CHAPTER 9

Nota: (1) – Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. Pero sí a J.K Rowling. Esta historia pertenece a Tassy-Riddle. (2) – Es una historia Slash, o sea, relación Chico x Chico. Si no te gusta, o te sientes incomodo es muy simple: No leas.

~•~•~•~•~

Los pasos resonaron por la sala de Adivinación mientras Harry Potter caminaba de un lado a otro como un león enjaulado, una imagen significativamente poética si se tiene en cuenta su antigua casa en Hogwarts. Oh, sí, la Escuela de Magia y Hechicería Hogwarts, que una vez fue el único lugar para ser considerado un hogar por el niño-que-vivió, ahora consistía en nada menos que una prisión para él. Sus ojos esmeraldas recorrieron todo el perímetro de la habitación en busca de una salida, pero fue imposible, la única forma de entrar y salir del sitio era la puerta de entrada, que en ese momento estaba custodiada por dos Aurores.

Tom estaba en Hogwarts.

Tom estaba allí por él.

Y ahora, él no podía quedarse de brazos cruzados, necesitaba encontrar a su amado. Harry tenía que reunirse con él para explicar lo que había sucedido, nunca fue su intención abandonar la Mansión Riddle, pero había sido secuestrado por Draco Malfoy y luego obligado a tomar pociones Oclumentes que le cerraron el acceso de su mente al Lord. Dios, él sólo esperaba que Tom le perdonase y le llevase de vuelta a casa y lo amase hasta el final de sus días.

Su mundo no existía sin Tom Riddle.

Si Tom no le creía...

Si Tom le odiaba ahora...

―"Merlín, eso no, por favor..." – Comenzó a hiperventilar, acuclillado en el suelo mientras sujetaba su cabeza en sus manos, respirando profundamente y tratando de calmarse para poder salir de allí.

―Harry, ¿estás bien?

―"Él no me puede odiar... Él no puede odiarme... no puede..." – Susurraba en su mente, haciendo caso omiso de la psicomaga que al mismo tiempo se había arrodillado a su lado, preocupada.

―Harry, por favor, habla conmigo. – Elizabeth pidió suavemente, poniendo una mano en su hombro.

― ¡MANTENTE ALEJADA DE MÍ!

Su grito era igual al de un animal herido.

Y él se encogió aún más.

―Harry... – Murmuró con angustia, alejándose y lanzando una mirada de preocupación al chico verdaderamente roto a sus pies.

―Él me odia.

―Harry, por favor...

―Él me odia, como antes, porque cree que huí y ahora me odia... Él me odia... ¡Y la culpa es de ustedes!

Encarando esas hermosas esmeraldas inundadas de lágrimas, la Dra. Elizabeth Owens finalmente entendió. Harry tenía miedo. Tenía miedo de que la única persona con la que pensaba que podía contar, que era la única persona con la que se identificaba y que, en su opinión, estaba preocupada por él y lo protegía de todo, ahora podía odiarlo porque pensó que había escapado de la cautividad por su propia y libre voluntad. Harry temía que el Señor Oscuro volviese a odiarlo, porque ese sentimiento ya no era mutual, porque ahora Harry lo amaba con toda su debilitada mente y su puro corazón.

Tomando una respiración profunda, entonces Elizabeth objetó:

―Él no te odia Harry.

―Sí, él me odia, él piensa que huí y lo engañé y...

―No, Harry, él te ama.

―Él... – El muchacho abrió los ojos, mirándola fijamente. Nunca nadie le había hablado de que Tom le amaba, por el contrario, todos los demás compartían la idea de que el Señor Oscuro lo estaba usando y sentía por él sólo lujuria y posesividad. Pero ahora, con la convicción brillando en sus ojos azules, la Dra. Owens, la misma mujer que había visto todos sus recuerdos en un Pensadero, declaró sin lugar a dudas que era amado por el Lord.

Sintiendo que el cuerpo se relajaba un poco, él se encontró murmurando con la voz todavía quebrada:

― ¿Cómo...? ¿Por qué...? ¿Por qué dices eso?

―Está en Hogwarts, ¿no es así? – Fue la simple respuesta.

―Pero es la guerra...

―Ahora, Harry, si la guerra fuese la principal preocupación del Lord, él no estaría en Hogwarts, sino en el Ministerio de Magia, que es un punto de dominación mucho más estratégica que una escuela y tú lo sabes.

―Él me ama. – Susurró embelesado, esbozando una sonrisa deslumbrante. – ¡Él no me odia, Lizzi! ¡Él me va a creer porque me ama!

―Sí, y está aquí por ti.

Casi se arrepintió de sus palabras, pero al contemplar el intenso brillo apasionado que había surgido en los ojos esmeralda, acompañado de una sonrisa que eclipsaría mil soles, Elizabeth se dio cuenta de que había tomado la decisión correcta.

Oh, sí...

La vida está hecha de elecciones.

Y tenía que tomar una decisión en esta guerra.

Ella eligió contemplar ese brillo apasionado en los ojos de Harry:

―Vamos, salgamos de aquí.

