haces aquí? -le preguntó Longbottom, sorprendido.

-Me gusta pasear por la noche -mintió Harry-. ¿Y tú?

-No recordaba la contraseña de mi sala común -confesó el chico, avergonzado, antes de paldecir al oír pasos-. ¿Has oído eso?

-Filch -gruñó Harry, entrando por el pasadizo-. Sígueme, Longbottom.

Ambos recorrieron el pasadizo, el cual subía hacía alguna parte. Salieron por un muro falso, y giraron una esquina... topándose con una puerta cerrada. Longbottom soltó un gemido ahogado, mientras Harry sacaba la varita.

Alohomora! -murmuró, abriendo la puerta. Ambos chicos entraron corriendo.
Lo primero que pensó el hijo de Hades en cuanto él y Longbottom entraron en el cuarto, fue que ya sabía lo que se ocultaba en el tercer piso. Un perro de tres cabezas, como Cerbero. El can comenzó a gruñir y a avanzar hacía ellos, así que Harry opto por lo sensato, arrastrando a Longbottom, salió del pasillo, huyendo hacía el siguiente piso.

-¿Por qué hay un maldito perro de tres cabezas aquí? -gruñó Harry, molesto con Dumbledore. ¿Como se le ocurría meter a ese perro allí, y solo cerrar la puerta con llave, en vez de poner bloqueos?

-Por diversión, pringado -dijo una voz detrás de él.

Fue instintivo. Harry se giró, sacando su espada de Hierro estigio, mientras Longbottom soltaba una exclamación. La espada de Harry cayó de sus manos, y antes de darse cuenta, se encontraba con el filo de otra espada, apoyado en su garganta. El hombre que la sujetaba era robusto, con el cabello corto de color negro con gafas de sol, y una chaqueta de cuero. Harry lo reconoció. Ares, dios de la guerra.

-O también puede estar allí por protección -Ares pronunció aquello como si pensase, pero Harry se dio cuenta de que se estaba burlando de él. El dios de la guerra debía de suponer que Harry reconocería el motivo por el cual habría un perro de tres cabezas. Y la única manera que hiciese eso, era que Ares supiese su identidad.

-¿Quién eres? -preguntó Longbottom, retrocediendo un par de pasos cuando Ares lo miró. El dios soltó una carcajada, que Harry estaba seguro que resonó por todo el castillo.

-¡No te pongas así, chaval! -exclamó Ares-. A fin de cuentas soy tu bisabuelo.

Eso si que no se lo esperaba. ¿Neville Longbottom, legado de Ares? Y al parecer Longbottom también estaba perplejo, ya que miraba a Ares con la boca abierta. Ares resopló.

-Ya sé que te he dicho que eres bisnieto mío, y no de Atenea. Pero creo que no es tan difícil de entender.

-¿Qué esta pasando aquí? -preguntó Longbottom, al fin.

-Que te lo explique el engendro de Hades -gruñó Ares, mientras cogía la recordadora de Longbottom. La sacudió, y una hermosa lanza de Bronce celestial apareció en su mano. Se la dio a Longbottom, y esta volvió a ser la misma esfera de antes-. Y de paso, que te enseñe a manejar la lanza -el dios le lanzó una mirada a Harry-. Escúchame bien, hijo de Hades. No diré nada a mí padre si, para antes de que acabe el treinta y uno de octubre, me traes una cabeza de un monstruo. El que sea.

Y tras aquella petición, Ares desapareció con una luz roja, dejando a los dos chicos solos. Harry miró a Longbottom.

-Mañana, tras que termine Pociones, en el aula que hay al lado de Historia de la Magia.


Harry recostó su cabeza en la almohada. Su mente trabajaba a toda velocidad, preguntándose que había tras el perro de las tres cabezas, sobre el hecho de que Longbottom era el legado de Ares, y lo más importante ¿donde iba a encontrar la cabeza de un monstruo? La mayoría de ellos, se convertían en polvo dorado si les cortabas la cabeza. Había pocos, como Medusa, que no les ocurría eso. Pero ella se hallaba en Nueva Jersey, y aunque podía ir con el Viaje de sombras, resultaba demasiado agotador.

Pronto, el cansancio se le hizo presente, y Harry se durmió.

Se hallaba en un almacén. El sol entraba por las ventanas, algunas rotas. En el ambiente había un olor a muerte, y Harry pronto descubrió el motivo. Tres hombres muertos se hallaban esparcidos por el almacén, con heridas mortales en el pecho, por el cual rezumaba sangre roja oscura.

Tan solo habían tres personas vivas, dos hombres y un niño. Los dos hombres llevaban pistolas, y ambos apuntaba al niño. Pero, quien le llamó la atención, fue el niño, de cabello y ojos negros como la noche, llevaba una sudadera negra y unos vaqueros. En su mano, sujetaba un cuchillo ensangrentado. Harry reconoció al niño. Era Ethad.

-¿Qué haces con él, Lou? -preguntó uno de los hombres-. Ha matado a siete de los nuestros él solo.

-Mátalo -gruñó el tal, Lou-. Será un crío, pero así aprenderá a no meterse en asuntos importantes.

-¿Traficar con droga son asuntos importantes? -preguntó Ethad, con ironía. El hombre que no era Lou gruñó, y disparo a la cabeza del niño. Ethad cayó al suelo, muerto.

-Vamonos -gruñó Lou, antes de que su expresión se volviese una de terror, al mirar algo que había detrás de Harry y el otro hombre. Antes de que Harry pudiese girarse, oyó un grito ahogado, y vio como el hombre caía al suelo, con el cuchillo de Ethad clavado en la espalda.

Ethad se hallaba detrás de él, con el rostro manchado con salpicaduras de sangre de su víctima. Antes de que Lou pudiese ni siquiera reaccionar, Ethad cogió la pistola del otro tipo, y efectuó un double tap*. Las dos balas impactaron en Lou, matándolo al instante.

Entonces, Harry despertó.


*Double tap: es una técnica que consiste en realizar dos disparos bien apuntados al mismo blanco en muy poco tiempo. En español sería par controlado, pero me suena mejor double tap.


Hola gente,

noveno capítulo.

Bueno, ya conocéis la identidad del legado de Ares, que es Neville. ¿El motivo? Neville me recuerda mucho a Frank Zhang, que es un hijo de Marte; así que...

En cuanto a Ethad, lo vuelvo a decir, no es malo. Solo que tiene facilidad de matar. Con lo que no quiero decir que matar a alguien sea fácil. Es más, creo que es una de las cosas más difíciles que alguien podía realizar.

En el siguiente capítulo, Neville se unirá al grupo, lo que llevará a varias trifulcas; y la fiesta de Halloween.

Se despide,

Grytherin18.