Gomenasai! He estado sumergida en trabajo, nadando en trabajo, ¡buceando en trabajo! Hoy salí a la superficie porque no quiero que jamás se diga que Tatistus abandona un fic, ¡nunca! Por favor denme sus deliciosos reviews para saber cómo lo estoy haciendo. Por la paciencia, arigato!


Daisuke y Kotoko estaban sentados en la misma banca del parque que la vio caer hacía algunos días. Los dos miraban el atardecer en el horizonte sin verlo en realidad, cada uno absorto en sus pensamientos. Kotoko ya le había contado los acontecimientos de los últimos días a Daisuke, quien en esta ocasión no supo qué aconsejar así que se limitó a escuchar. Un dejo de tristeza se revelaba en los ojos del atractivo joven. Eso sumado a su falta de comentarios o coqueteos fue un gran indicador para Kotoko de que algo andaba mal.

"Ahora es tu turno de contarme tu historia."

"Bueno, la verdad no hay mucho que contar… Llamé a Akino y acordamos encontrarnos en un café, quise hablar con ella para pedirle perdón o incluso arrodillarme de ser necesario. Le dije que no la dejo de pensar y que me siento incompleto sin ella, que aun si salgo con otras me encuentro… tan vacío…" Silencio. La mirada de Daisuke se perdió de nuevo. En sus ojos se reflejaba melancolía, arrepentimiento y soledad.

"¿Daisuke?"

"No quiere perdonarme. Dijo que mi traición acabó con su confianza, que ella en realidad me amaba y yo no respeté la lealtad que ella me había demostrado, que desea que encuentre mi felicidad y mi paz pero no al lado de ella… yo no quiero una paz así, no creo tampoco poder ser feliz sin ella."

"Tal vez es muy reciente para ella, tal vez necesite más tiempo."

"Ya han pasado 5 meses. ¡5 meses! Le dije que nunca la volvería a lastimar, que solo quiero hacerla feliz pero no me cree…" Se llevó sus manos a la cara como signo de desesperación y luego las apoyó en sus muslos. Apretó fuerte los ojos y los puños antes de seguir hablando.

"Dice que en estos 5 meses se ha enterado de casi todas las citas que he tenido, dice que ella siendo una muchacha tan simple no puede competir contra las 'bellezas' con las que salgo. Pero ella no es simple Kotoko, ella es hermosa, reservada, dulce, sonriente, bondadosa, tierna, estudiosa, disciplinada y justa. Admito que meses atrás cuando empecé a salir con ella fue como reto autoimpuesto de llevarme a la cama a la chica menos sociable y más estudiosa de mi clase, pero al conocerla, al salir con ella, al abrazarla entendí todo lo que valía. En mi desesperación por sexo no supe esperar a que ella quisiera irse conmigo a la cama y una noche estando borracho me lie con otra que ni siquiera recuerdo cómo se llama. Al día siguiente Akino… ella fue a mi apartamento en la mañana y nos encontró dormidos y desnudos en mi cama. Me desperté cuando escuché la puerta abrirse pero no logré reaccionar sino hasta que la vi mirándome y había tanto dolor en su mirada, tanta desilusión, tanta decepción..."

"Pobre Akino…"

"Ella ni siquiera me gritó, no me habló para nada. Yo me vestí como pude e intenté hacerle entender que en esos 4 meses que habíamos estado juntos me había enamorado de ella, que esa mujer en mi cama era un error de borracho pero ella no me miraba, no me respondía, solo empacaba unas pocas pertenencias que tenía en mi apartamento. Cuando vi que ya tenía todo empacado e iba a salir me interpuse entre ella y la puerta. No quería que me dejara, jamás en la vida sentí tanto miedo, no quería dejarla salir y empecé a llorar como un imbécil. Me temblaba todo el cuerpo mientras le rogaba que no me dejara y le suplicaba perdón más ella seguía sin mirarme. Cuando vi que de sus ojos escapaban lágrimas me sentí como el peor bastardo de la historia y comprendí que no era justo que la retuviera en ese maldito apartamento, así que me hice a un lado y ella se fue."

"Ella debió sufrir mucho, haberte visto así con otra… Pero entiendo que tú también has sufrido."

