Dos jóvenes policías están en una amplia y cómoda oficina nueva, con dos escritorios enormes y repletos de papeles. Uno de ellos, el más jovial y con aspecto aun de niño y con peinado ochentero muy característico de él, el capitán Josuke Higashikata, cabeza del departamento de policía. El segundo, un hombre con apariencia de inocencia y un poco ingenua, es el mejor hombre del capitán, siempre puede contar con él en cualquier situación y sabe que jamás lo va a decepcionar, el teniente Okuyasu Nijimura.

Los dos están discutiendo los detalles de su más reciente caso: el escape de un recluso. Aunque es raro, se decían entre sí, porque aquel hombre escapó después de que se le electrocutó en la silla. Pero toda aquella "investigación" solo era una farsa para desviar las miradas de los altos mandos del gobierno. Ellos estaban investigando el extraño caso de un encapuchado con una extraña flecha y un arco. Su investigación no estaba yendo a ningún lado. Su única testigo era una chica hospitalizada que no podía decirles ni el más mínimo detalle del encapuchado. Su única esperanza era aquel recluso que escapó.

–Bueno –empezó a decir el capitán–, ya tenemos un pequeño indicio –dijo mientras sostenía una extraña fleca entre sus manos, por encima de su escritorio. –Sí, aunque el Sr. White se portó bastante amable –dijo el oficial Nijimura con un tono burlón en su voz–, a comparación del capitán de policías –terminó de decir con una enorme sonrisa en su rostro.

–No me lo recuerdes –dijo el capitán un poco molesto–, pero en mi defensa el empezó.

–Patrañas.

Hace un par de días el "Sr. White" había visitado a los oficiales con la excusa de que era un investigador privado con información imprescindible para la investigación de aquel recluso. Incluso aunque "el señor White" había querido que los policías lo visitaran para hablarles de la flecha. Jamás se presentaron. Lamentablemente, la señorita que atendió en ese momento al Sr. White no lo dejó pasar porque no tenía las credenciales necesarias para autentificar su identidad. Por suerte para Don en ese mismo instante estaba pasando un antiguo conocido, el respetado abogado Nicolás Wright. Él convenció a la secretaria de que lo dejara ver a los oficiales, alegando que ya había trabajado con el Sr. White en unos casos anteriores.

– ¡Qué bueno que llegaste, Nick! –dijo Don– Eso de la burocracia no se me da para nada. Estaba dispuesto a extorsionar a un par de polis para llegar con los nipones, pero –volteó su cabeza para ver que la comisaría estaba repleta de policías– este lugar se llenó de azules desde aquel incidente.

Nick mostró una sonrisa pequeña con sus delgados labios.

–Sí, el nuevo capitán no tendrá una apariencia muy "respetable", pero a él no le importa. Habla con sus acciones. Y bueno, también es rápido.

–Me doy cuenta. –Don empezó a susurrar– ¿Crees que me reconozca? No soy bueno con los polis. De repente pierdo todo mi control y solo quiero molerles la cara a golpes.

–No te preocupes, tengo un par de compañeros en la firma que te comprenderían bastante bien– se carcajeó un poco–. Te puedo decir, sin embargo, que la mayoría de los polis aquí son bastante… –el abogado lucho por un momento en buscar la palabra indicada.

– ¿Idiotas? –se adelantó su nuevo amigo.

– Yo diría ingenuos, pero me gusta como piensas Mickey –el abogado guiño descaradamente. –En fin, estamos por llegar a la oficina del capi y yo tengo que ir a ver a un cliente– dijo Nick mientras se acercaban a una puerta reluciente de madera–. Buena suerte, Donni.

Don llamó a la puerta mientras el oficial Nijimura revisaba unos papeles y el capitán se preparaba para salir a revisar cómo estaban las calles. El llamado de Don los tomó por sorpresa. No esperaban a nadie y ya habían almorzado. Nijimura se levantó a atender la puerta extrañado. Cuando abrió la puerta, el capitán jaló a Don con Crazy D. adentro de la oficina. Don no lo podía creer, lo reconocieron.

–Donald Bowie, –dijo el teniente mientras lo sentaba en una cómoda silla, con un tono sombrío– es un gusto al fin conocerlo.

Josuke por el contrario, le ofreció una taza de café y dijo con un tono muy amable:

–Deja eso, Okuyasu, no haremos la rutina, está demasiado usada. –Nijimura cambió su semblante rápidamente a uno de decepción.

–No sé de qué me están hablando oficiales, yo solo vine a…

Antes de que Bowie terminara de hablar los dos policías se carcajearon al unísono.

–No se moleste, Sr. Bowie –dijo el oficial Nijimura, dándole unas palmaditas en el hombro–, sabemos qué es usted. Hay cámaras de seguridad. El semblante de su rostro es igual al del hombre de aquella noche. Y mi amigo aquí, el buen capi, ya hizo el trabajo necesario para encarcelarlo– apuntó a Josuke con confianza–. Cuando lo jaló de la puerta a nuestra cómoda oficina le curó sus manos quemadas.

