El fin del cuento 1/2

El cantor del Bloque Oeste.

Cuando estoy herida,

Me haría muy feliz si pudieras abrazarme gentilmente

Cuando tropiece y no me pueda levantar, exhibidas

Por favor dame algo de tu valentía

Mis pensamientos aun no pueden alcanzarte,

Todavía estoy vagando solo en esta fría calle.

Ni siquiera puedo recordar donde está este lugar

En esta noche sin fin, solo tengo un deseo;

"Que brille la luz en el cielo sin estrellas"

Incluso si las cosas que he dejado no tienen retorno

Eventualmente irradiaran e iluminaran el mañana

Fui capaz de conocerte entre el polvo de estrellas

Hubiera sido genial si mis sentimientos hubiesen permanecido intactos

Llore por mí pasado sin retorno,

Pero mis lágrimas finalmente

Irradiaran e iluminaran el mañana para ti

Nezumi posee una voz privilegiada, poca gente realmente podrían competir contra el poder de atracción que el roedor ejercía en las personas, sus canciones eran capaces de tranquilizar el alma y el espíritu, de llevarte de la mano a una muerte apacible.

Eso Shion lo sabía, aunque en realidad nunca lo había comprobado Inukashi le contaba muchas cosas, tantas que ya no sabía que eran verdad y que mentira, porque siendo honestos, la alquiladora de perros se divertía a su costa tal y como el primer día llamándolo entre carcajadas ingenuo.

Además de que jamás lo ha escuchado.

Miro en derredor, las personas lloraban y temblaban ante el inevitable final de su viaje en el camión de No.6 y él internamente también lo hacía, Nezumi parecía tranquilo y deseaba imitarlo pensó en hablar pero fue el roedor quien dio el primer paso a la conversación mencionado al pequeño niño que había rescatado y salvándolo de soportar en silencio su situación.

—Sabía que a los niños los entrega la cigüeña, pero nunca escuche de un perro que los llevara hasta tu puerta, pobre de Inukashi.

Shion rio y respondió, deseando olvidar en donde estaba y adonde se dirigía, perderse en esos rasgos hermosos y sus ojos plata.

Shion bajo la cabeza y Nezumi lo observo, odiaba ver esa mueca triste y preocupada, a su gusto desentonaba completamente con la vivacidad a la que estaba acostumbrado a ver en el rostro de la pequeña majestad.

Cuando la voz de Eve inundo el lugar, Shion dio un suspiro complacido, todos escuchaban, todos se embelesaban por aquella voz tan magistral pero a Nezumi solo le importaba esa tenue sonrisa que se formo en los labios rosas de su pequeña flor, lo vio cerrar los ojos y complacido recargarse sobre su hombro y dormitar tranquilo, si todos los demás pasajeros de ese camión al infierno se regocijaron eso le daba igual porque ahí dormitando sereno, con un alma casi tan pura como el blanco de su cabello, se encontraba el único ser por el que daría todo y mucho mas, con delicadeza paso sus dedos por las hebras de seda llevándose una sorpresa al escuchar la risita divertida de Shion.

—Me haces cosquillas Nezumi. —Dijo mirando pícaramente al otro. —Sabes, te pareces a ese flautista. —Nezumi levanto una ceja sin entender. —Sí, ese que con su música hipnotizo a las ratas, tu solo silbas y ellas te siguen, luego toco otra melodía y se llevo a los niños, tú cantas y toda la gente te idolatra aunque en lugar de flautista serias el Cantor del Bloque Oeste. —Dijo feliz.

—¿No cree que exagera majestad? Es decir ¿Usted me seguiría?

—Yo te seguiría a donde quiera que vayas y el tiempo que tome.

—Shion, dices cosas cursis. —Y se carcajeo al ver rojo granate al albino. —Pero en este momento no me molesta.

De un solo movimiento rápido lo abrazo pegándolo completamente a su cuerpo, el peliblanco se estremeció por la sorpresa pero correspondiendo el gesto al instante.

—¿Crees que exista? —Pregunto Shion sin retirarse un ápice del ojigris

—¿Qué cosa?

—Un lugar en donde no exista la maldad, el odio, o el miedo.

—Claro

—¿En serio?

—Se llama No. 6 —Rio ladino el actor. —Es un reino en el que un chiquillo ingenuo le puede abrir la ventana a un desconocido sin desconfiar de él a pesar de estar sangrando o de amenazarlo.

—Nezumi. —Reprendió el peliblanco

—Shion, las utopías no existen, pero…

—¿Pero?

—Pero lo que si existe es un lugar cálido y seguro al que regresar.

—Un hogar.

—Así es, y a usted le esperan, por eso…

—No solo a mí, mamá estoy seguro que desea conocerte y yo…

—Majestad, cuando el momento llegue yo…

—¡No lo digas!

—Shion.

—Cuando el momento llegue yo si pagare.

—¿Pagar?

—El flautista de la historia se marcha de la ciudad porque no le pagaron por deshacerse de las ratas, yo si te pagare, por eso…

—¿Por eso?

—Por eso quédate a mi lado.

Ninguno de los dos volvió a tocar el tema, tal vez a ninguno le gusto realmente el final de aquel cuento e internamente rezaban porque el suyo si tuviera un, "Por siempre felices"

Fin