― ¿Lizzi...?

―Apúrate Harry, antes de que las endorfinas de este momento paren de ser liberadas en mi cerebro y mis neuronas trabajen de nuevo y entonces, vea que esta es la cosa más loca que estoy haciendo en mi vida.

El niño, sin embargo, se limitó a sonreír.

Y poniéndose de pie, Harry abrazó a la psicomaga como un niño, susurrándole al oído:

―Gracias, Lizzi.

~•~

Mientras tanto, la Escuela de Magia y Hechicería Hogwarts fue el escenario de una batalla épica y, sin duda desigual. Por un lado, los estudiantes de más edad, los maestros y las estatuas protectoras del castillo se habían unido a un par de criaturas del bosque prohibido y escasos Aurores enviados por el Ministerio de Magia, ya que estaban más preocupado por la protección de su escuela, mientras que el otro lado combatían interminables mortífagos entrenados para matar, hombres lobo, mercenarios, vampiros, gigantes, Acromántulas y un sinfín de otras criaturas que estaban bajo las órdenes del Señor Oscuro. No cabía duda de que éste lideraba una legión de seguidores que creían y luchaban por sus ideales solo simplemente para disfrutar del derramamiento de sangre, el Lord realmente no se preocupaba por la motivación de sus seguidores, se preocupaba por las cifras de éstos que señalaban que la batalla estaba ganada.

Ah, pero la victoria no sería nada si no podía matar con su propia varita al hombre delante de él:

Albus Dumbledore.

El hombre que le había robado a su Harry.

―Tom, aún puedes retirarte. – El antiguo director dijo, respirando con dificultad, ya que su duelo con el Señor Oscuro se extendió por unas horas en extremo.

― ¿Y por qué iba a hacer eso? – El hombre de hermosos ojos escarlata sonrió maliciosamente. – Bueno, como puedes ver por ti mismo, querido anciano, la victoria está claramente de mi lado.

―Esto es una escuela, no un campo de batalla.

―Hubieses pensado en ello antes.

―Tom...

―Hubieses pensado en ello antes de robarlo de mí. – Respondió airadamente, echando la maldición asesina hacia el director, que apenas logró desviar. – No tienen derecho a poner sus sucias patas en él. – Sus ojos brillaban con un odio nunca antes visto por Dumbledore. – Soy un hombre benevolente, querido Albus, pero no puedo perdonar eso, nunca debieron haber robado una de las pertenencias de Lord Voldemort.

― ¡Harry no es un objeto, Tom! ¡Él es un ser humano y...!

― ¡Es lo que yo quiero que sea! – Gritó con furia, golpeando al director con la maldición Cruciatus. – ¡Es mío! ¡Él es mío y estaba feliz con eso! ¡Él era feliz hasta que ustedes llegaron! Estáb... – Apretando los puños, el Lord pudo frenar sus siguientes palabras:

"Estábamos felices hasta que ustedes llegaron."

Alrededor de los dos magos más poderosos de todos los tiempos, en la una vez imponente Salón Principal de Hogwarts, una violenta batalla se desarrollaba. Los hechizos y maldiciones volaban de un lado a otro, en diferentes colores, cobrando muertos y también muchos heridos. Entre lágrimas y gritos de terror, los magos y brujas vieron a sus seres queridos caer muertos ante sus ojos como Hermione Granger, que vio a Ron Weasley caer muerto a sus pies después de ser golpeado por la maldición asesina lanzada por Avery, pero ella no tuvo tiempo de llorar, ni siquiera gritar, porque la próxima misma luz verde que dejó la varita de Bellatrix Lestrange golpeó su espalda. Tal vez ella y Ron podrían estar juntos ahora, fue su último pensamiento, y su último deseo fue que Harry pudiese tener la oportunidad de ser un día feliz.

Fue una batalla sangrienta.

Los gritos...

Las maldiciones...

Las luces que indicaban la muerte...

Todo el escenario es que la escuela un escenario para el terror.

No mucho tiempo después, los miembros de la Orden del Fénix fueron sucumbiendo uno a uno. Los numerosos Weasley ahora ya no existían, todos yacían en el piso de Hogwarts, manchando el suelo una vez nítido con su sangre. Lado a lado, muertos también estaban Remus y Tonks, quienes incluso se habían declarado su amor, con la esperanza de sobrevivir a la batalla. Tonta esperanza. Y ahora, Harry perdía el último vínculo que poseía con sus padres, pero esto no era algo que molestaba al niño-que-vivió. Todos estaban muertos, pero aún así, ningún cuerpo tendido allí podría atraer la atención de Harry.

El único ser vivo capaz de atraer la atención de Harry Potter dentro de ese cuarto siniestro se encontraba en un feroz duelo con el director de Hogwarts, que había logrado librarse de la maldición Cruciatus y ahora utilizaba sus últimas fuerzas para tratar de detener al Señor Oscuro:

―No puedes seguir así, Tom... – Exigió con firmeza. Su voz, sin embargo, expresaba todo su cansancio.

