[CAP 9: RECUERDOS AL BORDE DEL FIN]

Elsa abrió lentamente la carta que le había acabado de llegar, era la primera vez que Florian respondía a sus amenazas y provocaciones. Probablemente, todo se debía a que ella estaba ganando la guerra. Lentamente, y tomando una fuerte bocanada de aire, la reina rasgó el sobre y sacó su contenido, mientras que sus ojos pasaban una y otra vez por las palabras escritas en aquel papel.

Florian estaba lejos de rendirse, y menos aún de dejarle ver ningún signo de debilidad, es más, el muy arrogante, le recordaba que él seguía teniendo la sartén por el mango, después de todo, él aún tenía lo que ella más amaba en el mundo, y le recordaba que a la menor provocación podría aplastarla como a un gusano. Elsa se estremeció con este pensamiento, pues lo último que quería, era que alguna de sus acciones dañaran a Anna, pero tampoco deseaba ser chantajeada.

"Ella se encuentra viva, pero depende de usted que esta situación perdure…" fue la frase con la que Florian concluía su carta, la misma que estremeció a Elsa hasta los huesos.

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Un año atrás

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Anna tomó firmemente la mano de Kristoff y lo arrastró a través de una espesa arboleda aquella tarde de verano, mientras que ella no dejaba de hablar y reír a viva voz.

¿Me llevarás la próxima vez que vayas a recolectar hielo? — preguntó Anna curiosa y probando su suerte.

Anna… — suspiró Kristoff — sabes bien que si te saco de Arandelle podrían mandarme a la horca o algo así — respondió el recolector de hielo sarcásticamente.

Eso no es cierto — negó Anna — hablas cómo si yo fuera una especie de prisionera — se quejó la chica — tú sabes que yo puedo dejar Arandelle cuando yo quiera — aseguró. Por su parte, Kristoff se limitó a pegarla a su cuerpo y a pasar su brazo sobre los hombros de Anna, pero no le dio ninguna respuesta, después de todo, él no era bueno mintiendo.

Es una lástima que no pueda ir contigo — se quejó Anna, quien a pesar de lo que había dicho minutos antes, sabía exactamente cuál era la su situación.

Te prometo que algún día te llevaré conmigo — dijo Kristoff seriamente mientras caminaba junto a la princesa.

Gracias— respondió Anna.

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— Su alteza — dijo un soldado que interrumió los recuerdos de Anna.

— Hoy será trasladada a otra celda mejor, si puede, por favor póngase de pie y acompáñenos — dijo el muchacho refiriéndose a un par de mucamas junto a él. Anna trató de ponerse de pie, pero aún estaba débil por el encierro que había durado cerca de tres semanas.

— Necesitaré ayuda — dijo Anna seriamente, por lo que las dos mucamas corrieron en su dirección la tomaron de los brazos y le sirvieron de soporte antes de empezar su camino por los pasillos de los calabozos. De repente, la princesa pudo ver algunos rayos de luz solar que le lastimaron los ojos.

— Por aquí — indicó el soldado mientras abría una de las celdas que se hallaba en la torre. Anna observó la habitación cuidadosamente, se trataba de un recinto circular de dos plantas, en la primera, estaba la cama un pequeño escritorio y una cómoda, y la segunda, no era más que un rectángulo de piedra que daba contra un ventanal, el que se hallaba unido a la habitación por unas diminutas escaleras, a través del que entraba la cálida luz del sol, que tanta falta le había hecho a la princesa.

La siguiente hora, fue una de las más reconfortantes que Anna hubiera vivido en las últimas semanas, ya que las mucamas trajeron una tina improvisada a la habitación y le ayudaron a darse un baño. Después, una de ellas tomo un vestido azul de la cómoda, el cual era sencillo y plano, muy diferente a los que se había visto obligada a utilizar durante las últimas semanas. Al final, la princesa volvió a quedarse sola en su habitación, por lo que no pudo evitar dejarse caer pesadamente en la cama y recordar tiempos más felices de los que se encontraba viviendo en aquel momento.

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Anna por favor deja de hacer eso — dijo Kristoff irritado por lo ruidos que hacía su novia en tanto trataba de hacer que los pájaros le contestaran, al tiempo que la pareja daba un paseo por los bosques que rodeaban Arandelle.

Oh vamos Kristoff… — se quejó la chica — tienes que verlo, esto ha funcionado miles de veces, cuando era niña lo hacía todo el tiempo— afirmó emocionada.

¿Alguna vez te contestó alguno? — preguntó Kristoff genuinamente divertido.

Por supuesto que sí, todo el tiempo — rebatió Anna molesta mientras se cruzaba de brazos— escucha esto— dijo la chica antes de comenzar a silbar como lo había hecho instantes antes. En ese momento, Kristoff parecía estar a punto de echarse a reír, ya que no parecía que ningún pájaro quisiera responderle. De repente, otro silbido retumbo a la distancia.

¡Ha! — Exclamo Anna emocionada — te lo dije, te dije que podía hacerlo, y de seguro no me creíste — continuó la chica aún más contenta, por lo que Kristoff no pudo reprimir una sonrisa.

Está bien, lo admito, tú tenías razón. ¿Estás contenta? — preguntó el recolector, por lo que Anna se dio media vuelta y le dedico una suave sonrisa.

Sí, y mucho— respondió Anna.

No entiendo ¿cómo es que puedes hablar con los pájaros?, es raro — opinó Kristoff mientras negaba con la cabeza.

No es raro, lo practicaba mucho cuando vivía en el palacio, cuando me sentía sola lo hacía — comentó Anna.

Pues debiste haberte sentido muy, muy sola, como para tener el tiempo para practicar algo cómo aquello — dijo irónicamente Kritoff sin dejar de caminar a través del verde bosque de pinos.

