El universo de Harry Potter, personajes, hechizos, cosas varias y todo lo que reconozcan, es de J.K. Rowling. Este fic está escrito por simple placer y morbo. Muchísimo morbo. Nada más y nada menos.
Título: No fue amortentia.
Beta: FanFiker-FanFinal.
Capítulos: ¿Fics cortos? ¿Eso existe? xDDD
Advertencias: Slash/Lemon/EWE/PWP. Ésta es una historia que narra relaciones homosexuales, malas palabras, un montón de sexo con poca coherencia, doble sentido y muchas cosas pervertidas que podrían crearte un profundo trauma si no eres adepto a ese tipo de lectura. Si no es de tu agrado y has entrado aquí por alguna clase de malicioso error, te pido amablemente que abandones cuanto antes esta historia. ¡Huye! Dicho está; sobre advertencia no hay engaño.
No fue amortentia
Por:
PukitChan
Capítulo 9
El veneno
No sabía por qué, pero estaba rodeado por una profunda e intimidante oscuridad.
Intentó no perder el control; desesperarse no le ayudaría a salir de donde fuera que estuviera parado. A tientas, Draco comenzó a caminar, intentando ignorar el nudo en el que se había convertido su estómago. No estaba perdido y, definitivamente, tampoco muerto. Solo tenía que buscar una salida para que esa incomodidad desapareciera. Había una manera. Siempre la había.
Alguien, probablemente detrás de él, rio con suavidad. Era una risa maliciosa y llena de burla, de aquellas que erizan la piel. Draco tensó su cuerpo, pero no volteó. Aunque lo hiciera, no tendría sentido alguno: la oscuridad era demasiado densa y no vería nada. Ni siquiera podía mirar sus propias manos, por Salazar. Lo único que podía hacer, era confiar en sus instintos, a pesar de que estos no siempre eran los mejores.
Camina, Draco, se obligó a decir en su mente, tienes que salir de aquí.
—¿Podrás? —preguntó la voz que anteriormente había estado riendo. Draco se paralizó; no sabía quién era el que le hablaba, pero ahora estaba caminando a su lado. Un terrible escalofrío le erizó los vellos de la nunca, aturdiéndolo porque, aunque miraba de soslayo, no veía nada—. ¿Realmente crees que eres capaz de escapar de tu propia oscuridad?
Su labio inferior tembló. Le ordenó desesperadamente a sus pies el seguir caminando, pero al parecer su cuerpo había decidido ignorarlo. La risa se acrecentó, volviéndose espeluznante. Draco cerró los ojos, confiando que al abrirlos despertaría en otro lado, que aquello no era más que una simple pesadilla. Eso era posible, ¿no? Quizá solo estaba dormido y en cualquier momento su madre, su padre, o hasta un elfo podrían despertarlo. Tiempo era todo lo que necesitaban. Seguramente pronto amanecería.
—Pero, Draco, ¿acaso no lo recuerdas? —cuestionó la voz, con un falso timbre de inocencia—. Tú fuiste el que decidió quedarse aquí. Si te encerraste, ¿cómo esperas que otros puedan encontrarte?
—Yo no haría esto —respondió, demasiado aterrado y cansado para ignorar más tiempo a la voz. Un sueño, no era nada más que eso. Y en los sueños, todo era posible, incluso darle un sonido a la nada—. Yo jamás me encerraría en un lugar así.
—De verdad disfrutas cegándote.—La voz se volvió divertida—. Está bien, guardemos silencio y escucha con atención. Te darás cuenta de que esto es real.
Durante un momento, todo se volvió silencioso. Draco pensó que por fin esa pesadilla estaba por concluir, pero, entonces, un murmullo lejano se escuchó: alguien hablaba. Una persona que Malfoy sí conocía. Apretó sus ojos, intentando concentrarse; era una voz masculina, aunque se escuchaba desesperada. La última vez que había conversado con esa persona no parecía ser untiempo muy distante. Él era…
—Roger —dijo al fin. Sí, era él, no tenía ninguna duda. Se trataba del sanador que había estado cuidándolo, cuando Draco decidió que Potter debía dejar de hacerlo. Pero ¿por qué Roger Davies hablaba en su sueño?