―Mira a tu alrededor, mi querido Albus, sabes que tengo las de ganar, ahora deje caer la varita, y tal vez te dé una muerte rápida y misericordiosa.

―Puedes ganar esta guerra, Tom, puedes dominar el mundo mágico hoy, pero su vida permanecerá vacía y llena de oscuridad como siempre.

―Oh, ¿es un presagio o una premonición lo que acabo de escuchar? – Preguntó con burla. Dumbledore había caído al suelo, agotado de más para seguir, pero la varita aún en la mano. Y Tom lo miró por encima, con una mirada de superioridad y una sonrisa ganadora.

―Es sólo un hecho. Tú destruyes todo lo que tocas y nunca podrás ser feliz con él.

Entrecerrando los ojos, Tom notó el rostro anciano marcado por la fatiga y la retirada y luego, en un movimiento definitivamente muggle, pero aún así preciso, pateó la varita de Dumbledore lejos de éste. El antiguo director, no obstante, siquiera parpadeó antes de su acción y se quedó mirándolo con el rostro cansado de quién se resignaba, pero que pronunciaba las palabras más sabias de su vida.

―De hecho, lo destruí. – Tom aceptó sin ninguna sombra de emoción. Y ambos sabían que estaban hablando de Harry. Su varita estaba a centímetros del corazón de Dumbledore a la espera de dar el golpe final. – Lo destruí. Lo reduje a pedazos tan pequeños que ni siquiera él podría encontrar. Lo quebré... Y entonces le construí de nuevo. Y ahora, cada pedacito de él me pertenece. Lo tengo completamente, yo tengo su corazón.

"Y él, el mío."

Completó con el pensamiento.

Y Dumbledore, entonces, no supo distinguir qué fue lo que le dio más de terror: las palabras del Señor Oscuro o la luz verde que había abandonado la varita y golpeó a él en medio del pecho. Para su mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura, Dumbledore sólo podía lamentar el hecho de dejar esta vida con la mente completamente destrozada por las palabras del Señor Oscuro. Y éste, ahora, estaba ante el cuerpo sin vida de su peor enemigo.

Victoria.

Con Dumbledore finalmente muerto y el visible cierre de la batalla con la muerte de todos sus rivales, Tom decidió que era seguro buscar a Harry ahora, porque nadie más podía interponerse en su camino. Y Harry estaba en Hogwarts. Harry estaba a unos pocos metros de él. Podía sentirlo...

―No te muevas, hijo de puta. – Una voz fría sonó detrás de él mientras la punta de una varita se presionaba dolorosamente en su cuello.

Su sangre hervía de ira.

Aquel acento...

―Requiere de mucho coraje atacar a su enemigo por la espalda mientras se lleva una capa de invisibilidad, Malfoy.

―Slytherin. – Llegó la simple respuesta del Auror. Y Tom apretó los puños para contener su odio:

―No insultes mi antepasado. Un gusano como tú no podía ser seleccionado ni a Hufflepuff, si ese sombrero ya no estuviera caducado.

― ¿Olvidas de quién es la varita en el cuello de quien, Riddle? – Escupió el nombre con disgusto.

―No, pero pareces olvidar que esta guerra está prácticamente ganada.

―Esta guerra no me interesa. – Gruñó con odio. – Harry es el único que me interesa aquí y no voy a dejar que te lo lleves de nuevo.

Los ojos del Señor Oscuro se estrecharon peligrosamente.

―No digas su nombre. – Ordenó con frialdad.

Y de forma amenazadora y oscura, Voldemort continuó:

―Al amanecer del día, se te arrancará la lengua por haber pronunciado su nombre, quemarán tus ojos por atreverte a mirarlo, y entonces, tendrás tu cuerpo mutilado y servido de alimento a los perros por haber entrado en la Mansión Riddle y haberlo robado de mi. Escucha mis palabras, Malfoy, porque no soy de los que repite.

Draco Malfoy sintió un escalofrío de miedo recorrer su espalda. Pero él ignoró la sensación. Mataría al Señor Oscuro ahora, encontraría a Harry y luego, bajo la capa de invisibilidad de Gryffindor –que desde que Dumbledore le había dado para utilizarla en la Mansión Riddle siempre se la llevaba bajo un hechizo de encogecimiento en el bolsillo– saldrían de ese escenario lleno horror y serían felices en un lugar lejos de los Mundo Mágico británico, donde podrían empezar de nuevo y así Harry aprendería a amarlo.

Sí, era un plan perfecto.

~•~

Elizabeth Owens, conocida psicomaga y directora del Departamento Psicomágico de San Mungo, por su parte, trataba de dejar su mente en blanco y no asimilar que acababa de lanzar dos Expelliarmus para desarmar a los Aurores que custodiaban la puerta de la Sala de Adivinación. Luego, dos hechizos Desmaius que los llevaran a la inconsciencia y un potente Incarcerous, que los dejarían atados dentro del aula, en la cual, en ese momento, ella se escapaba con Harry sin pensar en las consecuencias, y corrían hacia el Gran Comedor.