¿Qué puedo decir? — pregunto Anna encogiendo los hombros — papá y mamá nunca tuvieron mucho tiempo, y Elsa… bueno, eso no te lo tengo que explicar — comentó casualmente la chica.

No, claro que no— contestó sencillamente Kristoff quien siguió su camino.

Además, tú hablas con los renos — agregó Anna en tono de reproche.

Supongo que yo también me sentía solo — se defendió Kristoff aceptando que no solo su novia tenía hábitos peculiares.

Pero ahora nos tenemos él uno al otro — comentó Anna dirigiéndole una suave sonrisa.

Es cierto — contestó el recolector de hielo mientras tomaba la mano de Anna.

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Anna abrió los ojos de golpe al escuchar el chillido de la pesada puerta de metal de su nueva celda la que se abrió de par en par.

— Hola Anna — la saludo Florian desde la puerta quien llevaba una bandeja con un fino juego de té y un plato de comida.

— Espero que te guste tu nuevo hogar, creo que ya has tenido suficiente castigo, pensé que te sentirías mejor aquí — dijo con su arrogante tono aristócrata, mientras dejaba la bandeja sobre la mesa y se sentaba en una de las dos sillas.

— Por favor, acompáñame — le pidió el príncipe en tanto le señalaba el asiento vacío frente a él. Lentamente, y como si temiera que en cualquier momento pudiera atacarla, Anna caminó hacia la mesa y se sentó.

La princesa tomó uno de los platos de fruta y comenzó a comer silenciosamente mientras evitaba a todo costo dirigirle la mirada a Florian. De repente, Anna notó que en la bandeja también se hallaba el periódico de aquel día.

— ¿Puedo leerlo? — preguntó Anna.

— Por su puesto, lo traje para ti— contestó Florían casualmente. Sin embargo, Anna frunció el seño, ya que habría podido jurar que, por una fracción de segundo, vio los labios del príncipe curvarse en una ligera sonrisa, de inmediato ella comprendió que no se trataba de una sencilla visita: él quería que viera algo en ese periódico, por lo que Anna lo tomó y saltó de su silla horrorizada al ver el titular.

Florian se quedo en silencio, pero tras unos segundos, comenzó a reír suavemente, por lo que Anna no pudo evitar tomar uno de los vasos de jugo y vaciarlo en su dirección. Sin embargo, al príncipe no pareció importarle en lo absoluto estar completamente empapado de jugo de mora, todo lo contrario, tomo elegantemente una de las servilletas de tela y comenzó a secarse la cara con la mayor tranquilidad.

— Creo que ya viste lo que yo quería mostrarte — comentó casualmente cómo si nada hubiera sucedido, cómo si Anna no lo observara con rencor, dispuesta a apuñalarlo con uno de los pequeños cuchillos para mantequilla.

— Tu hermana perdió la última batalla, es una pena, innumerables vidas se extinguieron aquel día, no sé que le ocurrió a la reina, supongo que su buena suerte se ha extinguido, no duró mucho, pero que se le va hacer… — señalo Florian sin emoción mientras tomaba una de las plumas del escritorio de Anna, y se sentaba nuevamente en la mesa con intención de completar el crucigrama del periódico.

— Supongo que viniste a mortificarme — dijo Anna quien por más que lo intentó no pudo evitar que su voz se ollera quebrada por las lagrimas.

— Me lo debías mi querida Anna, por tu culpa he tenido muchos problemas — respondió Florian sin pasión alguna, mientras descaradamente seguía llenando el crucigrama de la última página. La princesa, lo observo silenciosamente. La verdad, era que nunca había sentido nada cómo aquello, cómo si una ráfaga de adrenalina llegara a cada una de las células de su cuerpo y le hicieran querer herir a ese hombre, hacerle sentir un poco del sufrimiento que les había causado a ella, y a todos sus seres queridos.

— Realmente creo que te odio— afirmo Anna con voz carrasposa por la falta de uso, la chica pudo ver claramente como Florian fruncía su seño a pesar de seguir llenando el crucigrama, cómo si quisiere hacer ver que aquello no lo había afectado.

— Sí, supuse que aquello podía pasar — comentó Florian sarcásticamente — en todo caso, tu hermana perdió gran parte de terreno que había ganado, mi hermano fue a acompañar a las tropas, ellos ya lograron penetrar las montañas de Arandelle, es cuestión de tiempo antes de que lleguen a la capital. — continuó el príncipe.

— No lo harán — aseguró Anna con más convicción de la que en realidad sentía. Por lo que Florían le dedicó una ligera sonrisa.

— Cómo digas Anna — aceptó Florian condescendientemente. En aquel momento, la princesa perdió cualquier control de sus emociones, tomó firmemente el cuchillo sobre la mesa y trató de atacarlo. Sin embargo, el principe fue mucho más rápido, por lo que se levanto de la mesa y agarro fuertemente sus muñecas antes de que ella pudiera hacerle cualquier daño.

— ¿Realmente trataste de atacarme con un cuchillo de mesa? — preguntó Florian ridiculizándola por su fallido intento que tuvo mucha más emoción que astucia. Pero Anna no se dejaría humillar más, ya había tenido suficiente, por lo que mantuvo su mirada, mientras luchaba por soltarse del agarre del príncipe.

— Eso fue increíblemente estúpido — dijo Florian quien la empujó tan fuertemente que ella calló de espaldas — debería regresarte a tu antigua celda — agregó.

— Hazlo, no me importa — mintió Anna quien en realidad no quería volver a estar sola en aquella oscuridad.

— Anna… ¿Por qué es tan difícil lidiar contigo? — preguntó Florian quien parecía al borde de un ataque de nervios.

— Déjame en paz, déjame ir— gritó Anna a su vez, quien se encontraba completamente furiosa.