—Porque no es un sueño.
«¡Necesitamos trasladarlo a San Mungo! ¡AHORA!»
Los gritos de Roger invadieron la oscuridad. Su mundo comenzó a distorsionarse cuando un fuerte temblor surgió de la nada. Vanamente, Draco intentó mantener su equilibro. La oscuridad pronto se transformó en una distorsión grotesca de colores que parecían llenar de dolor su piel. Comenzó a sudar mientras sus manos se aferraban al suelo liso, buscando algo que lo sostuviera; deseando tener a alguien que lo protegiera.
«¡Fue un ataque repentino!»
«¡Alison, llévalo a la cuarta planta! ¡Ian, contacta a Potter! ¡No importa dónde esté! ¡TRÁELO AQUÍ!»
«¡Muévanse, maldita sea!¡Es una urgencia!»
Draco se apretó con un brazo el estómago mientras con la otra mano se cubría la boca. Iba a vomitar. ¿Por qué tenía esa sensación? ¿Por qué todo a su alrededor parecía desmoronarse?
Más risas de la voz.
—Porque así fue como decidiste escapar.
Ж
Adam miró a su alrededor. Parecía entusiasmado. En cierta manera, era como un niño: todo a su alrededor le impresionaba y llamaba su atención. A veces se acercaba a él para preguntarle qué era tal cosa, y Harry siempre le contestaba con una amable sonrisa que no llegaba a iluminar sus ojos.
Ya habían pasado dos semanas desde la tarde en la que descubrió que Draco fue el mortífago que torturó a Adam. Harry realmente se sentía enfadado y estúpido; durante mucho tiempo él le aseguró a Luna que, en cuanto descubriera quién había sido el mortífago que había cometido tal atrocidad, lo mandaría a lo más profundo de Azkaban. Pero, cuando por fin tuvo la verdad entre sus manos, Harry no pudo hacer nada. Con los ojos abiertos, con Adam llorando entre sus brazos, solo fue capaz de ver la manera en la que Draco retrocedía asustado hasta desaparecer. Nadie intentó detenerlo, y muy en el fondo, Harry agradecía que así hubiera sido.
Porque no estaba preparado para enfrentarlo.
Adam parecía haber olvidado aquel fatídico encuentro y Harry convenció a Luna de que ambos podían salir a pasear a lugar tranquilos. Adam se ponía muy nervioso en las multitudes, pero parecía amar los parques. Y aunque Harry se alegraba de su progreso, no podía evitar pensar en todo lo que había ocurrido: desde entonces, Draco había desaparecido del mapa. No regresó a San Mungo o a la fundación Spem y, por supuesto, no intentó contactarlo.
En el transcurso de esos días, la poción para sanar el brazo de Draco quedó lista. Harry intentó contactarlo a través de una lechuza, pero esta regresó con la carta sin abrir. Los elfos de la mansión habían recibido estrictas órdenes de no dejar pasar a nadie que no estuviera autorizado. Harry Potter, por supuesto, no se encontraba en esa exclusiva lista.
Pero Roger Davies sí.
Y tal vez Harry tuviera un conflicto emocional por la terrible relación entre Draco y Adam, pero jamás permitiría que un paciente suyo sufriera, sobre todo si estaba ensus manos el evitarlo. Decidió darle la poción a Roger y esperar que todo resultara adecuadamente. Cuando Roger se dirigió a la mansión Malfoy, Harry suplicó para que Draco no se comportara como un idiota orgulloso y, en cambio, aceptara sanar su brazo. Afortunadamente así fue. Roger regresó con una sonrisa en los labios, asegurándole que la pócima había resultado ser un éxito. Incluso le recomendó el patentarla. «Otra Orden de Merlínno luciría mal en tu oficina, Harry».