―Ahí es donde él está, puedo sentir su presencia con más fuerza. – El muchacho comentó emocionado, frotando sus dedos amorosamente sobre la cicatriz.

―Entonces vamos.

―Sí. – Los ojos verdes brillaban. Y luego, dando la mano a la mujer, que lo sujetaba de forma protectora, Harry comenzó a correr aún más rápido hacia el Gran Comedor, recordando todos los pasillos de su vieja escuela como si fuera ayer que caminaba por ahí para una merienda en la cocina, pero ahora sin ninguna verdadera preocupación por la belleza de Hogwarts o cualquier tipo de nostalgia, sólo la presencia de Tom en el castillo se registraba en su mente. Y necesitaba encontrarlo.

Por los pasillos, el olor a muerte y signos de la batalla eran visibles.

Pero Elizabeth apartaba a cualquiera con movimientos precisos de varita. Después de todo, no había amigo o enemigo de la hermosa mujer: sólo la oportunidad de ayudar a Harry. Por lo tanto, no pasó mucho tiempo y finalmente fueron capaces de entrar en el lugar donde horas antes se había desarrollado una épica batalla, pero ahora sólo tenían cuerpos muertos y mutilados en el suelo y mortífagos divirtiéndose mientras torturaban a sus agonizantes víctimas.

Elizabeth se sintió indignada.

Harry, sin embargo, ni siquiera miró a su alrededor.

―Tom... – El murmullo apasionado escapó de sus labios. Sus hermosas esmeraldas contemplaban sólo al hombre de pie delante del cadáver de Dumbledore, de espaldas a la sala de entrada, la línea de la mandíbula muy dura y tensa, manteniendo los puños fuertemente apretados. – Tom... – Repitió Harry, frunciendo el ceño ligeramente, sólo cuando Tom estaba muy enojado apretaba los puños de esa manera.

De repente, un destello de cabello rubio apareció.

A continuación, el brillo plateado de la capa de invisibilidad.

Y una luz verde en el cuello de Tom brilló en los ojos de Harry.

No puede ser.

No puede ser.

No puede ser.

¡TOM!

Harry no sabía si lo gritó en su mente o en voz alta, pero no se preocupó por eso. No le importaba nada más. Robando la varita de Elizabeth, de repente, corrió hacia el Señor Oscuro y con un golpe rápido del mismo, sus sospechas resultaron reveladas: la capa de invisibilidad ahora yacía en el suelo y con la varita peligrosamente en la nuca de Tom, estaba Draco Malfoy, quien susurró sus últimas palabras.

― ¡Avada Kedavra!

El verde esmeralda contrastaba extrañamente con sus ojos cuando la maldición asesina fue lanzada. Segundos después, el cuerpo sin vida de Draco Malfoy cayó al suelo y Harry, por su parte, cayó de rodillas en el mismo lugar, temblando mientras miraba la varita en su mano.

― ¡Harry...! – Al mismo tiempo, Tom se acercó y tiró del temblante muchacho a sus brazos, susurrando en su oído. – Estoy aquí, pequeño. Todo irá bien, ya estoy aquí.

―Iba a hacerte daño...

―Sí, lo iba.

―Y yo lo maté.

―Sí, tú lo mataste. – Suspiró, besando su despeinado cabello. – Y lo hiciste muy bien, estoy orgulloso, mi pequeño.

Un mirar sorprendido y lleno de ternura tomó cuenta del suave rostro de Harry ante sus palabras. Tom se sentía orgulloso. Tom estaba orgulloso de él.

― ¿Has venido por mí? – Susurró, con hermosas esmeraldas brillando, esperanzado.

―Sí, vine a llevarte de vuelta a donde perteneces.

―Yo no quise salir... Fue Malfoy... Él apareció y yo no podía...

―Lo sé. – Su voz se endureció. Y Harry se estremeció, bajando la mirada:

―Por favor, discúlpame, Tom

―No fue culpa tuya, mi pequeño, ya lo sé.

― ¿Entonces no estás enojado?

―Contigo no, pero vamos a decir que Malfoy tuvo suerte de que lo mataras. – Gruñó con ira. Y Harry, por su parte, dejó una pequeña sonrisa adornar sus labios cuando se acurrucó en el pecho del Lord:

― ¿Tom...?

― ¿Qué pasa, pequeño?

―Em... Yo... Me encantaría ir a casa ahora. – Murmuró tímidamente y sin levantar la vista.

―Entonces vamos a casa. – Dijo.

Luego, tomando a Harry Potter en su regazo, sus piernas alrededor de su cintura y la cabeza soñolienta descansando suavemente en su hombro, Lord Voldemort usó un hechizo Sonorus para dirigirse a sus mortífagos que estaban dentro y fuera del castillo:

―Mis amigos, nuestra misión aquí esta cumplida, esta batalla está ganada. – Una gran festejo se podía escuchar. – Sin embargo, la guerra no ha terminado. Se los aseguro, sin embargo, que hasta el amanecer Mundo Mágico será nuestro, porque de aquí quiero que ustedes tomen nuestra ira y nuestros ideales hacia el Ministerio de la Magia y el Callejón Diagon. Maten al Ministro y coloquen un sustituto elegido por mí en su lugar. Es cierto, Avery, mañana quiero saludarte como el nuevo Ministro de Magia a luchar por nuestros ideales. ¡Ahora vamos, que hay una guerra que ganar!