— ¡Ya es muy tarde! — gritó Florian. Anna se quedó estupefacta, nunca había visto al príncipe perder el control de aquella manera — ¿no crees que lo he pensado? Pero ya es muy tarde para arrepentirse, la victoria está muy cerca, no la dejaré ir — aseguró.

— Te estás volviendo loco— dijo Anna mientras se ponía de pie con dificultad.

— Nos casamos en dos semanas, cuando Dominic regrese de Arandelle, y esa es mi última palabra — afirmó Florían entre dientes mientras sostenía el antebrazo de Anna fuertemente. Finalmente, el príncipe la dejó ir y salió dando un fuerte golpe tras de sí.

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Kristoff se hallaba lejos de ser un militar, a decir verdad, ese era un camino que muchos seguían para salir de la pobreza, pero él no hubiera podido hacerlo ni aunque hubiera querido. Él pertenecía a las montañas, su vida estaría donde se encontrara el hielo y el aire puro que tanto amaba, no encerrado en fuertes militares siguiendo órdenes en las que no creía y poniendo en juego su vida para defender la riqueza de nobles, que en la mayoría de los casos, despreciaba.

Sin embargo, esta circunstancia era muy diferente, Anna y Elsa no eran unas nobles cualquiera, es más, al montañés ni siquiera le importaba verdaderamente que lo fueran, ellas habían pasado a ser parte de su vida, eran su familia adoptiva. La reina era su amiga, y Anna la mujer a quien amaba, por lo que las circunstancias cambiaban. Lo que más deseaba Kristoff en aquel momento, era serles útil, pero Elsa se negaba completamente a aceptar cualquier ayuda de su parte.

Para nadie en el reino era un misterio que la reina estaba comenzando a perder su toque, él mismo que le había dado la ventaja durante los primeros días de la guerra, pero ahora, ella parecía volver a sufrir los mismos ataques de miedo del pasado. Muchos creían que Elsa había vuelto a perder el control de sus poderes, pero el recolector de hielo sabía la verdad, ella quería evitar que Anna sufriera las represarías cada vez que Arandelle resultaba ganador en una batalla.

Mientras el recolector de hielo caminaba por la arboleda, vio la sombra de un par de hombres uniformados. Lo anterior, llamó la atención de Kristoff, pues según sabía, en aquellos parajes no habían soldados del ejército de Arandelle, además, aquellos uniformes eran demasiado conocidos , más parecían ser los de Malengrad.

— Manos arriba — gritó uno de los hombres mientras apuntaba a Kristoff con su bayoneta preparada para disparar.

— Hey baja eso, ese es Kristoff, yo lo conozco, él trabaja en el castillo de Malengrad — dijo alegremente un tercer soldado que se les unió. Por su parte, el muchacho quedó estupefacto, pues todo se había esperado, menos que uno de esos sujetos supiere su nombre.

— ¿Arthur? — pregunto Kristoff al ver mejor el rostro del tercer guardia, a quien de inmediato reconoció, se trataba de uno de los vigilantes de la puerta del castillo de Malengrad, quien había partido a Arandelle unos cuantos días antes que el montañés.

— Vaya que coincidencia — comentó el muchacho mientras caminaba hacía él y le daba la mano — ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó.

— Oh nada especial, tan solo decidí seguir a las tropas, pensé que sería buena idea volver a ser leñador y venderles leña para el invierno — mintió Kristoff mientras apretaba la mano del muchacho.

— Eso parece peligroso — opinó Arthur — alguien podría confundirte con un espía o algo así. Mira lo que por poco pasa, si yo no hubiera intervenido, este par de idiotas te hubieran dado un tiro en la nuca — bromeo el muchacho mientras miraba resentido a sus dos compañeros.

— Creo que hubiera sido mejor idea quedarte como encargado de las caballerizas en Malengrad, esto puede ser peligroso— añadió. De repente Arthur sonrió de una manera algo pícara y se acercó a Kristoff — Ohh… no me digas, ya sé porque dejaste Malengrad, entonces los rumores eran ciertos la princesa Anna y tú …

— Arthur — lo interrumpió Kristoff — por favor, nadie debe saberlo — añadió el recolector de hielo quien no se apresuró a desmentirlo, ya que ganarse a aquel soldado podría ser la clave para encontrar el campamento enemigo.

— Sí claro, supongo que no eras la persona favorita de Florian— comentó Arthur.

— No, de eso no debes tener la menor duda— aceptó Kristoff quien está vez no se hallaba mintiendo.

— Ven con nosotros, trae tu carreta, toma un plato de sopa en nuestro campamento, es lo mínimo que puedo hacer por ti, varias veces cambiaste las herraduras de mi caballo sin siquiera cobrarme un centavo — dijo alegremente Arthur mientras palmeaba la espalda de Kristoff.

— Un plato de sopa suena muy bien — contestó Kristoff en tanto caminaba en compañía de los tres soldados.

Por una parte, el montañés no podía creer su buena suerte, pues si bien, no se hallaba caminado por aquella arboleda por casualidad, ya que había escuchado rumores de presencia de tropas de Malengrad, nunca pensó que realmente pudiera encontrar algo que valiera la pena. Sin embargo, conforme se adentraban en el bosque Kristoff se preocupó al ver lo cerca que estaban aquellos hombres de la capital de Arandelle, ya que tan sólo les tardaría un par de horas llegar a la capital.

Kristoff conservó su fachada amable una vez llegó al campamento, en donde no tardó en ser invitado a sentarse junto a una fogata con un grupo de soldados que entonaban canciones del ejercito y comían alegremente, cómo si no se encontraran en la mitad de una guerra y cerca de dar inicio al invierno. De repente, el muchacho distinguió a alguien entre la multitud. Todo en él era inconfundible, su porte elegante, su cabello negro y su adornado uniforme propio de un aristócrata militar, se trataba del príncipe Dominic, el hermano de Florian.