Bowie se revisó la mano y enseguida notó que no quedaba rastro alguno de la marca de las quemaduras. En lugar de una sola capa de piel sin forma aparente más, se encontraban otra vez todas las líneas y huellas dactilares que deberían estar.

–No se asuste por favor– añadió el capitán–. Estamos dispuestos a escuchar cualquier tipo de disculpa que nos quiera decir para no encarcelarlo. Después de todo, tiene bastante coraje para venir aquí tan descaradamente.

Ambos policías lo observaron por un momento con mirada dura e inquisitiva, Bowie dudó por un momento. Pero se preguntó ¿qué tenía que perder? Después de todo, la vida en la cárcel no era tan mala y si se lo proponía, él solo podía noquear a los nipones en un instante. Además tenía un as bajo la manga: La flecha; él la tenía y si de verdad la necesitaban estos azules sólo necesitaba mencionarla.

–Pues, verán polis– dijo mientras sacaba un habano de su chaqueta–. Temo decirles que se equivocan de persona, yo soy Michael White. No sé quién sea ese tal Sr. Bowie del que hablan– ambos policías se vieron uno al otro. Hicieron un acuerdo en silencio que lo escucharía unos instantes–. Pero puedo ayudarles a encontrarlo.

– Explícate– ordenó con tono frío y tajante el Teniente Nijimura.

–Tengo cierto artefacto, de un material desconocido para mí, que puede ser de bastante ayuda para su "investigación"– encendió el habano con descaro y cinismo.

–No fume aquí, por favor– el capitán trató de esconder su tono de enojo, pero fue inútil. Bowie no lo escuchó y siguió fumando.

–Sólo será por un momento.

–Ya escuchaste al capitán– Bowie no supo qué fue lo que pasó. Por un momento estaba fumando el habano, sintió su humo correr por su garganta, por un mísero instante; luego vio una sombra que salía del teniente y vio la mitad de su habano desaparecer en medio de sus dedos.

– ¿Stands, eh? –Bowie sonrió, estaba más divertido que molesto– ¿No les parece un poco desmedido? Yo sólo vengo a ayudar. He tenido un par de días malos, pensé que si venía con los tipos buenos me ayudarían a ayudarlos.

–Nijimura –el tono del capitán se suavizó completamente–, tiene razón, déjalo que hable.

– ¿Ve, teniente? –dijo Bowie saboreando la última palabra como niño mimado–. Sabía que el capitán es inteligente aunque su estúpido peinado diga lo contrario -Bowie no sabía lo que acababa de decir, lo que acababa de hacer, sólo el teniente comprendía muy bien la situación.

Cuando llegó el capitán Higashikata a la comisaría nadie lo respetaba o lo tomaba en serio por su peinado tan anticuado y, para más de muchos, idiota e infantil. Cuando el capi se enteró de las habladurías de toda la comisaría, excepto por Nijimura y el Sr. Cannavaro, impuso su mandato. Investigó a cada uno de los policías y los reexamino como tales para "probar su valor a esta comisaría". Para todos y cada uno de ellos fue el infierno en vida, no sólo "probo valía", sino su límite como humanos para soportar tal castigo. Fueron 2 semanas de puros exámenes. El primer día fue el examen más fácil, fue el examen físico con el que te aceptan en el cuerpo policiaco, pero para aquel que no podía con ese examen el primer día estaba afuera de la comisaría. "Nuevo capitán, nuevo cuerpo", dijo Higashikata a Cannavaro cuando hablaron de su examencito.

Después de eso, fueron días y días de exámenes: de campo donde tenían que arrestar a por lo menos 2 personas en cada atraco; de disparo, resistencia física, conocimientos legales y éticos. Incluso pruebas al bolígrafo para saber quién era corrupto y quién no. En este último, en el de conocimientos y de campo fue donde más del 80% de la comisaría estaba en peligro de perder su trabajo. El último día de examen el capitán sólo les formulaba una pequeña pregunta: ¿Lamentas haberte burlado de mi peinado? Para aquellos que negaron haberlo hecho los despidió, a los que aceptaban su culpa y lamentaban haberlo hecho mantenían el trabajo. Así fue como más de la mitad del cuerpo se tuvo que renovar y esto sirvió para duplicar el número de policías.

El cabello del capitán se erizó, su semblante jovial cambió a uno que sólo buscaba pelea, todos y cada uno de los músculos de su cuerpo se sobresaltaron y casi rompe su uniforme. Por un momento Bowie pudo ver una llama oscura en sus ojos. Los ojos del teniente se convirtieron en unos platos enormes, volteó a ver a Bowie con espanto tatuado en su rostro. Inmediatamente trató de ponerse en medio de los dos, pero Josuke lo quitó sin mayor problema simplemente caminando.

–Déjenme entender esto claramente –dijo el capitán con tono mordaz–: Usted tiene la flecha, ¿cierto? –Bowie no mostró ningún signo de miedo, sólo asintió con una mirada firme. El capitán levantó su escritorio del camino y lo arrojó hacía la pared, destrozando la pared. En cuanto estuvo en frente de Bowie todo volvió a estar impecable. – Y quiere que olvidemos todo lo que pasó aquella noche porque la necesitamos, ¿o me equivoco?