Los aliados del Señor Oscuro no lo pensaron dos veces antes de seguir sus órdenes. La adrenalina de la batalla vivida hace unas horas todavía estaba corriendo por sus venas y ellos sabían que hoy sería el día decisivo para marcar sus ideales y así conquistar el mundo mágico por el Lado Oscuro. Hoy era el día de la victoria.

Tom, por su parte, vio su propia victoria en sus brazos.

El mundo mágico pertenecería a él mañana, hoy sólo lo que importaba era el hermoso niño en sus brazos.

Y ellos, entonces, estaban a punto de aparecerse cuando una voz preocupada y obviamente asustada los detuvo, llamando cariñosamente el nombre de su niño:

― ¿Harry...?

Con un aire de pocos amigos echó un vistazo a la mujer parada a pocos pasos de los dos:

―Oh, parece que aún sobró un miembro de esa maldita Orden, pero no es nada de que dos simples palabras no pueden resolver, ¿no es así?

Elizabeth sintió que se le helaba la sangre, pero para su suerte, Harry interrumpió:

― ¡Tom, por favor, ella me ayudó! – Su tono era claramente desesperado – Ella me ayudó a escapar de la torre donde Dumbledore me encerró y me trajo aquí para ti... Ella es psiquiatra en San Mungo y sin embargo ella optó por defenderme, estaba en contra de las órdenes del director para salvarme y me dijo... Ella me dijo que tú viniste aquí por mí y...

―Lo entiendo. – El Lord le interrumpió con frialdad, echando una mirada analítica a la asustada mujer, quien, sin embargo, se mantuvo firme y preocupada por Harry. – ¿Por qué le ayudaste?

―Durante el tratamiento, llegué a conocerlo y a preocuparme por él como una madre, y por más que yo misma, o Dumbledore, quería negarlo, no podía dejar de ver que lo mejor en la vida de Harry era estar con usted.

Tom se quedó en silencio durante unos segundos, analizando a la mujer. Y después de una rápida consulta con Legeremancia a los pensamientos y recuerdos de Elizabeth, finalmente le dio una sonrisa levemente sarcástica y asintió con la cabeza:

―Estaría encantado de invitarla a una temporada en la Mansión Riddle, ¿doctora...?

―Owens, Elizabeth Owens, mi Señor. – Ella bajó la cabeza, sabiendo que probablemente estaba hablando con el gobernante supremo del mundo mágico en ese momento.

―Bueno, Dra. Owens, creo que será bueno para mí Harry poder contar con una dama de compañía con su cualificación profesional después de estos eventos traumáticos. ¿Qué te parece este nuevo trabajo? Oh, porque San Mungo está ahora completamente destruida.

No era una petición.

O una leve sugerencia.

Y Elizabeth lo sabía muy bien.

Pero ella estaba feliz de estar al lado de Harry y le ayudaría en todo lo que fuese posible.

―Estaría encantada de aceptar su generosa oferta, Mi Lord.

―Excelente. – Con un movimiento de su varita, entonces Tom llamó a uno de sus Mortífagos. – McNair, por favor tenga la amabilidad de acompañar a la Dra. Owens a su residencia para que pueda elegir sus principales pertenencias y luego, envía a uno de los elfos al cuarto principal de invitados del ala este de la Mansión Riddle.

―Sí, Mi Señor. – El mortífago hizo una profunda reverencia y le ofreció su brazo a la mujer a su lado. Un instante después, sus ojos se encontraron, azul y marrón chocolate y enseguida se aparecieron. Lo último que Elizabeth podía oír era la alegre voz de Harry despidiéndose: "Hasta mañana, Lizzi".

Y luego, el Señor Oscuro y el Niño-que-vivió se vieron solos en el Salón Principal de Hogwarts, en medio de sangre, escombros y cadáveres. Pero incluso con el sombrío escenario, el reencuentro de los dos no perdió la magia y el amor, y por lo tanto, ignorando completamente lo que les rodeaba, Tom atrajo al menor para un apasionado beso y Harry se dejó besar, devolviendo la acción con fervor, necesitado de los labios de su amado.

―Vamos a casa, pequeño. – Tom murmuró cuando se separaron, sus labios todavía sobre los del pequeño Gryffindor.

Y Harry sólo sonrió, asintiendo con la cabeza en silencio.

Porque eso era todo lo que quería.