— ¿Y él que hace aquí? — preguntó Kristoff señalando a Dominic.

— Jugando al soldado supongo — dijo Arthur mientras se encogía de hombros — tu sabes cómo son los nobles, pasan un año en la academia militar, y con eso creen que son la gran cosa— opinó el muchacho mientras comía su sopa.

Ahora sí que tenía información valiosa, no solo había conseguido la ubicación exacta de aquel campamento, sino que además, también tenía en sus manos a una de las fichas más importantes en todo ese rompecabezas. Y fue en aquel momento, que una ambiciosa idea comenzó a formarse en la cabeza de Kristoff: le llevaría a Elsa el hermano de Florian, y con ello , el príncipe ya no podría chantajearla más, no era secreto cuanto quería el regente a su hermano menor, y con un movimiento como aquel, le daría al futuro rey una cucharada de su propia medicina.

Kristoff planeó cuidadosamente el golpe, lo llevaría a cabo durante la madrugada, cuando los soldados ya se encontraran lo suficientemente cansados o borrachos cómo para darse cuenta de lo que estaba haciendo, pero, para ello tendría que esperar despierto durante la noche al momento propicio.

Cuando finalmente la mayoría de los soldados se fueron a dormir, el recolector de hielo se encontró mirando las estrellas, recordando el momento en que cometió el error que había desencadenado los eventos del último año: él día en que decidió dejar Arandelle.

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Ven Kristoff, eres muy lento — gritó Anna mientras lo halaba al rededor de la Plaza de la capital de Arandelle.

No soy lento, tú eres demasiado rápida cómo para que yo pueda seguirte el ritmo — contestó Kristoff mientras dejaba salir una sonora carcajada.

Aquel día, tenía lugar un festival en la capital de Arandelle, y la plaza se encontraba completamente abarrotada de personas de todas las regiones del país, que habían venido a ofrecer su mercancía y atracciones ambulantes, por supuesto, en otra época Kristoff se hubiera negado a participar en aquel circo, probablemente, hubiera bajado al pueblo a vender su hielo, y sin pensarlo dos veces regresaría a la montaña para olvidarse de todo aquel sin sentido. Pero ahora las cosas eran muy diferentes, Anna tenía ese efecto en él, ella podía hacer que su mal humor desapareciera con su contagiosa sonrisa.

La jornada pasó sin el menor contratiempo. Los dos bailaron durante toda la tarde, comieron, e incluso Kristoff se vio obligado a quitarle a Anna una pinta de cerveza que amenazaba con hacerla más incoherente e impulsiva de lo que ya era.

Ven Kristoff— repitió nuevamente Anna por milésima vez aquella tarde, al tiempo que lo empujaba suavemente a la pista de baile en el centro de la plaza.

Kristoff no iba a mentir, toda aquella escena parecía mágica, mientras que él se deslizaba alrededor de la pista de baile con la princesa, la luz de los faroles de papel sobre sus cabezas y la compañía de las demás parejas que bailaban de manera circular lo llenarón de una felicidad que no había sentido desde hacía muchísimo tiempo, cuando su madre aún vivía. El recolector de hielo sujetó fuertemente la cintura de Anna, la cual parecía imposiblemente pequeña en comparación a sus toscas manos, y esto le recordó cuanto le molestaba esta diferencia, es más, desde que inició su noviazgo con Anna, una constante incomodidad lo rondaba, siempre solía creerse el extremo inadecuado en su relación, después de todo, él era un recolector de hielo, y ella era una princesa. Pero, en ese instante, nada importaba, la incomodidad desapareció y todo era claro y limpio entre los dos.

Sígueme— le indicó nuevamente Anna a Kristoff en un susurro, en tanto halaba su mano, pero en aquella ocasión, dijo esas palabras de una forma profunda y seria que le hizo preguntarse que tramaba la princesa.

El montañés siguió a Anna, en tanto sentía que sus manos comenzaban a traspirar por los nervios. Finalmente, la pareja llegó a las caballerizas en el extremo del castillo, y fue en aquel momento, en que Kristoff comprendió las verdaderas intenciones de la chica, pero no le importo, tan solo se limitó a tomar su cadera y acercarla a su cuerpo silenciosamente. La princesa lo beso lentamente al tiempo que tomaba el cuello de su camisa.

Nos meteremos en problemas si nos descubren, en especial tú— señaló Kristoff quien realmente no esperaba que aquello tuviera algún efecto en Anna. Pero, ella se detuvo y se separó tan abruptamente cómo se había acercado.

Tienes razón — suspiró Anna. Por su parte, Kristoff ya extrañaba el calor que la chica le había dado instantes antes, pero no podía insistir, no debía hacerlo, él no tenía ningún derecho.

¿Está lloviendo? — preguntó Anna mientras escuchaba atentamente a su alrededor.

Si— respondió sencillamente Kristoff en tanto oía las gotas golpear con la madera del establo.

Creo que lo mejor será que me vaya — dijo de repente Kristoff, quien fue dolorosamente consiente de que debía separarse de Anna antes de que sucediera algo más.

Kristoff no esperó a recibir una respuesta por parte de la chica, tan solo salió de aquel establo con la mirada baja y los hombros caídos, mientras que afuera aún llovía. Lentamente, el montañés se acercó a la plaza en tanto sentía el agua escurrirle a través de su pesada ropa de lana, por lo que decidió sentarse en un callejón junto a un par de barriles a esperar que la lluvia cesara, de repente, dos extraños llegaron al lugar, pero a diferencia suya, ellos se quedaron en la entrada, por lo que no podían verlo.

Es increíble, ¿no lo crees? — preguntó uno de los extraños — todo un espectáculo — opinó.