"En estos 5 meses sin ella no volví a buscarla y salí con otras intentando entumecer el dolor pensando estúpidamente que mi necesidad de sexo iba a ser mayor a mi amor por ella. No ha funcionado y cuando vi la mirada de Naoki en tu casa entendí que el amor es mucho más que sexo, es el impulso primitivo de cuidar a quien te hace sentir completo. El sexo es muy divertido, pero no vale la pena arriesgar el amor por un rato de placer. Verla en clase es una tortura. Ella no me mira nunca, es como si yo no existiera."

"Y ahora ¿qué vas a hacer?" Kotoko entendía que lo normal era solidarizarse con Akino y el dolor tan grande por el que tuvo que pasar. Entendía que el malo de esta historia era Daisuke. Pero siendo la soñadora que era también creía que él, hasta el momento, no había entendido como amar y se merecía una segunda oportunidad. Bueno… merecer de lo que se dice merecer tal vez no, pero ¿no somos todos susceptibles a equivocarnos?

"¿Y qué puedo hacer? Me encantaría secuestrarla hasta que entienda que la amo, pero no es una opción. Es evidente que ella ya no me ama. Supongo que debo entender que es una extraña más para mí, aun si cada fibra de mi ser me exige estar con ella."

Los dos volvieron a mirar al horizonte, el sol ya estaba casi completamente oscuro y el frio del otoño empezaba a calar sus huesos.

"Vamos por un té, el restaurante de mi papá está cerca y creo que nos conviene un recinto cerrado y una bebida caliente." Kotoko sonrió y le dio una palmada en el hombro a Daisuke que por poco lo deja sin aire. "¡No moriremos de amor! ¡Vamos a superar esto!"

El repentino optimismo de Kotoko desarmó a Daisuke. ¿De dónde sacaba ella tanta energía y positivismo? No pudo evitar sonreír mientras acariciaba el hombro afectado y la tomó de gancho mientras caminaban.

"¿La señorita va a guiar el camino?" Dijo en tono galante.

"Claro que sí, buen señor. Jamás perdería yo el camino hacia la mejor comida Japonesa de todo el país. Barriga llena, corazón contento. Jamás ha probado usted un Sukiyaki tan suculento como el de mi papá."

"¡No me ilusiones Kotoko, llevo casi sin comer dos días y de repente se me abrió el apetito!"

"¡No te vas a arrepentir de pagarme una cena tan deliciosa!"

"¡¿Quéeee?!" Los dos caminaban y reían a carcajadas. Al fin y al cabo, ¿qué más podían hacer en el momento? Iban tan distraídos con sus ocurrencias que no vieron a las tres personas que pasaban al otro lado de la calle, quienes se detuvieron solo para mirarlos.

Naoki sentía como si en su estómago hubiesen volcado una tonelada de cemento y cada músculo de su cuerpo estuviera siendo tensionado por un perverso titiritero. ¿Qué hacía Kotoko tan feliz con ese idiota?

Sahoko y su abuelo no entendían por qué Naoki se había detenido tan de repente y buscaron con la mirada lo que él veía con atención indivisa. El presidente Oizumi vio a la linda señorita que reside en la casa de los Irie caminando divertida del brazo de un muchacho apuesto y la visión de la joven pareja lo hizo sonreír, pero su sonrisa se borró casi de inmediato al ver la ira contenida de Naoki y la tristeza mal disimulada de Sahoko. No pudo evitar cuestionarse sobre el daño que estaba haciéndole este compromiso acelerado a los directamente involucrados. ¿Así que las protestas de Sahoko contra el compromiso tenían fundamento? La felicidad de su nieta no valía menos que una sociedad comercial y era definitivamente claro que jamás la pondría en la humillante posición de ser la esposa de un hombre enamorado de otra. ¡Una Oizumi no merece eso y mucho menos su adorada nieta! En ese momento entendió la presión bajo la cual debía estar actuando Naoki: sacrificando su felicidad por salvar a su familia y aliviar el estrés de su padre. Él, como abuelo de Sahoko y uno de los principales interesados en el intercambio comercial, indiscutiblemente debía hacer algo, y pronto.


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