~•~

Tom se apareció con Harry en sus brazos directamente en sus habitaciones personales en la Mansión Riddle. Y el niño-que-vivió, que había conocido sólo las mazmorras y su ático en seis años viviendo en la mansión del Señor Oscuro, obviamente, se quedó pasmado al observar la preciosa habitación que le rodeaba. Los aposentos de Voldemort se comprendían una enorme cama de matrimonio con dosel y madera oscura pulida que le llegaba casi a la altura del techo, las cortinas de un color verde oscuro transparente que rodeaba la cama con las sábanas y que coincidían con el mismo tono. Flanqueando la cama, a su vez, estaban dos mesitas de noche en madera oscura pulida, siguiendo el modelo de los otros muebles del elegante dormitorio. Una mesa de granito pequeña, redonda con cuatro sillas acolchadas alrededor estaban alojados frente a una gran estantería de libros y pergaminos importantes y en el otro extremo de esta pequeña sala de conferencias, el bar personal de Tom, que comprendía de una encimera de granito negra exponiendo interminables tazas y botellas importadas con la que el Lord disfrutaba de relajarse, saboreando un aperitivo antes de la cena.

No obstante, el magnífico lugar se vio aún más hermoso con la araña de cristal y piedras de ónice que colgaba del techo. Sin embargo, las hermosas habitaciones todavía tenía otras dos puertas que conducían a: un armario personal para Tom, donde había cientos de las más caras prendas y accesorios de moda que un mago podría pensar, y el otro, el baño, que era simplemente un sueño que ni los viejos baños de Prefectos en Hogwarts podrían compararse. El lugar, en una palabra, podría ser descrito como enorme, casi del tamaño de la habitación en sí. En el centro, una bañera que parecía una piscina era tragada por el suelo de mármol gris y una impresionante cascada que fluía el agua permanecía junto a la pared y se inundaba con burbujas plateadas y esencias afrodisíacas. Los armarios blancos tenían toallas, sales de baño, champús y muchos artículos diversos cubrían toda la pared del cuarto de baño y al lado de este, recubriendo la otra pared, se extendía un lavabo grande de mármol con un gran espejo encima. Y al lado de la puerta, estaba incluso una amplia ducha.

Harry, impresionado con el lugar, se vio silenciosamente asombrado con el hecho, de que al tener una habitación así, en los últimos tiempos, Tom siempre ha preferido pasar la noche con él en su ático. Sus pensamientos, sin embargo, fueron interrumpidos por la voz de su cuello, la voz ronca y siseante que siempre le envió escalofríos de placer por la columna vertebral:

―Nunca dejaré que te vayas de mi lado, pequeño. – Susurró, abrazando el cuerpo del menos por los costados. – Me perteneces, Harry. Creo que es bueno que no lo hayas olvidado.

―Nunca, nunca lo olvidaría, Tom

―Aún así, siempre es bueno recordártelo.

―Oh... ¡Tom...! – El chico se mordió el labio inferior para contener el gemido de placer, al sentir los labios del mayor marcar violentamente su cuello, a la vez que las manos expertas del Lord recorrían su temblante cuerpo en sus brazos y se deshacían de las inmaculadas vestiduras de hospital que Harry todavía llevaba.

En poco tiempo, las túnicas blancas se dejaron caer descuidadamente en el suelo y cuerpo desnudo de Harry fue cargado por mayor con reverencia a la cama en la que las esmeraldas, que ahora brillaban con deseo, contrastaban sensualmente con el verde oscuro de las sabanas de seda. Y Harry estaba aún más bello de lo que Tom recordaba. El pálido cuerpo esbelto se retorcía sensualmente en claras expectativas, clamándole al mayor, mientras que los negros y rebeldes cabellos repartidos en la almohada acentuaban su belleza en contraste con los labios rojos, entreabiertos, pidiendo ser tomados y los aquellos ojos nublados por el deseo, las pupilas dilatadas y el amor y adoración en cada matiz verdoso que formaban esas hermosas esmeraldas.

―Tom... – El murmullo escapó de sus labios, una obvia súplica.

― ¿Qué quieres, pequeño?

El Lord le preguntó, divertido, todavía contemplando su obra maestra.

Oh, sí. La obra de arte que él había compuesto en cada frágil detalle.

―Por favor... Te necesito, por favor, Tom...

―Sólo yo soy capaz de saber lo que tú necesitas. – Respondió con una voz severa.

Harry rápidamente miró hacia abajo.

Y Tom adoraba eso.

―Perdóname... Por favor... Tienes razón, no tengo derecho... – Murmuró, apretando los ojos con fuerza para frenar sus súplicas, las mejillas, sin embargo, rojas de excitación y su miembro ya duro debajo de los hambrientos ojos del Lord.

―No te voy a castigar, pequeño. – En una cruel lentitud, Tom deslizó sus dedos sobre la erección del menor, que gimió de placer. – Pero sólo porque estoy seguro de que lo sientes.

―Oh... ¡Sí…!

― Y no desearás estar en ningún otro lugar sino aquí.

―En ninguna otro... Oh... lugar... Tom... ¡Oh...!

Esas palabras eran una verdad indiscutible. Y ambos lo sabían.

Harry no podía ser más feliz de lo que estaba allí.