No obstante, pese al evidente entusiasmo de Roger, Harry no podía dejar de preocuparse. ¿Cómo había quedado la Marca Tenebrosa? ¿Su piel se repondría? ¿No había quedado ningún tipo de secuela? Si bien sabía que Roger era un sanador experimentado y capaz, Harryaún mantenía muchas de sus dudas. Debía comprobarlo con sus propios ojos. Necesitaba ver a Draco.
—Si sigues haciendo esa expresión en tu rostro, pensaré que internamos en Spem a la persona equivocada.
Harry se sobresaltó al darse cuenta de que alguien se dirigía a él. Miró hacia el frente, buscando rápidamente a Adam. Al ver que continuaba entretenido mirando los peces del estanque, se relajó y volteó hacia atrás. No se sorprendió cuando encontró a Rolf Scamander intercalando su tranquila mirada entre Adam y él. No sonreía, pero parecía preocupado por algo.
—¿Va todo bien?—preguntó Potter, sin poder evitarlo. Rolf no solía ser alguien que perdiera la calma. De hecho, lo consideraba una de las personas más pacientes que había conocido en su vida.
—Podría hacerte la misma pregunta —dijo, parándose a su lado, porque Harry estaba sentado sobre una de las mesas del parque—. No creo que debas cuidar a Adam en este estado…
—¡Estoy bien! —exclamó de inmediato. Rolf esbozó una sonrisa sin alegría mientras le entregaba a Harry una pequeña caja llena de emparedados que tenía entre sus manos.
—No lo estás —aseveró, extendiéndole la caja y haciendo un movimiento para llamar la atención de Adam, quien de inmediato se acercó—. envía Luna.
—No voy a matar de hambre a Adam, ¿sabes?
—No es por él —replicó Rolf, asintiendo cuando Adam le preguntó sin palabras si podía tomar un emparedado. Todavía no podía hablar demasiado, pero sabías inmediatamente cuándo te agradecía por algo—. Tú también estás preocupado por Harry, ¿verdad, Adam?
El aludido dejó de comer y sus bonitos ojos avellana pusieron nervioso a Potter. No estaba acostumbrado a una mirada así de parte de Adam. Lo hacía sentir como un niño pequeño que había cometido una travesura y hacía todo lo posible por esconderlo.
—Quizá debamos regresar pronto a Spem —murmuró Harry lo más rápido que pudo, porque se dio cuenta de que Adam estaba por decir algo; lo último que necesitaba era el regaño de alguien a quien, se suponía, debía cuidar—. Hemos… estado afuera por demasiado tiempo.
—Solo han sido un par de horas —aclaró Rolf. Potter por fin se decidió tomar un emparedado. Adam, por su parte, había tomado el segundo y ahora comenzaba a caminar alrededor—. ¿No importa que pases tanto tiempo fuera de San Mungo?
—Todas mis citas han sido programadas para el transcurso de la noche —explicó, encogiéndose de hombros—. Si algo grave ocurriera, mis asistentes, Allison e Ian, saben dónde estoy. Además…
—¿Además…?
Harry no continuó. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se sintió tan inseguro; por supuesto, solo Draco podía torcer de esa manera su mundo, trayendo sus viejos temores consigo. Al mirar hacia el frente, suspiró pesadamente, sabiendo que si existía alguien en quien podía confiar y depositar sus dudas, ese, sin duda alguna, era Rolf Scamander.
—A veces… siento que no puedo hacer nada por Draco ni por Adam.
Rolf entrecerró sus ojos, intentando recordar sin éxito alguna ocasión en la que hubiera visto a Harry tan vulnerable. Al final, amablemente, colocó una mano sobre su hombro y negó.