–Así es– Bowie no se levantó de su asiento, conservaba la calma, incluso aunque le prohibieron fumar y lo habían tratado como basura desde que llegó ahí. Pero no le convenía entrar en más problemas con la policía, tenía un plan y no funcionaría si eso pasaba.

Josuke lo golpeó fuera de la silla. Bowie sintió cómo se rompía su mandíbula y los dientes se le salían. Trató de gritar por el dolor que sentía cuando sus huesos se le reacomodaban y los dientes tomaban su lugar original, pero no pudo porque el capitán le pateó las costillas y sacó todo el aire de los pulmones de Bowie. El dolor se duplicó cuando se reacomodaron las costillas.

El capitán se le acercó; cara a cara le preguntó: –Eso va a pasar, después de que te dé una verdadera identidad nueva.

El capitán se preparó para golpearlo otra vez. Los ojos de Bowie apuntaban a una dirección. Disparó. Apenas y rozó el cabello de Josuke. La bala fue rápida, más rápida que Crazy D. que en el momento que disparó Bowie, el stand del capitán lo levantó por encima de Josuke. Bowie sonreía.

– ¿Podría voltear al techo por un momento, por favor capitán?

El capitán no le hizo el más mínimo caso. Pero el teniente sí, él vio cómo el techo se carcomía sobre la cabeza de Josuke y dejaba un terrible olor a carne podrida.

–Josuke cálmate, el Sr. White está de nuestro lado– dijo el teniente con tono sereno– ¡Tú! –apuntó a Bowie– ¡Discúlpate ahora mismo!

–Está bien, está bien –decía Bowie mientras veía el odio en la cara de Crazy D. y el capitán–. Me disculpó –Crazy D. retrocedió–. Para serle sincero, capi, estoy un poco celoso, yo tuve que cortarme el cabello hace poco y lo extraño.

Todo regresó a la normalidad en la oficina del capitán. Y discutieron un poco sobre la existencia del Wu-Tang Clan, la SNA y su enorme trifulca de los últimos meses. "White" apuntó que es bastante probable que todo esto sea por la flecha y aquel hombre. Los oficiales no le creyeron, aunque le prometieron que tomarían en cuenta su opinión.

– ¿Qué sabemos de Donald Bowie?– preguntó el capitán a su mejor hombre

–Es un huérfano que escapó de la mansión Bowie, una de tantas que tiene esta familia– dijo el teniente mientras leía un documento en su computadora–. Una de las más adineradas del país. Fue la precursora para los tratos entre México y la industria Speedwagon.

– No suena mal– dijo intrigado el capitán–. Pero, ¿por qué escapó de tal familia?

– ¿Y por qué me preguntas a mí?– dijo molesto Nijimura– Tal vez no le gustó tener tanto dinero o se empalagó de tantos mimos que tenían para con él.

– Oh, bueno. Después lo sabremos– dijo mientras bebía de su café– ¿Koichi está en camino?

–Eso dijo la última vez que le llamé. Después de su tercer hijo con Yukako es difícil saber.

– ¿Tercero?– escupió el café.

– Sí y al parecer van por el cuarto– lo dijo con tono burlón– ¿Quién diría que el pequeñín fuera una máquina en la cama?

Ambos carcajearon.

– ¿Y Jotaro?

–Dijo que mientras nosotros tres estuviéramos aquí no lo necesitábamos. Además…

–La pequeña Jolyne, ¿eh?

–Sí, es un hombre admirable, lo admito. Pero no es el mejor padre del mundo.

–Yo sé que él adora a esa niña, pero… –suspiró pensativo–. Es difícil. Aunque lo comprendo, también tuve un padre ausente.

Lejos de ahí, en un bar de mala muerte, tres hombres hablaban.

– ¿Qué sigue en tu magnifico plan, capuchón?– dijo uno con tono sarcástico.

–Para estos momentos la flecha debe tenerla alguno de las 4 piezas fundamentales para esto.

– ¿Y si no es así? –refutó el primero.

–Pues, ahí es donde entran ustedes, mi buen Eddie– dijo con confianza aquel hombre que mantenía su rostro entre las sombras–. Tú y mi buen amigo Rocky llamaran la atención para que la traigan a mí.

– ¿Y luego?

–Alcanzaremos el cielo.

–Más te vale, Kilmister– dijo Rocky, que se había mantenido en silencio todo el tiempo–. Ya he perdido a toda mi familia por esto y necesito recuperarla.

– Oye, hombre, lo entiendo. Jamás decepcionaría a la Fire Nation.

– Todo suena muy bien y tal– interrumpió Vanhalen–. Pero, ¿qué si no llega la flecha?

–No es muy necesaria– respondió el encapuchado–, sólo es para la transición de nuestros 4 sacrificios. Si no tenemos la flecha sólo me tengo que situar paralelo a la luna llena, activar mi nueva habilidad. En ése momento es cuando ustedes deben matar a nuestros 4 amiguitos.

– ¿Cuándo haremos esto? –Eddie seguía preguntando.

–La luna llena es en 2 semanas. Así que tienen 2 semanas para prepararse.