―Por favor... Tom... – Con la voz ronca y los ojos nublados por el placer, Harry rogó de nuevo. Y después de dos meses lejos de ese cuerpo pequeño y exquisito, el Señor Oscuro se dio cuenta de que no podía torturarlo durante mucho más tiempo, ya que su cuerpo no podía resistirse al del menor.

Con un simple hechizo no verbal y un movimiento de su mano derecha, luego, sus ropas desaparecieron. Y Harry, con la boca seca, se encontró contemplando el único y verdadero Adonis: el cuerpo fuerte de músculos bien marcados, la espalda ancha y la cara de rasgos varoniles, junto con el pelo negro, pulcramente peinado y esos ojos de color escarlata que se asemejaban a dos rubíes pulidos eran, sin duda, la encarnación de un dios en la tierra. Y al mirar hacia abajo, desviándose hacia el miembro erecto del Lord, Harry sólo pudo jadear un poco y decir que, definitivamente, había mucho rasgo divino allí. Cuando el cuerpo de Tom metió en la cama, colocándose encima de él, el menor inconscientemente abrió sus piernas dando más espacio para el Lord y con ganas para lo que estaba por venir.

Después de dos meses, él estaba sin duda ansioso de eso.

―Sabré si has estado con alguien más en estos dos meses, pequeño. – Tom le susurró al oído, la advertencia y peligro evidente en su voz. – Y para tu seguridad, espero que te hayas mantenido puro y casto lejos de mí.

― ¡Nadie pudo tocarme! – El muchacho objetó con terror, como si la idea fuese grotesca y completamente equivocada. – ¡Soy sólo tuyo, Tom!

Y el Lord, entonces, llevó un dedo lubricado mágicamente dentro de Harry, y con satisfacción, constató su evidente estreches.

―En efecto. – Sonrió satisfecho, apoderándose de los labios rosados, que habían dejado salir de un fuerte gemido. – Buen chico.

Harry no sabía cuánto tiempo el Lord se tomó para prepararlo, porque su cuerpo se perdió en las sensaciones: dolor, placer, lujuria. Él sintió un dedo aumentar en dos, y el malestar aumentó. Luego, dos dedos se convirtieron en tres, y Tom tocó en un punto dentro de él que le hizo ver estrellas y así, clamó por más. Entonces, estaba gimiendo, retorciéndose y girando de una manera impropia los dedos en busca de más contacto. Y Tom, como Lord benevolente que era, decidió darle al niño lo que ambos querían, quitando los tres dedos a la vez y sustituyéndolo por su endurecido y goteante miembro, que no podía soportar más tiempo la necesidad de ser envuelto por las paredes acogedores de Harry.

Dos fuertes gemidos, luego, se hicieron eco a través de la habitación.

Uno mezclado de dolor y placer al ser llenado finalmente por el cuerpo entero del Señor Oscuro. Y el otro, éxtasis puro, al sentirse rodeado de los músculos tensos y deliciosos dentro de Harry. Ambos, sin embargo, estaban en el paraíso.

―Mío... – El Lord susurró posesivamente, dando inicio a estocadas lentas, pero firmes y precisas. – Eres mío, pequeño, por completo.

―Oh... Sí... Tom... Tuyo... Soy tuyo... Ohh...

―Mío... – Posesión y lujuria brillaban en los ojos de Tom, pero había algo más allí. Algo que Harry se maravilló al identificar y que le arrancó una sonrisa sincera, ya que incluso que el poderoso Señor Oscuro se negó a decir las tres palabras, el bello Gryffindor ahora podía leerlo fácilmente en la mirada escarlata.

Sus cuerpos permanecieron en ese baile sensual, guiada por una melodía de gemidos, por lo que pareció horas y horas. Tom abrazó la cintura de Harry con fuerza, lo que le dejaría muchos moretones después, mientras se apoderaba con voracidad de los labios rosados y se vio correspondido a la altura por el pequeño Gryffindor que le rodeaba con sus piernas bien formadas y gemía en sus labios, arqueando su cuerpo delgado de placer con cada embestida profunda que golpeaba con precisión su próstata y nublaba cada vez más las esmeraldas de deleite. Después de meses, unir sus cuerpos de esa manera parecía representar la seguridad de que nunca se separarían de nuevo.

Sus almas estaban unidas.

Sus mentes estaban y siempre estarían juntas.

Y sus cuerpos definitivamente estaban unidos ahora.

Y nunca se separarían de nuevo.

―Tom... Ah... ¡Tom..!

―Harry... Mi Harry...

No pasó mucho tiempo y pronto sus cuerpos se vieron arrastrados por oleadas de placer que nublaban sus sentidos y los llevaban a un estado de absoluta delicia inmersos en la arrebatadora sensación de alcanzar el clímax: Tom en el interior de Harry, llenándolo de su abundante esencia, y éste entre los dos, derramándose en medio de sus cuerpos perlados de sudor. Y segundos más tarde, después de normalizar un poco su respiración, el Lord salió con cuidado del cuerpo del menor y se tumbó a su lado, tirando al chico a sus brazos mientras lanzaba un hechizo de limpieza no verbal en los dos, sólo para refrescarlos uno poco.