—Tal vez lo único que tienes que hacer es estar a su lado, acompañándolos. Y también, en ciertos momentos, saber esperar. Hacerles entender que aunque se vayan, tú siempre estarás ahí para darles la bienvenida. —El fuerte y atractivo rostro de Rolf se suavizó al pronunciar en voz baja—: Todos necesitamos saber que tenemos un lugar al cual regresar.
Antes de que Harry pudiera responder, una pequeña lechuza revoloteó por el lugar, acercándose a ellos y llamando la atención de algunos muggles que también disfrutaban del lugar. Al tomar la carta y leerla, Rolf frunció el ceño de tal manera que Harry supo de inmediato que algo malo estaba ocurriendo. Scamander resopló y cuando sus ojos se encontraron con los verdes, su voz fue demasiado firme y seria para su gusto.
—Ve a San Mungo, Harry. Te necesitan. Yo llevaré a Adam a Spem.
No mentía. El sanador lo supo por la manera en la que su mirada le quitó el aliento. De inmediato, y tras mirar a Adam para grabar su imagen por última vez, Harry comenzó a caminar rápidamente hacia una zona donde le fuera posible aparecerse sin llamar la atención de alguien. Al conseguirlo, Potter cerró sus ojos, intentando ignorar la fuerte palpitación en su pecho que le produjo el haber recibido esa orden. ¿Por qué fue Rolf quien se la había dado? ¿Por qué no alguno de sus asistentes? ¿Acaso algo demasiado grave había ocurrido? ¿Alguien cercano a él?
Agitó su cabeza, intentando despejar esas ideas. Parado ahí no resolvería nada. Se concentró en llegar a San Mungo, sintiendo de inmediato un terrible dolor en su estómago cuando su magia logró trasladarlo. Unos segundos bastaron para que Harry se encontrara con elajetreo habitual del hospital. Sin embargo, todo a su alrededor se desvaneció cuando, entre el tumulto de personas que iban y venían, notó a un pálido Ian acercándose. No hubo palabras de su parte; simplemente, el muchacho se mordió su labio al guiar a Harry por el laberinto de pasillos y escaleras que conformaban el hospital. Sin detener su veloz caminata, Potter preguntó:
—¿Qué sucedió? ¿Fue alguno de nuestros pacientes?
—No tenemos idea de cómo ocurrió, Harry —respondió Ian, sin mirarlo. El sanador pronto descubrió que en realidad estaba evitando encontrarse con sus ojos—. Allison intentó aplicar el método de intervención rápida que nos enseñaste, pero…
No es un caso cualquiera, pensó Harry al llegar a la cuarta planta. No obstante, el pasillo estaba tan tranquilo que llegó a preguntarse si realmente había ocurrido algo grave. Ian se detuvo frente a una puerta, pero antes de permitir que Harry entrara a la habitación, suspiró profundamente y lo miró con esos ojos asombrosamente compasivos. A Harry siempre le había agradado la humanidad de Ian… hasta ese momento, cuando por primera vez sintió lo que significaba que fuera dirigida a él.
«Todo mejorará»parecía decirle. «Te prometo que este no es el fin.»
—Es importante que mantengas el control —dijo su asistente—. Recuerda que…
—Ian —interrumpió, impacientándose. El muchacho tensó su cuerpo, pero asintió y le cedió el paso, aunque no parecía muy convencido de esa decisión.
Harry enseguida comprendió el porqué de sus dudas.
—Draco… —murmuró.
Durante un momento, Potter no entendió qué ocurría frente a sus ojos. Malfoy estaba recostado en una cama, rodeado de aparatos mágicos que lo mantenían estable. A su lado, de pie y revisando la deformada Marca Tenebrosa, Allison entrecerraba los ojos y hacia unas rápidas notas. Apenas lo miró y, quizá amablemente, ella decidió ignorar la expresión pasmada que dibujó el rostro de Harry.
¿De verdad era Draco? Él no tenía motivos para estar ahí. Seguramente solo estaba descansando, ¿verdad? Tal vez lo habían hechizado, porque era un paciente horrendo. Era mucho mejor trabajar con un Draco callado, ¿no es así?