¿Te refieres a la princesa Anna? — preguntó el otro sujeto en tono casual.

Sí, a ella, ¿a quien más habría de referirme? — dijo el primero— en todos mis años como funcionario del parlamento no había visto algo cómo esto— comentó.

Que más da, no sería la primera noble que tiene un romance, en todas las casas reales lo hacen — intervino el segundo hombre.

Lo sé, pero ¿por qué tiene que ser tan poco prudente? Podría tratar de tener algo más de discreción — opinó nuevamente el primero.

A mi lo que me preocupa es que ella se lo esté tomando en serio, no es un secreto que será la princesa quien tenga la obligación de preservar el linaje real, y no creo que los demás nobles estén contentos de aceptar al hijo de un recolector de hielo como futuro rey, aún más cuando este heredero podría pertenecer a alguna familia noble — dijo el segundo hombre en un tono pensativo.

Buen punto, la reina y la princesa olvidan que dependen de las fortunas de los nobles para sobrevivir, después de todo, ellos pagan sus impuestos — comentó el primero.

Kristoff tan solo escuchó esto en silencio, pues era dolorosamente claro que se encontraban hablando sobre su relación con Anna. En principio, el muchacho había esperado encontrar comentarios llenos de mojigatería, y clasismo, en los que se pusiera de presente la hipocresía de su tiempo, pero, en cambio, encontró una amenaza mucho más tangible: la posibilidad de que los nobles de Arandelle retiraran su apoyo a las hermanas. Después de todo, Elsa era muy impopular, su gobierno no había sido más que un fracaso, y si perdía la ayuda económica de la nobleza todo se vendría abajo.

Y fue en aquel preciso momento en que el muchacho contempló la posibilidad de dejar Arandelle. Era irónico, pero ni todas las miradas despectivas ni la incomodidad de estar cerca de Anna habían logrado que Kristoff tomara tal determinación, lo único que lo condujo a tal decisión fue una amenaza real, la posibilidad de que algo verdaderamente grande fuera afectado por su relación, posiblemente, aquello solo era manifestación del carácter práctico del recolector, el mismo que se había obligado a asumir tras todos sus años de supervivencia en la montaña.

No podía continuar, no debía mantener aquella farsa, no solo estaba haciendo el ridículo al tratar de acaparar a Anna junto a él, sino que además la perjudicaba. Por lo que en aquel callejón, tomo la determinación de dejar Arandelle, y no volver.

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Con su mente nuevamente en el presente, Kristoff regresó a la realidad, miró a su alrededor, al oscuro y silencioso campamento y encontró a los soldados que dormían profundamente, por lo que se levantó con el fin de acercarse lentamente hacía la tienda de Dominic.

Kristoff se inclinó y caminó rápidamente hacía el bosque que rodeaba las tiendas. Los guardias de la entrada no serían difíciles de evadir, pero sí sería complicado mover a Dominic hasta su trineo sin que nadie los viera. En un golpe de adrenalina, Kristoff llevó a Sven hacía un claro en el bosque, y después se escabulló por la parte trasera de la tienda, armado con una poderosa hacha, adentro, encontró al príncipe trabajando en su escritorio mientras examinaba una serie de mapas tan solo iluminado por la luz de una pálida vela.

— ¿Qué es lo que sucede? ¡Guardias! — trató de gritar Dominic al ver al gigantesco montañés en su habitación, pero él lo golpeó fuertemente contra el suelo impidiéndole continuar con su discurso.

— Se va a quedar callado su alteza— gruñó Kirstoff mientras acercaba lo más posible el hacha al cuello de Dominic.

— ¿Quién es usted? — preguntó el príncipe en un susurro.

— Eso no importa — respondió Kristoff tras lo que le dio un fuerte golpe con el cabo de su hacha, en la parte de atrás de su nuca. Justo cómo lo había esperado, Dominic quedó completamente inconsciente por lo que al recolector de hielo le fue más fácil desplazarlo al trineo en donde rápidamente lo cubrió con una serie de costales que tenía en la parte trasera.

El recolector de hielo no supo a ciencia cierta qué fue lo pasó, solo entendió que debía salir de allí lo más rápido posible, antes de que se diera la voz de alarma. Kristoff atravesó el paisaje azul del bosque en la madrugada , en tanto sentía el aire invernal golpearle el rostro. Finalmente, no pasaron más que un par de horas antes de que el muchacho estuviera nuevamente frente a las entradas amuralladas del castillo de Arandelle.

Kristoff llegó por la puerta trasera de la fortaleza, y agarro firmemente su preciada carga, llevándola a través de los pasillos de castillo hasta llegar al despacho de Elsa, en donde un guardia lo detuvo en la entrada.

— La reina está a la mitad de un concejo de guerra, no puede atenderlo— dijo el arrogante soldado.

— ¡Hazte a un lado! — Gritó Kristoff — tengo algo muy importante que mostrarle a la reina — repitió.

— No puedo, ella dio órdenes expresas de no ser interrumpida — contestó el soldado.

— He dicho que te hagas a un lado — gritó nuevamente el recolector de hielo.

— Kristoff, ¿Qué está pasando acá? — dijo de repente la reina, acompañada de Petra, quien había dejado su despacho al escuchar todo aquel ruido en los pasillos.

— Elsa, tengo algo muy importante para ti — dijo el muchacho mientras daba un paso hacia adelante.

— ¿De qué se trata? — preguntó Elsa verdaderamente intrigada, por lo que el rostro de Kristoff se iluminó de repente.

— De esto — respondió el muchacho mientras dejaba caer pesadamente el cuerpo del príncipe en el suelo. El costal en el que lo llevaba escondido se movió para abajo descubriendo su rostro. Kristoff escuchó claramente el suspiro en todos los presentes, pero nadie quedó más impactado y emocionado que Elsa.