Un incómodo silencio, luego, cayó en la habitación.

Con Harry acurrucado en los brazos de Tom

Y ambos preguntándose qué decir.

¿Qué iban hacer ahora...?

― ¿Voy a volver a mi ático? – Harry preguntó finalmente, sin levantar la vista. Él sabía que no debía hacer preguntas, pero en ese momento, realmente necesitaba saber cuál era la respuesta.

Y en vez de regañarlo, Tom suspiró, disputando con otra pregunta:

― ¿Te gustaría volver allí?

El niño-que-vivió levantó un poco la mirada, mirando a los ojos al Lord, el cual, sin embargo, no reveló ninguna emoción. Por lo tanto, él permaneció en silencio durante unos segundos y pensó, pensó en su corazón lo que realmente quería. Y luego, cuando se volvió para responder al mayor, se dió cuenta de que éste escuchó con inusual atención:

―Quiero estar contigo. – Respondió finalmente, sinceridad goteando en cada palabra. – No importa donde esté, Tom. Lo que realmente quiero es estar contigo, entonces, si para eso necesitas encerrarme en un ático o en una torre, no me importa, siempre y cuando pueda estar contigo por lo menos un par de horas, ni siquiera tienen que ser todos los días; Sólo quiero verte, sentir tu tacto, escuchar tu voz, reconfortarme con tu presencia, porque yo te amo y no voy a dejar de amarte, no importa donde esté.

Tom lo miró fijamente.

Silenciosamente maravillado ante esas palabras.

Maravillado con la pureza que vibraban en los sentimientos del chico.

Harry era un ángel.

Su ángel.

Y sabiendo esto, él sonrió, porque él había tomado su decisión. Colocándose sentado, entonces, empujó cuidadosamente al chico en su regazo:

―Esta, Harry, es la Mansión Riddle. – Dijo, susurrando en el oído del menor e indicando la sala en la que se encontraban como si estuviese mostrando toda la mansión con ese gesto. – Y esta, ahora, es tu hogar. Puedes dormir conmigo aquí e ir a la habitación que deseas, todas los mortífagos tienen órdenes para inclinarse ante ti y nunca te molestaran y Nagini seguramente nunca te dejará solo cuando esté en una reunión. Hay bibliotecas, salas de juegos y un impresionante jardín que estoy seguro que te encantará...

Harry escuchó todo sin palabras.

Él sería libre para caminar a través de la mansión.

Él tendría libertad para vivir con su amado.

Él sería libre dentro de las limitaciones impuestas por Tom, por supuesto. Pero eso no importaba. Él sería libre.

―... Mañana te llevaré a conocer a la mansión y los elfos domésticos que a partir de ahora te servirá también. – El Lord continuó. – ¿Qué piensas de esto, pequeño? ¿Emocionado en conocer tu nuevo hogar?

― ¡Sí! ¡Oh, Merlín, sí! Gracias, Tom. – Abrazando al mayor con fuerza, Harry no pudo contener la sonrisa apasionada en sus labios.

―Sin embargo, sabes que nunca podrás abandonar los alrededores de la mansión, que poseen más hechizos de seguridad que en cualquier otra parte del mundo, si no vas acompañado por mí, ¿no es así?

―Lo sé, Tom. – Respondió seriamente. – Yo nunca querré escapar.

―Tampoco podrías.

―Sin duda. – Le sonrió con cariño. Y correspondiendo levemente la sonrisa, Tom se apoderó de los labios que le pertenecían.

Ellos comenzaban una nueva vida.

Continuará...


Próximo capítulo: Epílogo.

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N.T.: ¡FELIZ AÑO NUEVO, AMIGOS/AS! Hoy pude hacer coincidir esta actualización con la fecha del capítulo original en que fue subido. Me explico, Tassy-Riddle subió este capítulo el 01/01/12 y, en honor a ella, decidí hacerlo también este año (Dos después del original xD ). Sigo agradeciéndole a ella por haber permitido que les traduzca su bello trabajo para todos ustedes, y le mando la mejor de las suertes este año a ella y a todos ustedes que leen esta traducción. Finalmente, después de muchos desaires, hemos llegado al penúltimo capítulo… Ya el siguiente es el tan esperado (aunque quizás no deseado ToT es triste llegar al…) final.

¿Qué les pareció? Después de todo, Harry terminó matando a Draco. (ValeryVampire le atinaste jajaja)

Agradezco los reviews de UziKillian – ValeryVampire – Gema Talerico – Lynette Vongola Di Hibari – ulqui's-girl – jessyriddle – setsuna-GW y también a todos aquellos nuevos lectores que hacen clic en Favorito y siguen este humilde trabajo. Feliz año 2014, y les envío la mejor de las vibras :D ¡Un abrazo psicológico para todos!

¡Nos vemos en la próxima!

¡Gracias, Tassy-Riddle!