Harry permaneció cerca de la puerta porque no quería acercarse… eso solo haría que todo eso que veía se volviera… real.
—No inventes excusas en tu mente —murmuró Allison, acomodando correctamente el brazo de Draco, donde Harry creyó ver la Marca Tenebrosa palpitar. Cuando la muchacha se acercó a Harry, habló en voz baja mientras lo empujaba suavemente hacia una esquina, como si temiera que el rubio los escuchara—. No estás alucinando. Sabes perfectamente qué es lo que estás viendo.
Sí, lo sabía. Al trabajar con magia oscura, Harry había presenciado, en más de una ocasión, cómo sus pacientes caían en un estado de catatonía provocado por su lucha contra aquella oscuridad. Era necesario poseer una gran voluntad para resistir el dolor de una maldición tenebrosa. Y lo que Draco pasaba en esos momentos, era muy similar. Sin embargo, Harry no podía asimilar que de verdad era el rubio quien estaba recostado en esa cama.
—¿Qué… ocurrió? —preguntó, forzándose a desviar su vista de Draco.
—No lo sabemos con exactitud. La señora Malfoy nos dijo que su hijo despertó con fiebre, así que llamó a San Mungo, preocupada de que fuera una reacción por lo que ocurrió con la Marca y su sanación posterior. Roger Davies fue el que lo revisó, pero parecía ser que solo tenía su cuerpo y magia debilitados. Luego de darle unas pócimas, todo pareció mejorar, pero…
—¿Allison?
Ella se paró correctamente y levantó el rostro para encontrar sus ojos. Al verla de esa manera, tranquila, pero con una expresión de firmeza, Harry supo que ella sería una gran sanadora. Una de esas personas en las que no temes depositar toda tu confianza, porque aunque no entendieras nada de lo que ocurríaa tu alrededor, su sola presencia era como una fuerte dosis de sedante en los momentos más difíciles.
—Hubo un destello de magia, pero no del tipo que ocurren cuando un mago está debilitado o enfermo. Harry… fue magia oscura la que lo rodeó y lo dejó inconsciente. Desde entonces, no ha despertado.
—La herida de la Marca Tenebrosa fue sanada.
—La Marca sigue allí, infectándolo.
—Si se trata de eso, la magia oscura se hubiera manifestado antes… desde hace muchos años —masculló Harry—. Si estuviera envenenándolo, no sería con esa magnitud. No afectaría su consciencia.
—Tal vez se fue acumulando y la herida que sufrió en la Marca fue el detonante.
—Draco tiene una red mágica que yo mismo le puse —dijo rápidamente. No se había dado cuenta de que había comenzado a decir cualquier argumento por no escuchar lo que más le preocupaba—. Si alguno de sus órganos vitales corriera peligro yo lo sabría. No podría…
—Es que ninguno de sus órganos vitales está en riesgo —añadió una tercera voz que crispó los nervios de Harry. No se sentía anímicamente estable para mirar a Roger Davies actuando con toda su asquerosa profesionalidad. De hecho, no lo hizo. En cuanto sus ojos se cruzaron con los del otro sanador, Harry lo sujetó por la ropa y lo estrelló contra la puerta. Allison ni siquiera trató de detenerlos; conocía lo suficiente a Harry para saber que era mejor dejarlo sacar de esa manera su irritación a reprimirlo; además, no lo lastimaría. No de gravedad. Se limitó a alejarse de la pelea y acercarse a la cama donde estaba Draco, preparada por si las emociones de Harry lo sobrepasaban.
—Dijiste… —masculló Harry, apretando su agarre. Sí, era sanador y había preferido eso a las aventuras como auror, pero eso no implicaba que aún conservara gran parte de su fuerza. Roger se sorprendió por las acciones violentas de Harry; no tenía idea de que Draco Malfoy le importaba a tal punto—. Tú, maldito imbécil, me aseguraste que Draco estaba bien. ¡Dijiste que su herida había sido tratada adecuadamente!