— Oh Kristoff… — suspiró la reina mientras se cubría su boca con sus manos, en ese momento, el montañés vio las rodillas de Elsa temblar, y ella calló al piso en una serie de sollozos.

— Oh Kristoff, gracias, gracias — dijo la chica sin despegar su mirada del prisionero.

— Petra— comenzó nuevamente Elsa mientras se ponía de pie con ayuda de Kristoff quien tendió la mano en su dirección — prepara papel y sobre, tenemos una carta que enviar a Malengrad— dijo imponentemente la reina mientras caminaba entre sus guardias y ministros.

— Hasta ahora Florian de Malengrad me tuvo en la palma de su mano, pero las cosas han cambiado, él ya no tendrá manera de chantajearme, ¡La victoria será de Arandelle!— alentó la reina en voz alta, de una forma que inspiró hasta al mismísimo Kristoff.

— ¡Larga vida a la reina! — exclamó alguien, y rápidamente fue seguido por otras voces que repetían ese mismo coro: — Larga vida a la reina.

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En las celdas del castillo de Malengrad, Anna se hallaba dispuesta para prepararse para la noche, leyó un poco, miró por la ventana de la segunda planta, hasta que finalmente decidió que era muy tarde, y que estaba cansada. Sin embargo, antes de que Anna pudiera cambiarse el brusco sonido de la puerta llamó su atención.

— Esto es tu culpa— gruño Florian quien se veía completamente descompuesto y furioso. Sin el menor aviso, el príncipe se abalanzó sobre ella, tirándola a la cama, y por segunda vez, Anna sintió sus manos cerrándose alrededor de su cuello. ¿Qué estaba sucediendo?, ¿Qué había hecho para que él quisiera matarla?.

De repente, Anna decidió mover las manos hacía la cara de Florian y rasguñarlo con todas sus fuerzas, el príncipe apenas si reaccionó por el dolor, pero aquel ligero movimiento fue más que suficiente para que Anna encontrara un apertura y lograra sacar el cuchillo de caza que el príncipe llevaba al lado de sus botas.

— ¡Devuélveme eso! — Gritó Florian mientras que Anna apuntaba firmemente con el cuchillo.

— Niña estúpida, ya intentaste hacer algo cómo eso, sabes que es inútil — dijo el príncipe con el mayor de los resentimientos.

— Acércate un paso más, y te voy a enseñar que tan inútil puede ser este cuchillo — lo retó Anna hablando entre sus dientes . La princesa se levantó de la cama y se acercó muy lentamente hacía la puerta sin que Florian despegara su mirada de ella. En un acto completamente impredecible, el príncipe se abalanzó hacia ella, por lo que Anna blandió el cuchillo como parte de uno de sus instintos de supervivencia más básicos.

— Ahhh— gritó Florian con todas sus fuerzas al sentir el escozor en la mejilla, Anna lo había cortado fuertemente.

Rápidamente, y en un acto de mero instinto, Florian se hizo a un lado y se llevó las manos al rostro, mientras que Anna aprovechaba el espacio libre. En una fracción de segundo, la princesa tomó una rápida decisión y salió por la puerta que se hallaba abierta de par en par. Ella sabía que su buena suerte no sería eterna, que en algún momento, mientras atravesaba rápidamente los oscuros pasillos, encontraría algún guardia, pero era casi media noche, y nadie esperaba que Florian se encontrara con ella en su celda, por lo que los calabozos se hallaban prácticamente desiertos.

De repente, el sonido de voces alertó a Anna, se trataba del murmullo de una pequeña cuadrilla de soldados, probablemente, Florian ya había dado la voz de alerta, por lo que la princesa tenía contados sus instantes de libertad. La chica aminoró el paso, y buscó a su alrededor una manera de salir de allí. Y fue en aquel momento, en el que recordó cómo dejó el castillo de Arandelle hace meses, en aquella ocasión ella logro escabullirse por uno de los desagües, y si tenía suerte lograría repetir aquello.

Después de algunos minutos de rondar por el laberinto gigante, que eran los calabozos del castillo de Malengrad, y de evitar a los centinelas a su paso, Anna finalmente encontró un desagüe lo suficientemente grande y con una tapa protectora débil que fácilmente se abriría con ayuda de una piedra.

Anna forzó hábilmente la reja que cubría la alcantarilla con ayuda del cuchillo que le había quitado instantes antes a Florian. Por un breve instante, la chica tuvo que tomar una fuerte bocanada de aire y darse valor a sí misma, ya que lo que se hallaba a punto de hacer, era de lejos lo más peligroso que hubiera intentado en su vida. No tenía ni la menor idea de lo que podría encontrar al otro lado de ese desagüe, pero, a final de cuentas, todo era mejor que permanecer allí, a la merced de los cambios de humor del príncipe regente, quien podía ser la persona más sensata del mundo, y en un par de segundos convertirse en ese animal que había tratado de matarla sin explicación alguna.

Con este pensamiento en mente, Anna salto al desagüe, y se dio cuenta de que no era tan profundo cómo parecía. La princesa caminó por horas por las canales del palacio, convencida de que sería cuestión de tiempo antes de que alguien la encontrara rondando. Después de todo, ella había dejado demasiados cabos sueltos, no sería difícil seguirle el paso.

Finalmente, Anna encontró una pequeña fuente de luz al final del camino, por lo que esperanzada, se lanzó en su dirección. Desafortunadamente, su única salida de aquel lugar era una diminuta ventana que estaba cubierta por una pesada reja de metal. La princesa volvió a violar el cerrojo, y luego, salió con mucho cuidado, salió por el pequeño agujero, hasta que llegó a lo que parecía ser una caverna. Por un momento, Anna pensó que se encontraría con los guardias de Florian en la entrada, pero no había nadie.

