Pido disculpas si se hieren sensibilidades...
Capítulo 9.
Intentó resistirse. Desde luego que ella también quería que ambos se olvidasen de sus diferencias y cabezonerías, pero esa no era la forma que había imaginado. Al contrario. Ella había imaginado que su dulce príncipe azul volvería a casa poniéndole esa carita de desvalido que utilizaba con ella cuando quería conseguir algo, la llenaría de caricias y ternura, ambos se pedirían mutuamente perdón y sellarían la paz con un inolvidable revolcón entre las sábanas al que continuaría sin duda un eterno abrazo y los dos serian sorprendidos por el amanecer, totalmente acurrucados y felices.
Pero el dulce príncipe azul había dejado paso al oscuro Castle, a ese que había conocido cuando Alexis estuvo en peligro, al guerrero que había acabado con Tyson, al que la había levantado la voz en las escasas veces en las que habían discutido. El Castle medieval había vuelto y estaba presionándola de tal forma que ella en parte se estaba sintiendo violentada. Y lo que más la estaba torturando era que su deseo por él había aumentado proporcionalmente a la brusquedad de su demanda.
- Castle… - dijo entrecortadamente haciendo inútil presión con sus manos sobre el torso de él para separarle – Estás borracho…
Por toda respuesta introdujo su mano por debajo del pantalón de pijama de Kate, deslizándoselo por las piernas con rapidez hasta el suelo, dejando claro a la inspectora que no iba a echarse atrás por sus palabras.
Se separó un instante de ella y la miro fijamente. La escasa luz proveniente de la calle era suficiente para que ambos pudiesen distinguirse.
Ella dio un paso atrás.
- Castle… No… - dijo intentando razonar con él – Deberíamos hablar mañana…
El escritor soltó una pequeña carcajada que hizo que hasta a ella llegase su aliento cargado de alcohol.
- Eso lo he intentado antes preciosa.
Kate negó brevemente con la cabeza. Entonces todo sucedió a la velocidad de la luz. Castle llevó sus manos al cuello de ella rasgando de un solo movimiento la camiseta que ella utilizaba para dormir, dejando su pecho descubierto. Ella se vio completamente sorprendida sin saber cómo reaccionar y al instante, el escritor la había empujado con brusquedad, pero sin dejarla caer hasta tumbarla sobre la cama y la inmovilizó poniéndose sobre ella y sujetando sus muñecas contra el colchón.
- ¡Rick!
Pero todas las quejas fueron acalladas cuando él, incorporándose lo suficiente, separó los harapos en los que había convertido su camiseta de dormir, admirando su pecho para agarrar ambos entre sus manos hundiendo su cara en el cuello de la inspectora, jugando con su lengua y sus dientes, sabiendo exactamente qué era lo que debía hacer para acallar las protestas de su esposa, que a juzgar por cómo se mordía el labio inferior cuando él la miró, no tenía ninguna intención de seguir pidiéndole que parase.
Kate llevó la mano a la cabeza de él, acariciándole sobre el pelo, pero con un movimiento rápido y brusco, Castle la separó, poniéndosela de nuevo sobre el colchón.
- ¡Quieta! – ordenó con voz grave.
Volvió a la carga con su cuello, marcándola con un mordisco que a buen seguro dejaría señal, haciéndola saber que estaba utilizando la fuerza. Y eso en vez de asustarla, para su sorpresa, la excitó aún más. Notó una oleada de humedad entre sus piernas y la necesidad de apretar su cuerpo contra él demandándole más. Levantó de nuevo su mano con la intención de guiar su cabeza, pero antes de llevarla hasta su amante, la dejó caer con fuerza sobre la cama, agarrando entre los dedos las sábanas, aferrándose a ellas mientras se retorcía de placer al sentir la presión de la lengua de Castle sobre su pezón.
El escritor estaba fuera de sí, se incorporó ligeramente arrodillado entre las piernas de ella, volvió a la carga rodeando con las manos sus pechos y apretándolos con fuerza hasta juntarlos, volviendo a la carga con su boca, lamiendo uno y otro. Kate arqueó la espalda buscando aún más el contacto de él que la miró mientras tomaba entre sus dientes uno de los pezones.
Ese fue el detonante para que la inspectora soltase el agarre de las sábanas y tomase la cabeza de él entre sus manos. Pero el escritor se separó de inmediato, incorporándose de rodillas.
Ella le miró frustrada. ¿Qué era lo que pretendía huyendo así de sus caricias? Entonces Castle comenzó a desabrocharse el cinturón.
- Te he dicho que te estuvieses quieta.
Ella frunció el ceño mientras le observaba. El escritor se quitó el cinturón y con un movimiento rápido cogió una de sus muñecas y la rodeó con el pasándolo por la hebilla inmovilizándola. Después rodeó con el resto su cuello. Ella intentó forcejear con la mano libre, pero también fue atrapada y rodeada con el cinturón, que finalmente paso de nuevo por la hebilla, ajustándolo y dejando a la inspectora con las muñecas atadas al cuello.
- ¿Pero qué…? Suéltame Rick…
- ¿Quieres también que te tape la boca o vas a callarte de una vez?
- Rick…
- Shss
El escritor se inclinó sobre ella poniendo la boca junto a su oído.
- Estamos casados Kate – le susurró con firmeza.
Ella quiso protestar, pero el escritor se coló en su boca, devorándola y haciendo que cualquier amago de palabra se quedase en su garganta sin llegar a emitir ningún sonido.
El escritor volvió a la tarea de apretar y juntar sus pechos, mordisqueándolos sin hacerle daño. Kate se sentía vulnerable, no podía mover sus manos y si lo hacía el cinturón cruzado sobre su cuello, la aprisionaba.