—¡Porque así es como fue! —jadeó, empujándolo, pero el moreno solo entrecerró los ojos verdes sin soltarlo. No lo haría hasta que entendiera qué estaba ocurriendo—. ¡Potter, cálmate y escúchame por un maldito minuto! ¿Acaso no quieres salvarlo?—Aquella simple oración desarmó a Harry por completo: Sí, siempre había querido salvarlo. Pero nunca lo había conseguido con éxito.
Con parsimonia, Harry liberó a Roger, quien se acomodó la ropa mientras miraba a Allison y asentía. Ella rodeó la cama y sacó su varita, murmurando un hechizo que el mismo Harry le había enseñado a utilizar: aquel que revelaba el flujo de magia oscura en el cuerpo de alguien. Roger, con un movimiento de su cabeza, le indicó al sanador que se acercara. Harry dio unos pasos dudosos e inhaló hondamente para prepararse ante cualquier imagen que pudiera llegar a presenciar.
—No había visto esto con anterioridad.
Harry entendió a qué se referían las palabras de Roger. Cada vez que Allison pasaba su varita por encima del cuerpo de Draco, pequeñas líneas negras, muy parecidas a sus venas y que simbolizaban la magia oscura, aparecían también, pero desvaneciéndose casi al instante. La mayoría de esas líneas oscuras empezaban en la Marca Tenebrosa, se extendían por su brazo y terminaban en su corazón; por eso Harry había creado la red mágica. Para proteger su núcleo mágico que residía en esa zona. No obstante, supo que eso no bastaba, porque descubrió que algunas líneas atravesaban la red y empezaban a dirigirse a su cabeza, desvaneciéndose en su frente.
Pero la magia oscura no estaba atacando su cerebro. Harry lo sabía perfectamente porque, a diferencia de Roger, él conocía y había tratado a personas que tenían ese inusual flujo de magia oscura, una de las más terribles: era la que atacaba tu mente… era la que te desquiciaba.Sí, definitivamente la conocía, pero nunca antes la había visto en un mago. Solo en muggles… y no había aprendido eso en San Mungo.
—¿Dónde está Ian? —preguntó Harry, con su voz enronquecida.
—Está con la señora Malfoy —respondió Allison de inmediato. El sanador asintió y mirando a su asistente, continuó—: Yo también iré con ella. Necesitó su autorización para lo que quiero hacer. Allison…
—¿Sí?
—Contacta a Luna. Dile que necesito un favor.
Ж
Si era sincero consigo mismo, la última persona que Harry esperaba encontrar en ese momento era a Lucius Malfoy. Tuvo que reunir la paciencia que no recordaba tener, cuando el hombre levantó una ceja al verlo caminar en dirección hacia él y su esposa. Ian, que estaba sentado al lado de Narcisa, se incorporó de inmediato. Harry se alegró de que su túnica blanca tuviera bolsillos en los cuales ocultar sus manos, porque, si no fuera así, el matrimonio ya habría descubierto cuán incómodo se sentía por estar parado frente a ellos.
—Señores Malfoy… —dijo, tratando de mantener en todo momento su tono profesional—. Como bien saben, he sido uno de los sanadores encargados de atender a su hijo…
—¿Él está bien? —preguntó escuetamente Lucius mientras lo miraba desdeñoso.
Harry miró de soslayo a Ian. No sabía cuánto les había dicho a los Malfoy, pero imaginaba que Roger lo había enviado para tranquilizarlos. Al devolverlela mirada, su asistente pareció infundirle el valor que había perdido en quién sabe dónde. Entonces, cuando Potter observó la expresión cautelosa de Narcissa, recordó que tenía que ser firme, porque tiempo atrás le había asegurado a esa mujer que él realmente cuidaría de Draco.