Anna atravesó por la corta caverna hasta que logró salir a la luz del día, en los terrenos del bosque junto al castillo. La princesa caminó lentamente mientras observaba los alrededores esperando que en cualquier momento saliera da la nada uno de los soldados de Florian, pero nada pasó, es más, la chica caminó por horas y no encontró a nadie.

Mientras caminaba, ella no podía dejar de preguntarse si aquel improvisado escape había sido buena idea, después de todo, no sabía donde estaba, y tampoco se encontraba vestida para afrontar una noche de invierno a la intemperie — pero si te hubieras quedado, él te hubiera matado— le dijo una voz en su cabeza.

A pesar de su preocupación Anna siguió caminando sin detenerse, debía recorrer la mayor cantidad de terreno posible mientras hubiera luz diurna, esa era su única oportunidad de sobrevivir, y si la fortuna la acompañaba, encontraría una granja o algo parecido para pasar la noche. Desafortunadamente, la chica no tuvo suerte, y no encontró nada más que arboles. Para empeorar las cosas, el sol comenzó a descender, y con él, la temperatura, mientras que ella sentía a cada momento las consecuencias de no haber probado bocado desde la noche anterior.

Sin embargo, Anna realmente se comenzó a preocupar cuando intentó reunir leña para montar una pequeña fogata, y se dio cuenta de que sería casi imposible hallar madera que estuviera completamente seca, y fue en ese momento que una extraña desesperación comenzó a apoderarse de ella, al recordar que a pesar de todas las lecciones de Kristoff de cómo sobrevivir en el bosque, le sería imposible hacerlo sin ninguna provisión y un adecuado abrigo sobre sus hombros.

No puedo darme por vencida, no ahora que he llegado tan lejos — se repitió la chica, mientras su memoria la llevaba a la noche en que conoció a Kristoff, aquella ocasión no había sido muy diferente a esta, pues también se encontraba en una montaña en la mitad de la nada, con un vestido inapropiado para las duras condiciones, recordó la princesa mientras sonreía al pensar en tiempos en que todo parecía ser más sencillo. Paso tras paso en medio de la oscuridad, Anna sentía sus pies cada vez más pesados, mientras que su visión se hacía borrosa, de repente, y sin que Anna pudiera preverlo, sus rodillas se quebraron y calló al suelo sin la menor resistencia.

Por un breve espacio de tiempo, Anna se planteó la posibilidad de levantarse, pero tras unos instantes, la chica se dio cuenta de que sus miembros no responderían a ninguna de las ordenes que ella se empeñara en darles. Posiblemente, aquello era lo mejor, finalmente estaría en paz, finalmente dejaría de luchar y se acabaría toda aquella pesadilla en la que ella misma se había metido al escapar del castillo de Arandelle. Al parecer, las hirientes palabras de Elsa eran ciertas y ella no era más que una niña idiota que no sobreviviría en el mundo real por más que un par de meses.

Sí, definitivamente, aquello era lo mejor…

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— ¿ Va a estar bien?.

— Sí, su majestad, ya regulamos la temperatura, despertará en cualquier momento.

— Perfecto, puede retirarse.

— Si despierta, no dude en llamarme

— Lo haré.

Anna escuchó un par de voces, y para ella no fue difícil saber a quien pertenecían, y se dio cuenta de que realmente no quería despertar, no le interesaba hacerlo, tan solo para verse de vuelta en su prisión, y mucho menos, darse cuenta de que había fallado en su intento de escape.

— Anna— la llamó Florian — ya sé que estas despierta, no tienes porque seguir fingiendo — concluyó. Al verse atrapada, la chica abrió los ojos muy lentamente.

— No puedes engañarme, ya lo hiciste una vez pero no te dare la oportunidad de hacerlo en una segunda ocasión — dijo el príncipe arrogantemente.

— No me interesaba hacerlo — contestó la chica abriendo los ojos lentamente y encontrandose en la habitación que Florian le dio cuando llegó por primera vez al castillo — solo quería dormir un poco más, todo menos que tener que volver a la realidad — continuó mientras que se sentaba en la cama, con la espalda recostada en la cabecera. Anna miró brevemente a su alrededor y se dio cuenta de que se hallaba en la misma celda de la que había escapado.

— No te levantes, aún estás muy débil — intervino Florian quien se re acomodo en la silla al lado de la cama, lo suficiente, como para que Anna lograra ver el omnipresente vaso en la mano del príncipe.

— ¿Por cuánto tiempo he estado inconsciente? — preguntó Anna sin emoción.

— Solo un par de horas — respondió mientras tomaba un sorbo de su trago — mis guardias te encontraron en la madrugada, por un momento pensé que morirías de hipotermia— comentó.

— Solo hay algo que me intriga: ¿cómo es posible que una niña como tú halla sido capaz de caminar a tal distancia? Personalmente, es algo que me inquieta, eres muy fuerte, tengo que admitirlo — dijo mientras se frotaba el lado derecho de su cara el cual se veía amoratado y mal herido por el daño que había causado un par de noches atrás.

— Olvidas que fui mucama, yo trabajaba desde la siete de la mañana hasta las once, y subía los 74 escalones de la casa de la señora Claude una y otra vez. Tu no sabes lo que es trabajo duro, yo sí — respondió Anna resentida.

— Oh gracias, lo recordaré la próxima vez que me sienta moderadamente interesado en las labores de una mucama — respondió Florian sarcástico.

— Ese es precisamente tu problema, eres un miserable arrogante, te crees mejor que todos, pero los dos sabemos que no eres la gran cosa, en realidad, tú tan solo eres un alc…

— Ni siquiera te atrevas a ir ahí princesa, ni siquiera te atrevas — murmuro entre dientes Florian quien se había levantado de su silla y ahora la sostenía por los hombros de manera tal, que ella sabía perfectamente que aquello causaría marca. Anna mantuvo la mirada penetrante del regente pues no quería que él supiera que tan asustada se encontraba. De repente, la mirada del príncipe se tornó cansada y su agarre disminuyó.