- Quieta… Quieta… - repitió con voz muy suave – No me obligues a atarte a la cama Kate…
Kate volvió a arquear la espalda, se sentía extraña, las palabras de amenaza de su marido volvían a excitarla, sintiendo como sexo clamaba por recibir atención. Pero él no parecía estar por esa labor, la boca y las manos del escritor estaban torturándola dulcemente sobre su pecho. Jadeó al sentir como él succionaba uno de sus pezones y no pudo reprimir lanzar un pequeño grito cuando él por fin palpó su estado con la mano.
Entonces él se separó, volvió a quedarse de rodillas frente a ella y se desabrochó los pantalones sin quitárselos. Se sacó la camisa por la cabeza bruscamente, se sentó sobre sus talones y volvió a llevar sus manos sobre los pechos de su mujer, manoseándola sin piedad, apretándola y pellizcándola y cuando Kate comenzó a moverse, desesperada por encontrar cualquier fricción que aliviase la necesidad que le ardía por dentro, él hundió su cabeza en su abdomen, buscó con la lengua su ombligo, lamiendo y mordiendo a su paso todo milímetro de piel que encontraba.
- Rick… Necesito…
- Te lo advertí – dijo tapándole la boca con una de sus manos.
Eso fue el colmo para ella, irremediablemente supo que la humedad que notaba en su sexo, había traspasado su ropa interior y mojaba las sábanas. Respiró nerviosa y acelerada por la nariz mientras él seguía su tortura, manoseando su pecho, lamiendo su vientre sin retirar la mano con la que la tapaba la boca.
Sintió que su cuerpo flotaba, que su mente estaba en una placentera nube controlada por el guerrero en el que se había convertido Castle. Y sin darse cuenta, él lo hizo, ni se molestó en deshacerse de su ropa interior, simplemente llevó su pulgar sobre la tela mojada y presionó en el sitio justo, moviéndolo circularmente y ella estalló en uno de los mejores orgasmos que recordaba haber tenido. Su cuerpo tembló, unos agradables calambres subieron desde las plantas de los pies hasta sus rodillas. Él no dejo de mover su dedo, ralentizando el movimiento adecuándolo al ritmo de la respiración sofocada de ella a través de su mano.
Sintió un escalofrío recorriendo su cuerpo cuando él, soltó su boca y comenzó a acariciarla con ambas manos por todo el cuerpo. Notaba su piel de gallina, hipersensible a todas sus caricias mientras respiraba cada vez con más normalidad.
Apenas dejó que se recuperase, sus manos agarraron ambos lados de sus braguitas y las deslizó rápidamente hasta sus rodillas, levantándole las piernas por encima de su propio hombro hasta quitárselas y tirarlas detrás de él. En esa posición con las piernas de Kate sobre su hombro se las acarició sin dejar de mirarla serio.
- Rick…
El escritor, como movido por un resorte bajó las piernas de su hombro, separándole las rodillas y se inclinó sobre ella, lanzándose a lamer su clítoris y provocando que ella, excitada y sensitiva tras el orgasmo que acababa de tener, lanzase un pequeño grito ahogado al sentirle.
Intentó retorcerse para librarse de las punzadas de doloroso placer que estaba provocando en ella, pero eso no hizo más que molestarle y la sujetó por los glúteos casi inmovilizándola para seguir con su labor. Le encantaba tenerla así. Notó como su cuerpo se tensaba intentando levantar la pelvis para tener mayor contacto y él aceleró el ritmo y la intensidad con la que jugaba con su boca sobre ella, hasta que un nuevo gemido acompañado de inmovilidad absoluta por parte de la inspectora, le indicó que de nuevo había llegado al orgasmo. Y siguió cada vez más despacio, hasta parar por completo, separándose para mirarla y volver a acariciar de nuevo todo su cuerpo. El escritor sentía su fría piel bajo sus caricias, notaba el ritmo acelerado de su corazón en cada vena…
Despacio, demasiado despacio, besando su vientre, fue subiendo por su torso hasta llegar a su boca, sin llegar a besarla, pero sobre ella, fue soltándole las manos. Ella, al verse libre, intentó levantar la cabeza para besarle, pero él se separó lo justo para que no lo lograse.
Kate sintió la calidez de su piel sobre su cuerpo, deseaba abrazarse a él, pero cuando lo intentó, él volvió a tomarla de las muñecas, sujetándolas sobre la cama por encima de su cabeza. Intentó quejarse, necesitaba acariciarle, pero él la silenció besándola fieramente y sin que ella e diese cuenta, él había juntado sus manos y la sujetaba tan sólo con una, llevándose la otra a la entrepierna, separando apenas su ropa interior lo justo para penetrarla de una única y fuerte embestida que la hizo estremecerse por completo.
Y el juego comenzó de nuevo, él utilizó sus artimañas aprendidas durante los dos últimos años, para martirizar el cuello y la boca de su mujer mientras que sus pelvis sincronizaban los movimientos en una única y sensual danza que acabó en un estallido simultáneo de sensaciones.
Kate no pudo reprimir una sonrisa mientras intentaba zafarse del agarre de su marido, que finalmente cedió soltándole las muñecas. Ella llevó una mano hasta la cara de él, separándole el pelo de la frente.
- Estamos casados Kate – volvió a decirle.
- ¿Eso te da derecho a hacer lo que acabas de hacer? – preguntó ella en voz muy baja mientras él rodaba a un lado de la cama e intentaba deshacerse del pantalón.
- No… - dijo tras forcejear y quitárselo como pudo
- ¿Y bien…?
- Eso me da derecho a… - respondió cayendo dormido junto a ella.
- ¿A qué…? – preguntó ella tapándoles a ambos con las sábanas
- A amarte como lo sabes que lo hago…