—No está como nosotros quisiéramos que estuviera—admitió, enfrentándose a los ojos de Lucius, quien se irguió y aguardó—: No sé cómo ocurrió, pero la mente de Draco ha sido envenenada por la magia oscura que se liberó cuando la Marca Tenebrosa fue dañada. Como bien debe recordar, señor Malfoy, Voldemort sabía cómo entrar a la mente de sus víctimas y desquiciarlas; Draco está encerrado en sí mismo… en su pensamiento.
—¿Eso es posible? —preguntó Narcissa, mirándolo aprensivamente.
—Lo es. No es la primera vez que presencio esto. —Luego, tratando de escoger las mejores palabras con las que podría explicarse, murmuró—: Lo he visto en muggles que fueron dañados por la maldición Cruciatus.
—¿Muggles? —masculló Lucius—. ¿Estás comparando a mi hijo con unos asquerosos… muggles?
—Señor Malfoy, le recuerdo que en San Mungo no se permiten muestras de intolerancia y discriminación de ningún tipo. Si usted, después de todo lo que ha pasado, insiste en actuar de esta manera, tendré que pedirle que se retire… pero le aclaro que soy uno de los pocos sanadores que saben cómo tratar esta clase de maldiciones.
—¿Estás amenazándome, Potter?
—¿Qué es lo que le puede ocurrir a Draco? —intervino Narcissa, dando un paso al frente. Harry se dirigió a ella, porque sabía que Narcissa tendría la última palabra en esa conversación.
—Puede permanecer inconsciente durante años… también corre el riesgo de que, si no despierta pronto, pueda padecer algún problema a nivel mental. —Al ver que ella no decía nada, Harry suspiró—. Le seré sincero, señora Malfoy… al haber atendido a tan pocos magos que han tenido la Marca, es que en San Mungo no se ha estudiado esto.
—En San Mungo no, pero existe otro lugar… ¿eso me está diciendo?
—Narcissa… he ayudado durante muchos años en una clínica llamada Spem… atendemos a muggles dañados por la guerra, y ahí es donde he visto casos como el de Draco. No le diría esto si hubiese otra opción, pero…
—¿Qué estás tratando de decir, Potter? —preguntó Lucius, entrecerrando los ojos.
Ian, que todo ese tiempo había permanecido en silencio, miró a Harry. ¿De verdad se iba a arriesgar tanto por Draco Malfoy?
—Luna Lovegood es la fundadora de Spem. No es sanadora, pero le puedo garantizar que yo confiaría mi vida a que revise a Draco… y escúchenla. Solo les pido eso. Después, tomen la decisión que crean más conveniente para su hijo.
Narcissa entrecerró sus ojos y antes de que Lucius pudiera negarse, ella murmuró:
—Está bien. Pero quiero estar presente cuando Lovegood esté con Draco.
Ж
—Hola, Draco.
Luna, sonriente y sin parecer incómoda por las miradas que seguían todos y cada uno de sus movimientos, se sentó frente a la cama de Draco, tocando su mano con cuidado. Ella, lentamente, deslizó uno de sus dedos, recorriendo los senderos de una Marca Tenebrosa deformada. Luego, como si quisiera comprobar algo, levantó su mano y tocó la frente del rubio, cerrando sus ojos un momento. Para sorpresa de los presentes, excepto de Harry, un tenue destello de magia rodeó tanto a Luna como a Draco, desapareciendo cuando ella abrió los ojos, ladeó el rostro y sonrió con tristeza al murmurar:
—No tenías por qué castigarte de esta manera. Adam está regresando poco a poco.
—¿Luna? —preguntó Harry, casi temeroso de la respuesta. Ella volteó y miró a Narcissa, quien se sorprendió de la sinceridad de esos hermosos ojos grises… tan idénticos a los de su hijo.
—Me gustaría trasladar a Draco a Spem… él se encerró a propósito. Está negándose a ver su realidad.