— No sé que hacer contigo, realmente no tengo la menor idea de que hacer contigo — se quejó Florian mientras se dirigía lentamente a la ventana negando con la cabeza y dándole la espalda a Anna.

— ¿Por qué trataste de matarme ayer? — preguntó fríamente Anna sin dejar de mirar la espalda de Florian cómo si con ello pudiera adivinar sus pensamientos. Al escuchar lo anterior, el príncipe tomo una profunda bocanada de aire, pero no parecía dispuesto a responder.

— Florian — insistió Anna quien quería saber la verdadera razón de una vez por todas.

— Hace un par de días tu hermana capturó a Dominic, ahora él es prisionero de guerra — contestó Florian sin emoción alguna, Anna, en cambio, se quedó atónita, en tanto cubría su boca con sus manos, no podía creerlo, eso sí que había cambiado las reglas del juego.

— ¿Qué va a pasar conmigo? — preguntó Anna genuinamente intrigada y con la voz quebrada mientras las lagrimas se formaban en los ojos.

— No pienso matarte, ni torturarte— se apresuró a responder Florian — si ella no lo hace con mi hermano— agregó amargamente.

— Un momento… — murmuró Florian intrigado mientras que se acercaba más y más a la ventana. El regente apoyó ambas manos en el cristal, y rápidamente, se dio vuelta y agarro firmemente a Anna del codo obligándola a ponerse de pie.

— Dime que ves— gritó el príncipe prácticamente lanzándola contra la ventana. Por su parte, Anna se compuso lo mejor que pudo, y miró a través del cristal.

— Dime que ves, ¡Maldita sea! — gritó Florian completamente fuera de sí.

— N- n-nieve — tartamudeó Anna quien genuinamente estaba aterrada por el comportamiento del regente.

— ¡Nieve! — Gritó nuevamente el príncipe, mientras que Anna seguía inspeccionando la ventana — aún no es época de nevadas, tu hermana tiene que ver con esto, lo sé, esa bruja es la culpable — siguió gritando en tanto la menor de las hermanas trataba de acercarse más y más a la pared, cómo si tratara de fundirse con ella.

— ¡No me lastimes! — gritó Anna genuinamente aterrada. Y con ellas palabras el temperamento de Florian pareció calmarse instantáneamente.

— No… Yo no — balbuceo el príncipe — No Anna, lo lamento yo no quería… tan solo fue un grito, no es mi intención hacerte daño — dijo el príncipe quien se frotó las sienes y levantó su mirada hacia ella nuevamente.

— Creo que estoy perdiendo la cordura — afirmó Florian antes de salir y cerrar con un fuerte golpe dejando a Anna mientras esta trataba de recuperar el aliento.


hola a todos, !feliz 2015¡, lectores. Personalmente, odio las fiestas, me pongo de pésimo humor en esas fechas, y cuando les digo pésimo es muy malo, así que estoy muy contenta de estar de vuelta (aunque no muy contenta de que se me acaben las vacaciones ) como se imaginaran no he tenido mucho tiempo, la verdad es que el día en que publiqué el último capitulo de este fic me llamaron a ofrecerme un nuevo empleo, cómo se imaginaran los meses siguientes fueron la locura. Volví a escribir hace unos meses, solo porque dos de las series en las que tenía fics se iban a acabar, así que quería escribir algo para cerrar mi participación en aquellos fandoms, en uno de ellos alcancé a hacerlo, en el otro no pude, fisicamente no tuve tiempo, pero ahora que ya acabé con eso, estoy feliz de estar de vuelta, como se imaginaran, escribir uno de estos capítulos me toma MUCHO, mucho tiempo, pero fue difícil dejar este fic para trabajar en otros, porque, no sé a ustedes, pero cuando yo me obsesiono con algo, no hay forma de sacármelo de la cabeza, y esto me pasaba con este fic, escribía los otros, pero mi cabeza estaba en este, en esta historia, ya hasta me preocupaba un poco que mi protagonista en otros fics se portara demasiado como Anna y que quedara un poco OC, pero nadie se quejó en ese respecto, así que supongo que no fue problema.

Sobre este capitulo… nada, realmente tengo que reconocer que algo que me ayudó a terminarlo fue el hecho de que en las últimas semanas leí el libro de Margaret Powell "en el piso de abajo" , es un libro de no ficción, y si están interesados esta en Itunes y no es caro solo 8 dólares, se trata de la vida de una mucama de principios de siglo en una casa inglesa (al estilo Anna) ella cuenta lo dura que era su vida en esta época. En las referencias del libro decían que la serie británica "Downton Abbey", está basada en este libro, solo he visto los primeros episodios, pero debo admitir que hasta ahora pinta muy bien, un poco novelesca, pero en general, bien para pasar el rato, (aunque no se parece mucho al libro) pero me motivó para vencer el miedo a mi nueva compu y tratar de trabajar en ella de una vez por todas.

En fin, quiero agradecerles especialmente por los comentarios, no voy a responderlos porque me he demorado mucho en actualizar, me da es vergüenza, pero me encanta leerlos, en especial los de este fandom, porque en general son comentarios muy interesantes, en donde se nota que han leído verdaderamente lo que escribo y para mi eso significa mucho, me gusta las observaciones que hacen sobre los personajes y la historia en general me motivan mucho y me inspiran, así que no dueden en dejar el suyo, por favor, por hoy les pido que me perdonen por lo errores de edición que pueda tener, pero me ha costado algo de trabajo hacer la tansición del teclado de una PC a MAC, y mis archivos viejos tampoco han respondido muy bien. Nos leemos en la proxima, adiós.