—¿Dice que Draco… eligió enfermarse?
Ella negó.
—Él solo está asustado. Y la magia, especialmente la oscura, tiene voluntad. Está cumpliendo de la peor manera lo que Draco, por miedo, está deseando.
Luna se inclinó hacia el oído del rubio.
—No te rindas —susurró.
Autora al habla:
¡Ey! ¿Qué decían? "Pukit ya se fue a un monte a vivir, sin tecnología y se volvió uno de esos ancianitos que viven de las plantas, abandonando toda obsesión por el Drarry por su bien espiritual" PUES NO. xD Meh, loca ya estoy, así que a disfrutarlo, jajaja. Disculpen el retraso (lo sé, están cansados de escuchar esto). ¡Pero hay planes para esta historia! :D En medida que me sea posible, habrá actualización cada quince días. Si esto no es posible, tienen mi promesa Gryffindor de que habrá una actualización por mes. Lo sé, suena mucho tiempo, pero estoy trabajando una vez más en mis tiempos y ordenando cosas de la vida muggle. En serio que no saben cuánto les agradezco la paciencia.
Muchas gracias a FanFiker-FanFinal por la ayuda con el beteo. uwu Ella hace de este mundo un mejor lugar.
Sobre este capítulo… ¡Capítulo puente! xDDD Ya saben, es el que nos guiará al resto de la historia; considero que es como una especie de mitad del fic, y habrá algunas participaciones sorpresa y una idea que quería utilizar desde hace mucho y que hace unos días, viendo las Reliquias de la Muerte, he encontrado la forma de meterlo a esta historia y estoy muy emocionada. ¡Gracias por todo, chicos!
¡Muchas gracias a Acantha-27, FanFiker-FanFinal, Kuroneko1490, Kokoa Kirkland, M3liii, AnataYume, I'm Dreams of a Violet Rose, Paulinafujoshi, The Rabbit of Moon, lizbethshawol, AnataYume, MariaCullen14, Izlandi, xonyaa11, AishaUchiha, sinideas, Guest, Moontsee VR, Nozomi Black, JessyRiddleFriki-Black, TwoDollar, shipperdisaster, SARAHI, Guest, Waruteru por sus reviews!
Meliii; ¡siento la tardanza! Pero aquí está, como te lo prometí, esta historia continúa y llegará a su fin. Jejeje. La verdad es que Draco y Adam, sin darme cuenta, están empezando a tener una conexión mucho más importante de lo que llegué a plantear en un principio y me gusta, muajaja. ¡Muchas gracias, cariño, saludos!
Lizbethshawol; ¡lo lamento mucho! Estamos a mitad de la historia, acercándonos a un final próximo, así que pronto volveré a escribir con más velocidad. :) Además de que quiero ver mejorar muy pronto a Draco, así que Adam y Harry tendrán que poner mucho esfuerzo de su parte, jajajajaja xD. ¡Muchas gracias, un abrazo enorme! :D
Guest; (¿Dragón, eres tú? xD); hay algo muy curioso con lo que pasará Adam en los últimos momentos de este fiction, algo que planteé en mi mente desde el inicio. Sin embargo, como bien dices, todos poseemos esa capacidad de hacer daño; yo diría que está en nuestra naturaleza básica… pero está también en nuestras manos el saber decidir por qué o sí lo hacemos o no. Jajajaja, tengo a muchos héroes anónimos en esta historia que de verdad disfrutaré colocar llegado el momento. Espero que, cuando aparezcan, tú también los disfrutes también. ¡Muchas gracias por tus palabras, disculpa la tardanza!
Sarahí; sin duda algo habrá y sucederá para que esto se solucione. Siempre hay la manera xDDD. ¡Muchas gracias!
Guest; ¡lo hago y prometo hacerlo más seguido! ¡Palabra de Gryffindor! :D
¡Muchas gracias por leer y más gracias si les nace un review!
¡Os quiero!
